{"id":70944,"date":"2016-09-01T11:47:16","date_gmt":"2016-09-01T17:47:16","guid":{"rendered":"http:\/\/istmo.mx\/?p=70944"},"modified":"2016-09-01T11:47:16","modified_gmt":"2016-09-01T17:47:16","slug":"crudas-y-borracheras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2016\/09\/01\/crudas-y-borracheras\/","title":{"rendered":"Crudas y borracheras"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"70944\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p><\/p><strong><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-70980 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/istmo.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/09\/IS345_Zagal_principal.jpg?resize=800%2C370&#038;ssl=1\" alt=\"IS345_Zagal_principal\" width=\"800\" height=\"370\" data-wp-pid=\"70980\" loading=\"lazy\"><\/strong><br>\n\u00a0<br>\n<strong>MACHO ALFA, VOZ DE ESPARTANO<\/strong><br>\nLleg\u00f3 el d\u00eda en que mis exalumnos de bachillerato empiezan a sentirse muy hombrecitos. Si vieran ustedes la alegr\u00eda que les da pavonearse en la universidad. Y les confieso que, como \u00abmam\u00e1 gallina\u00bb, yo tambi\u00e9n me enorgullezco de verlos en los pasillos. Parte del ritual, adem\u00e1s de usar traje aunque todav\u00eda ni trabajen, es llegar las m\u00e1s veces posibles \u00aben vivo\u00bb. Es su manera de afianzarse en el rol de macho alfa en la dura lucha por la sobrevivencia social. Como me dijo uno de ellos, \u00absoy macho alfa, pelo en pecho, lomo plateado, voz de espartano\u00bb. Aqu\u00ed es donde el giro de los acontecimientos ya no me gusta.<br>\nEn M\u00e9xico, el alcohol est\u00e1 estrechamente ligado a la cultura del machismo, del famoso \u00abno rajarse\u00bb. Miembro insigne de dicho imaginario fue el no tan c\u00e9lebre Antonio L\u00f3pez de Santa Anna, once veces presidente del pa\u00eds, quien sent\u00eda una ligera proclividad por las borracheras proverbiales, las peleas de gallos y el guateque pueblerino. Muchos le achacan haber vendido la mitad de nuestro territorio, traici\u00f3n imperdonable; pero si algo s\u00ed le debemos es un famoso remedio para la cruda. Cuentan que despu\u00e9s de haberse puesto hasta las manitas durante los festejos patronales de San Agust\u00edn de las Cuevas en Tlalpan, Santa Anna pidi\u00f3 un almuerzo que le devolviera el alma al cuerpo. Total que una cocinera que, haciendo alarde de nuestro ingenio t\u00edpico, escribi\u00f3 con oro las p\u00e1ginas de la historia nacional: puso a cocer un caldito de gallina, con verduras y per\u00f3n agrio, y un toquecito de picante. A esto tuvieron a bien llamarle \u00abcaldo tlalpe\u00f1o\u00bb, hoy un indispensable de la cocina nacional. Hay, por supuesto, otras leyendas sobre el origen de tal platillo, pero \u00e9sta es la que m\u00e1s me gusta, por su prosapia hist\u00f3rica.<br>\nCasi a la altura del caldo tlalpe\u00f1o, la obertura de Don Giovanni es otra de esas maravillas de la humanidad que le debemos a las borracheras (y la procrastinaci\u00f3n). Seg\u00fan la leyenda, W. A. Mozart en el oto\u00f1o de 1787 sali\u00f3 de copas con sus amigos. Esta costumbre no era rara en \u00e9l, pues es bien conocida su afici\u00f3n a la fiesta. El compositor sali\u00f3 tan entonado que por poco se le olvida que deb\u00eda entregar una obra nueva, cuyo concierto ya estaba programado para el d\u00eda siguiente. Peque\u00f1o detalle. Nadie podr\u00e1 tachar a Mozart de irresponsable, porque mareado y todo, a medianoche se puso a escribir la mentada obertura. Le pidi\u00f3 a su mujer que le contara historias, entre tanto, para no quedarse dormido. Un par de horas despu\u00e9s, la obertura de Don Giovanni, una de sus obras m\u00e1s c\u00e9lebres, estaba lista. Los copistas trabajaron a marchas forzadas y los m\u00fasicos de la orquesta no tuvieron ni tiempo de practicarla, la leyeron de golpe. Y, sin embargo, \u00e9ste fue uno de los \u00e9xitos m\u00e1s aplaudidos del genio de Salzburgo.<br>\nErnest Hemingway es otro genio que estuvo siempre al nivel de sus borracheras. Puede decirse que surc\u00f3 los oc\u00e9anos para encontrar la bebida perfecta. Fue a manos del campari, el mojito y el pachar\u00e1n, que se volvi\u00f3 un cosmopolita del alcohol. Su alcoholismo lleg\u00f3 a tal grado que al parecer se rob\u00f3 el urinario de un bar, bajo el pretexto de haber orinado all\u00ed la mitad de su fortuna. Tan le pertenec\u00eda, que decidi\u00f3 ponerlo en su casa como trofeo de caza. No en balde, sus personajes ten\u00edan por lo general una bebida predilecta, un trago que denotaba su car\u00e1cter. El alcohol para \u00e9l era un rasgo de la personalidad. Bien pudo haber dicho Hemingway, como m\u00e1s tarde dijera el futbolista George Best: \u00abGast\u00e9 mucho dinero en coches, mujeres y alcohol. El resto lo he malgastado\u00bb.<br>\n\u00a0<br>\n<strong>SI BORRACHO TE OFEND\u00cd, EN LA CRUDA ME SALES DEBIENDO<\/strong><br>\nEl cine y la televisi\u00f3n suelen sacar partido de los borrachos. Les dedican pel\u00edculas como The Hangover y hasta series como Two and a Half Men. Charlie Harper, el protagonista de esta \u00faltima, revela en alg\u00fan cap\u00edtulo su secreto para no sufrir jam\u00e1s de cruda: no parar de beber. El remedio es obviamente contraproducente. Pero nos recuerda esa enorme tradici\u00f3n que tenemos los seres humanos, no s\u00f3lo de emborracharnos, sino tambi\u00e9n de cur\u00e1rnosla.<br>\nSi el remedio del todaslaspuedo, Charlie Harper, nos suena a barbarie, imag\u00ednense haber sido vaquero en el viejo oeste, porque ellos se preparaban un t\u00e9 con excremento de conejo. Esto, supuestamente, les devolv\u00eda las sales que se pierden por deshidrataci\u00f3n alcoh\u00f3lica. Aunque quiz\u00e1s los menos puristas prefieran comerse un pl\u00e1tano y ya.<br>\nItalia, por otra parte, nos regal\u00f3 el parmesano, el chianti y la \u00f3pera, pero sin duda no pasar\u00e1 a la historia por sus remedios contra la resaca. Uno de ellos, en Sicilia, es comerse el pene, previamente deshidratado, de un toro. Sus vecinos los griegos fueron poquito m\u00e1s ingeniosos. Galeno, uno de los m\u00e9dicos m\u00e1s importantes de la historia, volc\u00f3 sus fuerzas a la cura de la resaca. Su veredicto: hojas de col en la cabeza. Sin duda refrescar\u00edan un poco, \u00bfno?<br>\nLos ingleses tampoco destacan por su elegancia para remediar los dolores de la borrachera. Ellos hacen ver a la pancita mexicana como una dulce quincea\u00f1era. Se toman algo llamado Prairie Oyster, que consiste en un huevo crudo con sal, pimienta, salsa inglesa y tabasco\u2026 Dios nos agarre confesados. Los coreanos, le\u00ed por ah\u00ed, comen una sopa hecha de sangre de buey, huesos de vaca y verduras. Mis amigos espa\u00f1oles de anta\u00f1o com\u00edan churros con chocolate a eso de las cinco de la ma\u00f1ana, algo que a los mexicanos nos parece descabellado y que, sin embargo, tiene una l\u00f3gica. El organismo necesita az\u00facar.<br>\n\u00a0<br>\n<strong>PEOR EL REMEDIO QUE LA ENFERMEDAD<\/strong><br>\nPero si a Hemingway, quien termin\u00f3 por suicidarse, le quedaba un poco de cordura, la condens\u00f3 en su filosof\u00eda sobre el alcohol. Se prometi\u00f3 a s\u00ed mismo nunca escribir una p\u00e1gina bajo el influjo de ning\u00fan coctel. La escritura, dec\u00eda, era sagrada. De hecho, le lleg\u00f3 a reprochar a W. Faulkner, otro genio alcoh\u00f3lico, que escribiera borracho, porque eso perjudicaba muchas de sus p\u00e1ginas. (Y, dicho sea de paso, Faulkner consigui\u00f3 la sobriedad hacia el final de su vida).<br>\nEs muy f\u00e1cil dejarse cegar por el romanticismo del alcohol y otras drogas. Los genios malditos casi siempre viven bajo la sombra de esta adicci\u00f3n. Pero a Hemingway, a pesar de la espiral autodestructiva en que cay\u00f3, le quedaba claro que el alcohol no marida bien con el trabajo, porque nubla el juicio. Este romanticismo confunde las cosas. No es la adicci\u00f3n lo que hace al genio.<br>\nPero yo ir\u00eda un poco m\u00e1s all\u00e1, porque el exceso no marida con la vida. La prueba es que estos simp\u00e1ticos casos de alcoholismo productivo terminaron muy mal. De Hemingway ni qu\u00e9 decir; George Best fue a la c\u00e1rcel, desperdici\u00f3 un trasplante de h\u00edgado y acab\u00f3 publicando en el peri\u00f3dico: \u00abDon\u2019t die like me\u00bb. No quiero sonar con esto como un puritano. Yo, como muchos, me echo mis copitas, y alguna vez he bebido de m\u00e1s. De esto \u00faltimo no me enorgullezco y lo lamento.<br>\nLo importante es aprender de la mala experiencia (para lo cual sirve la cruda) y, por supuesto, no convertirlo, en h\u00e1bito. La cerveza, como dijo Benjamin Franklin, es una prueba de que Dios nos quiere y que quiere que seamos felices. Pero tambi\u00e9n le doy la raz\u00f3n a Fitzgerald, autor de El gran Gatsby, quien dijo: \u00abConsumes una bebida, la bebida consume otra bebida y la bebida acaba por consumirte a ti\u00bb. El equilibrio es muy fr\u00e1gil, y tenemos que aprender a conservarlo. El alcohol, como el dinero o cualquier otra cosa divertida, en un momento nos puede trastornar y acabar por esclavizarnos.<br>\nHay algo m\u00e1s. El exceso de alcohol nos despoja de lo m\u00e1s valioso que tenemos: nuestra inteligencia y nuestra libertad. En la embriaguez dejamos de pertenecernos a nosotros mismos. Un borracho debe ser protegido de s\u00ed mismo. Dionisio, dios del vino, descubri\u00f3 la vid. Plant\u00f3 la semilla de uva a un hueso de p\u00e1jaro. La planta creci\u00f3 y el dios la trasplant\u00f3 al hueso de un le\u00f3n. La vid sigui\u00f3 creciendo y Dionisio la trasplant\u00f3 al f\u00e9mur de un burro. La moraleja es evidente: un poco de vino nos da la alegr\u00eda de los p\u00e1jaros; un poco m\u00e1s y tenemos la fuerza de un le\u00f3n. Finalmente, el exceso nos convierte en asnos.\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"70944\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Leer despu\u00e9s 0 \u00a0 MACHO ALFA, VOZ DE ESPARTANO Lleg\u00f3 el d\u00eda en que mis exalumnos de bachillerato empiezan a sentirse muy hombrecitos. Si vieran ustedes la alegr\u00eda que les da pavonearse en la universidad. Y les confieso que, como \u00abmam\u00e1 gallina\u00bb, yo tambi\u00e9n me enorgullezco de verlos en los pasillos. Parte del ritual, adem\u00e1s de usar traje aunque todav\u00eda ni trabajen, es llegar las m\u00e1s veces posibles \u00aben vivo\u00bb. Es su manera de afianzarse en el rol de macho alfa en la dura lucha por la sobrevivencia social. Como me dijo uno de ellos, \u00absoy macho alfa, pelo en pecho, lomo plateado, voz de espartano\u00bb. Aqu\u00ed es donde el giro de los acontecimientos ya no me gusta. En M\u00e9xico, el alcohol est\u00e1 estrechamente ligado a la cultura del machismo, del famoso \u00abno rajarse\u00bb. Miembro insigne de dicho imaginario fue el no tan c\u00e9lebre Antonio L\u00f3pez de Santa Anna, once veces presidente del pa\u00eds, quien sent\u00eda una ligera proclividad por las borracheras proverbiales, las peleas de gallos y el guateque pueblerino. Muchos le achacan haber vendido la mitad de nuestro territorio, traici\u00f3n imperdonable; pero si algo s\u00ed le debemos es un famoso remedio para la cruda. Cuentan que despu\u00e9s de haberse puesto hasta las manitas durante los festejos patronales de San Agust\u00edn de las Cuevas en Tlalpan, Santa Anna pidi\u00f3 un almuerzo que le devolviera el alma al cuerpo. Total que una cocinera que, haciendo alarde de nuestro ingenio t\u00edpico, escribi\u00f3 con oro las p\u00e1ginas de la historia nacional: puso a cocer un caldito de gallina, con verduras y per\u00f3n agrio, y un toquecito de picante. A esto tuvieron a bien llamarle \u00abcaldo tlalpe\u00f1o\u00bb, hoy un indispensable de la cocina nacional. Hay, por supuesto, otras leyendas sobre el origen de tal platillo, pero \u00e9sta es la que m\u00e1s me gusta, por su prosapia hist\u00f3rica. Casi a la altura del caldo tlalpe\u00f1o, la obertura de Don Giovanni es otra de esas maravillas de la humanidad que le debemos a las borracheras (y la procrastinaci\u00f3n). Seg\u00fan la leyenda, W. A. Mozart en el oto\u00f1o de 1787 sali\u00f3 de copas con sus amigos. Esta costumbre no era rara en \u00e9l, pues es bien conocida su afici\u00f3n a la fiesta. El compositor sali\u00f3 tan entonado que por poco se le olvida que deb\u00eda entregar una obra nueva, cuyo concierto ya estaba programado para el d\u00eda siguiente. Peque\u00f1o detalle. Nadie podr\u00e1 tachar a Mozart de irresponsable, porque mareado y todo, a medianoche se puso a escribir la mentada obertura. Le pidi\u00f3 a su mujer que le contara historias, entre tanto, para no quedarse dormido. Un par de horas despu\u00e9s, la obertura de Don Giovanni, una de sus obras m\u00e1s c\u00e9lebres, estaba lista. Los copistas trabajaron a marchas forzadas y los m\u00fasicos de la orquesta no tuvieron ni tiempo de practicarla, la leyeron de golpe. Y, sin embargo, \u00e9ste fue uno de los \u00e9xitos m\u00e1s aplaudidos del genio de Salzburgo. Ernest Hemingway es otro genio que estuvo siempre al nivel de sus borracheras. Puede decirse que surc\u00f3 los oc\u00e9anos para encontrar la bebida perfecta. Fue a manos del campari, el mojito y el pachar\u00e1n, que se volvi\u00f3 un cosmopolita del alcohol. Su alcoholismo lleg\u00f3 a tal grado que al parecer se rob\u00f3 el urinario de un bar, bajo el pretexto de haber orinado all\u00ed la mitad de su fortuna. Tan le pertenec\u00eda, que decidi\u00f3 ponerlo en su casa como trofeo de caza. No en balde, sus personajes ten\u00edan por lo general una bebida predilecta, un trago que denotaba su car\u00e1cter. El alcohol para \u00e9l era un rasgo de la personalidad. Bien pudo haber dicho Hemingway, como m\u00e1s tarde dijera el futbolista George Best: \u00abGast\u00e9 mucho dinero en coches, mujeres y alcohol. El resto lo he malgastado\u00bb. \u00a0 SI BORRACHO TE OFEND\u00cd, EN LA CRUDA ME SALES DEBIENDO El cine y la televisi\u00f3n suelen sacar partido de los borrachos. Les dedican pel\u00edculas como The Hangover y hasta series como Two and a Half Men. Charlie Harper, el protagonista de esta \u00faltima, revela en alg\u00fan cap\u00edtulo su secreto para no sufrir jam\u00e1s de cruda: no parar de beber. El remedio es obviamente contraproducente. Pero nos recuerda esa enorme tradici\u00f3n que tenemos los seres humanos, no s\u00f3lo de emborracharnos, sino tambi\u00e9n de cur\u00e1rnosla. Si el remedio del todaslaspuedo, Charlie Harper, nos suena a barbarie, imag\u00ednense haber sido vaquero en el viejo oeste, porque ellos se preparaban un t\u00e9 con excremento de conejo. Esto, supuestamente, les devolv\u00eda las sales que se pierden por deshidrataci\u00f3n alcoh\u00f3lica. Aunque quiz\u00e1s los menos puristas prefieran comerse un pl\u00e1tano y ya. Italia, por otra parte, nos regal\u00f3 el parmesano, el chianti y la \u00f3pera, pero sin duda no pasar\u00e1 a la historia por sus remedios contra la resaca. Uno de ellos, en Sicilia, es comerse el pene, previamente deshidratado, de un toro. Sus vecinos los griegos fueron poquito m\u00e1s ingeniosos. Galeno, uno de los m\u00e9dicos m\u00e1s importantes de la historia, volc\u00f3 sus fuerzas a la cura de la resaca. Su veredicto: hojas de col en la cabeza. Sin duda refrescar\u00edan un poco, \u00bfno? Los ingleses tampoco destacan por su elegancia para remediar los dolores de la borrachera. Ellos hacen ver a la pancita mexicana como una dulce quincea\u00f1era. Se toman algo llamado Prairie Oyster, que consiste en un huevo crudo con sal, pimienta, salsa inglesa y tabasco\u2026 Dios nos agarre confesados. Los coreanos, le\u00ed por ah\u00ed, comen una sopa hecha de sangre de buey, huesos de vaca y verduras. Mis amigos espa\u00f1oles de anta\u00f1o com\u00edan churros con chocolate a eso de las cinco de la ma\u00f1ana, algo que a los mexicanos nos parece descabellado y que, sin embargo, tiene una l\u00f3gica. El organismo necesita az\u00facar. \u00a0 PEOR EL REMEDIO QUE LA ENFERMEDAD Pero si a Hemingway, quien termin\u00f3 por suicidarse, le quedaba un poco de cordura, la condens\u00f3 en su filosof\u00eda sobre el alcohol. Se prometi\u00f3 a s\u00ed mismo nunca escribir una p\u00e1gina bajo el influjo de ning\u00fan coctel. La escritura, dec\u00eda, era sagrada. De hecho, le lleg\u00f3 a reprochar a W. 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Muchos le achacan haber vendido la mitad de nuestro territorio, traici\u00f3n imperdonable; pero si algo s\u00ed le debemos es un famoso remedio para la cruda. Cuentan que despu\u00e9s de haberse puesto hasta las manitas durante los festejos patronales de San Agust\u00edn de las Cuevas en Tlalpan, Santa Anna pidi\u00f3 un almuerzo que le devolviera el alma al cuerpo. Total que una cocinera que, haciendo alarde de nuestro ingenio t\u00edpico, escribi\u00f3 con oro las p\u00e1ginas de la historia nacional: puso a cocer un caldito de gallina, con verduras y per\u00f3n agrio, y un toquecito de picante. A esto tuvieron a bien llamarle \u00abcaldo tlalpe\u00f1o\u00bb, hoy un indispensable de la cocina nacional. Hay, por supuesto, otras leyendas sobre el origen de tal platillo, pero \u00e9sta es la que m\u00e1s me gusta, por su prosapia hist\u00f3rica. Casi a la altura del caldo tlalpe\u00f1o, la obertura de Don Giovanni es otra de esas maravillas de la humanidad que le debemos a las borracheras (y la procrastinaci\u00f3n). Seg\u00fan la leyenda, W. A. Mozart en el oto\u00f1o de 1787 sali\u00f3 de copas con sus amigos. Esta costumbre no era rara en \u00e9l, pues es bien conocida su afici\u00f3n a la fiesta. El compositor sali\u00f3 tan entonado que por poco se le olvida que deb\u00eda entregar una obra nueva, cuyo concierto ya estaba programado para el d\u00eda siguiente. Peque\u00f1o detalle. Nadie podr\u00e1 tachar a Mozart de irresponsable, porque mareado y todo, a medianoche se puso a escribir la mentada obertura. Le pidi\u00f3 a su mujer que le contara historias, entre tanto, para no quedarse dormido. Un par de horas despu\u00e9s, la obertura de Don Giovanni, una de sus obras m\u00e1s c\u00e9lebres, estaba lista. Los copistas trabajaron a marchas forzadas y los m\u00fasicos de la orquesta no tuvieron ni tiempo de practicarla, la leyeron de golpe. Y, sin embargo, \u00e9ste fue uno de los \u00e9xitos m\u00e1s aplaudidos del genio de Salzburgo. Ernest Hemingway es otro genio que estuvo siempre al nivel de sus borracheras. Puede decirse que surc\u00f3 los oc\u00e9anos para encontrar la bebida perfecta. Fue a manos del campari, el mojito y el pachar\u00e1n, que se volvi\u00f3 un cosmopolita del alcohol. Su alcoholismo lleg\u00f3 a tal grado que al parecer se rob\u00f3 el urinario de un bar, bajo el pretexto de haber orinado all\u00ed la mitad de su fortuna. Tan le pertenec\u00eda, que decidi\u00f3 ponerlo en su casa como trofeo de caza. No en balde, sus personajes ten\u00edan por lo general una bebida predilecta, un trago que denotaba su car\u00e1cter. El alcohol para \u00e9l era un rasgo de la personalidad. Bien pudo haber dicho Hemingway, como m\u00e1s tarde dijera el futbolista George Best: \u00abGast\u00e9 mucho dinero en coches, mujeres y alcohol. El resto lo he malgastado\u00bb. \u00a0 SI BORRACHO TE OFEND\u00cd, EN LA CRUDA ME SALES DEBIENDO El cine y la televisi\u00f3n suelen sacar partido de los borrachos. Les dedican pel\u00edculas como The Hangover y hasta series como Two and a Half Men. Charlie Harper, el protagonista de esta \u00faltima, revela en alg\u00fan cap\u00edtulo su secreto para no sufrir jam\u00e1s de cruda: no parar de beber. El remedio es obviamente contraproducente. Pero nos recuerda esa enorme tradici\u00f3n que tenemos los seres humanos, no s\u00f3lo de emborracharnos, sino tambi\u00e9n de cur\u00e1rnosla. Si el remedio del todaslaspuedo, Charlie Harper, nos suena a barbarie, imag\u00ednense haber sido vaquero en el viejo oeste, porque ellos se preparaban un t\u00e9 con excremento de conejo. Esto, supuestamente, les devolv\u00eda las sales que se pierden por deshidrataci\u00f3n alcoh\u00f3lica. Aunque quiz\u00e1s los menos puristas prefieran comerse un pl\u00e1tano y ya. Italia, por otra parte, nos regal\u00f3 el parmesano, el chianti y la \u00f3pera, pero sin duda no pasar\u00e1 a la historia por sus remedios contra la resaca. Uno de ellos, en Sicilia, es comerse el pene, previamente deshidratado, de un toro. Sus vecinos los griegos fueron poquito m\u00e1s ingeniosos. Galeno, uno de los m\u00e9dicos m\u00e1s importantes de la historia, volc\u00f3 sus fuerzas a la cura de la resaca. Su veredicto: hojas de col en la cabeza. Sin duda refrescar\u00edan un poco, \u00bfno? Los ingleses tampoco destacan por su elegancia para remediar los dolores de la borrachera. Ellos hacen ver a la pancita mexicana como una dulce quincea\u00f1era. Se toman algo llamado Prairie Oyster, que consiste en un huevo crudo con sal, pimienta, salsa inglesa y tabasco\u2026 Dios nos agarre confesados. Los coreanos, le\u00ed por ah\u00ed, comen una sopa hecha de sangre de buey, huesos de vaca y verduras. Mis amigos espa\u00f1oles de anta\u00f1o com\u00edan churros con chocolate a eso de las cinco de la ma\u00f1ana, algo que a los mexicanos nos parece descabellado y que, sin embargo, tiene una l\u00f3gica. El organismo necesita az\u00facar. \u00a0 PEOR EL REMEDIO QUE LA ENFERMEDAD Pero si a Hemingway, quien termin\u00f3 por suicidarse, le quedaba un poco de cordura, la condens\u00f3 en su filosof\u00eda sobre el alcohol. Se prometi\u00f3 a s\u00ed mismo nunca escribir una p\u00e1gina bajo el influjo de ning\u00fan coctel. La escritura, dec\u00eda, era sagrada. De hecho, le lleg\u00f3 a reprochar a W. 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Si vieran ustedes la alegr\u00eda que les da pavonearse en la universidad. Y les confieso que, como \u00abmam\u00e1 gallina\u00bb, yo tambi\u00e9n me enorgullezco de verlos en los pasillos. Parte del ritual, adem\u00e1s de usar traje aunque todav\u00eda ni trabajen, es llegar las m\u00e1s veces posibles \u00aben vivo\u00bb. Es su manera de afianzarse en el rol de macho alfa en la dura lucha por la sobrevivencia social. Como me dijo uno de ellos, \u00absoy macho alfa, pelo en pecho, lomo plateado, voz de espartano\u00bb. Aqu\u00ed es donde el giro de los acontecimientos ya no me gusta. En M\u00e9xico, el alcohol est\u00e1 estrechamente ligado a la cultura del machismo, del famoso \u00abno rajarse\u00bb. Miembro insigne de dicho imaginario fue el no tan c\u00e9lebre Antonio L\u00f3pez de Santa Anna, once veces presidente del pa\u00eds, quien sent\u00eda una ligera proclividad por las borracheras proverbiales, las peleas de gallos y el guateque pueblerino. Muchos le achacan haber vendido la mitad de nuestro territorio, traici\u00f3n imperdonable; pero si algo s\u00ed le debemos es un famoso remedio para la cruda. Cuentan que despu\u00e9s de haberse puesto hasta las manitas durante los festejos patronales de San Agust\u00edn de las Cuevas en Tlalpan, Santa Anna pidi\u00f3 un almuerzo que le devolviera el alma al cuerpo. Total que una cocinera que, haciendo alarde de nuestro ingenio t\u00edpico, escribi\u00f3 con oro las p\u00e1ginas de la historia nacional: puso a cocer un caldito de gallina, con verduras y per\u00f3n agrio, y un toquecito de picante. A esto tuvieron a bien llamarle \u00abcaldo tlalpe\u00f1o\u00bb, hoy un indispensable de la cocina nacional. Hay, por supuesto, otras leyendas sobre el origen de tal platillo, pero \u00e9sta es la que m\u00e1s me gusta, por su prosapia hist\u00f3rica. Casi a la altura del caldo tlalpe\u00f1o, la obertura de Don Giovanni es otra de esas maravillas de la humanidad que le debemos a las borracheras (y la procrastinaci\u00f3n). Seg\u00fan la leyenda, W. A. Mozart en el oto\u00f1o de 1787 sali\u00f3 de copas con sus amigos. Esta costumbre no era rara en \u00e9l, pues es bien conocida su afici\u00f3n a la fiesta. El compositor sali\u00f3 tan entonado que por poco se le olvida que deb\u00eda entregar una obra nueva, cuyo concierto ya estaba programado para el d\u00eda siguiente. Peque\u00f1o detalle. Nadie podr\u00e1 tachar a Mozart de irresponsable, porque mareado y todo, a medianoche se puso a escribir la mentada obertura. Le pidi\u00f3 a su mujer que le contara historias, entre tanto, para no quedarse dormido. Un par de horas despu\u00e9s, la obertura de Don Giovanni, una de sus obras m\u00e1s c\u00e9lebres, estaba lista. Los copistas trabajaron a marchas forzadas y los m\u00fasicos de la orquesta no tuvieron ni tiempo de practicarla, la leyeron de golpe. Y, sin embargo, \u00e9ste fue uno de los \u00e9xitos m\u00e1s aplaudidos del genio de Salzburgo. Ernest Hemingway es otro genio que estuvo siempre al nivel de sus borracheras. Puede decirse que surc\u00f3 los oc\u00e9anos para encontrar la bebida perfecta. Fue a manos del campari, el mojito y el pachar\u00e1n, que se volvi\u00f3 un cosmopolita del alcohol. Su alcoholismo lleg\u00f3 a tal grado que al parecer se rob\u00f3 el urinario de un bar, bajo el pretexto de haber orinado all\u00ed la mitad de su fortuna. Tan le pertenec\u00eda, que decidi\u00f3 ponerlo en su casa como trofeo de caza. No en balde, sus personajes ten\u00edan por lo general una bebida predilecta, un trago que denotaba su car\u00e1cter. El alcohol para \u00e9l era un rasgo de la personalidad. Bien pudo haber dicho Hemingway, como m\u00e1s tarde dijera el futbolista George Best: \u00abGast\u00e9 mucho dinero en coches, mujeres y alcohol. El resto lo he malgastado\u00bb. \u00a0 SI BORRACHO TE OFEND\u00cd, EN LA CRUDA ME SALES DEBIENDO El cine y la televisi\u00f3n suelen sacar partido de los borrachos. Les dedican pel\u00edculas como The Hangover y hasta series como Two and a Half Men. Charlie Harper, el protagonista de esta \u00faltima, revela en alg\u00fan cap\u00edtulo su secreto para no sufrir jam\u00e1s de cruda: no parar de beber. El remedio es obviamente contraproducente. Pero nos recuerda esa enorme tradici\u00f3n que tenemos los seres humanos, no s\u00f3lo de emborracharnos, sino tambi\u00e9n de cur\u00e1rnosla. Si el remedio del todaslaspuedo, Charlie Harper, nos suena a barbarie, imag\u00ednense haber sido vaquero en el viejo oeste, porque ellos se preparaban un t\u00e9 con excremento de conejo. Esto, supuestamente, les devolv\u00eda las sales que se pierden por deshidrataci\u00f3n alcoh\u00f3lica. Aunque quiz\u00e1s los menos puristas prefieran comerse un pl\u00e1tano y ya. Italia, por otra parte, nos regal\u00f3 el parmesano, el chianti y la \u00f3pera, pero sin duda no pasar\u00e1 a la historia por sus remedios contra la resaca. Uno de ellos, en Sicilia, es comerse el pene, previamente deshidratado, de un toro. Sus vecinos los griegos fueron poquito m\u00e1s ingeniosos. Galeno, uno de los m\u00e9dicos m\u00e1s importantes de la historia, volc\u00f3 sus fuerzas a la cura de la resaca. Su veredicto: hojas de col en la cabeza. Sin duda refrescar\u00edan un poco, \u00bfno? Los ingleses tampoco destacan por su elegancia para remediar los dolores de la borrachera. Ellos hacen ver a la pancita mexicana como una dulce quincea\u00f1era. Se toman algo llamado Prairie Oyster, que consiste en un huevo crudo con sal, pimienta, salsa inglesa y tabasco\u2026 Dios nos agarre confesados. Los coreanos, le\u00ed por ah\u00ed, comen una sopa hecha de sangre de buey, huesos de vaca y verduras. Mis amigos espa\u00f1oles de anta\u00f1o com\u00edan churros con chocolate a eso de las cinco de la ma\u00f1ana, algo que a los mexicanos nos parece descabellado y que, sin embargo, tiene una l\u00f3gica. El organismo necesita az\u00facar. \u00a0 PEOR EL REMEDIO QUE LA ENFERMEDAD Pero si a Hemingway, quien termin\u00f3 por suicidarse, le quedaba un poco de cordura, la condens\u00f3 en su filosof\u00eda sobre el alcohol. Se prometi\u00f3 a s\u00ed mismo nunca escribir una p\u00e1gina bajo el influjo de ning\u00fan coctel. La escritura, dec\u00eda, era sagrada. De hecho, le lleg\u00f3 a reprochar a W. 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