{"id":70423,"date":"2016-05-04T09:13:24","date_gmt":"2016-05-04T15:13:24","guid":{"rendered":"http:\/\/istmo.mx\/?p=70423"},"modified":"2016-05-04T09:13:24","modified_gmt":"2016-05-04T15:13:24","slug":"cuentos-de-oficina-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2016\/05\/04\/cuentos-de-oficina-2\/","title":{"rendered":"Cuentos de oficina"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"70423\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p><\/p><strong><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-70448\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/istmo.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/04\/IS343_Zagal_principal.jpg?resize=800%2C370&#038;ssl=1\" alt=\"IS343_Zagal_principal\" width=\"800\" height=\"370\" data-wp-pid=\"70448\" loading=\"lazy\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/wp-content\/uploads\/2016\/04\/IS343_Zagal_principal.jpg?w=1037&amp;ssl=1 1037w, https:\/\/i0.wp.com\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/wp-content\/uploads\/2016\/04\/IS343_Zagal_principal.jpg?resize=300%2C139&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/wp-content\/uploads\/2016\/04\/IS343_Zagal_principal.jpg?resize=1024%2C474&amp;ssl=1 1024w, https:\/\/i0.wp.com\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/wp-content\/uploads\/2016\/04\/IS343_Zagal_principal.jpg?resize=768%2C355&amp;ssl=1 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><\/strong>El otro d\u00eda visit\u00e9 un corporativo de Santa Fe, en la Ciudad de M\u00e9xico, y me pesc\u00f3 la hora de la salida ah\u00ed adentro. \u00ab\u00a1V\u00e1monos que aqu\u00ed espantan!\u00bb, coment\u00f3 un empleado a su compa\u00f1ero de \u00abcaballeriza\u00bb. Al principio me dio envidia, pues yo no tengo hora de salida. Escrib\u00ed este art\u00edculo, por ejemplo, una ma\u00f1ana de s\u00e1bado. Como otros tantos de mis colegas, me he visto obligado escribir en Navidad y Semana Santa. Los \u00abGod\u00ednez\u00bb, por el contrario, rinden pleites\u00eda al horario: \u00abVele el lado bueno, el lunes es s\u00f3lo una vez a la semana\u00bb. Tal actitud podr\u00eda parecernos un culto a la mediocridad. \u00bfPor qu\u00e9 no apasionarse con el trabajo?<br>\nPero \u00abesos\u00bb a quienes llamamos \u00abGod\u00ednez\u00bb son clave en la sociedad. El pa\u00eds vive gracias a los miles de oficinistas que cumplen con su trabajo, frecuentemente mon\u00f3tono y mal pagado. No niego que existan bur\u00f3cratas que matan el tiempo. Sin embargo, tambi\u00e9n hay miles y miles de oficinistas cuya constancia mueve al sistema socioecon\u00f3mico.<br>\n<strong>\u00abMUERO CADA LUNES, RESUCITO CADA VIERNES\u00bb<\/strong><br>\nMe deja mal sabor de boca la ret\u00f3rica de lo \u00abGod\u00ednez\u00bb. Antes de criticar su aparente apat\u00eda, deber\u00edamos preguntarnos qu\u00e9 alicientes tienen para quedarse m\u00e1s tiempo tras un escritorio. \u00bfGanar\u00e1n m\u00e1s? \u00bfQu\u00e9 sueldo reciben?<br>\nEn 1958 se transmiti\u00f3 Gutierritos, telenovela de un oficinista maltratado por sus compa\u00f1eros de trabajo y menospreciado por su esposa. Obviamente, la historia tuvo un acaramelado desenlace: la esposa reconoce al marido y se proclama orgullosamente como \u00abSe\u00f1ora de Guti\u00e9rrez\u00bb.<br>\nEl paralelismo entre Gutierritos y God\u00ednez es evidente: bur\u00f3crata, afable, trabajador, aparentemente gris, sin ambiciones. Alguien que est\u00e1 al pie del ca\u00f1\u00f3n en la oficina, pero que no es genial ni brillante. Los mirreyes, siempre arrogantes, se refieren a los God\u00ednez como \u00abpobres diablos\u00bb, cuya vida transcurre de quincena en quincena. \u00abEl horario de verano es el jetlag de quienes nunca han viajado\u00bb, escuch\u00e9 decir por ah\u00ed a un mirrey burl\u00e1ndose de la somnolencia de un empleado de su padre.<br>\nPoco a poco, los j\u00f3venes se van dando cuenta de que vivimos en una sociedad cada vez m\u00e1s estamental. Que no nos llame a enga\u00f1o la abolici\u00f3n de la corbata entre las clases altas y la ropa informal en el trabajo los viernes. La corbata es, ahora, el s\u00edmbolo de quien se encuentra en la base de la pir\u00e1mide, como en su momento lo fueron las casacas de los lacayos.<br>\nLa movilidad social es m\u00ednima, incluso en pa\u00edses como Estados Unidos. Los sueldos de los empleados se han congelado desde hace a\u00f1os mientras que los sueldos de los CEO de grandes empresas se han disparado. El self-made man es un mito obsoleto.<br>\nPor ello, el God\u00ednez no es sino un Millenial desencantado. Sabe que dif\u00edcilmente ascender\u00e1 en la pir\u00e1mide socioecon\u00f3mica. En EU, la tasa de repetici\u00f3n de la pauta de desigualdad es de 47%1; es decir, los hijos seguir\u00e1n siendo tan pobres o tan ricos como sus padres. Tal expectativa conduce al tedio, al desencanto.<br>\n\u00bfY M\u00e9xico? En nuestro pa\u00eds, la educaci\u00f3n p\u00fablica fue pivote para el ascenso social. Actualmente est\u00e1 en crisis. Cuesti\u00f3n de mirar en qu\u00e9 universidades estudia la \u00e9lite que hoy nos gobierna. Las universidades p\u00fablicas dejaron de ser el semillero de gobernantes y empresarios. Educaci\u00f3n es destino. Quienes tuvimos la oportunidad de pasar por una universidad privada de \u00e9lite contamos con una ventaja. Nadie como el God\u00ednez se ha dado cuenta de ello.<br>\n<strong>VIERNES DE QUINCENA, VIERNES DE STARBUCKS<\/strong><br>\nEn esta sociedad, los s\u00edmbolos de estatus son casi tan importantes como las creencias y convicciones personales. Incluso el caf\u00e9, ese l\u00edquido que nos permite pensar desde temprano, refleja nuestras aspiraciones sociales. Los God\u00ednez desean poder comprar diario el caf\u00e9 de Starbucks, pero el sueldo no les permite ese lujo.<br>\nEl God\u00ednez ama los gadgets. La diferencia es que, mientras el mirrey los obtiene sin esfuerzo, el God\u00ednez debe comprarlos a 18 meses sin intereses. El primero utiliza Apple; el God\u00ednez, Android.<br>\nNuestro oficinista trabaja en los grandes corporativos. Sin embargo, sus ingresos no le permiten vivir ah\u00ed. Dependiendo de su sueldo, utiliza el transporte p\u00fablico o un peque\u00f1o autom\u00f3vil que habitualmente tambi\u00e9n adquiri\u00f3 a plazo. Su casa, en el caso de la Ciudad de M\u00e9xico, suele quedar muy lejos de su oficina. En realidad s\u00f3lo duerme ah\u00ed. Sale muy temprano y regresa tarde. Su cansancio cr\u00f3nico se explica, en parte, por el desgaste que supone pasar hasta tres horas al d\u00eda en un deficiente transporte p\u00fabico.<br>\n<strong>\u00a1PERO EL JEFE SE TOMA DOS HORAS DE COMIDA!<\/strong><br>\nLos mirreyes se burlan del tupper donde un God\u00ednez transporta, calienta y come sus alimentos. Ah\u00ed guarda arroz, sopa de fideo, guisados. Los m\u00e1s preocupados por su salud, comen ensalada de at\u00fan y trocitos de j\u00edcama y zanahoria. El God\u00ednez tiene poco tiempo para comer. En el mejor de los casos acudir\u00e1 al comedor de su empresa a calentar en el microondas sus alimentos. Ah\u00ed tambi\u00e9n hay que hacer fila. Nuestro personaje no tiene dinero para comer diariamente en un restaurante, ni siquiera una comida corrida; pues 60 pesos diarios \u00abvienen siendo 1,200 pesos al mes\u00bb.<br>\nDespu\u00e9s de comer, le ataca el \u00abmal del puerco\u00bb. En nuestras monstruosas ciudades un oficinista no puede comer en casa y descansar unos minutos. En este duro estilo de vida, una hamburguesa o una torta gigante es un peque\u00f1o fest\u00edn.<br>\nEl juebebes refleja la insatisfacci\u00f3n, la fuga de la rutina gris. Y digo gris en sentido literal. Much\u00edsimas oficinas carecen de ventanas. Algunos God\u00ednez cultivan plantas de sombra para mitigar el encierro y otros recurren al wallpaper.<br>\nEl fin de semana es el aliciente para seguir tirando del carro, el momento donde uno es medianamente due\u00f1o de su tiempo. Las vacaciones del God\u00ednez son austeras. Los mirreryes se burlan del acapulcazo, donde nuestros heroicos oficinistas comparten un pedazo de playa con miles de personas. Tal personaje exprime cada instante de su fin de semana, aunque tenga que pagarlo con largas colas en estaciones de camiones y carreteras.<br>\n<strong>LA DAMITA GOD\u00cdNEZ<\/strong><br>\nEn ocasiones, el ambiente laboral es tan opresivo que llegan a prohibirse las relaciones afectivas entre los compa\u00f1eros de trabajo. La oficina deviene un espacio seco, paliado, si acaso, por el mejor amigo del trabajo, el brod\u00ednez.<br>\nDetr\u00e1s de las bromas, pulsa la amenaza sobre cada God\u00ednez. El empleo es precario, la angustia de perder el empleo late en el coraz\u00f3n de quien vive al d\u00eda. El jefe, un semidi\u00f3s, puede arruinar nuestra existencia en cualquier momento.<br>\nSeg\u00fan Marx, el capitalismo tiende a reducir al m\u00ednimo posible el sueldo de los obreros. El sistema pagar\u00eda, pensaba Marx, s\u00f3lo lo necesario para reponer sus fuerzas y seguir trabajando. El capitalismo, prosigue el alem\u00e1n, no distribuye a la riqueza, dejando a los obreros con la alternativa de morir de hambre o de vender lo \u00fanico que tienen, su fuerza de trabajo hasta que la vejez o la enfermedad acaben con ella.<br>\nEl diagn\u00f3stico de Marx tiene deficiencias graves. No obstante hay un dejo de raz\u00f3n. Los empleados, los God\u00ednez, est\u00e1n desamparados. Al menos en M\u00e9xico, la educaci\u00f3n es cada vez menos democr\u00e1tica. El sistema de salud p\u00fablica est\u00e1 colapsado. El sistema de jubilaciones fue desmantelado. Ning\u00fan empleado gana lo suficiente para asegurar una c\u00f3moda vejez.<br>\nY por si fuese poco, el trabajo del God\u00ednez carece de prestigio. No hemos comprendido que el crecimiento personal no depende exclusivamente del escalaf\u00f3n. Ernt J\u00fcnger dijo que nuestro crecimiento se mide por la cantidad de personas que se desarrollaron gracias a nosotros. Pero esto es otro asunto.<br>\nEn suma, me molesta la ret\u00f3rica God\u00ednez; es un discurso elitista, t\u00edpico de nuestra sociedad. Es humor negro de quien se r\u00ede amargamente de su suerte. Me preocupa la falta de autoestima. Lo digo sin iron\u00eda, el mundo camina gracias a quien trabaja de lunes a viernes con un horario fijo y no por quienes damos conferencias.<br>\n<strong>Notas finales<\/strong><br>\n1\u00a0\u00a0 http:\/\/www.oecd.org\/eco\/growth\/economicpolicyreformsgoingforgrowth2010.htm\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"70423\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Leer despu\u00e9s 0El otro d\u00eda visit\u00e9 un corporativo de Santa Fe, en la Ciudad de M\u00e9xico, y me pesc\u00f3 la hora de la salida ah\u00ed adentro. \u00ab\u00a1V\u00e1monos que aqu\u00ed espantan!\u00bb, coment\u00f3 un empleado a su compa\u00f1ero de \u00abcaballeriza\u00bb. Al principio me dio envidia, pues yo no tengo hora de salida. Escrib\u00ed este art\u00edculo, por ejemplo, una ma\u00f1ana de s\u00e1bado. Como otros tantos de mis colegas, me he visto obligado escribir en Navidad y Semana Santa. Los \u00abGod\u00ednez\u00bb, por el contrario, rinden pleites\u00eda al horario: \u00abVele el lado bueno, el lunes es s\u00f3lo una vez a la semana\u00bb. Tal actitud podr\u00eda parecernos un culto a la mediocridad. \u00bfPor qu\u00e9 no apasionarse con el trabajo? Pero \u00abesos\u00bb a quienes llamamos \u00abGod\u00ednez\u00bb son clave en la sociedad. El pa\u00eds vive gracias a los miles de oficinistas que cumplen con su trabajo, frecuentemente mon\u00f3tono y mal pagado. No niego que existan bur\u00f3cratas que matan el tiempo. Sin embargo, tambi\u00e9n hay miles y miles de oficinistas cuya constancia mueve al sistema socioecon\u00f3mico. \u00abMUERO CADA LUNES, RESUCITO CADA VIERNES\u00bb Me deja mal sabor de boca la ret\u00f3rica de lo \u00abGod\u00ednez\u00bb. Antes de criticar su aparente apat\u00eda, deber\u00edamos preguntarnos qu\u00e9 alicientes tienen para quedarse m\u00e1s tiempo tras un escritorio. \u00bfGanar\u00e1n m\u00e1s? \u00bfQu\u00e9 sueldo reciben? En 1958 se transmiti\u00f3 Gutierritos, telenovela de un oficinista maltratado por sus compa\u00f1eros de trabajo y menospreciado por su esposa. Obviamente, la historia tuvo un acaramelado desenlace: la esposa reconoce al marido y se proclama orgullosamente como \u00abSe\u00f1ora de Guti\u00e9rrez\u00bb. El paralelismo entre Gutierritos y God\u00ednez es evidente: bur\u00f3crata, afable, trabajador, aparentemente gris, sin ambiciones. Alguien que est\u00e1 al pie del ca\u00f1\u00f3n en la oficina, pero que no es genial ni brillante. Los mirreyes, siempre arrogantes, se refieren a los God\u00ednez como \u00abpobres diablos\u00bb, cuya vida transcurre de quincena en quincena. \u00abEl horario de verano es el jetlag de quienes nunca han viajado\u00bb, escuch\u00e9 decir por ah\u00ed a un mirrey burl\u00e1ndose de la somnolencia de un empleado de su padre. Poco a poco, los j\u00f3venes se van dando cuenta de que vivimos en una sociedad cada vez m\u00e1s estamental. Que no nos llame a enga\u00f1o la abolici\u00f3n de la corbata entre las clases altas y la ropa informal en el trabajo los viernes. La corbata es, ahora, el s\u00edmbolo de quien se encuentra en la base de la pir\u00e1mide, como en su momento lo fueron las casacas de los lacayos. La movilidad social es m\u00ednima, incluso en pa\u00edses como Estados Unidos. Los sueldos de los empleados se han congelado desde hace a\u00f1os mientras que los sueldos de los CEO de grandes empresas se han disparado. El self-made man es un mito obsoleto. Por ello, el God\u00ednez no es sino un Millenial desencantado. Sabe que dif\u00edcilmente ascender\u00e1 en la pir\u00e1mide socioecon\u00f3mica. En EU, la tasa de repetici\u00f3n de la pauta de desigualdad es de 47%1; es decir, los hijos seguir\u00e1n siendo tan pobres o tan ricos como sus padres. Tal expectativa conduce al tedio, al desencanto. \u00bfY M\u00e9xico? En nuestro pa\u00eds, la educaci\u00f3n p\u00fablica fue pivote para el ascenso social. Actualmente est\u00e1 en crisis. Cuesti\u00f3n de mirar en qu\u00e9 universidades estudia la \u00e9lite que hoy nos gobierna. Las universidades p\u00fablicas dejaron de ser el semillero de gobernantes y empresarios. Educaci\u00f3n es destino. Quienes tuvimos la oportunidad de pasar por una universidad privada de \u00e9lite contamos con una ventaja. Nadie como el God\u00ednez se ha dado cuenta de ello. VIERNES DE QUINCENA, VIERNES DE STARBUCKS En esta sociedad, los s\u00edmbolos de estatus son casi tan importantes como las creencias y convicciones personales. Incluso el caf\u00e9, ese l\u00edquido que nos permite pensar desde temprano, refleja nuestras aspiraciones sociales. Los God\u00ednez desean poder comprar diario el caf\u00e9 de Starbucks, pero el sueldo no les permite ese lujo. El God\u00ednez ama los gadgets. La diferencia es que, mientras el mirrey los obtiene sin esfuerzo, el God\u00ednez debe comprarlos a 18 meses sin intereses. El primero utiliza Apple; el God\u00ednez, Android. Nuestro oficinista trabaja en los grandes corporativos. Sin embargo, sus ingresos no le permiten vivir ah\u00ed. Dependiendo de su sueldo, utiliza el transporte p\u00fablico o un peque\u00f1o autom\u00f3vil que habitualmente tambi\u00e9n adquiri\u00f3 a plazo. Su casa, en el caso de la Ciudad de M\u00e9xico, suele quedar muy lejos de su oficina. En realidad s\u00f3lo duerme ah\u00ed. Sale muy temprano y regresa tarde. Su cansancio cr\u00f3nico se explica, en parte, por el desgaste que supone pasar hasta tres horas al d\u00eda en un deficiente transporte p\u00fabico. \u00a1PERO EL JEFE SE TOMA DOS HORAS DE COMIDA! Los mirreyes se burlan del tupper donde un God\u00ednez transporta, calienta y come sus alimentos. Ah\u00ed guarda arroz, sopa de fideo, guisados. Los m\u00e1s preocupados por su salud, comen ensalada de at\u00fan y trocitos de j\u00edcama y zanahoria. El God\u00ednez tiene poco tiempo para comer. En el mejor de los casos acudir\u00e1 al comedor de su empresa a calentar en el microondas sus alimentos. Ah\u00ed tambi\u00e9n hay que hacer fila. Nuestro personaje no tiene dinero para comer diariamente en un restaurante, ni siquiera una comida corrida; pues 60 pesos diarios \u00abvienen siendo 1,200 pesos al mes\u00bb. Despu\u00e9s de comer, le ataca el \u00abmal del puerco\u00bb. En nuestras monstruosas ciudades un oficinista no puede comer en casa y descansar unos minutos. En este duro estilo de vida, una hamburguesa o una torta gigante es un peque\u00f1o fest\u00edn. El juebebes refleja la insatisfacci\u00f3n, la fuga de la rutina gris. Y digo gris en sentido literal. Much\u00edsimas oficinas carecen de ventanas. Algunos God\u00ednez cultivan plantas de sombra para mitigar el encierro y otros recurren al wallpaper. El fin de semana es el aliciente para seguir tirando del carro, el momento donde uno es medianamente due\u00f1o de su tiempo. Las vacaciones del God\u00ednez son austeras. Los mirreryes se burlan del acapulcazo, donde nuestros heroicos oficinistas comparten un pedazo de playa con miles de personas. Tal personaje exprime cada instante de su fin de semana, aunque tenga que pagarlo con largas colas en estaciones de camiones y carreteras. 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Al principio me dio envidia, pues yo no tengo hora de salida. Escrib\u00ed este art\u00edculo, por ejemplo, una ma\u00f1ana de s\u00e1bado. Como otros tantos de mis colegas, me he visto obligado escribir en Navidad y Semana Santa. Los \u00abGod\u00ednez\u00bb, por el contrario, rinden pleites\u00eda al horario: \u00abVele el lado bueno, el lunes es s\u00f3lo una vez a la semana\u00bb. Tal actitud podr\u00eda parecernos un culto a la mediocridad. \u00bfPor qu\u00e9 no apasionarse con el trabajo? Pero \u00abesos\u00bb a quienes llamamos \u00abGod\u00ednez\u00bb son clave en la sociedad. El pa\u00eds vive gracias a los miles de oficinistas que cumplen con su trabajo, frecuentemente mon\u00f3tono y mal pagado. No niego que existan bur\u00f3cratas que matan el tiempo. Sin embargo, tambi\u00e9n hay miles y miles de oficinistas cuya constancia mueve al sistema socioecon\u00f3mico. \u00abMUERO CADA LUNES, RESUCITO CADA VIERNES\u00bb Me deja mal sabor de boca la ret\u00f3rica de lo \u00abGod\u00ednez\u00bb. Antes de criticar su aparente apat\u00eda, deber\u00edamos preguntarnos qu\u00e9 alicientes tienen para quedarse m\u00e1s tiempo tras un escritorio. \u00bfGanar\u00e1n m\u00e1s? \u00bfQu\u00e9 sueldo reciben? En 1958 se transmiti\u00f3 Gutierritos, telenovela de un oficinista maltratado por sus compa\u00f1eros de trabajo y menospreciado por su esposa. Obviamente, la historia tuvo un acaramelado desenlace: la esposa reconoce al marido y se proclama orgullosamente como \u00abSe\u00f1ora de Guti\u00e9rrez\u00bb. El paralelismo entre Gutierritos y God\u00ednez es evidente: bur\u00f3crata, afable, trabajador, aparentemente gris, sin ambiciones. Alguien que est\u00e1 al pie del ca\u00f1\u00f3n en la oficina, pero que no es genial ni brillante. Los mirreyes, siempre arrogantes, se refieren a los God\u00ednez como \u00abpobres diablos\u00bb, cuya vida transcurre de quincena en quincena. \u00abEl horario de verano es el jetlag de quienes nunca han viajado\u00bb, escuch\u00e9 decir por ah\u00ed a un mirrey burl\u00e1ndose de la somnolencia de un empleado de su padre. Poco a poco, los j\u00f3venes se van dando cuenta de que vivimos en una sociedad cada vez m\u00e1s estamental. Que no nos llame a enga\u00f1o la abolici\u00f3n de la corbata entre las clases altas y la ropa informal en el trabajo los viernes. La corbata es, ahora, el s\u00edmbolo de quien se encuentra en la base de la pir\u00e1mide, como en su momento lo fueron las casacas de los lacayos. La movilidad social es m\u00ednima, incluso en pa\u00edses como Estados Unidos. Los sueldos de los empleados se han congelado desde hace a\u00f1os mientras que los sueldos de los CEO de grandes empresas se han disparado. El self-made man es un mito obsoleto. Por ello, el God\u00ednez no es sino un Millenial desencantado. Sabe que dif\u00edcilmente ascender\u00e1 en la pir\u00e1mide socioecon\u00f3mica. En EU, la tasa de repetici\u00f3n de la pauta de desigualdad es de 47%1; es decir, los hijos seguir\u00e1n siendo tan pobres o tan ricos como sus padres. Tal expectativa conduce al tedio, al desencanto. \u00bfY M\u00e9xico? En nuestro pa\u00eds, la educaci\u00f3n p\u00fablica fue pivote para el ascenso social. Actualmente est\u00e1 en crisis. Cuesti\u00f3n de mirar en qu\u00e9 universidades estudia la \u00e9lite que hoy nos gobierna. Las universidades p\u00fablicas dejaron de ser el semillero de gobernantes y empresarios. Educaci\u00f3n es destino. Quienes tuvimos la oportunidad de pasar por una universidad privada de \u00e9lite contamos con una ventaja. Nadie como el God\u00ednez se ha dado cuenta de ello. VIERNES DE QUINCENA, VIERNES DE STARBUCKS En esta sociedad, los s\u00edmbolos de estatus son casi tan importantes como las creencias y convicciones personales. Incluso el caf\u00e9, ese l\u00edquido que nos permite pensar desde temprano, refleja nuestras aspiraciones sociales. Los God\u00ednez desean poder comprar diario el caf\u00e9 de Starbucks, pero el sueldo no les permite ese lujo. El God\u00ednez ama los gadgets. La diferencia es que, mientras el mirrey los obtiene sin esfuerzo, el God\u00ednez debe comprarlos a 18 meses sin intereses. El primero utiliza Apple; el God\u00ednez, Android. Nuestro oficinista trabaja en los grandes corporativos. Sin embargo, sus ingresos no le permiten vivir ah\u00ed. Dependiendo de su sueldo, utiliza el transporte p\u00fablico o un peque\u00f1o autom\u00f3vil que habitualmente tambi\u00e9n adquiri\u00f3 a plazo. Su casa, en el caso de la Ciudad de M\u00e9xico, suele quedar muy lejos de su oficina. En realidad s\u00f3lo duerme ah\u00ed. Sale muy temprano y regresa tarde. Su cansancio cr\u00f3nico se explica, en parte, por el desgaste que supone pasar hasta tres horas al d\u00eda en un deficiente transporte p\u00fabico. \u00a1PERO EL JEFE SE TOMA DOS HORAS DE COMIDA! Los mirreyes se burlan del tupper donde un God\u00ednez transporta, calienta y come sus alimentos. Ah\u00ed guarda arroz, sopa de fideo, guisados. Los m\u00e1s preocupados por su salud, comen ensalada de at\u00fan y trocitos de j\u00edcama y zanahoria. El God\u00ednez tiene poco tiempo para comer. En el mejor de los casos acudir\u00e1 al comedor de su empresa a calentar en el microondas sus alimentos. Ah\u00ed tambi\u00e9n hay que hacer fila. Nuestro personaje no tiene dinero para comer diariamente en un restaurante, ni siquiera una comida corrida; pues 60 pesos diarios \u00abvienen siendo 1,200 pesos al mes\u00bb. Despu\u00e9s de comer, le ataca el \u00abmal del puerco\u00bb. En nuestras monstruosas ciudades un oficinista no puede comer en casa y descansar unos minutos. En este duro estilo de vida, una hamburguesa o una torta gigante es un peque\u00f1o fest\u00edn. El juebebes refleja la insatisfacci\u00f3n, la fuga de la rutina gris. Y digo gris en sentido literal. Much\u00edsimas oficinas carecen de ventanas. Algunos God\u00ednez cultivan plantas de sombra para mitigar el encierro y otros recurren al wallpaper. El fin de semana es el aliciente para seguir tirando del carro, el momento donde uno es medianamente due\u00f1o de su tiempo. Las vacaciones del God\u00ednez son austeras. Los mirreryes se burlan del acapulcazo, donde nuestros heroicos oficinistas comparten un pedazo de playa con miles de personas. Tal personaje exprime cada instante de su fin de semana, aunque tenga que pagarlo con largas colas en estaciones de camiones y carreteras. 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Al principio me dio envidia, pues yo no tengo hora de salida. Escrib\u00ed este art\u00edculo, por ejemplo, una ma\u00f1ana de s\u00e1bado. Como otros tantos de mis colegas, me he visto obligado escribir en Navidad y Semana Santa. Los \u00abGod\u00ednez\u00bb, por el contrario, rinden pleites\u00eda al horario: \u00abVele el lado bueno, el lunes es s\u00f3lo una vez a la semana\u00bb. Tal actitud podr\u00eda parecernos un culto a la mediocridad. \u00bfPor qu\u00e9 no apasionarse con el trabajo? Pero \u00abesos\u00bb a quienes llamamos \u00abGod\u00ednez\u00bb son clave en la sociedad. El pa\u00eds vive gracias a los miles de oficinistas que cumplen con su trabajo, frecuentemente mon\u00f3tono y mal pagado. No niego que existan bur\u00f3cratas que matan el tiempo. Sin embargo, tambi\u00e9n hay miles y miles de oficinistas cuya constancia mueve al sistema socioecon\u00f3mico. \u00abMUERO CADA LUNES, RESUCITO CADA VIERNES\u00bb Me deja mal sabor de boca la ret\u00f3rica de lo \u00abGod\u00ednez\u00bb. Antes de criticar su aparente apat\u00eda, deber\u00edamos preguntarnos qu\u00e9 alicientes tienen para quedarse m\u00e1s tiempo tras un escritorio. \u00bfGanar\u00e1n m\u00e1s? \u00bfQu\u00e9 sueldo reciben? En 1958 se transmiti\u00f3 Gutierritos, telenovela de un oficinista maltratado por sus compa\u00f1eros de trabajo y menospreciado por su esposa. Obviamente, la historia tuvo un acaramelado desenlace: la esposa reconoce al marido y se proclama orgullosamente como \u00abSe\u00f1ora de Guti\u00e9rrez\u00bb. El paralelismo entre Gutierritos y God\u00ednez es evidente: bur\u00f3crata, afable, trabajador, aparentemente gris, sin ambiciones. Alguien que est\u00e1 al pie del ca\u00f1\u00f3n en la oficina, pero que no es genial ni brillante. Los mirreyes, siempre arrogantes, se refieren a los God\u00ednez como \u00abpobres diablos\u00bb, cuya vida transcurre de quincena en quincena. \u00abEl horario de verano es el jetlag de quienes nunca han viajado\u00bb, escuch\u00e9 decir por ah\u00ed a un mirrey burl\u00e1ndose de la somnolencia de un empleado de su padre. Poco a poco, los j\u00f3venes se van dando cuenta de que vivimos en una sociedad cada vez m\u00e1s estamental. Que no nos llame a enga\u00f1o la abolici\u00f3n de la corbata entre las clases altas y la ropa informal en el trabajo los viernes. La corbata es, ahora, el s\u00edmbolo de quien se encuentra en la base de la pir\u00e1mide, como en su momento lo fueron las casacas de los lacayos. La movilidad social es m\u00ednima, incluso en pa\u00edses como Estados Unidos. Los sueldos de los empleados se han congelado desde hace a\u00f1os mientras que los sueldos de los CEO de grandes empresas se han disparado. El self-made man es un mito obsoleto. Por ello, el God\u00ednez no es sino un Millenial desencantado. Sabe que dif\u00edcilmente ascender\u00e1 en la pir\u00e1mide socioecon\u00f3mica. En EU, la tasa de repetici\u00f3n de la pauta de desigualdad es de 47%1; es decir, los hijos seguir\u00e1n siendo tan pobres o tan ricos como sus padres. Tal expectativa conduce al tedio, al desencanto. \u00bfY M\u00e9xico? En nuestro pa\u00eds, la educaci\u00f3n p\u00fablica fue pivote para el ascenso social. Actualmente est\u00e1 en crisis. Cuesti\u00f3n de mirar en qu\u00e9 universidades estudia la \u00e9lite que hoy nos gobierna. Las universidades p\u00fablicas dejaron de ser el semillero de gobernantes y empresarios. Educaci\u00f3n es destino. Quienes tuvimos la oportunidad de pasar por una universidad privada de \u00e9lite contamos con una ventaja. Nadie como el God\u00ednez se ha dado cuenta de ello. VIERNES DE QUINCENA, VIERNES DE STARBUCKS En esta sociedad, los s\u00edmbolos de estatus son casi tan importantes como las creencias y convicciones personales. Incluso el caf\u00e9, ese l\u00edquido que nos permite pensar desde temprano, refleja nuestras aspiraciones sociales. Los God\u00ednez desean poder comprar diario el caf\u00e9 de Starbucks, pero el sueldo no les permite ese lujo. El God\u00ednez ama los gadgets. La diferencia es que, mientras el mirrey los obtiene sin esfuerzo, el God\u00ednez debe comprarlos a 18 meses sin intereses. El primero utiliza Apple; el God\u00ednez, Android. Nuestro oficinista trabaja en los grandes corporativos. Sin embargo, sus ingresos no le permiten vivir ah\u00ed. Dependiendo de su sueldo, utiliza el transporte p\u00fablico o un peque\u00f1o autom\u00f3vil que habitualmente tambi\u00e9n adquiri\u00f3 a plazo. Su casa, en el caso de la Ciudad de M\u00e9xico, suele quedar muy lejos de su oficina. En realidad s\u00f3lo duerme ah\u00ed. Sale muy temprano y regresa tarde. Su cansancio cr\u00f3nico se explica, en parte, por el desgaste que supone pasar hasta tres horas al d\u00eda en un deficiente transporte p\u00fabico. \u00a1PERO EL JEFE SE TOMA DOS HORAS DE COMIDA! Los mirreyes se burlan del tupper donde un God\u00ednez transporta, calienta y come sus alimentos. Ah\u00ed guarda arroz, sopa de fideo, guisados. Los m\u00e1s preocupados por su salud, comen ensalada de at\u00fan y trocitos de j\u00edcama y zanahoria. El God\u00ednez tiene poco tiempo para comer. En el mejor de los casos acudir\u00e1 al comedor de su empresa a calentar en el microondas sus alimentos. Ah\u00ed tambi\u00e9n hay que hacer fila. Nuestro personaje no tiene dinero para comer diariamente en un restaurante, ni siquiera una comida corrida; pues 60 pesos diarios \u00abvienen siendo 1,200 pesos al mes\u00bb. Despu\u00e9s de comer, le ataca el \u00abmal del puerco\u00bb. En nuestras monstruosas ciudades un oficinista no puede comer en casa y descansar unos minutos. En este duro estilo de vida, una hamburguesa o una torta gigante es un peque\u00f1o fest\u00edn. El juebebes refleja la insatisfacci\u00f3n, la fuga de la rutina gris. Y digo gris en sentido literal. Much\u00edsimas oficinas carecen de ventanas. Algunos God\u00ednez cultivan plantas de sombra para mitigar el encierro y otros recurren al wallpaper. El fin de semana es el aliciente para seguir tirando del carro, el momento donde uno es medianamente due\u00f1o de su tiempo. Las vacaciones del God\u00ednez son austeras. Los mirreryes se burlan del acapulcazo, donde nuestros heroicos oficinistas comparten un pedazo de playa con miles de personas. Tal personaje exprime cada instante de su fin de semana, aunque tenga que pagarlo con largas colas en estaciones de camiones y carreteras. 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