{"id":69319,"date":"2015-10-30T22:34:49","date_gmt":"2015-10-30T22:34:49","guid":{"rendered":"http:\/\/istmo.mx\/?p=69319"},"modified":"2015-10-30T22:34:49","modified_gmt":"2015-10-30T22:34:49","slug":"el-escaparate-ludico-del-hombre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2015\/10\/30\/el-escaparate-ludico-del-hombre\/","title":{"rendered":"El escaparate l\u00fadico del hombre"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"69319\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p><\/p><em><span style=\"color: #0000ff;\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/istmo.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/10\/IS340_Coloquio_02_principal.jpg?ssl=1\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-69381 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/istmo.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/10\/IS340_Coloquio_02_principal.jpg?resize=714%2C380&#038;ssl=1\" alt=\"IS340_Coloquio_02_principal\" width=\"714\" height=\"380\" loading=\"lazy\"><\/a>No es f\u00e1cil pensar en los videojuegos como obras de arte, pero el arte no es s\u00f3lo lo bello, es tambi\u00e9n todo lo que impacta en nuestra psique. La complejidad y la realidad simb\u00f3licas que ofrecen los videojuegos generan un espacio donde la dimensi\u00f3n l\u00fadica humana encuentra una forma de expresi\u00f3n bastante acabada. Si no somos receptivos a nuevas y diversas experiencias, nuestro mundo se empobrece.<\/span><\/em><br>\n<strong>\u00a0<\/strong><br>\nMuchas tentativas se han ensayado a lo largo de la historia del pensamiento con el prop\u00f3sito de definir la esencia del hombre. El hombre como \u00abanimal racional\u00bb o como \u00abanimal pol\u00edtico\u00bb, por ejemplo, son caracterizaciones que se remontan a la Antig\u00fcedad y que, sin duda, ponen de relieve aspectos fundamentales de nuestra condici\u00f3n. Sin embargo, muchas veces, en nuestro intento por comprender al hombre, soslayamos nuestra dimensi\u00f3n como homo symbolicus, es decir, como agentes creadores de s\u00edmbolos y dadores de significados y como homo ludens, nuestra facultad de encontrar gozo y divertimento en distintas esferas de actividad.<br>\nPor supuesto, las otras tentativas de definici\u00f3n son tambi\u00e9n v\u00e1lidas: nos identificamos plenamente con la racionalidad \u2013condici\u00f3n indispensable para tener conciencia de nosotros mismos y desarrollar los talentos\u2013 as\u00ed como con la necesidad de establecer comunidades pol\u00edticas para superar las distintas contingencias y llevar una vida buena, como afirmaba Arist\u00f3teles. Pero muchos hombres \u2013si no es que todos\u2013sentimos que hay algo m\u00e1s en nuestra existencia que no recogen aquellas sentencias del pensamiento antiguo. La vida afectiva, emocional, imaginativa, creadora y, en algunos casos, art\u00edstica, parecen ser tambi\u00e9n rasgos que nos definen, y dejar de lado esa parte de nuestro ser, en cualquier intento de esbozar una antropolog\u00eda, no hace justicia a nuestra naturaleza. Presento aqu\u00ed algunas consideraciones de estas dos otras dimensiones, con particular \u00e9nfasis en la \u00faltima, la l\u00fadica.<br>\n\u00a0<br>\n<strong>EL ARTISTA CREA S\u00cdMBOLOS E IM\u00c1GENES <\/strong><br>\nLas ra\u00edces de la aspiraci\u00f3n de interpretar y reconfigurar imaginativamente el cosmos se pueden rastrear hasta los or\u00edgenes de la civilizaci\u00f3n. El hombre ha buscado desde siempre dar una expresi\u00f3n a todo aquello que podr\u00eda denominarse su mundo interior: sus ideas y proyectos, sentimientos y emociones, anhelos y esperanzas, miedos y fracasos. Es claro que el ser humano no se conforma con aceptar la situaci\u00f3n en que vive tal como es. Somos agentes que buscamos interpelar el entorno e interpelarnos a nosotros mismos, lo que trae por consecuencia una transformaci\u00f3n de la realidad. Nos rehusamos a aceptar el mundo como nos es dado; tenemos el deseo profundo de comprender qui\u00e9nes somos, d\u00f3nde nos encontramos y hacia d\u00f3nde iremos.<br>\nSon preguntas de naturaleza perenne, no exclusivas de una sociedad o cultura particular, que atraviesan la historia de la humanidad. Sin embargo, no hemos alcanzado una respuesta definitiva. Es tarea ineludible, engarzada en lo m\u00e1s \u00edntimo de nuestra naturaleza, plantearnos esos interrogantes e intentar develar, aunque sea en forma parcial y limitada, respuestas propias que, para bien o para mal, representan el esfuerzo por descifrar nuestro lugar en el universo.<br>\nLos intentos de contestar estos interrogantes no se circunscriben a un \u00fanico \u00e1mbito de la praxis humana. La religi\u00f3n y la ciencia, por ejemplo, son esferas fundamentales donde el hombre cumple con esta vocaci\u00f3n existencial de formular preguntas sobre su realidad y de encontrar respuestas para afrontar su existencia. Abordo ahora la esfera de lo \u00abart\u00edstico\u00bb, pero entendida en un sentido m\u00e1s amplio que las \u00abbellas artes\u00bb.<br>\nLa concepci\u00f3n de lo art\u00edstico que tengo en mente alude m\u00e1s bien al t\u00e9rmino griego cl\u00e1sico de poiesis, que significa \u00abcreaci\u00f3n\u00bb de forma amplia. El hombre es capaz de crear cosas nuevas y dotarlas, en cierta medida, de algo propio, las extrae del mundo natural y les concede una muestra de su propia espiritualidad.<br>\nPor supuesto, no toda poiesis o creaci\u00f3n supone igual compromiso del hombre con lo que crea: distintos utensilios o herramientas de la vida pr\u00e1ctica tienen como prop\u00f3sito desempe\u00f1ar funciones b\u00e1sicas, cotidianas o elementales. Pero cuando el hombre busca configurar significativamente su mundo termina por crear un imaginario simb\u00f3lico donde \u00e9l y otros pueden reencontrarse a s\u00ed mismos.<br>\nEl artista, en un sentido amplio, es creador de s\u00edmbolos o im\u00e1genes, pero parad\u00f3jicamente es tambi\u00e9n el primer espectador de su obra. Un espectador ciertamente privilegiado, puesto que conoce la obra desde sus primeros momentos de inspiraci\u00f3n, su desarrollo y, finalmente, su concreci\u00f3n. Pero no es su \u00faltimo espectador o juez, ni tiene, como muchos dir\u00edan, la \u00faltima palabra sobre ella. Las creaciones humanas tienen una vida propia que se extiende, en ocasiones, m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00edmites de la vida del autor, y que terminan por decir algo valioso a generaciones hist\u00f3ricamente alejadas del contexto de origen de la obra.<br>\nEn ese quehacer simb\u00f3lico, que alude a la primera dimensi\u00f3n referida, en la que el hombre busca dar expresi\u00f3n a su mundo interno, muchas veces se encuentra ya la semilla de lo l\u00fadico, es decir, la semilla de un juego que permite combinar elementos heterog\u00e9neos de forma libre y creativa. Esta idea ha jugado un papel poderoso en la imaginaci\u00f3n occidental. El gran poeta Friedrich Schiller sostuvo, por ejemplo, que s\u00f3lo el artista que logra hacer de su obra una suerte de juego, que posea el mismo grado de espontaneidad que tienen los ni\u00f1os cuando se divierten, puede ser considerado propiamente como un genio.<br>\nEs dif\u00edcil, ciertamente, establecer generalizaciones en materia de creaci\u00f3n art\u00edstica. Hay en la historia creadores que parecen haberse torturado a s\u00ed mismos con tal de sacar adelante su obra maestra y que no responden al ideal l\u00fadico propuesto por Schiller. De Gustave Flaubert se cuenta que pod\u00eda pasar d\u00edas enteros, en un an\u00e1lisis minucioso y exhaustivo, tratando de encontrar la palabra id\u00f3nea para una oraci\u00f3n en un di\u00e1logo de sus novelas \u2013procedimiento que, sin duda, buscaba eliminar cualquier margen de contingencia; aunque cabe decir que eso no nos impide gozar l\u00fadicamente de sus obras\u2013.<br>\nPero tambi\u00e9n hay creadores que han entendido sus obras, desde su concepci\u00f3n, como una forma de juego, donde lo espont\u00e1neo, lo azaroso y lo impredecible desempe\u00f1an un papel fundamental. Pienso en grandes compositores de jazz, como Charlie Parker y, en el \u00e1mbito de la literatura, en un fiel admirador de Parker, como Julio Cort\u00e1zar, quien concibi\u00f3 Rayuela, su obra maestra, como un libro de alternativas donde el lector pod\u00eda jugar con el tipo de lectura y, finalmente, con el tipo de novela que quer\u00eda leer. En estos casos queda de manifiesto que el juego no es s\u00f3lo de quien lo crea, sino tambi\u00e9n de quienes lo juegan, es decir, de los escuchas y de los lectores.<br>\n<a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/istmo.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/10\/IS340_Coloquio_02_imagen01.jpg?ssl=1\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-69379 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/istmo.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/10\/IS340_Coloquio_02_imagen01.jpg?resize=550%2C413&#038;ssl=1\" alt=\"Imprimir\" width=\"550\" height=\"413\" loading=\"lazy\"><\/a><br>\n<strong>MAYOR LIBERTAD, SIN DOMINAR NI IMPONER<\/strong><br>\nHay una concepci\u00f3n bastante arraigada en las sociedades contempor\u00e1neas de que los juegos son cosa de ni\u00f1os. El juego en la vida adulta parece tener un papel restringido a ciertos contextos particulares. Se piensa, por lo general, que el hombre \u2013si acaso le est\u00e1 permitido jugar\u2013 debe jugar menos que el ni\u00f1o. Una concepci\u00f3n bastante estrecha de lo que es el juego a mi parecer. Una buena pel\u00edcula, por decir un caso, puede suscitar un juego imaginativo, en un espectador atento, mediante la presentaci\u00f3n innovadora de im\u00e1genes, la creaci\u00f3n de situaciones de incertidumbre en la trama, y la resoluci\u00f3n de la historia con un final inesperado o abierto a diversas interpretaciones.<br>\nIncluso, remont\u00e1ndonos de nuevo al contexto cl\u00e1sico, podemos decir que la tragedia griega, tal como la juzga Arist\u00f3teles en su Po\u00e9tica, tiene un papel liberador para la audiencia, en tanto que al contemplarla, ha de \u00abexpiar\u00bb o \u00abpurificar\u00bb las pasiones. Pero esto s\u00f3lo es posible cuando el observador se involucra emocionalmente, lo que le permite ser aut\u00e9ntico destinatario del nudo dram\u00e1tico que representan los actores. Podemos decir que ya desde sus or\u00edgenes en el contexto cl\u00e1sico, se piensa que quien observa una obra de teatro, escucha una pieza de m\u00fasica o contempla una escultura est\u00e1 inmerso, con todo su ser, en esa actividad, lo que le posibilita una experiencia vital de reconocimiento y comprensi\u00f3n.<br>\nUn gran fil\u00f3sofo alem\u00e1n del siglo XX, Hans-Georg Gadamer, acentuaba precisamente esa experiencia liberadora del juego, tanto en lo art\u00edstico como en la vida cotidiana. Lo que Gadamer detecta con acierto en su magna obra Verdad y m\u00e9todo es que en el juego encontramos \u00f3rdenes de discurso y acci\u00f3n menos ce\u00f1idas que las de otros \u00e1mbitos humanos. En el \u00e1mbito est\u00e9tico, la relaci\u00f3n de juego entre un sujeto y una obra de arte no es ni de dominaci\u00f3n ni de imposici\u00f3n.<br>\nLa obra marca ciertos l\u00edmites b\u00e1sicos de lo que se debe interpretar o comprender, como las reglas del ajedrez, por ejemplo, que marcan la pauta de los movimientos v\u00e1lidos en una partida. Si alguien ve una puesta en escena de la tragedia del Rey Lear y juzga en ella puro divertimento, chapuza y s\u00e1tira \u2013aunque, sin duda, parte del genio de Shakespeare consiste en presentar, en medio de lo tr\u00e1gico, algunos momentos c\u00f3micos\u2013, puede concluirse que su lectura o apreciaci\u00f3n de la obra se aparta de lo que la obra sugiere en l\u00edneas generales. O en otros t\u00e9rminos: algo en su propia subjetividad le est\u00e1 impidiendo gozar de la obra en sus facetas m\u00e1s ricas. Pero, a pesar de los l\u00edmites que la obra impone, hay un gran margen para que un espectador se involucre de forma personal, sin que ello implique que la est\u00e9 desfigurando.<br>\nEn la medida en que alguien, por ejemplo, puede sumergirse imaginativa y reflexivamente y, por lo tanto, con significativa libertad, en el mundo de la obra para entender la c\u00f3lera del rey Lear, colocarse en el lugar de Cordelia para explicarse su noble reticencia a mostrar afecto a su padre o reconstruir los complejos m\u00f3viles del complot que traman los duques de Albany y Cornwall, se vuelve, en un sentido, cocreador o copart\u00edcipe de la tragedia shakespeareana. Lo mismo puede decirse de cuando leemos poes\u00eda en voz alta: en tanto que leemos un poema con nuestra propia inflexi\u00f3n de voz, nuestra cadencia, y con matices particulares, volvemos a dar vida, de forma l\u00fadica y espont\u00e1nea, a una obra que, de lo contrario, se quedar\u00eda solamente en el papel sin encontrar nunca su m\u00fasica y su sonido.<br>\n\u00a0<br>\n<strong>EL ARTE COMO AGENTE L\u00daDICO<\/strong><br>\nNuestro mundo contempor\u00e1neo ofrece otras formas de juego sobre las que vale la pena reparar. En el terreno de las artes, ya desde las vanguardias est\u00e9ticas de comienzos siglo XX, se montan las llamadas \u00abinstalaciones\u00bb, en donde el espectador interact\u00faa en un entorno nuevo con la obra, o incluso siendo a veces la obra misma un entorno. En muchas ocasiones el espectador puede tocarla, reacomodarla o alterarla de forma considerable. Ya sea que este tipo de arte nos guste o no, es evidente que la idea del juego anima esta nueva forma de creaci\u00f3n.<br>\nLo que vanguardias como el dada\u00edsmo, el surrealismo o el arte pop pusieron de relieve es que la distancia entre el espectador y la obra no es una brecha insalvable, como suger\u00edan ciertas concepciones art\u00edsticas decimon\u00f3nicas. El arte no tiene una dimensi\u00f3n exclusivamente sacra, que mantiene alejado al destinatario en una actitud llanamente contemplativa. El arte puede convertirse en un objeto o un entorno que potencia nuestra capacidad como agentes l\u00fadicos y nos permite adquirir, aunque sea moment\u00e1neamente, una nueva forma de identidad.<br>\n<a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/istmo.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/10\/IS340_Coloquio_02_imagen02.jpg?ssl=1\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-69378 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/istmo.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/10\/IS340_Coloquio_02_imagen02.jpg?resize=550%2C344&#038;ssl=1\" alt=\"gamer_realidad virtual\" width=\"550\" height=\"344\" loading=\"lazy\"><\/a><br>\n<strong>VIDEOJUEGOS: DIMENSI\u00d3N L\u00daDICA ACABADA<\/strong><br>\nQuiz\u00e1 en el contexto contempor\u00e1neo, los videojuegos son la manifestaci\u00f3n m\u00e1s tangible de esas nuevas identidades que adquirimos mediante el juego. Los role playing games o juegos de rol nos sumergen en una realidad virtual, dentro de un personaje, cuyos prop\u00f3sitos se convierten de alguna forma en los nuestros. La famosa saga de Zelda, en que el h\u00e9roe Link debe proteger a la princesa que da t\u00edtulo al juego, se convirti\u00f3, desde sus inicios, en todo un fen\u00f3meno social, y ha generado que muchos de los gamers o videojugadores se sientan inmersos existencialmente en las vicisitudes y peripecias de este curioso personaje.<br>\nPor otro lado, hay juegos de rol que permiten a los gamers crear, desde el comienzo, sus propias identidades, como Second Life o Sims y les proporcionan un espectro de acci\u00f3n paralelo al que podr\u00edan tener en la vida real. De hecho el nombre de Second Life es muy ilustrativo: se trata literalmente de una segunda vida para el gamer, en la que puede interactuar en la red con otras personas que poseen identidades virtuales semejantes. Dejando de lado la cuesti\u00f3n sobre si los videojuegos pueden considerarse obras de arte en un sentido convencional, lo cierto es que la complejidad y la realidad simb\u00f3lica que ofrecen genera un espacio donde la dimensi\u00f3n l\u00fadica humana encuentra una forma de expresi\u00f3n bastante acabada.<br>\nEstas consideraciones sobre los videojuegos y los juegos en general nos llevan a una reflexi\u00f3n profunda sobre la naturaleza de la Est\u00e9tica como disciplina del pensamiento. Mucho se ha discutido sobre si la Est\u00e9tica es una disciplina te\u00f3rica o pr\u00e1ctica. En este texto me es imposible desarrollar con amplitud mi postura al respecto, pero la presento al menos de forma esquem\u00e1tica.<br>\nConsidero que la Est\u00e9tica es una disciplina mixta. Por un lado permite debates sumamente abstractos y te\u00f3ricos \u2013no por ello menos valiosos\u2013, sobre la definici\u00f3n del arte y la belleza, los distintos elementos cognitivos y afectivos que configuran la experiencia est\u00e9tica, o la diferencia entre el arte y otras formas de creaci\u00f3n humanas como la t\u00e9cnica. \u00c9sta es la faceta o el plano que suele ponerse de relieve en cuanto disciplina acad\u00e9mica.<br>\nSin embargo, es innegable que la experiencia est\u00e9tica \u2013entendiendo no s\u00f3lo la de lo bello, sino toda la que inhiere de modo significativo en la psych\u00e9 del ser humano\u2013 est\u00e1 atada de forma ineludible a lo que somos, y en la medida en que no cultivamos la capacidad de ser receptivos a muchas diversas experiencias, el mundo en el que nos desenvolvemos se vuelve m\u00e1s pobre, inaut\u00e9ntico y desarticulado.<br>\nLos grandes artistas y pensadores que han reflexionado sobre el arte nos dan esta lecci\u00f3n. Nuestra vida es susceptible de enriquecerse de modo considerable en la medida en que se abre hacia distintas experiencias de significado, entre las cuales el juego, en muchas de sus manifestaciones, es esencial. Poner esto de manifiesto es quiz\u00e1s una de las tareas m\u00e1s importantes de la Est\u00e9tica en cuanto disciplina pr\u00e1ctica.<br>\nPero no debemos entender la receptividad hacia este tipo de experiencias y pr\u00e1cticas en t\u00e9rminos meramente pasivos. No s\u00f3lo para ser un gran conocedor del arte, sino para lograr que incida de forma relevante en nosotros, hemos de superar la idea de que basta dirigir la mirada hacia una pintura o prestar o\u00eddo a una pieza musical para apropiarnos de la obra. La experiencia plena de lo est\u00e9tico no se da nunca sin nuestra colaboraci\u00f3n e involucramiento. Es menester entrenar la mirada, educar el o\u00eddo, y enriquecer el lenguaje para que podamos ser part\u00edcipes de esos juegos que ocupan un lugar central en la existencia contempor\u00e1nea.<br>\nNaturalmente, el juego o los juegos en los que participamos, tambi\u00e9n son capaces de alienarnos si desconsideramos otro tipo de valores esenciales en la vida humana. Pensemos por ejemplo en los excesos que ocurren, como apunta S\u00f8ren Kierkegaard, cuando se entroniza lo est\u00e9tico por encima de lo \u00e9tico o lo religioso, haciendo de la existencia misma un puro divertimento sin compromiso.<br>\nPero esto no es motivo para dejar de lado una esfera que, si cultivamos adecuadamente, nos permite reconocer nuestro papel en el mundo y redescubrir nuestra humanidad de formas insospechadas.<br>\n\u00a0\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"69319\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Leer despu\u00e9s 0No es f\u00e1cil pensar en los videojuegos como obras de arte, pero el arte no es s\u00f3lo lo bello, es tambi\u00e9n todo lo que impacta en nuestra psique. La complejidad y la realidad simb\u00f3licas que ofrecen los videojuegos generan un espacio donde la dimensi\u00f3n l\u00fadica humana encuentra una forma de expresi\u00f3n bastante acabada. Si no somos receptivos a nuevas y diversas experiencias, nuestro mundo se empobrece. \u00a0 Muchas tentativas se han ensayado a lo largo de la historia del pensamiento con el prop\u00f3sito de definir la esencia del hombre. El hombre como \u00abanimal racional\u00bb o como \u00abanimal pol\u00edtico\u00bb, por ejemplo, son caracterizaciones que se remontan a la Antig\u00fcedad y que, sin duda, ponen de relieve aspectos fundamentales de nuestra condici\u00f3n. Sin embargo, muchas veces, en nuestro intento por comprender al hombre, soslayamos nuestra dimensi\u00f3n como homo symbolicus, es decir, como agentes creadores de s\u00edmbolos y dadores de significados y como homo ludens, nuestra facultad de encontrar gozo y divertimento en distintas esferas de actividad. Por supuesto, las otras tentativas de definici\u00f3n son tambi\u00e9n v\u00e1lidas: nos identificamos plenamente con la racionalidad \u2013condici\u00f3n indispensable para tener conciencia de nosotros mismos y desarrollar los talentos\u2013 as\u00ed como con la necesidad de establecer comunidades pol\u00edticas para superar las distintas contingencias y llevar una vida buena, como afirmaba Arist\u00f3teles. Pero muchos hombres \u2013si no es que todos\u2013sentimos que hay algo m\u00e1s en nuestra existencia que no recogen aquellas sentencias del pensamiento antiguo. La vida afectiva, emocional, imaginativa, creadora y, en algunos casos, art\u00edstica, parecen ser tambi\u00e9n rasgos que nos definen, y dejar de lado esa parte de nuestro ser, en cualquier intento de esbozar una antropolog\u00eda, no hace justicia a nuestra naturaleza. Presento aqu\u00ed algunas consideraciones de estas dos otras dimensiones, con particular \u00e9nfasis en la \u00faltima, la l\u00fadica. \u00a0 EL ARTISTA CREA S\u00cdMBOLOS E IM\u00c1GENES Las ra\u00edces de la aspiraci\u00f3n de interpretar y reconfigurar imaginativamente el cosmos se pueden rastrear hasta los or\u00edgenes de la civilizaci\u00f3n. El hombre ha buscado desde siempre dar una expresi\u00f3n a todo aquello que podr\u00eda denominarse su mundo interior: sus ideas y proyectos, sentimientos y emociones, anhelos y esperanzas, miedos y fracasos. Es claro que el ser humano no se conforma con aceptar la situaci\u00f3n en que vive tal como es. Somos agentes que buscamos interpelar el entorno e interpelarnos a nosotros mismos, lo que trae por consecuencia una transformaci\u00f3n de la realidad. Nos rehusamos a aceptar el mundo como nos es dado; tenemos el deseo profundo de comprender qui\u00e9nes somos, d\u00f3nde nos encontramos y hacia d\u00f3nde iremos. Son preguntas de naturaleza perenne, no exclusivas de una sociedad o cultura particular, que atraviesan la historia de la humanidad. Sin embargo, no hemos alcanzado una respuesta definitiva. Es tarea ineludible, engarzada en lo m\u00e1s \u00edntimo de nuestra naturaleza, plantearnos esos interrogantes e intentar develar, aunque sea en forma parcial y limitada, respuestas propias que, para bien o para mal, representan el esfuerzo por descifrar nuestro lugar en el universo. Los intentos de contestar estos interrogantes no se circunscriben a un \u00fanico \u00e1mbito de la praxis humana. La religi\u00f3n y la ciencia, por ejemplo, son esferas fundamentales donde el hombre cumple con esta vocaci\u00f3n existencial de formular preguntas sobre su realidad y de encontrar respuestas para afrontar su existencia. Abordo ahora la esfera de lo \u00abart\u00edstico\u00bb, pero entendida en un sentido m\u00e1s amplio que las \u00abbellas artes\u00bb. La concepci\u00f3n de lo art\u00edstico que tengo en mente alude m\u00e1s bien al t\u00e9rmino griego cl\u00e1sico de poiesis, que significa \u00abcreaci\u00f3n\u00bb de forma amplia. El hombre es capaz de crear cosas nuevas y dotarlas, en cierta medida, de algo propio, las extrae del mundo natural y les concede una muestra de su propia espiritualidad. Por supuesto, no toda poiesis o creaci\u00f3n supone igual compromiso del hombre con lo que crea: distintos utensilios o herramientas de la vida pr\u00e1ctica tienen como prop\u00f3sito desempe\u00f1ar funciones b\u00e1sicas, cotidianas o elementales. Pero cuando el hombre busca configurar significativamente su mundo termina por crear un imaginario simb\u00f3lico donde \u00e9l y otros pueden reencontrarse a s\u00ed mismos. El artista, en un sentido amplio, es creador de s\u00edmbolos o im\u00e1genes, pero parad\u00f3jicamente es tambi\u00e9n el primer espectador de su obra. Un espectador ciertamente privilegiado, puesto que conoce la obra desde sus primeros momentos de inspiraci\u00f3n, su desarrollo y, finalmente, su concreci\u00f3n. Pero no es su \u00faltimo espectador o juez, ni tiene, como muchos dir\u00edan, la \u00faltima palabra sobre ella. Las creaciones humanas tienen una vida propia que se extiende, en ocasiones, m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00edmites de la vida del autor, y que terminan por decir algo valioso a generaciones hist\u00f3ricamente alejadas del contexto de origen de la obra. En ese quehacer simb\u00f3lico, que alude a la primera dimensi\u00f3n referida, en la que el hombre busca dar expresi\u00f3n a su mundo interno, muchas veces se encuentra ya la semilla de lo l\u00fadico, es decir, la semilla de un juego que permite combinar elementos heterog\u00e9neos de forma libre y creativa. Esta idea ha jugado un papel poderoso en la imaginaci\u00f3n occidental. El gran poeta Friedrich Schiller sostuvo, por ejemplo, que s\u00f3lo el artista que logra hacer de su obra una suerte de juego, que posea el mismo grado de espontaneidad que tienen los ni\u00f1os cuando se divierten, puede ser considerado propiamente como un genio. Es dif\u00edcil, ciertamente, establecer generalizaciones en materia de creaci\u00f3n art\u00edstica. Hay en la historia creadores que parecen haberse torturado a s\u00ed mismos con tal de sacar adelante su obra maestra y que no responden al ideal l\u00fadico propuesto por Schiller. De Gustave Flaubert se cuenta que pod\u00eda pasar d\u00edas enteros, en un an\u00e1lisis minucioso y exhaustivo, tratando de encontrar la palabra id\u00f3nea para una oraci\u00f3n en un di\u00e1logo de sus novelas \u2013procedimiento que, sin duda, buscaba eliminar cualquier margen de contingencia; aunque cabe decir que eso no nos impide gozar l\u00fadicamente de sus obras\u2013. 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Por supuesto, las otras tentativas de definici\u00f3n son tambi\u00e9n v\u00e1lidas: nos identificamos plenamente con la racionalidad \u2013condici\u00f3n indispensable para tener conciencia de nosotros mismos y desarrollar los talentos\u2013 as\u00ed como con la necesidad de establecer comunidades pol\u00edticas para superar las distintas contingencias y llevar una vida buena, como afirmaba Arist\u00f3teles. Pero muchos hombres \u2013si no es que todos\u2013sentimos que hay algo m\u00e1s en nuestra existencia que no recogen aquellas sentencias del pensamiento antiguo. La vida afectiva, emocional, imaginativa, creadora y, en algunos casos, art\u00edstica, parecen ser tambi\u00e9n rasgos que nos definen, y dejar de lado esa parte de nuestro ser, en cualquier intento de esbozar una antropolog\u00eda, no hace justicia a nuestra naturaleza. Presento aqu\u00ed algunas consideraciones de estas dos otras dimensiones, con particular \u00e9nfasis en la \u00faltima, la l\u00fadica. \u00a0 EL ARTISTA CREA S\u00cdMBOLOS E IM\u00c1GENES Las ra\u00edces de la aspiraci\u00f3n de interpretar y reconfigurar imaginativamente el cosmos se pueden rastrear hasta los or\u00edgenes de la civilizaci\u00f3n. El hombre ha buscado desde siempre dar una expresi\u00f3n a todo aquello que podr\u00eda denominarse su mundo interior: sus ideas y proyectos, sentimientos y emociones, anhelos y esperanzas, miedos y fracasos. Es claro que el ser humano no se conforma con aceptar la situaci\u00f3n en que vive tal como es. Somos agentes que buscamos interpelar el entorno e interpelarnos a nosotros mismos, lo que trae por consecuencia una transformaci\u00f3n de la realidad. Nos rehusamos a aceptar el mundo como nos es dado; tenemos el deseo profundo de comprender qui\u00e9nes somos, d\u00f3nde nos encontramos y hacia d\u00f3nde iremos. 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