{"id":69137,"date":"2015-09-02T16:33:28","date_gmt":"2015-09-02T16:33:28","guid":{"rendered":"http:\/\/istmo.mx\/?p=69137"},"modified":"2015-09-02T16:33:28","modified_gmt":"2015-09-02T16:33:28","slug":"loteria-vs-bingo-instrucciones-para-vivir-en-mexico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2015\/09\/02\/loteria-vs-bingo-instrucciones-para-vivir-en-mexico\/","title":{"rendered":"Loter\u00eda vs. Bingo. Instrucciones para vivir en M\u00e9xico"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"69137\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p><\/p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/istmo.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/09\/IS339_Zagal_original.jpg?ssl=1\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" size-full wp-image-69065 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/istmo.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/09\/IS339_Zagal_original.jpg?resize=800%2C153&#038;ssl=1\" alt=\"IS339_Zagal_original\" width=\"800\" height=\"153\" loading=\"lazy\"><\/a><br>\n\u00a0<br>\n\u00a0<br>\n\u00a0<br>\n\u00a0<br>\n\u00a0<br>\n\u00a0<br>\nAl entrar a nuestro pa\u00eds, deber\u00edamos entregarles un protocolo de seguridad cultural a los turistas estadounidenses. No hablo de esa cartilla de advertencia a prop\u00f3sito de la implacable amibiasis que van a pescar en las taquer\u00edas callejeras, o del riesgo de que un mosquito con dengue los haga hervir de fiebre. En fin, ni siquiera me refiero a la remota posibilidad de que un comando armado secuestre su <em>turib\u00fas<\/em> en carretera. Hablo de algo m\u00e1s rupestre, algo as\u00ed como un manual para comprender a M\u00e9xico y no morir en el intento. Jorge Ibarg\u00fcengoitia lo pretendi\u00f3 ya en su c\u00e9lebre Instrucciones para vivir en M\u00e9xico, una sobredosis de iron\u00eda hist\u00f3rica para adentrarse en la mentalidad del mexicano.<br>\n\u00bfA poco no es cierto que un anglosaj\u00f3n que viene a nuestro pa\u00eds se enfrenta a un inminente choque el\u00e9ctrico de categor\u00edas mentales? Una de las patolog\u00edas del mexicano (asunto que ni Sigmund Freud hubiera curado), y que Ibarg\u00fcengoitia no trat\u00f3 expl\u00edcitamente, es el barroquismo mental. Es una palabra complicada para una enfermedad muy elemental: hacer todo de la manera menos pr\u00e1ctica posible, pero guardando siempre las apariencias. El barroco es, pues, lo excesivamente recargado y adornado. Dicen que \u00abbarroco\u00bb es una palabra portuguesa, berrueco: una perla con forma compleja, retorcida, sinuosa. Somos el pueblo barroco por excelencia.<br>\nEn el mejor de los casos, el barroquismo aparece en nuestra gastronom\u00eda, como en el mole, y eso nos merece el t\u00edtulo de Patrimonio Intangible de la Humanidad por la UNESCO. (Algunos de mis amigos de EU, al contrario, llegan al exceso de considerar la comida como un mero combustible). Nuestra cocina es parad\u00f3jica, recargada, agridulce, llena de contrastes y matices. Aqu\u00ed los dulces que comen los ni\u00f1os son picantes, como los tamarindos, y ahogamos los chiles picantes en nogada dulce.<br>\nSomos el pa\u00eds de las salsas. En una mesa mexicana jam\u00e1s pueden faltar las tortillas, los limones y las salsas. Incluso en el norte del pa\u00eds, la regi\u00f3n menos barroca, existe una afici\u00f3n por ellas. Simplemente nos aburre la comida simple, sencilla, directa y franca. Sin chiles ni especias, la comida nos sabe ins\u00edpida.<br>\nEn el peor de los casos, el barroquismo se refleja en nuestra manera de trabajar, de hacer pol\u00edtica y hasta de hablar. En la oficina, vivimos bajo el principio de \u00abpor donde vea la suegra\u00bb. \u00bfSe acuerdan? Barremos por arribita y pocas veces limpiamos debajo de la alfombra. Somos un pueblo que cultiva las apariencias, mago de la improvisaci\u00f3n y amigo de las ceremonias y rodeos.<br>\nSospecho que los pol\u00edticos, m\u00e1s por costumbre est\u00e9tica que por malicia, maquillan las cifras de nuestra econom\u00eda. Comparen ustedes los discursos pol\u00edticos de EU con los de M\u00e9xico. La demagogia es, obviamente, com\u00fan en ambos; pero el habla de un pol\u00edtico estadounidense frecuentemente es descarnada, dura y brutal para la sensibilidad mexicana. Recordemos, por ejemplo, las declaraciones de Donald <em>Trump<\/em> o las no menos \u00e1cidas declaraciones de muchos miembros del Tea <em>Party<\/em>. Por el contrario, en nuestro pa\u00eds el discurso es oblicuo, gaseoso y rimbombante. Los mensajes pol\u00edticos se mandan por caminos indirectos y nebulosos. El \u00e9xito de ciertas publicaciones cr\u00edticas es, precisamente, servir de canal para los mensajes que se manda entre s\u00ed la clase pol\u00edtica.<br>\nEn el habla coloquial, nos empe\u00f1amos en usar el doble sentido, en darle vueltas al asunto, como nos ense\u00f1\u00f3 Cantinflas, y en usar formas verbales que denotan la diferencia jer\u00e1rquica entre los interlocutores. El enredo es el pan nuestro de cada d\u00eda.<br>\nAunque cada vez somos m\u00e1s groseros para hablar y vamos perdiendo el registro del \u00abt\u00fa\/usted\u00bb, pocas veces decimos las cosas como son. Aqu\u00ed el tonito cuenta. Nos insultamos desde el autom\u00f3vil, pero en la convivencia ordinaria, nos averg\u00fcenza ser claros y contundentes. M\u00e9dicos y abogados saben a qu\u00e9 me refiero. Los pacientes y los clientes pocas veces se atreven a llamar las cosas por su nombre. Un notario me lo explicaba as\u00ed: \u00abmis clientes no se atreven a decirme limpia y llanamente que no quieren dejarle nada a sus hijos y yo debo adivinar su verdadero deseo\u00bb.<br>\nEn un pa\u00eds as\u00ed los s\u00edmbolos son muy decisivos. Como nuestro lenguaje es indirecto, el lenguaje no verbal es clave. Modo de comer, vestir, oler, tipo de <em>gadgets<\/em>, autom\u00f3vil, el lugar donde se vive\u2026 Todo ello indica mucho. El c\u00f3digo postal es, para algunos, la mejor recomendaci\u00f3n para un empleo. Por eso somos despilfarradores. Aunque no tengamos para comer, siempre encontraremos la manera de traer un buen celular.<br>\n\u00a0<br>\n<strong>LA COBIJA DE LOS POBRES, \u00a1EL SOL!<\/strong><br>\nEl contraste entre la eficacia estadounidense y el barroquismo mexicano se ve claramente en detalle pintoresco. \u00bfPor qu\u00e9 nadie se vuelve adicto a la loter\u00eda de kerm\u00e9s? F\u00e1cil: la loter\u00eda es el juego de apuestas m\u00e1s impr\u00e1ctico que ha inventado la humanidad. Es bonita y relativamente divertida, pero carece de la eficiencia anglosajona para liberar adrenalina en el jugador, esa garra para atraparte en el v\u00e9rtigo del azar. La loter\u00eda tradicional mexicana, a diferencia del bingo, no tiene n\u00fameros, sino dibujitos, que cantamos con nuestra t\u00edpica picard\u00eda e ingenio. Un grit\u00f3n se encarga de crear adivinanzas o rimas antes de anunciar la carta ganadora, lo cual puede darle una ventaja de fracciones de segundo al jugador m\u00e1s atento. Las jaras, el barril, el sol, el catr\u00edn, el \u00e1rbol, la pera\u2026 todas esas hermosas figuras \u00abse cantan\u00bb. No se vale decir \u00abel camar\u00f3n\u00bb a secas, debemos a\u00f1adir alg\u00fan refr\u00e1n o frase ingeniosa.<br>\nEsto de la impr\u00e1ctica loter\u00eda se parece a la tan citada recepci\u00f3n de Maximiliano de Habsburgo en la ciudad de M\u00e9xico en 1864. Los imperialistas pensaron en los cohetes, la pachanga y los valses para recibir a los emperadores. Pero nadie pens\u00f3 que en la noche les har\u00eda falta una cama sin chinches donde pudieran dormir. Lo cuenta la Condesa <em>Kolonitz<\/em>, quien acompa\u00f1\u00f3 a la pareja en su viaje a M\u00e9xico. Maximiliano pas\u00f3 su primera noche en la capital sobre una mesa de billar. Est\u00e1bamos en guerra por culpa de un emperador, y la Regencia no previ\u00f3 en una cama limpia.<br>\nM\u00e1s tardo que perezoso, Maximiliano le sac\u00f3 jugo a este barroquismo mental. Se disfraz\u00f3 de charro, puso banderitas por doquier y, dicen, comi\u00f3 mole en actos p\u00fablicos. En fin, demostr\u00f3 que su gobierno pod\u00eda ser tan hermosamente impr\u00e1ctico como el de cualquier otro mexicano. Era cierto, porque si bien su gesti\u00f3n imperial nos hered\u00f3 una asombrosa deuda p\u00fablica, tambi\u00e9n satisfizo nuestra necesidad inconsciente de pompas, rituales y fanfarrias. Hasta hace unos a\u00f1os, el informe presidencial, abrevando de una nostalgia imperial, era m\u00e1s un espect\u00e1culo burlesco antes que un examen de conciencia gubernamental. En las kermeses como en las recepciones de gobierno, los colores saturados y las engorrosas parafernalias marcan nuestra mentalidad. Poco lugar hay para la efectividad, cuando lo que nos importa de veras es c\u00f3mo se ven las cosas a primera vista.<br>\n\u00a0<br>\n<strong>MIEDO A QUEJARNOS<\/strong><br>\nEn el fondo, el barroquismo mental consiste en una carencia de frontalidad. El mexicano no ataca las cosas de una vez por todas ni cara a cara. Le da un rodeo al conflicto, se las ingenia para poner soluciones temporales, pero no se va al n\u00facleo del problema. Por eso, entre otros motivos, carecemos de una cultura de la queja. Al contrario de lo que ocurre en otros pa\u00edses, donde el reclamo puede llegar a un punto absurdo, a los mexicanos nos \u00abapena\u00bb quejarnos. Consideramos que un defecto en el servicio, por ejemplo, es el statu quo. Nos parece algo violento el quejarnos. Entonces, cuando se trata de un problema m\u00e1s serio, como la situaci\u00f3n pol\u00edtica, en lugar de hacer una denuncia o ejercer el pensamiento cr\u00edtico, nos acomodamos resignadamente.<br>\nM\u00e1s all\u00e1 de los retru\u00e9canos cantinflescos, los chiles en nogada o una espectacular arquitectura virreinal, al haber adoptado el barroquismo mental, los mexicanos nos hemos perdido de una capacidad competitiva frente a otras culturas. El rodeo puede ser muy bello en la fachada de un convento, es sumamente espiritual, pero muy pernicioso al intentar construir un proyecto de naci\u00f3n, de solucionar los problemas m\u00e1s serios de nuestra econom\u00eda. El barroquismo es inclusive pintoresco, simp\u00e1tico para los extranjeros; pero no es un factor ben\u00e9fico para una sociedad que pretende ser m\u00e1s desarrollada.<br>\nPor supuesto, mis consideraciones son generalizaciones; son una reflexi\u00f3n intuitiva, pero no por ello descaminada. Somos un pueblo barroco.\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"69137\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Leer despu\u00e9s 0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Al entrar a nuestro pa\u00eds, deber\u00edamos entregarles un protocolo de seguridad cultural a los turistas estadounidenses. No hablo de esa cartilla de advertencia a prop\u00f3sito de la implacable amibiasis que van a pescar en las taquer\u00edas callejeras, o del riesgo de que un mosquito con dengue los haga hervir de fiebre. En fin, ni siquiera me refiero a la remota posibilidad de que un comando armado secuestre su turib\u00fas en carretera. Hablo de algo m\u00e1s rupestre, algo as\u00ed como un manual para comprender a M\u00e9xico y no morir en el intento. Jorge Ibarg\u00fcengoitia lo pretendi\u00f3 ya en su c\u00e9lebre Instrucciones para vivir en M\u00e9xico, una sobredosis de iron\u00eda hist\u00f3rica para adentrarse en la mentalidad del mexicano. \u00bfA poco no es cierto que un anglosaj\u00f3n que viene a nuestro pa\u00eds se enfrenta a un inminente choque el\u00e9ctrico de categor\u00edas mentales? Una de las patolog\u00edas del mexicano (asunto que ni Sigmund Freud hubiera curado), y que Ibarg\u00fcengoitia no trat\u00f3 expl\u00edcitamente, es el barroquismo mental. Es una palabra complicada para una enfermedad muy elemental: hacer todo de la manera menos pr\u00e1ctica posible, pero guardando siempre las apariencias. El barroco es, pues, lo excesivamente recargado y adornado. Dicen que \u00abbarroco\u00bb es una palabra portuguesa, berrueco: una perla con forma compleja, retorcida, sinuosa. Somos el pueblo barroco por excelencia. En el mejor de los casos, el barroquismo aparece en nuestra gastronom\u00eda, como en el mole, y eso nos merece el t\u00edtulo de Patrimonio Intangible de la Humanidad por la UNESCO. (Algunos de mis amigos de EU, al contrario, llegan al exceso de considerar la comida como un mero combustible). Nuestra cocina es parad\u00f3jica, recargada, agridulce, llena de contrastes y matices. Aqu\u00ed los dulces que comen los ni\u00f1os son picantes, como los tamarindos, y ahogamos los chiles picantes en nogada dulce. Somos el pa\u00eds de las salsas. En una mesa mexicana jam\u00e1s pueden faltar las tortillas, los limones y las salsas. Incluso en el norte del pa\u00eds, la regi\u00f3n menos barroca, existe una afici\u00f3n por ellas. Simplemente nos aburre la comida simple, sencilla, directa y franca. Sin chiles ni especias, la comida nos sabe ins\u00edpida. En el peor de los casos, el barroquismo se refleja en nuestra manera de trabajar, de hacer pol\u00edtica y hasta de hablar. En la oficina, vivimos bajo el principio de \u00abpor donde vea la suegra\u00bb. \u00bfSe acuerdan? Barremos por arribita y pocas veces limpiamos debajo de la alfombra. Somos un pueblo que cultiva las apariencias, mago de la improvisaci\u00f3n y amigo de las ceremonias y rodeos. Sospecho que los pol\u00edticos, m\u00e1s por costumbre est\u00e9tica que por malicia, maquillan las cifras de nuestra econom\u00eda. Comparen ustedes los discursos pol\u00edticos de EU con los de M\u00e9xico. La demagogia es, obviamente, com\u00fan en ambos; pero el habla de un pol\u00edtico estadounidense frecuentemente es descarnada, dura y brutal para la sensibilidad mexicana. Recordemos, por ejemplo, las declaraciones de Donald Trump o las no menos \u00e1cidas declaraciones de muchos miembros del Tea Party. Por el contrario, en nuestro pa\u00eds el discurso es oblicuo, gaseoso y rimbombante. Los mensajes pol\u00edticos se mandan por caminos indirectos y nebulosos. El \u00e9xito de ciertas publicaciones cr\u00edticas es, precisamente, servir de canal para los mensajes que se manda entre s\u00ed la clase pol\u00edtica. En el habla coloquial, nos empe\u00f1amos en usar el doble sentido, en darle vueltas al asunto, como nos ense\u00f1\u00f3 Cantinflas, y en usar formas verbales que denotan la diferencia jer\u00e1rquica entre los interlocutores. El enredo es el pan nuestro de cada d\u00eda. Aunque cada vez somos m\u00e1s groseros para hablar y vamos perdiendo el registro del \u00abt\u00fa\/usted\u00bb, pocas veces decimos las cosas como son. Aqu\u00ed el tonito cuenta. Nos insultamos desde el autom\u00f3vil, pero en la convivencia ordinaria, nos averg\u00fcenza ser claros y contundentes. M\u00e9dicos y abogados saben a qu\u00e9 me refiero. Los pacientes y los clientes pocas veces se atreven a llamar las cosas por su nombre. Un notario me lo explicaba as\u00ed: \u00abmis clientes no se atreven a decirme limpia y llanamente que no quieren dejarle nada a sus hijos y yo debo adivinar su verdadero deseo\u00bb. En un pa\u00eds as\u00ed los s\u00edmbolos son muy decisivos. Como nuestro lenguaje es indirecto, el lenguaje no verbal es clave. Modo de comer, vestir, oler, tipo de gadgets, autom\u00f3vil, el lugar donde se vive\u2026 Todo ello indica mucho. El c\u00f3digo postal es, para algunos, la mejor recomendaci\u00f3n para un empleo. Por eso somos despilfarradores. Aunque no tengamos para comer, siempre encontraremos la manera de traer un buen celular. \u00a0 LA COBIJA DE LOS POBRES, \u00a1EL SOL! El contraste entre la eficacia estadounidense y el barroquismo mexicano se ve claramente en detalle pintoresco. \u00bfPor qu\u00e9 nadie se vuelve adicto a la loter\u00eda de kerm\u00e9s? F\u00e1cil: la loter\u00eda es el juego de apuestas m\u00e1s impr\u00e1ctico que ha inventado la humanidad. Es bonita y relativamente divertida, pero carece de la eficiencia anglosajona para liberar adrenalina en el jugador, esa garra para atraparte en el v\u00e9rtigo del azar. La loter\u00eda tradicional mexicana, a diferencia del bingo, no tiene n\u00fameros, sino dibujitos, que cantamos con nuestra t\u00edpica picard\u00eda e ingenio. Un grit\u00f3n se encarga de crear adivinanzas o rimas antes de anunciar la carta ganadora, lo cual puede darle una ventaja de fracciones de segundo al jugador m\u00e1s atento. Las jaras, el barril, el sol, el catr\u00edn, el \u00e1rbol, la pera\u2026 todas esas hermosas figuras \u00abse cantan\u00bb. No se vale decir \u00abel camar\u00f3n\u00bb a secas, debemos a\u00f1adir alg\u00fan refr\u00e1n o frase ingeniosa. Esto de la impr\u00e1ctica loter\u00eda se parece a la tan citada recepci\u00f3n de Maximiliano de Habsburgo en la ciudad de M\u00e9xico en 1864. Los imperialistas pensaron en los cohetes, la pachanga y los valses para recibir a los emperadores. Pero nadie pens\u00f3 que en la noche les har\u00eda falta una cama sin chinches donde pudieran dormir. Lo cuenta la Condesa Kolonitz, quien acompa\u00f1\u00f3 a la pareja en su viaje a M\u00e9xico. Maximiliano pas\u00f3 su primera noche en la capital sobre una mesa de billar. 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Instrucciones para vivir en M\u00e9xico - Revista ISTMO<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2015\/09\/02\/loteria-vs-bingo-instrucciones-para-vivir-en-mexico\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_MX\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Loter\u00eda vs. Bingo. Instrucciones para vivir en M\u00e9xico\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Leer despu\u00e9s 0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Al entrar a nuestro pa\u00eds, deber\u00edamos entregarles un protocolo de seguridad cultural a los turistas estadounidenses. No hablo de esa cartilla de advertencia a prop\u00f3sito de la implacable amibiasis que van a pescar en las taquer\u00edas callejeras, o del riesgo de que un mosquito con dengue los haga hervir de fiebre. En fin, ni siquiera me refiero a la remota posibilidad de que un comando armado secuestre su turib\u00fas en carretera. Hablo de algo m\u00e1s rupestre, algo as\u00ed como un manual para comprender a M\u00e9xico y no morir en el intento. Jorge Ibarg\u00fcengoitia lo pretendi\u00f3 ya en su c\u00e9lebre Instrucciones para vivir en M\u00e9xico, una sobredosis de iron\u00eda hist\u00f3rica para adentrarse en la mentalidad del mexicano. \u00bfA poco no es cierto que un anglosaj\u00f3n que viene a nuestro pa\u00eds se enfrenta a un inminente choque el\u00e9ctrico de categor\u00edas mentales? Una de las patolog\u00edas del mexicano (asunto que ni Sigmund Freud hubiera curado), y que Ibarg\u00fcengoitia no trat\u00f3 expl\u00edcitamente, es el barroquismo mental. Es una palabra complicada para una enfermedad muy elemental: hacer todo de la manera menos pr\u00e1ctica posible, pero guardando siempre las apariencias. El barroco es, pues, lo excesivamente recargado y adornado. Dicen que \u00abbarroco\u00bb es una palabra portuguesa, berrueco: una perla con forma compleja, retorcida, sinuosa. Somos el pueblo barroco por excelencia. En el mejor de los casos, el barroquismo aparece en nuestra gastronom\u00eda, como en el mole, y eso nos merece el t\u00edtulo de Patrimonio Intangible de la Humanidad por la UNESCO. (Algunos de mis amigos de EU, al contrario, llegan al exceso de considerar la comida como un mero combustible). Nuestra cocina es parad\u00f3jica, recargada, agridulce, llena de contrastes y matices. Aqu\u00ed los dulces que comen los ni\u00f1os son picantes, como los tamarindos, y ahogamos los chiles picantes en nogada dulce. Somos el pa\u00eds de las salsas. En una mesa mexicana jam\u00e1s pueden faltar las tortillas, los limones y las salsas. Incluso en el norte del pa\u00eds, la regi\u00f3n menos barroca, existe una afici\u00f3n por ellas. Simplemente nos aburre la comida simple, sencilla, directa y franca. Sin chiles ni especias, la comida nos sabe ins\u00edpida. En el peor de los casos, el barroquismo se refleja en nuestra manera de trabajar, de hacer pol\u00edtica y hasta de hablar. En la oficina, vivimos bajo el principio de \u00abpor donde vea la suegra\u00bb. \u00bfSe acuerdan? Barremos por arribita y pocas veces limpiamos debajo de la alfombra. Somos un pueblo que cultiva las apariencias, mago de la improvisaci\u00f3n y amigo de las ceremonias y rodeos. Sospecho que los pol\u00edticos, m\u00e1s por costumbre est\u00e9tica que por malicia, maquillan las cifras de nuestra econom\u00eda. Comparen ustedes los discursos pol\u00edticos de EU con los de M\u00e9xico. La demagogia es, obviamente, com\u00fan en ambos; pero el habla de un pol\u00edtico estadounidense frecuentemente es descarnada, dura y brutal para la sensibilidad mexicana. Recordemos, por ejemplo, las declaraciones de Donald Trump o las no menos \u00e1cidas declaraciones de muchos miembros del Tea Party. Por el contrario, en nuestro pa\u00eds el discurso es oblicuo, gaseoso y rimbombante. Los mensajes pol\u00edticos se mandan por caminos indirectos y nebulosos. El \u00e9xito de ciertas publicaciones cr\u00edticas es, precisamente, servir de canal para los mensajes que se manda entre s\u00ed la clase pol\u00edtica. En el habla coloquial, nos empe\u00f1amos en usar el doble sentido, en darle vueltas al asunto, como nos ense\u00f1\u00f3 Cantinflas, y en usar formas verbales que denotan la diferencia jer\u00e1rquica entre los interlocutores. El enredo es el pan nuestro de cada d\u00eda. Aunque cada vez somos m\u00e1s groseros para hablar y vamos perdiendo el registro del \u00abt\u00fa\/usted\u00bb, pocas veces decimos las cosas como son. Aqu\u00ed el tonito cuenta. Nos insultamos desde el autom\u00f3vil, pero en la convivencia ordinaria, nos averg\u00fcenza ser claros y contundentes. M\u00e9dicos y abogados saben a qu\u00e9 me refiero. Los pacientes y los clientes pocas veces se atreven a llamar las cosas por su nombre. Un notario me lo explicaba as\u00ed: \u00abmis clientes no se atreven a decirme limpia y llanamente que no quieren dejarle nada a sus hijos y yo debo adivinar su verdadero deseo\u00bb. En un pa\u00eds as\u00ed los s\u00edmbolos son muy decisivos. Como nuestro lenguaje es indirecto, el lenguaje no verbal es clave. Modo de comer, vestir, oler, tipo de gadgets, autom\u00f3vil, el lugar donde se vive\u2026 Todo ello indica mucho. El c\u00f3digo postal es, para algunos, la mejor recomendaci\u00f3n para un empleo. Por eso somos despilfarradores. Aunque no tengamos para comer, siempre encontraremos la manera de traer un buen celular. \u00a0 LA COBIJA DE LOS POBRES, \u00a1EL SOL! El contraste entre la eficacia estadounidense y el barroquismo mexicano se ve claramente en detalle pintoresco. \u00bfPor qu\u00e9 nadie se vuelve adicto a la loter\u00eda de kerm\u00e9s? F\u00e1cil: la loter\u00eda es el juego de apuestas m\u00e1s impr\u00e1ctico que ha inventado la humanidad. Es bonita y relativamente divertida, pero carece de la eficiencia anglosajona para liberar adrenalina en el jugador, esa garra para atraparte en el v\u00e9rtigo del azar. La loter\u00eda tradicional mexicana, a diferencia del bingo, no tiene n\u00fameros, sino dibujitos, que cantamos con nuestra t\u00edpica picard\u00eda e ingenio. Un grit\u00f3n se encarga de crear adivinanzas o rimas antes de anunciar la carta ganadora, lo cual puede darle una ventaja de fracciones de segundo al jugador m\u00e1s atento. Las jaras, el barril, el sol, el catr\u00edn, el \u00e1rbol, la pera\u2026 todas esas hermosas figuras \u00abse cantan\u00bb. No se vale decir \u00abel camar\u00f3n\u00bb a secas, debemos a\u00f1adir alg\u00fan refr\u00e1n o frase ingeniosa. 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Hablo de algo m\u00e1s rupestre, algo as\u00ed como un manual para comprender a M\u00e9xico y no morir en el intento. Jorge Ibarg\u00fcengoitia lo pretendi\u00f3 ya en su c\u00e9lebre Instrucciones para vivir en M\u00e9xico, una sobredosis de iron\u00eda hist\u00f3rica para adentrarse en la mentalidad del mexicano. \u00bfA poco no es cierto que un anglosaj\u00f3n que viene a nuestro pa\u00eds se enfrenta a un inminente choque el\u00e9ctrico de categor\u00edas mentales? Una de las patolog\u00edas del mexicano (asunto que ni Sigmund Freud hubiera curado), y que Ibarg\u00fcengoitia no trat\u00f3 expl\u00edcitamente, es el barroquismo mental. Es una palabra complicada para una enfermedad muy elemental: hacer todo de la manera menos pr\u00e1ctica posible, pero guardando siempre las apariencias. El barroco es, pues, lo excesivamente recargado y adornado. Dicen que \u00abbarroco\u00bb es una palabra portuguesa, berrueco: una perla con forma compleja, retorcida, sinuosa. Somos el pueblo barroco por excelencia. En el mejor de los casos, el barroquismo aparece en nuestra gastronom\u00eda, como en el mole, y eso nos merece el t\u00edtulo de Patrimonio Intangible de la Humanidad por la UNESCO. (Algunos de mis amigos de EU, al contrario, llegan al exceso de considerar la comida como un mero combustible). Nuestra cocina es parad\u00f3jica, recargada, agridulce, llena de contrastes y matices. Aqu\u00ed los dulces que comen los ni\u00f1os son picantes, como los tamarindos, y ahogamos los chiles picantes en nogada dulce. Somos el pa\u00eds de las salsas. En una mesa mexicana jam\u00e1s pueden faltar las tortillas, los limones y las salsas. Incluso en el norte del pa\u00eds, la regi\u00f3n menos barroca, existe una afici\u00f3n por ellas. Simplemente nos aburre la comida simple, sencilla, directa y franca. Sin chiles ni especias, la comida nos sabe ins\u00edpida. En el peor de los casos, el barroquismo se refleja en nuestra manera de trabajar, de hacer pol\u00edtica y hasta de hablar. En la oficina, vivimos bajo el principio de \u00abpor donde vea la suegra\u00bb. \u00bfSe acuerdan? Barremos por arribita y pocas veces limpiamos debajo de la alfombra. Somos un pueblo que cultiva las apariencias, mago de la improvisaci\u00f3n y amigo de las ceremonias y rodeos. Sospecho que los pol\u00edticos, m\u00e1s por costumbre est\u00e9tica que por malicia, maquillan las cifras de nuestra econom\u00eda. Comparen ustedes los discursos pol\u00edticos de EU con los de M\u00e9xico. La demagogia es, obviamente, com\u00fan en ambos; pero el habla de un pol\u00edtico estadounidense frecuentemente es descarnada, dura y brutal para la sensibilidad mexicana. Recordemos, por ejemplo, las declaraciones de Donald Trump o las no menos \u00e1cidas declaraciones de muchos miembros del Tea Party. Por el contrario, en nuestro pa\u00eds el discurso es oblicuo, gaseoso y rimbombante. Los mensajes pol\u00edticos se mandan por caminos indirectos y nebulosos. El \u00e9xito de ciertas publicaciones cr\u00edticas es, precisamente, servir de canal para los mensajes que se manda entre s\u00ed la clase pol\u00edtica. En el habla coloquial, nos empe\u00f1amos en usar el doble sentido, en darle vueltas al asunto, como nos ense\u00f1\u00f3 Cantinflas, y en usar formas verbales que denotan la diferencia jer\u00e1rquica entre los interlocutores. El enredo es el pan nuestro de cada d\u00eda. Aunque cada vez somos m\u00e1s groseros para hablar y vamos perdiendo el registro del \u00abt\u00fa\/usted\u00bb, pocas veces decimos las cosas como son. Aqu\u00ed el tonito cuenta. Nos insultamos desde el autom\u00f3vil, pero en la convivencia ordinaria, nos averg\u00fcenza ser claros y contundentes. M\u00e9dicos y abogados saben a qu\u00e9 me refiero. Los pacientes y los clientes pocas veces se atreven a llamar las cosas por su nombre. Un notario me lo explicaba as\u00ed: \u00abmis clientes no se atreven a decirme limpia y llanamente que no quieren dejarle nada a sus hijos y yo debo adivinar su verdadero deseo\u00bb. En un pa\u00eds as\u00ed los s\u00edmbolos son muy decisivos. Como nuestro lenguaje es indirecto, el lenguaje no verbal es clave. Modo de comer, vestir, oler, tipo de gadgets, autom\u00f3vil, el lugar donde se vive\u2026 Todo ello indica mucho. El c\u00f3digo postal es, para algunos, la mejor recomendaci\u00f3n para un empleo. Por eso somos despilfarradores. Aunque no tengamos para comer, siempre encontraremos la manera de traer un buen celular. \u00a0 LA COBIJA DE LOS POBRES, \u00a1EL SOL! El contraste entre la eficacia estadounidense y el barroquismo mexicano se ve claramente en detalle pintoresco. \u00bfPor qu\u00e9 nadie se vuelve adicto a la loter\u00eda de kerm\u00e9s? F\u00e1cil: la loter\u00eda es el juego de apuestas m\u00e1s impr\u00e1ctico que ha inventado la humanidad. Es bonita y relativamente divertida, pero carece de la eficiencia anglosajona para liberar adrenalina en el jugador, esa garra para atraparte en el v\u00e9rtigo del azar. La loter\u00eda tradicional mexicana, a diferencia del bingo, no tiene n\u00fameros, sino dibujitos, que cantamos con nuestra t\u00edpica picard\u00eda e ingenio. Un grit\u00f3n se encarga de crear adivinanzas o rimas antes de anunciar la carta ganadora, lo cual puede darle una ventaja de fracciones de segundo al jugador m\u00e1s atento. Las jaras, el barril, el sol, el catr\u00edn, el \u00e1rbol, la pera\u2026 todas esas hermosas figuras \u00abse cantan\u00bb. No se vale decir \u00abel camar\u00f3n\u00bb a secas, debemos a\u00f1adir alg\u00fan refr\u00e1n o frase ingeniosa. Esto de la impr\u00e1ctica loter\u00eda se parece a la tan citada recepci\u00f3n de Maximiliano de Habsburgo en la ciudad de M\u00e9xico en 1864. Los imperialistas pensaron en los cohetes, la pachanga y los valses para recibir a los emperadores. Pero nadie pens\u00f3 que en la noche les har\u00eda falta una cama sin chinches donde pudieran dormir. Lo cuenta la Condesa Kolonitz, quien acompa\u00f1\u00f3 a la pareja en su viaje a M\u00e9xico. Maximiliano pas\u00f3 su primera noche en la capital sobre una mesa de billar. 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