{"id":68448,"date":"2015-03-05T21:42:24","date_gmt":"2015-03-05T21:42:24","guid":{"rendered":"http:\/\/istmo.mx\/?p=68448"},"modified":"2015-03-05T21:42:24","modified_gmt":"2015-03-05T21:42:24","slug":"aprender-a-cocinarnos-hizo-humanos-hombre-cazador-y-mujer-cocinera","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2015\/03\/05\/aprender-a-cocinarnos-hizo-humanos-hombre-cazador-y-mujer-cocinera\/","title":{"rendered":"Aprender a cocinar nos hizo humanos. Hombre cazador y mujer cocinera"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"68448\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p><\/p><em><span style=\"color: #0000ff;\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/istmo.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/03\/IS336_Miscelanea_02_original.jpg?ssl=1\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-68523\" style=\"margin: 5px;\" title=\"IS336_Miscelanea_02_original\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/istmo.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/03\/IS336_Miscelanea_02_original.jpg?resize=750%2C459&#038;ssl=1\" alt=\"\" width=\"750\" height=\"459\" loading=\"lazy\"><\/a>Los roles cl\u00e1sicos de nuestros antepasados hom\u00ednidos son: la mujer a la casa y el hombre a la caza. Sin embargo, debido a su rudeza y riesgo de perder la vida, el papel masculino cobr\u00f3 mayor relevancia y estatus. La autora asegura que la cocina, actividad en principio femenina, fue a\u00fan m\u00e1s importante que la cacer\u00eda, pues de ella depend\u00eda la buena nutrici\u00f3n del hombre-cazador; sin contar que su desempe\u00f1o origin\u00f3 los conceptos de familia y matrimonio.<\/span><\/em><br>\nA lo largo de la historia, la figura del hombrecazador ha explicado la sociedad y la divisi\u00f3n del trabajo y de nuestros ancestros hom\u00ednidos. Richard Wrangham,1 de la Universidad de Harvard, pone en duda esta hip\u00f3tesis, pero no se atreve a sacar todas sus consecuencias. No obstante, sus investigaciones permiten una afirmaci\u00f3n asombrosa: es la cocina y no la caza la actividad protagonista y con ella, obviamente, la mujer, cuya dedicaci\u00f3n a esta tarea es \u00abuna regla admirablemente consistente\u00bb en las culturas primitivas y fuente de otras caracter\u00edsticas humanas de importancia.<br>\nPor lo general, la dedicaci\u00f3n de la mujer a la casa y del hombre a la caza se despacha con una frase sencilla: por conveniencia mutua. En efecto, para que surja la divisi\u00f3n de trabajo, y con ella la familia, es usual interpretar que la caza y sus efectos (ausencia del hombre en el hogar, aporte de alimentos) determinaron a su vez la dedicaci\u00f3n de la mujer a las tareas dom\u00e9sticas (cuidado el hogar, preparaci\u00f3n de los alimentos). Sin embargo, hasta hoy ninguna explicaci\u00f3n repara en una pregunta: la extenuante actividad de la caza, \u00bfpuede llevarse a cabo por igual si la alimentaci\u00f3n es cruda o cocida?<br>\nHasta hace poco \u2013y aqu\u00ed la corriente feminista tiene raz\u00f3n\u2013 la actividad masculina y cazadora fue entendida siempre como la determinante. Tan es as\u00ed que en los a\u00f1os 60 proliferaron afirmaciones como: \u00abnuestra inteligencia, nuestros intereses y emociones y la vida social b\u00e1sica, son todos productos evolucionarios de la adaptaci\u00f3n a la caza\u00bb.2 Sin embargo, las mismas feministas no han aportado ninguna soluci\u00f3n convincente.<br>\nWrangham tampoco se atreve, pero pone las bases al ofrecer otra explicaci\u00f3n: la caza s\u00f3lo es posible si antes ha habido una alimentaci\u00f3n suficiente para que el cazador pueda realizar esta actividad agotadora y larga en duraci\u00f3n. Por tanto, si la dieta del hombre tuviese como base la comida cruda, tal como sucede con los primates, entonces emplear\u00eda un aproximado de cinco horas diarias para ingerir las calor\u00edas necesarias que le permitieran dedicarse a tarea tan fundamental. Esto supondr\u00eda casi 50% del d\u00eda laboral, que dura aproximadamente 12 horas. En pocas palabras, si la dieta fuera cruda, la caza simplemente se tornar\u00eda inviable.<br>\nLa aparici\u00f3n de la cocina como actividad cotidiana transforma los mismos alimentos, los hace m\u00e1s energ\u00e9ticos, con m\u00e1s calor\u00edas, m\u00e1s suaves de digerir, menos amargos y menos astringentes. El tiempo dedicado a comer se reduce dr\u00e1sticamente a dos horas diarias. Eso s\u00ed, siempre y cuando las mujeres dediquen el espacio y conocimientos necesarios a actividades cotidianas como la cocina y el dominio del fuego.<br>\n\u00a0<br>\n\u00a0<br>\n<strong>MUJER Y COCINA<\/strong><br>\nPor tanto, la aparici\u00f3n de la cocina cambia radicalmente, no s\u00f3lo el modo en que nuestros antepasados comieron, sino tambi\u00e9n su conducta social y la estructura de la jornada laboral. Si un hombre dedica la mayor parte del d\u00eda a la caza, s\u00f3lo puede satisfacer su hambre f\u00e1cilmente si a su regreso se encuentra con la comida guisada. Pero si la comida que le espera es cruda tendr\u00eda un gran problema para resolver\u2026<br>\nUna tesis semejante necesita abundante justificaci\u00f3n, pues levanta objeciones pertinentes: sin alimento, no hay cocina y, obviamente, los ingredientes m\u00e1s importantes no son los que aporta la mujer mediante la recolecci\u00f3n de plantas, sino los que dependen del hombre-cazador. Sin embargo, esta postura no repara en que el comportamiento humano, en relaci\u00f3n a la comida, no s\u00f3lo difiere en demas\u00eda del de los animales, sino tambi\u00e9n \u2013y esto es lo nuevo\u2013 presenta una notable distinci\u00f3n entre var\u00f3n y mujer.<br>\nA diferencia de los animales, los seres humanos somos capaces de compartir la comida. Mientras ellos pelean por la presa, nosotros la distribuimos con nuestros comensales. En el ser humano cada familia representa una mini-econom\u00eda que, principalmente, gira en torno a la distribuci\u00f3n, preparaci\u00f3n, consumo y conservaci\u00f3n del alimento como fuente vital. Pero hay algo m\u00e1s, el hombre-cazador nunca sale a cazar solo sino en grupo y la regla es que el conjunto \u00abdecide\u00bb qui\u00e9n se queda con la presa del d\u00eda, sin que \u00e9sta pertenezca necesariamente a quien la caz\u00f3. Por tanto, no hay una estricta relaci\u00f3n entre matar y poseer, sino m\u00e1s bien entre matar y repartir.<br>\nFrente a Hobbes, que definir\u00eda al hombre como \u00abun lobo contra el hombre\u00bb, la sociabilidad y la ayuda mutua est\u00e1n por encima del derecho a la propiedad. El hombre-cazador no tiene la obligaci\u00f3n de llevar algo para comer a su casa, actitud que se entiende s\u00f3lo a la luz de la otra cara de la moneda: la mujer que cocina y organiza su hogar sabe c\u00f3mo hacer durar el alimento, lo administra y guarda, y sabe tambi\u00e9n que, de la recolecci\u00f3n que haga cada ma\u00f1ana, puede depender el alimento de toda la familia. Por esto, Wrangham no duda en afirmar que el trabajo de la mujer en su casa es la contribuci\u00f3n m\u00e1s importante a la pareja, incluso m\u00e1s relevante que la caza.<br>\n\u00a0<br>\n<strong>LA MUJER INSTAURA LA PROPIEDAD<\/strong><br>\nEsta otra cara de la moneda implica la aparici\u00f3n de un primitivo derecho a la propiedad. Sorprendentemente, en el caso del grupo de mujeres que cada ma\u00f1ana sale a recolectar frutos y plantas, no se da la misma conducta que en los cazadores. Lo recogido por la mujer le pertenece a ella y s\u00f3lo a ella; no es objeto de distribuci\u00f3n comunitaria. Es m\u00e1s, la paz social en un campo habitado por distintas familias depende de este primer derecho a la propiedad: la mujer posee el alimento para ponerlo a disposici\u00f3n de su esposo y su familia (si est\u00e1 casada) u ofrecerlo (si es soltera) a otro hombre y, en ese caso, dar lugar a la vida matrimonial. Toda alteraci\u00f3n de esta norma b\u00e1sica perturba la paz social. Un hombre que pide comida a una mujer casada o una mujer casada que ofrece comida a un hombre est\u00e1n en peligro de ser acusados de adulterio. Ese ofrecimiento debe ser autorizado y bendecido.<br>\nS\u00f3lo en los seres humanos encontramos esta conducta, la protecci\u00f3n que ejerce la mujer respecto del alimento es \u00fanica entre los primates. Incluso el origen de la casa, el hogar, la familia y el matrimonio no puede prescindir de esta conducta singular. El pensamiento tradicional considera el origen de estas estructuras en las relaciones sexuales, pero esta propuesta puede complementarse. Para que haya matrimonio es preciso tener en cuenta que s\u00f3lo el ser humano es capaz de poseer. Si es capaz de poseer, entonces tambi\u00e9n es capaz de tener una relaci\u00f3n rec\u00edproca, \u00fanica y permanente, que implique la donaci\u00f3n corporal y la de todo lo que conlleva ser humano. Esta percepci\u00f3n, ausente en el mundo animal, comienza con una realidad tan cotidiana como la comida, fruto de un trabajo femenino: la recolecci\u00f3n y la cocina.<br>\nSeg\u00fan estos presupuestos, no es que el sexo no cuente, es que no basta: lo que hizo posible la aparici\u00f3n de la instituci\u00f3n familiar, s\u00f3lo entre los hom\u00ednidos, es la toma de conciencia de unas notas ausentes en los animales. El sexo no es un invento humano; en cambio, aunque la deep ecology y otras ideolog\u00edas argumenten lo contrario, los animales carecen de derechos y por tanto de deberes, y como consecuencia, de la capacidad de decisi\u00f3n para crear una realidad como el matrimonio. La relaci\u00f3n conyugal surge en este contexto y las tradiciones en torno a la comida y a la casa sustentan precisamente su aparici\u00f3n. No en vano la etnograf\u00eda siempre ha constatado que, en la mayor parte de las sociedades primitivas, la mujer casada goza de un alto estatus y de considerable autonom\u00eda. La autora Catherine Perl\u00e9s no duda en afirmar que \u00abcocinar es una actividad social, que exige unas relaciones definidas y que soporta y refuerza normas sociales\u00bb.<br>\n\u00a0<br>\n<strong><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/istmo.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/03\/IS336_Miscelanea_02_imagen021.jpg?ssl=1\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-68533\" style=\"margin: 5px;\" title=\"IS336_Miscelanea_02_imagen02\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/istmo.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/03\/IS336_Miscelanea_02_imagen021.jpg?resize=400%2C572&#038;ssl=1\" alt=\"\" width=\"400\" height=\"572\" loading=\"lazy\"><\/a>LA COCINA Y LA EVOLUCI\u00d3N<\/strong><br>\nMatt Ridley afirma que hoy en d\u00eda escasean ideas realmente novedosas e importantes sobre la evoluci\u00f3n. Sin embargo, las que ofrece Wrangham lo son, pues los beneficios que ha tenido el ser humano a lo largo de la evoluci\u00f3n se entienden mejor con comida cocinada que con comida cruda. Esto es evidente en dos casos: la aparici\u00f3n del sistema digestivo humano y el crecimiento de la masa cerebral. Los dos van de la mano.<br>\nPara demostrarlo, la arqueolog\u00eda ya no suele aportar datos fiables y es preciso recurrir a otra ciencia que ha ganado buen terreno en su contribuci\u00f3n a las teor\u00edas evolutivas: la biolog\u00eda. La boca peque\u00f1a, las mand\u00edbulas ligeras, los dientes diminutos, el est\u00f3mago chico y el colon y los intestinos mucho menos largos que los primates, hacen pensar que s\u00f3lo una dieta con alta densidad de calor\u00edas y de consistencia mucho m\u00e1s suave que las carnes crudas es la causa de estas evidentes novedades anat\u00f3micas. Entre otras cosas, la dr\u00e1stica reducci\u00f3n del tiempo dedicado a comer y masticar debi\u00f3 influir en lo que suele denominarse proceso de hominizaci\u00f3n.<br>\nEn la cadena de cambios, principalmente morfol\u00f3gicos, que ocurren en los millones de a\u00f1os que unen a Lucy (Australopithecus) con el Homo sapiens sapiens, hay dos hitos importantes: el paso de Lucy al Homo habilis, con el crecimiento de la masa cerebral y la aparici\u00f3n de una industria incipiente; y el paso del Homo habilis al Homo erectus o ergaster, con una masa cerebral a\u00fan mayor y cambios en el sistema digestivo marcadamente distintos de los animales.<br>\nEs opini\u00f3n aceptada que el paso del primer estadio al segundo se debi\u00f3 a la alimentaci\u00f3n carn\u00edvora de Lucy. Poco se sabe, en cambio, de la causa del segundo hito. Wrangham aporta una explicaci\u00f3n plausible: el hecho de que el Homo habilis pudiera matar a animales m\u00e1s grandes justificar\u00eda un aparato digestivo suficientemente fuerte como para comer carnes m\u00e1s duras y en mayor cantidad. Sin embargo, nos encontramos con un escenario no s\u00f3lo distinto, sino adem\u00e1s totalmente contrario.<br>\nEl Homo perdi\u00f3 muchas notas: desarroll\u00f3 un modo de alimentarse que no exig\u00eda de \u00e9l fuertes mand\u00edbulas o dientes, ni procesos digestivos largos. Por esto, se trata de aceptar que gracias al control del fuego y a la pr\u00e1ctica de la cocina empez\u00f3 una cultura que permiti\u00f3 asimilar mayor cantidad de energ\u00eda en condiciones gastron\u00f3micas m\u00e1s sofisticadas. En efecto, cuando nuestros ancestros descubren la riqueza de comida guisada, surge una nueva oportunidad evolutiva. Esto se confirma pues, hasta el d\u00eda de hoy, ninguna cultura ha desarrollado una alimentaci\u00f3n con base en comida cruda.<br>\n\u00a0<br>\n<strong>EN CONTRA DE LOS GRANDES GUR\u00daS<\/strong><br>\nEstas tesis contrastan con las de los mayores exponentes del tema. Charles Darwin, por ejemplo, da por supuesto que cuando se descubre el fuego, el hombre ya contaba con todas las caracter\u00edsticas morfol\u00f3gicas actuales. Claude Levy-Strauss reforz\u00f3 el aspecto \u00absimb\u00f3lico\u00bb del cocinar: actividad \u00fatil para que el hombre primitivo demostrara que no era una bestia m\u00e1s. Otros autores m\u00e1s recientes como Symons o Fern\u00e1ndez-Armesto admiten que la cocina ha influido en la configuraci\u00f3n del ser humano, pero no logran decir c\u00f3mo ni por qu\u00e9. Y es que la causa no est\u00e1 en la comida, sino en la comida cocinada y en las t\u00e9cnicas que aparecieron para mejorarla. Cocinar no s\u00f3lo nos dio mejor comida, tambi\u00e9n nos hizo f\u00edsicamente m\u00e1s humanos: permiti\u00f3 que nuestro cerebro creciera y que nuestro aparato digestivo se adaptara a las dimensiones actuales, mucho m\u00e1s peque\u00f1as que las de los primates. Fue por tanto un factor decisivo en nuestro proceso de hominizaci\u00f3n.<br>\nPero a\u00fan podemos a\u00f1adir algo m\u00e1s. En virtud de esta actividad, la mujer se constituy\u00f3 como el primer sujeto de derecho a la propiedad y desarroll\u00f3 la primera actividad econ\u00f3mica.<br>\nLa recolecci\u00f3n, el almacenaje y la preparaci\u00f3n de alimentos, gracias al dominio del fuego, constituyen un universal antropol\u00f3gico que dio lugar a otro todav\u00eda m\u00e1s importante: la casa en su dimensi\u00f3n humana, como lugar donde la familia se origina y desarrolla, y como punto de referencia al que sus miembros vuelven, principalmente el hombre-cazador que, con o sin presa, regresa en busca del alimento preparado a lo largo del d\u00eda, para reponer fuerzas y volver a su actividad.<br>\nAunque sea pol\u00edticamente incorrecto, no queda m\u00e1s remedio que admitir que la mujer-cocinera est\u00e1 en la base de la divisi\u00f3n del trabajo y de la vida social familiar; adem\u00e1s es la primera en ejercer un derecho a la propiedad. Sin ella, no hubiese aparecido el hombre-cazador.<br>\n\u00a0<br>\n\u00a0<br>\n\u00a0<br>\n<strong>Notas Finales<\/strong><br>\n\u00a0<br>\n1\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Wrangham, Richard. Catching Fire. How Cooking Made Us Human. Profile Books, London, 2009, 309 p\u00e1gs.<br>\n2 \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Sherwood-Washburn-Chet Lancaster.<br>\n\u00a0<br>\n<strong><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/istmo.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/03\/IS336_Miscelanea_02_recuadro.jpg?ssl=1\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-68526\" title=\"IS336_Miscelanea_02_recuadro\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/istmo.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/03\/IS336_Miscelanea_02_recuadro.jpg?resize=800%2C685&#038;ssl=1\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"685\" loading=\"lazy\"><\/a><br>\n<\/strong>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"68448\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Leer despu\u00e9s 0Los roles cl\u00e1sicos de nuestros antepasados hom\u00ednidos son: la mujer a la casa y el hombre a la caza. Sin embargo, debido a su rudeza y riesgo de perder la vida, el papel masculino cobr\u00f3 mayor relevancia y estatus. La autora asegura que la cocina, actividad en principio femenina, fue a\u00fan m\u00e1s importante que la cacer\u00eda, pues de ella depend\u00eda la buena nutrici\u00f3n del hombre-cazador; sin contar que su desempe\u00f1o origin\u00f3 los conceptos de familia y matrimonio. A lo largo de la historia, la figura del hombrecazador ha explicado la sociedad y la divisi\u00f3n del trabajo y de nuestros ancestros hom\u00ednidos. Richard Wrangham,1 de la Universidad de Harvard, pone en duda esta hip\u00f3tesis, pero no se atreve a sacar todas sus consecuencias. No obstante, sus investigaciones permiten una afirmaci\u00f3n asombrosa: es la cocina y no la caza la actividad protagonista y con ella, obviamente, la mujer, cuya dedicaci\u00f3n a esta tarea es \u00abuna regla admirablemente consistente\u00bb en las culturas primitivas y fuente de otras caracter\u00edsticas humanas de importancia. Por lo general, la dedicaci\u00f3n de la mujer a la casa y del hombre a la caza se despacha con una frase sencilla: por conveniencia mutua. En efecto, para que surja la divisi\u00f3n de trabajo, y con ella la familia, es usual interpretar que la caza y sus efectos (ausencia del hombre en el hogar, aporte de alimentos) determinaron a su vez la dedicaci\u00f3n de la mujer a las tareas dom\u00e9sticas (cuidado el hogar, preparaci\u00f3n de los alimentos). Sin embargo, hasta hoy ninguna explicaci\u00f3n repara en una pregunta: la extenuante actividad de la caza, \u00bfpuede llevarse a cabo por igual si la alimentaci\u00f3n es cruda o cocida? 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Si un hombre dedica la mayor parte del d\u00eda a la caza, s\u00f3lo puede satisfacer su hambre f\u00e1cilmente si a su regreso se encuentra con la comida guisada. Pero si la comida que le espera es cruda tendr\u00eda un gran problema para resolver\u2026 Una tesis semejante necesita abundante justificaci\u00f3n, pues levanta objeciones pertinentes: sin alimento, no hay cocina y, obviamente, los ingredientes m\u00e1s importantes no son los que aporta la mujer mediante la recolecci\u00f3n de plantas, sino los que dependen del hombre-cazador. Sin embargo, esta postura no repara en que el comportamiento humano, en relaci\u00f3n a la comida, no s\u00f3lo difiere en demas\u00eda del de los animales, sino tambi\u00e9n \u2013y esto es lo nuevo\u2013 presenta una notable distinci\u00f3n entre var\u00f3n y mujer. A diferencia de los animales, los seres humanos somos capaces de compartir la comida. Mientras ellos pelean por la presa, nosotros la distribuimos con nuestros comensales. 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El hombre-cazador no tiene la obligaci\u00f3n de llevar algo para comer a su casa, actitud que se entiende s\u00f3lo a la luz de la otra cara de la moneda: la mujer que cocina y organiza su hogar sabe c\u00f3mo hacer durar el alimento, lo administra y guarda, y sabe tambi\u00e9n que, de la recolecci\u00f3n que haga cada ma\u00f1ana, puede depender el alimento de toda la familia. Por esto, Wrangham no duda en afirmar que el trabajo de la mujer en su casa es la contribuci\u00f3n m\u00e1s importante a la pareja, incluso m\u00e1s relevante que la caza. \u00a0 LA MUJER INSTAURA LA PROPIEDAD Esta otra cara de la moneda implica la aparici\u00f3n de un primitivo derecho a la propiedad. Sorprendentemente, en el caso del grupo de mujeres que cada ma\u00f1ana sale a recolectar frutos y plantas, no se da la misma conducta que en los cazadores. Lo recogido por la mujer le pertenece a ella y s\u00f3lo a ella; no es objeto de distribuci\u00f3n comunitaria. 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Hombre cazador y mujer cocinera - Revista ISTMO<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2015\/03\/05\/aprender-a-cocinarnos-hizo-humanos-hombre-cazador-y-mujer-cocinera\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_MX\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Aprender a cocinar nos hizo humanos. Hombre cazador y mujer cocinera\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Leer despu\u00e9s 0Los roles cl\u00e1sicos de nuestros antepasados hom\u00ednidos son: la mujer a la casa y el hombre a la caza. Sin embargo, debido a su rudeza y riesgo de perder la vida, el papel masculino cobr\u00f3 mayor relevancia y estatus. 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En pocas palabras, si la dieta fuera cruda, la caza simplemente se tornar\u00eda inviable. La aparici\u00f3n de la cocina como actividad cotidiana transforma los mismos alimentos, los hace m\u00e1s energ\u00e9ticos, con m\u00e1s calor\u00edas, m\u00e1s suaves de digerir, menos amargos y menos astringentes. El tiempo dedicado a comer se reduce dr\u00e1sticamente a dos horas diarias. Eso s\u00ed, siempre y cuando las mujeres dediquen el espacio y conocimientos necesarios a actividades cotidianas como la cocina y el dominio del fuego. \u00a0 \u00a0 MUJER Y COCINA Por tanto, la aparici\u00f3n de la cocina cambia radicalmente, no s\u00f3lo el modo en que nuestros antepasados comieron, sino tambi\u00e9n su conducta social y la estructura de la jornada laboral. Si un hombre dedica la mayor parte del d\u00eda a la caza, s\u00f3lo puede satisfacer su hambre f\u00e1cilmente si a su regreso se encuentra con la comida guisada. 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El hombre-cazador no tiene la obligaci\u00f3n de llevar algo para comer a su casa, actitud que se entiende s\u00f3lo a la luz de la otra cara de la moneda: la mujer que cocina y organiza su hogar sabe c\u00f3mo hacer durar el alimento, lo administra y guarda, y sabe tambi\u00e9n que, de la recolecci\u00f3n que haga cada ma\u00f1ana, puede depender el alimento de toda la familia. Por esto, Wrangham no duda en afirmar que el trabajo de la mujer en su casa es la contribuci\u00f3n m\u00e1s importante a la pareja, incluso m\u00e1s relevante que la caza. \u00a0 LA MUJER INSTAURA LA PROPIEDAD Esta otra cara de la moneda implica la aparici\u00f3n de un primitivo derecho a la propiedad. Sorprendentemente, en el caso del grupo de mujeres que cada ma\u00f1ana sale a recolectar frutos y plantas, no se da la misma conducta que en los cazadores. Lo recogido por la mujer le pertenece a ella y s\u00f3lo a ella; no es objeto de distribuci\u00f3n comunitaria. 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