{"id":68444,"date":"2015-03-05T19:57:42","date_gmt":"2015-03-05T19:57:42","guid":{"rendered":"http:\/\/istmo.mx\/?p=68444"},"modified":"2015-03-05T19:57:42","modified_gmt":"2015-03-05T19:57:42","slug":"metafisica-de-la-calvicie","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2015\/03\/05\/metafisica-de-la-calvicie\/","title":{"rendered":"Metaf\u00edsica de la calvicie"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"68444\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p><\/p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/istmo.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/03\/IS336_Zagal_original.jpg?ssl=1\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-68513\" style=\"margin: 5px;\" title=\"IS336_Zagal_original\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/istmo.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/03\/IS336_Zagal_original.jpg?resize=800%2C153&#038;ssl=1\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"153\" loading=\"lazy\"><\/a><br>\n\u00abEl cabello es el templo de los metrosexuales. Con fervor, los nuevos narcisistas pueden esculpir un peinado digno del mism\u00edsimo Elvis Presley\u00bb. As\u00ed pens\u00e9 comenzar este art\u00edculo; pero de inmediato ca\u00ed en la cuenta de un detalle. Desde hace a\u00f1os, me pinto la barba para camuflar mi venerable ancianidad. Tambi\u00e9n para m\u00ed, que no soy un modelo de Armani, la cabellera es algo muy importante.<br>\n\u00bfUn fetiche moderno? En realidad, no; el fetiche parece ser tan antiguo como el mundo. Homero atribu\u00eda la singular bravura del rey Menelao, conquistador de Troya, a sus gre\u00f1as de le\u00f3n. Un caso parecido fue el de Sans\u00f3n, quien sacaba fuerzas de su melena, hasta que Dalila, tramposamente, se la cort\u00f3.<br>\nEn ocasiones, la calvicie puede ser peligrosa. Al poeta Esquilo le cost\u00f3 la vida. Un \u00e1guila, creyendo que su cabeza era una dura roca pulida, arroj\u00f3 contra ella a su presa (una tortuga). Esquilo muri\u00f3 descalabrado al instante por el caparaz\u00f3n, o eso nos hicieron creer sus amigos m\u00e1s burlones.<br>\nMientras tanto, yo, del pelo, no me qued\u00e9 m\u00e1s que con las an\u00e9cdotas literarias, pues desde muy joven me aqueja la calvicie. \u00bfMi remedio contra ella? Utilic\u00e9 muchos. Incluso, aconsejado por mi abuela, me aplique una cataplasma de chile verde. Al final, el \u00fanico recurso eficaz es la resignaci\u00f3n. Ya se saben el dicho: el suelo es lo \u00fanico que de verdad detiene la ca\u00edda del cabello.<br>\n\u00bfTengo algo de qu\u00e9 avergonzarme por ser calvo? Sobre la alopecia pesa un duro estigma y no digan que exagero. Tal vez recuerden aquel cap\u00edtulo en el que Homero Simpson encuentra la cura milagrosa a su calvicie. Y tan r\u00e1pido como le germina el cabello, su carrera asciende en la planta nuclear. Gracias a su nuevo porte, se convierte en el preferido del patr\u00f3n. Pero en un soplo de mala suerte, Homero vuelve a quedarse pel\u00f3n y a duras penas salva su empleo original. La historia es muy graciosa, pero muy cierta. Y es que, por alguna raz\u00f3n, proscribimos a los calvos; nos burlamos de ellos, los castigamos silenciosamente.<br>\n\u00a0<br>\n<strong>UN POCO DE HISTORIA<\/strong><br>\nDesde tiempos ancestrales, el hombre ha intentado remediar el drama de la calvicie. Los faraones recurrieron a sus hechiceros sin \u00e9xito. El excremento de hipop\u00f3tamo, como les recomend\u00f3 Ra, no sirvi\u00f3 m\u00e1s que para perfumarlos. En vista de esta situaci\u00f3n, los padres de la medicina griega, que no ten\u00edan un pelo de tontos, le dedicaron a\u00f1os de su vida a investigar este problema. Tras largas observaciones, Hip\u00f3crates y sus secuaces cayeron en la cuenta de que el var\u00f3n pierde los cabellos como los \u00e1rboles pierden sus hojas en oto\u00f1o. La observaci\u00f3n fue muy atinada y hasta bonita. Arist\u00f3teles fue m\u00e1s all\u00e1: el cabello de los viejos encanece y se cae, porque nos falta calor vital. Literalmente nos vamos apagando. Sin embargo, las especulaciones de los sabios griegos no cambiaron la suerte de los calvos. Por el contrario, precipitaron la cat\u00e1strofe. Los hipocr\u00e1ticos recetaban un remedio hecho a base de comino y remolacha, que terminaba tirando m\u00e1s el cabello.<br>\nEn Roma, Julio C\u00e9sar no quiso correr la misma suerte que otros tantos calvos griegos. Su primer remedio fue el poco milagroso \u00abpeinadito de queso Oaxaca\u00bb. Pero desde siglos atr\u00e1s ya estaba comprobada su ineficacia, y entonces desisti\u00f3. Su segundo remedio, dicen, fue m\u00e1s inteligente: usar una corona de laureles para disimular su irremediable calva.<br>\nYo, a la usanza de este c\u00e9lebre conquistador de las Galias, he convertido a la boina en mi versi\u00f3n trendy de la corona de laureles. Un gran aliado, para ser honesto. Y es que ya no estoy para peluquines, si bien \u00e9stos fueron la salvaci\u00f3n de un rey franc\u00e9s, y otros tantos arist\u00f3cratas avergonzados de su condici\u00f3n capilar.<br>\nA todo esto, merece la pena llevar a la alopecia al mism\u00edsimo tribunal de la raz\u00f3n. \u00bfLa calvicie es tan vergonzosa como parece? Aunque pocos han conservado el cabello tras el detenido estudio de la filosof\u00eda, tal y como les ocurri\u00f3 a S\u00f3crates, Cicer\u00f3n y Tom\u00e1s de Aquino, muy pocos se detuvieron a reflexionar sobre la propia calvicie. Sinesio de Cirene (all\u00e1 por 370 a. C) es una afortunada excepci\u00f3n. Este fil\u00f3sofo invoc\u00f3 los mejores recursos de la filosof\u00eda para redactar su Elogio de la calvicie. En tal obra intent\u00f3 demostrar que los varones m\u00e1s perfectos, sabios y cercanos a la divinidad eran precisamente los calvos. \u00bfTouch\u00e9? Alguna raz\u00f3n ten\u00eda: \u00bfqu\u00e9 importa una cabeza pelada, cuando se tiene el entendimiento poblado? Sinesio de Cirene afirm\u00f3 que la sabidur\u00eda y la cabellera se reh\u00fayen como la luz y la sombra. Esto s\u00ed que pone las cosas a favor de los calvos, \u00bfno? Como anot\u00f3 William Shakespeare, el ser humano es la \u00fanica bestia que puede ser tan inteligente como para perder su pelo.<br>\n\u00a0<br>\n<strong>DENTRO DE CIEN A\u00d1OS,TODOS CALVOS\u2026<\/strong><br>\nHay que reconocer que la calvicie tiene algo de peculiar. Supongo que por eso es un tab\u00fa. Se trata, yo creo, de un nosequ\u00e9\u00a0 metaf\u00edsico. La calvicie (y las canas) me recuerdan a diario, y frente al espejo, mi propia e inevitable muerte. Poco a poco, la alopecia deja asomar ese inminente deterioro que nos aguarda a todos, aunque no lo queramos reconocer. Las entradas y la aureola nos anuncian que seremos calaveras. No exagero. Las palabras \u00abcalvo\u00bb y \u00abcalavera\u00bb comparten la misma ra\u00edz en lat\u00edn. \u00bfYa ven que no es ocurrencia m\u00eda? La calvicie es la manera en la que los laicos nos enteramos de que polvo somos y en polvo nos convertiremos. La filosof\u00eda, como advirti\u00f3 S\u00f3crates, es una meditaci\u00f3n sobre la muerte. Y si la calvicie es se\u00f1al de la fugacidad de la vida, entonces es el pretexto perfecto para filosofar y examinar nuestra existencia.<br>\nPero la cultura contempor\u00e1nea se encuentra en una fase de negaci\u00f3n. Por eso hemos convertido la calvicie, entre otras realidades, en un tab\u00fa. Procuramos remediarla a toda costa: implantes, vitaminas, jabones. El punto es que no nos atrevemos a reconocer que, como dijo Machado, \u00abtodo pasa y todo queda, y lo nuestro pasar\u00bb. Tenemos que aceptar que el tiempo pasa por nosotros, y que todo por servir se acaba y acaba por no servir. Cuando los griegos compararon la calvicie con el oto\u00f1o, descubrieron una gran verdad: para bien o no, la vida avanza en ciclos, de los que podemos salir m\u00e1s sabios, pero no m\u00e1s saludables.<br>\nEl problema, me temo, es que la sociedad contempor\u00e1nea no perdona la vejez. El sistema econ\u00f3mico, para no ir m\u00e1s lejos, aplasta a los mayores. Los sistemas de pensiones est\u00e1n siendo desmantelados y los seguros m\u00e9dicos est\u00e1n dise\u00f1ados para expulsar a los viejos. En muchas empresas no se contrata a quien cumpli\u00f3 cuarenta. La jubilaci\u00f3n \u2013cuando la hay\u2013 es una aplanadora que desecha a los sesentones, quienes en la mayor\u00eda de los casos vivir\u00e1n en la estrechez econ\u00f3mica. Hasta cierto punto es l\u00f3gico el desesperado intento por ocultar la decadencia del cuerpo.<br>\nHace poco escuch\u00e9 al vuelo una frase siniestra de boca de unos j\u00f3venes en un bar de la Condesa. Al calor de las perlas negras, dijeron entre risas: \u00abLos viejos o dan dinero o dan asco\u00bb. As\u00ed que como no soy rico, seguir\u00e9 usando boina y pint\u00e1ndome la barba.<br>\n\u00a0<br>\n*Gracias a Juan Arana por facilitarme su art\u00edculo \u00abCalvicies\u00bb (Filosof\u00eda de lo cotidiano, Editorial Biblioteca Nueva, Madrid, 2005) y a V\u00edctor G\u00f3mez por su valiosa colaboraci\u00f3n.<br>\n\u00a0\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"68444\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Leer despu\u00e9s 0 \u00abEl cabello es el templo de los metrosexuales. Con fervor, los nuevos narcisistas pueden esculpir un peinado digno del mism\u00edsimo Elvis Presley\u00bb. As\u00ed pens\u00e9 comenzar este art\u00edculo; pero de inmediato ca\u00ed en la cuenta de un detalle. Desde hace a\u00f1os, me pinto la barba para camuflar mi venerable ancianidad. Tambi\u00e9n para m\u00ed, que no soy un modelo de Armani, la cabellera es algo muy importante. \u00bfUn fetiche moderno? En realidad, no; el fetiche parece ser tan antiguo como el mundo. Homero atribu\u00eda la singular bravura del rey Menelao, conquistador de Troya, a sus gre\u00f1as de le\u00f3n. Un caso parecido fue el de Sans\u00f3n, quien sacaba fuerzas de su melena, hasta que Dalila, tramposamente, se la cort\u00f3. En ocasiones, la calvicie puede ser peligrosa. Al poeta Esquilo le cost\u00f3 la vida. Un \u00e1guila, creyendo que su cabeza era una dura roca pulida, arroj\u00f3 contra ella a su presa (una tortuga). Esquilo muri\u00f3 descalabrado al instante por el caparaz\u00f3n, o eso nos hicieron creer sus amigos m\u00e1s burlones. Mientras tanto, yo, del pelo, no me qued\u00e9 m\u00e1s que con las an\u00e9cdotas literarias, pues desde muy joven me aqueja la calvicie. \u00bfMi remedio contra ella? Utilic\u00e9 muchos. Incluso, aconsejado por mi abuela, me aplique una cataplasma de chile verde. Al final, el \u00fanico recurso eficaz es la resignaci\u00f3n. Ya se saben el dicho: el suelo es lo \u00fanico que de verdad detiene la ca\u00edda del cabello. \u00bfTengo algo de qu\u00e9 avergonzarme por ser calvo? Sobre la alopecia pesa un duro estigma y no digan que exagero. Tal vez recuerden aquel cap\u00edtulo en el que Homero Simpson encuentra la cura milagrosa a su calvicie. Y tan r\u00e1pido como le germina el cabello, su carrera asciende en la planta nuclear. Gracias a su nuevo porte, se convierte en el preferido del patr\u00f3n. Pero en un soplo de mala suerte, Homero vuelve a quedarse pel\u00f3n y a duras penas salva su empleo original. La historia es muy graciosa, pero muy cierta. Y es que, por alguna raz\u00f3n, proscribimos a los calvos; nos burlamos de ellos, los castigamos silenciosamente. \u00a0 UN POCO DE HISTORIA Desde tiempos ancestrales, el hombre ha intentado remediar el drama de la calvicie. Los faraones recurrieron a sus hechiceros sin \u00e9xito. El excremento de hipop\u00f3tamo, como les recomend\u00f3 Ra, no sirvi\u00f3 m\u00e1s que para perfumarlos. En vista de esta situaci\u00f3n, los padres de la medicina griega, que no ten\u00edan un pelo de tontos, le dedicaron a\u00f1os de su vida a investigar este problema. Tras largas observaciones, Hip\u00f3crates y sus secuaces cayeron en la cuenta de que el var\u00f3n pierde los cabellos como los \u00e1rboles pierden sus hojas en oto\u00f1o. La observaci\u00f3n fue muy atinada y hasta bonita. Arist\u00f3teles fue m\u00e1s all\u00e1: el cabello de los viejos encanece y se cae, porque nos falta calor vital. Literalmente nos vamos apagando. Sin embargo, las especulaciones de los sabios griegos no cambiaron la suerte de los calvos. Por el contrario, precipitaron la cat\u00e1strofe. Los hipocr\u00e1ticos recetaban un remedio hecho a base de comino y remolacha, que terminaba tirando m\u00e1s el cabello. En Roma, Julio C\u00e9sar no quiso correr la misma suerte que otros tantos calvos griegos. Su primer remedio fue el poco milagroso \u00abpeinadito de queso Oaxaca\u00bb. Pero desde siglos atr\u00e1s ya estaba comprobada su ineficacia, y entonces desisti\u00f3. Su segundo remedio, dicen, fue m\u00e1s inteligente: usar una corona de laureles para disimular su irremediable calva. Yo, a la usanza de este c\u00e9lebre conquistador de las Galias, he convertido a la boina en mi versi\u00f3n trendy de la corona de laureles. Un gran aliado, para ser honesto. Y es que ya no estoy para peluquines, si bien \u00e9stos fueron la salvaci\u00f3n de un rey franc\u00e9s, y otros tantos arist\u00f3cratas avergonzados de su condici\u00f3n capilar. A todo esto, merece la pena llevar a la alopecia al mism\u00edsimo tribunal de la raz\u00f3n. \u00bfLa calvicie es tan vergonzosa como parece? Aunque pocos han conservado el cabello tras el detenido estudio de la filosof\u00eda, tal y como les ocurri\u00f3 a S\u00f3crates, Cicer\u00f3n y Tom\u00e1s de Aquino, muy pocos se detuvieron a reflexionar sobre la propia calvicie. Sinesio de Cirene (all\u00e1 por 370 a. C) es una afortunada excepci\u00f3n. Este fil\u00f3sofo invoc\u00f3 los mejores recursos de la filosof\u00eda para redactar su Elogio de la calvicie. En tal obra intent\u00f3 demostrar que los varones m\u00e1s perfectos, sabios y cercanos a la divinidad eran precisamente los calvos. \u00bfTouch\u00e9? Alguna raz\u00f3n ten\u00eda: \u00bfqu\u00e9 importa una cabeza pelada, cuando se tiene el entendimiento poblado? Sinesio de Cirene afirm\u00f3 que la sabidur\u00eda y la cabellera se reh\u00fayen como la luz y la sombra. Esto s\u00ed que pone las cosas a favor de los calvos, \u00bfno? Como anot\u00f3 William Shakespeare, el ser humano es la \u00fanica bestia que puede ser tan inteligente como para perder su pelo. \u00a0 DENTRO DE CIEN A\u00d1OS,TODOS CALVOS\u2026 Hay que reconocer que la calvicie tiene algo de peculiar. Supongo que por eso es un tab\u00fa. Se trata, yo creo, de un nosequ\u00e9\u00a0 metaf\u00edsico. La calvicie (y las canas) me recuerdan a diario, y frente al espejo, mi propia e inevitable muerte. Poco a poco, la alopecia deja asomar ese inminente deterioro que nos aguarda a todos, aunque no lo queramos reconocer. Las entradas y la aureola nos anuncian que seremos calaveras. No exagero. 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Esquilo muri\u00f3 descalabrado al instante por el caparaz\u00f3n, o eso nos hicieron creer sus amigos m\u00e1s burlones. Mientras tanto, yo, del pelo, no me qued\u00e9 m\u00e1s que con las an\u00e9cdotas literarias, pues desde muy joven me aqueja la calvicie. \u00bfMi remedio contra ella? Utilic\u00e9 muchos. Incluso, aconsejado por mi abuela, me aplique una cataplasma de chile verde. Al final, el \u00fanico recurso eficaz es la resignaci\u00f3n. Ya se saben el dicho: el suelo es lo \u00fanico que de verdad detiene la ca\u00edda del cabello. \u00bfTengo algo de qu\u00e9 avergonzarme por ser calvo? Sobre la alopecia pesa un duro estigma y no digan que exagero. Tal vez recuerden aquel cap\u00edtulo en el que Homero Simpson encuentra la cura milagrosa a su calvicie. Y tan r\u00e1pido como le germina el cabello, su carrera asciende en la planta nuclear. Gracias a su nuevo porte, se convierte en el preferido del patr\u00f3n. Pero en un soplo de mala suerte, Homero vuelve a quedarse pel\u00f3n y a duras penas salva su empleo original. La historia es muy graciosa, pero muy cierta. Y es que, por alguna raz\u00f3n, proscribimos a los calvos; nos burlamos de ellos, los castigamos silenciosamente. \u00a0 UN POCO DE HISTORIA Desde tiempos ancestrales, el hombre ha intentado remediar el drama de la calvicie. Los faraones recurrieron a sus hechiceros sin \u00e9xito. El excremento de hipop\u00f3tamo, como les recomend\u00f3 Ra, no sirvi\u00f3 m\u00e1s que para perfumarlos. En vista de esta situaci\u00f3n, los padres de la medicina griega, que no ten\u00edan un pelo de tontos, le dedicaron a\u00f1os de su vida a investigar este problema. Tras largas observaciones, Hip\u00f3crates y sus secuaces cayeron en la cuenta de que el var\u00f3n pierde los cabellos como los \u00e1rboles pierden sus hojas en oto\u00f1o. La observaci\u00f3n fue muy atinada y hasta bonita. Arist\u00f3teles fue m\u00e1s all\u00e1: el cabello de los viejos encanece y se cae, porque nos falta calor vital. Literalmente nos vamos apagando. Sin embargo, las especulaciones de los sabios griegos no cambiaron la suerte de los calvos. Por el contrario, precipitaron la cat\u00e1strofe. Los hipocr\u00e1ticos recetaban un remedio hecho a base de comino y remolacha, que terminaba tirando m\u00e1s el cabello. En Roma, Julio C\u00e9sar no quiso correr la misma suerte que otros tantos calvos griegos. Su primer remedio fue el poco milagroso \u00abpeinadito de queso Oaxaca\u00bb. Pero desde siglos atr\u00e1s ya estaba comprobada su ineficacia, y entonces desisti\u00f3. Su segundo remedio, dicen, fue m\u00e1s inteligente: usar una corona de laureles para disimular su irremediable calva. Yo, a la usanza de este c\u00e9lebre conquistador de las Galias, he convertido a la boina en mi versi\u00f3n trendy de la corona de laureles. Un gran aliado, para ser honesto. Y es que ya no estoy para peluquines, si bien \u00e9stos fueron la salvaci\u00f3n de un rey franc\u00e9s, y otros tantos arist\u00f3cratas avergonzados de su condici\u00f3n capilar. A todo esto, merece la pena llevar a la alopecia al mism\u00edsimo tribunal de la raz\u00f3n. \u00bfLa calvicie es tan vergonzosa como parece? Aunque pocos han conservado el cabello tras el detenido estudio de la filosof\u00eda, tal y como les ocurri\u00f3 a S\u00f3crates, Cicer\u00f3n y Tom\u00e1s de Aquino, muy pocos se detuvieron a reflexionar sobre la propia calvicie. Sinesio de Cirene (all\u00e1 por 370 a. C) es una afortunada excepci\u00f3n. Este fil\u00f3sofo invoc\u00f3 los mejores recursos de la filosof\u00eda para redactar su Elogio de la calvicie. En tal obra intent\u00f3 demostrar que los varones m\u00e1s perfectos, sabios y cercanos a la divinidad eran precisamente los calvos. \u00bfTouch\u00e9? Alguna raz\u00f3n ten\u00eda: \u00bfqu\u00e9 importa una cabeza pelada, cuando se tiene el entendimiento poblado? Sinesio de Cirene afirm\u00f3 que la sabidur\u00eda y la cabellera se reh\u00fayen como la luz y la sombra. Esto s\u00ed que pone las cosas a favor de los calvos, \u00bfno? Como anot\u00f3 William Shakespeare, el ser humano es la \u00fanica bestia que puede ser tan inteligente como para perder su pelo. \u00a0 DENTRO DE CIEN A\u00d1OS,TODOS CALVOS\u2026 Hay que reconocer que la calvicie tiene algo de peculiar. Supongo que por eso es un tab\u00fa. Se trata, yo creo, de un nosequ\u00e9\u00a0 metaf\u00edsico. La calvicie (y las canas) me recuerdan a diario, y frente al espejo, mi propia e inevitable muerte. Poco a poco, la alopecia deja asomar ese inminente deterioro que nos aguarda a todos, aunque no lo queramos reconocer. Las entradas y la aureola nos anuncian que seremos calaveras. No exagero. Las palabras \u00abcalvo\u00bb y \u00abcalavera\u00bb comparten la misma ra\u00edz en lat\u00edn. \u00bfYa ven que no es ocurrencia m\u00eda? La calvicie es la manera en la que los laicos nos enteramos de que polvo somos y en polvo nos convertiremos. La filosof\u00eda, como advirti\u00f3 S\u00f3crates, es una meditaci\u00f3n sobre la muerte. Y si la calvicie es se\u00f1al de la fugacidad de la vida, entonces es el pretexto perfecto para filosofar y examinar nuestra existencia. Pero la cultura contempor\u00e1nea se encuentra en una fase de negaci\u00f3n. Por eso hemos convertido la calvicie, entre otras realidades, en un tab\u00fa. Procuramos remediarla a toda costa: implantes, vitaminas, jabones. 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Con fervor, los nuevos narcisistas pueden esculpir un peinado digno del mism\u00edsimo Elvis Presley\u00bb. As\u00ed pens\u00e9 comenzar este art\u00edculo; pero de inmediato ca\u00ed en la cuenta de un detalle. Desde hace a\u00f1os, me pinto la barba para camuflar mi venerable ancianidad. Tambi\u00e9n para m\u00ed, que no soy un modelo de Armani, la cabellera es algo muy importante. \u00bfUn fetiche moderno? En realidad, no; el fetiche parece ser tan antiguo como el mundo. Homero atribu\u00eda la singular bravura del rey Menelao, conquistador de Troya, a sus gre\u00f1as de le\u00f3n. Un caso parecido fue el de Sans\u00f3n, quien sacaba fuerzas de su melena, hasta que Dalila, tramposamente, se la cort\u00f3. En ocasiones, la calvicie puede ser peligrosa. Al poeta Esquilo le cost\u00f3 la vida. Un \u00e1guila, creyendo que su cabeza era una dura roca pulida, arroj\u00f3 contra ella a su presa (una tortuga). Esquilo muri\u00f3 descalabrado al instante por el caparaz\u00f3n, o eso nos hicieron creer sus amigos m\u00e1s burlones. Mientras tanto, yo, del pelo, no me qued\u00e9 m\u00e1s que con las an\u00e9cdotas literarias, pues desde muy joven me aqueja la calvicie. \u00bfMi remedio contra ella? Utilic\u00e9 muchos. Incluso, aconsejado por mi abuela, me aplique una cataplasma de chile verde. Al final, el \u00fanico recurso eficaz es la resignaci\u00f3n. Ya se saben el dicho: el suelo es lo \u00fanico que de verdad detiene la ca\u00edda del cabello. \u00bfTengo algo de qu\u00e9 avergonzarme por ser calvo? Sobre la alopecia pesa un duro estigma y no digan que exagero. Tal vez recuerden aquel cap\u00edtulo en el que Homero Simpson encuentra la cura milagrosa a su calvicie. Y tan r\u00e1pido como le germina el cabello, su carrera asciende en la planta nuclear. Gracias a su nuevo porte, se convierte en el preferido del patr\u00f3n. Pero en un soplo de mala suerte, Homero vuelve a quedarse pel\u00f3n y a duras penas salva su empleo original. La historia es muy graciosa, pero muy cierta. Y es que, por alguna raz\u00f3n, proscribimos a los calvos; nos burlamos de ellos, los castigamos silenciosamente. \u00a0 UN POCO DE HISTORIA Desde tiempos ancestrales, el hombre ha intentado remediar el drama de la calvicie. Los faraones recurrieron a sus hechiceros sin \u00e9xito. El excremento de hipop\u00f3tamo, como les recomend\u00f3 Ra, no sirvi\u00f3 m\u00e1s que para perfumarlos. En vista de esta situaci\u00f3n, los padres de la medicina griega, que no ten\u00edan un pelo de tontos, le dedicaron a\u00f1os de su vida a investigar este problema. Tras largas observaciones, Hip\u00f3crates y sus secuaces cayeron en la cuenta de que el var\u00f3n pierde los cabellos como los \u00e1rboles pierden sus hojas en oto\u00f1o. La observaci\u00f3n fue muy atinada y hasta bonita. Arist\u00f3teles fue m\u00e1s all\u00e1: el cabello de los viejos encanece y se cae, porque nos falta calor vital. Literalmente nos vamos apagando. Sin embargo, las especulaciones de los sabios griegos no cambiaron la suerte de los calvos. Por el contrario, precipitaron la cat\u00e1strofe. Los hipocr\u00e1ticos recetaban un remedio hecho a base de comino y remolacha, que terminaba tirando m\u00e1s el cabello. En Roma, Julio C\u00e9sar no quiso correr la misma suerte que otros tantos calvos griegos. Su primer remedio fue el poco milagroso \u00abpeinadito de queso Oaxaca\u00bb. Pero desde siglos atr\u00e1s ya estaba comprobada su ineficacia, y entonces desisti\u00f3. Su segundo remedio, dicen, fue m\u00e1s inteligente: usar una corona de laureles para disimular su irremediable calva. Yo, a la usanza de este c\u00e9lebre conquistador de las Galias, he convertido a la boina en mi versi\u00f3n trendy de la corona de laureles. Un gran aliado, para ser honesto. Y es que ya no estoy para peluquines, si bien \u00e9stos fueron la salvaci\u00f3n de un rey franc\u00e9s, y otros tantos arist\u00f3cratas avergonzados de su condici\u00f3n capilar. A todo esto, merece la pena llevar a la alopecia al mism\u00edsimo tribunal de la raz\u00f3n. \u00bfLa calvicie es tan vergonzosa como parece? Aunque pocos han conservado el cabello tras el detenido estudio de la filosof\u00eda, tal y como les ocurri\u00f3 a S\u00f3crates, Cicer\u00f3n y Tom\u00e1s de Aquino, muy pocos se detuvieron a reflexionar sobre la propia calvicie. Sinesio de Cirene (all\u00e1 por 370 a. C) es una afortunada excepci\u00f3n. Este fil\u00f3sofo invoc\u00f3 los mejores recursos de la filosof\u00eda para redactar su Elogio de la calvicie. En tal obra intent\u00f3 demostrar que los varones m\u00e1s perfectos, sabios y cercanos a la divinidad eran precisamente los calvos. \u00bfTouch\u00e9? Alguna raz\u00f3n ten\u00eda: \u00bfqu\u00e9 importa una cabeza pelada, cuando se tiene el entendimiento poblado? Sinesio de Cirene afirm\u00f3 que la sabidur\u00eda y la cabellera se reh\u00fayen como la luz y la sombra. Esto s\u00ed que pone las cosas a favor de los calvos, \u00bfno? Como anot\u00f3 William Shakespeare, el ser humano es la \u00fanica bestia que puede ser tan inteligente como para perder su pelo. \u00a0 DENTRO DE CIEN A\u00d1OS,TODOS CALVOS\u2026 Hay que reconocer que la calvicie tiene algo de peculiar. Supongo que por eso es un tab\u00fa. Se trata, yo creo, de un nosequ\u00e9\u00a0 metaf\u00edsico. La calvicie (y las canas) me recuerdan a diario, y frente al espejo, mi propia e inevitable muerte. Poco a poco, la alopecia deja asomar ese inminente deterioro que nos aguarda a todos, aunque no lo queramos reconocer. Las entradas y la aureola nos anuncian que seremos calaveras. No exagero. Las palabras \u00abcalvo\u00bb y \u00abcalavera\u00bb comparten la misma ra\u00edz en lat\u00edn. \u00bfYa ven que no es ocurrencia m\u00eda? La calvicie es la manera en la que los laicos nos enteramos de que polvo somos y en polvo nos convertiremos. La filosof\u00eda, como advirti\u00f3 S\u00f3crates, es una meditaci\u00f3n sobre la muerte. Y si la calvicie es se\u00f1al de la fugacidad de la vida, entonces es el pretexto perfecto para filosofar y examinar nuestra existencia. Pero la cultura contempor\u00e1nea se encuentra en una fase de negaci\u00f3n. Por eso hemos convertido la calvicie, entre otras realidades, en un tab\u00fa. Procuramos remediarla a toda costa: implantes, vitaminas, jabones. 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