{"id":67626,"date":"2014-10-16T21:35:16","date_gmt":"2014-10-16T21:35:16","guid":{"rendered":"http:\/\/istmo.mx\/?p=67626"},"modified":"2014-10-16T21:35:16","modified_gmt":"2014-10-16T21:35:16","slug":"seduccion-es-amor-sin-brillo-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2014\/10\/16\/seduccion-es-amor-sin-brillo-2\/","title":{"rendered":"Seducci\u00f3n es&#8230; amor sin brillo"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"67626\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p><\/p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/istmo.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/10\/IS334_zagal_original.jpg?ssl=1\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-67629\" title=\"IS334_zagal_original\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/istmo.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/10\/IS334_zagal_original.jpg?resize=800%2C153&#038;ssl=1\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"153\" loading=\"lazy\"><\/a><br>\n\u00a0<br>\n<em>Amar es una envidia verde y muda,<\/em><br>\n<em>una sutil y l\u00facida avaricia.<\/em><br>\nXavier Villaurrutia<br>\n\u00a0<br>\nSeamos sinceros, a todos se nos ha antojado que los menjurjes para enamorar que venden en el mercado de Sonora del DF s\u00ed sirvieran de algo. Lamentablemente, todas esas lociones y yerbas son una farsa. Pero atenerme a mi f\u00edsico hubiera sido, en mi remota juventud, tan in\u00fatil como confiarme a los encantamientos. \u00abLos poetas aman en secreto\u00bb, me dec\u00eda para consolarme.<br>\nAfortunadamente, la soluci\u00f3n vino r\u00e1pidamente a mis manos. Me top\u00e9 con un libro que explicaba c\u00f3mo conquistar a las chicas en un dos por tres. No era un bestseller de cafeter\u00eda.\u00a0 Se trataba de El arte de amar de Ovidio, uno de los poetas m\u00e1s reconocidos de la antigua Roma. Su lema: \u00abTen confianza; todas son conquistables\u00bb.<br>\n\u00a0<br>\n<strong>PRIMER PASO: HACERSE EL DIF\u00cdCIL<\/strong><br>\nM\u00e1s sorprendido qued\u00e9 cuando averig\u00fc\u00e9 que un amigo, sumamente exitoso en el amor, pero nada culto, ten\u00eda El arte de amar como libro de cabecera. Hab\u00eda que concederle que estad\u00edsticamente no le faltaba quien lo apapachara. As\u00ed que decid\u00ed jug\u00e1rmela y leer ese libro tan tra\u00eddo a cuento.<br>\nOvidio, un escritor de hace dos milenios, es maravilloso y vigente. Su m\u00e1s importante recomendaci\u00f3n era, como ya dije, la confianza en uno mismo. Luego, hab\u00eda que tomarle cierto gusto a la conquista, ese flirteo indispensable. Mala suerte para m\u00ed. Precisamente \u00e9sos eran mis dos puntos cr\u00edticos. No me cre\u00eda suficientemente interesante. Mucho menos iba a disfrutar los dolores de est\u00f3mago y el sudor de manos. Pero segu\u00ed leyendo.<br>\nAntes de desplegar nuestros encantos, dice, debemos frecuentar los lugares donde se pasean las mujeres: los p\u00f3rticos, el teatro, los desfiles triunfales, el circo, los balnearios. Mentalmente hice la adaptaci\u00f3n de Ovidio al siglo XX (s\u00ed, mi adolescencia tuvo lugar cuando a\u00fan no hab\u00eda celulares). En aquellos tiempos, las chicas estaban en los cines de Plaza Universidad del DF, en el Baby\u2019 O\u00a0 de Acapulco o en el Quetzal de Zona Rosa.<br>\nLa primera t\u00e1ctica que Ovidio recomendaba era hacer que ellas te suplicaran, y que t\u00fa no les rogaras. Anot\u00e9 al margen del libro: \u00abhacerse el dif\u00edcil\u00bb. Decid\u00ed no cuestionar, por el momento, el dec\u00e1logo de Ovidio. Su eficacia ser\u00eda probada en la pr\u00e1ctica.<br>\nLa segunda recomendaci\u00f3n era, al momento de tender las redes, aprovechar toda elocuencia de la que fu\u00e9ramos capaces al hablar. Hacernos los interesantes, dirigir bien las preguntas, ser graciosos\u2026 Eso, creo, todo mundo lo sabe. No est\u00e1 de m\u00e1s cuidar la apariencia f\u00edsica, devolverle las miradas y decirle a la amada una que otra frase de doble sentido, apuntaba Ovidio. En cualquier caso, la iniciativa siempre recae en el var\u00f3n. Esto no hay que olvidarlo.<br>\nPues bien, una vez establecido un mayor contacto con la amada hab\u00eda que hacerle todo tipo de promesas. Seg\u00fan el poeta, prometer no perjudica. Al contrario, con suficiente cr\u00e9dito, las promesas mantienen las esperanzas en alto. En palabras del poeta, \u00e9stas son \u00abuna diosa enga\u00f1osa\u00bb que, sin embargo, bien presta sus servicios. Los regalos que s\u00ed le entregues, aconseja el libro, se los llevar\u00e1 y se acab\u00f3. En cambio, los que le prometas, los ansiar\u00e1 m\u00e1s intensamente. Como ven, Ovidio es todo un maestro de la seducci\u00f3n.<br>\nLa conquista amorosa, no obstante, eventualmente trae consigo reveses que hay que saber superar. Todo se trata de insistir. La blanda agua horada la piedra de tanto salpicar en ella. Y es que tal vez un d\u00eda la amada se muestre un poco hostil. Esto no significa que no quiera la compa\u00f1\u00eda del amante. En el complejo lenguaje femenino, el desaire puede significar que no quiere que desistas. Por eso Ovidio escribe: \u00abPersiste y ver\u00e1s cumplidos tus deseos\u00bb.<br>\nHay, por supuesto, m\u00e1s recursos que \u00e9stos. Uno, muy conveniente con las mujeres sensibles, es mostrar a veces, pero no constantemente, cierta vulnerabilidad. En otras palabras, conviene hacerse el sufrido: estoy enfermo, mi familia no me quiere, estoy cansado\u2026 Nada como darle la oportunidad de que nos cuide y proteja.<br>\nAusentarse por un breve tiempo no es ning\u00fan desperdicio, mientras se tenga la precauci\u00f3n de no ofender a la amada con nuestras ausencias. Ovidio advert\u00eda que una madre se preocupa m\u00e1s por el hijo que se fue a la guerra, que por el que a\u00fan vive con ella. Viene bien darse a desear: este fin no te puedo ver, me voy un mes a un viaje de estudios, tretas as\u00ed.<br>\nDicho todo esto, no hay que olvidar la amabilidad, porque \u00e9sa es la llave de los corazones. Pero, sobre todo, no hay que olvidar el halago. El poeta latino dec\u00eda que no hay mujer, por fea que sea, que no se considere digna de ser amada. En el fondo, ninguna se averg\u00fcenza de su propio aspecto. Lo que m\u00e1s quiere es sentirse deseada. \u00bfC\u00f3mo ven?<br>\n\u00bfQu\u00e9 hay de la infidelidad? Ovidio no ten\u00eda empacho en aceptarla, siempre y cuando la amada no se enterara. Y si lo hac\u00eda, hab\u00eda que aprovechar la situaci\u00f3n, con la debida prudencia, para incitar en ella los celos, que son la llama del deseo.<br>\nOvidio es, sin duda, machista. No obstante, debe decirse en su defensa, que la tercera parte de El arte de amar est\u00e1 dirigida a las\u00a0 mujeres. El poeta les explica c\u00f3mo conquistar a los varones y, la verdad, es que somos presas muy f\u00e1ciles de cazar. En opini\u00f3n de Ovidio, somos medio tontos.<br>\n\u00a0<br>\n<strong>UN JUEGO DE DOMINIO<\/strong><br>\nAcab\u00e9 la lectura estupefacto. Revis\u00e9 una vez m\u00e1s la portada del libro. En efecto, dec\u00eda El arte de amar. \u00bfOvidio nos ense\u00f1a a amar? La obra, aunque de deliciosa lectura, result\u00f3 ser un manual.\u00a0 El poeta entiende amar como cazar una presa en el bosque. Nos ense\u00f1a a tender tantas trampas tan eficaces, que hasta el animal m\u00e1s imponente cae derrotado. Amar, por la impresi\u00f3n que me dej\u00f3 el libro, parec\u00eda ser un juego de dominio, una lucha de poder.<br>\nDigamos que mi amigo, el que sigui\u00f3 tan a pecho el libro, era exitoso estad\u00edsticamente. Es decir, en cantidad le iba muy bien. Ten\u00eda hasta cuatro amantes al mismo tiempo. \u00bfEn calidad? Ah\u00ed estaba el problema. Eso que ten\u00eda no era amor. T\u00e1chenme de cursi, pero el amor se da entre personas, no entre una persona y un objeto. El amor es una convergencia de voluntades, un encuentro de libertad, no es la apropiaci\u00f3n de un cuerpo.<br>\nY, para colmo, a pesar de la parte dedicada a la conquista del var\u00f3n, la perspectiva de Ovidio es la t\u00edpica de una sociedad machista; el amor hacia la mujer no pasa de ser un mero divertimento. En este contexto, la mujer es una \u00abloba\u00bb, como alardean los mirrreyes de nuestra \u00e9poca. As\u00ed que, despu\u00e9s de todo, El arte de amar no era el libro que hab\u00eda estado buscando.<br>\nY es que no explora el amor tal cual es. M\u00e1s bien, lo domestica. Amar, como lo indica el poema de Villaurrutia que cit\u00e9 al principio, es una angustia. Pretendemos que el otro nos ame libremente. \u00bfAlguien ve la contradicci\u00f3n? Si el otro te ama libremente, entonces es posible que te deje de amar en cualquier momento. En cambio, si te \u00abama\u00bb por obligaci\u00f3n, o manipulaci\u00f3n (en el caso de Ovidio), no es amor. Y t\u00fa lo sabes. Amar de verdad es, por naturaleza, temer perder a ese otro que nos obsesiona y que nos preocupa. La inestabilidad, yo creo, est\u00e1 impl\u00edcita en un sentimiento que pretendemos que dure para siempre. En fin, el libro de Ovidio no era para m\u00ed, porque ni siquiera trataba del amor. En todo caso, lo desnaturalizaba.<br>\n\u00a0<br>\n\u00a0<br>\n\u00a0\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"67626\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Leer despu\u00e9s 0 \u00a0 Amar es una envidia verde y muda, una sutil y l\u00facida avaricia. 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Su lema: \u00abTen confianza; todas son conquistables\u00bb. \u00a0 PRIMER PASO: HACERSE EL DIF\u00cdCIL M\u00e1s sorprendido qued\u00e9 cuando averig\u00fc\u00e9 que un amigo, sumamente exitoso en el amor, pero nada culto, ten\u00eda El arte de amar como libro de cabecera. Hab\u00eda que concederle que estad\u00edsticamente no le faltaba quien lo apapachara. As\u00ed que decid\u00ed jug\u00e1rmela y leer ese libro tan tra\u00eddo a cuento. Ovidio, un escritor de hace dos milenios, es maravilloso y vigente. Su m\u00e1s importante recomendaci\u00f3n era, como ya dije, la confianza en uno mismo. Luego, hab\u00eda que tomarle cierto gusto a la conquista, ese flirteo indispensable. Mala suerte para m\u00ed. Precisamente \u00e9sos eran mis dos puntos cr\u00edticos. No me cre\u00eda suficientemente interesante. Mucho menos iba a disfrutar los dolores de est\u00f3mago y el sudor de manos. Pero segu\u00ed leyendo. Antes de desplegar nuestros encantos, dice, debemos frecuentar los lugares donde se pasean las mujeres: los p\u00f3rticos, el teatro, los desfiles triunfales, el circo, los balnearios. Mentalmente hice la adaptaci\u00f3n de Ovidio al siglo XX (s\u00ed, mi adolescencia tuvo lugar cuando a\u00fan no hab\u00eda celulares). En aquellos tiempos, las chicas estaban en los cines de Plaza Universidad del DF, en el Baby\u2019 O\u00a0 de Acapulco o en el Quetzal de Zona Rosa. La primera t\u00e1ctica que Ovidio recomendaba era hacer que ellas te suplicaran, y que t\u00fa no les rogaras. Anot\u00e9 al margen del libro: \u00abhacerse el dif\u00edcil\u00bb. Decid\u00ed no cuestionar, por el momento, el dec\u00e1logo de Ovidio. Su eficacia ser\u00eda probada en la pr\u00e1ctica. La segunda recomendaci\u00f3n era, al momento de tender las redes, aprovechar toda elocuencia de la que fu\u00e9ramos capaces al hablar. Hacernos los interesantes, dirigir bien las preguntas, ser graciosos\u2026 Eso, creo, todo mundo lo sabe. No est\u00e1 de m\u00e1s cuidar la apariencia f\u00edsica, devolverle las miradas y decirle a la amada una que otra frase de doble sentido, apuntaba Ovidio. En cualquier caso, la iniciativa siempre recae en el var\u00f3n. Esto no hay que olvidarlo. Pues bien, una vez establecido un mayor contacto con la amada hab\u00eda que hacerle todo tipo de promesas. Seg\u00fan el poeta, prometer no perjudica. Al contrario, con suficiente cr\u00e9dito, las promesas mantienen las esperanzas en alto. En palabras del poeta, \u00e9stas son \u00abuna diosa enga\u00f1osa\u00bb que, sin embargo, bien presta sus servicios. Los regalos que s\u00ed le entregues, aconseja el libro, se los llevar\u00e1 y se acab\u00f3. En cambio, los que le prometas, los ansiar\u00e1 m\u00e1s intensamente. Como ven, Ovidio es todo un maestro de la seducci\u00f3n. La conquista amorosa, no obstante, eventualmente trae consigo reveses que hay que saber superar. Todo se trata de insistir. La blanda agua horada la piedra de tanto salpicar en ella. Y es que tal vez un d\u00eda la amada se muestre un poco hostil. Esto no significa que no quiera la compa\u00f1\u00eda del amante. En el complejo lenguaje femenino, el desaire puede significar que no quiere que desistas. Por eso Ovidio escribe: \u00abPersiste y ver\u00e1s cumplidos tus deseos\u00bb. Hay, por supuesto, m\u00e1s recursos que \u00e9stos. Uno, muy conveniente con las mujeres sensibles, es mostrar a veces, pero no constantemente, cierta vulnerabilidad. En otras palabras, conviene hacerse el sufrido: estoy enfermo, mi familia no me quiere, estoy cansado\u2026 Nada como darle la oportunidad de que nos cuide y proteja. Ausentarse por un breve tiempo no es ning\u00fan desperdicio, mientras se tenga la precauci\u00f3n de no ofender a la amada con nuestras ausencias. Ovidio advert\u00eda que una madre se preocupa m\u00e1s por el hijo que se fue a la guerra, que por el que a\u00fan vive con ella. Viene bien darse a desear: este fin no te puedo ver, me voy un mes a un viaje de estudios, tretas as\u00ed. Dicho todo esto, no hay que olvidar la amabilidad, porque \u00e9sa es la llave de los corazones. Pero, sobre todo, no hay que olvidar el halago. El poeta latino dec\u00eda que no hay mujer, por fea que sea, que no se considere digna de ser amada. En el fondo, ninguna se averg\u00fcenza de su propio aspecto. Lo que m\u00e1s quiere es sentirse deseada. \u00bfC\u00f3mo ven? \u00bfQu\u00e9 hay de la infidelidad? Ovidio no ten\u00eda empacho en aceptarla, siempre y cuando la amada no se enterara. Y si lo hac\u00eda, hab\u00eda que aprovechar la situaci\u00f3n, con la debida prudencia, para incitar en ella los celos, que son la llama del deseo. Ovidio es, sin duda, machista. No obstante, debe decirse en su defensa, que la tercera parte de El arte de amar est\u00e1 dirigida a las\u00a0 mujeres. El poeta les explica c\u00f3mo conquistar a los varones y, la verdad, es que somos presas muy f\u00e1ciles de cazar. En opini\u00f3n de Ovidio, somos medio tontos. \u00a0 UN JUEGO DE DOMINIO Acab\u00e9 la lectura estupefacto. Revis\u00e9 una vez m\u00e1s la portada del libro. En efecto, dec\u00eda El arte de amar. \u00bfOvidio nos ense\u00f1a a amar? La obra, aunque de deliciosa lectura, result\u00f3 ser un manual.\u00a0 El poeta entiende amar como cazar una presa en el bosque. Nos ense\u00f1a a tender tantas trampas tan eficaces, que hasta el animal m\u00e1s imponente cae derrotado. Amar, por la impresi\u00f3n que me dej\u00f3 el libro, parec\u00eda ser un juego de dominio, una lucha de poder. Digamos que mi amigo, el que sigui\u00f3 tan a pecho el libro, era exitoso estad\u00edsticamente. 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Antes de desplegar nuestros encantos, dice, debemos frecuentar los lugares donde se pasean las mujeres: los p\u00f3rticos, el teatro, los desfiles triunfales, el circo, los balnearios. Mentalmente hice la adaptaci\u00f3n de Ovidio al siglo XX (s\u00ed, mi adolescencia tuvo lugar cuando a\u00fan no hab\u00eda celulares). En aquellos tiempos, las chicas estaban en los cines de Plaza Universidad del DF, en el Baby\u2019 O\u00a0 de Acapulco o en el Quetzal de Zona Rosa. La primera t\u00e1ctica que Ovidio recomendaba era hacer que ellas te suplicaran, y que t\u00fa no les rogaras. Anot\u00e9 al margen del libro: \u00abhacerse el dif\u00edcil\u00bb. Decid\u00ed no cuestionar, por el momento, el dec\u00e1logo de Ovidio. Su eficacia ser\u00eda probada en la pr\u00e1ctica. La segunda recomendaci\u00f3n era, al momento de tender las redes, aprovechar toda elocuencia de la que fu\u00e9ramos capaces al hablar. Hacernos los interesantes, dirigir bien las preguntas, ser graciosos\u2026 Eso, creo, todo mundo lo sabe. No est\u00e1 de m\u00e1s cuidar la apariencia f\u00edsica, devolverle las miradas y decirle a la amada una que otra frase de doble sentido, apuntaba Ovidio. En cualquier caso, la iniciativa siempre recae en el var\u00f3n. Esto no hay que olvidarlo. Pues bien, una vez establecido un mayor contacto con la amada hab\u00eda que hacerle todo tipo de promesas. Seg\u00fan el poeta, prometer no perjudica. Al contrario, con suficiente cr\u00e9dito, las promesas mantienen las esperanzas en alto. En palabras del poeta, \u00e9stas son \u00abuna diosa enga\u00f1osa\u00bb que, sin embargo, bien presta sus servicios. Los regalos que s\u00ed le entregues, aconseja el libro, se los llevar\u00e1 y se acab\u00f3. En cambio, los que le prometas, los ansiar\u00e1 m\u00e1s intensamente. Como ven, Ovidio es todo un maestro de la seducci\u00f3n. La conquista amorosa, no obstante, eventualmente trae consigo reveses que hay que saber superar. Todo se trata de insistir. La blanda agua horada la piedra de tanto salpicar en ella. Y es que tal vez un d\u00eda la amada se muestre un poco hostil. Esto no significa que no quiera la compa\u00f1\u00eda del amante. En el complejo lenguaje femenino, el desaire puede significar que no quiere que desistas. Por eso Ovidio escribe: \u00abPersiste y ver\u00e1s cumplidos tus deseos\u00bb. Hay, por supuesto, m\u00e1s recursos que \u00e9stos. Uno, muy conveniente con las mujeres sensibles, es mostrar a veces, pero no constantemente, cierta vulnerabilidad. En otras palabras, conviene hacerse el sufrido: estoy enfermo, mi familia no me quiere, estoy cansado\u2026 Nada como darle la oportunidad de que nos cuide y proteja. Ausentarse por un breve tiempo no es ning\u00fan desperdicio, mientras se tenga la precauci\u00f3n de no ofender a la amada con nuestras ausencias. Ovidio advert\u00eda que una madre se preocupa m\u00e1s por el hijo que se fue a la guerra, que por el que a\u00fan vive con ella. Viene bien darse a desear: este fin no te puedo ver, me voy un mes a un viaje de estudios, tretas as\u00ed. Dicho todo esto, no hay que olvidar la amabilidad, porque \u00e9sa es la llave de los corazones. Pero, sobre todo, no hay que olvidar el halago. El poeta latino dec\u00eda que no hay mujer, por fea que sea, que no se considere digna de ser amada. En el fondo, ninguna se averg\u00fcenza de su propio aspecto. Lo que m\u00e1s quiere es sentirse deseada. \u00bfC\u00f3mo ven? \u00bfQu\u00e9 hay de la infidelidad? Ovidio no ten\u00eda empacho en aceptarla, siempre y cuando la amada no se enterara. Y si lo hac\u00eda, hab\u00eda que aprovechar la situaci\u00f3n, con la debida prudencia, para incitar en ella los celos, que son la llama del deseo. Ovidio es, sin duda, machista. No obstante, debe decirse en su defensa, que la tercera parte de El arte de amar est\u00e1 dirigida a las\u00a0 mujeres. El poeta les explica c\u00f3mo conquistar a los varones y, la verdad, es que somos presas muy f\u00e1ciles de cazar. En opini\u00f3n de Ovidio, somos medio tontos. \u00a0 UN JUEGO DE DOMINIO Acab\u00e9 la lectura estupefacto. Revis\u00e9 una vez m\u00e1s la portada del libro. En efecto, dec\u00eda El arte de amar. \u00bfOvidio nos ense\u00f1a a amar? La obra, aunque de deliciosa lectura, result\u00f3 ser un manual.\u00a0 El poeta entiende amar como cazar una presa en el bosque. Nos ense\u00f1a a tender tantas trampas tan eficaces, que hasta el animal m\u00e1s imponente cae derrotado. Amar, por la impresi\u00f3n que me dej\u00f3 el libro, parec\u00eda ser un juego de dominio, una lucha de poder. Digamos que mi amigo, el que sigui\u00f3 tan a pecho el libro, era exitoso estad\u00edsticamente. 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Xavier Villaurrutia \u00a0 Seamos sinceros, a todos se nos ha antojado que los menjurjes para enamorar que venden en el mercado de Sonora del DF s\u00ed sirvieran de algo. Lamentablemente, todas esas lociones y yerbas son una farsa. Pero atenerme a mi f\u00edsico hubiera sido, en mi remota juventud, tan in\u00fatil como confiarme a los encantamientos. \u00abLos poetas aman en secreto\u00bb, me dec\u00eda para consolarme. Afortunadamente, la soluci\u00f3n vino r\u00e1pidamente a mis manos. Me top\u00e9 con un libro que explicaba c\u00f3mo conquistar a las chicas en un dos por tres. No era un bestseller de cafeter\u00eda.\u00a0 Se trataba de El arte de amar de Ovidio, uno de los poetas m\u00e1s reconocidos de la antigua Roma. Su lema: \u00abTen confianza; todas son conquistables\u00bb. \u00a0 PRIMER PASO: HACERSE EL DIF\u00cdCIL M\u00e1s sorprendido qued\u00e9 cuando averig\u00fc\u00e9 que un amigo, sumamente exitoso en el amor, pero nada culto, ten\u00eda El arte de amar como libro de cabecera. Hab\u00eda que concederle que estad\u00edsticamente no le faltaba quien lo apapachara. As\u00ed que decid\u00ed jug\u00e1rmela y leer ese libro tan tra\u00eddo a cuento. Ovidio, un escritor de hace dos milenios, es maravilloso y vigente. Su m\u00e1s importante recomendaci\u00f3n era, como ya dije, la confianza en uno mismo. Luego, hab\u00eda que tomarle cierto gusto a la conquista, ese flirteo indispensable. Mala suerte para m\u00ed. Precisamente \u00e9sos eran mis dos puntos cr\u00edticos. No me cre\u00eda suficientemente interesante. Mucho menos iba a disfrutar los dolores de est\u00f3mago y el sudor de manos. Pero segu\u00ed leyendo. Antes de desplegar nuestros encantos, dice, debemos frecuentar los lugares donde se pasean las mujeres: los p\u00f3rticos, el teatro, los desfiles triunfales, el circo, los balnearios. Mentalmente hice la adaptaci\u00f3n de Ovidio al siglo XX (s\u00ed, mi adolescencia tuvo lugar cuando a\u00fan no hab\u00eda celulares). En aquellos tiempos, las chicas estaban en los cines de Plaza Universidad del DF, en el Baby\u2019 O\u00a0 de Acapulco o en el Quetzal de Zona Rosa. La primera t\u00e1ctica que Ovidio recomendaba era hacer que ellas te suplicaran, y que t\u00fa no les rogaras. Anot\u00e9 al margen del libro: \u00abhacerse el dif\u00edcil\u00bb. Decid\u00ed no cuestionar, por el momento, el dec\u00e1logo de Ovidio. Su eficacia ser\u00eda probada en la pr\u00e1ctica. La segunda recomendaci\u00f3n era, al momento de tender las redes, aprovechar toda elocuencia de la que fu\u00e9ramos capaces al hablar. Hacernos los interesantes, dirigir bien las preguntas, ser graciosos\u2026 Eso, creo, todo mundo lo sabe. No est\u00e1 de m\u00e1s cuidar la apariencia f\u00edsica, devolverle las miradas y decirle a la amada una que otra frase de doble sentido, apuntaba Ovidio. En cualquier caso, la iniciativa siempre recae en el var\u00f3n. Esto no hay que olvidarlo. Pues bien, una vez establecido un mayor contacto con la amada hab\u00eda que hacerle todo tipo de promesas. Seg\u00fan el poeta, prometer no perjudica. Al contrario, con suficiente cr\u00e9dito, las promesas mantienen las esperanzas en alto. En palabras del poeta, \u00e9stas son \u00abuna diosa enga\u00f1osa\u00bb que, sin embargo, bien presta sus servicios. Los regalos que s\u00ed le entregues, aconseja el libro, se los llevar\u00e1 y se acab\u00f3. En cambio, los que le prometas, los ansiar\u00e1 m\u00e1s intensamente. Como ven, Ovidio es todo un maestro de la seducci\u00f3n. La conquista amorosa, no obstante, eventualmente trae consigo reveses que hay que saber superar. Todo se trata de insistir. La blanda agua horada la piedra de tanto salpicar en ella. Y es que tal vez un d\u00eda la amada se muestre un poco hostil. Esto no significa que no quiera la compa\u00f1\u00eda del amante. En el complejo lenguaje femenino, el desaire puede significar que no quiere que desistas. Por eso Ovidio escribe: \u00abPersiste y ver\u00e1s cumplidos tus deseos\u00bb. Hay, por supuesto, m\u00e1s recursos que \u00e9stos. Uno, muy conveniente con las mujeres sensibles, es mostrar a veces, pero no constantemente, cierta vulnerabilidad. En otras palabras, conviene hacerse el sufrido: estoy enfermo, mi familia no me quiere, estoy cansado\u2026 Nada como darle la oportunidad de que nos cuide y proteja. Ausentarse por un breve tiempo no es ning\u00fan desperdicio, mientras se tenga la precauci\u00f3n de no ofender a la amada con nuestras ausencias. Ovidio advert\u00eda que una madre se preocupa m\u00e1s por el hijo que se fue a la guerra, que por el que a\u00fan vive con ella. Viene bien darse a desear: este fin no te puedo ver, me voy un mes a un viaje de estudios, tretas as\u00ed. Dicho todo esto, no hay que olvidar la amabilidad, porque \u00e9sa es la llave de los corazones. Pero, sobre todo, no hay que olvidar el halago. El poeta latino dec\u00eda que no hay mujer, por fea que sea, que no se considere digna de ser amada. En el fondo, ninguna se averg\u00fcenza de su propio aspecto. Lo que m\u00e1s quiere es sentirse deseada. \u00bfC\u00f3mo ven? \u00bfQu\u00e9 hay de la infidelidad? Ovidio no ten\u00eda empacho en aceptarla, siempre y cuando la amada no se enterara. Y si lo hac\u00eda, hab\u00eda que aprovechar la situaci\u00f3n, con la debida prudencia, para incitar en ella los celos, que son la llama del deseo. Ovidio es, sin duda, machista. No obstante, debe decirse en su defensa, que la tercera parte de El arte de amar est\u00e1 dirigida a las\u00a0 mujeres. El poeta les explica c\u00f3mo conquistar a los varones y, la verdad, es que somos presas muy f\u00e1ciles de cazar. En opini\u00f3n de Ovidio, somos medio tontos. \u00a0 UN JUEGO DE DOMINIO Acab\u00e9 la lectura estupefacto. Revis\u00e9 una vez m\u00e1s la portada del libro. En efecto, dec\u00eda El arte de amar. \u00bfOvidio nos ense\u00f1a a amar? La obra, aunque de deliciosa lectura, result\u00f3 ser un manual.\u00a0 El poeta entiende amar como cazar una presa en el bosque. Nos ense\u00f1a a tender tantas trampas tan eficaces, que hasta el animal m\u00e1s imponente cae derrotado. Amar, por la impresi\u00f3n que me dej\u00f3 el libro, parec\u00eda ser un juego de dominio, una lucha de poder. Digamos que mi amigo, el que sigui\u00f3 tan a pecho el libro, era exitoso estad\u00edsticamente. 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