{"id":65501,"date":"2013-05-28T12:44:45","date_gmt":"2013-05-28T18:44:45","guid":{"rendered":"http:\/\/istmo.mx\/?p=65501"},"modified":"2023-11-04T12:58:57","modified_gmt":"2023-11-04T17:58:57","slug":"el-elaborado-arte-de-no-hacer-las-cosas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2013\/05\/28\/el-elaborado-arte-de-no-hacer-las-cosas\/","title":{"rendered":"El elaborado arte de no hacer las cosas"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"65501\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p><\/p><span style=\"color: #3366ff\"><em><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/istmo.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/IS326_Miscelanea_02_original.jpg?ssl=1\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-65547\" style=\"margin: 5px\" title=\"IS326_Miscelanea_02_original\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/istmo.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/IS326_Miscelanea_02_original-300x200.jpg?resize=300%2C200&#038;ssl=1\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"200\" loading=\"lazy\"><\/a>Dejar las tareas para el \u00faltimo minuto puede convertirse en adicci\u00f3n. No es lo mismo retrasar actividades por aparente pereza que por tener el h\u00e1bito de \u00abprocrastinar\u00bb. Quienes se pasan la vida postergando asuntos que deben resolverse con urgencia, no siempre lo hacen por simple pereza, muchas veces se origina en su falta de autoestima.<\/em><\/span><br>\n\u00a0<br>\n\u00bfPor qu\u00e9 la gente no hace lo que tiene que hacer? \u00bfPor qu\u00e9 no hacen lo que <em>saben<\/em> que deben hacer y que <em>pueden<\/em> hacer? \u00bfPor qu\u00e9 una persona con capacidad y conocimientos escoge <em>no hacer<\/em> a\u00fan en detrimento de su propio desarrollo? A lo largo y ancho del mundo, directivos de empresas, profesores universitarios, entrenadores deportivos, padres y madres se hacen las mismas preguntas. M\u00e1s a\u00fan: millones de personas se hacen la pregunta respecto de s\u00ed mismos: \u00bfpor qu\u00e9 <em>yo<\/em> no lo hice a tiempo?<br>\nExisten respuestas de todo tipo, que podr\u00edamos reducir a aquella vieja visi\u00f3n de McGregor sobre las posturas de los directivos ante el trabajo humano, las cuales denomin\u00f3 \u00abteor\u00eda X\u00bb y \u00abteor\u00eda Y\u00bb. La primera presupone que \u00abas\u00ed es la naturaleza humana\u00bb y la segunda, que \u00ables falta motivaci\u00f3n\u00bb. Sin embargo, en la pr\u00e1ctica, nuestros comportamientos son el resultado de pensamientos y sentimientos que se basan en nuestra forma de ver la vida, as\u00ed como en los juicios que realizamos sobre lo que nos sucede y de ah\u00ed que un mismo comportamiento, analizado en dos personas diferentes, pueda tener procesos muy distintos. Podemos dejar de hacer lo que debemos y posponerlo para otro momento, por una infinidad de causas, desde las m\u00e1s l\u00edcitas hasta las m\u00e1s fant\u00e1sticas.<br>\nDescartando los factores de conocimiento y capacidad, es decir, si la persona puede y sabe entonces lo \u00fanico que queda preguntarnos es \u00bfpor qu\u00e9 no quiere? Existen fundamentalmente dos respuestas para ello, las personas no quieren aquello porque no lo consideran valioso para ellas en ese momento, o de manera contraria, porque no se consideran suficientemente valiosas para buscarlo o merecerlo. Esto habla de dos maneras de no hacer las cosas: por pereza y por procrastinaci\u00f3n. Comportamientos similares con or\u00edgenes similares: una baja autoestima, y, sin embargo, radicalmente diferentes en el proceso que les da lugar.<br>\n\u00a0<br>\n<strong>PEREZA: UN DEFECTO INDOLORO<\/strong><br>\nLa pereza, uno de los siete pecados capitales y uno de los vicios de nuestra era. Tiene que ver con la negativa a enfrentar tareas que se perciben como arduas, dif\u00edciles, pesadas.\u00a0 El perezoso huye del esfuerzo, pero no de las entregas o de los plazos. De hecho, cumple. Cumple en tiempo, entrega su reporte, investigaci\u00f3n, prespuesto\u2026 pero su cumplimiento va al m\u00ednimo indispensable. Si le pidieron cinco, entregar\u00e1 cinco, pero ni uno m\u00e1s. Vaya, ni una mil\u00e9sima m\u00e1s.<br>\nLa noci\u00f3n de \u00abpereza\u00bb en los diccionarios refiere a conceptos como negligencia, tedio o descuido en las cosas a que estamos obligados, y se\u00f1ala que la misma procede de la repugnancia ante el esfuerzo que el cumplimiento del deber lleva consigo, y se caracteriza por el miedo y la huida de dicho esfuerzo.<br>\nPara quien vive la pereza, el empe\u00f1o no vale la pena, se ve como desmedido, pues, en el fondo, se asume que el individuo est\u00e1 completo en su forma actual y que dicho esfuerzo no har\u00e1 sino menguar su fuerza o vitalidad interna. De ah\u00ed la evasi\u00f3n. La pereza es, esencialmente, un defecto de la voluntad.<br>\nEs importante aclarar que el perezoso no es necesariamente ocioso. Existen \u00abperezosos activos\u00bb, cuya agenda est\u00e1 siempre llena de actividades, pero cuidadosamente seleccionadas: escogen aquellas que les causan placer o distracci\u00f3n y cuyo esfuerzo no les pesa. Por otro lado, las tareas que les suponen esfuerzo ser\u00e1n despachadas sin energ\u00eda, sin inter\u00e9s, a veces incluso con rapidez para quitarlas del camino.<br>\nQuien vive la pereza no sufre, no experimenta culpa, no padece remordimientos; pues en su mente ha entregado lo que se le ha pedido, en el plazo requerido. Podemos afirmar que en el perezoso hay un dejo de soberbia porque se percibe superior a la tarea y no encuentra ning\u00fan beneficio en desgastarse por conseguirla. El perezoso es feliz. Incompleto y superficial, pero feliz. Ignora en el fondo que la ra\u00edz de su comportamiento est\u00e1 en una baja autoestima.<br>\n\u00a0<br>\n<strong>PROCRASTINACI\u00d3N: ESA MALDITA CONCIENCIA\u2026<\/strong><br>\nProcrastinar, viene del lat\u00edn procrastinare y, seg\u00fan la etimolog\u00eda de la palabra, sus ra\u00edces ser\u00edan pro (hacia) y cras (futuro), as\u00ed pues significar\u00eda \u00abdejar para ma\u00f1ana\u00bb, posponer, postergar, aplazar, diferir, como se\u00f1ala en el ensayo que hace sobre esta palabra Gabriel Zaid en la revista Letras Libres.1<br>\nZaid narra el viaje literario de la palabra latina, que tras muchos a\u00f1os y coqueteos ling\u00fc\u00edsticos, fue incorporada al espa\u00f1ol gracias al extendido uso que tiene en el ingl\u00e9s. Y es que como se\u00f1ala el autor, la Real Academia de la Lengua la describe mal pues le quita su car\u00e1cter de h\u00e1bito: no \u00abprocrastinamos una reuni\u00f3n\u00bb. Una reuni\u00f3n la diferimos, la aplazamos. Procrastinamos como h\u00e1bito recurrente, como actitud de vida. Es semejante a la pereza en tanto que afecta toda nuestra vida, pero difiere radicalmente en su proceso y origen.<br>\nLa procrastinaci\u00f3n consiste en dejar para despu\u00e9s lo que es preciso hacer ahora, a pesar del conocimiento claro que se tiene sobre los beneficios de realizarla y los perjuicios espec\u00edficos para la persona de no hacerlo. Joseph Ferrari, autor del primer texto acad\u00e9mico sobre el fen\u00f3meno se\u00f1ala dos caracter\u00edsticas fundamentales: constituye una pr\u00e1ctica recurrente, un patr\u00f3n de actuaci\u00f3n en el sujeto, y le causa un profundo malestar a quien lo manifiesta.<br>\nA diferencia de la pereza, quien padece la procrastinaci\u00f3n no disfruta, sino por el contrario, sufre su inacci\u00f3n. No entiende cabalmente por qu\u00e9 pareciera que siempre le pasa lo mismo: aplaza lo que deber\u00eda haber hecho, no est\u00e1 contento con sus resultados y experimenta culpa y pesar por lo acontecido, pues suele perder oportunidades profesionales y personales de forma continua debido a ello.<br>\nEl procrastinador pospone el inicio de aquella tarea o proyecto importante, no por pereza o desidia, sino ampar\u00e1ndose en otras muchas peque\u00f1as actividades que tambi\u00e9n deben realizarse, aunque cuya importancia no es equiparable a la primera. Saben que deben terminar el reporte para las cinco de la tarde pero\u2026 \u00abhay que\u00bb contestar los correos electr\u00f3nicos\u2026 y \u00abhay que\u00bb buscar ese archivo que me pidieron para ma\u00f1ana\u2026 y sin darse cuenta han dejado de lado lo importante por lo urgente.<br>\nEs importante resaltar que al procrastinador no le repugna el esfuerzo. Suelen ser individuos de gran capacidad intelectual y personal, incluso con un historial de \u00e9xitos tras de s\u00ed, y con la opini\u00f3n favorable de sus pares sobre sus capacidades. Sin embargo, en determinadas circunstancias, dejan de enfrentar diligentemente las tareas que se esperan de ellos. Aplazan su inicio o la consecuci\u00f3n de sus proyectos para enfrascarse en tareas menores, en diligencias que podr\u00edan esperar, pero que de alguna forma estorban en la mente del procrastinador y deben quitarse de en medio. 2<br>\nAl final, confrontados con los plazos o t\u00e9rminos de sus proyectos, entregan resultados que est\u00e1n por debajo del nivel esperado por ellos mismos y del que la organizaci\u00f3n sabe que podr\u00edan dar, escenario que les provoca una continua sensaci\u00f3n de malestar. No les gusta esta situaci\u00f3n, pero pareciera que tampoco pueden salir de ella. Quien ha padecido la procastinaci\u00f3n conoce el duro juicio sobre s\u00ed mismo por no haber enfrentando la tarea en su momento.<br>\nA diferencia de la pereza, en la procrastinaci\u00f3n hay sufrimiento personal y consciencia de la falla que aparece insuperable y, en todo caso, inexplicable para el propio sujeto. La procrastinaci\u00f3n es una manifestaci\u00f3n del autosabotaje, acaso la m\u00e1s clara y contundente, y tiene su ra\u00edz, parad\u00f3jicamente, en la soberbia y en la baja autoestima, al igual que la pereza.<br>\n\u00a0<br>\n<img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-65551\" style=\"margin: 5px\" title=\"IS326_Miscelanea_02_imagen01\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/istmo.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/IS326_Miscelanea_02_imagen01-300x207.jpg?resize=300%2C207&#038;ssl=1\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"207\" loading=\"lazy\"><br>\n<strong>VOLUNTAD VS AUTOSABOTAJE<\/strong><br>\nLos seres humanos no actuamos de forma gratuita. Nuestros actos tienen sentido, prop\u00f3sito. Buscamos lo que juzgamos bueno para nosotros, sea para satisfacer nuestros apetitos sensibles, intelectuales o trascendentes.3 Para S\u00f3crates resultar\u00eda profundamente parad\u00f3jico el que una persona pueda no buscar algo que es evidentemente bueno para s\u00ed mismo, pero el griego no especul\u00f3 con los dilemas de la percepci\u00f3n y los juicios emocionales.<br>\nLos bienes mayores tienen siempre una naturaleza ardua. Un bien menor, dedicado a satisfacer mis ansias concupiscibles, suele ser f\u00e1cil de obtener: para el cansancio, la siesta; para el paladar, la golosina. En cambio la salud implica sacrificio y esfuerzo: dieta y ejercicio. El saber tambi\u00e9n exige: estudio y pr\u00e1ctica. Los bienes \u00fatiles y los bienes honestos demandan esfuerzo por parte de quien los anhela. El problema suele no estar en la percepci\u00f3n de esta verdad, sino en la aplicaci\u00f3n \u00abpara m\u00ed\u00bb. En la cualificaci\u00f3n del sujeto para dicho objeto. En si \u00abmerezco\u00bb o no el hacerme de dichos bienes.<br>\nEn el perezoso existe la conciencia de que la tarea reviste un esfuerzo del cual se quiere huir, pues no se vislumbra valioso. Hay una desconexi\u00f3n evidente entre el logro inmediato y el de largo plazo; entregar un reporte que supere las expectativas quiz\u00e1 no tenga un beneficio inmediato m\u00e1s all\u00e1 de la palmada en la espalda, sin embargo, contribuye a uno mayor: me crea reputaci\u00f3n. Un esfuerzo al d\u00eda en el deporte no devuelve salud instant\u00e1nea, pero la construye con constancia. El premio siempre es mayor al final.<br>\nPara el perezoso, esta cadena de razonamiento se ha roto despu\u00e9s de la inmediatez. Se considera completo en su contexto presente y no ve valioso esforzarse para mejorar. Esto, que podr\u00eda parecer soberbia, en el fondo esconde una baja autoestima acaso de tipo ontol\u00f3gico: no valoro lo que puedo llegar a ser, porque mi autopercepci\u00f3n excluye todo lo valioso que puedo ser, as\u00ed que no lo hago y me conformo con ser lo que soy. Me veo menos sin darme cuenta de que lo hago.<br>\nPor otro lado, el procrastinador tambi\u00e9n se infravalora, pero de manera distinta, pues su percepci\u00f3n de s\u00ed mismo y lo que le rodea se confunden. Ve su \u00abyo\u00bb como parte de un todo m\u00e1s amplio y le da fuerza y peso al juicio externo, poni\u00e9ndolo al nivel del propio, e incluso anul\u00e1ndolo. La tarea no se juzga en t\u00e9rminos de dificultad o facilidad, sino en la directa relaci\u00f3n de su logro con la propia val\u00eda personal. En efecto, el procrastinador suele creer que su valor est\u00e1 en los resultados de lo que produce \u2013creencia muy extendida en la actualidad, particularmente en el mundo saj\u00f3n. Estimo lo externo y de forma consciente me creo lo suficientemente valioso para perseguirlo y obtenerlo; sin embargo una sutil voz interior me insin\u00faa que quiz\u00e1 yo no merezca hacerme acreedor a \u00e9l\u2026 as\u00ed que la posibilidad de fracaso es temible: se convierte en la confirmaci\u00f3n de que mi juicio sobre mi propia capacidad y perfeccionismo est\u00e1n equivocadas.<br>\nPor ello es mejor no enfrentar sino posponer. Si al final el resultado es inferior a mi capacidad, mi malestar \u2013y mi justificaci\u00f3n\u2013 est\u00e1 en las distracciones que me han impedido lograr lo que hubiera podido; situaci\u00f3n que es mucho menos cr\u00edtica vitalmente que la de confrontar mi concepto de m\u00ed mismo con el real. Me veo menos apreciable porque en el fondo asumo que soy muy valioso, pero requiero del juicio externo para comprobarlo.<br>\nMientras que el perezoso no se ve digno de incrementar su valor personal, el procrastinador teme perder lo que percibe como tal. El primero rechaza el esfuerzo, pues no se ve a s\u00ed mismo como sujeto al final de la acci\u00f3n. El segundo confunde el objeto de su acci\u00f3n con su sujeto. El perezoso cree que su valor est\u00e1 en lo que \u00e9l es ahora. El procrastinador considera que su valor est\u00e1 en el logro inmediato siguiente.<br>\n\u00a0<br>\n<strong>DOS QUE NO CUMPLEN: EL VAGO Y EL PULCRO<\/strong><br>\nEl perezoso suele ser desali\u00f1ado en su arreglo personal. No cuida mucho su entorno porque, de forma curiosa, lo percibe ajeno y por tanto, no ve cualidad alguna en mejorarlo. Tampoco se involucra en debates de tipo social o pol\u00edtico. Nada que no tenga un beneficio inmediato y de ordinario deleitable. No se compromete con los dem\u00e1s, ni consigo mismo, pues, a\u00fan cuando \u00e9l mismo no se d\u00e9 cuenta, su autoconcepto est\u00e1 devaluado.<br>\nCuando la persona asume consciente o inconscientemente que \u00abno merece\u00bb los bienes \u00fatiles u honestos, tenemos lo que suele denominarse baja estimaci\u00f3n de uno mismo, es decir baja autoestima. Al no considerarnos valiosos tampoco pensamos que debamos poseer los bienes. Si la trascendencia nos elude, pues no somos dignos de ella, tampoco podemos generar un compromiso hacia los dem\u00e1s. Consideramos nuestros actos in\u00fatiles y despreciables, por lo que da igual tener la casa perfectamente limpia o mediocremente despejada.<br>\nEl procrastinador, en cambio, suele esmerarse en su imagen y su h\u00e1bitat. Suele hacer compromisos con la gente y, justo por ello, sufre m\u00e1s al fallarles. La procrastinaci\u00f3n se manifiesta sobre todo en personas muy perfeccionistas y que gustan de tener un control particular sobre las actividades que realizan y sobre lo que les rodea. A diferencia del perezoso, identifica su exterioridad con su valor personal, de ah\u00ed que busquen una imagen impecable. Sin darse cuenta desplaz\u00f3 su autoconcepto a los accidentes materiales-temporales que lo rodean.<br>\nA\u00fan cuando son personas convencidas de su gran capacidad personal, tambi\u00e9n son los jueces m\u00e1s duros sobre ellas mismas, minimizan sus logros pasados hasta el punto de que cada nueva tarea se convierte en una apuesta \u00abtodo o nada\u00bb,4 situaci\u00f3n irracional y absurda, incluso para ellos a nivel consciente, pero no en su interior. En el fondo, la necesidad de control es una manifestaci\u00f3n de inseguridad y poner el valor de mi persona en mis logros es tambi\u00e9n s\u00edntoma de baja autoestima.<br>\nEmpezar tareas, proyectos, trabajos y no terminarlos de manera sistem\u00e1tica, es una forma de sabotearnos en nuestra vida. Al adoptar comportamientos compulsivos \u2013rituales\u2013 que me hacen perder el tiempo en lugar de ocuparme de lo que debo hacer, construyo una explicaci\u00f3n plausible en mi mente para justificar mis fallas. Tiene menor costo emocional asumir que fall\u00e9 en el cumplimiento debido a cuestiones externas, que enfrentarme al dolor potencial de realizar la tarea y fracasar en el resultado.<br>\n\u00a0<br>\n<strong>\u00bfPEREZA, PROCRASTINACI\u00d3N O DESIDIA?<\/strong><br>\nLa desidia tiene que ver con posponer las cosas, como ocurre en la procrastinaci\u00f3n. Es tambi\u00e9n un h\u00e1bito, no una inacci\u00f3n en concreto. Sin embargo, a diferencia del procrastinador, su ra\u00edz est\u00e1 en la pereza, porque la evaluaci\u00f3n tiene que ver con el trabajo involucrado en su realizaci\u00f3n. Soy desidioso cuando decido no comenzar mi trabajo en este momento y me distraigo consultando mis redes sociales. Soy desidioso cuando estoy buscando un trabajo, un cr\u00e9dito hipotecario, una ratificaci\u00f3n profesional y, aunque s\u00e9 que es f\u00e1cil lograrla, difiero ese \u00abpeque\u00f1o detalle\u00bb que me falta para otro momento que nunca llega.<br>\nLa desidia se constituye en un puente entre la pereza y la procrastinaci\u00f3n. Pospongo para enfrentarme no ya a tareas menores o urgentes, sino por el placer mismo de evadir la responsabilidad. Si eventualmente, cuando el plazo casi ha vencido, me enfrento a la tarea sin dilaci\u00f3n y la termino, he generado un patr\u00f3n de conducta terrible, pues la presi\u00f3n y el estr\u00e9s provocan la segregaci\u00f3n de adrenalina, misma que me permite disponerme a la acci\u00f3n y las endorfinas liberadas al terminarla, consolidan un h\u00e1bito vicioso: me vuelvo adicto al estr\u00e9s de hacerlo todo en el \u00faltimo instante, a\u00fan cuando me doy cuenta de la presi\u00f3n en la que esto me hace vivir. Dejo de ser perezoso y me convierto en un procrastinador \u00abextremo\u00bb.<br>\n\u00a0<br>\n<strong>\u00bfQU\u00c9 HACER?<\/strong><br>\nComo en todo proceso del comportamiento humano, el primer paso es enfrentar la realidad como es y aprender a ser consciente de m\u00ed mismo y de mis actos. Pero como tambi\u00e9n suele ocurrir con estos an\u00e1lisis de lo humano, no basta con entenderlo intelectualmente. Hace falta comprenderlo en sus or\u00edgenes y hacerme consciente de los procesos que me llevan a \u00e9l para evitarlo.<br>\nLa regla de oro es cambiar la forma en que estamos percibimos la realidad para ayudarnos a transformar nuestra manera de actuar. Por ejemplo, una persona perezosa puede entender que vale la pena hacer ejercicio, pero mientras se sienta relativamente sana, no percibir\u00e1 raz\u00f3n para cambiar. Una forma ordinaria de hacerle ver los beneficios del deporte es la acci\u00f3n misma. Para un joven que padece pereza, un r\u00e9gimen de ejercicio diario, impuesto al principio, se convierte en una actividad placentera que \u00e9l mismo buscar\u00e1 m\u00e1s tarde.<br>\nEs la comprobaci\u00f3n del conocido aforismo: \u00abhacer te hace\u00bb. Con un adulto no siempre tenemos el recurso de la imposici\u00f3n, pero vale la pena marcar l\u00edmites claros y ayudar a la persona a comprender que eso valioso, al final de la acci\u00f3n, s\u00ed puede terminar por constituirlo. S\u00ed es posible mejorar como consecuencia de mis actos y s\u00ed merezco hacerme de esos bienes.<br>\nCon el procrastinador o desidioso el tema es m\u00e1s complejo porque, adem\u00e1s de una percepci\u00f3n err\u00f3nea, enfrenta un patr\u00f3n de conducta. Un viejo axioma en psicolog\u00eda es que toda conducta tiende a perpetuarse, mientras los beneficios (reales o imaginarios) que considera resultado de la misma se mantengan.<br>\nA un procrastinador que evita el riesgo de falla posponiendo sus acciones, es necesario ayudarle a valorarse per se, poniendo sus logros y el juicio externo en su justo lugar, pero procurando sacarlos de la definici\u00f3n personal. Para quien padece la procrastinaci\u00f3n es importante aprender a tomar conciencia de su propia val\u00eda y dejar las conductas obsesivas, sea en la b\u00fasqueda de perfecci\u00f3n o en el control sobre lo que acontece a su alrededor.<br>\nAl procrastinador extremo o desidioso hace falta enfrentarlo al fracaso para romper el ciclo de adicci\u00f3n a la adrenalina que siempre lo salva \u00aben el \u00faltimo minuto\u00bb.5<br>\n\u00a0<br>\nTomar conciencia de la medida en que pereza, procrastinaci\u00f3n o desidia entran en mi vida y poner una estrategia pr\u00e1ctica para cada una de las tres es saber jugar en contra de mi propia naturaleza. El primer paso es entender que soy valioso por mi dignidad como humano y que eso no excluye la posibilidad de aspirar a mejorar y conseguir bienes \u00fatiles y honestos.\u00a0 Pero, por encima de todo, no generar falsas percepciones sobre mi actuar y convencerme de que \u00absoy mejor bajo presi\u00f3n\u00bb o \u00abno he podido hacer nada por hacer estas otras cosas\u00bb, que en el fondo son maneras de evadir su acci\u00f3n y me vuelven adicto a patrones de conducta destructivos. Enfrentar las tareas y fracasar no es parte de mi definici\u00f3n sino la medida en la que soy capaz de conseguir esos bienes \u00fatiles y honestos. S\u00f3lo quien intenta, fracasa. Y muchas veces, s\u00f3lo fracasando varias ocasiones, triunfamos.<br>\n<strong>Notas finales<\/strong><br>\n\u00a0<br>\n1\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Zaid, Gabriel (2010). \u00abProcrastinar\u00bb. Letras Libres. M\u00e9xico, No. 144. Diciembre 2010.<br>\n2\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Ferrari, Joseph R., et al. (1995). \u00abProcrastination and task avoidance : theory, research, and treatment\u00bb \/ [edited by] Joseph R. Ferrari, Judith L. Johnson, William G. McCown and associates, New York : Plenum Press, c1995. p. 10<br>\n3\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Pieper, Josef (2007). \u00abLas virtudes fundamentales\u00bb \/ Josef Pieper. Madrid, Rialp, 9a ed. p.<br>\n4\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Mallinger, Allan (2009). \u00abThe Myth of Perfection: Perfectionism in the Obsessive Personality\u00bb. American Journal of Psychotherapy 63(2): p. 109<br>\n5\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 De acuerdo con la \u00abLey de Murphy\u00bb, de no ser por ese \u00ab\u00faltimo minuto\u00bb, absolutamente nada se habr\u00eda logrado en la historia del mundo.<br>\n\u00a0<br>\n____________________<br>\n* Este art\u00edculo se public\u00f3 primero en la revista Nuevas Tendencias. No. 88. Dic. 2012 del Instituto Empresa y Humanismo. Universidad de Navarra.<br>\n\u00a0\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"65501\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Leer despu\u00e9s 0Dejar las tareas para el \u00faltimo minuto puede convertirse en adicci\u00f3n. No es lo mismo retrasar actividades por aparente pereza que por tener el h\u00e1bito de \u00abprocrastinar\u00bb. Quienes se pasan la vida postergando asuntos que deben resolverse con urgencia, no siempre lo hacen por simple pereza, muchas veces se origina en su falta de autoestima. \u00a0 \u00bfPor qu\u00e9 la gente no hace lo que tiene que hacer? \u00bfPor qu\u00e9 no hacen lo que saben que deben hacer y que pueden hacer? \u00bfPor qu\u00e9 una persona con capacidad y conocimientos escoge no hacer a\u00fan en detrimento de su propio desarrollo? A lo largo y ancho del mundo, directivos de empresas, profesores universitarios, entrenadores deportivos, padres y madres se hacen las mismas preguntas. M\u00e1s a\u00fan: millones de personas se hacen la pregunta respecto de s\u00ed mismos: \u00bfpor qu\u00e9 yo no lo hice a tiempo? Existen respuestas de todo tipo, que podr\u00edamos reducir a aquella vieja visi\u00f3n de McGregor sobre las posturas de los directivos ante el trabajo humano, las cuales denomin\u00f3 \u00abteor\u00eda X\u00bb y \u00abteor\u00eda Y\u00bb. La primera presupone que \u00abas\u00ed es la naturaleza humana\u00bb y la segunda, que \u00ables falta motivaci\u00f3n\u00bb. Sin embargo, en la pr\u00e1ctica, nuestros comportamientos son el resultado de pensamientos y sentimientos que se basan en nuestra forma de ver la vida, as\u00ed como en los juicios que realizamos sobre lo que nos sucede y de ah\u00ed que un mismo comportamiento, analizado en dos personas diferentes, pueda tener procesos muy distintos. Podemos dejar de hacer lo que debemos y posponerlo para otro momento, por una infinidad de causas, desde las m\u00e1s l\u00edcitas hasta las m\u00e1s fant\u00e1sticas. Descartando los factores de conocimiento y capacidad, es decir, si la persona puede y sabe entonces lo \u00fanico que queda preguntarnos es \u00bfpor qu\u00e9 no quiere? Existen fundamentalmente dos respuestas para ello, las personas no quieren aquello porque no lo consideran valioso para ellas en ese momento, o de manera contraria, porque no se consideran suficientemente valiosas para buscarlo o merecerlo. Esto habla de dos maneras de no hacer las cosas: por pereza y por procrastinaci\u00f3n. Comportamientos similares con or\u00edgenes similares: una baja autoestima, y, sin embargo, radicalmente diferentes en el proceso que les da lugar. \u00a0 PEREZA: UN DEFECTO INDOLORO La pereza, uno de los siete pecados capitales y uno de los vicios de nuestra era. Tiene que ver con la negativa a enfrentar tareas que se perciben como arduas, dif\u00edciles, pesadas.\u00a0 El perezoso huye del esfuerzo, pero no de las entregas o de los plazos. De hecho, cumple. Cumple en tiempo, entrega su reporte, investigaci\u00f3n, prespuesto\u2026 pero su cumplimiento va al m\u00ednimo indispensable. Si le pidieron cinco, entregar\u00e1 cinco, pero ni uno m\u00e1s. Vaya, ni una mil\u00e9sima m\u00e1s. La noci\u00f3n de \u00abpereza\u00bb en los diccionarios refiere a conceptos como negligencia, tedio o descuido en las cosas a que estamos obligados, y se\u00f1ala que la misma procede de la repugnancia ante el esfuerzo que el cumplimiento del deber lleva consigo, y se caracteriza por el miedo y la huida de dicho esfuerzo. Para quien vive la pereza, el empe\u00f1o no vale la pena, se ve como desmedido, pues, en el fondo, se asume que el individuo est\u00e1 completo en su forma actual y que dicho esfuerzo no har\u00e1 sino menguar su fuerza o vitalidad interna. De ah\u00ed la evasi\u00f3n. La pereza es, esencialmente, un defecto de la voluntad. Es importante aclarar que el perezoso no es necesariamente ocioso. Existen \u00abperezosos activos\u00bb, cuya agenda est\u00e1 siempre llena de actividades, pero cuidadosamente seleccionadas: escogen aquellas que les causan placer o distracci\u00f3n y cuyo esfuerzo no les pesa. Por otro lado, las tareas que les suponen esfuerzo ser\u00e1n despachadas sin energ\u00eda, sin inter\u00e9s, a veces incluso con rapidez para quitarlas del camino. Quien vive la pereza no sufre, no experimenta culpa, no padece remordimientos; pues en su mente ha entregado lo que se le ha pedido, en el plazo requerido. Podemos afirmar que en el perezoso hay un dejo de soberbia porque se percibe superior a la tarea y no encuentra ning\u00fan beneficio en desgastarse por conseguirla. El perezoso es feliz. Incompleto y superficial, pero feliz. Ignora en el fondo que la ra\u00edz de su comportamiento est\u00e1 en una baja autoestima. \u00a0 PROCRASTINACI\u00d3N: ESA MALDITA CONCIENCIA\u2026 Procrastinar, viene del lat\u00edn procrastinare y, seg\u00fan la etimolog\u00eda de la palabra, sus ra\u00edces ser\u00edan pro (hacia) y cras (futuro), as\u00ed pues significar\u00eda \u00abdejar para ma\u00f1ana\u00bb, posponer, postergar, aplazar, diferir, como se\u00f1ala en el ensayo que hace sobre esta palabra Gabriel Zaid en la revista Letras Libres.1 Zaid narra el viaje literario de la palabra latina, que tras muchos a\u00f1os y coqueteos ling\u00fc\u00edsticos, fue incorporada al espa\u00f1ol gracias al extendido uso que tiene en el ingl\u00e9s. Y es que como se\u00f1ala el autor, la Real Academia de la Lengua la describe mal pues le quita su car\u00e1cter de h\u00e1bito: no \u00abprocrastinamos una reuni\u00f3n\u00bb. Una reuni\u00f3n la diferimos, la aplazamos. Procrastinamos como h\u00e1bito recurrente, como actitud de vida. Es semejante a la pereza en tanto que afecta toda nuestra vida, pero difiere radicalmente en su proceso y origen. La procrastinaci\u00f3n consiste en dejar para despu\u00e9s lo que es preciso hacer ahora, a pesar del conocimiento claro que se tiene sobre los beneficios de realizarla y los perjuicios espec\u00edficos para la persona de no hacerlo. Joseph Ferrari, autor del primer texto acad\u00e9mico sobre el fen\u00f3meno se\u00f1ala dos caracter\u00edsticas fundamentales: constituye una pr\u00e1ctica recurrente, un patr\u00f3n de actuaci\u00f3n en el sujeto, y le causa un profundo malestar a quien lo manifiesta. A diferencia de la pereza, quien padece la procrastinaci\u00f3n no disfruta, sino por el contrario, sufre su inacci\u00f3n. No entiende cabalmente por qu\u00e9 pareciera que siempre le pasa lo mismo: aplaza lo que deber\u00eda haber hecho, no est\u00e1 contento con sus resultados y experimenta culpa y pesar por lo acontecido, pues suele perder oportunidades profesionales y personales de forma continua debido a ello. El procrastinador pospone el inicio de aquella tarea o proyecto importante, no por pereza o desidia, sino ampar\u00e1ndose en otras muchas peque\u00f1as actividades que<\/p>\n","protected":false},"author":62,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"om_disable_all_campaigns":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[2],"tags":[212,109,110,198,213,214,215,216,111],"class_list":["post-65501","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-miscelanea","tag-desidia","tag-empresa","tag-istmo","tag-liderazgo","tag-pereza","tag-porstergar","tag-procrastinacion","tag-procrastinar","tag-valores"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO Premium plugin v21.2 (Yoast SEO v27.6) - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-premium-wordpress\/ -->\n<title>El elaborado arte de no hacer las cosas - Revista ISTMO<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2013\/05\/28\/el-elaborado-arte-de-no-hacer-las-cosas\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_MX\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"El elaborado arte de no hacer las cosas\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Leer despu\u00e9s 0Dejar las tareas para el \u00faltimo minuto puede convertirse en adicci\u00f3n. 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Existen \u00abperezosos activos\u00bb, cuya agenda est\u00e1 siempre llena de actividades, pero cuidadosamente seleccionadas: escogen aquellas que les causan placer o distracci\u00f3n y cuyo esfuerzo no les pesa. Por otro lado, las tareas que les suponen esfuerzo ser\u00e1n despachadas sin energ\u00eda, sin inter\u00e9s, a veces incluso con rapidez para quitarlas del camino. Quien vive la pereza no sufre, no experimenta culpa, no padece remordimientos; pues en su mente ha entregado lo que se le ha pedido, en el plazo requerido. Podemos afirmar que en el perezoso hay un dejo de soberbia porque se percibe superior a la tarea y no encuentra ning\u00fan beneficio en desgastarse por conseguirla. El perezoso es feliz. Incompleto y superficial, pero feliz. Ignora en el fondo que la ra\u00edz de su comportamiento est\u00e1 en una baja autoestima. \u00a0 PROCRASTINACI\u00d3N: ESA MALDITA CONCIENCIA\u2026 Procrastinar, viene del lat\u00edn procrastinare y, seg\u00fan la etimolog\u00eda de la palabra, sus ra\u00edces ser\u00edan pro (hacia) y cras (futuro), as\u00ed pues significar\u00eda \u00abdejar para ma\u00f1ana\u00bb, posponer, postergar, aplazar, diferir, como se\u00f1ala en el ensayo que hace sobre esta palabra Gabriel Zaid en la revista Letras Libres.1 Zaid narra el viaje literario de la palabra latina, que tras muchos a\u00f1os y coqueteos ling\u00fc\u00edsticos, fue incorporada al espa\u00f1ol gracias al extendido uso que tiene en el ingl\u00e9s. Y es que como se\u00f1ala el autor, la Real Academia de la Lengua la describe mal pues le quita su car\u00e1cter de h\u00e1bito: no \u00abprocrastinamos una reuni\u00f3n\u00bb. Una reuni\u00f3n la diferimos, la aplazamos. Procrastinamos como h\u00e1bito recurrente, como actitud de vida. Es semejante a la pereza en tanto que afecta toda nuestra vida, pero difiere radicalmente en su proceso y origen. La procrastinaci\u00f3n consiste en dejar para despu\u00e9s lo que es preciso hacer ahora, a pesar del conocimiento claro que se tiene sobre los beneficios de realizarla y los perjuicios espec\u00edficos para la persona de no hacerlo. Joseph Ferrari, autor del primer texto acad\u00e9mico sobre el fen\u00f3meno se\u00f1ala dos caracter\u00edsticas fundamentales: constituye una pr\u00e1ctica recurrente, un patr\u00f3n de actuaci\u00f3n en el sujeto, y le causa un profundo malestar a quien lo manifiesta. A diferencia de la pereza, quien padece la procrastinaci\u00f3n no disfruta, sino por el contrario, sufre su inacci\u00f3n. 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No es lo mismo retrasar actividades por aparente pereza que por tener el h\u00e1bito de \u00abprocrastinar\u00bb. Quienes se pasan la vida postergando asuntos que deben resolverse con urgencia, no siempre lo hacen por simple pereza, muchas veces se origina en su falta de autoestima. \u00a0 \u00bfPor qu\u00e9 la gente no hace lo que tiene que hacer? \u00bfPor qu\u00e9 no hacen lo que saben que deben hacer y que pueden hacer? \u00bfPor qu\u00e9 una persona con capacidad y conocimientos escoge no hacer a\u00fan en detrimento de su propio desarrollo? A lo largo y ancho del mundo, directivos de empresas, profesores universitarios, entrenadores deportivos, padres y madres se hacen las mismas preguntas. M\u00e1s a\u00fan: millones de personas se hacen la pregunta respecto de s\u00ed mismos: \u00bfpor qu\u00e9 yo no lo hice a tiempo? Existen respuestas de todo tipo, que podr\u00edamos reducir a aquella vieja visi\u00f3n de McGregor sobre las posturas de los directivos ante el trabajo humano, las cuales denomin\u00f3 \u00abteor\u00eda X\u00bb y \u00abteor\u00eda Y\u00bb. La primera presupone que \u00abas\u00ed es la naturaleza humana\u00bb y la segunda, que \u00ables falta motivaci\u00f3n\u00bb. Sin embargo, en la pr\u00e1ctica, nuestros comportamientos son el resultado de pensamientos y sentimientos que se basan en nuestra forma de ver la vida, as\u00ed como en los juicios que realizamos sobre lo que nos sucede y de ah\u00ed que un mismo comportamiento, analizado en dos personas diferentes, pueda tener procesos muy distintos. Podemos dejar de hacer lo que debemos y posponerlo para otro momento, por una infinidad de causas, desde las m\u00e1s l\u00edcitas hasta las m\u00e1s fant\u00e1sticas. Descartando los factores de conocimiento y capacidad, es decir, si la persona puede y sabe entonces lo \u00fanico que queda preguntarnos es \u00bfpor qu\u00e9 no quiere? Existen fundamentalmente dos respuestas para ello, las personas no quieren aquello porque no lo consideran valioso para ellas en ese momento, o de manera contraria, porque no se consideran suficientemente valiosas para buscarlo o merecerlo. Esto habla de dos maneras de no hacer las cosas: por pereza y por procrastinaci\u00f3n. Comportamientos similares con or\u00edgenes similares: una baja autoestima, y, sin embargo, radicalmente diferentes en el proceso que les da lugar. \u00a0 PEREZA: UN DEFECTO INDOLORO La pereza, uno de los siete pecados capitales y uno de los vicios de nuestra era. Tiene que ver con la negativa a enfrentar tareas que se perciben como arduas, dif\u00edciles, pesadas.\u00a0 El perezoso huye del esfuerzo, pero no de las entregas o de los plazos. De hecho, cumple. Cumple en tiempo, entrega su reporte, investigaci\u00f3n, prespuesto\u2026 pero su cumplimiento va al m\u00ednimo indispensable. Si le pidieron cinco, entregar\u00e1 cinco, pero ni uno m\u00e1s. Vaya, ni una mil\u00e9sima m\u00e1s. La noci\u00f3n de \u00abpereza\u00bb en los diccionarios refiere a conceptos como negligencia, tedio o descuido en las cosas a que estamos obligados, y se\u00f1ala que la misma procede de la repugnancia ante el esfuerzo que el cumplimiento del deber lleva consigo, y se caracteriza por el miedo y la huida de dicho esfuerzo. Para quien vive la pereza, el empe\u00f1o no vale la pena, se ve como desmedido, pues, en el fondo, se asume que el individuo est\u00e1 completo en su forma actual y que dicho esfuerzo no har\u00e1 sino menguar su fuerza o vitalidad interna. De ah\u00ed la evasi\u00f3n. La pereza es, esencialmente, un defecto de la voluntad. Es importante aclarar que el perezoso no es necesariamente ocioso. Existen \u00abperezosos activos\u00bb, cuya agenda est\u00e1 siempre llena de actividades, pero cuidadosamente seleccionadas: escogen aquellas que les causan placer o distracci\u00f3n y cuyo esfuerzo no les pesa. Por otro lado, las tareas que les suponen esfuerzo ser\u00e1n despachadas sin energ\u00eda, sin inter\u00e9s, a veces incluso con rapidez para quitarlas del camino. Quien vive la pereza no sufre, no experimenta culpa, no padece remordimientos; pues en su mente ha entregado lo que se le ha pedido, en el plazo requerido. Podemos afirmar que en el perezoso hay un dejo de soberbia porque se percibe superior a la tarea y no encuentra ning\u00fan beneficio en desgastarse por conseguirla. El perezoso es feliz. Incompleto y superficial, pero feliz. Ignora en el fondo que la ra\u00edz de su comportamiento est\u00e1 en una baja autoestima. \u00a0 PROCRASTINACI\u00d3N: ESA MALDITA CONCIENCIA\u2026 Procrastinar, viene del lat\u00edn procrastinare y, seg\u00fan la etimolog\u00eda de la palabra, sus ra\u00edces ser\u00edan pro (hacia) y cras (futuro), as\u00ed pues significar\u00eda \u00abdejar para ma\u00f1ana\u00bb, posponer, postergar, aplazar, diferir, como se\u00f1ala en el ensayo que hace sobre esta palabra Gabriel Zaid en la revista Letras Libres.1 Zaid narra el viaje literario de la palabra latina, que tras muchos a\u00f1os y coqueteos ling\u00fc\u00edsticos, fue incorporada al espa\u00f1ol gracias al extendido uso que tiene en el ingl\u00e9s. Y es que como se\u00f1ala el autor, la Real Academia de la Lengua la describe mal pues le quita su car\u00e1cter de h\u00e1bito: no \u00abprocrastinamos una reuni\u00f3n\u00bb. Una reuni\u00f3n la diferimos, la aplazamos. Procrastinamos como h\u00e1bito recurrente, como actitud de vida. Es semejante a la pereza en tanto que afecta toda nuestra vida, pero difiere radicalmente en su proceso y origen. La procrastinaci\u00f3n consiste en dejar para despu\u00e9s lo que es preciso hacer ahora, a pesar del conocimiento claro que se tiene sobre los beneficios de realizarla y los perjuicios espec\u00edficos para la persona de no hacerlo. Joseph Ferrari, autor del primer texto acad\u00e9mico sobre el fen\u00f3meno se\u00f1ala dos caracter\u00edsticas fundamentales: constituye una pr\u00e1ctica recurrente, un patr\u00f3n de actuaci\u00f3n en el sujeto, y le causa un profundo malestar a quien lo manifiesta. A diferencia de la pereza, quien padece la procrastinaci\u00f3n no disfruta, sino por el contrario, sufre su inacci\u00f3n. No entiende cabalmente por qu\u00e9 pareciera que siempre le pasa lo mismo: aplaza lo que deber\u00eda haber hecho, no est\u00e1 contento con sus resultados y experimenta culpa y pesar por lo acontecido, pues suele perder oportunidades profesionales y personales de forma continua debido a ello. 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