{"id":64957,"date":"2013-02-19T14:01:58","date_gmt":"2013-02-19T20:01:58","guid":{"rendered":"http:\/\/istmo.mx\/?p=64957"},"modified":"2013-02-19T14:01:58","modified_gmt":"2013-02-19T20:01:58","slug":"como-distinguir-la-buena-vida-de-la-vida-buena","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2013\/02\/19\/como-distinguir-la-buena-vida-de-la-vida-buena\/","title":{"rendered":"C\u00f3mo distinguir la buena vida de la vida buena"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"64957\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p><\/p><span style=\"color: #3366ff;\"><em><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/istmo.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/02\/IS324_coloquio_02_original.jpg?ssl=1\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-65014\" style=\"margin: 5px;\" title=\"IS324_coloquio_02_original\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/istmo.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/02\/IS324_coloquio_02_original-300x225.jpg?resize=300%2C225&#038;ssl=1\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"225\" loading=\"lazy\"><\/a>Resulta que la felicidad es cuesti\u00f3n de crecer en estatura personal, de ser due\u00f1o de uno mismo y de sus actos; el autocontrol y la libertad interna ejercen una capacidad humanizadora. Adem\u00e1s, la felicidad es expansiva, cuanto m\u00e1s se comparte, m\u00e1s se dilata.<\/em><\/span><br>\n\u00a0<br>\nLa buena vida como la vida buena remite, aunque de forma diversa, a la felicidad que es su referente. Pero el modo en que una y otra formas de vida remiten a la felicidad es muy distinto. De aqu\u00ed la conveniencia de distinguirlas, de modo que se acierte en la elecci\u00f3n por la que opte.<br>\nSe entiende aqu\u00ed por \u00abbuena vida\u00bb una cierta satisfacci\u00f3n placentera proporcionada por el bienestar; la posesi\u00f3n de bienes materiales y la seguridad que \u00e9stos proporcionan; la ausencia de dolor, preocupaciones y sufrimientos; la abolici\u00f3n de cualquier riesgo en el horizonte vital; y, en general, el hecho de que los sentidos, apetitos y tendencias se encuentren saciados.<br>\nLas personas que anhelan la buena vida se refieren a ella con t\u00e9rminos muy variados y un tanto vagos, como \u00abpasarlo bien\u00bb, \u00abestar entretenidos\u00bb, \u00abno tener ninguna necesidad insatisfecha\u00bb. Es decir, la persona que opta por la buena vida se conforma con lo transitoriamente placentero y las sensaciones y sentimientos que de ello puedan derivarse.<br>\nSin embargo, la \u00abbuena vida\u00bb tiene una duraci\u00f3n muy limitada, sea porque tras la satisfacci\u00f3n de un deseo, surge de inmediato otro nuevo que busca ser saciado (inquietud), o porque la satisfacci\u00f3n del deseo genera una cierta hartura (saciaci\u00f3n).<br>\nDe hecho, tenemos experiencia personal de que los deseos que surgen en el ser humano son ilimitados, mientras que los deseos satisfechos se pueden contar con los dedos de la mano y tal vez nos sobre alguno. En cualquier caso, optar por lo placentero de la buena vida es conformarse con las meras experiencias placenteras a nivel sensorial (hedonismo), algo que resulta insuficiente para la persona por cuanto su apertura al conocimiento y al querer permanece desatendida y, por tanto, frustrada.<br>\n\u00a0<br>\n<strong>ENTENDER Y ENTENDERSE A S\u00cd MISMO<\/strong><br>\nLa persona no se limita a sus sensaciones y sentimientos, quiere entender (y entenderse a s\u00ed misma), quiere querer y ser querida (y que ese amor no pueda extinguirse o llegue a desaparecer). Esto forma parte de la constituci\u00f3n originaria de su ser. Acaso por esto, para que la persona sea plenamente dichosa no es suficiente con darse una buena vida. Surge entonces la posibilidad de buscar la \u00abvida buena\u00bb, aquella en la que se puede dar alcance a esas irrenunciables aspiraciones.<br>\nLa \u00abvida buena\u00bb es la que no aspira al placer sino a la felicidad, la que no aspira al bienestar de apenas unos instantes sino a la felicidad que no tiene fin (eternidad), la que no aspira a lo que es contingente y lleva aparejado el temor a perderlo sino lo que no puede desaparecer (plenitud). La \u00abvida buena\u00bb no est\u00e1 en el tener sino en el ser, se identifica as\u00ed con la felicidad, el fin al que tienden las personas, y acaso por eso todas lo buscan.<br>\nEn realidad, la \u00abvida buena\u00bb es como el ca\u00f1amazo sobre el que se teje la propia vida. La persona que opta por ella est\u00e1 siempre como anhelante y en camino (homo viator), porque sabe que la felicidad que persigue no es algo que se posea de una vez por todas y para siempre, mientras deambulamos en el camino de la vida.<br>\nLa vida buena es consecuencia de buscar la felicidad. El hecho de que la conquista de la felicidad suponga un cierto esfuerzo, en nada obsta para que la felicidad buscada se refleje ya en la traves\u00eda de la vida. La felicidad es la principal motivaci\u00f3n humana. La felicidad es lo que en verdad pone en marcha (motiva) el comportamiento humano hacia esa b\u00fasqueda. Una b\u00fasqueda m\u00e1s all\u00e1 de todas las expectativas de la buena vida y por eso la vida buena abre el ser humano a la esperanza, a lo que la persona espera llegar a ser.<br>\nLa felicidad es siempre un asunto que se sit\u00faa en el \u00abdespu\u00e9s\u00bb, en el \u00abtodav\u00eda-no\u00bb de la vida presente. Cuando se confunde la felicidad con el placer (la vida buena con la buena vida), se rebaja el horizonte de la plenitud anhelada, y la persona finge una abaratada satisfacci\u00f3n vinculada a factores extr\u00ednsecos que quiz\u00e1s tenga pero que no son \u2013ni pueden ser\u2013 constitutivos de la plenitud de su ser felicitario.<br>\nSin esperanza no es posible el acceso a la felicidad. Pero la esperanza se afirma en la fe, en el tozudo asentimiento a la realidad personal y transpersonal en que se espera. La fe en un Dios personal es el asidero en el que se asienta la vida buena, porque sin ese amor correspondido no ser\u00eda posible ni tendr\u00eda sentido hacer tan largo camino.<br>\nPero ese amor no s\u00f3lo es singular sino adem\u00e1s incondicionado, permanente, consistente, estable y fiel. Dios no se deja ganar en generosidad; \u00a1Dios es el mejor pagador! La persona es feliz porque con la vida buena que ha hecho de su vivir se \u00abha ganado\u00bb \u2013en cierto modo \u00abha robado\u00bb\u2013 el amor inconmensurable, infinito, eterno, absoluto e irrepetible de Dios. Pero al mismo tiempo, se amar\u00e1 a s\u00ed misma como jam\u00e1s se ha amado, sin errores que hacen sufrir y sin oscuridades tenebrosas y dubitativas, por la simple raz\u00f3n de que se amar\u00e1 en Dios, siguiendo la hechura de c\u00f3mo Dios le ama. El amor en que consiste la felicidad humana no es pasivo sino activo (de la persona al Creador), y adem\u00e1s pleno, es decir, la persona querr\u00e1 a Dios como Dios desea ser querido por ella.<br>\nNo puede entenderse la felicidad sin amor personal. Pero el amor en que consiste la felicidad humana, el amor que se alcanza mediante una vida buena es expansivo, comunicable y compartible con el resto de las personas. La plenitud de la felicidad reside tambi\u00e9n, aunque a otro nivel, en querer a cada persona en Dios y a Dios en cada persona. Se trata de querer a cada persona (por analog\u00eda y participaci\u00f3n) tal y como Dios la quiere, seg\u00fan el modo en que Dios la quiere.<br>\n\u00a0<br>\n<strong><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/istmo.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/02\/IS324_coloquio_02_imagen01.jpg?ssl=1\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-65011\" style=\"margin: 5px;\" title=\"IS324_coloquio_02_imagen01\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/istmo.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/02\/IS324_coloquio_02_imagen01-248x300.jpg?resize=248%2C300&#038;ssl=1\" alt=\"\" width=\"248\" height=\"300\" loading=\"lazy\"><\/a><\/strong><br>\n<strong>SER CAPAZDE SER FELIZ<\/strong><br>\nPara entender mejor las diferencias existentes entre la buena vida y la vida buena es preciso considerar otros t\u00e9rminos a los que aquellas hacen referencia: el bien, la virtud y el valor. El lenguaje es algo vivo y su uso parcialmente condicionado por las modas. El hecho de que hoy se hable tanto de motivaci\u00f3n y valores, y se omita el concepto de bien y virtudes es, desde esta perspectiva, muy significativo. Tambi\u00e9n se habla mucho del inter\u00e9s general mientras se silencia o se omite el concepto de bien com\u00fan.<br>\nEl bien ha sido sustituido por los valores mientras, al comp\u00e1s de esas transformaciones, se extraviaba el concepto de virtud. M\u00e1s tarde, por v\u00eda del psicologismo, el valor devino en motivaci\u00f3n, un concepto este \u00faltimo a mitad de camino entre el behaviorismo y las neurociencias, entre la conducta y la activaci\u00f3n cerebral que pone en marcha a aquella.<br>\nComencemos por el concepto de bien. As\u00ed como lo propio del entendimiento es la verdad, lo propio de la voluntad es el bien. Lo que quiere la persona es el bien, es decir, la felicidad. Si no existiera el bien no ser\u00eda posible la \u00e9tica. El bien es la condici\u00f3n de posibilidad de la \u00e9tica. De una u otra forma, la felicidad remite siempre al bien. Por eso, habr\u00eda que educar no tanto en los valores como en el bien.<br>\nPero el bien hay que conocerlo. La ignorancia del bien impide y frustra su b\u00fasqueda. Quien no sabe lo que es bueno, no podr\u00e1 saber qu\u00e9 hombre es o no bueno y, en consecuencia, no podr\u00e1 confiar en \u00e9l, ni imitar su conducta ni elegir los actos que conducen al bien. Es decir, no sabr\u00e1 conducirse a s\u00ed mismo por no distinguir entre lo que es bueno o malo.<br>\n\u00abCon todo, escribe Polo, el bien puede ser espl\u00e9ndido, sumamente atrayente, pero si se trata de un sistema libre \u2013como es el hombre\u2013 siempre queda la posibilidad de que el sistema libre diga: \u2018lo quiero, pero no completamente\u2019; el bien es amable, pero una cosa es que sea amable, y otra que sea necesariamente amado; por tanto, el mismo sistema libre ha de tener la garant\u00eda de que su adhesi\u00f3n a \u00e9l sea lo suficientemente firme: porque si no, no puede ser feliz, no por culpa del bien sino por arte suya, es decir, que no basta con que exista lo que al hombre le pueda hacer feliz, hace falta tambi\u00e9n que el hombre sea capaz de ser feliz y son dos consideraciones coherentes: una no basta, no es suficiente. Es preciso que el sistema libre sea capaz de alcanzar sin oscilaciones su estado de equilibrio supremo\u00bb.1<br>\nEn este mismo sentido, Macyntyre afirma que \u00abestar educado de forma adecuada desde el punto de vista pr\u00e1ctico, es haber aprendido a disfrutar haciendo y juzgando correctamente respecto de los bienes y habiendo aprendido a sufrir por defecto y error al respecto\u00bb.2<br>\n\u00a0<br>\n<strong><br>\nCONOCER Y EJERCITAR EL BIEN<\/strong><br>\nLa educaci\u00f3n, como tarea formadora y perfectiva de la persona, se dirige a dos facultades: la inteligencia y la voluntad. La primera se atiende con la transmisi\u00f3n de conocimientos y de cultura; la segunda, con la formaci\u00f3n moral, con la aret\u00e9 aristot\u00e9lica (la virtud moral). Ambas son complementarias e indispensables y deben estar arm\u00f3nicamente entrelazadas.<br>\nLa virtud no consiste, seg\u00fan Arist\u00f3teles, en el mero conocimiento del bien, sino en su ejercitaci\u00f3n, en el ejercicio del bien. De hecho, la evidencia nos ense\u00f1a que el hombre puede conocer muy bien la virtud y obrar en contra de ella. La virtud es una disposici\u00f3n estable hacia el bien, un h\u00e1bito que perfecciona al hombre para obrar el bien.<br>\nLa educaci\u00f3n en las virtudes se encamina a hacer al hombre bueno. El hombre bueno (spoudaios) es el que hace bien la misma realizaci\u00f3n de su entera naturaleza. Pero enti\u00e9ndase que no es que, primero, el hombre sea bueno y por eso se haga virtuoso, sino que realizando actos virtuosos es como el hombre llega a ser bueno. La virtud hace bueno a su poseedor y buena a su obra.3<br>\nO, m\u00e1s sencillamente, el bien se hace, y al hacerlo, el hombre se hace bueno. Por consiguiente, \u00ablas virtudes \u2013afirma Arist\u00f3teles\u2013 no se producen ni por naturaleza, ni contra la naturaleza, sino por tener el hombre aptitud natural para recibirlas y perfeccionarlas mediante la costumbre\u00bb.4<br>\nPor eso Arist\u00f3teles afirma algo que es muy relevante para la educaci\u00f3n: \u00ablo que hay que hacer despu\u00e9s de haber aprendido, lo aprendemos haci\u00e9ndolo\u00bb.5 Y aqu\u00ed interviene la voluntad, que queriendo obrar sobre la propia naturaleza (que nos hizo aptos para adquirir una virtud determinada), precisa del h\u00e1bito para desarrollar esta aptitud.<br>\nEsto demuestra que el protagonista de la educaci\u00f3n \u2013el que ha de adquirir y encarnar las virtudes a trav\u00e9s de sus acciones\u2013 no es principalmente el educador sino el educando, con lo que la educaci\u00f3n deviene, aunque no exclusivamente, en auto-educaci\u00f3n.<br>\nUn hombre es virtuoso cuando sabe a qu\u00e9 atenerse, cuando sabe lo que hace, cuando, como consecuencia de la disposici\u00f3n macizada y permanente que en s\u00ed mismo ha dado origen (h\u00e1bito), elige cada acto bueno como tal acto. Todo esto reobra sobre \u00e9l y hace que consolide tal h\u00e1bito, que, a causa de ello, deviene en algo m\u00e1s robusto, firme e inmutable. De aqu\u00ed que, como sostiene Arist\u00f3teles, el oficio propio del hombre consista en ser virtuoso.6<br>\n\u00a0<br>\n<strong><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/istmo.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/02\/IS324_coloquio_02_imagen02.jpg?ssl=1\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-65012\" style=\"margin: 5px;\" title=\"IS324_coloquio_02_imagen02\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/istmo.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/02\/IS324_coloquio_02_imagen02-300x250.jpg?resize=300%2C250&#038;ssl=1\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"250\" loading=\"lazy\"><\/a>SENTIDO, DESTINO Y FELICIDAD SE IDENTIFICAN<\/strong><br>\nDesde esta perspectiva, la virtud remite a los h\u00e1bitos, es decir, a aquellas disposiciones por las cuales el hombre llega a realizar en grado perfectivo su propia naturaleza. Y esto es, precisamente, lo que le hace ser bueno. Los h\u00e1bitos buenos \u2013y no un acto bueno aislado\u2013 son los que hacen que el hombre crezca en toda su estatura. El hombre precisa, pues, de esa estabilidad, fijeza y facilidad (h\u00e1bito) para actuar constantemente bien \u2013propiedad que la naturaleza no cultivada, en modo alguno tiene\u2013, de manera que pueda darse el irrestricto crecimiento personal. En realidad, un h\u00e1bito (habitudo) es una posesi\u00f3n (habere) \u2013la m\u00e1s personal, sin duda alguna\u2013 por la que se acrece o disminuye el grado de auto-posesi\u00f3n personal y, a su trav\u00e9s, la propia libertad.<br>\nDe hecho, cuando la voluntad adquiere estos h\u00e1bitos morales, entonces \u2013y s\u00f3lo entonces\u2013 es cuando deviene libre. Alberto Magno defini\u00f3 el h\u00e1bito como \u00abaquello por lo que alguien act\u00faa como quiere\u00bb. Puede afirmarse que, a trav\u00e9s de los h\u00e1bitos, es como el hombre gana en libertad, puesto que le facilita el hacer actos libres y buenos.<br>\nPero un acto libre y bueno es aquel que intr\u00ednseca y formalmente es libre, es decir, que procediendo de un principio intr\u00ednseco conoce como bueno el fin que se propone alcanzar, lo que reobra en el crecimiento de la propia naturaleza. De aqu\u00ed que una persona sea tanto m\u00e1s libre cuanta mayor sea la facilidad que tiene para obrar de esta forma. Los h\u00e1bitos buenos no son solo buenos por perfeccionar a quienes los hacen, sino tambi\u00e9n por hacer crecer su libertad personal, por hacerles m\u00e1s libres.7<br>\nCuando se contempla a los h\u00e1bitos desde el escenario social, su consolidaci\u00f3n, deviene en costumbre. La relevancia que las costumbres tienen para el rearme \u00e9tico de la sociedad y la regeneraci\u00f3n del tejido interpersonal (a trav\u00e9s de la imitaci\u00f3n de ciertos modelos de comportamiento y de la interacci\u00f3n personal) resulta obvia. De aqu\u00ed que la formaci\u00f3n y desarrollo de los h\u00e1bitos buenos \u2013esa \u00absegunda naturaleza\u00bb que es preciso implantar\u2013 constituya la causa eficiente de la educaci\u00f3n, por ser la que dota al educando de la consistencia energizante y facilitadora para hacerse a s\u00ed mismo persona, la mejor persona posible, seg\u00fan su naturaleza.<br>\nNo se puede ser feliz obrando mal. Frente a lo que algunos piensan, el deseo de vivir y el deseo de obrar el bien no se oponen, sino que se refuerzan. De lo contrario, la felicidad y la virtud ser\u00edan imposibles, por cuanto se dar\u00eda entre ellas un conflicto insoluble. Y, en consecuencia, ning\u00fan hombre podr\u00eda ni querr\u00eda ser feliz.<br>\nLo que da sentido a la existencia humana es, precisamente, la consecuci\u00f3n de las virtudes \u00e9ticas. Y es que el camino, la b\u00fasqueda que conduce a la felicidad \u2013el destino de la persona\u2013 coincide con el sentido de la vida. Sentido y destino de la vida \u2013aunque se formulen en diferentes niveles epistemol\u00f3gicos\u2013 son, sin embargo, convergentes hasta coincidir e identificarse en su meta: la vida lograda, la felicidad<br>\n\u00a0<br>\n<strong>HOY ES M\u00c1S F\u00c1CIL HABLAR DE VALORES<\/strong><br>\nLos valores no son el bien ni tampoco se identifican con las virtudes, aunque se relacionen con ambos. Los valores \u2013en el sentido coloquial que a este concepto hoy se da\u2013, constituyen una traducci\u00f3n a la baja del t\u00e9rmino \u00abbien\u00bb. Tal ambig\u00fcedad facilita el confusionismo en que hoy nos encontramos a prop\u00f3sito de la educaci\u00f3n moral.<br>\nEl valor se haya siempre encarnado en el sujeto valioso. Constituye una cierta excelencia que se a\u00f1ade o emerge del ser esencial de la persona. Pero al mismo tiempo, entra\u00f1a una cierta pasividad. El valor denota m\u00e1s bien algo que, simplemente, est\u00e1 ah\u00ed \u2013y por tanto, est\u00e1ticamente considerado\u2013 y que es contemplado o descubierto, lo que le diferencia expresamente de algo que es preciso conquistar mediante la libre ejercitaci\u00f3n. En este \u00faltimo caso, ser\u00eda mucho m\u00e1s correcto y apropiado emplear el t\u00e9rmino de virtud.<br>\nPor contra, la presencia de la virtud \u2013lo hemos observado ya l\u00edneas atr\u00e1s\u2013 exige el compromiso de la voluntad que se emplea a fondo y libremente en su adquisici\u00f3n por medio del ejercicio. Los valores, qu\u00e9 duda cabe, pueden no depender de la voluntad humana; la adquisici\u00f3n de las virtudes, en cambio, s\u00ed.<br>\nDe otra parte, el concepto de valor remite a algo que est\u00e1 m\u00e1s vinculado a lo innato o dado que a un h\u00e1bito estable, consistente y robustamente implantado, al que se ha optado libremente mediante el ejercicio. Por todo ello, el concepto de virtud se manifiesta como m\u00e1s preciso y riguroso que el de valor para calificar a las personas. Lo que sucede es que el concepto de valor est\u00e1 menos adensado por el poso de las tradiciones del pensamiento filos\u00f3fico y teol\u00f3gico y, por consiguiente, resulta m\u00e1s f\u00e1cilmente manejable y tiene hoy una mayor validez social en algunos pa\u00edses, en los que predomina la cultura secularizada.<br>\nPero conviene dejar claro que los valores \u2013tal y como este concepto se emplea en el actual uso ling\u00fc\u00edstico\u2013 no se corresponden con las virtudes, como tampoco \u00e9stas son reductibles a aquellos. Hasta tal punto es esto as\u00ed, que puede sostenerse que la \u00abeducaci\u00f3n en los valores\u00bb no se corresponde, las m\u00e1s de las veces, con la educaci\u00f3n en las virtudes.<br>\n\u00a0<br>\n<strong><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/istmo.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/02\/IS324_coloquio_02_imagen03.jpg?ssl=1\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-65013\" style=\"margin: 5px;\" title=\"IS324_coloquio_02_imagen03\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/istmo.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/02\/IS324_coloquio_02_imagen03-300x251.jpg?resize=300%2C251&#038;ssl=1\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"251\" loading=\"lazy\"><\/a>DAR VALOR A LA PROPIA PERSONA<\/strong><br>\nNo piense el lector que la \u00abvida buena\u00bb consiste en ajustarse a una serie de normas y formulaciones y, en principio, a nada m\u00e1s. La norma, la ley es, desde luego, importante. Sin algo a lo que atenernos, sin una norma \u2013que al interiorizarla se identifica con la propia conciencia\u2013 resulta imposible en la pr\u00e1ctica conducir la vida hacia su propio destino.<br>\nPero resulta insuficiente el atenerse a s\u00f3lo unas normas. Es necesario reconocer que para poder juzgar lo que acontece en la propia vida, es conveniente apelar a la recepci\u00f3n y aceptaci\u00f3n de una ley o principio. Me refiero, claro est\u00e1, a lo que sucede en la entera persona y su biograf\u00eda, una vez que ha tomado la decisi\u00f3n de gobernar su comportamiento mediante determinados principios. Las consecuencias no se hacen esperar. La determinaci\u00f3n tomada nos cambia la vida, en el sentido cl\u00e1sico de la virtud.<br>\nEn efecto, someter libremente el propio comportamiento a un principio determinado es tanto como determinarse a lo que se ha elegido. Una determinaci\u00f3n que, por ser libre y razonable, nos configura como la persona que realmente somos (en el sentido de querer llegar a ser) y adensa nuestra identidad personal.<br>\nHay que entender aqu\u00ed la virtud en el sentido cl\u00e1sico de la aret\u00e9, de la inteligencia competente y del bien que se desea alcanzar. Que la conquista de la virtud suponga cierto esfuerzo es algo natural, sin que por ello nos arrojemos en brazos del voluntarismo tozudo y mostrenco. Pero ese sometimiento de s\u00ed mismo es comprensible en tanto que virtuoso, puesto que pone en valor a la propia persona.<br>\nLa virtud es un valor a\u00f1adido a la identidad personal y no una mera nota, m\u00e1s o menos caracter\u00edstica, que puede a\u00f1adirse o no. La virtud es por s\u00ed misma valiosa; su adquisici\u00f3n compromete la identidad y avalora a la persona. La virtud es lo que pone en valor a la persona y la hace excelente.<br>\nLa virtud es un valor que hay que arraigar y encarnar en la vida personal. Ya es hora de poner manos a la obra y en lugar de hablar tanto de \u00abcrisis de valores\u00bb (han transcurrido m\u00e1s de tres d\u00e9cadas refiri\u00e9ndonos ello, sin que hayamos cambiado nada), tomar la decisi\u00f3n de implantar virtudes en los alumnos y ense\u00f1arles a crecer en ellas.<br>\n\u00a0<br>\n<strong>SELF CONTROL Y SELF REGULATION<\/strong><br>\nDisponer de virtudes (h\u00e1bitos), ser virtuoso, es tanto como poseerse m\u00e1s y mejor a s\u00ed mismo, dignificar la propia excelencia, ser-m\u00e1s y ser-mejor, avalorarse, acrecer y dar mayor consistencia a la identidad personal. La persona virtuosa (valiosa, porque las virtudes no son otra cosa que los valores encarnados en las personas), por someterse libremente a s\u00ed misma, intensifica y expande la posesi\u00f3n de s\u00ed. La persona virtuosa incrementa su \u00abhaber\u00bb porque, por medio de las virtudes que cultiva, gana en auto-control (self control), depende menos del medio, enriquece su libertad, se independiza del medio y se auto-regula mejor (self regulation). El conjunto de los h\u00e1bitos as\u00ed adquiridos facilita todav\u00eda m\u00e1s la conducci\u00f3n de s\u00ed mismo hacia la excelencia elegida, y con un coste menor para el buen gobierno del propio comportamiento.<br>\nLa virtud no es algo externo a la persona, algo de quita y pon. La virtud es el bien que forma parte del haber intr\u00ednseco de la persona. La virtud es lo que m\u00e1s intensamente puede tener la persona. En primer lugar, porque es la forma de conducirse a s\u00ed mismo y, por consiguiente, la estructura que sostiene la identidad personal. Y, en segundo lugar, porque gracias a la virtud la persona puede ser fiel a s\u00ed misma, es decir, capaz de conducirse a s\u00ed misma conforme a su ser.<br>\nLa virtud es lo que conforma y confirma a cada persona como tal, por ser inmanente a su propio ser. La virtud pone en acto a la entera persona, de manera que su comportamiento est\u00e9 de acuerdo con su ser, con su esencia. De aqu\u00ed la grandiosa capacidad de las virtudes como \u00abhumanizadoras\u00bb de la persona.<br>\nLa virtud hace que la persona sea due\u00f1a de s\u00ed misma, que sus actos est\u00e9n de acuerdo con su alma, que su identidad se afirme como tal. La persona virtuosa dispone de una identidad m\u00e1s estable y menos acomodaticia a las meras opiniones (\u00abel qu\u00e9 dir\u00e1n\u00bb) y a las modas socioculturales, lo que supone una ganancia en libertad.<br>\nEn efecto, cuanto mejor se posea una persona a s\u00ed misma, tanto m\u00e1s poseer\u00e1 sus propios actos; y cuanto mayor sea esta posesi\u00f3n mejor preparada estar\u00e1 para alcanzar su propio fin: la felicidad.<br>\nGracias a la virtud, la persona posee y sabe c\u00f3mo usar de los medios que le conducen al fin. Si no se dispone de los medios \u2013por no encontrarlos en el entorno social\u2013 o no se sabe c\u00f3mo usarlos \u2013por estar distra\u00eddo y entretenido por lo que \u00abse dice, se lleva o se piensa\u00bb\u2013 es casi imposible alcanzar el fin. En ese caso los medios empleados est\u00e1n desfinalizados o no est\u00e1n justamente articulados medios y fines o los fines se han desdibujado o extraviado por el camino de la vida. La vida buena saca al hombre de la confusi\u00f3n y lo provee de la orientaci\u00f3n necesaria para que sea s\u00ed mismo en plenitud.<br>\n\u00a0<br>\n<strong>LA FELICIDAD ES EXPANSIVA <\/strong><br>\nPero la persona no lograr\u00eda la felicidad, si una vez alcanzada la virtud no la pusiera al servicio de los dem\u00e1s. Porque actuar de acuerdo con su ser \u2013que eso es la virtud\u2013 implica conocerse a s\u00ed mismo, es decir, saber que su persona es un \u00abser-para-otro\u00bb. La buena vida no se encierra en el ensimismamiento ni en el hermetismo, sino que de suyo es expansiva y se realiza compartiendo, d\u00e1ndose a los dem\u00e1s, invit\u00e1ndoles a participar en su propio bien.<br>\nEsta actitud de la vida buena es contraria a lo que sucede en la buena vida, en la que la actitud de indiferencia hacia los dem\u00e1s los margina y hace desaparecer del propio horizonte vital. La virtud que sostiene la vida buena es garant\u00eda de la paz y la justicia social, es lo que realmente robustece el tejido social y hace m\u00e1s humana la vida ciudadana. Dicho en otras palabras: la vida buena pone de manifiesto que esa \u00abperfecci\u00f3n perfectible\u00bb, que es la persona, no alcanza enteramente su fin si no contribuye a la perfecci\u00f3n de las personas que tiene a su alcance.<br>\nLa felicidad est\u00e1 penetrada de una vocaci\u00f3n difusora y expansiva: cuanto m\u00e1s se extiende tanto m\u00e1s crece, cuanto m\u00e1s se comparte, m\u00e1s se dilata. Esa efusi\u00f3n iluminadora de la virtud es la que invita a compartirla con los otros. El mismo hecho de compartirla es lo que hace que la virtud personal sea finalista y est\u00e9 finalizada.<br>\nEn la medida que la vida buena se dilate y generalice, estaremos m\u00e1s cerca de lograr nuestro verdadero fin colectivo: que cada ser humano saque de s\u00ed en el curso de la vida la mejor persona posible. En ese encuentro inefable entre la libertad infinita de Dios y la libertad finita del hombre, el comportamiento virtuoso de la persona se comporta como si \u2018condicionara\u2019 y \u2018forzara\u2019 la libertad infinita de Dios, de forma \u00abque Dios sea todo en todos\u00bb.<br>\n\u00a0<br>\n<strong>BIBLIOGRAF\u00cdA<\/strong><br>\nArist\u00f3teles. \u00c9tica a Nic\u00f3mano.<br>\nMacyntyre, A. Tres visiones rivales de la \u00c9tica. Enciclopedia, Geneal\u00f3gica y Tradici\u00f3n. Madrid: Rialp, 1992, p. 179.<br>\nPolaino-Lorente, A. \u00abDimensiones motivacionales y cognoscitivas de la educaci\u00f3n de la voluntad\u00bb. En VV. AA.: Dimensiones de la voluntad. Madrid: Dossat, 1988.<br>\nPolo Barrena, L. \u00c9tica: hacia una versi\u00f3n moderna de los temas cl\u00e1sicos. M\u00e9xico: Universidad Panamericana-Publicaciones Cruz O. S, 1993.<br>\n\u00a0<br>\n<strong>Notas <\/strong><br>\n1\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Polo Barrena, 1993, pp. 140-141.<br>\n2\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Macyntyre, 1992, p. 179.<br>\n3\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Arist\u00f3teles, II, 6, 1106 a 15.<br>\n4\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Ibid, II, 1, 1103 a 23-26.<br>\n5\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Ibid, II, 1, 1103 a 34-35.<br>\n6\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Ibid, II, 9, 1109 a.<br>\n7\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Polaino-Lorente, 1988, pp. 71-88.<br>\n\u00a0<br>\n\u00a0<br>\n\u00a0\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"64957\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Resulta que la felicidad es cuesti\u00f3n de crecer en estatura personal, de ser due\u00f1o de uno mismo y de sus actos; el autocontrol y la libertad interna ejercen una capacidad humanizadora. 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