{"id":60586,"date":"2011-12-05T17:02:44","date_gmt":"2011-12-05T23:02:44","guid":{"rendered":"http:\/\/istmo.mx\/?p=60586"},"modified":"2011-12-05T17:02:44","modified_gmt":"2011-12-05T23:02:44","slug":"ser-pareja-hoy-espejo-soporte-complemento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2011\/12\/05\/ser-pareja-hoy-espejo-soporte-complemento\/","title":{"rendered":"Ser pareja hoy. Espejo, soporte, complemento&#8230;"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"60586\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p><\/p><em><span style=\"color: #800080;\">Con los elocuentes modelos de tres narraciones literarias cl\u00e1sicas, el autor analiza sendos caminos para entender la relaci\u00f3n de pareja y despu\u00e9s los complementa con otros tres conceptos que inciden m\u00e1s profundamente en el amor entre hombre y mujer: amistad, compromiso y corporeidad.<\/span><\/em>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>This is the way that we love,<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>like it\u2019s forever.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Then live the rest of our life,<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>but not together.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">(Mika, Happy Ending, 2007)<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/istmo.mx\/wp-content\/uploads\/2011\/12\/miscelanea1_originalbaja.jpg?ssl=1\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-60693\" style=\"margin: 5px;\" title=\"miscelanea1_originalbaja\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/istmo.mx\/wp-content\/uploads\/2011\/12\/miscelanea1_originalbaja-300x209.jpg?resize=300%2C209&#038;ssl=1\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"209\" loading=\"lazy\"><\/a>La relaci\u00f3n sentimental, amorosa, que conforman un hombre y una mujer que se involucran en un romance, ha merecido durante la historia la sesuda atenci\u00f3n no s\u00f3lo de antrop\u00f3logos, psic\u00f3logos y fil\u00f3sofos, sino de la milenaria creatividad e inventiva de literatos, poetas y dramaturgos.<br>\nY es que algo de misterioso ha tenido siempre para nuestra mente la explicaci\u00f3n de los mecanismos an\u00edmicos, psicol\u00f3gicos, f\u00edsicos (en suma, humanos), que mueven a dos corazones a desear sinceramente prolongar lo que comenz\u00f3 como una intersecci\u00f3n de caminos y proyectos vitales, y se convierte con el tiempo en la posibilidad de un <em>nosotros<\/em>.<br>\nEl paso de los siglos y su experiencia acumulada parece ya no decir mucho al hombre contempor\u00e1neo cuando pretende responder, en la soledad de su yo enfrentado consigo mismo, cu\u00e1l es el fundamento de una relaci\u00f3n afectiva; o como se suele decir coloquialmente, en qu\u00e9 radica <em>ser pareja<\/em>.<br>\nCuenta Plat\u00f3n en<em> El banquete<\/em> que la atracci\u00f3n entre hombre y mujer proviene del castigo que infringi\u00f3 Zeus a los andr\u00f3ginos (seres hombre-mujer), que ante su intento de invadir el Olimpo fueron separados en dos sexos, y desde entonces se buscan entre s\u00ed irremediablemente, como partes incompletas que intentan remediar la carencia del otro. Este relato pretender cifrar la b\u00fasqueda del uno hacia el otro bajo la raz\u00f3n de <em>complemento<\/em>.<br>\nPor el contrario, en <em>Las cuitas del joven Werther<\/em>, Goethe nos recuerda lo enfermiza que puede ser la b\u00fasqueda de un <em>t\u00fa<\/em> a quien amar, cuando la val\u00eda de nuestro propio <em>yo<\/em> depende del reconocimiento de un ser amado que le d\u00e9 entidad, sentido, cuerpo, a nuestra propia persona. Werther enloquece por el amor prohibido de Lotte, prometida de su amigo Wilhelm; al verse sin esperanzas con la joven, Werther experimenta la ausencia de una imagen propia en la cual encontrar una raz\u00f3n para seguir adelante. Son las trampas del amor que convierten al otro en<em> espejo<\/em> para que nos devuelva con su mirada una imagen de nuestro yo, que juzgamos, por ajena, como la \u00fanica digna de ser apreciada por nosotros mismos.<br>\nEl personaje del Don Juan inventado por Tirso de Molina (m\u00e1s all\u00e1 de las variantes de Moli\u00e8re, Lord Byron, Dumas, Zorrilla, etc.) consume en fugaces escarceos el \u00fanico inter\u00e9s que para \u00e9l representa la presencia de una mujer; porque en la inmediatez de una relaci\u00f3n que est\u00e1 hecha para ser sustituida, busca sin conseguirlo una ra\u00edz que no termina por prender en el suelo fangoso de la inconsistencia. Es el amor de quien busca hacer de su pareja un mero <em>soporte<\/em>.<br>\nAunque esos tres ejemplos son una lectura negativa del intento de hacer del otro un complemento, espejo o soporte, no deja de ser sugerente su triple advertencia: quien depende del otro como de un<em> espejo<\/em>, desenmascara su inconformidad ante el mundo que le rodea y le hace ver en su fuero interno qu\u00e9 tan peque\u00f1o es; sin soportar lo que ve. Por eso quien se <em>espejea <\/em>en el otro juega con la fantas\u00eda, la mentira justificada y la creaci\u00f3n de un doble mundo en el que su pareja no sea sino el veh\u00edculo que le lleve lejos; hacia una imagen nueva de s\u00ed, que no le asfixie. Suele ser la ruta equivocada del amor narcisista y co-dependiente.<br>\nPero tampoco parece ser buen negocio buscar hacer del amado s\u00f3lo un <em>soporte<\/em>; demasiada fuerza debe tener la pareja para hacerla de cimiento para s\u00ed mismo y para el otro. Aunque es verdad que si el soporte es bien logrado, y fomenta el crecimiento libre del otro sin dejar de ser uno mismo, ocurre lo que con los postes de un muelle, la orilla de un embarcadero o los pilotes de una construcci\u00f3n: dan sost\u00e9n, independientemente de lo sostenido, por su car\u00e1cter propio y talante previamente ganado.<br>\nPor su parte, lograr ser <em>complemento<\/em> no es algo sencillo. Hay que evitar la dependiente satisfacci\u00f3n de insuficiencias mutuas que suelen reclamar la presencia del otro; m\u00e1s para llenar huecos cuya oscuridad nos sobrecoge, que para convertir la presencia del otro en un camino paralelo, sin el que no se descubre la ruta hacia nuestro propio destino.<br>\n<strong>AMISTAD, COMPROMISO Y CORPOREIDAD<\/strong><br>\nPero la antropolog\u00eda y la psicolog\u00eda contempor\u00e1neas han intentado andar caminos a\u00fan m\u00e1s audaces en la b\u00fasqueda de los rasgos que identifiquen aquella singular presencia que no s\u00f3lo despierte camarader\u00eda o complicidad, sino que se transforme de ensayo en apuesta, y de promesa en realidad acompa\u00f1ada; en <em>pareja<\/em>.<br>\nHoy dichas disciplinas hablan de tres requisitos que pueden ser evidentemente completados, pero que dif\u00edcilmente pueden excluirse de una lista que pretenda un elenco definitivo; para ser pareja, dicen algunos autores, hacen falta al menos tres elementos: a<em>mistad, compromiso y corporeidad (es decir, erotismo).<\/em><br>\nY es que la <em>amistad <\/em>en el contexto de una pareja se presenta como una marcada capacidad para la confidencia en exclusividad. Los enamorados saben que la comprensi\u00f3n, el inter\u00e9s, el \u00e1nimo, no dependen de la distancia, el tiempo o el espacio. Comunicar a otro la interioridad que ha nacido de nuestra interacci\u00f3n y particular asimilaci\u00f3n del entorno, supone que no s\u00f3lo ha sido absorbido el exterior, sino que ha dejado en nosotros un residuo antropol\u00f3gico, que s\u00f3lo es manifestado a quien elegimos como destinatario de nuestra irreductible peculiaridad: la intimidad.<br>\nPero no hay dep\u00f3sito de nuestra m\u00e1s profunda y confidente intimidad (es decir, qui\u00e9nes somos, qu\u00e9 deseamos, hacia d\u00f3nde pretendemos dirigir nuestra persona), sin una apuesta responsable que pretenda ser duradera.<br>\nEn el <em>compromiso <\/em>se anuncia que la apuesta por el otro tiene el cariz de una elecci\u00f3n, que al mismo tiempo es renuncia y exclusi\u00f3n de las dem\u00e1s opciones. Porque manifestar lo m\u00e1s propio que tenemos como humanos, nuestra entidad como personas, es imposible de lograr en un solo golpe de donaci\u00f3n y conocimiento. Nos construimos como personas en el tiempo; y donar a otra persona la nuestra, reclama al menos de principio la presencia del otro durante todo el proceso en el que vamos conformando la persona que vamos siendo y que deseamos donar; es decir, durante todo el tiempo mientras existamos como personas. Una entrega perpetuamente a prueba o bajo estresantes <em>cortes de caja <\/em>peri\u00f3dicos, desestima el talante que el otro detenta como persona, y le convierte en prueba, en sustituci\u00f3n eventual, y no en destino.<br>\nNo ser\u00eda justo omitir como elemento la corporeidad o <em>erotismo;<\/em> la atracci\u00f3n hacia el veh\u00edculo m\u00e1s epid\u00e9rmico de la persona. Es un motor potenciador del inter\u00e9s en el otro como pareja. Que no sea determinante no quiere decir que sea inexistente. Y en la pareja el erotismo se persigue como algo mucho m\u00e1s profundo que la corporeidad cruda o la genitalidad aislada. La pareja busca junto con la amistad y el compromiso un erotismo que no averg\u00fcenza, sino que entrega a ojos no extra\u00f1os el desvelamiento del misterio que es la corporeidad propia. Es la preparaci\u00f3n que convierte el cuerpo en el \u00faltimo l\u00edmite de la manifestaci\u00f3n de la persona, y la primera puerta hacia la pertenencia completa de ella.<br>\n<strong> <\/strong><br>\n<strong>CUANDO ALGUNO FALTA NO HAY PAREJA<\/strong><br>\nSi alguno de estos tres elementos falta, las variantes resultantes se vuelven torpemente operativas: <em>amistad sin compromiso <\/em>hace camarader\u00eda; y cuando lo incluye, s\u00f3lo refuerza v\u00ednculos que suelen permanecer a pesar de las pruebas, desencuentros y distancias. Pero por s\u00ed solos, amistad y compromiso, no hacen que dos personas se vean a s\u00ed mismas como<em> pareja<\/em>.<br>\nLa <em>amistad con erotismo <\/em>(que en nuestra cultura han recibido los m\u00e1s variopintos ep\u00edtetos: amigovios, amigos con derecho a roce, <em>free<\/em>, etc\u00e9tera), abre la sensibilidad a un intercambio donde los intereses comunes son puestos a prueba, o no necesariamente convocados para permanecer. La p\u00e9rdida de la sorpresa ante la irrupci\u00f3n \u00edntima del otro, sin otro prop\u00f3sito que su manifestaci\u00f3n a tiempo cero, anuncia que no hay en ello continuidad implicada; y deja el escenario libre a una estresante b\u00fasqueda de variantes, inventivas y creatividades, donde al no aparecer el dintel del compromiso como regulador, el motor para estar con el otro descansa en la mera curiosidad sobre la anecd\u00f3tica experiencia sensible del otro.<br>\nLas esferas del <em>compromiso sin amistad <\/em>son m\u00faltiples, porque donde media la coexistencia en funci\u00f3n de un bien \u00fatil (con sus respectivas regulaciones, temporalidad y espacialidades), sobreviene un compromiso que no se extiende m\u00e1s all\u00e1 de la presencia del bien que convoca la concurrencia de ambos. Cuando irrumpi\u00f3 en la cultura occidental el matrimonio como contrato civil, el compromiso se combin\u00f3 con el erotismo en un contexto que hizo innecesaria la temporalidad y la apuesta; y se conformaron uno al otro al tenor de un acuerdo de principio, que calibra su eficiencia y valora su pertinencia, con la posibilidad de revirar ante la variaci\u00f3n de las circunstancias.<br>\n<em>Compromiso con amistad,<\/em> empe\u00f1a la palabra y deriva en un acuerdo legal o de caballeros. El solo erotismo, sin compromiso y sin amistad, por su parte, constituye uno de los atajos m\u00e1s creativos que el hombre haya ideado en el ejercicio de su abstracci\u00f3n respecto del car\u00e1cter personal. El pronunciamiento \u00abes bueno que existas\u00bb, se convierte entonces en un \u00abdeseo una arrebatante dimensi\u00f3n tuya, pero no las implicaciones de tu presencia completa\u00bb. Hoy la sociedad contempor\u00e1nea premia la impaciencia ante la manifestaci\u00f3n de la persona en el tiempo, y prioriza la experiencia s\u00f3lo de la dimensi\u00f3n inmediata, al margen de la aparici\u00f3n de las dem\u00e1s dimensiones de la persona.<br>\nHablar de <em>amistad, compromiso y erotismo<\/em> como ejes de la pareja implica reconocer que en su vinculaci\u00f3n las intensidades var\u00edan, mutan, se modifican; se hacen m\u00e1s fuertes o m\u00e1s d\u00e9biles. Porque la persona no es un\u00edvoca y sus relaciones tampoco. La pareja no obedece a un patr\u00f3n uniforme, estandarizado, donde se es pareja de un solo modo, con todos los elementos compareciendo por igual. Hay grados, matices, riqueza; que intentan salvaguardar y descubrir las mil aristas de la persona. Pero hoy esas aristas se relativizan, y la riqueza del <em>yo<\/em> frente al <em>t\u00fa<\/em> se vuelve detalle anecd\u00f3tico.<br>\n\u00bfNos apresuramos en considerar como pareja a quien tenemos hoy a nuestro lado, sin que reuniera verdaderamente estas condiciones? \u00bfDesestimamos err\u00f3neamente la apuesta por la persona del otro, cuando reculamos la decisi\u00f3n? Son interrogantes que retan m\u00e1s a nuestra conciencia en la soledad de nuestra persona, que al intelecto en su ejercicio p\u00fablico.<br>\nPero es de justicia advertir que preguntarnos sobre la pertinencia como pareja de la compa\u00f1\u00eda que hoy nos comparte sus d\u00edas, s\u00f3lo podemos hacerlo respecto del otro y no sobre nosotros mismos. No ser\u00edamos jueces leales ni justos valorando nuestra propia idoneidad como parejas. Es la otra persona la que debe preguntarse sobre ello; y entonces concluir si fue un error o un acierto elegirnos o alejarse. Y quiz\u00e1 entonces compartir o disentir nuestra conclusi\u00f3n sobre el acierto o error al haber apostado por ella.<br>\n<strong>EP\u00cdLOGO S\u00d3LO PARA <\/strong><strong>AMANTES CREYENTES<\/strong><br>\nPara quien sostiene que el fundamento de su existencia, desarrollo y plenitud se encuentra fuera de este mundo material, los tres elementos descritos adquieren otra naturaleza y alcance. Para el creyente, la verdadera <em>amistad<\/em> (comunicaci\u00f3n de la intimidad personal al otro, en plan de cierta exclusividad), el <em>compromiso<\/em> (la apuesta por el otro todo en reciprocidad) y el <em>erotismo<\/em> (como recepci\u00f3n y entrega de la puerta \u00edntima de la corporeidad, que anuncia a la persona), son vistos en la integridad de la identificaci\u00f3n con Dios. Y es entonces cuando el coraz\u00f3n humano se permite vibrar de adentro hacia afuera; desde la m\u00e1s \u00edntima uni\u00f3n con el Fundamento y hacia las dem\u00e1s creaturas; y desde \u00c9l, hacia alguna en particular a quien elegimos como pareja.<br>\nBajo esa visi\u00f3n, los errores, sinsabores, fracasos, e incluso los \u00e9xitos, dejan de hacer mella y amenazar con tribulaciones. Porque el coraz\u00f3n se encuentra en Dios, y a partir de \u00c9l se elige donarlo a otra persona. Y si la elecci\u00f3n fue equivocada, no hay frustraci\u00f3n, sino concurrencia en un plan mayor, que nos rebasa. Y la redirecci\u00f3n de miras presenta menos complicaci\u00f3n, porque el n\u00facleo central queda \u00edntegro.<br>\nY es entonces cuando de verdad se es pareja, y se le quiere no por ella sola, sino con el amor que Dios ha impreso en nosotros; con el coraz\u00f3n con que Dios la amar\u00eda. Y si llega a colapsar esa relaci\u00f3n, la ausencia del otro mantiene firme el amor a Dios, para ser destinado a quien s\u00ed quiera recibirlo y decida qued\u00e1rselo de modo definitivo, constante: con amistad, compromiso, erotismo; pero en Dios. Pero esto s\u00f3lo es comprensible para quien comparte esta visi\u00f3n, esta fe, y decide hacerla vida.<em> <\/em><br>\n_____________________________________________________________________________________________________________________________<br>\n<strong>Complemento<\/strong><br>\nEn el relato de El banquete de Plat\u00f3n, Zeus para castigar a los humanos los separ\u00f3 en dos sexos; desde entonces se buscan entre s\u00ed como partes incompletas que intentan remediar la carencia. Este relato pretender cifrar la b\u00fasqueda mutua bajo la raz\u00f3n de complemento.<br>\n<strong>Espejo<\/strong><br>\nGoethe recuerda en Las cuitas del joven Werther cu\u00e1n enfermiza puede ser la b\u00fasqueda de un t\u00fa a quien amar, cuando la val\u00eda de nuestro propio yo depende del reconocimiento de un ser amado que le d\u00e9 entidad, sentido, cuerpo, a nuestra propia persona. Una trampa del amor que convierte al otro en espejo para que nos devuelva con su mirada una imagen de nuestro yo.<br>\n<strong>Soporte<\/strong><br>\nEl personaje del Don Juan consume en fugaces escarceos el \u00fanico inter\u00e9s que para \u00e9l representa la presencia de una mujer. En la inmediatez de una relaci\u00f3n hecha para ser sustituida, busca una ra\u00edz que no prende en el suelo de la inconsistencia. Es el amor de quien busca hacer de su pareja un mero soporte.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"60586\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Leer despu\u00e9s 0Con los elocuentes modelos de tres narraciones literarias cl\u00e1sicas, el autor analiza sendos caminos para entender la relaci\u00f3n de pareja y despu\u00e9s los complementa con otros tres conceptos que inciden m\u00e1s profundamente en el amor entre hombre y mujer: amistad, compromiso y corporeidad. This is the way that we love, like it\u2019s forever. Then live the rest of our life, but not together. (Mika, Happy Ending, 2007) La relaci\u00f3n sentimental, amorosa, que conforman un hombre y una mujer que se involucran en un romance, ha merecido durante la historia la sesuda atenci\u00f3n no s\u00f3lo de antrop\u00f3logos, psic\u00f3logos y fil\u00f3sofos, sino de la milenaria creatividad e inventiva de literatos, poetas y dramaturgos. Y es que algo de misterioso ha tenido siempre para nuestra mente la explicaci\u00f3n de los mecanismos an\u00edmicos, psicol\u00f3gicos, f\u00edsicos (en suma, humanos), que mueven a dos corazones a desear sinceramente prolongar lo que comenz\u00f3 como una intersecci\u00f3n de caminos y proyectos vitales, y se convierte con el tiempo en la posibilidad de un nosotros. El paso de los siglos y su experiencia acumulada parece ya no decir mucho al hombre contempor\u00e1neo cuando pretende responder, en la soledad de su yo enfrentado consigo mismo, cu\u00e1l es el fundamento de una relaci\u00f3n afectiva; o como se suele decir coloquialmente, en qu\u00e9 radica ser pareja. Cuenta Plat\u00f3n en El banquete que la atracci\u00f3n entre hombre y mujer proviene del castigo que infringi\u00f3 Zeus a los andr\u00f3ginos (seres hombre-mujer), que ante su intento de invadir el Olimpo fueron separados en dos sexos, y desde entonces se buscan entre s\u00ed irremediablemente, como partes incompletas que intentan remediar la carencia del otro. Este relato pretender cifrar la b\u00fasqueda del uno hacia el otro bajo la raz\u00f3n de complemento. Por el contrario, en Las cuitas del joven Werther, Goethe nos recuerda lo enfermiza que puede ser la b\u00fasqueda de un t\u00fa a quien amar, cuando la val\u00eda de nuestro propio yo depende del reconocimiento de un ser amado que le d\u00e9 entidad, sentido, cuerpo, a nuestra propia persona. Werther enloquece por el amor prohibido de Lotte, prometida de su amigo Wilhelm; al verse sin esperanzas con la joven, Werther experimenta la ausencia de una imagen propia en la cual encontrar una raz\u00f3n para seguir adelante. Son las trampas del amor que convierten al otro en espejo para que nos devuelva con su mirada una imagen de nuestro yo, que juzgamos, por ajena, como la \u00fanica digna de ser apreciada por nosotros mismos. El personaje del Don Juan inventado por Tirso de Molina (m\u00e1s all\u00e1 de las variantes de Moli\u00e8re, Lord Byron, Dumas, Zorrilla, etc.) consume en fugaces escarceos el \u00fanico inter\u00e9s que para \u00e9l representa la presencia de una mujer; porque en la inmediatez de una relaci\u00f3n que est\u00e1 hecha para ser sustituida, busca sin conseguirlo una ra\u00edz que no termina por prender en el suelo fangoso de la inconsistencia. Es el amor de quien busca hacer de su pareja un mero soporte. Aunque esos tres ejemplos son una lectura negativa del intento de hacer del otro un complemento, espejo o soporte, no deja de ser sugerente su triple advertencia: quien depende del otro como de un espejo, desenmascara su inconformidad ante el mundo que le rodea y le hace ver en su fuero interno qu\u00e9 tan peque\u00f1o es; sin soportar lo que ve. 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Hay que evitar la dependiente satisfacci\u00f3n de insuficiencias mutuas que suelen reclamar la presencia del otro; m\u00e1s para llenar huecos cuya oscuridad nos sobrecoge, que para convertir la presencia del otro en un camino paralelo, sin el que no se descubre la ruta hacia nuestro propio destino. AMISTAD, COMPROMISO Y CORPOREIDAD Pero la antropolog\u00eda y la psicolog\u00eda contempor\u00e1neas han intentado andar caminos a\u00fan m\u00e1s audaces en la b\u00fasqueda de los rasgos que identifiquen aquella singular presencia que no s\u00f3lo despierte camarader\u00eda o complicidad, sino que se transforme de ensayo en apuesta, y de promesa en realidad acompa\u00f1ada; en pareja. Hoy dichas disciplinas hablan de tres requisitos que pueden ser evidentemente completados, pero que dif\u00edcilmente pueden excluirse de una lista que pretenda un elenco definitivo; para ser pareja, dicen algunos autores, hacen falta al menos tres elementos: amistad, compromiso y corporeidad (es decir, erotismo). Y es que la amistad en el contexto de una pareja se presenta como una marcada capacidad para la confidencia en exclusividad. Los enamorados saben que la comprensi\u00f3n, el inter\u00e9s, el \u00e1nimo, no dependen de la distancia, el tiempo o el espacio. Comunicar a otro la interioridad que ha nacido de nuestra interacci\u00f3n y particular asimilaci\u00f3n del entorno, supone que no s\u00f3lo ha sido absorbido el exterior, sino que ha dejado en nosotros un residuo antropol\u00f3gico, que s\u00f3lo es manifestado a quien elegimos como destinatario de nuestra irreductible peculiaridad: la intimidad. 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El paso de los siglos y su experiencia acumulada parece ya no decir mucho al hombre contempor\u00e1neo cuando pretende responder, en la soledad de su yo enfrentado consigo mismo, cu\u00e1l es el fundamento de una relaci\u00f3n afectiva; o como se suele decir coloquialmente, en qu\u00e9 radica ser pareja. Cuenta Plat\u00f3n en El banquete que la atracci\u00f3n entre hombre y mujer proviene del castigo que infringi\u00f3 Zeus a los andr\u00f3ginos (seres hombre-mujer), que ante su intento de invadir el Olimpo fueron separados en dos sexos, y desde entonces se buscan entre s\u00ed irremediablemente, como partes incompletas que intentan remediar la carencia del otro. Este relato pretender cifrar la b\u00fasqueda del uno hacia el otro bajo la raz\u00f3n de complemento. Por el contrario, en Las cuitas del joven Werther, Goethe nos recuerda lo enfermiza que puede ser la b\u00fasqueda de un t\u00fa a quien amar, cuando la val\u00eda de nuestro propio yo depende del reconocimiento de un ser amado que le d\u00e9 entidad, sentido, cuerpo, a nuestra propia persona. Werther enloquece por el amor prohibido de Lotte, prometida de su amigo Wilhelm; al verse sin esperanzas con la joven, Werther experimenta la ausencia de una imagen propia en la cual encontrar una raz\u00f3n para seguir adelante. Son las trampas del amor que convierten al otro en espejo para que nos devuelva con su mirada una imagen de nuestro yo, que juzgamos, por ajena, como la \u00fanica digna de ser apreciada por nosotros mismos. El personaje del Don Juan inventado por Tirso de Molina (m\u00e1s all\u00e1 de las variantes de Moli\u00e8re, Lord Byron, Dumas, Zorrilla, etc.) consume en fugaces escarceos el \u00fanico inter\u00e9s que para \u00e9l representa la presencia de una mujer; porque en la inmediatez de una relaci\u00f3n que est\u00e1 hecha para ser sustituida, busca sin conseguirlo una ra\u00edz que no termina por prender en el suelo fangoso de la inconsistencia. Es el amor de quien busca hacer de su pareja un mero soporte. Aunque esos tres ejemplos son una lectura negativa del intento de hacer del otro un complemento, espejo o soporte, no deja de ser sugerente su triple advertencia: quien depende del otro como de un espejo, desenmascara su inconformidad ante el mundo que le rodea y le hace ver en su fuero interno qu\u00e9 tan peque\u00f1o es; sin soportar lo que ve. Por eso quien se espejea en el otro juega con la fantas\u00eda, la mentira justificada y la creaci\u00f3n de un doble mundo en el que su pareja no sea sino el veh\u00edculo que le lleve lejos; hacia una imagen nueva de s\u00ed, que no le asfixie. Suele ser la ruta equivocada del amor narcisista y co-dependiente. Pero tampoco parece ser buen negocio buscar hacer del amado s\u00f3lo un soporte; demasiada fuerza debe tener la pareja para hacerla de cimiento para s\u00ed mismo y para el otro. Aunque es verdad que si el soporte es bien logrado, y fomenta el crecimiento libre del otro sin dejar de ser uno mismo, ocurre lo que con los postes de un muelle, la orilla de un embarcadero o los pilotes de una construcci\u00f3n: dan sost\u00e9n, independientemente de lo sostenido, por su car\u00e1cter propio y talante previamente ganado. Por su parte, lograr ser complemento no es algo sencillo. Hay que evitar la dependiente satisfacci\u00f3n de insuficiencias mutuas que suelen reclamar la presencia del otro; m\u00e1s para llenar huecos cuya oscuridad nos sobrecoge, que para convertir la presencia del otro en un camino paralelo, sin el que no se descubre la ruta hacia nuestro propio destino. AMISTAD, COMPROMISO Y CORPOREIDAD Pero la antropolog\u00eda y la psicolog\u00eda contempor\u00e1neas han intentado andar caminos a\u00fan m\u00e1s audaces en la b\u00fasqueda de los rasgos que identifiquen aquella singular presencia que no s\u00f3lo despierte camarader\u00eda o complicidad, sino que se transforme de ensayo en apuesta, y de promesa en realidad acompa\u00f1ada; en pareja. Hoy dichas disciplinas hablan de tres requisitos que pueden ser evidentemente completados, pero que dif\u00edcilmente pueden excluirse de una lista que pretenda un elenco definitivo; para ser pareja, dicen algunos autores, hacen falta al menos tres elementos: amistad, compromiso y corporeidad (es decir, erotismo). Y es que la amistad en el contexto de una pareja se presenta como una marcada capacidad para la confidencia en exclusividad. Los enamorados saben que la comprensi\u00f3n, el inter\u00e9s, el \u00e1nimo, no dependen de la distancia, el tiempo o el espacio. Comunicar a otro la interioridad que ha nacido de nuestra interacci\u00f3n y particular asimilaci\u00f3n del entorno, supone que no s\u00f3lo ha sido absorbido el exterior, sino que ha dejado en nosotros un residuo antropol\u00f3gico, que s\u00f3lo es manifestado a quien elegimos como destinatario de nuestra irreductible peculiaridad: la intimidad. 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Hoy dichas disciplinas hablan de tres requisitos que pueden ser evidentemente completados, pero que dif\u00edcilmente pueden excluirse de una lista que pretenda un elenco definitivo; para ser pareja, dicen algunos autores, hacen falta al menos tres elementos: amistad, compromiso y corporeidad (es decir, erotismo). Y es que la amistad en el contexto de una pareja se presenta como una marcada capacidad para la confidencia en exclusividad. Los enamorados saben que la comprensi\u00f3n, el inter\u00e9s, el \u00e1nimo, no dependen de la distancia, el tiempo o el espacio. Comunicar a otro la interioridad que ha nacido de nuestra interacci\u00f3n y particular asimilaci\u00f3n del entorno, supone que no s\u00f3lo ha sido absorbido el exterior, sino que ha dejado en nosotros un residuo antropol\u00f3gico, que s\u00f3lo es manifestado a quien elegimos como destinatario de nuestra irreductible peculiaridad: la intimidad. 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