{"id":58299,"date":"2010-11-26T19:24:25","date_gmt":"2010-11-27T00:24:25","guid":{"rendered":"http:\/\/192.100.230.75\/?p=58299"},"modified":"2023-11-08T06:04:46","modified_gmt":"2023-11-08T11:04:46","slug":"mi-hermano-carlos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2010\/11\/26\/mi-hermano-carlos\/","title":{"rendered":"Mi hermano Carlos"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"58299\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p><\/p><strong>Con frescura y sencillez, Alejandro, Estela y Rafael Llano Cifuentes narran algunos recuerdos de infancia y vivencias familiares en Madrid y en Ribadesella (Asturias). Un texto entra\u00f1able que entreteje la alegr\u00eda de poder expresarse de esa manera de un hermano y la tristeza de saber que ya no est\u00e1 con nosotros.<\/strong><br>\nAlejandro Llano<br>\n<img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-58424\" style=\"margin: 5px\" title=\"suvida_mihermanocarlos1\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/192.100.230.75\/wp-content\/uploads\/2010\/11\/suvida_mihermanocarlos1.jpg?resize=150%2C195\" alt=\"\" width=\"150\" height=\"195\" loading=\"lazy\"><br>\nAl menos en el recuerdo, la admiraci\u00f3n por mi hermano Carlos se remonta al inicio de lo que en aquellos a\u00f1os \u2013finales de los cuarenta\u2013 se llamaba \u00abuso de raz\u00f3n\u00bb. Era mi padrino de bautismo y hab\u00eda cierta simetr\u00eda entre nuestras respectivas posiciones en la serie de los nueve hermanos. Carlos era el segundo, s\u00f3lo precedido por Jos\u00e9 Antonio, y yo era el octavo, con \u00c1lvaro como el \u00fanico m\u00e1s peque\u00f1o que yo. Esta admiraci\u00f3n, que dura hasta hoy, se ha ido completando con un gran cari\u00f1o mutuo, y con mi consideraci\u00f3n de maestro intelectual y personal que yo le reconozco calladamente desde hace tiempo. Pero en aquellos a\u00f1os de mi infancia y su primera juventud, Carlos presentaba ante m\u00ed un aspecto casi m\u00e1gico. Ejerc\u00eda un magnetismo activado por su elocuencia y su capacidad de fabulaci\u00f3n, fruto de muchas lecturas y de una potente imaginaci\u00f3n.<br>\nPasaba de la realidad a la ficci\u00f3n sin aparente esfuerzo y sin que yo supiera en qu\u00e9 terreno nos est\u00e1bamos moviendo.<br>\nCarlos hab\u00eda creado a mi alrededor un mundo fant\u00e1stico, poblado de <em>xanas<\/em> (las peque\u00f1as hadas de los r\u00edos asturianos), elfos y enanos, a los que prestaba cada d\u00eda nueva vida. Cuando est\u00e1bamos en Ribadesella, rodeados de robles, casta\u00f1os y alisos, me llevaba de buena ma\u00f1ana a alguna espesura cercana y all\u00ed me ense\u00f1aba las huellas que, en sus actividades nocturnas, hab\u00edan dejado aquellas criaturas fabulosas. Yo lo cre\u00eda a pies juntillas, porque los rastros coincid\u00edan exactamente con lo que \u00e9l me hab\u00eda contado. No pod\u00eda sospechar que todo lo hab\u00eda preparado previamente. Luego reforzaba aquella realidad invisible con libros de cuentos y relatos escritos por \u00e9l mismo que me daba a leer.<br>\n<strong>UNA VIDA INDEPENDIENTE<\/strong><br>\nPero lo que m\u00e1s me cautivaba era el hecho de que \u00e9l tuviera una vida independiente de todos los dem\u00e1s de la casa. Daba largos paseos en solitario. Le\u00eda continuamente, apartado de los dem\u00e1s, y escrib\u00eda sin parar. Hablaba de cosas que ninguno conoc\u00eda y sol\u00eda mostrarse ausente, como habitando otro mundo que los dem\u00e1s no pod\u00edamos vislumbrar.<br>\nCarlos era un poeta, un buen poeta, dir\u00eda yo todav\u00eda hoy. Hab\u00eda compuesto toda una epopeya, en la que valerosos piratas navegaban hacia una lejana y misteriosa isla:<br>\n<em> <\/em><br>\n<em>All\u00e1 iremos, compa\u00f1eros,<\/em><br>\n<em>hasta vencer o morir:<\/em><br>\n<em>nuestro destino cumplir<\/em><br>\n<em>en la oculta isla de Yak.<\/em><br>\nLa figura central de aquel gran poema era una misteriosa mujer:<br>\n<em>Silvia,<\/em><br>\n<em>de profundos ojos negros,<\/em><br>\n<em>de suave y sedoso pelo,<\/em><br>\n<em>que, en una graciosa onda,<\/em><br>\n<em>le cae sobre espalda y pecho,<\/em><br>\n<em>semejando una amazona.<\/em><br>\nCuando comenz\u00f3 la moda existencialista, Carlos enseguida capt\u00f3 de d\u00f3nde ven\u00edan los vientos culturales, y se adapt\u00f3 a aquella angustia francesa, a aquel subrayar el absurdo y la desesperaci\u00f3n como compa\u00f1eros inseparables de la condici\u00f3n humana:<br>\n<em>Corren de espuma raudales,<\/em><br>\n<em>bullen las aguas.<\/em><br>\n<em>Y en el azul de los mares<\/em><br>\n<em>flota una barca.<\/em><br>\n<em>Flota una barca perdida, <\/em><br>\n<em>sin esperanza.<\/em><br>\n<em>El mar azul es mi vida,<\/em><br>\n<em>yo soy la barca.<\/em><br>\nPero lo que le consagr\u00f3 como poeta en el c\u00edrculo familiar fue el primer premio del certamen que mi padre convoc\u00f3 entre mis hermanos mayores, y cuyo tema era \u00abElogio de Asturias\u00bb. Asturias era nuestra tierra primaria, aunque Carlos siempre fue fiel a su M\u00e9xico natal, porque se consider\u00f3 mexicano a lo largo de toda su vida. De ese poema recuerdo algunos versos que todav\u00eda guardo en la memoria, a contrapelo del paso de los a\u00f1os:<br>\n<em>Socavones carminosos<\/em><br>\n<em>extendidos como g\u00e1rgolas;<\/em><br>\n<em>tortuosas y gran\u00edticas culebras<\/em><br>\n<em>que se enredan confundi\u00e9ndose:<\/em><br>\n<em>los caminos.<\/em><br>\n<em>Negros bosques de arboleda milenaria <\/em><br>\n<em>con erguidas direcciones de eucaliptos.<\/em><br>\n<em>Y el olor tan ardoroso a yerba seca, <\/em><br>\n<em>y el olor tan penetrante a fresco aliso.<\/em><br>\n<em>El azul tan espumoso de los r\u00edos<\/em><br>\n<em>que descienden por pendientes verticales<\/em><br>\n<em>invadiendo los espacios<\/em><br>\n<em>con sus ruidos.<\/em><br>\n<em>Son im\u00e1genes confusas<\/em><br>\n<em>que entremezclan la ilusi\u00f3n <\/em><br>\n<em>con el sentido.<\/em><br>\n<em>Porque Asturias, admirable, <\/em><br>\n<em>no se olvida <\/em><br>\n<em>ni en paisaje, ni en recuerdos,<\/em><br>\n<em>ni en cari\u00f1o.<\/em><br>\nCon todo, su fama ante el gran p\u00fablico proviene de una de las \u00faltimas composiciones conocidas por m\u00ed. Se trataba del melodrama de una china y un chinito que eran pobres y ciegos. Vagaban perdidos y hambrientos, hasta que un d\u00eda llegaron al borde de un profundo barranco. Los dos lo adivinan y cada uno trata de salvar al otro, pero en esa pugna amorosa, ambos caen al abismo. Mis padres, no s\u00e9 si en serio o un poco en broma, le hac\u00edan recitar el \u00abRomance de la china y el chinito\u00bb ante algunas visitas. Y su gloria po\u00e9tica sobrevino cuando, durante una sobremesa, logr\u00f3 que lloraran dos de mis t\u00edos, a los que sus sobrinos no les ten\u00edamos demasiada simpat\u00eda.<br>\nTanto admiraba yo a Carlos que procuraba seguirle los pasos. Pero \u00e9l me pon\u00eda obst\u00e1culos y me tend\u00eda lazos. Un d\u00eda entr\u00e9 t\u00edmidamente en su habitaci\u00f3n, con la disculpa de preguntarle algo o tal vez para conseguir que me prestara un libro de su inaccesible biblioteca. \u00c9l se sorprendi\u00f3 de o\u00edr mi voz y pregunt\u00f3 d\u00f3nde estaba.<br>\n\u2014Aqu\u00ed, aqu\u00ed \u2013respond\u00ed extra\u00f1ado.<br>\n\u2014No te veo \u2013arguy\u00f3 \u00e9l.<br>\nY enseguida, el diagn\u00f3stico: yo era v\u00edctima de un raro fen\u00f3meno que me hab\u00eda vuelto invisible, y la transformaci\u00f3n no tendr\u00eda vuelta atr\u00e1s. A pesar de que, como todos los ni\u00f1os que han le\u00eddo novelas fant\u00e1sticas, tambi\u00e9n yo hab\u00eda deseado alguna vez llegar a ser invisible, pas\u00f3 como un rel\u00e1mpago por mi imaginaci\u00f3n el tormento que supondr\u00eda toda una vida en la que nadie pudiera verme.<br>\nAterrorizado, fui corriendo a buscar a la tata, que era la confidente de mi infancia. Azucena, que proced\u00eda de Lastres, pueblo costero cercano a Ribadesella, se encontraba en el peque\u00f1o lavadero, situado al lado de la cocina en nuestro piso de la madrile\u00f1a calle Castell\u00f3. Cuando hablaba con ella, yo mismo utilizaba giros asturianos como, por ejemplo, poner el pronombre reflexivo detr\u00e1s del verbo:<br>\n\u2014Tata, \u00bfvesme?<br>\nAzucena vacil\u00f3 un momento, sorprendida por la pregunta. Pero, con su aguda inteligencia, inmediatamente se dio cuenta de que Carlos me hab\u00eda seguido, para observar en qu\u00e9 paraba su ardid. Y ella, indignada y compadecida, contest\u00f3 finalmente:<br>\n\u2014Claro que te veo, prob\u00edn, ven aqu\u00ed que te d\u00e9 un abrazu.<br>\nTodav\u00eda siento en mi cuerpo sus manos mojadas que me acariciaban, mientras reprochaba a Carlos que enga\u00f1ara a su hermano peque\u00f1o.<br>\n<strong> <\/strong><br>\n<strong>PREVALECI\u00d3 CLARIDAD <\/strong><strong>DE MENTE Y GENEROSIDAD<\/strong><br>\n<strong> <\/strong><br>\nLos rasgos de genialidad que, desde su infancia, apuntaba Carlos eran susceptibles de una doble deriva. Una de estas posibilidades vitales \u2013la negativa\u2013 podr\u00eda ser una originalidad desarraigada y escasamente solidaria. Fue mi madre, Estela Cifuentes, quien \u2013con su sentido de la realidad y su espiritualidad profunda\u2013 se percat\u00f3 enseguida de este riesgo. Pero ve\u00eda, sobre todo, los horizontes positivos. Con paciencia y sentido positivo fue fomentando el indudable buen fondo de su hijo, hasta que claramente prevaleci\u00f3 la claridad de mente y la generosidad.<br>\nIron\u00edas y bromas, a las que Carlos hab\u00eda sido tan dado, ocultaban cada vez menos su destacada capacidad intelectual. Y el propio ritmo de la maduraci\u00f3n de su personalidad iba dejando ver su rectitud moral y su entereza. Estos rasgos de su fuerte car\u00e1cter se consolidaron cuando comenz\u00f3 sus estudios de Bachillerato.<br>\nComo todos los hermanos, estudi\u00f3 en el colegio de El Pilar, dirigido por los marianistas. En aquel gran edificio neog\u00f3tico de la madrile\u00f1a calle Castell\u00f3, el prestigio personal de Llano \u2013los profesores nos llamaban por el apellido\u2013 aumentaba de a\u00f1o en a\u00f1o. Hasta el severo D. Victorino Alegre, Director del Colegio, le pon\u00eda p\u00fablicamente de ejemplo. Las chanzas de las que le hicimos objeto, por colaboracionista, no disminuyeron \u2013m\u00e1s bien lo contrario\u2013 el respeto que le ten\u00edamos sus hermanos m\u00e1s peque\u00f1os.<br>\nEn El Pilar, uno de los cargos de mayor dignidad era el de director de la revista estudiantil<em> Soy Pilarista<\/em>, que han ocupado sucesivamente alumnos que llegar\u00edan a ser directores de importantes peri\u00f3dicos, ministros o grandes financieros. Pues bien, adem\u00e1s de estar al frente de <em>Soy Pilarista<\/em>, Carlos fue nombrado Presidente de la Congregaci\u00f3n Mariana del Colegio, con la autoridad moral que llevaba consigo. Todos esperaban que hiciera una carrera profesional fulgurante, y que antes estudiar\u00eda Derecho con vistas a la oposici\u00f3n de Notar\u00edas, o bien Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos. Por eso sorprendi\u00f3 \u2013y tal vez defraud\u00f3 a algunos\u2013 que Carlos se matriculara en la Facultad de Filosof\u00eda y Letras de la Universidad de Madrid, para cursar una carrera cuyo prestigio intelectual no deparaba altas retribuciones econ\u00f3micas ni poder pol\u00edtico. Pero esta decisi\u00f3n tan poco popular \u2013y tan acertada\u2013 confirm\u00f3 que \u00e9l buscaba realidades y valores, m\u00e1s que apariencias y \u00e9xitos prematuros.<br>\n<strong>DOS CIRCUNSTANCIAS SE DIERON LA MANO<\/strong><strong> <\/strong><br>\nDurante los meses transcurridos entre el final del bachillerato y el comienzo de sus estudios universitarios, Carlos hab\u00eda conocido el Opus Dei a trav\u00e9s de Enrique Cavanna y de D. Jes\u00fas Urteaga. Lector de Teresa de \u00c1vila, a\u00f1oraba el haber conocido a alg\u00fan fundador de la talla de la santa castellana. Pens\u00f3 inicialmente que el Opus Dei no le proporcionar\u00eda tal posibilidad, porque su denominaci\u00f3n latina parec\u00eda revelar un origen medieval. Se llev\u00f3 una sorpresa al enterarse que Josemar\u00eda Escriv\u00e1, adem\u00e1s del autor de<em> Camino<\/em>, era el fundador de la Obra. Y, durante una excursi\u00f3n por la  Sierra de Guadarrama, una larga conversaci\u00f3n con C\u00e9sar Ortiz de Echag\u00fce, estudiante de arquitectura, le aport\u00f3 las pocas razones que todav\u00eda le faltaban para pedir la admisi\u00f3n en el Opus Dei.<br>\nFue este paso, decisivo en su vida, el que le llev\u00f3 a Roma, donde convivi\u00f3 con san Josemar\u00eda en un per\u00edodo inolvidable. Durante aquellos a\u00f1os, realiz\u00f3 estudios de doctorado en la Universidad  Tom\u00e1s de Aquino, y present\u00f3 una tesis doctoral en Filosof\u00eda sobre el principio de no contradicci\u00f3n, dirigida por el maestro Garrigou Lagrange.<br>\nCoincidieron entonces \u2013eran los comienzos de la d\u00e9cada de los cincuenta\u2013 dos circunstancias que dar\u00edan otro importante giro a su trayectoria vital. Por una parte, la labor apost\u00f3lica de la Obra en M\u00e9xico \u2013donde \u00e9l hab\u00eda nacido y pasado sus primeros a\u00f1os\u2013 estaba dando sus pasos iniciales, y se necesitaban personas s\u00f3lidamente formadas para comenzar con buen pie aquella primera expansi\u00f3n en Am\u00e9rica. De otro lado, mi padre, Antonio Llano Pando, precisaba una ayuda cercana en sus empresas y negocios, tras cerca del medio siglo como emigrante en un pa\u00eds en el que hab\u00eda templado su car\u00e1cter y desarrollado su capacidad creativa. La inquietud apost\u00f3lica y la petici\u00f3n de mi padre se dieron la mano y condujeron a Carlos a M\u00e9xico, pa\u00eds en el que permanecer\u00eda ininterrumpidamente el resto de su vida.<br>\nY es precisamente en M\u00e9xico donde se manifestaron de manera progresiva sus potencialidades intelectuales y personales. Estoy convencido de que la colaboraci\u00f3n empresarial con mi padre \u2013que comenz\u00f3 a alternar sus estancias en M\u00e9xico con per\u00edodos en los que regresaba a Espa\u00f1a para estar m\u00e1s cerca de la familia\u2013 fue clave para el desarrollo arm\u00f3nico del perfil humano de Carlos.<br>\nLlegado a M\u00e9xico todav\u00eda adolescente, Antonio se hab\u00eda forjado a s\u00ed mismo a trav\u00e9s de emocionantes vicisitudes hist\u00f3ricas y sociales, hab\u00eda cultivado su preparaci\u00f3n cultural, hab\u00eda trabajado con audacia y, lo que es a\u00fan m\u00e1s importante, su temple \u00e9tico hab\u00eda madurado en una honradez impecable y en una generosidad sin alardes. A su lado, Carlos aprendi\u00f3 exigencia, rigor, prudencia y constancia en la labor que llevaba entre manos. \u00c9ste es, sin duda, uno de los factores que explica su fecundidad creciente en las tareas tan amplias y variadas que desarroll\u00f3 durante m\u00e1s de cinco d\u00e9cadas transcurridas en el Distrito Federal.<br>\n<strong> <\/strong><br>\n<strong>SINTETIZABA <\/strong><strong>EL ACIERTO CON LA  EXACTITUD<\/strong><br>\n<strong> <\/strong><br>\nLa muerte de Carlos ha sido para m\u00ed un golpe tremendo. Era, en este mundo, la persona con la que yo me sent\u00eda m\u00e1s unido, m\u00e1s identificado. Entre otros motivos m\u00e1s esenciales, \u00e9l se dedicaba tambi\u00e9n a la Filosof\u00eda y hab\u00eda trabajado mucho tiempo en la gesti\u00f3n universitaria. Fue casual que coincidi\u00e9ramos durante varios a\u00f1os en nuestra condici\u00f3n de rectores, \u00e9l en la Universidad Panamericana y yo en la Universidad de Navarra; pero result\u00f3 significativo que las pocas ocasiones en que pod\u00edamos comentar nuestras experiencias de direcci\u00f3n acad\u00e9mica estuvi\u00e9ramos de acuerdo en todas las cuestiones fundamentales.<br>\nCuando me lleg\u00f3 la noticia de su inesperado fallecimiento, tuve la sensaci\u00f3n, muy intensa y nada rom\u00e1ntica, de que al morirse Carlos era yo tambi\u00e9n quien me mor\u00eda. Sufr\u00ed mucho \u2013otro tanto les sucedi\u00f3 a mis hermanos\u2013 y he tardado meses en incorporar vitalmente el consuelo de una convicci\u00f3n que ten\u00eda en mi mente desde el principio: que su muerte no hab\u00eda sido un final sino una culminaci\u00f3n.<br>\nCarlos ha sido una persona de extraordinaria calidad intelectual y humana, con una alegr\u00eda contagiosa y una generosidad sorprendente.<br>\nPose\u00eda el don de la amistad. \u00a1Cu\u00e1ntas personas se consideraban sus amigos \u00edntimos! Por mi parte, adem\u00e1s de aprender mucho de sus decenas de excelentes libros de filosof\u00eda y de empresa, pude comprobar que gozaba de la rara cualidad de aconsejar sabiamente. En t\u00e9rminos de Pascal, se podr\u00eda decir que sintetizaba el \u00abesp\u00edritu de finura\u00bb con el \u00abesp\u00edritu de geometr\u00eda\u00bb: el acierto con la exactitud.<br>\nAl repasar sus trabajos y sus d\u00edas, uno se acerca a la convicci\u00f3n de que todav\u00eda es posible realizar en nuestro tiempo, y de modo nuevo, la tarea del h\u00e9roe. Pero, ahondando un poco m\u00e1s, se llega a la certeza que Carlos guardaba silenciosamente el secreto de su eficacia y su fecundidad: era un hombre metido en Dios.<br>\n<strong>Travesuras, vena po\u00e9tica y despistes<\/strong><br>\n<strong>Estela Llano<\/strong>\n<table cellspacing=\"0\" cellpadding=\"0\">\n<tbody>\n<tr>\n<td align=\"left\" valign=\"top\">Y<span style=\"font-size: 13px;line-height: 19px\">a se han recogido y publicado muchos testimonios sobre la vida profesional, acad\u00e9mica y social de Carlos. A nosotros, los m\u00e1s allegados \u2013hermanos y hermanas\u2013 se nos pide que recabemos algunos recuerdos sobre su ni\u00f1ez, vida familiar, rasgos de su comportamiento en sus primeros a\u00f1os.<\/span><\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n<p>Rebuscando en mi memoria podr\u00eda agrupar estos recuerdos en travesuras, vena po\u00e9tica y despistes.<br>\n<strong> <\/strong><br>\n<strong><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/192.100.230.75\/wp-content\/uploads\/2010\/11\/suvida_mihermanocarlos2.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-58425\" style=\"margin: 5px\" title=\"suvida_mihermanocarlos2\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/192.100.230.75\/wp-content\/uploads\/2010\/11\/suvida_mihermanocarlos2.jpg?resize=150%2C195\" alt=\"\" width=\"150\" height=\"195\" loading=\"lazy\"><\/a>MANTUVO SIEMPRE CARA DE \u00abTRAVIESO\u00bb<\/strong><br>\nHe le\u00eddo en alguno de los testimonios escritos, que Carlos ten\u00eda a veces cara de \u00abtravieso\u00bb. Es un rasgo que ha mantenido desde su infancia. Carlos de peque\u00f1o era muy travieso. Y m\u00e1s que eso, mi madre le llamaba \u00abcascarrabias\u00bb. Cuando se enfadaba era algo terrible y despu\u00e9s de alguna \u00abtrastada\u00bb se le castigaba de distintas formas. Recuerdo que tras una de sus \u00abfechor\u00edas\u00bb le encerraron en el desv\u00e1n de nuestra casa en Asturias, donde pas\u00e1bamos los meses de verano. En esa guardilla hab\u00eda un ventanuco que daba al tejado de la casa. Por all\u00ed trep\u00f3 y lleg\u00f3 caminando sobre el declive inclinado de las tejas, hasta la chimenea y de all\u00ed, al borde del tejado. Manchado con tiznones del humo de la chimenea empez\u00f3 a gritar muy fuerte para que le oy\u00e9ramos desde abajo: \u00ab\u00a1Como no me abr\u00e1is la puerta me tiro desde aqu\u00ed ahora mismo!\u00bb. Lo repiti\u00f3 varias veces hasta que \u2013posiblemente mi padre\u2013 le hizo razonar para que no hiciera tal cosa. Se le sac\u00f3 de all\u00ed y ya no recuerdo lo que pas\u00f3 despu\u00e9s. El susto familiar fue morrocotudo.<br>\nNo s\u00e9 decir la edad que tendr\u00eda, quiz\u00e1 ya rondando la adolescencia. Compart\u00eda la habitaci\u00f3n con su hermano Rafael, quien le sinti\u00f3 levantarse de la cama y vestirse. \u00ab\u00bfPero por qu\u00e9 te levantas?\u00bb, le pregunt\u00f3. \u00abPorque ya es hora de levantarse. Son las nueve\u00bb. Mi hermano Rafa se levant\u00f3 y al ver la casa en absoluto silencio fue a la habitaci\u00f3n de mis padres. \u00ab\u00bfQu\u00e9 pasa, por qu\u00e9 nadie est\u00e1 levantado?\u00bb, les pregunt\u00f3. Mis padres le miraron asombrados. \u00ab\u00bfPero qu\u00e9 haces, si son las seis de la ma\u00f1ana?\u00bb. \u00abPues Carlos me ha dicho que son las nueve, se ha levantado y se ha marchado\u00bb.<br>\nAlarma general. La puerta de la entrada estaba abierta, en el vest\u00edbulo hab\u00eda mucho desorden: chaquetas y bastones por el suelo\u2026 y en la cocina varios cacharros y utensilios de la cocina estaban desparramados\u2026 \u00abAqu\u00ed ha habido una pelea\u00bb, dijo alguien. \u00abEs posible que hayan raptado a Carlos\u00bb.<br>\nAquel verano nos hab\u00edan advertido que estaba asaltando las casas y secuestrando gente un bandido \u2013del grupo a los que denominaban \u00abemboscados\u00bb llamado Bernab\u00e9, del que hab\u00edan puesto una fotograf\u00eda en una tienda cercana con el letrero de \u00abse busca\u00bb (en americano \u00ab<em>wanted<\/em>\u00bb). Nos dec\u00edan que conven\u00eda estar en casa al oscurecer y cerrar bien las puertas. La gente estaba bastante aterrada, especialmente una empleada que ten\u00edamos llamada Mar\u00eda, que era la que primero se levantaba para preparar los desayunos. Al ver la destartalada cocina por poco se desmaya.<br>\nAvisaron a las casas de al lado, en las que viv\u00edan unos t\u00edos nuestros, para darles la voz de alarma y ellos empezaron a hacer recuento para ver si faltaba alguno de sus hijos, algunos todav\u00eda peque\u00f1os. Recuerdo que mi hermana Mar\u00eda Elena y yo nos pusimos a rezar, bastante angustiadas. El resto de la familia segu\u00eda asomada a las ventanas. Tengo que decir que en aquel momento no hab\u00eda forma de llamar a la polic\u00eda, porque en esa aldea, bastante remota, llamada El Carmen no dispon\u00edamos de l\u00ednea telef\u00f3nica. Hab\u00eda que bajar cinco kil\u00f3metros a la Villa para hablar por tel\u00e9fono. Mi padre atisbaba la carretera \u2013que era casi un camino porque estaba sin asfaltar\u2013 en la que hab\u00eda una recta de varios metros y despu\u00e9s una curva pronunciada. Al cabo de un rato \u2013que se nos hizo eterno\u2013 mi padre vio aparecer a Carlos doblando la curva tranquilamente, caminando al ritmo acompasado de una \u00abcachava\u00bb (como en Asturias llaman al bast\u00f3n). S\u00f3lo s\u00e9 que respiramos todos, incapaces ya de volver a dormir aquella ma\u00f1ana. El di\u00e1logo que hubo entre el \u00abpatr\u00f3n\u00bb (que as\u00ed llam\u00e1bamos a veces a mi padre) y Carlos lo desconozco. S\u00f3lo s\u00e9 lo que aleg\u00f3 Carlos para razonar su conducta y quiz\u00e1 tambi\u00e9n para mitigar la reprimenda. \u00abLe gustaba pasear a esas horas porque se pensaba mejor\u00bb. Lo del desorden de la cocina hab\u00eda sido para asustar a Mar\u00eda, fingiendo que all\u00ed hab\u00eda entrado Bernab\u00e9. Sobre la reprimenda del \u00abpatr\u00f3n\u00bb no supimos nada. El signo externo del castigo fue que Carlos estuvo 15 d\u00edas sin bajar a la playa.<br>\n<strong>\u00bfQu\u00e9 escribir\u00e1 Carlos?<\/strong><br>\nSobre su vena po\u00e9tica, la ten\u00eda desde peque\u00f1o muy agudizada. Le ve\u00edamos leer y escribir mucho. Como hab\u00eda casi siempre un gran bullicio alrededor \u2013hablo de los meses de vacaciones\u2013 posiblemente le costar\u00eda concentrarse. Esa fue quiz\u00e1 la raz\u00f3n que le hizo construirse una r\u00fastica mesa de escritorio con su respectivo asiento, hecho todo de ramas y tablas e instalar esos artefactos en la copa de un \u00e1rbol. El \u00e1rbol elegido fue un cerezo, en el que l\u00f3gicamente hab\u00eda cerezas en esos meses de verano. Estaba bastante retirado, pero pronto lo descubrimos al ir a buscar cerezas. Tengo que decir que respet\u00e1bamos bastante su silencio, al verlo all\u00ed subido escribiendo\u2026 \u00ab\u00bfQu\u00e9 escribir\u00e1 Carlos?\u00bb, pens\u00e1bamos. Pero parte de aquella misteriosa estrategia por fin se hizo p\u00fablica. Carlos escrib\u00eda versos, poemas. Mi madre le pidi\u00f3 que leyera alguno. Le gust\u00f3 tanto que le pidi\u00f3 a Carlos que leyera la historia de \u00abLos chinitos\u00bb. En la sobremesa la escuchamos todos. Era un drama tierno y triste. Lo chinitos eran pobres y ciegos y no ten\u00edan a nadie que les cuidara. Su vida termin\u00f3 al caerse por un precipicio. Recuerdo que el llanto se hizo casi general. Todos soltamos las l\u00e1grimas, incluido el matrimonio invitado, que despu\u00e9s de secarse las l\u00e1grimas alab\u00f3 ampliamente el relato.<br>\nM\u00e1s adelante se meti\u00f3 en temas m\u00e1s serios y po\u00e9ticos, como los que recoge mi hermano Alejandro en sus memorias <em>Olor a yerba seca<\/em>. La primera estrofa de una oda a Astu rias empezaba as\u00ed: <em>Corren de espumas raudales<\/em>\u2026 (El verso aparece en\u00a0 la p\u00e1gina 24).<br>\n<strong>\u00abLe puede pasar a cualquiera\u00bb<\/strong><strong> <\/strong><br>\nCreo que ocurri\u00f3 en Roma, cuando una noche a la hora de la cena en la que compart\u00eda mesa con otros estudiantes de su edad, empez\u00f3 a explicarles algo que requer\u00eda una pluma estilogr\u00e1fica para escribirlo en un papel. Al terminar la explicaci\u00f3n sigui\u00f3 tomando la sopa con la pluma que ten\u00eda en la mano, ti\u00f1endo el l\u00edquido de la sopa de un azul intenso. Carcajada general. Reacci\u00f3n de Carlos muy en serio: \u00abNo s\u00e9 por qu\u00e9 os re\u00eds. Esto le puede pasar a cualquiera\u00bb.<br>\nOtro d\u00eda presid\u00eda una reuni\u00f3n en un despacho que no era el suyo. Al levantar la sesi\u00f3n Carlos fue el primero en salir pero \u2013para sorpresa de todos\u2013 no se dirigi\u00f3 a la puerta sino que se meti\u00f3 en un armario. \u00c9l cuenta que se avergonz\u00f3 tanto de su despiste, que se qued\u00f3 all\u00ed metido esperando que se fuera la gente que, divertida, pasados unos minutos le sac\u00f3 del armario en medio de una carcajada general.<br>\nFinalmente y durante el corto tiempo que se dedic\u00f3 a los \u00abnegocios\u00bb, los jefes de su empresa le dijeron que estaban esperando una llamada telef\u00f3nica important\u00edsima. Esa llamada entrar\u00eda por su tel\u00e9fono. La persona se llamaba do\u00f1a Rosa Raso. Para que no se le olvidara repiti\u00f3 su nombre varias veces: Rosa Raso, Rosa Raso\u2026 Cada vez que sonaba el tel\u00e9fono recordaba: Rosa Raso\u2026 La llamada tard\u00f3 en producirse y por fin\u2026 ring\u2026 ring\u2026 \u00abAqu\u00ed Rosa Raso, \u00bfcon qui\u00e9n hablo?\u00bb. Y Carlos muy sol\u00edcito contest\u00f3: \u00abAqu\u00ed Carlos Corlas\u00bb\u2026 Do\u00f1a Rosa Raso, desconcertada, colg\u00f3 inmediatamente el tel\u00e9fono y cort\u00f3 la comunicaci\u00f3n. (8-IX-2010)<br>\n<sub> <\/sub><br>\n<sub> <\/sub><br>\n<strong>Correspondencia entra\u00f1able<\/strong><br>\n<strong>Rafael Llano<\/strong><br>\n<a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/192.100.230.75\/wp-content\/uploads\/2010\/11\/suvida_mihermanocarlos1.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-58424\" style=\"margin: 5px\" title=\"suvida_mihermanocarlos1\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/192.100.230.75\/wp-content\/uploads\/2010\/11\/suvida_mihermanocarlos1.jpg?resize=150%2C195\" alt=\"\" width=\"150\" height=\"195\" loading=\"lazy\"><\/a>Carlos demostr\u00f3, desde su primera infancia,\u00a0 una inteligencia no com\u00fan. Esto unido a su constancia, laboriosidad y orden lo coloc\u00f3, ya en sus primeros a\u00f1os de bachillerato \u2013cursado en el colegio de El Pilar, en Madrid\u2013 en el primer lugar de su clase. Destacaba especialmente con \u00abmatr\u00edculas de honor\u00bb habituales y consecutivas.<br>\nEra muy considerado entre sus colegas. Vivi\u00f3 siempre con mucha seriedad su cristianismo. Fue nombrado presidente de la Congregaci\u00f3n Mariana del colegio.<br>\nDemostr\u00f3 precozmente sus cualidades de escritor. Recuerdo muy bien una novela en verso que comenz\u00f3 a escribir cuando tendr\u00eda 12 o 13 a\u00f1os. Era una novela de aventuras que se desenvolv\u00eda en lejanos mares y tierras asi\u00e1ticas. Escrib\u00eda mucha poes\u00eda. Yo recuerdo algunas que grab\u00e9 en mi memoria adolescente. Transcribo aqu\u00ed solamente dos, sin garantizar su absoluta fidelidad, ni la debida disposici\u00f3n de los versos:<em> Socavones carminosos<\/em>\u2026 (El verso aparece en\u00a0 la p\u00e1gina 24).<br>\nY otro que, aunque escrito en la adolescencia ya revela su preocupaci\u00f3n por el sentido de la vida: <em>Corren de espuma raudales<\/em>\u2026 (El verso aparece en\u00a0 la p\u00e1gina 24).<br>\nCarlos conoci\u00f3 el Opus Dei en 1949, al terminar su bachillerato. A la mitad de ese a\u00f1o contraje una enfermedad que me oblig\u00f3 a hacer un largo reposo y exigi\u00f3 que la familia, en vez de pasar el verano en Asturias, lo hiciese cerca de la Sierra de Guadarrama, no lejos de Madrid, donde el clima era m\u00e1s seco. Alquilamos una casa en \u00abLos Molinos\u00bb.<br>\nLos conocidos de Carlos del Opus Dei iban a hacerle visitas. A veces iban de excursi\u00f3n a la sierra. En una de esas excursiones Carlos decidi\u00f3 pedir la admisi\u00f3n en la Obra.<br>\nNosotros charl\u00e1bamos mucho. Yo ve\u00eda que demostraba entusiasmo por la  Obra. Un d\u00eda mi madre me dijo que estaba un poco preocupada porque ten\u00eda miedo que Carlos decidiese ser del Opus Dei. Estaba temerosa de que lo convenciesen a tomar esa decisi\u00f3n. Yo le dije: \u00abCarlos es lo suficientemente inteligente para no dejarse enga\u00f1ar\u00bb. No podr\u00eda entonces pensar que, tanto ella como yo y seis de mis hermanos, se dejar\u00edan \u00abenga\u00f1ar\u00bb.<br>\nDej\u00f3 conmigo <em>Camino<\/em> de San Josemar\u00eda. En mis largos per\u00edodos de descanso, meditaba con aquel libro. Me encontr\u00e9 con un punto que me impresion\u00f3 mucho. Al d\u00eda siguiente intent\u00e9 reencontrarlo y no consegu\u00eda. Revir\u00e9 el libro muchas veces sin ning\u00fan \u00e9xito. Carlos me vio en esa operaci\u00f3n y me pregunt\u00f3 qu\u00e9 estaba buscando. Se lo expliqu\u00e9. Agreg\u00f3 con mucha convicci\u00f3n: \u00abTen m\u00e1s fe. P\u00eddeselo a Dios y encontrar\u00e1s el punto que m\u00e1s te conviene; abre el libro en cualquier parte y ese punto encontrado ser\u00e1 lo que m\u00e1s necesitas\u00bb. As\u00ed lo hice. Y delante del mayor asombro encontr\u00e9 exactamente el punto que buscaba. En aquel momento tuve la convicci\u00f3n de que Dios me estaba \u00abpersiguiendo\u00bb. El punto de <em>Camino<\/em> dec\u00eda: \u00abNo seas pesimista. \u00bfNo sabes que todo lo que sucede o pueda suceder es para bien? Tu optimismo ser\u00e1 consecuencia necesaria de tu fe\u00bb. (N\u00b0 377)<br>\nUna noche, ya acostados, \u00e9l me pregunt\u00f3: \u00ab\u00bfNunca pensaste que podr\u00edas tener vocaci\u00f3n?\u00bb Yo le respond\u00ed: \u00abNunca\u00bb. No era verdad, ya lo hab\u00eda pensado alguna vez. Pero ten\u00eda miedo de hablar sobre ello.<br>\nAquella charla tuvo mucha importancia para m\u00ed. A partir de entonces comenc\u00e9 a pensar seriamente en esa cuesti\u00f3n. Carlos, sin duda, represent\u00f3 un marco muy positivo en mi vocaci\u00f3n. Fue a hacer un curso anual en la Estila, un Centro de la Obra en Santiago de Compostela. Poco tiempo despu\u00e9s era yo quien ped\u00eda la admisi\u00f3n en la Obra. Fue en agosto de 1949.<br>\nDespu\u00e9s nuestros contactos fueron muchos. \u00c9l se fue al Colegio Romano de la  Santa Cruz. Yo me iba a los Estados Unidos a ayudar en los comienzos de la labor en ese pa\u00eds. Ya ten\u00eda hecha mi matr\u00edcula en una Facultad de Business Administration en Chicago. Pero tuve una reca\u00edda de aquella enfermedad anterior y me qued\u00e9 haciendo un tratamiento de reposo. Estando en la cama, recib\u00ed una carta de Carlos con unas palabras de Nuestro Padre que me emocionaron:<br>\n<em>Querid\u00edsimo Rafa:<\/em><br>\n<em>Que Jes\u00fas te me guarde. Cu\u00eddate. D\u00e9jate cuidar. C\u00fampleme las normas. Procura dar alegr\u00eda a tus padres. As\u00ed el Se\u00f1or y yo estaremos tambi\u00e9n contentos. <\/em><br>\n<em>Env\u00eda una cari\u00f1osa bendici\u00f3n el Padre.<\/em><br>\nEsas palabras de Nuestro Padre en la carta de Carlos, me causaron una fuerte emoci\u00f3n y me sirvieron para llevar con paciencia aquel necesario per\u00edodo de descanso. Meses despu\u00e9s, tambi\u00e9n con emoci\u00f3n, recib\u00ed otra carta suya, desde el Colegio Romano, en la que el Padre hac\u00eda referencia a la carta anterior:<br>\n<em>Querid\u00edsimo Rafa: <\/em><br>\n<em>\u00bfTe cuidas? \u00bfte dejas cuidar? \u00bfme cumples las normas? <\/em><em> <\/em><br>\n<em>Una cari\u00f1osa bendici\u00f3n del Padre.<\/em><br>\nMe sorprendi\u00f3 que, tanto tiempo despu\u00e9s, san Josemar\u00eda se acordase de preguntar lo que en la carta anterior me ped\u00eda.<br>\nDespu\u00e9s, cuando fui a Roma, era yo el que enviaba cartas a Carlos con unas palabras del Padre. Recojo aqu\u00ed una como bot\u00f3n de muestra:<\/p>\n<p style=\"text-align: right\"><em>21 de octubre de 1956<\/em><\/p>\n<p><em>Querido Carlos: <\/em><br>\n<em>En una primera carta desde el colegio Romano te dec\u00eda que lo m\u00e1s significativo era vivir tan cerca del Padre. Para m\u00ed, que apenas le conoc\u00eda, esto supone mucho. Me parece estar viviendo ahora momentos que siempre so\u00f1\u00e9 ut\u00f3picos.<\/em><br>\n<em>Antes de ayer, el Padre me llam\u00f3 al cuarto del Rector. Estuve con \u00e9l cerca de media hora. Me pregunt\u00f3 por ti. Ya lo hab\u00eda hecho en otra ocasi\u00f3n. Me dijo que yo era como t\u00fa, a trav\u00e9s de un cristal de aumento. O \u2013con otra comparaci\u00f3n\u2013 que yo era tu garbanzo echado a remojo (\u2026)<\/em><br>\n<em>Esta carta te la escribo porque el Padre me dijo que quer\u00eda ponerte unas letras. Un abrazo muy fuerte de Rafa.<\/em><br>\nDebajo, unas palabras del Padre:<br>\n<em>Un abrazo muy fuerte, bandido. Ahora a\u00fan digo alguna vez aquello de: Partag\u00e1s, ni los ves ni los ver\u00e1s. Y Rafa sonr\u00ede, con una sonrisa simp\u00e1tica\u2026 y amplia.<\/em><br>\n<em>Que me se\u00e1is fieles en ese M\u00e9xico de mi alma.<\/em><br>\n<em>Para ti y para todos, la bendici\u00f3n m\u00e1s cari\u00f1osa del Padre.<\/em><br>\n(La referencia a \u00abPartag\u00e1s\u00bb, se debe a la f\u00e1brica de puros que mi familia ten\u00eda en Cuba). Las cartas tanto de Carlos como m\u00edas con unas letras de san Josemar\u00eda, se sucedieron a lo largo de los a\u00f1os. Recojo, solamente como ejemplo, una carta de Carlos cuando yo estaba ya en el Brasil, del 25 de febrero de 1966:<br>\n<em>Querido Rafa: <\/em><br>\n<em>Despu\u00e9s de escribirte, casi reci\u00e9n llegado a Roma, me dijo el Padre que podr\u00eda escribir a los hermanos de Casa y que \u00e9l encabezar\u00eda la carta con unas letras. No quiero privarte de esa ocasi\u00f3n que s\u00e9 cuanta alegr\u00eda te dar\u00e1. Recuerdo cuando t\u00fa, estando en Roma hiciste lo mismo (\u2026)<\/em><br>\n<em> <\/em><br>\n<em>Recibe un abrazo muy fuerte de tu hermano que te quiere. Carlos<\/em><br>\nY las palabras del Padre:<br>\n<em>Con un afectuoso abrazo, te recuerda, a ti y a todos esos hijos, env\u00eda una cari\u00f1osa bendici\u00f3n el Padre.<\/em><br>\n<strong> <\/strong><br>\n<strong>DERROCHE DE SIMPAT\u00cdA Y BUEN HUMOR<\/strong><br>\nMuchas otras cosas podr\u00eda contar de mi relaci\u00f3n con Carlos durante bastantes a\u00f1os. Sin embargo hay un hecho que pienso vale la pena relatar. Recib\u00ed una carta de la  Nunciatura de la Santa Sede en el Brasil, precisamente en el momento en que estaba con las maletas en la mano para viajar a M\u00e9xico. Hac\u00eda muchos a\u00f1os que no estaba en el lugar que me vio nacer. En esta carta se me comunicaba que el Santo Padre Juan Pablo II se hab\u00eda dignado nombrarme Obispo Auxiliar de Rio de Janeiro. Ped\u00edan mi consentimiento. Sorprendido y lleno de confusi\u00f3n, guard\u00e9 el sobre en un caj\u00f3n y me march\u00e9 a M\u00e9xico sin saber qu\u00e9 responder. Lo primero que hice cuando llegu\u00e9 al Distrito Federal fue hacer, con Carlos, una visita a la Virgen de Guadalupe. Pas\u00e9 mucho tiempo pidiendo luces para saber cu\u00e1l deber\u00eda ser mi respuesta.<br>\nUna chispa de esa luz me lleg\u00f3 a trav\u00e9s de la Patrona de Am\u00e9rica Latina. En conversaci\u00f3n sigilosa confidenci\u00e9 con Carlos mis perplejidades. Al llegar al Brasil, llegu\u00e9 a una conclusi\u00f3n positiva. Agradezco mucho a nuestra Se\u00f1ora de Guadalupe y a Carlos las luces que recib\u00ed por su intermedio. Como se\u00f1al de agradecimiento quise colocar como fondo de mi escudo episcopal el manto de la Guadalupana.<br>\nLa \u00faltima vez que vi a Carlos fue en enero de 2009, en el \u00abEncuentro Mundial de las Familias\u00bb, al que fui en mi calidad de Presidente de la  Comisi\u00f3n Vida y Familia del Brasil. Estuve muchas veces con \u00e9l. Organiz\u00f3 en el IPADE dos almuerzos: uno con la familia Llano y otro con la familia Cifuentes. Muchos parientes de ambas familias participaron. Entre ellos se encuentran bastantes personas del Opus Dei. El papel que represent\u00f3 Carlos en ambas familias de M\u00e9xico fue fundamental.<br>\nEn bastantes lugares en los que acompa\u00f1aba a Carlos, muchas personas lo saludaban. Incluso en alg\u00fan restaurante se adelantaron a pagar el almuerzo. El Cardenal Norberto Rivera me invit\u00f3 a almorzar junto con algunos cardenales y autoridades civiles. Al presentarme, el Gobernador del Estado de M\u00e9xico, pregunt\u00f3 si era hermano de Carlos. Al decirle que s\u00ed, me coment\u00f3 que lo estimaba mucho y que hab\u00eda sido su alumno.<br>\nEn todos los contactos que tuvo Carlos a mi lado mostr\u00f3 derroche de simpat\u00eda y buen humor.<br>\nFue el primero que pidi\u00f3 la admisi\u00f3n en la Obra y a trav\u00e9s de \u00e9l directa o indirectamente nos relacionamos con ella. Si fuese s\u00f3lo por esto, nuestra deuda con Carlos ya ser\u00eda enorme.<br>\nEn fin, quiero que conste que, despu\u00e9s del fallecimiento de Carlos, me comunicaron que acababa de ser nombrado Miembro de la Academia Internacional de Derecho y Econom\u00eda de Brasil. En contacto con esta entidad tan prestigiosa, me aseveraron que, con pleno derecho, se puede incluir ese t\u00edtulo en su Curriculum Vit\u00e6. (Nova Friburgo, 8 de septiembre de 2010).<br>\n<sub> <\/sub><\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"58299\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Con frescura y sencillez, Alejandro, Estela y Rafael Llano Cifuentes narran algunos recuerdos de infancia y vivencias familiares en Madrid y en Ribadesella (Asturias). 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