{"id":57438,"date":"2010-04-06T10:52:34","date_gmt":"2010-04-06T15:52:34","guid":{"rendered":"http:\/\/192.100.230.75\/?p=57438"},"modified":"2010-04-06T10:52:34","modified_gmt":"2010-04-06T15:52:34","slug":"al-contragolpe-el-deporte-y-la-formacion-humana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2010\/04\/06\/al-contragolpe-el-deporte-y-la-formacion-humana\/","title":{"rendered":"Al contragolpe: el deporte y la formaci\u00f3n humana"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"57438\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p>\u00ab<em>Todo lo que s\u00e9 de la moral de los hombres lo he aprendido del futbol<\/em><em>.<\/em>\u00bb<br>\nAlbert Camus<br>\nA mi maestro y amigo, H\u00e9ctor<br>\nEn la edici\u00f3n de enero-febrero, no. 306, <strong>istmo<\/strong> public\u00f3 el art\u00edculo <em>El deporte al banquillo<\/em>, con algunas reflexiones de H\u00e9ctor Zagal, un insigne ensayista y sin duda uno de los mejores fil\u00f3sofos y pensadores mexicanos de la actualidad. El art\u00edculo es provocador; pienso, sin embargo, que su tesis central es falsa. Sostengo, a contrapi\u00e9 del art\u00edculo citado, que el deporte no es necesariamente totalitario, que es real (aunque limitada, como todo) su capacidad\u00a0 para formar ciudadanos y para despertar sentimientos solidarios; que colabora en la obtenci\u00f3n de un sentido de pertenencia y de misi\u00f3n, y que sus or\u00edgenes en la guerra o en la caza no lo desacreditan como una actividad humana que plantea exigencias \u00e9ticas y que ofrece ense\u00f1anzas importantes desde el punto de vista c\u00edvico y humanista.<br>\nMe explico. Zagal afirma que \u00abel deporte no vacuna contra las adicciones, no previene la violencia, no fomenta la civilidad, no nos blinda contra la manipulaci\u00f3n\u00bb. Estoy de acuerdo con la frase, aunque acotar\u00eda que tampoco el arte, la lectura, la filosof\u00eda, la academia o la familia consiguen \u00abblindarnos\u00bb con certeza absoluta contra los riesgos citados. Sin embargo, pensamos \u2013y la experiencia de muchos as\u00ed lo confirma\u2013 que en el arte, la filosof\u00eda o el deporte se abre al menos la posibilidad de encontrar un sentido a la vida, de ocupar el tiempo libre de forma constructiva y de establecer relaciones humanas con riqueza y significado; todo ello hace menos probables las evasiones destructivas, aunque no existan\u00a0 \u00abvacunas\u00bb absolutamente infalibles.<br>\nZagal cita a Adorno para referir a la semejanza entre los equipos deportivos y las juventudes hitlerianas. En efecto, el deporte <em>puede<\/em> ser usado con fines totalitarios e ideologizantes; tambi\u00e9n la literatura o la religi\u00f3n. Es cierto que una visi\u00f3n del deporte como un mero despliegue de fuerza f\u00edsica, de superioridad corporal, de imposici\u00f3n frente a los otros, resultar\u00eda fascista y anti-humanista; sin embargo, como sabe cualquiera que ha practicado y ha amado una disciplina deportiva, el deporte es mucho m\u00e1s que eso. Si bien el ejercicio tiene qu\u00e9 ver con necesidades e instintos primitivos y con la dimensi\u00f3n animal de la naturaleza humana, no por ello la representa a un nivel irracional; por el contrario, dichos instintos se <em>encauzan, se espiritualizan, se humanizan,<\/em> y es por ello que el deporte es cultura, es seguimiento libre (y gozoso y compartido) de las reglas, es respeto al contrincante, es disciplina, es creatividad y es, a veces, una forma de comunicaci\u00f3n y de identificaci\u00f3n que facilita los acuerdos y la paz.<br>\n<strong>DEL SALVAJE AL DEPORTISTA: NIETZSCHE O HEGEL<\/strong><br>\nZagal tiene raz\u00f3n cuando se\u00f1ala que los or\u00edgenes del deporte est\u00e1n en la caza primitiva y en la guerra, y que en el ejercicio deportivo se manifiestan los instintos m\u00e1s elementales del animal humano. El tema lo ha desarrollado el antrop\u00f3logo Desmond Morris, quien en su excelente libro <em>The Soccer Tribe<\/em> (p\u00e9simamente traducido al castellano como <em>El deporte rey<\/em>) explica el futbol como caza ritual y como batalla estilizada, e incluso como droga social, como negocio y como ceremonia cuasireligiosa. Sin embargo, ante esta g\u00e9nesis del deporte cabe tomar dos posturas bien diferentes.<br>\nUna ser\u00eda la de Nietzsche: ya que el deporte proviene de la lucha y de la caza, despreci\u00e9moslo como algo salvaje y animal, y despreciemos tambi\u00e9n al ser humano \u2013que se apasiona mayoritariamente por el deporte exponiendo as\u00ed su miseria. Esta es la <em>genealog\u00eda<\/em>: Nietzsche la aplica a los conceptos morales y podemos hacerlo con las aficiones deportivas y las pasiones colectivas: reduzcamos al hombre a sus necesidades materiales y a su caverna originaria. Los intelectuales podemos denostar a las masas incultas que se emocionan con los deportes y fustigar a los medios y a los mercados por exaltar pasiones tan bajas; podemos presumir de ilustrados mientras incurrimos en aquel farise\u00edsmo del que se llama humanista mientras desprecia los intereses de los seres humanos de carne y hueso.<br>\nLa otra lectura es la de Hegel: aquello que en un inicio es pedestre y material se espiritualiza, mostrando la capacidad humana para elevar al nivel de la raz\u00f3n y la cultura incluso aquellas necesidades m\u00e1s b\u00e1sicas de su condici\u00f3n animal. La gastronom\u00eda, las costumbres propias del cortejo y la moda son ejemplos contundentes: el deporte tambi\u00e9n lo es. Dice Zagal que \u00ablas f\u00f3rmulas tradicionales de la urbanidad se ponen entre par\u00e9ntesis a la hora de patear un bal\u00f3n\u00bb, y la afirmaci\u00f3n es parcial y descontextualizada. Patear un bal\u00f3n es justamente <em>seguir las reglas<\/em><em> <\/em>(el instinto primario es tomarlo con las manos, m\u00e1s h\u00e1biles y m\u00e1s habituadas), y hay que patearlo dentro de un terreno bien delimitado, con un fin preciso, siguiendo normas y admitiendo las sanciones respectivas, respetando tradiciones e incluso buscando plasticidad est\u00e9tica: <em>eso es jugar al futbol<\/em>. Y es una mejor alternativa para la <em>catarsis<\/em><em> <\/em>de las emociones que la guerra con los vecinos o los s\u00edntomas neur\u00f3ticos.<br>\nLo maravilloso es que, mientras se siguen todas esas reglas (las escritas, las no escritas, las que representan un gui\u00f1o al espectador), el deportista se siente libre y se reconoce en las mismas condiciones que sus compa\u00f1eros y sus contrincantes; la oposici\u00f3n se realiza en un marco normativo que no hace m\u00e1s distingos que los de la habilidad y el ingenio. Ojal\u00e1 que la competencia pol\u00edtica fuese as\u00ed de transparente y franca: ah\u00ed s\u00ed que se interrumpen las reglas m\u00e1s b\u00e1sicas de la moralidad (no mentir, no hablar mal de los dem\u00e1s, no hablar bien de uno mismo) con fines inconfesables.<br>\nZagal afirma que \u00abla cancha, la pista, el gimnasio, son un retroceso en el proceso de humanizaci\u00f3n\u00bb. Pienso justo lo contrario: el cuidado del cuerpo, realizado bajo reglas, con conceptos y lenguaje propio, con un sentido est\u00e9tico y l\u00fadico, s\u00f3lo puede ser rechazado desde la perspectiva de una espiritualizaci\u00f3n puritana. El deporte representa justamente una sana humanizaci\u00f3n, que establece orden y equidad a la par que atiende a los aspectos afectivos y corp\u00f3reos de un ser que es, siempre, alma y cuerpo, racionalidad emotiva y emotividad razonable.<br>\n<strong>\u00a0<\/strong><br>\n<strong>EL DEPORTE Y EL <\/strong><strong><em>STRUGGLE FOR LIFE<\/em><\/strong><br>\nComprendo la inquietud anti-fascista de Zagal y la comparto. S\u00f3lo que nuestro fil\u00f3sofo presume que \u00aben el deporte sobrevive el m\u00e1s fuerte, el m\u00e1s diestro f\u00edsicamente\u00bb. Ello es de nuevo parcial; el seguidor de cualquier disciplina deportiva puede dar fe de que no siempre es as\u00ed; como subray\u00f3 tambi\u00e9n el escritor Eduardo Galeano, lo apasionante del deporte es que en \u00e9l, a veces, el pez chico se come al grande. No se impone en todos los casos aquel que est\u00e1 mejor dotado gen\u00e9ticamente: a menudo cuentan m\u00e1s la persistencia, la habilidad, la inteligencia pr\u00e1ctica, la capacidad para encontrar motivaci\u00f3n aun en la situaci\u00f3n m\u00e1s desfavorable; puede ganar el bajito, el d\u00e9bil, el lisiado (los amantes del futbol recuerdan a Garrincha), si es ingenioso, si sabe jugar en equipo, si tiene una inspiraci\u00f3n. El \u00faltimo torneo de liga en M\u00e9xico lo gan\u00f3 la escuadra del Monterrey: los analistas reconocen sus talentos y fortalezas, pero atribuyen el triunfo principalmente a que varios miembros del equipo perdieron tr\u00e1gicamente a familiares cercanos, y\u00a0 dedicaron los esfuerzos del torneo a la memoria de sus seres queridos. No triunfa siempre el m\u00e1s fuerte, y en el deporte \u2013porque el deporte es humano\u2013 el paradigma evolucionista no explica nada: la libertad rebasa a la selecci\u00f3n natural.<br>\nNo puedo estar de acuerdo con el <em>dictum<\/em><em> <\/em>de que \u00ab\u201cPonerse la camiseta\u201d significa, ordinariamente, dejar de pensar por uno mismo\u00bb. La met\u00e1fora sirve a instituciones de todo tipo justamente porque apunta a un sentido de pertenencia y de misi\u00f3n; \u00abponerse la camiseta\u00bb significa compartir una tradici\u00f3n, aceptar un conjunto de convicciones. Y esto, en general, como dice H.G. Gadamer, es condici\u00f3n de un pensamiento fecundo; apropiarse de una tradici\u00f3n no anula el esp\u00edritu cr\u00edtico, sino que lo hace posible.<br>\nZagal acierta cuando, de nuevo de la mano de Adorno, se\u00f1ala que el deporte puede ser utilizado como escuela de dureza, y que la dureza excesiva con uno mismo conlleva la insensibilidad con el sufrimiento ajeno. Estoy de acuerdo en que la pedagog\u00eda de la dureza est\u00e1 profundamente errada y coincido en que ver el deporte como reciedumbre e indiferencia es psicol\u00f3gicamente da\u00f1ino y socialmente peligroso. Creo, sin embargo, que hay otro modo de considerar las disciplinas deportivas, y que es esta otra perspectiva la que comparten quienes aman el ejercicio o la contemplaci\u00f3n de alg\u00fan deporte en particular: no lo conceptualizan como una actividad dirigida a la forja de un car\u00e1cter guerrero ni como una escuela de dureza, sino como algo que tiene sentido en s\u00ed mismo, que se disfruta (y que adem\u00e1s es ben\u00e9fico para la salud y el car\u00e1cter, pero no se disfruta <em>porque<\/em> tenga consecuencias higi\u00e9nicas o formativas).<br>\nQuien ama el deporte lo aprecia como un espacio de libertad y hasta de expresi\u00f3n personal \u2013no es raro que la defensa de un <em>estilo<\/em> deportivo se imponga incluso por sobre la obtenci\u00f3n de victorias; tambi\u00e9n en el deporte se combate la raz\u00f3n instrumental. Dicho en t\u00e9rminos fil\u00f3soficos, el deporte puede ser visto como <em>p\u00f3iesis<\/em> \u2013como proceso productivo de un cuerpo o un car\u00e1cter determinado\u2013 o como <em>pr\u00e1xis<\/em><em> <\/em>\u2013como acci\u00f3n en sentido pleno, finalizada en s\u00ed misma y formativa precisamente porque en ella toma cuerpo un significado que va m\u00e1s all\u00e1 de las consecuencias materiales o sociales de la ejecuci\u00f3n. Quienes amamos al deporte lo vemos como <em>pr\u00e1xis<\/em>, como acci\u00f3n libre y expresi\u00f3n de libertad personal y de encuentro comunitario, no como enajenaci\u00f3n.<br>\n<strong>\u00a0<\/strong><br>\n<strong>TENER LA PELOTA<\/strong><br>\nEn resumen, y aunque admito que la profesionalizaci\u00f3n del deporte ha jugado en contra de su aspecto l\u00fadico y ha propiciado la seriedad que Zagal asocia con la tecnoestructura calculadora, defiendo que hay a\u00fan, en todas las disciplinas, quienes disfrutan su deporte, y a menudo son precisamente ellos los que destacan, los que no se amoldan a los compromisos comerciales y los que resultan emblem\u00e1ticos para sus clubes, sus equipos y sus representativos nacionales. Son ellos los que inspiran a ni\u00f1os y j\u00f3venes y los que generan aficiones m\u00e1s all\u00e1 de los resultados (<em>viva el<\/em><em> Athleti manque pierda<\/em><em>, <\/em>dicen en Madrid); son ellos los que alcanzan incluso una dimensi\u00f3n po\u00e9tica de la actividad deportiva. \u00abNo se trata de ganar \u2013dijo una vez un inspirado y admirado futbolista, Carlos \u201cel Pibe\u201d Valderrama, quien por cierto ten\u00eda problemas ortop\u00e9dicos\u2013 sino de tener la pelota\u00bb.<br>\nEn efecto, \u00abla victoria de uno depende, indefectiblemente, de la derrota del otro\u00bb. Es por eso que el deporte (como se desarrolla en el libro de David Trueba, <em>Saber perder<\/em>) ense\u00f1a mucho sobre las condiciones tr\u00e1gicas de la existencia humana y ense\u00f1a tambi\u00e9n que, como dijo alguna vez el mismo Jorge Luis Borges (quien nunca comprendi\u00f3 la esencia del deporte, y a\u00fan as\u00ed intuy\u00f3 esta verdad), \u00aben la derrota hay una dignidad que el vencedor no puede alcanzar\u00bb.\u00a0 La competencia deportiva no supone una incapacidad para identificarse con el otro; por el contrario, en los verdaderos deportistas, la competencia exige un <em>reconocimiento y un respeto del rival<\/em> que hace falta en muchas otras dimensiones de la existencia: pi\u00e9nsese en la emotividad y el significado de una competencia deportiva entre pa\u00edses en guerra (el caso se ha repetido muchas veces, en olimpiadas y mundiales; se han declarado incluso treguas con este prop\u00f3sito). Pi\u00e9nsese tambi\u00e9n en lo que se ha puesto de relieve recientemente con la pel\u00edcula <em>Invictus:<\/em><em> <\/em>incluso barreras raciales se han visto superadas por la emoci\u00f3n deportiva. Cualquier espectador sabe que, cuando se mira la competencia entre dos escuadras y uno no es particularmente af\u00edn a alguna de ellas, favorecemos por <em>default<\/em> al d\u00e9bil, y nada resulta m\u00e1s inspirador que una sorpresa, un esfuerzo extraordinario que rompe con los momios y hace quebrar a los apostadores. Todo es posible en el deporte; tambi\u00e9n, la defensa de valores humanos y el sentimiento de solidaridad. Es entonces cuando uno, verdaderamente \u00abjuega bien\u00bb.<br>\n<strong>JUGAR CON LA CABEZA<\/strong><strong> <\/strong><strong><\/strong><br>\nComo espero haber dejado claro, creo que las preocupaciones de Zagal frente al deporte son serias y leg\u00edtimas, y que tiene parcialmente raz\u00f3n respecto a una forma particularmente r\u00edgida y alienante que el deporte puede asumir. Tiene raz\u00f3n, adem\u00e1s, en que en ciertos grupos y momentos el deporte ha sido sobrevalorado. Mi defensa se limita a decir que las cosas no tienen por qu\u00e9 ser as\u00ed, que hay otro modo de ser para el deporte, a\u00fan vivo y palpitante.<br>\nLa cr\u00edtica intelectual frente al deporte suele ser injusta: los intelectuales de derecha lo desprecian por su dimensi\u00f3n popular y los de izquierda lo rechazan por su desv\u00edo de energ\u00edas revolucionarias. Me temo que ambos bandos adolecen de la misma incomprensi\u00f3n frente al deporte. Pensar que el futbol consiste en once hombres en calzoncillos persiguiendo una pelota \u2013dijo alguna vez Jorge Valdano\u2013, es tan absurdo como pensar que la literatura consiste en un c\u00famulo de letras puestas juntas. No todos los intelectuales incurren en ese error; algunos aman al deporte y por ello pueden pensar en \u00e9l y desde \u00e9l: en el caso del futbol se cuentan el propio Valdano, Galeano, Villoro, Fontanarrosa, G\u00fcnter Grass, Camilo Jos\u00e9 Cela, y hasta el italiano Antonio Gramsci, quien amaba el deporte, y lo ensalzaba como \u00abel reino de la lealtad humana ejercida al aire libre\u00bb.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"57438\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Leer despu\u00e9s 0\u00abTodo lo que s\u00e9 de la moral de los hombres lo he aprendido del futbol.\u00bb Albert Camus A mi maestro y amigo, H\u00e9ctor En la edici\u00f3n de enero-febrero, no. 306, istmo public\u00f3 el art\u00edculo El deporte al banquillo, con algunas reflexiones de H\u00e9ctor Zagal, un insigne ensayista y sin duda uno de los mejores fil\u00f3sofos y pensadores mexicanos de la actualidad. El art\u00edculo es provocador; pienso, sin embargo, que su tesis central es falsa. Sostengo, a contrapi\u00e9 del art\u00edculo citado, que el deporte no es necesariamente totalitario, que es real (aunque limitada, como todo) su capacidad\u00a0 para formar ciudadanos y para despertar sentimientos solidarios; que colabora en la obtenci\u00f3n de un sentido de pertenencia y de misi\u00f3n, y que sus or\u00edgenes en la guerra o en la caza no lo desacreditan como una actividad humana que plantea exigencias \u00e9ticas y que ofrece ense\u00f1anzas importantes desde el punto de vista c\u00edvico y humanista. Me explico. Zagal afirma que \u00abel deporte no vacuna contra las adicciones, no previene la violencia, no fomenta la civilidad, no nos blinda contra la manipulaci\u00f3n\u00bb. Estoy de acuerdo con la frase, aunque acotar\u00eda que tampoco el arte, la lectura, la filosof\u00eda, la academia o la familia consiguen \u00abblindarnos\u00bb con certeza absoluta contra los riesgos citados. Sin embargo, pensamos \u2013y la experiencia de muchos as\u00ed lo confirma\u2013 que en el arte, la filosof\u00eda o el deporte se abre al menos la posibilidad de encontrar un sentido a la vida, de ocupar el tiempo libre de forma constructiva y de establecer relaciones humanas con riqueza y significado; todo ello hace menos probables las evasiones destructivas, aunque no existan\u00a0 \u00abvacunas\u00bb absolutamente infalibles. Zagal cita a Adorno para referir a la semejanza entre los equipos deportivos y las juventudes hitlerianas. En efecto, el deporte puede ser usado con fines totalitarios e ideologizantes; tambi\u00e9n la literatura o la religi\u00f3n. Es cierto que una visi\u00f3n del deporte como un mero despliegue de fuerza f\u00edsica, de superioridad corporal, de imposici\u00f3n frente a los otros, resultar\u00eda fascista y anti-humanista; sin embargo, como sabe cualquiera que ha practicado y ha amado una disciplina deportiva, el deporte es mucho m\u00e1s que eso. Si bien el ejercicio tiene qu\u00e9 ver con necesidades e instintos primitivos y con la dimensi\u00f3n animal de la naturaleza humana, no por ello la representa a un nivel irracional; por el contrario, dichos instintos se encauzan, se espiritualizan, se humanizan, y es por ello que el deporte es cultura, es seguimiento libre (y gozoso y compartido) de las reglas, es respeto al contrincante, es disciplina, es creatividad y es, a veces, una forma de comunicaci\u00f3n y de identificaci\u00f3n que facilita los acuerdos y la paz. DEL SALVAJE AL DEPORTISTA: NIETZSCHE O HEGEL Zagal tiene raz\u00f3n cuando se\u00f1ala que los or\u00edgenes del deporte est\u00e1n en la caza primitiva y en la guerra, y que en el ejercicio deportivo se manifiestan los instintos m\u00e1s elementales del animal humano. El tema lo ha desarrollado el antrop\u00f3logo Desmond Morris, quien en su excelente libro The Soccer Tribe (p\u00e9simamente traducido al castellano como El deporte rey) explica el futbol como caza ritual y como batalla estilizada, e incluso como droga social, como negocio y como ceremonia cuasireligiosa. Sin embargo, ante esta g\u00e9nesis del deporte cabe tomar dos posturas bien diferentes. Una ser\u00eda la de Nietzsche: ya que el deporte proviene de la lucha y de la caza, despreci\u00e9moslo como algo salvaje y animal, y despreciemos tambi\u00e9n al ser humano \u2013que se apasiona mayoritariamente por el deporte exponiendo as\u00ed su miseria. Esta es la genealog\u00eda: Nietzsche la aplica a los conceptos morales y podemos hacerlo con las aficiones deportivas y las pasiones colectivas: reduzcamos al hombre a sus necesidades materiales y a su caverna originaria. Los intelectuales podemos denostar a las masas incultas que se emocionan con los deportes y fustigar a los medios y a los mercados por exaltar pasiones tan bajas; podemos presumir de ilustrados mientras incurrimos en aquel farise\u00edsmo del que se llama humanista mientras desprecia los intereses de los seres humanos de carne y hueso. La otra lectura es la de Hegel: aquello que en un inicio es pedestre y material se espiritualiza, mostrando la capacidad humana para elevar al nivel de la raz\u00f3n y la cultura incluso aquellas necesidades m\u00e1s b\u00e1sicas de su condici\u00f3n animal. La gastronom\u00eda, las costumbres propias del cortejo y la moda son ejemplos contundentes: el deporte tambi\u00e9n lo es. Dice Zagal que \u00ablas f\u00f3rmulas tradicionales de la urbanidad se ponen entre par\u00e9ntesis a la hora de patear un bal\u00f3n\u00bb, y la afirmaci\u00f3n es parcial y descontextualizada. Patear un bal\u00f3n es justamente seguir las reglas (el instinto primario es tomarlo con las manos, m\u00e1s h\u00e1biles y m\u00e1s habituadas), y hay que patearlo dentro de un terreno bien delimitado, con un fin preciso, siguiendo normas y admitiendo las sanciones respectivas, respetando tradiciones e incluso buscando plasticidad est\u00e9tica: eso es jugar al futbol. Y es una mejor alternativa para la catarsis de las emociones que la guerra con los vecinos o los s\u00edntomas neur\u00f3ticos. 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El art\u00edculo es provocador; pienso, sin embargo, que su tesis central es falsa. Sostengo, a contrapi\u00e9 del art\u00edculo citado, que el deporte no es necesariamente totalitario, que es real (aunque limitada, como todo) su capacidad\u00a0 para formar ciudadanos y para despertar sentimientos solidarios; que colabora en la obtenci\u00f3n de un sentido de pertenencia y de misi\u00f3n, y que sus or\u00edgenes en la guerra o en la caza no lo desacreditan como una actividad humana que plantea exigencias \u00e9ticas y que ofrece ense\u00f1anzas importantes desde el punto de vista c\u00edvico y humanista. Me explico. Zagal afirma que \u00abel deporte no vacuna contra las adicciones, no previene la violencia, no fomenta la civilidad, no nos blinda contra la manipulaci\u00f3n\u00bb. Estoy de acuerdo con la frase, aunque acotar\u00eda que tampoco el arte, la lectura, la filosof\u00eda, la academia o la familia consiguen \u00abblindarnos\u00bb con certeza absoluta contra los riesgos citados. Sin embargo, pensamos \u2013y la experiencia de muchos as\u00ed lo confirma\u2013 que en el arte, la filosof\u00eda o el deporte se abre al menos la posibilidad de encontrar un sentido a la vida, de ocupar el tiempo libre de forma constructiva y de establecer relaciones humanas con riqueza y significado; todo ello hace menos probables las evasiones destructivas, aunque no existan\u00a0 \u00abvacunas\u00bb absolutamente infalibles. Zagal cita a Adorno para referir a la semejanza entre los equipos deportivos y las juventudes hitlerianas. En efecto, el deporte puede ser usado con fines totalitarios e ideologizantes; tambi\u00e9n la literatura o la religi\u00f3n. Es cierto que una visi\u00f3n del deporte como un mero despliegue de fuerza f\u00edsica, de superioridad corporal, de imposici\u00f3n frente a los otros, resultar\u00eda fascista y anti-humanista; sin embargo, como sabe cualquiera que ha practicado y ha amado una disciplina deportiva, el deporte es mucho m\u00e1s que eso. Si bien el ejercicio tiene qu\u00e9 ver con necesidades e instintos primitivos y con la dimensi\u00f3n animal de la naturaleza humana, no por ello la representa a un nivel irracional; por el contrario, dichos instintos se encauzan, se espiritualizan, se humanizan, y es por ello que el deporte es cultura, es seguimiento libre (y gozoso y compartido) de las reglas, es respeto al contrincante, es disciplina, es creatividad y es, a veces, una forma de comunicaci\u00f3n y de identificaci\u00f3n que facilita los acuerdos y la paz. DEL SALVAJE AL DEPORTISTA: NIETZSCHE O HEGEL Zagal tiene raz\u00f3n cuando se\u00f1ala que los or\u00edgenes del deporte est\u00e1n en la caza primitiva y en la guerra, y que en el ejercicio deportivo se manifiestan los instintos m\u00e1s elementales del animal humano. El tema lo ha desarrollado el antrop\u00f3logo Desmond Morris, quien en su excelente libro The Soccer Tribe (p\u00e9simamente traducido al castellano como El deporte rey) explica el futbol como caza ritual y como batalla estilizada, e incluso como droga social, como negocio y como ceremonia cuasireligiosa. Sin embargo, ante esta g\u00e9nesis del deporte cabe tomar dos posturas bien diferentes. Una ser\u00eda la de Nietzsche: ya que el deporte proviene de la lucha y de la caza, despreci\u00e9moslo como algo salvaje y animal, y despreciemos tambi\u00e9n al ser humano \u2013que se apasiona mayoritariamente por el deporte exponiendo as\u00ed su miseria. Esta es la genealog\u00eda: Nietzsche la aplica a los conceptos morales y podemos hacerlo con las aficiones deportivas y las pasiones colectivas: reduzcamos al hombre a sus necesidades materiales y a su caverna originaria. Los intelectuales podemos denostar a las masas incultas que se emocionan con los deportes y fustigar a los medios y a los mercados por exaltar pasiones tan bajas; podemos presumir de ilustrados mientras incurrimos en aquel farise\u00edsmo del que se llama humanista mientras desprecia los intereses de los seres humanos de carne y hueso. La otra lectura es la de Hegel: aquello que en un inicio es pedestre y material se espiritualiza, mostrando la capacidad humana para elevar al nivel de la raz\u00f3n y la cultura incluso aquellas necesidades m\u00e1s b\u00e1sicas de su condici\u00f3n animal. La gastronom\u00eda, las costumbres propias del cortejo y la moda son ejemplos contundentes: el deporte tambi\u00e9n lo es. Dice Zagal que \u00ablas f\u00f3rmulas tradicionales de la urbanidad se ponen entre par\u00e9ntesis a la hora de patear un bal\u00f3n\u00bb, y la afirmaci\u00f3n es parcial y descontextualizada. Patear un bal\u00f3n es justamente seguir las reglas (el instinto primario es tomarlo con las manos, m\u00e1s h\u00e1biles y m\u00e1s habituadas), y hay que patearlo dentro de un terreno bien delimitado, con un fin preciso, siguiendo normas y admitiendo las sanciones respectivas, respetando tradiciones e incluso buscando plasticidad est\u00e9tica: eso es jugar al futbol. Y es una mejor alternativa para la catarsis de las emociones que la guerra con los vecinos o los s\u00edntomas neur\u00f3ticos. Lo maravilloso es que, mientras se siguen todas esas reglas (las escritas, las no escritas, las que representan un gui\u00f1o al espectador), el deportista se siente libre y se reconoce en las mismas condiciones que sus compa\u00f1eros y sus contrincantes; la oposici\u00f3n se realiza en un marco normativo que no hace m\u00e1s distingos que los de la habilidad y el ingenio. Ojal\u00e1 que la competencia pol\u00edtica fuese as\u00ed de transparente y franca: ah\u00ed s\u00ed que se interrumpen las reglas m\u00e1s b\u00e1sicas de la moralidad (no mentir, no hablar mal de los dem\u00e1s, no hablar bien de uno mismo) con fines inconfesables. Zagal afirma que \u00abla cancha, la pista, el gimnasio, son un retroceso en el proceso de humanizaci\u00f3n\u00bb. Pienso justo lo contrario: el cuidado del cuerpo, realizado bajo reglas, con conceptos y lenguaje propio, con un sentido est\u00e9tico y l\u00fadico, s\u00f3lo puede ser rechazado desde la perspectiva de una espiritualizaci\u00f3n puritana. 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El art\u00edculo es provocador; pienso, sin embargo, que su tesis central es falsa. Sostengo, a contrapi\u00e9 del art\u00edculo citado, que el deporte no es necesariamente totalitario, que es real (aunque limitada, como todo) su capacidad\u00a0 para formar ciudadanos y para despertar sentimientos solidarios; que colabora en la obtenci\u00f3n de un sentido de pertenencia y de misi\u00f3n, y que sus or\u00edgenes en la guerra o en la caza no lo desacreditan como una actividad humana que plantea exigencias \u00e9ticas y que ofrece ense\u00f1anzas importantes desde el punto de vista c\u00edvico y humanista. Me explico. Zagal afirma que \u00abel deporte no vacuna contra las adicciones, no previene la violencia, no fomenta la civilidad, no nos blinda contra la manipulaci\u00f3n\u00bb. Estoy de acuerdo con la frase, aunque acotar\u00eda que tampoco el arte, la lectura, la filosof\u00eda, la academia o la familia consiguen \u00abblindarnos\u00bb con certeza absoluta contra los riesgos citados. Sin embargo, pensamos \u2013y la experiencia de muchos as\u00ed lo confirma\u2013 que en el arte, la filosof\u00eda o el deporte se abre al menos la posibilidad de encontrar un sentido a la vida, de ocupar el tiempo libre de forma constructiva y de establecer relaciones humanas con riqueza y significado; todo ello hace menos probables las evasiones destructivas, aunque no existan\u00a0 \u00abvacunas\u00bb absolutamente infalibles. Zagal cita a Adorno para referir a la semejanza entre los equipos deportivos y las juventudes hitlerianas. En efecto, el deporte puede ser usado con fines totalitarios e ideologizantes; tambi\u00e9n la literatura o la religi\u00f3n. Es cierto que una visi\u00f3n del deporte como un mero despliegue de fuerza f\u00edsica, de superioridad corporal, de imposici\u00f3n frente a los otros, resultar\u00eda fascista y anti-humanista; sin embargo, como sabe cualquiera que ha practicado y ha amado una disciplina deportiva, el deporte es mucho m\u00e1s que eso. Si bien el ejercicio tiene qu\u00e9 ver con necesidades e instintos primitivos y con la dimensi\u00f3n animal de la naturaleza humana, no por ello la representa a un nivel irracional; por el contrario, dichos instintos se encauzan, se espiritualizan, se humanizan, y es por ello que el deporte es cultura, es seguimiento libre (y gozoso y compartido) de las reglas, es respeto al contrincante, es disciplina, es creatividad y es, a veces, una forma de comunicaci\u00f3n y de identificaci\u00f3n que facilita los acuerdos y la paz. DEL SALVAJE AL DEPORTISTA: NIETZSCHE O HEGEL Zagal tiene raz\u00f3n cuando se\u00f1ala que los or\u00edgenes del deporte est\u00e1n en la caza primitiva y en la guerra, y que en el ejercicio deportivo se manifiestan los instintos m\u00e1s elementales del animal humano. El tema lo ha desarrollado el antrop\u00f3logo Desmond Morris, quien en su excelente libro The Soccer Tribe (p\u00e9simamente traducido al castellano como El deporte rey) explica el futbol como caza ritual y como batalla estilizada, e incluso como droga social, como negocio y como ceremonia cuasireligiosa. Sin embargo, ante esta g\u00e9nesis del deporte cabe tomar dos posturas bien diferentes. Una ser\u00eda la de Nietzsche: ya que el deporte proviene de la lucha y de la caza, despreci\u00e9moslo como algo salvaje y animal, y despreciemos tambi\u00e9n al ser humano \u2013que se apasiona mayoritariamente por el deporte exponiendo as\u00ed su miseria. Esta es la genealog\u00eda: Nietzsche la aplica a los conceptos morales y podemos hacerlo con las aficiones deportivas y las pasiones colectivas: reduzcamos al hombre a sus necesidades materiales y a su caverna originaria. Los intelectuales podemos denostar a las masas incultas que se emocionan con los deportes y fustigar a los medios y a los mercados por exaltar pasiones tan bajas; podemos presumir de ilustrados mientras incurrimos en aquel farise\u00edsmo del que se llama humanista mientras desprecia los intereses de los seres humanos de carne y hueso. La otra lectura es la de Hegel: aquello que en un inicio es pedestre y material se espiritualiza, mostrando la capacidad humana para elevar al nivel de la raz\u00f3n y la cultura incluso aquellas necesidades m\u00e1s b\u00e1sicas de su condici\u00f3n animal. La gastronom\u00eda, las costumbres propias del cortejo y la moda son ejemplos contundentes: el deporte tambi\u00e9n lo es. Dice Zagal que \u00ablas f\u00f3rmulas tradicionales de la urbanidad se ponen entre par\u00e9ntesis a la hora de patear un bal\u00f3n\u00bb, y la afirmaci\u00f3n es parcial y descontextualizada. Patear un bal\u00f3n es justamente seguir las reglas (el instinto primario es tomarlo con las manos, m\u00e1s h\u00e1biles y m\u00e1s habituadas), y hay que patearlo dentro de un terreno bien delimitado, con un fin preciso, siguiendo normas y admitiendo las sanciones respectivas, respetando tradiciones e incluso buscando plasticidad est\u00e9tica: eso es jugar al futbol. Y es una mejor alternativa para la catarsis de las emociones que la guerra con los vecinos o los s\u00edntomas neur\u00f3ticos. Lo maravilloso es que, mientras se siguen todas esas reglas (las escritas, las no escritas, las que representan un gui\u00f1o al espectador), el deportista se siente libre y se reconoce en las mismas condiciones que sus compa\u00f1eros y sus contrincantes; la oposici\u00f3n se realiza en un marco normativo que no hace m\u00e1s distingos que los de la habilidad y el ingenio. Ojal\u00e1 que la competencia pol\u00edtica fuese as\u00ed de transparente y franca: ah\u00ed s\u00ed que se interrumpen las reglas m\u00e1s b\u00e1sicas de la moralidad (no mentir, no hablar mal de los dem\u00e1s, no hablar bien de uno mismo) con fines inconfesables. Zagal afirma que \u00abla cancha, la pista, el gimnasio, son un retroceso en el proceso de humanizaci\u00f3n\u00bb. Pienso justo lo contrario: el cuidado del cuerpo, realizado bajo reglas, con conceptos y lenguaje propio, con un sentido est\u00e9tico y l\u00fadico, s\u00f3lo puede ser rechazado desde la perspectiva de una espiritualizaci\u00f3n puritana. 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