{"id":57258,"date":"2010-03-19T15:08:20","date_gmt":"2010-03-19T20:08:20","guid":{"rendered":"http:\/\/192.100.230.75\/?p=57258"},"modified":"2023-11-04T14:20:47","modified_gmt":"2023-11-04T19:20:47","slug":"del-sufrimiento-a-la-felicidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2010\/03\/19\/del-sufrimiento-a-la-felicidad\/","title":{"rendered":"Del sufrimiento a la felicidad"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"57258\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p>El dolor y el sufrimiento forman parte de la vida humana, son inseparables de la existencia del hombre, aunque los momentos de dolor, la frecuencia y los grados de intensidad pueden variar a lo largo del tiempo. Tambi\u00e9n existe una gran desigualdad en el sufrimiento de las diversas personas: desde el que casi no ha sufrido hasta el que sufre lo indecible.<br>\n\u00bfExiste alguna respuesta al porqu\u00e9 del dolor y al motivo de estas diferencias, o se trata de un misterio? Guardini, poco antes de morir, afirm\u00f3: \u00abCuando est\u00e9 ante el Se\u00f1or, lo primero que le preguntar\u00e9 es algo cuya respuesta no he encontrado en ning\u00fan sitio: \u00bfpor qu\u00e9 tienen los hombres que sufrir?\u00bb. El hombre sufre de manera m\u00e1s profunda si no encuentra una respuesta satisfactoria.<br>\nA mucha gente, el dolor le parece un obst\u00e1culo insuperable en el camino hacia la felicidad. Esto es evidente para quien piensa que la felicidad se reduce al placer y a la ausencia de dolor (Stuart Mill), o para quien considera que hay que huir del dolor a toda costa porque es el enemigo insalvable de la felicidad (Schopenhauer). Sin embargo, para quien concibe la felicidad como una tarea interior que trasciende lo placentero, y cuenta con que el sufrimiento es inseparable de la vida humana, \u00bfresulta compatible la felicidad con el dolor?<br>\n<strong>DUELE EL CUERPO\u00a0O DUELE EL ALMA<\/strong><br>\nEl sufrimiento est\u00e1 relacionado con el mal. La persona sufre cuando experimenta alg\u00fan mal: enfermedad, traici\u00f3n, p\u00e9rdida del empleo o muerte de un hijo\u2026 El mal es una cierta falta o ausencia del bien que corresponder\u00eda poseer, como es el caso de la salud o la fidelidad de la persona amada. Se podr\u00eda decir que el hombre sufre cuando carece de un bien del que deber\u00eda o querr\u00eda participar, como el ser tratado dignamente o bien recibir un reconocimiento por su buen desempe\u00f1o profesional. Sufre en particular cuando<em> deber\u00eda <\/em>tener parte \u2013en circunstancias normales\u2013 en este bien y no la tiene, por ejemplo, cuando se le excluye de la herencia familiar sin motivo alguno.<br>\nEl mal del que deriva el dolor puede ser <em>f\u00edsico<\/em> o <em>moral<\/em>, y origina dos tipos de sufrimiento: \u00abEl sufrimiento f\u00edsico se da cuando de cualquier manera \u201cduele el cuerpo\u201d, mientras que el sufrimiento moral es \u201cdolor del alma\u201d\u00bb.<sup>1<\/sup> Aunque el primero puede ser de tal intensidad que polarice toda la atenci\u00f3n de la persona, como un fuerte dolor de muelas, ordinariamente el sufrimiento moral resulta m\u00e1s dif\u00edcil de sobrellevar porque invade directamente el estado an\u00edmico y conduce al decaimiento interior, como ocurre con la p\u00e9rdida inesperada de un ser querido.<br>\nEl dolor, por tanto, en s\u00ed no es algo bueno, porque deriva del mal, pero puede ser transformado en un valor importante, si se le encauza adecuadamente: si se le proporciona un sentido o se descubre que puede tenerlo. Entonces dejar\u00e1 de ser obst\u00e1culo para la felicidad. M\u00e1s a\u00fan, podr\u00e1 convertirse en recurso que contribuya a la felicidad, como advierte Juan Pablo II: \u00abla alegr\u00eda deriva del descubrimiento del sentido del sufrimiento\u00bb.<sup>2<\/sup> \u00bfC\u00f3mo es esto posible? \u00bfEn qu\u00e9 consiste el proceso que sigue esta transformaci\u00f3n?<br>\n<strong>EL PROCESO DEL DOLOR<\/strong><br>\nLa trayectoria que ordinariamente se sigue a partir de la aparici\u00f3n de un suceso doloroso, suele variar de unas personas a otras. A pesar de ello, se se\u00f1alan a continuaci\u00f3n las etapas que suelen ser m\u00e1s frecuentes, cuando el sufrimiento va superando las diversas resistencias naturales hasta resolverse, finalmente, de manera positiva.<br>\n<strong>1.<\/strong> Lo normal es que la primera reacci\u00f3n, cuando el hecho doloroso aparece sin esperarlo, sea de <em>rechazo<\/em>, de<em> hu\u00edda<\/em> o incluso de <em>negaci\u00f3n<\/em>: no reconocerlo, no afrontarlo o pensar que aquello no es real. Si no se supera esta disposici\u00f3n es imposible encauzar el problema, pues el hecho sigue presente aunque se pretenda mantener la venda en los ojos para no verlo, lo cual resulta artificial y tarde o temprano la realidad acaba por imponerse. Pero adem\u00e1s, cuando la realidad se hace presente y no se quiere aceptar se genera un conflicto interior que desequilibra y puede llevar hasta la desesperaci\u00f3n.<br>\n<strong>2.<\/strong> En cambio, si esa primera reacci\u00f3n se supera y <em>se reconoce<\/em> con realismo el hecho doloroso, se estar\u00e1 en posibilidades de afrontarlo. Pero esto no significa que el camino ser\u00e1 f\u00e1cil. La conciencia del suceso puede provocar par\u00e1lisis interior, hundimiento o depresi\u00f3n que incapaciten para enfrentar lo ocurrido y buscar alguna salida o alg\u00fan cauce. Si este estado de pasividad no se supera, el sufrimiento crecer\u00e1 hasta hacerse insoportable. Hasta esta fase, resulta muy dif\u00edcil encontrar o descubrir alg\u00fan sentido al dolor experimentado, porque el estado an\u00edmico dificulta comprender cualquier argumento.<br>\n<strong>3. <\/strong>En algunos casos, la \u00fanica raz\u00f3n que se comprende es que no se puede permanecer en ese estado de par\u00e1lisis y pasividad, porque los efectos negativos que se est\u00e1n experimentando resultan perniciosos y que, por tanto, es preciso realizar un esfuerzo para sobreponerse a la situaci\u00f3n y reaccionar de alguna manera. Aunque la motivaci\u00f3n pueda estar muy centrada en la necesidad de que el propio yo salga de la c\u00e1rcel en que se encuentra, tambi\u00e9n pueden pesar positivamente otros motivos referentes a los dem\u00e1s: la madre entiende que debe reaccionar para sostener a sus hijos, el jefe de la empresa a sus empleados, etc\u00e9tera.<br>\n<strong>4. <\/strong>Una vez que el hecho doloroso se ha reconocido y la persona se ha sobrepuesto para superar el estado de par\u00e1lisis y pasividad \u2013aunque el dolor y la tristeza sigan carcomiendo el coraz\u00f3n\u2013, ordinariamente se experimentar\u00e1 que el esfuerzo realizado<em> ha valido la pena<\/em>. Y esto ser\u00e1 suficiente para dar paso a la <em>resignaci\u00f3n<\/em>, que no es todav\u00eda aceptaci\u00f3n del dolor, sino sometimiento a un destino inevitable, sin identificarse del todo con \u00e9l.<br>\n<strong>5.<\/strong> Parad\u00f3jicamente, el realismo de enfrentarse con el hecho doloroso produce una cierta sensaci\u00f3n de dominio de la situaci\u00f3n que genera paz, por contraste con la inquietud derivada de no querer reconocer lo ocurrido. Adem\u00e1s, el conocimiento de la verdad sobre la situaci\u00f3n clarifica la mente y permite <em>intuir<\/em>, aunque de manera confusa todav\u00eda, que <em>algo bueno<\/em> puede encontrarse en lo sucedido o derivarse de ello.<br>\n<strong>6. <\/strong>Todos estos factores favorecen un siguiente paso, de gran importancia, que corresponder\u00e1 a la voluntad: una incipiente <em>aceptaci\u00f3n<\/em> de algo que inicialmente se rechazaba y de ninguna manera se pod\u00eda asumir. La aceptaci\u00f3n en este nivel depende del beneficio subjetivo que se ha experimentado al reconocer y enfrentar el hecho, y de la intuici\u00f3n sobre el posible bien que puede encerrarse en lo sucedido.<br>\n<strong>7. <\/strong>Una vez que se ha aceptado, aunque sea m\u00ednimamente, el hecho doloroso, ser\u00e1 posible <em>preguntarse<\/em>: \u00bfhabr\u00e1 algo positivo en todo esto; qu\u00e9 beneficios pueden derivarse de lo ocurrido; cabe aprovecharlo para conseguir alguna mejora, en uno mismo o en los dem\u00e1s? Son preguntas que apuntan al <em>sentido<\/em> del dolor: <em>\u00bfpor qu\u00e9 <\/em>y <em>para qu\u00e9<\/em> este sufrimiento? El solo hecho de hacerse la pregunta incluye ya la aceptaci\u00f3n de que puede existir una respuesta y de que, si la hay, esa respuesta podr\u00e1 ser asumida.<br>\n<strong>8. <\/strong>Pero antes de intentar la respuesta, advirtamos lo que significa <em>aceptar el sufrimiento<\/em>, \u00faltimo paso del proceso. La aceptaci\u00f3n es un acto de la voluntad que consiste en <em>querer <\/em>algo que encierra alguna raz\u00f3n para ser querido, a pesar de que en s\u00ed mismo pueda provocar un natural rechazo. Exige valent\u00eda para superar tanto esa resistencia como el miedo al dolor, de manera que la voluntad quede libre para querer el bien que se encierra en el sufrimiento. M\u00e1s a\u00fan, puede decirse que la verdadera aceptaci\u00f3n consiste en <em>amar<\/em> lo aceptado. Por eso, la aut\u00e9ntica aceptaci\u00f3n del dolor conduce a amar aquel dolor que se presenta como inevitable, no en s\u00ed mismo, sino en cuanto conveniente para la persona desde alg\u00fan punto de vista. Para dar este paso definitivo, de aceptar plenamente el sufrimiento, se requiere comprender su valor y su sentido. Si esto se consigue, se har\u00e1 realidad lo que Juli\u00e1n Mar\u00edas afirma: \u00abse puede ser feliz \u2013radical y sustancialmente feliz\u2013 en medio de considerables sinsabores, privaciones o sufrimientos\u00bb.<sup>3<\/sup><br>\n<strong>POR QU\u00c9 Y PARA QU\u00c9 SUFRO<\/strong><br>\nLa pregunta sobre el <em>porqu\u00e9<\/em> del sufrimiento se refiere a la causa que pudiera explicar su aparici\u00f3n: \u00bfes el castigo merecido por alguna culpa cometida?, \u00bfes consecuencia de la mala fortuna?, \u00bfse debe a mi debilidad f\u00edsica o moral?, \u00bfest\u00e1 causado intencionalmente por alguien?, \u00bfpor qu\u00e9 lo permite Dios? Mientras que la pregunta acerca del <em>para qu\u00e9<\/em> apunta m\u00e1s a la finalidad del dolor y, por tanto, se encuentra m\u00e1s relacionada con el sentido: \u00bfc\u00f3mo puede beneficiarme este sufrimiento?, \u00bfse trata de una oportunidad que se me ofrece para obtener alg\u00fan bien?, \u00bfqu\u00e9 relaci\u00f3n guarda con el proyecto que me he trazado en la vida?, \u00bfc\u00f3mo lo puedo aprovechar para ayudar a los dem\u00e1s?, \u00bfes un medio para acercarme a Dios?<br>\nCiertamente, el dolor mantendr\u00e1 en todo momento su negatividad objetiva que, como se ha dicho, deriva de su relaci\u00f3n con el mal. Por ello, descubrir el sentido del sufrimiento, para valorarlo y, en esa medida, aceptarlo \u2013incluso amarlo, en el grado m\u00e1s elevado de la aceptaci\u00f3n\u2013, no significa suprimir la conciencia del mal que lo provoca. Dicho con otras palabras, \u00abel amor al dolor no equivale ni a la destrucci\u00f3n de la negatividad del dolor, ni al masoquismo, sino al descubrimiento de un horizonte en el que el dolor, lejos de destruir a la persona, es un instrumento que la transforma y perfecciona\u00bb,<sup>4<\/sup> la hace \u00abser m\u00e1s\u00bb. \u00bfEn qu\u00e9 consiste esa transformaci\u00f3n y ese perfeccionamiento que el sufrimiento puede producir en quien lo padece? En otras palabras, \u00bfcu\u00e1l es el valor del sufrimiento que hace <em>ser m\u00e1s<\/em> a la persona?<br>\n<strong>\u00a0<\/strong><br>\n<strong>TRANSFORMA EL CORAZ\u00d3N<\/strong><br>\nEl dolor posee un valor, tanto humano como espiritual; es decir, nos puede transformar y perfeccionar en el nivel antropol\u00f3gico de nuestras principales facultades humanas \u2013inteligencia, voluntad y afectividad\u2013, haci\u00e9ndonos mejores personas; o espiritualmente, en cuanto nos acerca a Dios y nos aproxima al fin trascendente de nuestra vida. Comencemos por se\u00f1alar los beneficios humanos que pueden derivar del sufrimiento, cuando est\u00e1 bien enfocado y es plenamente aceptado, para cada una de las tres facultades mencionadas.<br>\n<strong>\u00a0<\/strong><br>\n<strong>1. El sufrimiento enriquece la inteligencia<\/strong><br>\nLa actividad de la inteligencia consiste en conocer. El sufrimiento <em>hace pensar<\/em>, invita a <em>reflexionar<\/em>, a plantearse la vida de una manera nueva, a preguntarse por la raz\u00f3n \u00faltima de nuestras experiencias; \u00abhace m\u00e1s aguda nuestra percepci\u00f3n de las cosas: lo trivial, lo insubstancial cede paso a lo que es importante, a lo substancial. Un refr\u00e1n dice: \u201ccuando has llorado, lo ves todo con otros ojos\u201d\u00bb.<sup>5<\/sup> En consecuencia, la persona se hace m\u00e1s profunda, el dolor le demanda definir y clarificar sus propias convicciones, as\u00ed como la jerarqu\u00eda de sus valores. G. Thibon dec\u00eda que \u00abcuando el hombre est\u00e1 enfermo, si no est\u00e1 esencialmente rebelado, se da cuenta de que cuando estaba sano hab\u00eda descuidado muchas cosas esenciales; que hab\u00eda preferido lo accesorio a lo esencial\u00bb.<sup>6<\/sup><br>\nAdem\u00e1s, el sufrimiento permite <em>conocerse mejor<\/em>, con mayor realismo y objetividad, porque el dolor nos enfrenta con nosotros mismos, sin dejar espacio al fingimiento o a la falsedad. Como consecuencia de este conocimiento propio, la persona se encuentra en condiciones de manifestarse como realmente es, con naturalidad, porque el dolor ayuda a quitarse las m\u00e1scaras y a eliminar las falsas apariencias. Se vive entonces con m\u00e1s paz interior, porque no hay nada que ocultar y se est\u00e1 en presencia de la verdad sobre uno mismo.<br>\n<strong>2. El dolor perfecciona la voluntad<\/strong><br>\nEn primer lugar, ayuda a aceptar las propias limitaciones y debilidades, que en el dolor se ponen m\u00e1s de manifiesto. Muchas veces ocurre que quien se cre\u00eda invulnerable, ante una enfermedad u otro suceso doloroso, ha tenido que bajar la cabeza y reconocer que no es autosuficiente, que no se basta a s\u00ed mismo sino que necesita de los dem\u00e1s. Esta aceptaci\u00f3n de las propias carencias es un acto de la voluntad que conduce a la <em>humildad<\/em>, fundamental para estar centrados en la vida y alcanzar la paz interior, porque \u00abla humildad es la verdad\u00bb. De la disposici\u00f3n humilde deriva frecuentemente la <em>solidaridad<\/em> con los dem\u00e1s, al reconocer que se les necesita y que ellos requieren de nosotros. Esta relaci\u00f3n de apoyo rec\u00edproco influye directamente en la felicidad, porque el compartir es indispensable para ser feliz.<br>\nPor otra parte, cuando alguien es capaz de superar el efecto depresivo del sufrimiento y, en lugar de hundirse, se sobrepone y sale adelante, queda<em> fortalecido<\/em>. Por eso, el dolor es escuela de <em>fortaleza<\/em>, pues ofrece la oportunidad de aprender a soportar lo adverso y desarrollar una fuerza de voluntad capaz de enfrentar situaciones duras que puedan venir en el futuro, y que de otra manera producir\u00edan temor o de plano se rechazar\u00edan. Esta fuerza que se adquiere en el sufrimiento es un factor clave para la felicidad porque hace posible llevar a cabo los objetivos que nos trazamos en la vida, de cuya realizaci\u00f3n depende, en buena medida, la felicidad. En cambio, quien carece de fuerza de voluntad, suele ir de frustraci\u00f3n en frustraci\u00f3n, acumulando amarguras, porque no logra llevar a cabo lo que se propone.<br>\n<strong>3. El sufrimiento transforma el coraz\u00f3n <\/strong><br>\nLa primordial importancia del amor con relaci\u00f3n a la felicidad es algo en cierta manera evidente, ya que no resulta dif\u00edcil constatar que \u00ablas personas que de verdad se aman son las m\u00e1s felices del mundo\u00bb.<sup>7<\/sup> Es importante tener en cuenta que la capacidad de amar proviene de haber sido amado previamente \u2013por ejemplo, un ni\u00f1o aprende a amar en la medida en que experimenta el amor de sus padres\u2013, y de aqu\u00ed deriva la felicidad, porque \u00abla apetencia de ser amado es esencial a la felicidad; cuando alguien nos quiere, nuestra vida se dilata, se abre literalmente a la posibilidad de ser feliz\u00bb.<sup>8<\/sup> Sin embargo, para experimentar el amor de los dem\u00e1s no basta con <em>ser amado<\/em>, sino que es preciso, adem\u00e1s, <em>saberse<\/em> y <em>sentirse amado<\/em>. Cuando una persona se sabe y se siente confirmada por el amor, nota como un impulso hacia su propia plenitud, pues como se\u00f1ala Pieper, \u00abs\u00f3lo por la <em>confirmaci\u00f3n en el amor<\/em> que viene de otro consigue el ser humano existir del todo\u00bb.<sup>9<\/sup> Con esta experiencia, la capacidad de amar se dilata, porque brota un deseo de corresponder al amor recibido. Y al concretar ese deseo, la felicidad se experimenta con especial intensidad, como consecuencia de sentirse amado y de amar. Por ello se puede concluir algo de importancia capital, y es que \u00abla esencia de la felicidad es simple y eterna: consiste en amar y ser amado\u00bb.<sup>10<\/sup><br>\nAhora bien, el aut\u00e9ntico amor a los dem\u00e1s se potencia con el sufrimiento. El dolor aceptado es ant\u00eddoto del ego\u00edsmo y apertura hacia el otro. En cambio, \u00abquien se niega a sufrir no puede amar de verdad, pues el amor implica siempre alguna forma de morir a s\u00ed mismo, de sentirse arrancado y, con ello, liberado de s\u00ed mismo\u00bb.<sup>11<\/sup> Este amor que nace del sufrimiento se manifiesta especialmente en la <em>comprensi\u00f3n<\/em> de los dem\u00e1s: la persona, al tener m\u00e1s clara conciencia de sus limitaciones, se hace m\u00e1s capaz de ponerse de verdad en el lugar de los otros, para entenderlos desde ellos mismos y aceptarlos como son. Adem\u00e1s, la experiencia del dolor le hace m\u00e1s sensible frente al sufrimiento ajeno, que se comprende con mayor profundidad. Quien gana en comprensi\u00f3n, suele ser tambi\u00e9n m\u00e1s <em>cordial<\/em>, m\u00e1s<em> amable<\/em>, m\u00e1s <em>acogedor,<\/em> cualidades todas de gran importancia para la convivencia humana y para el perfeccionamiento personal, y que colaboran de manera determinante a la felicidad.<br>\n<strong>VALOR ESPIRITUAL DEL SUFRIMIENTO<\/strong><br>\nCiertamente las razones humanas anteriores permiten dar un sentido al sufrimiento que favorece el camino hacia la felicidad. Sin embargo, es preciso reconocer tambi\u00e9n que no basta con esas razones para descubrir el sentido \u00faltimo y trascendente del dolor, y resolver de manera definitiva el problema de la felicidad.<br>\nEs un hecho de experiencia que quien no cree en Dios y en la vida despu\u00e9s de la muerte, no logra ser feliz, porque esas ausencias le producen un vac\u00edo interior que se traduce en soledad, angustia y amargura. Las aspiraciones de infinitud que experimenta en su coraz\u00f3n no encuentran cauce ni respuesta; el sentido de la vida tambi\u00e9n queda frustrado ante la amenaza constante de la muerte y la conciencia de la fugacidad de todas las cosas; y el sufrimiento se puede acabar concibiendo como pura negatividad, ante la incapacidad de descubrir en \u00e9l su valor trascendente, convirti\u00e9ndose en un obst\u00e1culo insalvable para la felicidad.<br>\nEs significativo que la investigaci\u00f3n sobre la felicidad que David G. Myers y Ed Diener llevaron a cabo durante diez a\u00f1os,<sup>12<\/sup> obtuvo la siguiente conclusi\u00f3n: \u00abLos creyentes con un compromiso espiritual son m\u00e1s felices que los indiferentes, y la felicidad aumenta en paralelo con la pr\u00e1ctica religiosa\u00bb. Este resultado fue confirmado por un estudio de la Organizaci\u00f3n Gallup, que entrevist\u00f3 a un significativo sector de personas con el objeto de comparar el nivel de felicidad de aquellas que ten\u00edan un \u00abbajo compromiso espiritual\u00bb con quienes pose\u00edan una \u00abalta espiritualidad\u00bb.<sup>13<\/sup><br>\nTambi\u00e9n puede resultar sorprendente la siguiente aseveraci\u00f3n de los capellanes de una cl\u00ednica universitaria: \u00abHay gente que lo tiene todo y no es feliz y, sin embargo, no es dif\u00edcil encontrar enfermos que con una gran alegr\u00eda dan gracias a Dios por el maravilloso mundo que descubren gracias a su enfermedad\u00bb.<sup>14<\/sup><br>\nTodos estos hechos, conocidos por v\u00eda experimental, confirman la afirmaci\u00f3n de San Agust\u00edn: \u00abes feliz el que posee a Dios\u00bb;<sup>15<\/sup> o lo que se\u00f1alaba Pascal: \u00abnadie es tan feliz como un cristiano aut\u00e9ntico\u00bb. En todos estos casos, se trata de una felicidad, no s\u00f3lo compatible con el sufrimiento, sino capaz de convertir el dolor en fuente de felicidad por la relaci\u00f3n que la persona guarda con Dios.<br>\n<sup>1<\/sup> Juan Pablo II, <em>Salvifici Doloris<\/em>, 11-II-1984, n. 5.<br>\n<sup>2<\/sup> Juan Pablo II, <em>Salvifici Doloris<\/em>\u2026, n. 1.<br>\n<sup>3<\/sup> Mar\u00edas, Juli\u00e1n, <em>La felicidad humana<\/em>, Alianza Editorial, Madrid 2005, p. 214.<br>\n<sup>4<\/sup> Malo, Antonio, <em>Antropolog\u00eda de la afectividad<\/em>, Eunsa, Pamplona 2004, p. 179.<br>\n<sup>5<\/sup> Burggraf, Jutta,<em> La escuela del dolor<\/em>, en Arbil.<br>\n<sup>6<\/sup> Entrevista en la revista <em>Palabra<\/em>, Madrid 1970, pp. 99-104.<br>\n<sup>7<\/sup> Madre Teresa de Calcuta, <em>El amor m\u00e1s grande<\/em>, Urano, Barcelona 1997, p. 155.<br>\n<sup>8<\/sup> Mar\u00edas, Juli\u00e1n, <em>La felicidad humana<\/em>\u2026, p. 293.<br>\n<sup>9<\/sup> Pieper, Joseph, <em>El amor<\/em>, Rialp, Madrid 1972, p. 58.<br>\n<sup>10 <\/sup>Poupard, Paul, <em>Felicidad y fe cristiana<\/em>, Herder, Barcelona 1992, p. 149.<sup>.<\/sup><br>\n<sup>11 <\/sup>Ratzinger, Joseph, <em>De la mano de Cristo.<\/em> <em>Homil\u00edas sobre la Virgen y algunos santos<\/em>, Eunsa, Navarra 1998, p. 74.<br>\n<sup>12<\/sup> Cfr. Myers, D. G. y Diener, E., \u00abThe Pursuit of Happiness\u00bb, en <em>Scientific American<\/em>, V-1996.<br>\n<sup>13<\/sup> Cfr. Myers, D. G., <em>The pursuit of happiness<\/em>, Quill, New York 2002, p. 183.<br>\n<sup>14<\/sup> Monge, Miguel \u00c1ngel y Le\u00f3n, Jos\u00e9 Luis, <em>El sentido del sufrimiento<\/em>, Ediciones Palabra, Madrid, 2001<sup>3<\/sup>, p. 16.<br>\n<sup>15<\/sup> Agust\u00edn de Hipona, <em>De la vida feliz<\/em>, en Obras de San Agust\u00edn I (ed. biling\u00fce), trad. Victorino Cap\u00e1naga, BAC, Madrid 1969, C. 2, n. 12.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"57258\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El dolor f\u00edsico o moral es siempre un dilema. Si lo rechazo puede convertirse en una c\u00e1rcel. El solo hecho de preguntarme si tiene alg\u00fan sentido implica aceptar que pueda existir una respuesta y que podr\u00eda asumirla. 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