{"id":56895,"date":"1993-03-01T14:24:58","date_gmt":"1993-03-01T19:24:58","guid":{"rendered":"http:\/\/192.100.230.75\/?p=56895"},"modified":"1993-03-01T14:24:58","modified_gmt":"1993-03-01T19:24:58","slug":"margenes-empresariales-ampliarlos-o-morir","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/1993\/03\/01\/margenes-empresariales-ampliarlos-o-morir\/","title":{"rendered":"M\u00e1rgenes empresariales: ampliarlos o morir"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"56895\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p>El oficio del empresario es ganar dinero al crear riqueza. Desde luego hay otras maneras de obtenerlo que corresponden a diversas profesiones o actividades. Quien invierte gana dinero cuando pone a trabajar a otros en su capital; el mafioso, al extorsionar; el ejecutivo se gana la vida al ofrecer su tiempo y conocimientos.<br>\nLa clave de lo empresarial es la creaci\u00f3n de riqueza; y \u00e9sta se concreta en ofrecer bienes y servicios. No es el riesgo lo que lo define, sino la aportaci\u00f3n que realiza. Puede haber mucho o poco riesgo, pero lo que importa es lo que se da. El empresario es con frecuencia un gran reductor de riesgos; por eso aparece a veces como un conservador, al tratar casi siempre de reducir las incertidumbres. Su trabajo no es apostar, sino crear bienes; una creaci\u00f3n a veces m\u00ednima y en ocasiones verdaderamente novedosa. El riesgo es m\u00e1s un componente del trabajo del inversionista, que se arriesga a entregar su capital a alguien que lo har\u00e1 fructificar, que se juega el patrimonio en las manos de administradores y directivos. Aparte, claro, de que el riesgo existe en casi toda la actividad humana pues las cosas pueden salir bien, mal o regular.<br>\n<strong>ENTRE LA CERTIDUMBRE Y LA APUESTA<\/strong><br>\nCuando el diccionario de la lengua espa\u00f1ola defini\u00f3 la empresa como acci\u00f3n ardua, s\u00ed que parece haber encontrado esa connotaci\u00f3n b\u00e1sica de lo empresarial: otorgar bienes y servicios suele ser trabajoso. Producir, dise\u00f1ar, comercializar y financiar no es tan f\u00e1cil -ni tan vil- como parece. Ser empresario signifca tener suficiente iniciativa y combinar bien los componentes, dinero y poder, que aparecen en las actividades mercantiles.<br>\nDesde luego, ni crea riqueza ni se arriesga el que utiliza la legislaci\u00f3n a su favor y con informaci\u00f3n privilegiada emprende o facilita proyectos; con frecuencia a eso se le llama especulaci\u00f3n, y no es \u00e9sa la figura a la que nos referimos pues corresponde a la de apropiaci\u00f3n indebida. El especulador, al menos, arriesga su patrimonio, juega con la incertidumbre y apuesta, y con frecuencia ofrece un servicio muy \u00fatil en una determinada circunstancia.<br>\nEl riesgo de la creaci\u00f3n de la riqueza no est\u00e1 en el favor pol\u00edtico ni en la posibilidad de ir a la c\u00e1rcel, sino en el estrechamiento o ca\u00edda de los m\u00e1rgenes; porque al ofrecer bienes y servicios se puede ganar dinero pero tambi\u00e9n perderlo. El riesgo del margen es lo que define la dificultad de lo empresarial.<br>\nEl oficio del empresario resulta ser una actividad muy pegada a las cosas, sean \u00e9stas bienes o servicios. Empresario es el que ve y siente el producto y la necesidad del mismo. La esencia de la empresa mercantil, al final, es la transacci6n, sea en forma de trueque, de compraventa o de alquiler.<br>\nLas escuelas de negocios tienen sentido si ayudan a entender el comercio, si ofrecen informaci\u00f3n sobre productos, si despiertan la sensibilidad hacia las necesidades de los clientes. La ausencia de esta sensibilidad es lo que explica la falta de empresarios (no la carencia del \u201caf\u00e1n de lucro\u201d, pues \u00e9ste est\u00e1 muy extendido y no por ello hay m\u00e1s empresarios).<br>\nNo es la ausencia de recursos sino la escasez de visi\u00f3n lo que impide la aparici\u00f3n de una malla de individuos que emprendan. La riqueza ayuda a emprender, pero muchas veces frena los deseos y la acci\u00f3n.<br>\n<strong>CAJA FLOTANTE<\/strong><br>\nHay personas, grupos e instituciones que gustan mucho de vivir sin atreverse, de gozar de la inacci\u00f3n, de consumir sin ofrecer, de repartir lo de los dem\u00e1s. Para que haya empresarios es preciso que las personas sepan dise\u00f1ar, producir y comercializar bienes; y, adem\u00e1s, para que las cosas salgan bien, que se diviertan haci\u00e9ndolo. Una de las mayores diferencias entre un empresario y un administrador es que el primero suele pasarlo muy bien cuando est\u00e1 en el taller y en contacto con los clientes. El momento m\u00e1s cr\u00edtico de las empresas es cuando al empresario le empieza a faltar la iniciativa y cuando los asuntos secundarios le impiden \u201csentir el mercado\u201d.<br>\nPara que la empresa viva sana necesita conseguir m\u00e1rgenes reales. Ver d\u00f3nde est\u00e1 el margen y vigilar las operaciones de negocio (aqu\u00e9llas donde radica principalmente el flujo econ\u00f3mico de la actividad mercantil) son tareas claves del desempe\u00f1o empresarial. Los m\u00e1rgenes no son eternos, y cuando se castigan en exceso sufrir\u00e1 el producto y el equipo humano.<br>\nParece mentira, pero no es infrecuente que algunos confundan ingresos con resultados, incluso ahora est\u00e1 de moda distinguir entre negocios de cash-fiow y de caja.<br>\nLo que importa en algunos negocios, se dice, es la caja que producen; en estos casos siempre es conveniente ver qu\u00e9 concepci\u00f3n de la empresa se tiene o para qu\u00e9 est\u00e1n\u00a0 utilizando aquella unidad empresarial concreta sus dirigentes. Desde luego, no hay que olvidar que los que act\u00faan basados en el principio de la caja suelen ser los primeros en accidentarse en per\u00edodos de retenci\u00f3n o de descenso del ciclo econ\u00f3mico.<br>\n<strong>CUENTAS IMPLACABLES<\/strong><br>\nEvidentemente, la gesti\u00f3n empresarial es capaz de aguantar diferentes modelos conceptuales cuando la empresa es muy rica. Muchos nuevos empresarios de hoy hacen espectaculares operaciones\u2026 con el patrimonio ahorrado por la generaci\u00f3n anterior o con el dinero de los accionistas; o como con un ligero toque de cinismo afirmaba recientemente un consejero-delegado: \u201crepartamos beneficios ahora mismo que, en cualquier momento, empezaremos a perder dinero\u201d.<br>\nLos principios contables generalmente admitidos permiten diversidad de planteamientos, pero la experiencia indica que suele ser nefasto enmascarar los m\u00e1rgenes, sobre todo los m\u00e1rgenes futuros que el mantenimiento del negocio va a demandar con toda seguridad.<br>\nLas cuentas al final son implacables, aunque hay que reconocer que algunos resultan verdaderos expertos en el funambulismo o en el timo de la estampita.<br>\nEl asunto de los m\u00e1rgenes no es un tema principalmente contable (aunque la contabilidad puede ayudar mucho a evitar que se produzca la escena que, quiz\u00e1s, recoge<br>\nla siguiente frase: \u201cthis is your accountant speaking. Please remain calm\u2026\u201d); es un asunto de concepci\u00f3n del negocio, de su viabilidad como tal y de la forma como la empresa en concreto lo tiene planteado.<br>\nLos m\u00e1rgenes reales son la verdadera prueba para el empresario. Cuando alguien dirige una empresa y no responde de los m\u00e1rgenes, o los resultados no resultan de verdad relevantes, puede considerarse una persona tan feliz como un senador\u00a0 perteneciente al partido que disponga de mayor\u00eda absoluta en el Senado.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"56895\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Leer despu\u00e9s 0El oficio del empresario es ganar dinero al crear riqueza. Desde luego hay otras maneras de obtenerlo que corresponden a diversas profesiones o actividades. Quien invierte gana dinero cuando pone a trabajar a otros en su capital; el mafioso, al extorsionar; el ejecutivo se gana la vida al ofrecer su tiempo y conocimientos. La clave de lo empresarial es la creaci\u00f3n de riqueza; y \u00e9sta se concreta en ofrecer bienes y servicios. No es el riesgo lo que lo define, sino la aportaci\u00f3n que realiza. Puede haber mucho o poco riesgo, pero lo que importa es lo que se da. El empresario es con frecuencia un gran reductor de riesgos; por eso aparece a veces como un conservador, al tratar casi siempre de reducir las incertidumbres. Su trabajo no es apostar, sino crear bienes; una creaci\u00f3n a veces m\u00ednima y en ocasiones verdaderamente novedosa. El riesgo es m\u00e1s un componente del trabajo del inversionista, que se arriesga a entregar su capital a alguien que lo har\u00e1 fructificar, que se juega el patrimonio en las manos de administradores y directivos. Aparte, claro, de que el riesgo existe en casi toda la actividad humana pues las cosas pueden salir bien, mal o regular. ENTRE LA CERTIDUMBRE Y LA APUESTA Cuando el diccionario de la lengua espa\u00f1ola defini\u00f3 la empresa como acci\u00f3n ardua, s\u00ed que parece haber encontrado esa connotaci\u00f3n b\u00e1sica de lo empresarial: otorgar bienes y servicios suele ser trabajoso. Producir, dise\u00f1ar, comercializar y financiar no es tan f\u00e1cil -ni tan vil- como parece. Ser empresario signifca tener suficiente iniciativa y combinar bien los componentes, dinero y poder, que aparecen en las actividades mercantiles. Desde luego, ni crea riqueza ni se arriesga el que utiliza la legislaci\u00f3n a su favor y con informaci\u00f3n privilegiada emprende o facilita proyectos; con frecuencia a eso se le llama especulaci\u00f3n, y no es \u00e9sa la figura a la que nos referimos pues corresponde a la de apropiaci\u00f3n indebida. El especulador, al menos, arriesga su patrimonio, juega con la incertidumbre y apuesta, y con frecuencia ofrece un servicio muy \u00fatil en una determinada circunstancia. El riesgo de la creaci\u00f3n de la riqueza no est\u00e1 en el favor pol\u00edtico ni en la posibilidad de ir a la c\u00e1rcel, sino en el estrechamiento o ca\u00edda de los m\u00e1rgenes; porque al ofrecer bienes y servicios se puede ganar dinero pero tambi\u00e9n perderlo. El riesgo del margen es lo que define la dificultad de lo empresarial. El oficio del empresario resulta ser una actividad muy pegada a las cosas, sean \u00e9stas bienes o servicios. Empresario es el que ve y siente el producto y la necesidad del mismo. La esencia de la empresa mercantil, al final, es la transacci6n, sea en forma de trueque, de compraventa o de alquiler. Las escuelas de negocios tienen sentido si ayudan a entender el comercio, si ofrecen informaci\u00f3n sobre productos, si despiertan la sensibilidad hacia las necesidades de los clientes. La ausencia de esta sensibilidad es lo que explica la falta de empresarios (no la carencia del \u201caf\u00e1n de lucro\u201d, pues \u00e9ste est\u00e1 muy extendido y no por ello hay m\u00e1s empresarios). No es la ausencia de recursos sino la escasez de visi\u00f3n lo que impide la aparici\u00f3n de una malla de individuos que emprendan. La riqueza ayuda a emprender, pero muchas veces frena los deseos y la acci\u00f3n. CAJA FLOTANTE Hay personas, grupos e instituciones que gustan mucho de vivir sin atreverse, de gozar de la inacci\u00f3n, de consumir sin ofrecer, de repartir lo de los dem\u00e1s. 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Parece mentira, pero no es infrecuente que algunos confundan ingresos con resultados, incluso ahora est\u00e1 de moda distinguir entre negocios de cash-fiow y de caja. Lo que importa en algunos negocios, se dice, es la caja que producen; en estos casos siempre es conveniente ver qu\u00e9 concepci\u00f3n de la empresa se tiene o para qu\u00e9 est\u00e1n\u00a0 utilizando aquella unidad empresarial concreta sus dirigentes. Desde luego, no hay que olvidar que los que act\u00faan basados en el principio de la caja suelen ser los primeros en accidentarse en per\u00edodos de retenci\u00f3n o de descenso del ciclo econ\u00f3mico. CUENTAS IMPLACABLES Evidentemente, la gesti\u00f3n empresarial es capaz de aguantar diferentes modelos conceptuales cuando la empresa es muy rica. 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El riesgo es m\u00e1s un componente del trabajo del inversionista, que se arriesga a entregar su capital a alguien que lo har\u00e1 fructificar, que se juega el patrimonio en las manos de administradores y directivos. Aparte, claro, de que el riesgo existe en casi toda la actividad humana pues las cosas pueden salir bien, mal o regular. ENTRE LA CERTIDUMBRE Y LA APUESTA Cuando el diccionario de la lengua espa\u00f1ola defini\u00f3 la empresa como acci\u00f3n ardua, s\u00ed que parece haber encontrado esa connotaci\u00f3n b\u00e1sica de lo empresarial: otorgar bienes y servicios suele ser trabajoso. Producir, dise\u00f1ar, comercializar y financiar no es tan f\u00e1cil -ni tan vil- como parece. Ser empresario signifca tener suficiente iniciativa y combinar bien los componentes, dinero y poder, que aparecen en las actividades mercantiles. Desde luego, ni crea riqueza ni se arriesga el que utiliza la legislaci\u00f3n a su favor y con informaci\u00f3n privilegiada emprende o facilita proyectos; con frecuencia a eso se le llama especulaci\u00f3n, y no es \u00e9sa la figura a la que nos referimos pues corresponde a la de apropiaci\u00f3n indebida. El especulador, al menos, arriesga su patrimonio, juega con la incertidumbre y apuesta, y con frecuencia ofrece un servicio muy \u00fatil en una determinada circunstancia. El riesgo de la creaci\u00f3n de la riqueza no est\u00e1 en el favor pol\u00edtico ni en la posibilidad de ir a la c\u00e1rcel, sino en el estrechamiento o ca\u00edda de los m\u00e1rgenes; porque al ofrecer bienes y servicios se puede ganar dinero pero tambi\u00e9n perderlo. El riesgo del margen es lo que define la dificultad de lo empresarial. El oficio del empresario resulta ser una actividad muy pegada a las cosas, sean \u00e9stas bienes o servicios. Empresario es el que ve y siente el producto y la necesidad del mismo. La esencia de la empresa mercantil, al final, es la transacci6n, sea en forma de trueque, de compraventa o de alquiler. Las escuelas de negocios tienen sentido si ayudan a entender el comercio, si ofrecen informaci\u00f3n sobre productos, si despiertan la sensibilidad hacia las necesidades de los clientes. La ausencia de esta sensibilidad es lo que explica la falta de empresarios (no la carencia del \u201caf\u00e1n de lucro\u201d, pues \u00e9ste est\u00e1 muy extendido y no por ello hay m\u00e1s empresarios). No es la ausencia de recursos sino la escasez de visi\u00f3n lo que impide la aparici\u00f3n de una malla de individuos que emprendan. La riqueza ayuda a emprender, pero muchas veces frena los deseos y la acci\u00f3n. CAJA FLOTANTE Hay personas, grupos e instituciones que gustan mucho de vivir sin atreverse, de gozar de la inacci\u00f3n, de consumir sin ofrecer, de repartir lo de los dem\u00e1s. Para que haya empresarios es preciso que las personas sepan dise\u00f1ar, producir y comercializar bienes; y, adem\u00e1s, para que las cosas salgan bien, que se diviertan haci\u00e9ndolo. Una de las mayores diferencias entre un empresario y un administrador es que el primero suele pasarlo muy bien cuando est\u00e1 en el taller y en contacto con los clientes. El momento m\u00e1s cr\u00edtico de las empresas es cuando al empresario le empieza a faltar la iniciativa y cuando los asuntos secundarios le impiden \u201csentir el mercado\u201d. Para que la empresa viva sana necesita conseguir m\u00e1rgenes reales. Ver d\u00f3nde est\u00e1 el margen y vigilar las operaciones de negocio (aqu\u00e9llas donde radica principalmente el flujo econ\u00f3mico de la actividad mercantil) son tareas claves del desempe\u00f1o empresarial. Los m\u00e1rgenes no son eternos, y cuando se castigan en exceso sufrir\u00e1 el producto y el equipo humano. Parece mentira, pero no es infrecuente que algunos confundan ingresos con resultados, incluso ahora est\u00e1 de moda distinguir entre negocios de cash-fiow y de caja. Lo que importa en algunos negocios, se dice, es la caja que producen; en estos casos siempre es conveniente ver qu\u00e9 concepci\u00f3n de la empresa se tiene o para qu\u00e9 est\u00e1n\u00a0 utilizando aquella unidad empresarial concreta sus dirigentes. Desde luego, no hay que olvidar que los que act\u00faan basados en el principio de la caja suelen ser los primeros en accidentarse en per\u00edodos de retenci\u00f3n o de descenso del ciclo econ\u00f3mico. CUENTAS IMPLACABLES Evidentemente, la gesti\u00f3n empresarial es capaz de aguantar diferentes modelos conceptuales cuando la empresa es muy rica. Muchos nuevos empresarios de hoy hacen espectaculares operaciones\u2026 con el patrimonio ahorrado por la generaci\u00f3n anterior o con el dinero de los accionistas; o como con un ligero toque de cinismo afirmaba recientemente un consejero-delegado: \u201crepartamos beneficios ahora mismo que, en cualquier momento, empezaremos a perder dinero\u201d. Los principios contables generalmente admitidos permiten diversidad de planteamientos, pero la experiencia indica que suele ser nefasto enmascarar los m\u00e1rgenes, sobre todo los m\u00e1rgenes futuros que el mantenimiento del negocio va a demandar con toda seguridad. Las cuentas al final son implacables, aunque hay que reconocer que algunos resultan verdaderos expertos en el funambulismo o en el timo de la estampita. 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Desde luego hay otras maneras de obtenerlo que corresponden a diversas profesiones o actividades. Quien invierte gana dinero cuando pone a trabajar a otros en su capital; el mafioso, al extorsionar; el ejecutivo se gana la vida al ofrecer su tiempo y conocimientos. La clave de lo empresarial es la creaci\u00f3n de riqueza; y \u00e9sta se concreta en ofrecer bienes y servicios. No es el riesgo lo que lo define, sino la aportaci\u00f3n que realiza. Puede haber mucho o poco riesgo, pero lo que importa es lo que se da. El empresario es con frecuencia un gran reductor de riesgos; por eso aparece a veces como un conservador, al tratar casi siempre de reducir las incertidumbres. Su trabajo no es apostar, sino crear bienes; una creaci\u00f3n a veces m\u00ednima y en ocasiones verdaderamente novedosa. El riesgo es m\u00e1s un componente del trabajo del inversionista, que se arriesga a entregar su capital a alguien que lo har\u00e1 fructificar, que se juega el patrimonio en las manos de administradores y directivos. Aparte, claro, de que el riesgo existe en casi toda la actividad humana pues las cosas pueden salir bien, mal o regular. ENTRE LA CERTIDUMBRE Y LA APUESTA Cuando el diccionario de la lengua espa\u00f1ola defini\u00f3 la empresa como acci\u00f3n ardua, s\u00ed que parece haber encontrado esa connotaci\u00f3n b\u00e1sica de lo empresarial: otorgar bienes y servicios suele ser trabajoso. Producir, dise\u00f1ar, comercializar y financiar no es tan f\u00e1cil -ni tan vil- como parece. Ser empresario signifca tener suficiente iniciativa y combinar bien los componentes, dinero y poder, que aparecen en las actividades mercantiles. Desde luego, ni crea riqueza ni se arriesga el que utiliza la legislaci\u00f3n a su favor y con informaci\u00f3n privilegiada emprende o facilita proyectos; con frecuencia a eso se le llama especulaci\u00f3n, y no es \u00e9sa la figura a la que nos referimos pues corresponde a la de apropiaci\u00f3n indebida. El especulador, al menos, arriesga su patrimonio, juega con la incertidumbre y apuesta, y con frecuencia ofrece un servicio muy \u00fatil en una determinada circunstancia. El riesgo de la creaci\u00f3n de la riqueza no est\u00e1 en el favor pol\u00edtico ni en la posibilidad de ir a la c\u00e1rcel, sino en el estrechamiento o ca\u00edda de los m\u00e1rgenes; porque al ofrecer bienes y servicios se puede ganar dinero pero tambi\u00e9n perderlo. El riesgo del margen es lo que define la dificultad de lo empresarial. El oficio del empresario resulta ser una actividad muy pegada a las cosas, sean \u00e9stas bienes o servicios. Empresario es el que ve y siente el producto y la necesidad del mismo. La esencia de la empresa mercantil, al final, es la transacci6n, sea en forma de trueque, de compraventa o de alquiler. Las escuelas de negocios tienen sentido si ayudan a entender el comercio, si ofrecen informaci\u00f3n sobre productos, si despiertan la sensibilidad hacia las necesidades de los clientes. La ausencia de esta sensibilidad es lo que explica la falta de empresarios (no la carencia del \u201caf\u00e1n de lucro\u201d, pues \u00e9ste est\u00e1 muy extendido y no por ello hay m\u00e1s empresarios). No es la ausencia de recursos sino la escasez de visi\u00f3n lo que impide la aparici\u00f3n de una malla de individuos que emprendan. La riqueza ayuda a emprender, pero muchas veces frena los deseos y la acci\u00f3n. CAJA FLOTANTE Hay personas, grupos e instituciones que gustan mucho de vivir sin atreverse, de gozar de la inacci\u00f3n, de consumir sin ofrecer, de repartir lo de los dem\u00e1s. Para que haya empresarios es preciso que las personas sepan dise\u00f1ar, producir y comercializar bienes; y, adem\u00e1s, para que las cosas salgan bien, que se diviertan haci\u00e9ndolo. Una de las mayores diferencias entre un empresario y un administrador es que el primero suele pasarlo muy bien cuando est\u00e1 en el taller y en contacto con los clientes. El momento m\u00e1s cr\u00edtico de las empresas es cuando al empresario le empieza a faltar la iniciativa y cuando los asuntos secundarios le impiden \u201csentir el mercado\u201d. Para que la empresa viva sana necesita conseguir m\u00e1rgenes reales. Ver d\u00f3nde est\u00e1 el margen y vigilar las operaciones de negocio (aqu\u00e9llas donde radica principalmente el flujo econ\u00f3mico de la actividad mercantil) son tareas claves del desempe\u00f1o empresarial. Los m\u00e1rgenes no son eternos, y cuando se castigan en exceso sufrir\u00e1 el producto y el equipo humano. Parece mentira, pero no es infrecuente que algunos confundan ingresos con resultados, incluso ahora est\u00e1 de moda distinguir entre negocios de cash-fiow y de caja. Lo que importa en algunos negocios, se dice, es la caja que producen; en estos casos siempre es conveniente ver qu\u00e9 concepci\u00f3n de la empresa se tiene o para qu\u00e9 est\u00e1n\u00a0 utilizando aquella unidad empresarial concreta sus dirigentes. Desde luego, no hay que olvidar que los que act\u00faan basados en el principio de la caja suelen ser los primeros en accidentarse en per\u00edodos de retenci\u00f3n o de descenso del ciclo econ\u00f3mico. CUENTAS IMPLACABLES Evidentemente, la gesti\u00f3n empresarial es capaz de aguantar diferentes modelos conceptuales cuando la empresa es muy rica. Muchos nuevos empresarios de hoy hacen espectaculares operaciones\u2026 con el patrimonio ahorrado por la generaci\u00f3n anterior o con el dinero de los accionistas; o como con un ligero toque de cinismo afirmaba recientemente un consejero-delegado: \u201crepartamos beneficios ahora mismo que, en cualquier momento, empezaremos a perder dinero\u201d. Los principios contables generalmente admitidos permiten diversidad de planteamientos, pero la experiencia indica que suele ser nefasto enmascarar los m\u00e1rgenes, sobre todo los m\u00e1rgenes futuros que el mantenimiento del negocio va a demandar con toda seguridad. Las cuentas al final son implacables, aunque hay que reconocer que algunos resultan verdaderos expertos en el funambulismo o en el timo de la estampita. El asunto de los m\u00e1rgenes no es un tema principalmente contable (aunque la contabilidad puede ayudar mucho a evitar que se produzca la escena que, quiz\u00e1s, recoge la siguiente frase: \u201cthis is your accountant speaking. 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