{"id":56843,"date":"1994-03-27T12:20:49","date_gmt":"1994-03-27T17:20:49","guid":{"rendered":"http:\/\/192.100.230.75\/?p=56843"},"modified":"2023-11-08T06:08:19","modified_gmt":"2023-11-08T11:08:19","slug":"apuesta-en-favor-del-riesgo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/1994\/03\/27\/apuesta-en-favor-del-riesgo\/","title":{"rendered":"Apuesta en favor del riesgo"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"56843\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p>A nadie hay que invitarle a su propia casa, aunque tampoco est\u00e1 de m\u00e1s ayudarle a descubrir rincones que le son, por acostumbrados, in\u00e9ditos. Escribo pensando en quienes no son fil\u00f3sofos ni desean serlo, e incluso en quienes se irritan ante la impertinencia de gente tan molesta, siempre presente en cualquier reuni\u00f3n a la que no ha sido invitada. Quiz\u00e1s sea una p\u00e9rdida de tiempo detenerse a excusar la propia presencia, pero no todas las perdidas de tiempo son del mismo calibre; hay algunas que merecen la pena. Y dado que los fil\u00f3sofos no pueden justificarse por su productividad, est\u00e1n obligados a defender el ocio de que disfrutan, mostrando la beneficiosa incomodidad de la reflexi\u00f3n filos\u00f3fica. Casi todas las justificaciones de una profesi\u00f3n recurren a se\u00f1alar una nueva enfermedad que s\u00f3lo ellos son capaces de curar. Cualquier apolog\u00eda tiene que crear su patolog\u00eda correspondiente. En el caso de la filosof\u00eda esta justificaci\u00f3n es un poco m\u00e1s dificil porque al diagn\u00f3stico de los males no siempre le sigue una receta convincente.<br>\nS\u00f3lo me cabe esperar que la declaraci\u00f3n de incompetencia farmacol\u00f3gica encuentre un auditorio indulgente y consiga convencer a alguien de que toparse con los I\u00edmites<br>\nes una experiencia que enriquece a una sociedad orgullosa de su plena competencia.<br>\n<strong>EN BUSCA DE UNA PROFESI\u00d3N PERDIDA<\/strong><br>\nPodr\u00eda parecer un eufemismo propagand\u00edstico hablar de la filosof\u00eda como aventura y prometer riesgos y emociones a cuantos quieran asomarse a ella. Nuestra \u00e9poca no parece especialmente propicia para la reflexi\u00f3n; estamos bajo una fuerte presi\u00f3n econ\u00f3mica -hay que ser competitivos, se dice-, y la filosof\u00eda parece m\u00e1s bien inclinada a la\u00a0 colaboraci\u00f3n gratuita y a la ociosa improductividad. Todos estamos sometidos a la necesidad de conseguir un empleo, y la b\u00fasqueda de un puesto de trabajo deja en segundo plano la indagaci\u00f3n de la verdad. El pensamiento sin reglas ni estrategias, que no calcula ni aporta beneficios, se encuentra perdido en el mercado. Huye despavorido ante cualquier maquinaria, planificaci\u00f3n o exigencia de rendimiento. En el tren de alta velocidad de nuestra civilizaci\u00f3n, la perplejidad del fil\u00f3sofoes similar a la del aldeano que se asustara y tirara continuamente del freno de emergencia, sin ser capaz de dar despu\u00e9s una explicaci\u00f3n convincente al revisor. Otros profesionales se mueven con impert\u00e9rrita competencia en el mundo real y saben hacer perfectamente la declaraci\u00f3n de la renta, arreglar un enchufe o preparar un viaje. Frente a tan envidiable destreza se encuentra la inseguridad de los fil\u00f3sofos, que parecen estar siempre en b\u00fasqueda de su profesi\u00f3n perdida, como si un polic\u00eda de la unidad de rendimientos o el fiscal contra la vagancia pudieran exigirle en cualquier momento una justificaci\u00f3n de su improductividad.<br>\nAhora bien, \u00bftiene alg\u00fan sentido calificar como aventura la aparente pasividad filos\u00f3fica? La filosof\u00eda es en la actualidad un asunto de funcionarios y un departamento m\u00e1s en esta sociedad de la divisi\u00f3n del trabajo. Pero tiene algo de n\u00f3mada y aspira secretamente a sabotear la departamentalizaci\u00f3n del saber, a meterse donde no la llaman y a cuestionar la propiedad privada de los medios de producci\u00f3n cultural. La filosof\u00eda no niega la especializaci\u00f3n, pero tampoco se resigna sin m\u00e1s con ella. Quiz\u00e1 no disponga ya -como en un tiempo pretendi\u00f3 orgullosa de un concepto acabado y completo del mundo, ni de una piedra filosofal que re\u00fana plenamente lo disperso, pero s\u00ed tiene \u201cuna idea de que algo debe mantenerse de ese concepto\u201d . Esto puede sonar intempestivo, en un momento en el que la universidad parece haber dejado de ser universitas para convertirse en mera suma de facultades especializadas. La filosof\u00eda es elemento perturbador de agitaci\u00f3n en el campus de la pac\u00edfica indiferencia; sabotea en cuanto puede la coexistencia<br>\nde los especialistas que se ignoran mutuamente; provoca el enfrentamiento donde percibe una excesiva compartimentalizaci\u00f3n. En la tensa relaci\u00f3n por ella misma introducida, en esta \u201clucha de las facultades\u201d -tanto en el sentido kantiano como en el meramente administrativo-, la filosof\u00eda encuentra su elemento vital, su terreno propicio como autorreflexi\u00f3n de las ciencias dispersas y la sociedad escindida.<br>\n<strong>LOS MALOS TIEMPOS SON BUENOS TIEMPOS <\/strong><br>\nUna de las rupturas que la filosof\u00eda no se resigna a contemplar como definitiva es aqu\u00e9lla seg\u00fan la cual lo interesante es irreflexivo y lo aburrido es racional; que la pasi\u00f3n y el goce est\u00e1n fuera de la raz\u00f3n. mientras que el ejercicio de la inteligencia es una disciplina insoportable. Hace ya m\u00e1s de un siglo que Hegel se rebel\u00f3 contra el dualismo entre lo que llamaba intereses sin cientificidad y cientlficidad sin intereses. a lo que Schopenhauer denomin\u00f3 el dualismo entre la Staatsphilosophie (la filosof\u00eda funcionarial, de jerga y secta, aislada de la vida e incontaminada de todo aquello que realmente nos preocupa) y la SpaBphilosophie (el pensamiento que paga su disfrute con el precio de entregarse atado de pies y manos a la incoherencia). La filosof\u00eda puede hacerlo con mayor o menor fortuna, pero aspira a reunir gozo y seriedad, rigor y comprensibilidad, vida y reflexi\u00f3n, fundamento y variaci\u00f3n. No se resigna a tener que elegir entre la verdad abstracta o la vida irresponsable.<br>\nPero los malos tiempos son siempre buenos tiempos para la filosof\u00eda, a la que se le puede permitir una \u00fanica vanidad: la de ser una especie de espectadora de naufragios<br>\no superviviente de cat\u00e1strofes. El fil\u00f3sofo es un personaje que sabe esperar y, sobre todo, sabe esperar al cad\u00e1ver de su enemigo, el hombre h\u00e1bil, pr\u00e1ctico, satisfecho y seguro de s\u00ed mismo. La filosof\u00eda no es m\u00e1s astuta que los triunfadores oficiales, pero tiene la suficiente vejez a sus espaldas como para saber que el \u00e9xito es la antesala de alg\u00fan fracaso, que la seguridad no es tan duradera como promete y que, tarde o temprano, el hombre se ha de enfrentar a alg\u00fan tipo de cat\u00e1strofe, ya sea bajo la forma de perplejidad, desorientaci\u00f3n o p\u00e9rdida de sentido. Este es el momento que la filosof\u00eda aguardaba secretamente para vengarse del sarcasmo con que era despreciada por los traficantes del \u00e9xito. Las preguntas filos\u00f3ficas surgen, dec\u00eda Heidegger, en medio de una gran desesperaci\u00f3n, cuando \u201ctodo peso quiere desaparecer de las cosas y se oscurece todo sentido\u201d.<br>\n<strong>INQUIETUD PUESTA EN EJERCICIO<\/strong><br>\nLa pregunta filos\u00f3fica elemental -\u00bfpor qu\u00e9 el ser y no m\u00e1s bien la nada?- no es tan abstracta como pudiera parecer. En muchas ocasiones nos hacemos preguntas de este estilo: siempre que nos encontramos con algoque podr\u00eda o deber\u00eda ser de otra manera, cuando protestamos, cuando descubrimos un error o cuando nos arrepentimos. La filosof\u00eda surge desde la impotencia y el desconcierto, desde la sopresa y el asombro que despierta en nosotros la experiencia de que el \u00e1mbito de lo posible es m\u00e1s amplio que el de la necesidad. La filosof\u00eda es la inquietud puesta en ejercicio. \u00bfPor qu\u00e9 no m\u00e1s bien la justicia, la compasi\u00f3n, la transparencia, la sencillez que sus contrarios? Quien es capaz de una pregunta semejante ha roto con la molesta obligaci\u00f3n de decir a todo que s\u00ed, de ser un abogado de lo existente, un peque\u00f1o conservador. El asombro\u00a0 puede ser tambi\u00e9n indignaci\u00f3n. Es precisamente entonces cuando surge el salto de la cotidianidad a la interrogaci\u00f3n filos\u00f3fica.<br>\nLa filosof\u00eda nace como experiencia de la dificultad, contra la \u201cterca regularidad\u201d (Heidegger) de las cosas. No hace m\u00e1s ligeras o f\u00e1ciles las cosas de este mundo, sino m\u00e1s pesadas o dif\u00edciles. Se\u00f1ala Kierkegaard que se decidi\u00f3 a hacer filosof\u00eda al caer en la cuenta un d\u00eda de que todo el mundo se dedicaba a hacer que las cosas fueran m\u00e1s f\u00e1ciles y se le ocurri\u00f3 dedicarse a procurar todo lo contrario. La filosof\u00eda no es una descarga, prefiere la pesadez. Por eso, una invitaci\u00f3n a la filosof\u00eda tiene la parad\u00f3jica tarea de facilitar el estudio de su objeto haci\u00e9ndolo m\u00e1s denso. Quien no haya experimentado este v\u00e9rtigo ante la ligereza de lo real, quien no haya sentido indignaci\u00f3n ante la banalidad o sufrido alg\u00fan tipo de ceguera sin conformarse con ella. \u00e9se no entender\u00e1 la superflua necesidad de la filosof\u00eda.<br>\n<strong>EL MAL FIL\u00d3SOFO<\/strong><br>\nHay un tipo de filosof\u00eda al que no me atrever\u00eda a invitar a nadie. Me refiero a la filosof\u00eda como astucia intelectual y como destrucci\u00f3n de la ingenuidad. Voy a ilustrar este modo de hacer filosof\u00eda recurriendo a la \u00f3pera de Mozart Cosi fan Tutte. La trama de esta historia es bien conocida. Dos j\u00f3venes son convencidos por don Alfonso -modelo de fil\u00f3sofo astuto, calculador y maduropara que sometan a sus novias a un singular experimento: simular un viaje militar de larga duraci\u00f3n para, tras arrancar de sus prometidas una seria declaraci\u00f3n de fiel espera, volver disfrazados con el fin de seducir cada uno a la novia del otro. En el libreto que para Mozart escribi\u00f3 Lorenzo da Ponte, don Alfonso recoge a la perfecci\u00f3n el esp\u00edritu ilustrado. la pretensi\u00f3n de someter todo a prueba y experimentar incluso en aquellos campos que para una mirada ingenua son m\u00e1s propios de la confianza que de la racionalizaci\u00f3n.<br>\nDon Alfonso justifica este imperialismo filos\u00f3fico con una frase de regusto c\u00ednico: in ogni cosa ci vuol filosofia (en todo se necesita filosof\u00eda). Pero una filosofia asi entendida destruye aquellos espacios en los que -como en el amor- no es licita la sospecha y la desconfianza. Intentar asegurarse la fidelidad de una voluntad libre es incompatible con el amor a un ser libre. Equivale a pensar que la posesi\u00f3n de una mujer es como la propiedad privada de los medios de producci\u00f3n. En el enfado de Fernando y Guglielmo, al comprobar el \u00e9xito de su equivoco experimento, hay un regusto de amargura, como una comprobaci\u00f3n de que han jugado con cosas con las que no se juega y que su astucia se hatornado en fracaso, del que ellos son tan responsables como ellas. La conclusi\u00f3n de don Alfonso es propia de su espiritu descre\u00eddo y no gustar\u00e1 demasiado a las feministas: natura non potea fare I\u2019eccezione, il privilegio de creare due donne d\u2019altra pasta. Seguir la invitaci\u00f3n del astuto fil\u00f3sofo es aceptar el prejuicio de las regularidades implacables que destruyen los espacios de libertad personal. Don Alfonso es un maestro del c\u00e1lculo, pero un mal fil\u00f3sofo porque no hace otra cosa que confirmar lo que ya sab\u00eda. Quien s\u00f3lo busca confirmaciones se incapacita para hacer descubrimientos.<br>\n<strong>APOSTAR A LA REALIDAD<\/strong><br>\nLa filosof\u00eda s\u00f3lo es competente para una cosa: para reconocer su propia incompetencia (Odo Marquard). La cuesti\u00f3n crucial, a la hora de justificar la filosofia, me parece pues que podr\u00eda quedar formulada de la siguiente manera: \u00bfes importante que en una sociedad haya quien recuerde de vez en cuando los l\u00edmites de nuestra competencia? Un fil\u00f3sofo asi entendido no ser\u00eda nada parecido a un funcionario de la humanidad, a un fontanero de la historia o a un mec\u00e1nico del gran curso del mundo, sino alguien que hostiga la conciencia satisfecha, que de tantas y tan variadas formas se disfraza en nuestra civilizaci\u00f3n. La aventura filos\u00f3fica es una apuesta en favor del riesgo y la vulnerabilidad.<br>\nDe entre las muchas definiciones que pueden darse de este viejo oficio, la que m\u00e1s me gusta es: filosofia como vulnerabilidad. Porque la filosofia es m\u00e1s un modo de atender que de entender. Rasgos propios de esta vulnerabilidad habitual ser\u00edan, entre otros, los siguientes: ser consciente de que es m\u00e1s interesante lo que nos sorprende que lo que nos da la raz\u00f3n; hacer menos ruido y cultivar el silencio atento; demorar las respuestas y evitar sobre todo la precipitaci\u00f3n; tener flexibilidad mental y practicar esa gimnasia del esp\u00edritu consistente en escuchar; desconfiar de la seguridad ostentosa; no sentirse inc\u00f3modo ante preguntas que uno no sabe responder pero tampoco puede rechazar; aprender a sacar mito del propio desconcierto; huir del enquistamiento en sus variadas formas: intelectual, moral o pol\u00edtico; estar a gusto en la inquietud, a la que<br>\nSchopenhauer consider\u00f3 como la que mantiene en movimiento el perpetuo reloj de la filosof\u00eda; dejarse invadir por una incorregible curiosidad; crecer en capacidad de admiraci\u00f3n proporcionalmente a la extra\u00f1eza de lo admirado; saber que la ant\u00edtesis m\u00e1s rotunda del fil\u00f3sofo es el vendedor. En suma: permanecer siempre vulnerable ante la realidad.<br>\n<strong>ANDAR LOS CAMINOS<\/strong><br>\nMe parece que esta manera de entender la filosof\u00eda recoge lo que ha sido de hecho el motor de sus mejores expresiones (en las que se incluir\u00edan, por consiguiente, tambi\u00e9n<br>\naquellas en donde grandes clarividencias se mezclan con fiacasos estrepitosos). Es una actividad que s\u00f3lo est\u00e1 al alcance de quien tiene un gusto \u2013en cierto modo algo masoquista, lo reconozco- por la inseguridad y que es capaz al mismo tiempo de obtener alg\u00fan provecho del riesgo de la perplejidad. Cuando se hace filosof\u00eda la desprotecci\u00f3n<br>\nes casi absoluta; uno va con lo puesto y con menos a\u00fan, si se pudiera. \u00abEl hombre -dec\u00eda Kant en un curioso escrito acerca de los terremotos- no ha nacido para erigir<br>\nrefugios perpetuos sobre el escenario de la vanidad\u00bb . La met\u00e1fora de la cat\u00e1strofe sirvi\u00f3 a Kant para estimular el nomadismo y la emigraci\u00f3n, para desconfiar de lo que tiene apariencia consistente. Una met\u00e1fora que es tambi\u00e9n invitaci\u00f3n a la aventura filos\u00f3fica. Hacer filosof\u00eda es subir a un escenario m\u00f3vil y resbaladizo, en que lo m\u00e1s probable es hacer el rid\u00edculo, aventurarse en el \u00abvasto y tormentoso oc\u00e9ano\u00bb de la especulaci\u00f3n, en el que nada est\u00e1 asegurado y el fiacaso es siempre posible. Para Kant, la\u00a0 area primordial de la filosofia no consiste en proporcionar respuestas positivas a las preguntas que el hombre se plantea acerca del mundo, sino m\u00e1s bien en poner a prueba las respuestas que se le ofrecen (Nietzsche se\u00f1alaba algo parecido al decir que lo que le gustaba hacer con los caminos no era preguntar por ellos, sino andarlos, comprobar si en verdad conduc\u00edan a donde promet\u00edan). La filosof\u00eda, lejos de representar una c\u00f3moda huida hacia el refugio de la abstracci\u00f3n, es una ofensiva contra los conceptos meramente pensados. Su trabajo comienza all\u00ed donde la raz\u00f3n se muestra satisfecha, se instala en la comodidad, exhibe orgullosa sus \u00e9xitos y -utilizando una gr\u00e1fica expresi\u00f3n icantiana- \u00abpare desde s\u00ed misma\u00bb. cerr\u00e1ndose a la confrontaci\u00f3n con lo real, buscando los datos oue confirman sus ocurrencias (lo cual es, dicho sea de paso, terriblemente f\u00e1cil), en lugar de arriesgarse a fracasar en un rotundo desmentido por parte de la verdadera realidad.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"56843\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Leer despu\u00e9s 0A nadie hay que invitarle a su propia casa, aunque tampoco est\u00e1 de m\u00e1s ayudarle a descubrir rincones que le son, por acostumbrados, in\u00e9ditos. Escribo pensando en quienes no son fil\u00f3sofos ni desean serlo, e incluso en quienes se irritan ante la impertinencia de gente tan molesta, siempre presente en cualquier reuni\u00f3n a la que no ha sido invitada. Quiz\u00e1s sea una p\u00e9rdida de tiempo detenerse a excusar la propia presencia, pero no todas las perdidas de tiempo son del mismo calibre; hay algunas que merecen la pena. Y dado que los fil\u00f3sofos no pueden justificarse por su productividad, est\u00e1n obligados a defender el ocio de que disfrutan, mostrando la beneficiosa incomodidad de la reflexi\u00f3n filos\u00f3fica. Casi todas las justificaciones de una profesi\u00f3n recurren a se\u00f1alar una nueva enfermedad que s\u00f3lo ellos son capaces de curar. Cualquier apolog\u00eda tiene que crear su patolog\u00eda correspondiente. En el caso de la filosof\u00eda esta justificaci\u00f3n es un poco m\u00e1s dificil porque al diagn\u00f3stico de los males no siempre le sigue una receta convincente. S\u00f3lo me cabe esperar que la declaraci\u00f3n de incompetencia farmacol\u00f3gica encuentre un auditorio indulgente y consiga convencer a alguien de que toparse con los I\u00edmites es una experiencia que enriquece a una sociedad orgullosa de su plena competencia. EN BUSCA DE UNA PROFESI\u00d3N PERDIDA Podr\u00eda parecer un eufemismo propagand\u00edstico hablar de la filosof\u00eda como aventura y prometer riesgos y emociones a cuantos quieran asomarse a ella. Nuestra \u00e9poca no parece especialmente propicia para la reflexi\u00f3n; estamos bajo una fuerte presi\u00f3n econ\u00f3mica -hay que ser competitivos, se dice-, y la filosof\u00eda parece m\u00e1s bien inclinada a la\u00a0 colaboraci\u00f3n gratuita y a la ociosa improductividad. Todos estamos sometidos a la necesidad de conseguir un empleo, y la b\u00fasqueda de un puesto de trabajo deja en segundo plano la indagaci\u00f3n de la verdad. 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Escribo pensando en quienes no son fil\u00f3sofos ni desean serlo, e incluso en quienes se irritan ante la impertinencia de gente tan molesta, siempre presente en cualquier reuni\u00f3n a la que no ha sido invitada. Quiz\u00e1s sea una p\u00e9rdida de tiempo detenerse a excusar la propia presencia, pero no todas las perdidas de tiempo son del mismo calibre; hay algunas que merecen la pena. Y dado que los fil\u00f3sofos no pueden justificarse por su productividad, est\u00e1n obligados a defender el ocio de que disfrutan, mostrando la beneficiosa incomodidad de la reflexi\u00f3n filos\u00f3fica. Casi todas las justificaciones de una profesi\u00f3n recurren a se\u00f1alar una nueva enfermedad que s\u00f3lo ellos son capaces de curar. Cualquier apolog\u00eda tiene que crear su patolog\u00eda correspondiente. En el caso de la filosof\u00eda esta justificaci\u00f3n es un poco m\u00e1s dificil porque al diagn\u00f3stico de los males no siempre le sigue una receta convincente. S\u00f3lo me cabe esperar que la declaraci\u00f3n de incompetencia farmacol\u00f3gica encuentre un auditorio indulgente y consiga convencer a alguien de que toparse con los I\u00edmites es una experiencia que enriquece a una sociedad orgullosa de su plena competencia. EN BUSCA DE UNA PROFESI\u00d3N PERDIDA Podr\u00eda parecer un eufemismo propagand\u00edstico hablar de la filosof\u00eda como aventura y prometer riesgos y emociones a cuantos quieran asomarse a ella. Nuestra \u00e9poca no parece especialmente propicia para la reflexi\u00f3n; estamos bajo una fuerte presi\u00f3n econ\u00f3mica -hay que ser competitivos, se dice-, y la filosof\u00eda parece m\u00e1s bien inclinada a la\u00a0 colaboraci\u00f3n gratuita y a la ociosa improductividad. Todos estamos sometidos a la necesidad de conseguir un empleo, y la b\u00fasqueda de un puesto de trabajo deja en segundo plano la indagaci\u00f3n de la verdad. El pensamiento sin reglas ni estrategias, que no calcula ni aporta beneficios, se encuentra perdido en el mercado. Huye despavorido ante cualquier maquinaria, planificaci\u00f3n o exigencia de rendimiento. En el tren de alta velocidad de nuestra civilizaci\u00f3n, la perplejidad del fil\u00f3sofoes similar a la del aldeano que se asustara y tirara continuamente del freno de emergencia, sin ser capaz de dar despu\u00e9s una explicaci\u00f3n convincente al revisor. Otros profesionales se mueven con impert\u00e9rrita competencia en el mundo real y saben hacer perfectamente la declaraci\u00f3n de la renta, arreglar un enchufe o preparar un viaje. Frente a tan envidiable destreza se encuentra la inseguridad de los fil\u00f3sofos, que parecen estar siempre en b\u00fasqueda de su profesi\u00f3n perdida, como si un polic\u00eda de la unidad de rendimientos o el fiscal contra la vagancia pudieran exigirle en cualquier momento una justificaci\u00f3n de su improductividad. Ahora bien, \u00bftiene alg\u00fan sentido calificar como aventura la aparente pasividad filos\u00f3fica? La filosof\u00eda es en la actualidad un asunto de funcionarios y un departamento m\u00e1s en esta sociedad de la divisi\u00f3n del trabajo. Pero tiene algo de n\u00f3mada y aspira secretamente a sabotear la departamentalizaci\u00f3n del saber, a meterse donde no la llaman y a cuestionar la propiedad privada de los medios de producci\u00f3n cultural. La filosof\u00eda no niega la especializaci\u00f3n, pero tampoco se resigna sin m\u00e1s con ella. Quiz\u00e1 no disponga ya -como en un tiempo pretendi\u00f3 orgullosa de un concepto acabado y completo del mundo, ni de una piedra filosofal que re\u00fana plenamente lo disperso, pero s\u00ed tiene \u201cuna idea de que algo debe mantenerse de ese concepto\u201d . Esto puede sonar intempestivo, en un momento en el que la universidad parece haber dejado de ser universitas para convertirse en mera suma de facultades especializadas. La filosof\u00eda es elemento perturbador de agitaci\u00f3n en el campus de la pac\u00edfica indiferencia; sabotea en cuanto puede la coexistencia de los especialistas que se ignoran mutuamente; provoca el enfrentamiento donde percibe una excesiva compartimentalizaci\u00f3n. En la tensa relaci\u00f3n por ella misma introducida, en esta \u201clucha de las facultades\u201d -tanto en el sentido kantiano como en el meramente administrativo-, la filosof\u00eda encuentra su elemento vital, su terreno propicio como autorreflexi\u00f3n de las ciencias dispersas y la sociedad escindida. LOS MALOS TIEMPOS SON BUENOS TIEMPOS Una de las rupturas que la filosof\u00eda no se resigna a contemplar como definitiva es aqu\u00e9lla seg\u00fan la cual lo interesante es irreflexivo y lo aburrido es racional; que la pasi\u00f3n y el goce est\u00e1n fuera de la raz\u00f3n. mientras que el ejercicio de la inteligencia es una disciplina insoportable. Hace ya m\u00e1s de un siglo que Hegel se rebel\u00f3 contra el dualismo entre lo que llamaba intereses sin cientificidad y cientlficidad sin intereses. a lo que Schopenhauer denomin\u00f3 el dualismo entre la Staatsphilosophie (la filosof\u00eda funcionarial, de jerga y secta, aislada de la vida e incontaminada de todo aquello que realmente nos preocupa) y la SpaBphilosophie (el pensamiento que paga su disfrute con el precio de entregarse atado de pies y manos a la incoherencia). La filosof\u00eda puede hacerlo con mayor o menor fortuna, pero aspira a reunir gozo y seriedad, rigor y comprensibilidad, vida y reflexi\u00f3n, fundamento y variaci\u00f3n. No se resigna a tener que elegir entre la verdad abstracta o la vida irresponsable. Pero los malos tiempos son siempre buenos tiempos para la filosof\u00eda, a la que se le puede permitir una \u00fanica vanidad: la de ser una especie de espectadora de naufragios o superviviente de cat\u00e1strofes. El fil\u00f3sofo es un personaje que sabe esperar y, sobre todo, sabe esperar al cad\u00e1ver de su enemigo, el hombre h\u00e1bil, pr\u00e1ctico, satisfecho y seguro de s\u00ed mismo. La filosof\u00eda no es m\u00e1s astuta que los triunfadores oficiales, pero tiene la suficiente vejez a sus espaldas como para saber que el \u00e9xito es la antesala de alg\u00fan fracaso, que la seguridad no es tan duradera como promete y que, tarde o temprano, el hombre se ha de enfrentar a alg\u00fan tipo de cat\u00e1strofe, ya sea bajo la forma de perplejidad, desorientaci\u00f3n o p\u00e9rdida de sentido. Este es el momento que la filosof\u00eda aguardaba secretamente para vengarse del sarcasmo con que era despreciada por los traficantes del \u00e9xito. 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El pensamiento sin reglas ni estrategias, que no calcula ni aporta beneficios, se encuentra perdido en el mercado. Huye despavorido ante cualquier maquinaria, planificaci\u00f3n o exigencia de rendimiento. En el tren de alta velocidad de nuestra civilizaci\u00f3n, la perplejidad del fil\u00f3sofoes similar a la del aldeano que se asustara y tirara continuamente del freno de emergencia, sin ser capaz de dar despu\u00e9s una explicaci\u00f3n convincente al revisor. Otros profesionales se mueven con impert\u00e9rrita competencia en el mundo real y saben hacer perfectamente la declaraci\u00f3n de la renta, arreglar un enchufe o preparar un viaje. Frente a tan envidiable destreza se encuentra la inseguridad de los fil\u00f3sofos, que parecen estar siempre en b\u00fasqueda de su profesi\u00f3n perdida, como si un polic\u00eda de la unidad de rendimientos o el fiscal contra la vagancia pudieran exigirle en cualquier momento una justificaci\u00f3n de su improductividad. 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La filosof\u00eda es elemento perturbador de agitaci\u00f3n en el campus de la pac\u00edfica indiferencia; sabotea en cuanto puede la coexistencia de los especialistas que se ignoran mutuamente; provoca el enfrentamiento donde percibe una excesiva compartimentalizaci\u00f3n. En la tensa relaci\u00f3n por ella misma introducida, en esta \u201clucha de las facultades\u201d -tanto en el sentido kantiano como en el meramente administrativo-, la filosof\u00eda encuentra su elemento vital, su terreno propicio como autorreflexi\u00f3n de las ciencias dispersas y la sociedad escindida. LOS MALOS TIEMPOS SON BUENOS TIEMPOS Una de las rupturas que la filosof\u00eda no se resigna a contemplar como definitiva es aqu\u00e9lla seg\u00fan la cual lo interesante es irreflexivo y lo aburrido es racional; que la pasi\u00f3n y el goce est\u00e1n fuera de la raz\u00f3n. mientras que el ejercicio de la inteligencia es una disciplina insoportable. Hace ya m\u00e1s de un siglo que Hegel se rebel\u00f3 contra el dualismo entre lo que llamaba intereses sin cientificidad y cientlficidad sin intereses. a lo que Schopenhauer denomin\u00f3 el dualismo entre la Staatsphilosophie (la filosof\u00eda funcionarial, de jerga y secta, aislada de la vida e incontaminada de todo aquello que realmente nos preocupa) y la SpaBphilosophie (el pensamiento que paga su disfrute con el precio de entregarse atado de pies y manos a la incoherencia). La filosof\u00eda puede hacerlo con mayor o menor fortuna, pero aspira a reunir gozo y seriedad, rigor y comprensibilidad, vida y reflexi\u00f3n, fundamento y variaci\u00f3n. No se resigna a tener que elegir entre la verdad abstracta o la vida irresponsable. Pero los malos tiempos son siempre buenos tiempos para la filosof\u00eda, a la que se le puede permitir una \u00fanica vanidad: la de ser una especie de espectadora de naufragios o superviviente de cat\u00e1strofes. El fil\u00f3sofo es un personaje que sabe esperar y, sobre todo, sabe esperar al cad\u00e1ver de su enemigo, el hombre h\u00e1bil, pr\u00e1ctico, satisfecho y seguro de s\u00ed mismo. La filosof\u00eda no es m\u00e1s astuta que los triunfadores oficiales, pero tiene la suficiente vejez a sus espaldas como para saber que el \u00e9xito es la antesala de alg\u00fan fracaso, que la seguridad no es tan duradera como promete y que, tarde o temprano, el hombre se ha de enfrentar a alg\u00fan tipo de cat\u00e1strofe, ya sea bajo la forma de perplejidad, desorientaci\u00f3n o p\u00e9rdida de sentido. Este es el momento que la filosof\u00eda aguardaba secretamente para vengarse del sarcasmo con que era despreciada por los traficantes del \u00e9xito. 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