{"id":52726,"date":"2009-03-01T12:38:01","date_gmt":"2009-03-01T17:38:01","guid":{"rendered":"http:\/\/192.100.230.75\/?p=52726"},"modified":"2009-03-01T12:38:01","modified_gmt":"2009-03-01T17:38:01","slug":"el-compromiso-de-los-intelectuales-se-diluye","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2009\/03\/01\/el-compromiso-de-los-intelectuales-se-diluye\/","title":{"rendered":"El compromiso de los intelectuales se diluye"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"52726\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p><strong>EL COMPROMISO DEL DOCTOR REGIO<\/strong><br>\nEl doctor Regio es un historiador con prestigiosos posgrados que, hace muchos a\u00f1os, era una de las promesas intelectuales m\u00e1s s\u00f3lidas de su generaci\u00f3n. A su regreso al pa\u00eds, el doctor Regio comenz\u00f3 a aparecer intermitentemente en los programas de opini\u00f3n y an\u00e1lisis de TV y radio. Actualmente, el doctor Regio es una de las referencias fundamentales en los medios, pues a la gente le gusta la manera did\u00e1ctica y divertida con que el simp\u00e1tico doctor destila su conocimiento en frases breves, claras y contundentes, con un lenguaje coloquial y con atinados chistes.<br>\nEl car\u00e1cter accesible y campechano del doctor Regio lo ha vuelto muy popular y de los programas de an\u00e1lisis ha transitado a otros derroteros medi\u00e1ticos, lo mismo conduciendo entregas de premios cinematogr\u00e1ficos que celebraciones oficiales. Igualmente, el doctor Regio ha incursionado en la pol\u00edtica y acept\u00f3 ser candidato a diputado por un partido de oposici\u00f3n de izquierda, aunque al mismo tiempo recibe sin problemas reconocimientos gubernamentales y convive con la \u00e9lite odiada por su partido.<br>\nAunque el doctor Regio ya no tiene tiempo de investigar y nunca ha publicado un libro, sigue consider\u00e1ndose a s\u00ed mismo un intelectual y un integrante de la academia y, cuando se requiere, sabe utilizar el aura de neutralidad y aptitud que dicha pertenencia le otorga.<br>\nEl perfil del doctor Regio es habitual en el nuevo escenario intelectual donde el capital curricular, el talento esc\u00e9nico y el pragmatismo pol\u00edtico se mezclan y donde es posible observar a acad\u00e9micos que pasan m\u00e1s tiempo en los estudios de radio y televisi\u00f3n que en los cub\u00edculos; a locutores y gente del espect\u00e1culo que se vuelven referencia intelectual; a encuest\u00f3logos que adquieren la autoridad del or\u00e1culo; a far\u00e1ndulas art\u00edsticas fan\u00e1tica y volublemente militantes y a gremios intelectuales que, ya sin adscripciones ideol\u00f3gicas s\u00f3lidas pero con mucho apetito, compiten ferozmente por los pasteles institucionales.<br>\nEn este ambiente de ideolog\u00edas destronadas, identidades cambiantes e imperativos pr\u00e1cticos y de corto plazo, \u00bfc\u00f3mo definir al ente intelectual y evaluar lo que en el pasado lleg\u00f3 a denominarse como \u00abcompromiso\u00bb?<br>\n<strong>SIERVO DE LA VERDAD<\/strong><br>\nLa idea del intelectual como un modelo de comportamiento p\u00fablico y el crecimiento de su influencia es un fen\u00f3meno de larga data. Desde la Ilustraci\u00f3n, y a medida que declinaban los poderes tradicionales de la monarqu\u00eda y la Iglesia, el intelectual adquir\u00eda un nuevo papel en la vida social y se defin\u00eda no s\u00f3lo por su acervo de conocimientos o su especialidad, sino por su interlocuci\u00f3n con el p\u00fablico.<br>\nAs\u00ed, m\u00e1s que con grupos profesionales estrictamente definidos (aunque el hombre de letras y el artista fueron hasta hace poco los representantes m\u00e1s visibles de este estrato) la intelectualidad se identificaba con una misi\u00f3n social, espiritual o cultural com\u00fan. Al convertirse en un paradigma social, el intelectual a menudo deb\u00eda adoptar un compromiso p\u00fablico. Particularmente, en el siglo XX la idea de compromiso intelectual estuvo marcada por dos estereotipos encontrados que asum\u00edan un compromiso radical con dos distintas abstracciones: la \u00abverdad\u00bb y la \u00abhistoria\u00bb.<br>\nPor un lado, el siervo de la verdad o \u00abintelectual independiente\u00bb, conceb\u00eda la intelectualidad como una profesi\u00f3n caracterizada por un retiro al mundo de los doctos libros y las conversaciones con los difuntos, s\u00f3lo ocasionalmente interrumpido con el rechazo p\u00fablico de una injusticia o con alg\u00fan protagonismo altruista.<br>\nSi bien, bajo esta \u00f3ptica, el intelectual era concebido como un ser apol\u00edtico, ten\u00eda el deber profesional y la obligaci\u00f3n espiritual de intervenir en la vida p\u00fablica y defender los valores universales de los que pod\u00eda reputarse custodio. En general, esta noci\u00f3n del compromiso intelectual se identific\u00f3 con distintos matices del liberalismo o la socialdemocracia y se orient\u00f3 principalmente a la denuncia de la opresi\u00f3n pol\u00edtica e intelectual y a la defensa de las libertades individuales.<br>\nPor el otro lado, en el llamado intelectual comprometido, privaba la noci\u00f3n de la intelectualidad como una forma de conciencia hist\u00f3rica superior y compromiso pol\u00edtico concreto que exig\u00eda que el intelectual fuera un cr\u00edtico del estado de cosas y un participante activo en el cambio social.<br>\nLa cr\u00edtica, la militancia y hasta la propaganda constitu\u00edan fases de la actividad intelectual que deb\u00edan empujar el imprescindible cambio hist\u00f3rico. En general, esta concepci\u00f3n del compromiso y la funci\u00f3n intelectual arraig\u00f3 en las diversas modalidades del pensamiento marxista y se orient\u00f3 a diversas tareas que iban desde la cr\u00edtica te\u00f3rica del propio concepto de cultura hasta la participaci\u00f3n activa en las luchas sindicales, sociales y armadas.<br>\n<strong>ZONA DE SILENCIO<\/strong><br>\nEn la n\u00f3mina de los intelectuales \u00abindependientes\u00bb y \u00abcomprometidos\u00bb que atravesaron las distintas etapas de las revoluciones, las conflagraciones mundiales y la Guerra Fr\u00eda en el siglo XX hay numerosos y conmovedores casos de integridad y sacrificio. Por supuesto, muchos intelectuales independientes ejerc\u00edan un activismo pol\u00edtico desde una plataforma de autoridad pretendidamente no pol\u00edtica y se jactaban de una neutralidad e independencia que no siempre respond\u00eda a los hechos.<br>\nIgualmente, muchos intelectuales comprometidos incurrieron en el fanatismo, la violencia y la corrupci\u00f3n del poder. Hoy, tanto la idea heroica como el horizonte ut\u00f3pico que sosten\u00edan a estos arquetipos se han esfumado y los sucesores de estos intelectuales de compromisos fuertes, pertenecientes a la era de la ideolog\u00eda, son sustituidos por expertos, por hombres medi\u00e1ticos o por esa frecuente mezcla contranatural entre ambos, como la del doctor Regio.<br>\nCierto, el culto a los hombres excepcionales, con algo de raz\u00f3n, se ha perdido y la idea fuerte de compromiso suele confundirse con la enajenaci\u00f3n intelectual y pol\u00edtica. La concepci\u00f3n del intelectual como un defensor de verdades universales o como un militante aut\u00e9ntico del cambio social, suena grandilocuente en una \u00e9poca en la que privan el relativismo y el c\u00e1lculo racional. Pero m\u00e1s all\u00e1 de la sospecha institucionalizada, hay quienes con una vocaci\u00f3n y emoci\u00f3n poderosa (que es muy dif\u00edcil de cultivar en un ambiente masificado, altamente profesionalizado y desencantado) s\u00ed consagran su vida a un ideal intelectual.<br>\nPor eso, hablar de compromiso intelectual quiz\u00e1s implicar\u00eda volver a las ra\u00edces m\u00e1s humildes de este quehacer: desde la disposici\u00f3n emocional a aprender, a realizar un esfuerzo met\u00f3dico y sostenido, a vencer la fatiga o el desencanto hasta la conciencia de las obligaciones intelectuales, la modestia a la hora de comunicar e interactuar o la energ\u00eda para resistir las tentaciones.<br>\nEsto implica un trabajo interior, volver al coraz\u00f3n, a las convicciones esenciales, a las fuentes de inspiraci\u00f3n y al enigma de la vocaci\u00f3n. Como dec\u00eda A.D. Sertillanges, en una vieja y enternecedora preceptiva (La vida intelectual, Ediciones Encuentro, 2003) \u00ab\u00bfQuer\u00e9is hacer obra intelectual? Empezad por crear dentro de vosotros una zona de silencio, un h\u00e1bito de recogimiento, una voluntad de desprendimiento, de desapego que os haga disponibles por entero para la obra; adquirid ese estado de \u00e1nimo, libre del peso del deseo y de la propia voluntad que constituye el estado de gracia del intelectual. Sin ello no har\u00e9is nada o, al menos, nada que valga la pena\u00bb.<br>\n*Ganador del premio de Ensayo Literario Jos\u00e9 Revueltas. Entre sus libros est\u00e1 Que se mueran los intelectuales (Joaqu\u00edn Mortiz, 2005).<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"52726\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Leer despu\u00e9s 0EL COMPROMISO DEL DOCTOR REGIO El doctor Regio es un historiador con prestigiosos posgrados que, hace muchos a\u00f1os, era una de las promesas intelectuales m\u00e1s s\u00f3lidas de su generaci\u00f3n. A su regreso al pa\u00eds, el doctor Regio comenz\u00f3 a aparecer intermitentemente en los programas de opini\u00f3n y an\u00e1lisis de TV y radio. Actualmente, el doctor Regio es una de las referencias fundamentales en los medios, pues a la gente le gusta la manera did\u00e1ctica y divertida con que el simp\u00e1tico doctor destila su conocimiento en frases breves, claras y contundentes, con un lenguaje coloquial y con atinados chistes. El car\u00e1cter accesible y campechano del doctor Regio lo ha vuelto muy popular y de los programas de an\u00e1lisis ha transitado a otros derroteros medi\u00e1ticos, lo mismo conduciendo entregas de premios cinematogr\u00e1ficos que celebraciones oficiales. Igualmente, el doctor Regio ha incursionado en la pol\u00edtica y acept\u00f3 ser candidato a diputado por un partido de oposici\u00f3n de izquierda, aunque al mismo tiempo recibe sin problemas reconocimientos gubernamentales y convive con la \u00e9lite odiada por su partido. Aunque el doctor Regio ya no tiene tiempo de investigar y nunca ha publicado un libro, sigue consider\u00e1ndose a s\u00ed mismo un intelectual y un integrante de la academia y, cuando se requiere, sabe utilizar el aura de neutralidad y aptitud que dicha pertenencia le otorga. El perfil del doctor Regio es habitual en el nuevo escenario intelectual donde el capital curricular, el talento esc\u00e9nico y el pragmatismo pol\u00edtico se mezclan y donde es posible observar a acad\u00e9micos que pasan m\u00e1s tiempo en los estudios de radio y televisi\u00f3n que en los cub\u00edculos; a locutores y gente del espect\u00e1culo que se vuelven referencia intelectual; a encuest\u00f3logos que adquieren la autoridad del or\u00e1culo; a far\u00e1ndulas art\u00edsticas fan\u00e1tica y volublemente militantes y a gremios intelectuales que, ya sin adscripciones ideol\u00f3gicas s\u00f3lidas pero con mucho apetito, compiten ferozmente por los pasteles institucionales. En este ambiente de ideolog\u00edas destronadas, identidades cambiantes e imperativos pr\u00e1cticos y de corto plazo, \u00bfc\u00f3mo definir al ente intelectual y evaluar lo que en el pasado lleg\u00f3 a denominarse como \u00abcompromiso\u00bb? SIERVO DE LA VERDAD La idea del intelectual como un modelo de comportamiento p\u00fablico y el crecimiento de su influencia es un fen\u00f3meno de larga data. Desde la Ilustraci\u00f3n, y a medida que declinaban los poderes tradicionales de la monarqu\u00eda y la Iglesia, el intelectual adquir\u00eda un nuevo papel en la vida social y se defin\u00eda no s\u00f3lo por su acervo de conocimientos o su especialidad, sino por su interlocuci\u00f3n con el p\u00fablico. As\u00ed, m\u00e1s que con grupos profesionales estrictamente definidos (aunque el hombre de letras y el artista fueron hasta hace poco los representantes m\u00e1s visibles de este estrato) la intelectualidad se identificaba con una misi\u00f3n social, espiritual o cultural com\u00fan. Al convertirse en un paradigma social, el intelectual a menudo deb\u00eda adoptar un compromiso p\u00fablico. Particularmente, en el siglo XX la idea de compromiso intelectual estuvo marcada por dos estereotipos encontrados que asum\u00edan un compromiso radical con dos distintas abstracciones: la \u00abverdad\u00bb y la \u00abhistoria\u00bb. Por un lado, el siervo de la verdad o \u00abintelectual independiente\u00bb, conceb\u00eda la intelectualidad como una profesi\u00f3n caracterizada por un retiro al mundo de los doctos libros y las conversaciones con los difuntos, s\u00f3lo ocasionalmente interrumpido con el rechazo p\u00fablico de una injusticia o con alg\u00fan protagonismo altruista. Si bien, bajo esta \u00f3ptica, el intelectual era concebido como un ser apol\u00edtico, ten\u00eda el deber profesional y la obligaci\u00f3n espiritual de intervenir en la vida p\u00fablica y defender los valores universales de los que pod\u00eda reputarse custodio. En general, esta noci\u00f3n del compromiso intelectual se identific\u00f3 con distintos matices del liberalismo o la socialdemocracia y se orient\u00f3 principalmente a la denuncia de la opresi\u00f3n pol\u00edtica e intelectual y a la defensa de las libertades individuales. Por el otro lado, en el llamado intelectual comprometido, privaba la noci\u00f3n de la intelectualidad como una forma de conciencia hist\u00f3rica superior y compromiso pol\u00edtico concreto que exig\u00eda que el intelectual fuera un cr\u00edtico del estado de cosas y un participante activo en el cambio social. La cr\u00edtica, la militancia y hasta la propaganda constitu\u00edan fases de la actividad intelectual que deb\u00edan empujar el imprescindible cambio hist\u00f3rico. En general, esta concepci\u00f3n del compromiso y la funci\u00f3n intelectual arraig\u00f3 en las diversas modalidades del pensamiento marxista y se orient\u00f3 a diversas tareas que iban desde la cr\u00edtica te\u00f3rica del propio concepto de cultura hasta la participaci\u00f3n activa en las luchas sindicales, sociales y armadas. ZONA DE SILENCIO En la n\u00f3mina de los intelectuales \u00abindependientes\u00bb y \u00abcomprometidos\u00bb que atravesaron las distintas etapas de las revoluciones, las conflagraciones mundiales y la Guerra Fr\u00eda en el siglo XX hay numerosos y conmovedores casos de integridad y sacrificio. Por supuesto, muchos intelectuales independientes ejerc\u00edan un activismo pol\u00edtico desde una plataforma de autoridad pretendidamente no pol\u00edtica y se jactaban de una neutralidad e independencia que no siempre respond\u00eda a los hechos. Igualmente, muchos intelectuales comprometidos incurrieron en el fanatismo, la violencia y la corrupci\u00f3n del poder. Hoy, tanto la idea heroica como el horizonte ut\u00f3pico que sosten\u00edan a estos arquetipos se han esfumado y los sucesores de estos intelectuales de compromisos fuertes, pertenecientes a la era de la ideolog\u00eda, son sustituidos por expertos, por hombres medi\u00e1ticos o por esa frecuente mezcla contranatural entre ambos, como la del doctor Regio. Cierto, el culto a los hombres excepcionales, con algo de raz\u00f3n, se ha perdido y la idea fuerte de compromiso suele confundirse con la enajenaci\u00f3n intelectual y pol\u00edtica. La concepci\u00f3n del intelectual como un defensor de verdades universales o como un militante aut\u00e9ntico del cambio social, suena grandilocuente en una \u00e9poca en la que privan el relativismo y el c\u00e1lculo racional. Pero m\u00e1s all\u00e1 de la sospecha institucionalizada, hay quienes con una vocaci\u00f3n y emoci\u00f3n poderosa (que es muy dif\u00edcil de cultivar en un ambiente masificado, altamente profesionalizado y desencantado) s\u00ed consagran su vida a un ideal intelectual. 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A su regreso al pa\u00eds, el doctor Regio comenz\u00f3 a aparecer intermitentemente en los programas de opini\u00f3n y an\u00e1lisis de TV y radio. Actualmente, el doctor Regio es una de las referencias fundamentales en los medios, pues a la gente le gusta la manera did\u00e1ctica y divertida con que el simp\u00e1tico doctor destila su conocimiento en frases breves, claras y contundentes, con un lenguaje coloquial y con atinados chistes. El car\u00e1cter accesible y campechano del doctor Regio lo ha vuelto muy popular y de los programas de an\u00e1lisis ha transitado a otros derroteros medi\u00e1ticos, lo mismo conduciendo entregas de premios cinematogr\u00e1ficos que celebraciones oficiales. Igualmente, el doctor Regio ha incursionado en la pol\u00edtica y acept\u00f3 ser candidato a diputado por un partido de oposici\u00f3n de izquierda, aunque al mismo tiempo recibe sin problemas reconocimientos gubernamentales y convive con la \u00e9lite odiada por su partido. Aunque el doctor Regio ya no tiene tiempo de investigar y nunca ha publicado un libro, sigue consider\u00e1ndose a s\u00ed mismo un intelectual y un integrante de la academia y, cuando se requiere, sabe utilizar el aura de neutralidad y aptitud que dicha pertenencia le otorga. El perfil del doctor Regio es habitual en el nuevo escenario intelectual donde el capital curricular, el talento esc\u00e9nico y el pragmatismo pol\u00edtico se mezclan y donde es posible observar a acad\u00e9micos que pasan m\u00e1s tiempo en los estudios de radio y televisi\u00f3n que en los cub\u00edculos; a locutores y gente del espect\u00e1culo que se vuelven referencia intelectual; a encuest\u00f3logos que adquieren la autoridad del or\u00e1culo; a far\u00e1ndulas art\u00edsticas fan\u00e1tica y volublemente militantes y a gremios intelectuales que, ya sin adscripciones ideol\u00f3gicas s\u00f3lidas pero con mucho apetito, compiten ferozmente por los pasteles institucionales. En este ambiente de ideolog\u00edas destronadas, identidades cambiantes e imperativos pr\u00e1cticos y de corto plazo, \u00bfc\u00f3mo definir al ente intelectual y evaluar lo que en el pasado lleg\u00f3 a denominarse como \u00abcompromiso\u00bb? SIERVO DE LA VERDAD La idea del intelectual como un modelo de comportamiento p\u00fablico y el crecimiento de su influencia es un fen\u00f3meno de larga data. Desde la Ilustraci\u00f3n, y a medida que declinaban los poderes tradicionales de la monarqu\u00eda y la Iglesia, el intelectual adquir\u00eda un nuevo papel en la vida social y se defin\u00eda no s\u00f3lo por su acervo de conocimientos o su especialidad, sino por su interlocuci\u00f3n con el p\u00fablico. As\u00ed, m\u00e1s que con grupos profesionales estrictamente definidos (aunque el hombre de letras y el artista fueron hasta hace poco los representantes m\u00e1s visibles de este estrato) la intelectualidad se identificaba con una misi\u00f3n social, espiritual o cultural com\u00fan. Al convertirse en un paradigma social, el intelectual a menudo deb\u00eda adoptar un compromiso p\u00fablico. Particularmente, en el siglo XX la idea de compromiso intelectual estuvo marcada por dos estereotipos encontrados que asum\u00edan un compromiso radical con dos distintas abstracciones: la \u00abverdad\u00bb y la \u00abhistoria\u00bb. Por un lado, el siervo de la verdad o \u00abintelectual independiente\u00bb, conceb\u00eda la intelectualidad como una profesi\u00f3n caracterizada por un retiro al mundo de los doctos libros y las conversaciones con los difuntos, s\u00f3lo ocasionalmente interrumpido con el rechazo p\u00fablico de una injusticia o con alg\u00fan protagonismo altruista. Si bien, bajo esta \u00f3ptica, el intelectual era concebido como un ser apol\u00edtico, ten\u00eda el deber profesional y la obligaci\u00f3n espiritual de intervenir en la vida p\u00fablica y defender los valores universales de los que pod\u00eda reputarse custodio. En general, esta noci\u00f3n del compromiso intelectual se identific\u00f3 con distintos matices del liberalismo o la socialdemocracia y se orient\u00f3 principalmente a la denuncia de la opresi\u00f3n pol\u00edtica e intelectual y a la defensa de las libertades individuales. Por el otro lado, en el llamado intelectual comprometido, privaba la noci\u00f3n de la intelectualidad como una forma de conciencia hist\u00f3rica superior y compromiso pol\u00edtico concreto que exig\u00eda que el intelectual fuera un cr\u00edtico del estado de cosas y un participante activo en el cambio social. 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Por supuesto, muchos intelectuales independientes ejerc\u00edan un activismo pol\u00edtico desde una plataforma de autoridad pretendidamente no pol\u00edtica y se jactaban de una neutralidad e independencia que no siempre respond\u00eda a los hechos. Igualmente, muchos intelectuales comprometidos incurrieron en el fanatismo, la violencia y la corrupci\u00f3n del poder. Hoy, tanto la idea heroica como el horizonte ut\u00f3pico que sosten\u00edan a estos arquetipos se han esfumado y los sucesores de estos intelectuales de compromisos fuertes, pertenecientes a la era de la ideolog\u00eda, son sustituidos por expertos, por hombres medi\u00e1ticos o por esa frecuente mezcla contranatural entre ambos, como la del doctor Regio. Cierto, el culto a los hombres excepcionales, con algo de raz\u00f3n, se ha perdido y la idea fuerte de compromiso suele confundirse con la enajenaci\u00f3n intelectual y pol\u00edtica. 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A su regreso al pa\u00eds, el doctor Regio comenz\u00f3 a aparecer intermitentemente en los programas de opini\u00f3n y an\u00e1lisis de TV y radio. Actualmente, el doctor Regio es una de las referencias fundamentales en los medios, pues a la gente le gusta la manera did\u00e1ctica y divertida con que el simp\u00e1tico doctor destila su conocimiento en frases breves, claras y contundentes, con un lenguaje coloquial y con atinados chistes. El car\u00e1cter accesible y campechano del doctor Regio lo ha vuelto muy popular y de los programas de an\u00e1lisis ha transitado a otros derroteros medi\u00e1ticos, lo mismo conduciendo entregas de premios cinematogr\u00e1ficos que celebraciones oficiales. Igualmente, el doctor Regio ha incursionado en la pol\u00edtica y acept\u00f3 ser candidato a diputado por un partido de oposici\u00f3n de izquierda, aunque al mismo tiempo recibe sin problemas reconocimientos gubernamentales y convive con la \u00e9lite odiada por su partido. Aunque el doctor Regio ya no tiene tiempo de investigar y nunca ha publicado un libro, sigue consider\u00e1ndose a s\u00ed mismo un intelectual y un integrante de la academia y, cuando se requiere, sabe utilizar el aura de neutralidad y aptitud que dicha pertenencia le otorga. El perfil del doctor Regio es habitual en el nuevo escenario intelectual donde el capital curricular, el talento esc\u00e9nico y el pragmatismo pol\u00edtico se mezclan y donde es posible observar a acad\u00e9micos que pasan m\u00e1s tiempo en los estudios de radio y televisi\u00f3n que en los cub\u00edculos; a locutores y gente del espect\u00e1culo que se vuelven referencia intelectual; a encuest\u00f3logos que adquieren la autoridad del or\u00e1culo; a far\u00e1ndulas art\u00edsticas fan\u00e1tica y volublemente militantes y a gremios intelectuales que, ya sin adscripciones ideol\u00f3gicas s\u00f3lidas pero con mucho apetito, compiten ferozmente por los pasteles institucionales. En este ambiente de ideolog\u00edas destronadas, identidades cambiantes e imperativos pr\u00e1cticos y de corto plazo, \u00bfc\u00f3mo definir al ente intelectual y evaluar lo que en el pasado lleg\u00f3 a denominarse como \u00abcompromiso\u00bb? SIERVO DE LA VERDAD La idea del intelectual como un modelo de comportamiento p\u00fablico y el crecimiento de su influencia es un fen\u00f3meno de larga data. Desde la Ilustraci\u00f3n, y a medida que declinaban los poderes tradicionales de la monarqu\u00eda y la Iglesia, el intelectual adquir\u00eda un nuevo papel en la vida social y se defin\u00eda no s\u00f3lo por su acervo de conocimientos o su especialidad, sino por su interlocuci\u00f3n con el p\u00fablico. As\u00ed, m\u00e1s que con grupos profesionales estrictamente definidos (aunque el hombre de letras y el artista fueron hasta hace poco los representantes m\u00e1s visibles de este estrato) la intelectualidad se identificaba con una misi\u00f3n social, espiritual o cultural com\u00fan. Al convertirse en un paradigma social, el intelectual a menudo deb\u00eda adoptar un compromiso p\u00fablico. Particularmente, en el siglo XX la idea de compromiso intelectual estuvo marcada por dos estereotipos encontrados que asum\u00edan un compromiso radical con dos distintas abstracciones: la \u00abverdad\u00bb y la \u00abhistoria\u00bb. Por un lado, el siervo de la verdad o \u00abintelectual independiente\u00bb, conceb\u00eda la intelectualidad como una profesi\u00f3n caracterizada por un retiro al mundo de los doctos libros y las conversaciones con los difuntos, s\u00f3lo ocasionalmente interrumpido con el rechazo p\u00fablico de una injusticia o con alg\u00fan protagonismo altruista. Si bien, bajo esta \u00f3ptica, el intelectual era concebido como un ser apol\u00edtico, ten\u00eda el deber profesional y la obligaci\u00f3n espiritual de intervenir en la vida p\u00fablica y defender los valores universales de los que pod\u00eda reputarse custodio. En general, esta noci\u00f3n del compromiso intelectual se identific\u00f3 con distintos matices del liberalismo o la socialdemocracia y se orient\u00f3 principalmente a la denuncia de la opresi\u00f3n pol\u00edtica e intelectual y a la defensa de las libertades individuales. Por el otro lado, en el llamado intelectual comprometido, privaba la noci\u00f3n de la intelectualidad como una forma de conciencia hist\u00f3rica superior y compromiso pol\u00edtico concreto que exig\u00eda que el intelectual fuera un cr\u00edtico del estado de cosas y un participante activo en el cambio social. La cr\u00edtica, la militancia y hasta la propaganda constitu\u00edan fases de la actividad intelectual que deb\u00edan empujar el imprescindible cambio hist\u00f3rico. En general, esta concepci\u00f3n del compromiso y la funci\u00f3n intelectual arraig\u00f3 en las diversas modalidades del pensamiento marxista y se orient\u00f3 a diversas tareas que iban desde la cr\u00edtica te\u00f3rica del propio concepto de cultura hasta la participaci\u00f3n activa en las luchas sindicales, sociales y armadas. ZONA DE SILENCIO En la n\u00f3mina de los intelectuales \u00abindependientes\u00bb y \u00abcomprometidos\u00bb que atravesaron las distintas etapas de las revoluciones, las conflagraciones mundiales y la Guerra Fr\u00eda en el siglo XX hay numerosos y conmovedores casos de integridad y sacrificio. Por supuesto, muchos intelectuales independientes ejerc\u00edan un activismo pol\u00edtico desde una plataforma de autoridad pretendidamente no pol\u00edtica y se jactaban de una neutralidad e independencia que no siempre respond\u00eda a los hechos. Igualmente, muchos intelectuales comprometidos incurrieron en el fanatismo, la violencia y la corrupci\u00f3n del poder. Hoy, tanto la idea heroica como el horizonte ut\u00f3pico que sosten\u00edan a estos arquetipos se han esfumado y los sucesores de estos intelectuales de compromisos fuertes, pertenecientes a la era de la ideolog\u00eda, son sustituidos por expertos, por hombres medi\u00e1ticos o por esa frecuente mezcla contranatural entre ambos, como la del doctor Regio. Cierto, el culto a los hombres excepcionales, con algo de raz\u00f3n, se ha perdido y la idea fuerte de compromiso suele confundirse con la enajenaci\u00f3n intelectual y pol\u00edtica. La concepci\u00f3n del intelectual como un defensor de verdades universales o como un militante aut\u00e9ntico del cambio social, suena grandilocuente en una \u00e9poca en la que privan el relativismo y el c\u00e1lculo racional. Pero m\u00e1s all\u00e1 de la sospecha institucionalizada, hay quienes con una vocaci\u00f3n y emoci\u00f3n poderosa (que es muy dif\u00edcil de cultivar en un ambiente masificado, altamente profesionalizado y desencantado) s\u00ed consagran su vida a un ideal intelectual. 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