{"id":52716,"date":"2009-09-09T19:17:14","date_gmt":"2009-09-10T00:17:14","guid":{"rendered":"http:\/\/192.100.230.75\/?p=52716"},"modified":"2023-11-08T06:07:18","modified_gmt":"2023-11-08T11:07:18","slug":"mapas-del-amor-y-la-amistad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2009\/09\/09\/mapas-del-amor-y-la-amistad\/","title":{"rendered":"Mapas del amor y la amistad"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"52716\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p><\/p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/192.100.230.75\/wp-content\/uploads\/2009\/10\/liderazgo-1.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-52717\" style=\"margin: 5px\" title=\"liderazgo-1\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/192.100.230.75\/wp-content\/uploads\/2009\/10\/liderazgo-1-200x300.jpg?resize=200%2C300\" alt=\"liderazgo-1\" width=\"200\" height=\"300\" loading=\"lazy\"><\/a><br>\nEl lugar propio de la amistad es la persona. Bastan dos personas para que surja este fen\u00f3meno tan importante en la vida humana. Por ello, la amistad tiene su <em>h\u00e1bitat<\/em> en las comunidades en donde alcanzan un valor predominante las relaciones de car\u00e1cter personal, en aquellas en las que la persona se encuentra por delante de todo. Debido a que la amistad no halla f\u00e1cil cabida en el mundo del mercado, del Estado y de la comunicaci\u00f3n p\u00fablica, es por lo que hoy ha perdido lugar en nuestra cultura. Es necesario, por tanto, desarrollar una topograf\u00eda, un mapa de los distintos aspectos que presentan las relaciones amistosas. El conocimiento de nuestros modos de amistad es requerido tambi\u00e9n no ya para saber <em>c\u00f3mo es mi amistad<\/em>, sino <em>c\u00f3mo soy yo<\/em>, pues la faceta m\u00e1s constitutiva de nuestro<em> Ich<\/em>, de nuestro ser nosotros mismos, es precisamente la manera de relacionarnos con los dem\u00e1s.<br>\n<strong>Los modos de la  amistad<\/strong><br>\nEnunciaremos a continuaci\u00f3n un conjunto de veinte acciones que el hombre ejerce en relaci\u00f3n con sus amigos. Se trata de un elenco no exhaustivo, pero s\u00ed de actos estad\u00edsticamente frecuentes, y expuestos a prop\u00f3sito de modo desordenado: <em>dominar, comprender a alguien, intercambiar, convivir, poseer, agradecer, dar, gozar, dialogar, sacrificarse, ense\u00f1ar, corregir, ganar, perdonar, superar a alguien, acompa\u00f1ar, ayudar, corresponder, compartir, acoger<\/em>. Estos diversos, heterog\u00e9neos, poliformes y ricos modos de relacionarse con los dem\u00e1s, han sido analizados en la antropolog\u00eda cl\u00e1sica recogi\u00e9ndolos en tres grandes grupos, que constituyen las m\u00e1ximas \u2013y \u00fanicas\u2013 categor\u00edas o g\u00e9neros de amor: amor de necesidad, de reciprocidad y de d\u00e1diva.<sup>1<\/sup><br>\n<strong>Amor de necesidad<\/strong><br>\n<strong>El amigo es un instrumento<\/strong><br>\nLa amistad de necesidad genera una actitud que los cl\u00e1sicos denominaron <em>desiderium<\/em> o deseo. Se constituye el amor de necesidad cuando esta apetencia se califica espec\u00edficamente como deseo de conseguir de alguien algo que \u00e9l puede darme o yo puedo lograr de \u00e9l. Es claro que una buena parte de nuestras relaciones de amistad se encuentran englobadas en esta categor\u00eda, determinada por las siguientes cinco posibilidades, de entre aquellas veinte que antes se enunciaron: <em>dominar, poseer, gozar, ganar, superar a alguien.<\/em><br>\nEl amor desiderativo o de necesidad entra\u00f1a el peligro de cosificar a la persona de la que obtenemos algo, cuando la consideramos principalmente como medio de satisfacci\u00f3n de nuestros deseos, cuando no atendemos en primer t\u00e9rmino a la persona que necesitamos sino a la necesidad que tenemos de ella. Esta cosificaci\u00f3n no es algo que s\u00f3lo afecte a su destinatario. Como las relaciones con otros individuos nos identifican y constituyen, esta cosificaci\u00f3n de otras personas se retrae hacia a m\u00ed, como <em>boomerang,<\/em> cosific\u00e1ndome.<br>\nLa amistad de necesidad resulta, entonces, una amistad inestable, f\u00e1cilmente transpuesta a situaciones enemigas, como puede verse con claridad en tantas organizaciones y empresas. El sistema de \u00e9stas es conseguir precariamente que tales enemistades no desemboquen en violencia; pero la violencia interna de los deseos internos de cada uno en pugna con los de los dem\u00e1s, no puede ser menguada por ning\u00fan sistema sino por una transformaci\u00f3n de las personas, de la que surgir\u00e1 la transformaci\u00f3n de sus relaciones biun\u00edvocas.<br>\n<strong>Amor de reciprocidad<\/strong><br>\n<strong>Como el flujo y reflujo del mar<\/strong><br>\nAs\u00ed como el amor de necesidad gira en torno al <em>desiderium,<\/em> el tipo de amor que ahora analizamos tiene su eje en la <em>aequalitas<\/em> o <em>mutua reciprocatio,<\/em> que literalmente significar\u00eda la transmisi\u00f3n de las almas amigas; yo te entrego lo que soy, si rec\u00edprocamente haces de tu parte lo mismo. La caracter\u00edstica b\u00e1sica de este tipo de amor se encuentra en el condicional <em>si<\/em>. Porque la entrega queda reprimida hasta adquirir al menos la conjetura de que ser\u00e1 mutua.<br>\nEntre aquellas veinte relaciones amistosas, las acciones que constituyen el amor de reciprocidad son: <em>intercambiar, acompa\u00f1ar, dialogar, compartir y convivir<\/em>. Si bien se ve, estas cinco acciones exigen necesariamente mutualidad: nadie acompa\u00f1a, dialoga, comparte o convive, si no lo hace con otro, y viceversa. Sin la reciprocidad no puede hablarse de amistad en sentido estricto.<br>\nLa <em>reciprocatio<\/em> era un vocablo latino muy expresivo, metaf\u00f3rico dir\u00edamos, de las relaciones amistosas, las cuales se alimentan, con un cierto ir y venir, dar y recibir, llevar y traer. Significaba literalmente el<em> flujo<\/em> y<em> reflujo <\/em>que hallamos en el mar; expresaba tambi\u00e9n el eco, que los latinos denominaban con el sugerente nombre, evocativo de la amistad,<em> voces reciprocae<\/em>, la reciprocidad de las voces.<br>\nQuerer a alguien no consiste, de manera neta y simple, en querer al otro; sino especialmente en querer que el otro me quiera; pero si el querer del otro es a su vez un verdadero querer, habr\u00eda de consistir en querer que yo lo quiera; de manera que el querer a otro significar\u00eda <em>querer que el otro quiera que yo lo quiera<\/em>, y as\u00ed indefinidamente. Ya se ve que esta amistosa relaci\u00f3n de intercambio puede discurrir por una vertiente de mutuo enriquecimiento y superaci\u00f3n, en la que el amor rec\u00edprocamente nos personifica, como en la duplicaci\u00f3n al infinito de los espejos imaginados por Jorge Luis Borges, o en la mirada mutua de los ojos que se ven entre s\u00ed, de Antonio Machado: \u00abEn la cosa nunca vista de tus ojos me he buscado, en el ver con que me miras\u00bb.<br>\nPero precisamente porque la relaci\u00f3n de intercambio se encuentra condicionada al darse del otro, puede contaminarse con el<em> amor de necesidad<\/em>. Ello acaece cuando en el equilibrio de la balanza de la <em>aequalitas <\/em>o igualdad equitativa de las relaciones personales, prevalece o adquiere mayor peso el darse del otro que el<em> darme m\u00edo<\/em>. Se rompe entonces la <em>mutua reciprocatio<\/em>, para caer en un<em> desiderium<\/em> de peor cala\u00f1a, por cuanto que se camufla de mutualidad.<br>\n<strong>Amor de d\u00e1diva<\/strong><br>\nEn el amor de necesidad, el hombre procura por s\u00ed, y el amigo es un instrumento al que uso \u2013en buenos o malos t\u00e9rminos\u2013 para satisfacer mis necesidades, sean reales \u2013verdaderamente las necesito\u2013, sean imaginadas \u2013pienso que las necesito. En el amor de reciprocidad procuro por m\u00ed, pero en la medida en que tambi\u00e9n, equilibradamente, permito y aun acepto que el amigo procure por s\u00ed mismo. El amor de d\u00e1diva puede referirse tambi\u00e9n, es verdad, a bienes econ\u00f3micos materiales, pero para que surja, se requiere la existencia y consistencia social de otros valores no propiamente econ\u00f3micos, ni estrictamente materiales.<br>\nEl amor de donaci\u00f3n o d\u00e1diva es origen o efecto, a su vez, de una fuerza contrapuesta a la antes llamada <em>desiderium.<\/em> Por la <em>effusio <\/em>propendo, a veces tambi\u00e9n de modo impulsivo e irrefrenable, a compartir aquello que poseo, a entregar lo que tengo y lo que soy. No se requiere contar con conocimientos profundos de antropolog\u00eda para percatarse, a primera vista, de que la d\u00e1diva o donaci\u00f3n es el acto protot\u00edpico de la amistad. No es verdad en modo alguno que el amor de deseo sea el paradigma del amor: lo es s\u00f3lo para el que ignore o reprima la posibilidad del don de s\u00ed, con lo que implica de vinculante compromiso, y de sana y liberada renuncia. Los actos propios de la d\u00e1diva son los siguientes:<em> corresponder, agradecer, dar, darse [don de s\u00ed], sacrificarse, ense\u00f1ar, corregir, perdonar, comprender a alguien, acoger<\/em>.<br>\nPara dilucidar el plexo existente entre la entrega o d\u00e1diva y el intercambio, es preciso hilar muy fino. El amor de d\u00e1diva suscita en el amigo una respuesta equivalente o superior. Es por ello que la mutualidad o intercambio se considera como propiedad caracter\u00edstica de las relaciones amistosas. Sin embargo, este intercambio que se produce en el fen\u00f3meno amistoso de la d\u00e1diva, no debe confundirse con el que tiene lugar en el amor de reciprocidad, aunque en uno u otro caso empleemos vocablos presuntamente sin\u00f3nimos.<br>\nLa diferencia entre la reciprocidad y la d\u00e1diva depende de esa brev\u00edsima conjunci\u00f3n que antes utilizamos para describir el amor de reciprocidad: <em>si<\/em>. Se trata, como sabemos, de una conjunci\u00f3n que expresa la condici\u00f3n o el supuesto bajo cuya virtud una realidad se relaciona con otra. En la relaci\u00f3n de intercambio mi entrega se hace <em>si <\/em>y <em>s\u00f3lo si<\/em> recibo como condici\u00f3n o recibir\u00e9 como supuesto, una entrega que tenga paridad de rango con la que yo les otorgo a los dem\u00e1s.<br>\nEn el fen\u00f3meno antropol\u00f3gico decisivo que llamamos amistad se produce una espont\u00e1nea respuesta a la d\u00e1diva; respondo no porque tal acto de d\u00e1diva m\u00edo haya sido la condici\u00f3n, establecida previamente; al rev\u00e9s, se trata asimismo de otra d\u00e1diva, de otro don, que no guarda nexo directo con el anterior. El sano lenguaje com\u00fan \u2013resucitado en este siglo por encima del pretencioso lenguaje cient\u00edfico\u2013 arbitra otra conjunci\u00f3n diferente, no condicional (<em>si<\/em>): adversativa (<em>aunque<\/em>). En lugar de: \u00ab<em>si<\/em> me has dado esto te respondo con aquello\u00bb, o \u00abs\u00f3lo te dar\u00e9 aquello <em>si<\/em> me das esto\u00bb, el lenguaje com\u00fan lo expresa en la forma precisa de la d\u00e1diva mutua: \u00abte doy esto <em>aunque<\/em> no me hayas dado nada\u00bb. Quien s\u00f3lo es capaz de pronunciar las conjunciones condicionales y no las adversativas no puede sobrepasar la amistad de intercambio para moverse en el libre \u00e1mbito de la d\u00e1diva.<br>\n<sup>1 <\/sup> Hemos profundizado al respecto de este tema en nuestra obra, <em>La amistad en la empresa<\/em>, FCE, M\u00e9xico, 1a. reimp. 2007, caps. X-XII.\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"52716\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Leer despu\u00e9s 0 El lugar propio de la amistad es la persona. Bastan dos personas para que surja este fen\u00f3meno tan importante en la vida humana. Por ello, la amistad tiene su h\u00e1bitat en las comunidades en donde alcanzan un valor predominante las relaciones de car\u00e1cter personal, en aquellas en las que la persona se encuentra por delante de todo. Debido a que la amistad no halla f\u00e1cil cabida en el mundo del mercado, del Estado y de la comunicaci\u00f3n p\u00fablica, es por lo que hoy ha perdido lugar en nuestra cultura. Es necesario, por tanto, desarrollar una topograf\u00eda, un mapa de los distintos aspectos que presentan las relaciones amistosas. El conocimiento de nuestros modos de amistad es requerido tambi\u00e9n no ya para saber c\u00f3mo es mi amistad, sino c\u00f3mo soy yo, pues la faceta m\u00e1s constitutiva de nuestro Ich, de nuestro ser nosotros mismos, es precisamente la manera de relacionarnos con los dem\u00e1s. Los modos de la amistad Enunciaremos a continuaci\u00f3n un conjunto de veinte acciones que el hombre ejerce en relaci\u00f3n con sus amigos. Se trata de un elenco no exhaustivo, pero s\u00ed de actos estad\u00edsticamente frecuentes, y expuestos a prop\u00f3sito de modo desordenado: dominar, comprender a alguien, intercambiar, convivir, poseer, agradecer, dar, gozar, dialogar, sacrificarse, ense\u00f1ar, corregir, ganar, perdonar, superar a alguien, acompa\u00f1ar, ayudar, corresponder, compartir, acoger. 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Entre aquellas veinte relaciones amistosas, las acciones que constituyen el amor de reciprocidad son: intercambiar, acompa\u00f1ar, dialogar, compartir y convivir. Si bien se ve, estas cinco acciones exigen necesariamente mutualidad: nadie acompa\u00f1a, dialoga, comparte o convive, si no lo hace con otro, y viceversa. Sin la reciprocidad no puede hablarse de amistad en sentido estricto. La reciprocatio era un vocablo latino muy expresivo, metaf\u00f3rico dir\u00edamos, de las relaciones amistosas, las cuales se alimentan, con un cierto ir y venir, dar y recibir, llevar y traer. Significaba literalmente el flujo y reflujo que hallamos en el mar; expresaba tambi\u00e9n el eco, que los latinos denominaban con el sugerente nombre, evocativo de la amistad, voces reciprocae, la reciprocidad de las voces. Querer a alguien no consiste, de manera neta y simple, en querer al otro; sino especialmente en querer que el otro me quiera; pero si el querer del otro es a su vez un verdadero querer, habr\u00eda de consistir en querer que yo lo quiera; de manera que el querer a otro significar\u00eda querer que el otro quiera que yo lo quiera, y as\u00ed indefinidamente. Ya se ve que esta amistosa relaci\u00f3n de intercambio puede discurrir por una vertiente de mutuo enriquecimiento y superaci\u00f3n, en la que el amor rec\u00edprocamente nos personifica, como en la duplicaci\u00f3n al infinito de los espejos imaginados por Jorge Luis Borges, o en la mirada mutua de los ojos que se ven entre s\u00ed, de Antonio Machado: \u00abEn la cosa nunca vista de tus ojos me he buscado, en el ver con que me miras\u00bb. Pero precisamente porque la relaci\u00f3n de intercambio se encuentra condicionada al darse del otro, puede contaminarse con el amor de necesidad. 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Bastan dos personas para que surja este fen\u00f3meno tan importante en la vida humana. Por ello, la amistad tiene su h\u00e1bitat en las comunidades en donde alcanzan un valor predominante las relaciones de car\u00e1cter personal, en aquellas en las que la persona se encuentra por delante de todo. Debido a que la amistad no halla f\u00e1cil cabida en el mundo del mercado, del Estado y de la comunicaci\u00f3n p\u00fablica, es por lo que hoy ha perdido lugar en nuestra cultura. Es necesario, por tanto, desarrollar una topograf\u00eda, un mapa de los distintos aspectos que presentan las relaciones amistosas. El conocimiento de nuestros modos de amistad es requerido tambi\u00e9n no ya para saber c\u00f3mo es mi amistad, sino c\u00f3mo soy yo, pues la faceta m\u00e1s constitutiva de nuestro Ich, de nuestro ser nosotros mismos, es precisamente la manera de relacionarnos con los dem\u00e1s. Los modos de la amistad Enunciaremos a continuaci\u00f3n un conjunto de veinte acciones que el hombre ejerce en relaci\u00f3n con sus amigos. Se trata de un elenco no exhaustivo, pero s\u00ed de actos estad\u00edsticamente frecuentes, y expuestos a prop\u00f3sito de modo desordenado: dominar, comprender a alguien, intercambiar, convivir, poseer, agradecer, dar, gozar, dialogar, sacrificarse, ense\u00f1ar, corregir, ganar, perdonar, superar a alguien, acompa\u00f1ar, ayudar, corresponder, compartir, acoger. Estos diversos, heterog\u00e9neos, poliformes y ricos modos de relacionarse con los dem\u00e1s, han sido analizados en la antropolog\u00eda cl\u00e1sica recogi\u00e9ndolos en tres grandes grupos, que constituyen las m\u00e1ximas \u2013y \u00fanicas\u2013 categor\u00edas o g\u00e9neros de amor: amor de necesidad, de reciprocidad y de d\u00e1diva.1 Amor de necesidad El amigo es un instrumento La amistad de necesidad genera una actitud que los cl\u00e1sicos denominaron desiderium o deseo. Se constituye el amor de necesidad cuando esta apetencia se califica espec\u00edficamente como deseo de conseguir de alguien algo que \u00e9l puede darme o yo puedo lograr de \u00e9l. Es claro que una buena parte de nuestras relaciones de amistad se encuentran englobadas en esta categor\u00eda, determinada por las siguientes cinco posibilidades, de entre aquellas veinte que antes se enunciaron: dominar, poseer, gozar, ganar, superar a alguien. El amor desiderativo o de necesidad entra\u00f1a el peligro de cosificar a la persona de la que obtenemos algo, cuando la consideramos principalmente como medio de satisfacci\u00f3n de nuestros deseos, cuando no atendemos en primer t\u00e9rmino a la persona que necesitamos sino a la necesidad que tenemos de ella. Esta cosificaci\u00f3n no es algo que s\u00f3lo afecte a su destinatario. Como las relaciones con otros individuos nos identifican y constituyen, esta cosificaci\u00f3n de otras personas se retrae hacia a m\u00ed, como boomerang, cosific\u00e1ndome. La amistad de necesidad resulta, entonces, una amistad inestable, f\u00e1cilmente transpuesta a situaciones enemigas, como puede verse con claridad en tantas organizaciones y empresas. El sistema de \u00e9stas es conseguir precariamente que tales enemistades no desemboquen en violencia; pero la violencia interna de los deseos internos de cada uno en pugna con los de los dem\u00e1s, no puede ser menguada por ning\u00fan sistema sino por una transformaci\u00f3n de las personas, de la que surgir\u00e1 la transformaci\u00f3n de sus relaciones biun\u00edvocas. Amor de reciprocidad Como el flujo y reflujo del mar As\u00ed como el amor de necesidad gira en torno al desiderium, el tipo de amor que ahora analizamos tiene su eje en la aequalitas o mutua reciprocatio, que literalmente significar\u00eda la transmisi\u00f3n de las almas amigas; yo te entrego lo que soy, si rec\u00edprocamente haces de tu parte lo mismo. La caracter\u00edstica b\u00e1sica de este tipo de amor se encuentra en el condicional si. Porque la entrega queda reprimida hasta adquirir al menos la conjetura de que ser\u00e1 mutua. Entre aquellas veinte relaciones amistosas, las acciones que constituyen el amor de reciprocidad son: intercambiar, acompa\u00f1ar, dialogar, compartir y convivir. Si bien se ve, estas cinco acciones exigen necesariamente mutualidad: nadie acompa\u00f1a, dialoga, comparte o convive, si no lo hace con otro, y viceversa. Sin la reciprocidad no puede hablarse de amistad en sentido estricto. La reciprocatio era un vocablo latino muy expresivo, metaf\u00f3rico dir\u00edamos, de las relaciones amistosas, las cuales se alimentan, con un cierto ir y venir, dar y recibir, llevar y traer. Significaba literalmente el flujo y reflujo que hallamos en el mar; expresaba tambi\u00e9n el eco, que los latinos denominaban con el sugerente nombre, evocativo de la amistad, voces reciprocae, la reciprocidad de las voces. Querer a alguien no consiste, de manera neta y simple, en querer al otro; sino especialmente en querer que el otro me quiera; pero si el querer del otro es a su vez un verdadero querer, habr\u00eda de consistir en querer que yo lo quiera; de manera que el querer a otro significar\u00eda querer que el otro quiera que yo lo quiera, y as\u00ed indefinidamente. Ya se ve que esta amistosa relaci\u00f3n de intercambio puede discurrir por una vertiente de mutuo enriquecimiento y superaci\u00f3n, en la que el amor rec\u00edprocamente nos personifica, como en la duplicaci\u00f3n al infinito de los espejos imaginados por Jorge Luis Borges, o en la mirada mutua de los ojos que se ven entre s\u00ed, de Antonio Machado: \u00abEn la cosa nunca vista de tus ojos me he buscado, en el ver con que me miras\u00bb. Pero precisamente porque la relaci\u00f3n de intercambio se encuentra condicionada al darse del otro, puede contaminarse con el amor de necesidad. 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