{"id":29422,"date":"2008-01-01T00:00:00","date_gmt":"2008-01-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=29422"},"modified":"2008-01-01T00:00:00","modified_gmt":"2008-01-01T00:00:00","slug":"a_quien_le_toca_cambiar_los_panales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2008\/01\/01\/a_quien_le_toca_cambiar_los_panales\/","title":{"rendered":"\u00bfA qui\u00e9n le toca cambiar los pa\u00f1ales?"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"29422\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p class=\"subtit\"><strong>ESTUDIOS, DESPACHOS, COCINA<\/strong><\/p>\n<p>Virgina Wolf \u2013\u00edcono del feminismo del siglo XIX y una de las novelistas que m\u00e1s disfruto\u2013, en su ensayo A Room of One\u00b4s Own sostiene que la mujer ha estado destinada a \u00abla fastidiosa direcci\u00f3n de una casa servil\u00bb y por eso no ha podido destacar como el var\u00f3n. Durante siglos, \u00ablas mujeres han servido de espejos dotados de la virtud m\u00e1gica y deliciosa de reflejar la figura del hombre, dos veces m\u00e1s agrandada\u00bb. Lo que falta para que una mujer escriba novelas, a\u00f1ade, es que tengan \u00abdinero\u00bb y un \u00abcuarto propio\u00bb.<br>\nEsa afirmaci\u00f3n debe entenderse en su sentido m\u00e1s profundo. Un cuarto propio significa un espacio de intimidad e independencia. Basta mirar las casas antiguas para percatarse de que el despacho suele reservarse a los hombres. La mujer lo compart\u00eda todo: la cama, el ba\u00f1o, el escritorio.<br>\nLa realidad de la mujer mexicana es m\u00e1s cruel de lo que el feminismo decimon\u00f3nico pens\u00f3. Contrario a la creencia popular, el hogar no es el sitio donde trabajan m\u00e1s mujeres. Ni tampoco el dinero y la privacidad sus \u00fanicas carencias. Seg\u00fan estudios del INEGI, abundan las mujeres oficinistas sobre las amas de casa de tiempo completo. Incluso, el n\u00famero de dependientas de negocios es mayor que el de mujeres dedicadas por entero al hogar.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>NUMEROSAS FUNCIONES VACANTES<\/strong><\/p>\n<p>Aunque la mujer ha logrado salir del claustro dom\u00e9stico, a\u00fan hay m\u00e1s amas de casa que profesionistas de alto mando. S\u00f3lo 27% de la poblaci\u00f3n femenina con empleo es profesionista.<br>\nLa incorporaci\u00f3n de la mujer a las fuerzas del mercado no es, exclusivamente, conquista del feminismo. Tiene, tambi\u00e9n, un regusto de hambre y necesidad. En los estratos sociales m\u00e1s bajos de M\u00e9xico, la mujer ha trabajado desde siempre para mantener su hogar. En la d\u00e9cada de los 90, la poblaci\u00f3n femenina econ\u00f3micamente activa de nuestro pa\u00eds \u2013e inclu\u00eda a ni\u00f1as de doce a\u00f1os\u2013 superaba a la de los varones. De cada cien personas ocupadas, cincuenta y ocho eran mujeres. No es trabajo lo que falta a las mujeres, sino mayor preparaci\u00f3n y m\u00e1s oportunidades.<br>\nEl diagn\u00f3stico es m\u00e1s descarnado: s\u00f3lo en las clases acomodadas tiene sentido la lucha de las mujeres por ingresar al mundo laboral. Las mujeres de los estratos m\u00e1s pobres siempre han necesitado ganarse la vida. Y justamente all\u00ed hay dos problemas: la irresponsabilidad del var\u00f3n y las baj\u00edsimas oportunidades de trabajo para las mujeres por falta de educaci\u00f3n.<br>\nCreo que es claro hacia d\u00f3nde quiero ir: los modelos de familia \u00abalternos\u00bb han existido en M\u00e9xico desde hace d\u00e9cadas. Estos no tan \u00abnuevos\u00bb modelos familiares son producto de la imperiosa necesidad de sobrevivir. Tan s\u00f3lo en 2000, 60% de las mujeres econ\u00f3micamente activas ten\u00edan al menos un hijo. Lo que sugiere, por un lado, actividades laborales no remuneradas fuera del trabajo y, por otro, un creciente protagonismo de la mujer en la manutenci\u00f3n familiar. En ese mismo a\u00f1o, de los 3.8 millones de familias monoparentales, 81% estaban a cargo de una mujer. Lo que significa 15 % del total de familias en M\u00e9xico.<br>\nNo podemos abordar la situaci\u00f3n de la mujer con las categor\u00edas del siglo pasado. Desde hace a\u00f1os el \u00absexo d\u00e9bil\u00bb tom\u00f3 las riendas de millones de hogares. El debate actual es c\u00f3mo permitirles regresar a casa a quienes as\u00ed lo deseen. La paulatina incorporaci\u00f3n de la mujer al trabajo remunerado, implic\u00f3 un abandono en tareas dom\u00e9sticas: cocina, educaci\u00f3n, cuidado y el largo etc\u00e9tera de labores tradicionalmente femeninas. Esas labores resienten la partida de la mujer. La gastronom\u00eda nacional, alguna vez lo mencion\u00e9 (istmo, 292), recibi\u00f3 un fuerte golpe con la industrializaci\u00f3n y la falta de tiempo. El ritmo de la sociedad industrial permite, escasamente, dedicar unos minutos al microondas. La sobremesa y apoyo a los hijos en las tareas es una misi\u00f3n imposible.<br>\nEl mayor impacto lo han resentido las personas dependientes. En M\u00e9xico, el aglutinante de la familia era la mujer. Tradicionalmente, la madre, abuela o t\u00eda cuidaban de los miembros m\u00e1s d\u00e9biles. Desde que la mujer se sum\u00f3 al mercado laboral, esas funciones quedaron vacantes, o cubiertas por mujeres heroicas en inveros\u00edmiles jornadas de 48 horas.<br>\nLos hombres no hemos sabido \u2013o querido\u2013 llenar ese vac\u00edo. Ni\u00f1os, enfermos, ancianos y personas con discapacidad echan de menos los tiempos en que una mujer, amorosamente, se hac\u00eda cargo de ellos.<br>\nAntes, a este tipo de personas se les conoc\u00eda como dependientes. Conforme la mujer ha salido del hogar quedan en desventaja y se convierten en una poblaci\u00f3n vulnerable o desamparada. En la jerga de las pol\u00edticas p\u00fablicas, se utiliza una categor\u00eda social: vulnerabilidad, t\u00e9rmino t\u00e9cnico que no hace justicia a su situaci\u00f3n. No estamos ante una poblaci\u00f3n en peligro o totalmente impedida de integrarse a la sociedad. Sencillamente necesita un apoyo especial para su desarrollo. Dentro de una familia, un ni\u00f1o, un anciano, un enfermo es un dependiente, no un sujeto vulnerable.<br>\nEn la medida en que la mujer pasa menos tiempo en casa y el hombre contin\u00faa formando parte de la leva laboral, la familia es incapaz de atender a estas personas: se convierten en un \u00abproblema\u00bb a solucionar mediante terceros. Los ricos lo hacen con nanas, choferes, sirvientas y enfermeras. Los pobres, de milagro, gracias, en buena medida al tejido social y de familia extendida.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>DARLE LA VUELTA A LA TORTILLA<\/strong><\/p>\n<p>Frente a este escenario, me parece, existen tres posibles soluciones:<br>\nPrimera. Pedir que la mujer se quede en el hogar. Propugnar la vuelta al encierro dom\u00e9stico, empero, es ir en contra de la marcha hist\u00f3rica. Si algunas feministas no tienen la \u00faltima palabra respecto de la equidad de g\u00e9neros, muchas otras han conseguido importantes y encomiables conquistas que ser\u00eda injusto echar para atr\u00e1s. La mujer tiene todo el derecho a desarrollarse profesionalmente y con equidad de oportunidades. En la mayor\u00eda de los casos, el trabajo dom\u00e9stico implica una menor disponibilidad de tiempo y una desventaja laboral para quien lo ejecuta. La soluci\u00f3n no es encerrar a la mujer en la cocina. Esto es inadmisible.<br>\nSegunda. Exigir que el Estado asuma el cuidado de las personas vulnerables. De ser as\u00ed, se necesitar\u00eda aumentar el n\u00famero de guarder\u00edas, escuelas, asilos y centros especializados. Son medidas necesarias. Pero dejar toda la responsabilidad al gobierno, no s\u00f3lo resulta ineficiente, sino impersonal: la institucionalizaci\u00f3n deshumaniza. Resulta ut\u00f3pico pedir que el gobierno de un pa\u00eds, adem\u00e1s de servicios, otorgue amor.<br>\nTercera. La corresponsabilidad entre mujer, var\u00f3n y Estado. El cuidado de tal poblaci\u00f3n corresponde a los tres. A mujeres y varones toca sensibilizarse ante las responsabilidades y derechos de su pareja. El papel del Estado consiste, por parad\u00f3jico que parezca, en evitar la institucionalizaci\u00f3n de las personas: propiciar el cuidado de ni\u00f1os, enfermos y ancianos dentro de la familia.<br>\nCierto: compaginar estos tres elementos, ha sido poco menos que un ideal. Sin embargo, en los \u00faltimos a\u00f1os, personajes de la pol\u00edtica internacional, como Soledad Murillo, secretaria general de Pol\u00edticas de Igualdad en Espa\u00f1a, han impulsado, en sus respectivos pa\u00edses, medidas sociales dignas de considerarse. No las suscribo irrestrictamente, pero merecen nuestra atenci\u00f3n: licencias de paternidad, estancias matutinas para adultos mayores, reducci\u00f3n en las jornadas laborales, guarder\u00edas para ni\u00f1os con discapacidad o, apoyos econ\u00f3micos atinadamente distribuidos.<br>\nEsta nueva ola de pol\u00edticas sociales nos permite so\u00f1ar con una tercera v\u00eda en aras del beneficio e inter\u00e9s de la poblaci\u00f3n m\u00e1s necesitada. Mi intenci\u00f3n no es hablar sobre ning\u00fan programa espec\u00edfico para evitar discutir sobre pol\u00edtica concreta. Tan s\u00f3lo espero que, cuando me llegue el momento de requerir cuidados especiales, pueda contar con un poco de amor y no s\u00f3lo con una tarjeta de despensa. Y eso, estoy seguro, es algo que s\u00f3lo se puede obtener dentro de la familia.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"29422\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Leer despu\u00e9s 0ESTUDIOS, DESPACHOS, COCINA Virgina Wolf \u2013\u00edcono del feminismo del siglo XIX y una de las novelistas que m\u00e1s disfruto\u2013, en su ensayo A Room of One\u00b4s Own sostiene que la mujer ha estado destinada a \u00abla fastidiosa direcci\u00f3n de una casa servil\u00bb y por eso no ha podido destacar como el var\u00f3n. Durante siglos, \u00ablas mujeres han servido de espejos dotados de la virtud m\u00e1gica y deliciosa de reflejar la figura del hombre, dos veces m\u00e1s agrandada\u00bb. Lo que falta para que una mujer escriba novelas, a\u00f1ade, es que tengan \u00abdinero\u00bb y un \u00abcuarto propio\u00bb. Esa afirmaci\u00f3n debe entenderse en su sentido m\u00e1s profundo. Un cuarto propio significa un espacio de intimidad e independencia. Basta mirar las casas antiguas para percatarse de que el despacho suele reservarse a los hombres. La mujer lo compart\u00eda todo: la cama, el ba\u00f1o, el escritorio. La realidad de la mujer mexicana es m\u00e1s cruel de lo que el feminismo decimon\u00f3nico pens\u00f3. Contrario a la creencia popular, el hogar no es el sitio donde trabajan m\u00e1s mujeres. Ni tampoco el dinero y la privacidad sus \u00fanicas carencias. Seg\u00fan estudios del INEGI, abundan las mujeres oficinistas sobre las amas de casa de tiempo completo. Incluso, el n\u00famero de dependientas de negocios es mayor que el de mujeres dedicadas por entero al hogar. NUMEROSAS FUNCIONES VACANTES Aunque la mujer ha logrado salir del claustro dom\u00e9stico, a\u00fan hay m\u00e1s amas de casa que profesionistas de alto mando. S\u00f3lo 27% de la poblaci\u00f3n femenina con empleo es profesionista. La incorporaci\u00f3n de la mujer a las fuerzas del mercado no es, exclusivamente, conquista del feminismo. Tiene, tambi\u00e9n, un regusto de hambre y necesidad. En los estratos sociales m\u00e1s bajos de M\u00e9xico, la mujer ha trabajado desde siempre para mantener su hogar. En la d\u00e9cada de los 90, la poblaci\u00f3n femenina econ\u00f3micamente activa de nuestro pa\u00eds \u2013e inclu\u00eda a ni\u00f1as de doce a\u00f1os\u2013 superaba a la de los varones. De cada cien personas ocupadas, cincuenta y ocho eran mujeres. No es trabajo lo que falta a las mujeres, sino mayor preparaci\u00f3n y m\u00e1s oportunidades. El diagn\u00f3stico es m\u00e1s descarnado: s\u00f3lo en las clases acomodadas tiene sentido la lucha de las mujeres por ingresar al mundo laboral. Las mujeres de los estratos m\u00e1s pobres siempre han necesitado ganarse la vida. Y justamente all\u00ed hay dos problemas: la irresponsabilidad del var\u00f3n y las baj\u00edsimas oportunidades de trabajo para las mujeres por falta de educaci\u00f3n. Creo que es claro hacia d\u00f3nde quiero ir: los modelos de familia \u00abalternos\u00bb han existido en M\u00e9xico desde hace d\u00e9cadas. Estos no tan \u00abnuevos\u00bb modelos familiares son producto de la imperiosa necesidad de sobrevivir. Tan s\u00f3lo en 2000, 60% de las mujeres econ\u00f3micamente activas ten\u00edan al menos un hijo. Lo que sugiere, por un lado, actividades laborales no remuneradas fuera del trabajo y, por otro, un creciente protagonismo de la mujer en la manutenci\u00f3n familiar. 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La sobremesa y apoyo a los hijos en las tareas es una misi\u00f3n imposible. El mayor impacto lo han resentido las personas dependientes. En M\u00e9xico, el aglutinante de la familia era la mujer. Tradicionalmente, la madre, abuela o t\u00eda cuidaban de los miembros m\u00e1s d\u00e9biles. Desde que la mujer se sum\u00f3 al mercado laboral, esas funciones quedaron vacantes, o cubiertas por mujeres heroicas en inveros\u00edmiles jornadas de 48 horas. Los hombres no hemos sabido \u2013o querido\u2013 llenar ese vac\u00edo. Ni\u00f1os, enfermos, ancianos y personas con discapacidad echan de menos los tiempos en que una mujer, amorosamente, se hac\u00eda cargo de ellos. Antes, a este tipo de personas se les conoc\u00eda como dependientes. Conforme la mujer ha salido del hogar quedan en desventaja y se convierten en una poblaci\u00f3n vulnerable o desamparada. En la jerga de las pol\u00edticas p\u00fablicas, se utiliza una categor\u00eda social: vulnerabilidad, t\u00e9rmino t\u00e9cnico que no hace justicia a su situaci\u00f3n. No estamos ante una poblaci\u00f3n en peligro o totalmente impedida de integrarse a la sociedad. Sencillamente necesita un apoyo especial para su desarrollo. Dentro de una familia, un ni\u00f1o, un anciano, un enfermo es un dependiente, no un sujeto vulnerable. En la medida en que la mujer pasa menos tiempo en casa y el hombre contin\u00faa formando parte de la leva laboral, la familia es incapaz de atender a estas personas: se convierten en un \u00abproblema\u00bb a solucionar mediante terceros. Los ricos lo hacen con nanas, choferes, sirvientas y enfermeras. Los pobres, de milagro, gracias, en buena medida al tejido social y de familia extendida. DARLE LA VUELTA A LA TORTILLA Frente a este escenario, me parece, existen tres posibles soluciones: Primera. Pedir que la mujer se quede en el hogar. Propugnar la vuelta al encierro dom\u00e9stico, empero, es ir en contra de la marcha hist\u00f3rica. Si algunas feministas no tienen la \u00faltima palabra respecto de la equidad de g\u00e9neros, muchas otras han conseguido importantes y encomiables conquistas que ser\u00eda injusto echar para atr\u00e1s. La mujer tiene todo el derecho a desarrollarse profesionalmente y con equidad de oportunidades. En la mayor\u00eda de los casos, el trabajo dom\u00e9stico implica una menor disponibilidad de tiempo y una desventaja laboral para quien lo ejecuta. La soluci\u00f3n no es encerrar a la mujer en la cocina. Esto es inadmisible. Segunda. 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Incluso, el n\u00famero de dependientas de negocios es mayor que el de mujeres dedicadas por entero al hogar. NUMEROSAS FUNCIONES VACANTES Aunque la mujer ha logrado salir del claustro dom\u00e9stico, a\u00fan hay m\u00e1s amas de casa que profesionistas de alto mando. S\u00f3lo 27% de la poblaci\u00f3n femenina con empleo es profesionista. La incorporaci\u00f3n de la mujer a las fuerzas del mercado no es, exclusivamente, conquista del feminismo. Tiene, tambi\u00e9n, un regusto de hambre y necesidad. En los estratos sociales m\u00e1s bajos de M\u00e9xico, la mujer ha trabajado desde siempre para mantener su hogar. En la d\u00e9cada de los 90, la poblaci\u00f3n femenina econ\u00f3micamente activa de nuestro pa\u00eds \u2013e inclu\u00eda a ni\u00f1as de doce a\u00f1os\u2013 superaba a la de los varones. De cada cien personas ocupadas, cincuenta y ocho eran mujeres. No es trabajo lo que falta a las mujeres, sino mayor preparaci\u00f3n y m\u00e1s oportunidades. El diagn\u00f3stico es m\u00e1s descarnado: s\u00f3lo en las clases acomodadas tiene sentido la lucha de las mujeres por ingresar al mundo laboral. Las mujeres de los estratos m\u00e1s pobres siempre han necesitado ganarse la vida. Y justamente all\u00ed hay dos problemas: la irresponsabilidad del var\u00f3n y las baj\u00edsimas oportunidades de trabajo para las mujeres por falta de educaci\u00f3n. Creo que es claro hacia d\u00f3nde quiero ir: los modelos de familia \u00abalternos\u00bb han existido en M\u00e9xico desde hace d\u00e9cadas. Estos no tan \u00abnuevos\u00bb modelos familiares son producto de la imperiosa necesidad de sobrevivir. Tan s\u00f3lo en 2000, 60% de las mujeres econ\u00f3micamente activas ten\u00edan al menos un hijo. Lo que sugiere, por un lado, actividades laborales no remuneradas fuera del trabajo y, por otro, un creciente protagonismo de la mujer en la manutenci\u00f3n familiar. En ese mismo a\u00f1o, de los 3.8 millones de familias monoparentales, 81% estaban a cargo de una mujer. Lo que significa 15 % del total de familias en M\u00e9xico. No podemos abordar la situaci\u00f3n de la mujer con las categor\u00edas del siglo pasado. Desde hace a\u00f1os el \u00absexo d\u00e9bil\u00bb tom\u00f3 las riendas de millones de hogares. El debate actual es c\u00f3mo permitirles regresar a casa a quienes as\u00ed lo deseen. La paulatina incorporaci\u00f3n de la mujer al trabajo remunerado, implic\u00f3 un abandono en tareas dom\u00e9sticas: cocina, educaci\u00f3n, cuidado y el largo etc\u00e9tera de labores tradicionalmente femeninas. Esas labores resienten la partida de la mujer. La gastronom\u00eda nacional, alguna vez lo mencion\u00e9 (istmo, 292), recibi\u00f3 un fuerte golpe con la industrializaci\u00f3n y la falta de tiempo. El ritmo de la sociedad industrial permite, escasamente, dedicar unos minutos al microondas. La sobremesa y apoyo a los hijos en las tareas es una misi\u00f3n imposible. El mayor impacto lo han resentido las personas dependientes. En M\u00e9xico, el aglutinante de la familia era la mujer. Tradicionalmente, la madre, abuela o t\u00eda cuidaban de los miembros m\u00e1s d\u00e9biles. Desde que la mujer se sum\u00f3 al mercado laboral, esas funciones quedaron vacantes, o cubiertas por mujeres heroicas en inveros\u00edmiles jornadas de 48 horas. Los hombres no hemos sabido \u2013o querido\u2013 llenar ese vac\u00edo. Ni\u00f1os, enfermos, ancianos y personas con discapacidad echan de menos los tiempos en que una mujer, amorosamente, se hac\u00eda cargo de ellos. Antes, a este tipo de personas se les conoc\u00eda como dependientes. Conforme la mujer ha salido del hogar quedan en desventaja y se convierten en una poblaci\u00f3n vulnerable o desamparada. En la jerga de las pol\u00edticas p\u00fablicas, se utiliza una categor\u00eda social: vulnerabilidad, t\u00e9rmino t\u00e9cnico que no hace justicia a su situaci\u00f3n. No estamos ante una poblaci\u00f3n en peligro o totalmente impedida de integrarse a la sociedad. Sencillamente necesita un apoyo especial para su desarrollo. Dentro de una familia, un ni\u00f1o, un anciano, un enfermo es un dependiente, no un sujeto vulnerable. En la medida en que la mujer pasa menos tiempo en casa y el hombre contin\u00faa formando parte de la leva laboral, la familia es incapaz de atender a estas personas: se convierten en un \u00abproblema\u00bb a solucionar mediante terceros. Los ricos lo hacen con nanas, choferes, sirvientas y enfermeras. Los pobres, de milagro, gracias, en buena medida al tejido social y de familia extendida. DARLE LA VUELTA A LA TORTILLA Frente a este escenario, me parece, existen tres posibles soluciones: Primera. Pedir que la mujer se quede en el hogar. Propugnar la vuelta al encierro dom\u00e9stico, empero, es ir en contra de la marcha hist\u00f3rica. Si algunas feministas no tienen la \u00faltima palabra respecto de la equidad de g\u00e9neros, muchas otras han conseguido importantes y encomiables conquistas que ser\u00eda injusto echar para atr\u00e1s. La mujer tiene todo el derecho a desarrollarse profesionalmente y con equidad de oportunidades. En la mayor\u00eda de los casos, el trabajo dom\u00e9stico implica una menor disponibilidad de tiempo y una desventaja laboral para quien lo ejecuta. La soluci\u00f3n no es encerrar a la mujer en la cocina. Esto es inadmisible. Segunda. 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Durante siglos, \u00ablas mujeres han servido de espejos dotados de la virtud m\u00e1gica y deliciosa de reflejar la figura del hombre, dos veces m\u00e1s agrandada\u00bb. Lo que falta para que una mujer escriba novelas, a\u00f1ade, es que tengan \u00abdinero\u00bb y un \u00abcuarto propio\u00bb. Esa afirmaci\u00f3n debe entenderse en su sentido m\u00e1s profundo. Un cuarto propio significa un espacio de intimidad e independencia. Basta mirar las casas antiguas para percatarse de que el despacho suele reservarse a los hombres. La mujer lo compart\u00eda todo: la cama, el ba\u00f1o, el escritorio. La realidad de la mujer mexicana es m\u00e1s cruel de lo que el feminismo decimon\u00f3nico pens\u00f3. Contrario a la creencia popular, el hogar no es el sitio donde trabajan m\u00e1s mujeres. Ni tampoco el dinero y la privacidad sus \u00fanicas carencias. Seg\u00fan estudios del INEGI, abundan las mujeres oficinistas sobre las amas de casa de tiempo completo. Incluso, el n\u00famero de dependientas de negocios es mayor que el de mujeres dedicadas por entero al hogar. NUMEROSAS FUNCIONES VACANTES Aunque la mujer ha logrado salir del claustro dom\u00e9stico, a\u00fan hay m\u00e1s amas de casa que profesionistas de alto mando. S\u00f3lo 27% de la poblaci\u00f3n femenina con empleo es profesionista. La incorporaci\u00f3n de la mujer a las fuerzas del mercado no es, exclusivamente, conquista del feminismo. Tiene, tambi\u00e9n, un regusto de hambre y necesidad. En los estratos sociales m\u00e1s bajos de M\u00e9xico, la mujer ha trabajado desde siempre para mantener su hogar. En la d\u00e9cada de los 90, la poblaci\u00f3n femenina econ\u00f3micamente activa de nuestro pa\u00eds \u2013e inclu\u00eda a ni\u00f1as de doce a\u00f1os\u2013 superaba a la de los varones. De cada cien personas ocupadas, cincuenta y ocho eran mujeres. No es trabajo lo que falta a las mujeres, sino mayor preparaci\u00f3n y m\u00e1s oportunidades. El diagn\u00f3stico es m\u00e1s descarnado: s\u00f3lo en las clases acomodadas tiene sentido la lucha de las mujeres por ingresar al mundo laboral. Las mujeres de los estratos m\u00e1s pobres siempre han necesitado ganarse la vida. Y justamente all\u00ed hay dos problemas: la irresponsabilidad del var\u00f3n y las baj\u00edsimas oportunidades de trabajo para las mujeres por falta de educaci\u00f3n. Creo que es claro hacia d\u00f3nde quiero ir: los modelos de familia \u00abalternos\u00bb han existido en M\u00e9xico desde hace d\u00e9cadas. Estos no tan \u00abnuevos\u00bb modelos familiares son producto de la imperiosa necesidad de sobrevivir. Tan s\u00f3lo en 2000, 60% de las mujeres econ\u00f3micamente activas ten\u00edan al menos un hijo. Lo que sugiere, por un lado, actividades laborales no remuneradas fuera del trabajo y, por otro, un creciente protagonismo de la mujer en la manutenci\u00f3n familiar. En ese mismo a\u00f1o, de los 3.8 millones de familias monoparentales, 81% estaban a cargo de una mujer. Lo que significa 15 % del total de familias en M\u00e9xico. No podemos abordar la situaci\u00f3n de la mujer con las categor\u00edas del siglo pasado. Desde hace a\u00f1os el \u00absexo d\u00e9bil\u00bb tom\u00f3 las riendas de millones de hogares. El debate actual es c\u00f3mo permitirles regresar a casa a quienes as\u00ed lo deseen. La paulatina incorporaci\u00f3n de la mujer al trabajo remunerado, implic\u00f3 un abandono en tareas dom\u00e9sticas: cocina, educaci\u00f3n, cuidado y el largo etc\u00e9tera de labores tradicionalmente femeninas. Esas labores resienten la partida de la mujer. La gastronom\u00eda nacional, alguna vez lo mencion\u00e9 (istmo, 292), recibi\u00f3 un fuerte golpe con la industrializaci\u00f3n y la falta de tiempo. El ritmo de la sociedad industrial permite, escasamente, dedicar unos minutos al microondas. La sobremesa y apoyo a los hijos en las tareas es una misi\u00f3n imposible. El mayor impacto lo han resentido las personas dependientes. En M\u00e9xico, el aglutinante de la familia era la mujer. Tradicionalmente, la madre, abuela o t\u00eda cuidaban de los miembros m\u00e1s d\u00e9biles. Desde que la mujer se sum\u00f3 al mercado laboral, esas funciones quedaron vacantes, o cubiertas por mujeres heroicas en inveros\u00edmiles jornadas de 48 horas. Los hombres no hemos sabido \u2013o querido\u2013 llenar ese vac\u00edo. Ni\u00f1os, enfermos, ancianos y personas con discapacidad echan de menos los tiempos en que una mujer, amorosamente, se hac\u00eda cargo de ellos. Antes, a este tipo de personas se les conoc\u00eda como dependientes. Conforme la mujer ha salido del hogar quedan en desventaja y se convierten en una poblaci\u00f3n vulnerable o desamparada. En la jerga de las pol\u00edticas p\u00fablicas, se utiliza una categor\u00eda social: vulnerabilidad, t\u00e9rmino t\u00e9cnico que no hace justicia a su situaci\u00f3n. No estamos ante una poblaci\u00f3n en peligro o totalmente impedida de integrarse a la sociedad. Sencillamente necesita un apoyo especial para su desarrollo. Dentro de una familia, un ni\u00f1o, un anciano, un enfermo es un dependiente, no un sujeto vulnerable. En la medida en que la mujer pasa menos tiempo en casa y el hombre contin\u00faa formando parte de la leva laboral, la familia es incapaz de atender a estas personas: se convierten en un \u00abproblema\u00bb a solucionar mediante terceros. Los ricos lo hacen con nanas, choferes, sirvientas y enfermeras. Los pobres, de milagro, gracias, en buena medida al tejido social y de familia extendida. DARLE LA VUELTA A LA TORTILLA Frente a este escenario, me parece, existen tres posibles soluciones: Primera. Pedir que la mujer se quede en el hogar. Propugnar la vuelta al encierro dom\u00e9stico, empero, es ir en contra de la marcha hist\u00f3rica. Si algunas feministas no tienen la \u00faltima palabra respecto de la equidad de g\u00e9neros, muchas otras han conseguido importantes y encomiables conquistas que ser\u00eda injusto echar para atr\u00e1s. La mujer tiene todo el derecho a desarrollarse profesionalmente y con equidad de oportunidades. En la mayor\u00eda de los casos, el trabajo dom\u00e9stico implica una menor disponibilidad de tiempo y una desventaja laboral para quien lo ejecuta. La soluci\u00f3n no es encerrar a la mujer en la cocina. Esto es inadmisible. Segunda. 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