{"id":29322,"date":"2007-11-01T00:00:00","date_gmt":"2007-11-01T05:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=29322"},"modified":"2007-11-01T00:00:00","modified_gmt":"2007-11-01T05:00:00","slug":"el_espejo_de_la_vanidad_al_autoconocimiento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2007\/11\/01\/el_espejo_de_la_vanidad_al_autoconocimiento\/","title":{"rendered":"El espejo. De la vanidad al autoconocimiento"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"29322\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p>Con mayor frecuencia de lo que creemos, rehusamos mirarnos en un espejo. Ciertamente, a todo mundo le gusta contemplar su apariencia cuando uno se ha esmerado en lucir bien y en vestir elegantemente, pero en ocasiones no nos encontramos tan a gusto con nosotros mismos. Hay ma\u00f1anas en las que uno luce desangelado, ojeroso y ap\u00e1tico. Contemplamos con horror y preocupaci\u00f3n el paso del tiempo en el propio rostro: como si todas las canas y arrugas de la humanidad se hubiesen concentrado en nuestra cara ese lunes. Quisi\u00e9ramos arreglar de la mejor manera posible ese lastimoso espect\u00e1culo. Hay otras ma\u00f1anas \u2013suele ser el domingo a eso del mediod\u00eda\u2013 en las que sabemos que nos vemos fachosos y que nuestra figura se ve descompuesta, pero no nos importa. Cuando sabemos que no saldremos a ning\u00fan lado ocurre un fen\u00f3meno curioso: todo eso nos vale.<br>\nResulta interesante observar c\u00f3mo ejecutamos muchas de nuestras acciones en funci\u00f3n de la presencia de otras personas. Esto no necesariamente se reduce a un nivel tan b\u00e1sico como el del \u00abqu\u00e9 dir\u00e1n\u00bb. Hay amigos, por ejemplo, con los que entablamos un tipo de trato que ser\u00eda inapropiado con otras amistades. Adoptamos posturas distintas cuando estamos en una reuni\u00f3n formal, en una cena de negocios, o en una charla de caf\u00e9 con un conocido. Solemos adecuar nuestros gestos, expresiones y ademanes al entorno social en donde nos encontramos. Por el contrario, cuando sabemos que nadie, absolutamente nadie nos ve, nos sentimos como si pudi\u00e9ramos hacer todo lo que nos viniera en gana.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>DE BLANCANIEVES A DORIAN GREY<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00bfEs algo positivo esta libertad?<\/strong><br>\nSeguramente nos sentir\u00edamos asfixiados si nunca la tuvi\u00e9ramos. Cuando observamos por mucho tiempo un riguroso protocolo, tarde o temprano se nos antoja romperlo y eliminar la tensi\u00f3n acumulada. Deseamos relajarnos y vivir c\u00f3mo si nada ni nadie pudiera interpelarnos.<br>\nEste efecto liberador se vuelve peligroso cuando pensamos que lo mejor para nosotros es vivir sin reflexionar sobre nosotros mismos, y nos dejamos ir por la vida sin reparar mucho en ella. Las consecuencias de esto suelen ser terribles como se ve en el caso de la salud. Quien no cuida su cuerpo adecuadamente suele desarrollar con el paso de los a\u00f1os malestares silenciosos y mort\u00edferos. Cuando decidimos por fin mirarnos en el espejo \u2013el m\u00e9dico, en este caso\u2013 resulta en ocasiones que ya es demasiado tarde y lo \u00fanico que nos queda por prever es la funeraria en la que nos gustar\u00eda ser velados.<br>\nNo s\u00f3lo nos rehusamos con frecuencia a examinar nuestro cuerpo sino que tambi\u00e9n somos renuentes a examinar nuestras acciones, nuestras actitudes y nuestros prop\u00f3sitos. Si acaso lo hacemos es con vistas a nuestros intereses m\u00e1s inmediatos. No nos complicamos mucho la vida: nos congraciamos f\u00e1cilmente con lo que hacemos y ocultamos con presteza nuestros defectos. No toleramos ver nuestras fallas expuestas.<br>\nAh\u00ed est\u00e1 el caso de la madrastra de Blancanieves, quien siempre se complace cuando su espejo le dice que es la mujer m\u00e1s bella del reino, pero cuando el mismo espejo le informa que hay alguien m\u00e1s bella lo convierte en a\u00f1icos. Otro caso es el de Dorian Grey, el joven y apuesto personaje de la novela de Oscar Wilde. Este dandy es retratado en un cuadro que captura excelsamente su belleza. Sin embargo, cada vez que comete una falta moral el rostro de la pintura cambia, su sonrisa se vuelve una mueca, su piel se arruga y su pelo encanece. Dorian Grey no soporta contemplar un retrato tan horrible, y termina por arrumbarlo en el desv\u00e1n, lo cubre con una manta, y pretende c\u00e1ndidamente que ninguna de sus acciones tiene consecuencias. La corrupci\u00f3n en \u00e9l, no obstante, prosigue y cada vez con mayor gravedad.<br>\nY es que, como reza el refr\u00e1n,\u00abno se puede tapar el sol con un dedo\u00bb. Existen remedios falsos y remedios verdaderos contra los males corporales y espirituales. El peligro de los remedios falsos es que su comodidad inmediata nos obnubila. S\u00f3lo tapan malestares internos que despu\u00e9s resurgen con mayor fuerza. Embriagarse con riquezas, intoxicarse con el poder, entregarse a las adicciones son algunos de los paliativos con los que uno cubre necesidades mayores. Son sustituciones. Evasiones.<br>\nProcurar una vida ordenada y reflexiva, en cambio, nos acerca m\u00e1s a salir de nuestros propios errores y nos conduce a una existencia m\u00e1s plena. Tal como a nadie le gustar\u00eda sumar 2 + 2 toda la vida mal, tampoco a nadie le gustar\u00eda tratar injustamente a sus propios familiares o compa\u00f1eros de trabajo. Parad\u00f3jicamente, solemos tratar mal a los dem\u00e1s, descuidar nuestra salud y llevar una existencia indiferente con una frecuencia mayor que con la que nos equivocamos en una operaci\u00f3n aritm\u00e9tica.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>LA AUTOCOMPLACENCIA: UN ESPEJISMO<\/strong><\/p>\n<p>La soluci\u00f3n que hemos heredado de la filosof\u00eda griega para estos problemas es el autoconocimiento. S\u00f3crates adopt\u00f3 la frase escrita en el or\u00e1culo de Delfos, \u00abcon\u00f3cete a ti mismo\u00bb, como la m\u00e1xima que describ\u00eda el prop\u00f3sito mismo de la \u00e9tica. \u00bfC\u00f3mo lograr esto? Existen tradiciones del autoconocimiento tan amplias y diversas como las meditaciones cristianas o el psicoan\u00e1lisis. Todas ellas, sin embargo, tienen un com\u00fan denominador: evaluar los actos propios como si fueran los de un tercero. Resulta curioso observar que cuando m\u00e1s nos conocemos a nosotros mismos es cuando nos juzgamos como si fu\u00e9ramos una persona distinta.<br>\nSuspender por unos momentos el propio punto de vista para adoptar otra perspectiva es la manera id\u00f3nea de comprender la relevancia y las implicaciones de nuestras acciones. Cuando uno est\u00e1 enfurecido en el tr\u00e1fico y le toca el claxon a la persona adelante de \u00e9l como si llevara en el asiento de atr\u00e1s a un herido de guerra, esa persona deber\u00eda preguntarse lo que sentir\u00eda si alguien m\u00e1s atr\u00e1s de \u00e9l estuviese haciendo lo mismo. Vernos como un tercero \u2013salir de nosotros\u2013 nos desenga\u00f1a y nos saca de nuestras falsas seguridades. Frecuentemente nuestras acciones pueden convertirse en normas universales de conducta. Lo vio Kant. Es, en \u00faltima instancia, la ley \u00e1urea: trata al otro como te gustar\u00eda ser tratado.<br>\nContemplarse a s\u00ed mismo en un espejo es una virtud que madura con el tiempo y la experiencia. Todo mundo reh\u00fasa en principio hacer este ejercicio. Quien decide emprenderlo aparta la mirada r\u00e1pidamente, o bien, act\u00faa como el joven Narciso, que queda enamorado de su propia imagen reflejada en el lago. La tarea de la \u00e9tica es luchar contra el Narciso que habita en nosotros y que se enamora f\u00e1cil y peligrosamente de su apariencia, del espejismo de su yo. Viene a cuento aquello de que el mejor negocio posible es comprar a una persona en lo que vale y venderla en lo que cree que vale.<br>\nQuien se planta firmemente ante un espejo con una actitud \u00e9tica busca salir del propio error y apartarse del mal. Esto no quiere decir que nuestras acciones no puedan satisfacernos. El ejercicio de autodistanciamiento s\u00f3lo nos revela constantemente que siempre podemos mejorar. En vez de caer al lago como Narciso enamorados de nosotros mismos, debemos reparar en nuestros errores y procurar enmendarlos para que nuestra imagen externa e interna sea mejor; quiz\u00e1s no sea perfecta nunca, pero al menos ser\u00e1 m\u00e1s aut\u00e9ntica y menos borrosa.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"29322\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Leer despu\u00e9s 0Con mayor frecuencia de lo que creemos, rehusamos mirarnos en un espejo. Ciertamente, a todo mundo le gusta contemplar su apariencia cuando uno se ha esmerado en lucir bien y en vestir elegantemente, pero en ocasiones no nos encontramos tan a gusto con nosotros mismos. Hay ma\u00f1anas en las que uno luce desangelado, ojeroso y ap\u00e1tico. Contemplamos con horror y preocupaci\u00f3n el paso del tiempo en el propio rostro: como si todas las canas y arrugas de la humanidad se hubiesen concentrado en nuestra cara ese lunes. Quisi\u00e9ramos arreglar de la mejor manera posible ese lastimoso espect\u00e1culo. Hay otras ma\u00f1anas \u2013suele ser el domingo a eso del mediod\u00eda\u2013 en las que sabemos que nos vemos fachosos y que nuestra figura se ve descompuesta, pero no nos importa. Cuando sabemos que no saldremos a ning\u00fan lado ocurre un fen\u00f3meno curioso: todo eso nos vale. Resulta interesante observar c\u00f3mo ejecutamos muchas de nuestras acciones en funci\u00f3n de la presencia de otras personas. Esto no necesariamente se reduce a un nivel tan b\u00e1sico como el del \u00abqu\u00e9 dir\u00e1n\u00bb. Hay amigos, por ejemplo, con los que entablamos un tipo de trato que ser\u00eda inapropiado con otras amistades. Adoptamos posturas distintas cuando estamos en una reuni\u00f3n formal, en una cena de negocios, o en una charla de caf\u00e9 con un conocido. Solemos adecuar nuestros gestos, expresiones y ademanes al entorno social en donde nos encontramos. Por el contrario, cuando sabemos que nadie, absolutamente nadie nos ve, nos sentimos como si pudi\u00e9ramos hacer todo lo que nos viniera en gana. DE BLANCANIEVES A DORIAN GREY \u00bfEs algo positivo esta libertad? Seguramente nos sentir\u00edamos asfixiados si nunca la tuvi\u00e9ramos. Cuando observamos por mucho tiempo un riguroso protocolo, tarde o temprano se nos antoja romperlo y eliminar la tensi\u00f3n acumulada. Deseamos relajarnos y vivir c\u00f3mo si nada ni nadie pudiera interpelarnos. Este efecto liberador se vuelve peligroso cuando pensamos que lo mejor para nosotros es vivir sin reflexionar sobre nosotros mismos, y nos dejamos ir por la vida sin reparar mucho en ella. Las consecuencias de esto suelen ser terribles como se ve en el caso de la salud. Quien no cuida su cuerpo adecuadamente suele desarrollar con el paso de los a\u00f1os malestares silenciosos y mort\u00edferos. Cuando decidimos por fin mirarnos en el espejo \u2013el m\u00e9dico, en este caso\u2013 resulta en ocasiones que ya es demasiado tarde y lo \u00fanico que nos queda por prever es la funeraria en la que nos gustar\u00eda ser velados. No s\u00f3lo nos rehusamos con frecuencia a examinar nuestro cuerpo sino que tambi\u00e9n somos renuentes a examinar nuestras acciones, nuestras actitudes y nuestros prop\u00f3sitos. Si acaso lo hacemos es con vistas a nuestros intereses m\u00e1s inmediatos. No nos complicamos mucho la vida: nos congraciamos f\u00e1cilmente con lo que hacemos y ocultamos con presteza nuestros defectos. No toleramos ver nuestras fallas expuestas. Ah\u00ed est\u00e1 el caso de la madrastra de Blancanieves, quien siempre se complace cuando su espejo le dice que es la mujer m\u00e1s bella del reino, pero cuando el mismo espejo le informa que hay alguien m\u00e1s bella lo convierte en a\u00f1icos. Otro caso es el de Dorian Grey, el joven y apuesto personaje de la novela de Oscar Wilde. Este dandy es retratado en un cuadro que captura excelsamente su belleza. Sin embargo, cada vez que comete una falta moral el rostro de la pintura cambia, su sonrisa se vuelve una mueca, su piel se arruga y su pelo encanece. Dorian Grey no soporta contemplar un retrato tan horrible, y termina por arrumbarlo en el desv\u00e1n, lo cubre con una manta, y pretende c\u00e1ndidamente que ninguna de sus acciones tiene consecuencias. La corrupci\u00f3n en \u00e9l, no obstante, prosigue y cada vez con mayor gravedad. Y es que, como reza el refr\u00e1n,\u00abno se puede tapar el sol con un dedo\u00bb. Existen remedios falsos y remedios verdaderos contra los males corporales y espirituales. El peligro de los remedios falsos es que su comodidad inmediata nos obnubila. S\u00f3lo tapan malestares internos que despu\u00e9s resurgen con mayor fuerza. Embriagarse con riquezas, intoxicarse con el poder, entregarse a las adicciones son algunos de los paliativos con los que uno cubre necesidades mayores. Son sustituciones. Evasiones. Procurar una vida ordenada y reflexiva, en cambio, nos acerca m\u00e1s a salir de nuestros propios errores y nos conduce a una existencia m\u00e1s plena. Tal como a nadie le gustar\u00eda sumar 2 + 2 toda la vida mal, tampoco a nadie le gustar\u00eda tratar injustamente a sus propios familiares o compa\u00f1eros de trabajo. Parad\u00f3jicamente, solemos tratar mal a los dem\u00e1s, descuidar nuestra salud y llevar una existencia indiferente con una frecuencia mayor que con la que nos equivocamos en una operaci\u00f3n aritm\u00e9tica. LA AUTOCOMPLACENCIA: UN ESPEJISMO La soluci\u00f3n que hemos heredado de la filosof\u00eda griega para estos problemas es el autoconocimiento. S\u00f3crates adopt\u00f3 la frase escrita en el or\u00e1culo de Delfos, \u00abcon\u00f3cete a ti mismo\u00bb, como la m\u00e1xima que describ\u00eda el prop\u00f3sito mismo de la \u00e9tica. \u00bfC\u00f3mo lograr esto? Existen tradiciones del autoconocimiento tan amplias y diversas como las meditaciones cristianas o el psicoan\u00e1lisis. Todas ellas, sin embargo, tienen un com\u00fan denominador: evaluar los actos propios como si fueran los de un tercero. Resulta curioso observar que cuando m\u00e1s nos conocemos a nosotros mismos es cuando nos juzgamos como si fu\u00e9ramos una persona distinta. Suspender por unos momentos el propio punto de vista para adoptar otra perspectiva es la manera id\u00f3nea de comprender la relevancia y las implicaciones de nuestras acciones. Cuando uno est\u00e1 enfurecido en el tr\u00e1fico y le toca el claxon a la persona adelante de \u00e9l como si llevara en el asiento de atr\u00e1s a un herido de guerra, esa persona deber\u00eda preguntarse lo que sentir\u00eda si alguien m\u00e1s atr\u00e1s de \u00e9l estuviese haciendo lo mismo. Vernos como un tercero \u2013salir de nosotros\u2013 nos desenga\u00f1a y nos saca de nuestras falsas seguridades. Frecuentemente nuestras acciones pueden convertirse en normas universales de conducta. Lo vio Kant. Es, en \u00faltima instancia, la ley \u00e1urea: trata al otro como te gustar\u00eda ser tratado. 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Contemplamos con horror y preocupaci\u00f3n el paso del tiempo en el propio rostro: como si todas las canas y arrugas de la humanidad se hubiesen concentrado en nuestra cara ese lunes. Quisi\u00e9ramos arreglar de la mejor manera posible ese lastimoso espect\u00e1culo. Hay otras ma\u00f1anas \u2013suele ser el domingo a eso del mediod\u00eda\u2013 en las que sabemos que nos vemos fachosos y que nuestra figura se ve descompuesta, pero no nos importa. Cuando sabemos que no saldremos a ning\u00fan lado ocurre un fen\u00f3meno curioso: todo eso nos vale. Resulta interesante observar c\u00f3mo ejecutamos muchas de nuestras acciones en funci\u00f3n de la presencia de otras personas. Esto no necesariamente se reduce a un nivel tan b\u00e1sico como el del \u00abqu\u00e9 dir\u00e1n\u00bb. Hay amigos, por ejemplo, con los que entablamos un tipo de trato que ser\u00eda inapropiado con otras amistades. Adoptamos posturas distintas cuando estamos en una reuni\u00f3n formal, en una cena de negocios, o en una charla de caf\u00e9 con un conocido. Solemos adecuar nuestros gestos, expresiones y ademanes al entorno social en donde nos encontramos. Por el contrario, cuando sabemos que nadie, absolutamente nadie nos ve, nos sentimos como si pudi\u00e9ramos hacer todo lo que nos viniera en gana. DE BLANCANIEVES A DORIAN GREY \u00bfEs algo positivo esta libertad? Seguramente nos sentir\u00edamos asfixiados si nunca la tuvi\u00e9ramos. Cuando observamos por mucho tiempo un riguroso protocolo, tarde o temprano se nos antoja romperlo y eliminar la tensi\u00f3n acumulada. Deseamos relajarnos y vivir c\u00f3mo si nada ni nadie pudiera interpelarnos. Este efecto liberador se vuelve peligroso cuando pensamos que lo mejor para nosotros es vivir sin reflexionar sobre nosotros mismos, y nos dejamos ir por la vida sin reparar mucho en ella. Las consecuencias de esto suelen ser terribles como se ve en el caso de la salud. Quien no cuida su cuerpo adecuadamente suele desarrollar con el paso de los a\u00f1os malestares silenciosos y mort\u00edferos. Cuando decidimos por fin mirarnos en el espejo \u2013el m\u00e9dico, en este caso\u2013 resulta en ocasiones que ya es demasiado tarde y lo \u00fanico que nos queda por prever es la funeraria en la que nos gustar\u00eda ser velados. No s\u00f3lo nos rehusamos con frecuencia a examinar nuestro cuerpo sino que tambi\u00e9n somos renuentes a examinar nuestras acciones, nuestras actitudes y nuestros prop\u00f3sitos. Si acaso lo hacemos es con vistas a nuestros intereses m\u00e1s inmediatos. No nos complicamos mucho la vida: nos congraciamos f\u00e1cilmente con lo que hacemos y ocultamos con presteza nuestros defectos. No toleramos ver nuestras fallas expuestas. Ah\u00ed est\u00e1 el caso de la madrastra de Blancanieves, quien siempre se complace cuando su espejo le dice que es la mujer m\u00e1s bella del reino, pero cuando el mismo espejo le informa que hay alguien m\u00e1s bella lo convierte en a\u00f1icos. Otro caso es el de Dorian Grey, el joven y apuesto personaje de la novela de Oscar Wilde. Este dandy es retratado en un cuadro que captura excelsamente su belleza. Sin embargo, cada vez que comete una falta moral el rostro de la pintura cambia, su sonrisa se vuelve una mueca, su piel se arruga y su pelo encanece. Dorian Grey no soporta contemplar un retrato tan horrible, y termina por arrumbarlo en el desv\u00e1n, lo cubre con una manta, y pretende c\u00e1ndidamente que ninguna de sus acciones tiene consecuencias. La corrupci\u00f3n en \u00e9l, no obstante, prosigue y cada vez con mayor gravedad. Y es que, como reza el refr\u00e1n,\u00abno se puede tapar el sol con un dedo\u00bb. Existen remedios falsos y remedios verdaderos contra los males corporales y espirituales. El peligro de los remedios falsos es que su comodidad inmediata nos obnubila. S\u00f3lo tapan malestares internos que despu\u00e9s resurgen con mayor fuerza. Embriagarse con riquezas, intoxicarse con el poder, entregarse a las adicciones son algunos de los paliativos con los que uno cubre necesidades mayores. Son sustituciones. Evasiones. Procurar una vida ordenada y reflexiva, en cambio, nos acerca m\u00e1s a salir de nuestros propios errores y nos conduce a una existencia m\u00e1s plena. Tal como a nadie le gustar\u00eda sumar 2 + 2 toda la vida mal, tampoco a nadie le gustar\u00eda tratar injustamente a sus propios familiares o compa\u00f1eros de trabajo. Parad\u00f3jicamente, solemos tratar mal a los dem\u00e1s, descuidar nuestra salud y llevar una existencia indiferente con una frecuencia mayor que con la que nos equivocamos en una operaci\u00f3n aritm\u00e9tica. 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Quisi\u00e9ramos arreglar de la mejor manera posible ese lastimoso espect\u00e1culo. Hay otras ma\u00f1anas \u2013suele ser el domingo a eso del mediod\u00eda\u2013 en las que sabemos que nos vemos fachosos y que nuestra figura se ve descompuesta, pero no nos importa. Cuando sabemos que no saldremos a ning\u00fan lado ocurre un fen\u00f3meno curioso: todo eso nos vale. Resulta interesante observar c\u00f3mo ejecutamos muchas de nuestras acciones en funci\u00f3n de la presencia de otras personas. Esto no necesariamente se reduce a un nivel tan b\u00e1sico como el del \u00abqu\u00e9 dir\u00e1n\u00bb. Hay amigos, por ejemplo, con los que entablamos un tipo de trato que ser\u00eda inapropiado con otras amistades. Adoptamos posturas distintas cuando estamos en una reuni\u00f3n formal, en una cena de negocios, o en una charla de caf\u00e9 con un conocido. Solemos adecuar nuestros gestos, expresiones y ademanes al entorno social en donde nos encontramos. Por el contrario, cuando sabemos que nadie, absolutamente nadie nos ve, nos sentimos como si pudi\u00e9ramos hacer todo lo que nos viniera en gana. DE BLANCANIEVES A DORIAN GREY \u00bfEs algo positivo esta libertad? Seguramente nos sentir\u00edamos asfixiados si nunca la tuvi\u00e9ramos. Cuando observamos por mucho tiempo un riguroso protocolo, tarde o temprano se nos antoja romperlo y eliminar la tensi\u00f3n acumulada. Deseamos relajarnos y vivir c\u00f3mo si nada ni nadie pudiera interpelarnos. Este efecto liberador se vuelve peligroso cuando pensamos que lo mejor para nosotros es vivir sin reflexionar sobre nosotros mismos, y nos dejamos ir por la vida sin reparar mucho en ella. Las consecuencias de esto suelen ser terribles como se ve en el caso de la salud. Quien no cuida su cuerpo adecuadamente suele desarrollar con el paso de los a\u00f1os malestares silenciosos y mort\u00edferos. Cuando decidimos por fin mirarnos en el espejo \u2013el m\u00e9dico, en este caso\u2013 resulta en ocasiones que ya es demasiado tarde y lo \u00fanico que nos queda por prever es la funeraria en la que nos gustar\u00eda ser velados. No s\u00f3lo nos rehusamos con frecuencia a examinar nuestro cuerpo sino que tambi\u00e9n somos renuentes a examinar nuestras acciones, nuestras actitudes y nuestros prop\u00f3sitos. Si acaso lo hacemos es con vistas a nuestros intereses m\u00e1s inmediatos. No nos complicamos mucho la vida: nos congraciamos f\u00e1cilmente con lo que hacemos y ocultamos con presteza nuestros defectos. No toleramos ver nuestras fallas expuestas. Ah\u00ed est\u00e1 el caso de la madrastra de Blancanieves, quien siempre se complace cuando su espejo le dice que es la mujer m\u00e1s bella del reino, pero cuando el mismo espejo le informa que hay alguien m\u00e1s bella lo convierte en a\u00f1icos. Otro caso es el de Dorian Grey, el joven y apuesto personaje de la novela de Oscar Wilde. Este dandy es retratado en un cuadro que captura excelsamente su belleza. Sin embargo, cada vez que comete una falta moral el rostro de la pintura cambia, su sonrisa se vuelve una mueca, su piel se arruga y su pelo encanece. Dorian Grey no soporta contemplar un retrato tan horrible, y termina por arrumbarlo en el desv\u00e1n, lo cubre con una manta, y pretende c\u00e1ndidamente que ninguna de sus acciones tiene consecuencias. La corrupci\u00f3n en \u00e9l, no obstante, prosigue y cada vez con mayor gravedad. Y es que, como reza el refr\u00e1n,\u00abno se puede tapar el sol con un dedo\u00bb. Existen remedios falsos y remedios verdaderos contra los males corporales y espirituales. El peligro de los remedios falsos es que su comodidad inmediata nos obnubila. S\u00f3lo tapan malestares internos que despu\u00e9s resurgen con mayor fuerza. Embriagarse con riquezas, intoxicarse con el poder, entregarse a las adicciones son algunos de los paliativos con los que uno cubre necesidades mayores. Son sustituciones. Evasiones. Procurar una vida ordenada y reflexiva, en cambio, nos acerca m\u00e1s a salir de nuestros propios errores y nos conduce a una existencia m\u00e1s plena. Tal como a nadie le gustar\u00eda sumar 2 + 2 toda la vida mal, tampoco a nadie le gustar\u00eda tratar injustamente a sus propios familiares o compa\u00f1eros de trabajo. Parad\u00f3jicamente, solemos tratar mal a los dem\u00e1s, descuidar nuestra salud y llevar una existencia indiferente con una frecuencia mayor que con la que nos equivocamos en una operaci\u00f3n aritm\u00e9tica. LA AUTOCOMPLACENCIA: UN ESPEJISMO La soluci\u00f3n que hemos heredado de la filosof\u00eda griega para estos problemas es el autoconocimiento. S\u00f3crates adopt\u00f3 la frase escrita en el or\u00e1culo de Delfos, \u00abcon\u00f3cete a ti mismo\u00bb, como la m\u00e1xima que describ\u00eda el prop\u00f3sito mismo de la \u00e9tica. \u00bfC\u00f3mo lograr esto? Existen tradiciones del autoconocimiento tan amplias y diversas como las meditaciones cristianas o el psicoan\u00e1lisis. Todas ellas, sin embargo, tienen un com\u00fan denominador: evaluar los actos propios como si fueran los de un tercero. Resulta curioso observar que cuando m\u00e1s nos conocemos a nosotros mismos es cuando nos juzgamos como si fu\u00e9ramos una persona distinta. Suspender por unos momentos el propio punto de vista para adoptar otra perspectiva es la manera id\u00f3nea de comprender la relevancia y las implicaciones de nuestras acciones. Cuando uno est\u00e1 enfurecido en el tr\u00e1fico y le toca el claxon a la persona adelante de \u00e9l como si llevara en el asiento de atr\u00e1s a un herido de guerra, esa persona deber\u00eda preguntarse lo que sentir\u00eda si alguien m\u00e1s atr\u00e1s de \u00e9l estuviese haciendo lo mismo. Vernos como un tercero \u2013salir de nosotros\u2013 nos desenga\u00f1a y nos saca de nuestras falsas seguridades. Frecuentemente nuestras acciones pueden convertirse en normas universales de conducta. Lo vio Kant. Es, en \u00faltima instancia, la ley \u00e1urea: trata al otro como te gustar\u00eda ser tratado. 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