{"id":29123,"date":"2007-07-01T00:00:00","date_gmt":"2007-07-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=29123"},"modified":"2007-07-01T00:00:00","modified_gmt":"2007-07-01T00:00:00","slug":"la_vejez_posmoderna_una_carcel","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2007\/07\/01\/la_vejez_posmoderna_una_carcel\/","title":{"rendered":"La vejez posmoderna, \u00bfuna c\u00e1rcel?"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"29123\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p>La esperanza de vida ha aumentado exponencialmente en M\u00e9xico. En tres d\u00e9cadas y media el promedio de vida ha incrementado 13.6 a\u00f1os. En 1970 los varones viv\u00edan alrededor de 58.8 a\u00f1os y las mujeres, 63.6 a\u00f1os. Para 2006 a los varones y a las mujeres se les estimaba una vida promedio de 71.8 y 77.2 a\u00f1os, respectivamente. Somos una generaci\u00f3n destinada a una larga vejez. \u00bfEstamos social, espiritual y culturalmente preparados para ello? Yo, al menos, no lo estoy.<br>\nEl ser humano del siglo XXI goza de una longevidad inusitada. La medicina moderna progresa diariamente. Basta con aplicarse unas cuantas vacunas, comer frutas y verduras, ingerir complementos y vitaminas, evitar los tacos de carnitas de las esquinas, lavarse las manos antes de comer, y poco m\u00e1s, para granjearse 70 a\u00f1os de vida. Seg\u00fan el Consejo Nacional de Poblaci\u00f3n (CONAPO), tan s\u00f3lo en el periodo 2000-2006 la poblaci\u00f3n de adultos mayores increment\u00f3 en 1.5 millones. Esto arroj\u00f3 un total aproximado de 8.2 millones de adultos mayores. La ganancia en a\u00f1os de vida significa, entonces, una vejez dilatada. Los avances en materia de salud no son el elixir de la eterna juventud.<br>\nM\u00e9xico y los mexicanos envejecen. El problema, sin embargo, no radica en los viejos, sino en los j\u00f3venes. Envejecer es algo natural e irremediable. No aceptarlo y oponerse es lo usual, pero lo errado. El temor al envejecimiento es un lugar com\u00fan en la sociedad actual. Se piensa que pasada cierta edad todo es cuesta abajo. Envejecer es, en palabras de Michel Houellebecq, \u00abuna sensaci\u00f3n general e insulsa en la que se ahoga el tr\u00e1gico sentimiento de la muerte\u00bb. El cabello cano y los pliegues en la piel anta\u00f1o no eran estigmas sociales. Eran sin\u00f3nimo de experiencia y sabidur\u00eda. En alg\u00fan momento de la historia de esta sociedad visual, el respeto a la senectud se diluy\u00f3 hasta convertirse en rechazo generalizado. El adjetivo \u00abviejo\u00bb era elogioso, ahora hemos tenido que inventar una serie de eufemismos: \u00abtercera edad\u00bb, \u00abadultos en plenitud\u00bb, para esconder el terror que tenemos al declive del cuerpo.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>EL QUE ENVEJECE PIERDE<\/strong><\/p>\n<p>Esto me recuerda las palabras de Lalo, un colega libertino y desenfadado. Con un tono quejumbroso, Eduardo afirmaba que \u00abtodas las cosas buenas de la vida tienen triglic\u00e9ridos o embarazan\u00bb.<em> Prima facie<\/em>, podr\u00eda consider\u00e1rsele un promiscuo y un glot\u00f3n. Pero al margen del hedonismo de sus palabras, mi amigo supo exponer la mentalidad de la \u00e9poca: la mala reputaci\u00f3n de la vejez. Esta amarga conclusi\u00f3n es coherente con su l\u00f3gica. Conforme pasan los a\u00f1os, las satisfacciones sexuales y gastron\u00f3micas se dificultan. Cuando se piensa como Lalo, \u00bfqu\u00e9 hay de bueno en ser viejo? Nada. Se reducen las posibilidades de gozar de las cosas m\u00e1s importantes en la vida.<br>\nNuestra sociedad se levanta sobre cimientos sexuales. Con la concupiscencia como imperativo social, la sexualidad se ha hecho del monopolio moral: lo bueno es lo que embaraza o, mejor dicho, lo bueno es cuando no embaraza. Medida con esta regla, la vejez aparece como deleznable. En una de sus novelas, Houellebecq escribe: \u00abEl deseo sexual no s\u00f3lo no desaparece, sino con la edad se vuelve cada vez m\u00e1s cruel, cada vez m\u00e1s desgarrador e insaciable, e incluso en los hombres, por regla general bastante escasos, en los que desaparecen las secreciones hormonales, la erecci\u00f3n y todos los fen\u00f3menos asociados, no disminuye la atracci\u00f3n por los cuerpos j\u00f3venes, se convierte, lo cual quiz\u00e1s sea a\u00fan peor, en cosas mentales, y deseo del deseo\u00bb. La vejez posmoderna es una suerte de c\u00e1rcel lasciva, una prisi\u00f3n de deseos insatisfechos, una constante lucha entre el querer y el no poder. La crueldad m\u00e9dica y cient\u00edfica radica en prolongar est\u00e1 condena. El yerro social est\u00e1 en erigir la sexualidad como un absoluto moral.<br>\nEl aumento en la esperanza de vida se antoja como bueno en la medida en que se trate de una vida digna. Esta dignidad no debe entenderse en par\u00e1metros meramente corporales. La vida digna no es una vida puramente l\u00fadica, sino aquella en que se garantizan las condiciones indispensables para la supervivencia, la plenitud y la felicidad. Y es que cuando el progreso social y la madurez espiritual no acompasan los avances cient\u00edficos, las conquistas tecnol\u00f3gicas se vuelven est\u00e9riles.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>VIVIMOS MUCHO, \u00bfAHORA QU\u00c9?<\/strong><\/p>\n<p>Es raro ver, por ejemplo, a una persona mayor de 60 a\u00f1os que se mantenga activa profesionalmente. Si bien es cierto que el envejecimiento implica una disminuci\u00f3n en las facultades f\u00edsicas y, a veces, mentales, eso no hace del anciano un in\u00fatil. Lamentablemente, muy pocas empresas se atreven a contratar a un adulto mayor. Los consideran empleados de alto riesgo: las primas de los seguros son muy caras y el rendimiento bajo. Esto los obliga a trabajar en empleos informales o subempleos. Si a esto se le a\u00f1ade que apenas 40% de la poblaci\u00f3n mayor de 65 a\u00f1os est\u00e1 pensionada, se concluye que m\u00e1s de la mitad dependen econ\u00f3micamente de sus familiares. Con incentivos fiscales y programas de apoyo como los del Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores, se ha intentado revertir esta tendencia. A pesar de algunos logros existen 9 mil 861 vacantes exclusivas para personas de 60 a\u00f1os y 926 adultos mayores con su propio negocio. No se puede descargar todo el futuro poblacional en el esfuerzo de unas instituciones.<br>\nPara colmo, adem\u00e1s de la escasez de oportunidades para ser autosuficientes, refugiarse en la familia tampoco es garant\u00eda. Las transformaciones que ha experimentado la instituci\u00f3n familiar, han repercutido directamente en la vida de los ancianos. Los nuevos modelos familiares excluyen, por definici\u00f3n, al abuelo de casa. Si estos modelos apenas necesitan de una pareja, si sus miembros apenas se responsabilizan de s\u00ed mismos, si escasamente admiten un hijo, un adulto mayor dif\u00edcilmente cabr\u00e1 en semejante estructura. No es casualidad, entonces, que cada vez sean m\u00e1s los ancianos que terminen viviendo en soledad, en un asilo, y que el fantasma de la eutanasia comience a rondar por sus cabezas.<br>\nEl diagn\u00f3stico es aterrador: p\u00e9rdida del valor de la ancianidad. Sea por la sacralizaci\u00f3n de la sexualidad, el menosprecio de la historia, o las transformaciones familiares, el adulto mayor ha sido relegado al inframundo de la pir\u00e1mide social. En el momento en que el cron\u00f3metro sustituy\u00f3 a la br\u00fajula, la ancianidad perdi\u00f3 su sentido. Los ancianos no corren. El poder educador del abuelo, la sabidur\u00eda acumulada, el consejo de vida, la conciencia del pasado, la ecuanimidad son valores de la vejez que se menosprecian en una civilizaci\u00f3n de la velocidad. En una sociedad que s\u00f3lo mira hacia adelante, la vejez se traduce en la etapa en que \u00abla vida se vuelve m\u00e1s necesaria y menos casual: la ruta es de una sola direcci\u00f3n\u00bb.<br>\nA sus cuarenta y tantos a\u00f1os, el doctor Zagal, profesor de la Facultad de Filosof\u00eda de la Universidad Panamericana, se dedica a escribir libros y a dar conferencias para juntar recursos para su inminente vejez. hzagal@yahoo.com<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"29123\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Leer despu\u00e9s 0La esperanza de vida ha aumentado exponencialmente en M\u00e9xico. En tres d\u00e9cadas y media el promedio de vida ha incrementado 13.6 a\u00f1os. En 1970 los varones viv\u00edan alrededor de 58.8 a\u00f1os y las mujeres, 63.6 a\u00f1os. Para 2006 a los varones y a las mujeres se les estimaba una vida promedio de 71.8 y 77.2 a\u00f1os, respectivamente. Somos una generaci\u00f3n destinada a una larga vejez. \u00bfEstamos social, espiritual y culturalmente preparados para ello? Yo, al menos, no lo estoy. El ser humano del siglo XXI goza de una longevidad inusitada. La medicina moderna progresa diariamente. Basta con aplicarse unas cuantas vacunas, comer frutas y verduras, ingerir complementos y vitaminas, evitar los tacos de carnitas de las esquinas, lavarse las manos antes de comer, y poco m\u00e1s, para granjearse 70 a\u00f1os de vida. Seg\u00fan el Consejo Nacional de Poblaci\u00f3n (CONAPO), tan s\u00f3lo en el periodo 2000-2006 la poblaci\u00f3n de adultos mayores increment\u00f3 en 1.5 millones. Esto arroj\u00f3 un total aproximado de 8.2 millones de adultos mayores. La ganancia en a\u00f1os de vida significa, entonces, una vejez dilatada. Los avances en materia de salud no son el elixir de la eterna juventud. M\u00e9xico y los mexicanos envejecen. El problema, sin embargo, no radica en los viejos, sino en los j\u00f3venes. Envejecer es algo natural e irremediable. No aceptarlo y oponerse es lo usual, pero lo errado. El temor al envejecimiento es un lugar com\u00fan en la sociedad actual. Se piensa que pasada cierta edad todo es cuesta abajo. Envejecer es, en palabras de Michel Houellebecq, \u00abuna sensaci\u00f3n general e insulsa en la que se ahoga el tr\u00e1gico sentimiento de la muerte\u00bb. El cabello cano y los pliegues en la piel anta\u00f1o no eran estigmas sociales. Eran sin\u00f3nimo de experiencia y sabidur\u00eda. En alg\u00fan momento de la historia de esta sociedad visual, el respeto a la senectud se diluy\u00f3 hasta convertirse en rechazo generalizado. 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Nuestra sociedad se levanta sobre cimientos sexuales. Con la concupiscencia como imperativo social, la sexualidad se ha hecho del monopolio moral: lo bueno es lo que embaraza o, mejor dicho, lo bueno es cuando no embaraza. Medida con esta regla, la vejez aparece como deleznable. En una de sus novelas, Houellebecq escribe: \u00abEl deseo sexual no s\u00f3lo no desaparece, sino con la edad se vuelve cada vez m\u00e1s cruel, cada vez m\u00e1s desgarrador e insaciable, e incluso en los hombres, por regla general bastante escasos, en los que desaparecen las secreciones hormonales, la erecci\u00f3n y todos los fen\u00f3menos asociados, no disminuye la atracci\u00f3n por los cuerpos j\u00f3venes, se convierte, lo cual quiz\u00e1s sea a\u00fan peor, en cosas mentales, y deseo del deseo\u00bb. La vejez posmoderna es una suerte de c\u00e1rcel lasciva, una prisi\u00f3n de deseos insatisfechos, una constante lucha entre el querer y el no poder. La crueldad m\u00e9dica y cient\u00edfica radica en prolongar est\u00e1 condena. El yerro social est\u00e1 en erigir la sexualidad como un absoluto moral. El aumento en la esperanza de vida se antoja como bueno en la medida en que se trate de una vida digna. Esta dignidad no debe entenderse en par\u00e1metros meramente corporales. La vida digna no es una vida puramente l\u00fadica, sino aquella en que se garantizan las condiciones indispensables para la supervivencia, la plenitud y la felicidad. Y es que cuando el progreso social y la madurez espiritual no acompasan los avances cient\u00edficos, las conquistas tecnol\u00f3gicas se vuelven est\u00e9riles. VIVIMOS MUCHO, \u00bfAHORA QU\u00c9? Es raro ver, por ejemplo, a una persona mayor de 60 a\u00f1os que se mantenga activa profesionalmente. Si bien es cierto que el envejecimiento implica una disminuci\u00f3n en las facultades f\u00edsicas y, a veces, mentales, eso no hace del anciano un in\u00fatil. Lamentablemente, muy pocas empresas se atreven a contratar a un adulto mayor. Los consideran empleados de alto riesgo: las primas de los seguros son muy caras y el rendimiento bajo. Esto los obliga a trabajar en empleos informales o subempleos. Si a esto se le a\u00f1ade que apenas 40% de la poblaci\u00f3n mayor de 65 a\u00f1os est\u00e1 pensionada, se concluye que m\u00e1s de la mitad dependen econ\u00f3micamente de sus familiares. Con incentivos fiscales y programas de apoyo como los del Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores, se ha intentado revertir esta tendencia. A pesar de algunos logros existen 9 mil 861 vacantes exclusivas para personas de 60 a\u00f1os y 926 adultos mayores con su propio negocio. No se puede descargar todo el futuro poblacional en el esfuerzo de unas instituciones. Para colmo, adem\u00e1s de la escasez de oportunidades para ser autosuficientes, refugiarse en la familia tampoco es garant\u00eda. Las transformaciones que ha experimentado la instituci\u00f3n familiar, han repercutido directamente en la vida de los ancianos. Los nuevos modelos familiares excluyen, por definici\u00f3n, al abuelo de casa. Si estos modelos apenas necesitan de una pareja, si sus miembros apenas se responsabilizan de s\u00ed mismos, si escasamente admiten un hijo, un adulto mayor dif\u00edcilmente cabr\u00e1 en semejante estructura. No es casualidad, entonces, que cada vez sean m\u00e1s los ancianos que terminen viviendo en soledad, en un asilo, y que el fantasma de la eutanasia comience a rondar por sus cabezas. El diagn\u00f3stico es aterrador: p\u00e9rdida del valor de la ancianidad. 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Nuestra sociedad se levanta sobre cimientos sexuales. Con la concupiscencia como imperativo social, la sexualidad se ha hecho del monopolio moral: lo bueno es lo que embaraza o, mejor dicho, lo bueno es cuando no embaraza. Medida con esta regla, la vejez aparece como deleznable. En una de sus novelas, Houellebecq escribe: \u00abEl deseo sexual no s\u00f3lo no desaparece, sino con la edad se vuelve cada vez m\u00e1s cruel, cada vez m\u00e1s desgarrador e insaciable, e incluso en los hombres, por regla general bastante escasos, en los que desaparecen las secreciones hormonales, la erecci\u00f3n y todos los fen\u00f3menos asociados, no disminuye la atracci\u00f3n por los cuerpos j\u00f3venes, se convierte, lo cual quiz\u00e1s sea a\u00fan peor, en cosas mentales, y deseo del deseo\u00bb. La vejez posmoderna es una suerte de c\u00e1rcel lasciva, una prisi\u00f3n de deseos insatisfechos, una constante lucha entre el querer y el no poder. 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Lamentablemente, muy pocas empresas se atreven a contratar a un adulto mayor. Los consideran empleados de alto riesgo: las primas de los seguros son muy caras y el rendimiento bajo. Esto los obliga a trabajar en empleos informales o subempleos. Si a esto se le a\u00f1ade que apenas 40% de la poblaci\u00f3n mayor de 65 a\u00f1os est\u00e1 pensionada, se concluye que m\u00e1s de la mitad dependen econ\u00f3micamente de sus familiares. Con incentivos fiscales y programas de apoyo como los del Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores, se ha intentado revertir esta tendencia. A pesar de algunos logros existen 9 mil 861 vacantes exclusivas para personas de 60 a\u00f1os y 926 adultos mayores con su propio negocio. No se puede descargar todo el futuro poblacional en el esfuerzo de unas instituciones. Para colmo, adem\u00e1s de la escasez de oportunidades para ser autosuficientes, refugiarse en la familia tampoco es garant\u00eda. 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En tres d\u00e9cadas y media el promedio de vida ha incrementado 13.6 a\u00f1os. En 1970 los varones viv\u00edan alrededor de 58.8 a\u00f1os y las mujeres, 63.6 a\u00f1os. Para 2006 a los varones y a las mujeres se les estimaba una vida promedio de 71.8 y 77.2 a\u00f1os, respectivamente. Somos una generaci\u00f3n destinada a una larga vejez. \u00bfEstamos social, espiritual y culturalmente preparados para ello? Yo, al menos, no lo estoy. El ser humano del siglo XXI goza de una longevidad inusitada. La medicina moderna progresa diariamente. Basta con aplicarse unas cuantas vacunas, comer frutas y verduras, ingerir complementos y vitaminas, evitar los tacos de carnitas de las esquinas, lavarse las manos antes de comer, y poco m\u00e1s, para granjearse 70 a\u00f1os de vida. Seg\u00fan el Consejo Nacional de Poblaci\u00f3n (CONAPO), tan s\u00f3lo en el periodo 2000-2006 la poblaci\u00f3n de adultos mayores increment\u00f3 en 1.5 millones. Esto arroj\u00f3 un total aproximado de 8.2 millones de adultos mayores. La ganancia en a\u00f1os de vida significa, entonces, una vejez dilatada. Los avances en materia de salud no son el elixir de la eterna juventud. M\u00e9xico y los mexicanos envejecen. El problema, sin embargo, no radica en los viejos, sino en los j\u00f3venes. Envejecer es algo natural e irremediable. No aceptarlo y oponerse es lo usual, pero lo errado. El temor al envejecimiento es un lugar com\u00fan en la sociedad actual. Se piensa que pasada cierta edad todo es cuesta abajo. Envejecer es, en palabras de Michel Houellebecq, \u00abuna sensaci\u00f3n general e insulsa en la que se ahoga el tr\u00e1gico sentimiento de la muerte\u00bb. El cabello cano y los pliegues en la piel anta\u00f1o no eran estigmas sociales. Eran sin\u00f3nimo de experiencia y sabidur\u00eda. En alg\u00fan momento de la historia de esta sociedad visual, el respeto a la senectud se diluy\u00f3 hasta convertirse en rechazo generalizado. El adjetivo \u00abviejo\u00bb era elogioso, ahora hemos tenido que inventar una serie de eufemismos: \u00abtercera edad\u00bb, \u00abadultos en plenitud\u00bb, para esconder el terror que tenemos al declive del cuerpo. EL QUE ENVEJECE PIERDE Esto me recuerda las palabras de Lalo, un colega libertino y desenfadado. Con un tono quejumbroso, Eduardo afirmaba que \u00abtodas las cosas buenas de la vida tienen triglic\u00e9ridos o embarazan\u00bb. Prima facie, podr\u00eda consider\u00e1rsele un promiscuo y un glot\u00f3n. Pero al margen del hedonismo de sus palabras, mi amigo supo exponer la mentalidad de la \u00e9poca: la mala reputaci\u00f3n de la vejez. Esta amarga conclusi\u00f3n es coherente con su l\u00f3gica. Conforme pasan los a\u00f1os, las satisfacciones sexuales y gastron\u00f3micas se dificultan. Cuando se piensa como Lalo, \u00bfqu\u00e9 hay de bueno en ser viejo? Nada. Se reducen las posibilidades de gozar de las cosas m\u00e1s importantes en la vida. Nuestra sociedad se levanta sobre cimientos sexuales. Con la concupiscencia como imperativo social, la sexualidad se ha hecho del monopolio moral: lo bueno es lo que embaraza o, mejor dicho, lo bueno es cuando no embaraza. Medida con esta regla, la vejez aparece como deleznable. En una de sus novelas, Houellebecq escribe: \u00abEl deseo sexual no s\u00f3lo no desaparece, sino con la edad se vuelve cada vez m\u00e1s cruel, cada vez m\u00e1s desgarrador e insaciable, e incluso en los hombres, por regla general bastante escasos, en los que desaparecen las secreciones hormonales, la erecci\u00f3n y todos los fen\u00f3menos asociados, no disminuye la atracci\u00f3n por los cuerpos j\u00f3venes, se convierte, lo cual quiz\u00e1s sea a\u00fan peor, en cosas mentales, y deseo del deseo\u00bb. La vejez posmoderna es una suerte de c\u00e1rcel lasciva, una prisi\u00f3n de deseos insatisfechos, una constante lucha entre el querer y el no poder. La crueldad m\u00e9dica y cient\u00edfica radica en prolongar est\u00e1 condena. El yerro social est\u00e1 en erigir la sexualidad como un absoluto moral. El aumento en la esperanza de vida se antoja como bueno en la medida en que se trate de una vida digna. Esta dignidad no debe entenderse en par\u00e1metros meramente corporales. La vida digna no es una vida puramente l\u00fadica, sino aquella en que se garantizan las condiciones indispensables para la supervivencia, la plenitud y la felicidad. Y es que cuando el progreso social y la madurez espiritual no acompasan los avances cient\u00edficos, las conquistas tecnol\u00f3gicas se vuelven est\u00e9riles. VIVIMOS MUCHO, \u00bfAHORA QU\u00c9? Es raro ver, por ejemplo, a una persona mayor de 60 a\u00f1os que se mantenga activa profesionalmente. Si bien es cierto que el envejecimiento implica una disminuci\u00f3n en las facultades f\u00edsicas y, a veces, mentales, eso no hace del anciano un in\u00fatil. Lamentablemente, muy pocas empresas se atreven a contratar a un adulto mayor. Los consideran empleados de alto riesgo: las primas de los seguros son muy caras y el rendimiento bajo. Esto los obliga a trabajar en empleos informales o subempleos. Si a esto se le a\u00f1ade que apenas 40% de la poblaci\u00f3n mayor de 65 a\u00f1os est\u00e1 pensionada, se concluye que m\u00e1s de la mitad dependen econ\u00f3micamente de sus familiares. Con incentivos fiscales y programas de apoyo como los del Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores, se ha intentado revertir esta tendencia. A pesar de algunos logros existen 9 mil 861 vacantes exclusivas para personas de 60 a\u00f1os y 926 adultos mayores con su propio negocio. No se puede descargar todo el futuro poblacional en el esfuerzo de unas instituciones. Para colmo, adem\u00e1s de la escasez de oportunidades para ser autosuficientes, refugiarse en la familia tampoco es garant\u00eda. Las transformaciones que ha experimentado la instituci\u00f3n familiar, han repercutido directamente en la vida de los ancianos. Los nuevos modelos familiares excluyen, por definici\u00f3n, al abuelo de casa. Si estos modelos apenas necesitan de una pareja, si sus miembros apenas se responsabilizan de s\u00ed mismos, si escasamente admiten un hijo, un adulto mayor dif\u00edcilmente cabr\u00e1 en semejante estructura. No es casualidad, entonces, que cada vez sean m\u00e1s los ancianos que terminen viviendo en soledad, en un asilo, y que el fantasma de la eutanasia comience a rondar por sus cabezas. El diagn\u00f3stico es aterrador: p\u00e9rdida del valor de la ancianidad. 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