{"id":29120,"date":"2007-07-01T00:00:00","date_gmt":"2007-07-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=29120"},"modified":"2007-07-01T00:00:00","modified_gmt":"2007-07-01T00:00:00","slug":"el_duro_deseo_de_durar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2007\/07\/01\/el_duro_deseo_de_durar\/","title":{"rendered":"El duro deseo de durar"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"29120\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><div><em>La identidad no es un asunto puramente privado. No somos tan s\u00f3lo nuestro yo secreto, somos tambi\u00e9n la caricatura que existe de nosotros en el espacio social<\/em>.<strong>J.M. Coetzee, \u00abS\u00e1ndor M\u00e1rai\u00bb.<\/strong><\/div>\n<p><em>La caricatura escond\u00eda a la persona que no pod\u00eda o no se atrev\u00eda a mostrarse, puesto que uno no solamente es aquel que es, sino tambi\u00e9n su propia caricatura, invariablemente. <\/em><br>\n<strong>S\u00e1ndor M\u00e1rai, <em>\u00a1Tierra, tierra!.<\/em><\/strong><br>\nComo acostumbra, la versi\u00f3n en l\u00ednea de la revista Forbes public\u00f3 no hace mucho un curioso suceso del \u00e1mbito laboral. Aparentemente, un juez administrativo le neg\u00f3 las compensaciones y beneficios de desempleo a una se\u00f1orita de 25 a\u00f1os de nombre Emmalee Bauer (esto sucedi\u00f3 en Elkhart, Indiana). Bauer hab\u00eda sido contratada por la compa\u00f1\u00eda de hoteles Sheraton como coordinadora de ventas, en Des Moines. Por supuesto, en lugar de coordinar ventas, invert\u00eda la mayor parte de su trabajo redactando un diario \u00edntimo, a mano. Entiendo que esta es una de las actividades m\u00e1s secretas que ocurren dentro de las oficinas de distintas compa\u00f1\u00edas. Me pregunto si podr\u00eda constituir una especie de sub-g\u00e9nero literario, perseguido y en constante peligro de extinci\u00f3n.<br>\nComprensiblemente, uno de sus supervisores le pidi\u00f3 que dejara de escribir en horas de trabajo. As\u00ed que Bauer dej\u00f3 de escribir su diario a mano. Y comenz\u00f3 a hacerlo en computadora: 300 p\u00e1ginas a rengl\u00f3n seguido ser\u00edan m\u00e1s tarde presentadas a juicio como evidencia en su contra, al menos las porciones en las que Bauer hablaba sobre sus esfuerzos para evitar el trabajo: \u00abEsto de teclear parece que est\u00e1 funcionando \u2013escribi\u00f3\u2013, da la impresi\u00f3n de que estoy trabajando arduamente en algo de suma importancia\u00bb.<br>\nEn efecto, una de nuestras maneras favoritas de perder el tiempo es pensando en nosotros mismos. Los textos autobiogr\u00e1ficos, las proliferantes bit\u00e1coras electr\u00f3nicas, o blogs, los testimonios, incluso los reality shows est\u00e1n impregnados de este esp\u00edritu. Sin saberlo, agazapados detr\u00e1s de \u00e9ticas del perfeccionamiento, nos acercamos peligrosamente a la f\u00e1bula de Dorian Gray quien, sin duda cuidaba presentarse como un individuo atractivo y cercano a la divinidad, pero cuya verdadera cara, la imagen que no mostraba a nadie, era la de la depravaci\u00f3n. El problema era, por supuesto, que Dorian Gray, el famoso personaje de Oscar Wilde, jam\u00e1s termin\u00f3 por conocerse a s\u00ed mismo.<br>\nDudo mucho que en el diario de Emmalee Bauer se encontraran l\u00edneas en las que pudiera leerse alguna sospecha de que estaba haciendo algo mal (incluso, dudo de sus bondades literarias, aunque posibles). Quiz\u00e1 consideraba astuto, inteligente, poder salirse, aunque fuera por un rato, con la suya. Pero, \u00bfmal? No. Nunca.<br>\nEs mi intenci\u00f3n dar pistas para distinguir los vagos l\u00edmites que hay entre un diagn\u00f3stico bien realizado sobre nuestros vicios y virtudes y el engolosinamiento que f\u00e1cilmente podemos padecer de nuestra propia imagen. Para ello usar\u00e9 el documento con el que se pretende, tradicionalmente, conocernos mejor: el texto autobiogr\u00e1fico.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>YO Y MI OTRO YO<\/strong><\/p>\n<p>Es bien sabido que la tradici\u00f3n de textos autobiogr\u00e1ficos es extensa, mucho muy anterior a las Confesiones de San Agust\u00edn (una de las obras cumbres del g\u00e9nero). El mundo cl\u00e1sico, lo sabemos bien, fue recorrido por la consigna inscrita en el templo de Apolo, en Delfos: Con\u00f3cete a ti mismo. Plat\u00f3n escribi\u00f3 cartas autobiogr\u00e1ficas. M\u00e1s tarde tambi\u00e9n lo hizo Julio C\u00e9sar, aunque en tercera persona. \u00abEl duro deseo de durar\u00bb ha existido desde hace mucho. Despu\u00e9s de la modernidad, sin embargo, ya que las pretensiones de un individuo inc\u00f3lume cayeron, uno puede preguntarse sin sonar demasiado escandaloso si es, en efecto, posible llegar a conocernos.<br>\nAqu\u00e9l personaje, escondido en su torre de acero blindado, juzgando siempre hacia abajo (como el mejor Chateaubriand, con su monumental Memorias de ultratumba) hoy resulta ligeramente antip\u00e1tico, pues nadie puede reconocerse en \u00e9l. Sospecho que hoy en d\u00eda la idea de un conocimiento terminado sobre nuestra propia persona resultar\u00eda chocante. Por supuesto que partimos de ciertas bases: de aqu\u00ed vengo, estas son algunas de mis virtudes, s\u00e9 bien que tengo las siguientes debilidades\u2026 Pero el cr\u00e9dito que le damos a la incertidumbre y a lo que no podemos controlar, como el inconsciente, es lo suficientemente fuerte como para reconocer que se nos dificulta decir c\u00f3mo somos realmente. No somos personas acabadas. Incluso, dudo que deseemos serlo. Ser\u00eda pretencioso afirmarlo. Una persona acabada, al final, suena a una voz que nos habla desde la profundidad, desde un pedestal de m\u00e1rmol, fr\u00edo como el invierno.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>LA PROPIA VIDA EN EL PAPEL<\/strong><\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 constituye un texto autobiogr\u00e1fico? \u00bfC\u00f3mo podemos clasificarlos? En esto creo que lo m\u00e1s sensato es seguir a Phillipe Lejeune quien, a partir de su texto El pacto autobiogr\u00e1fico de 1973 se constituy\u00f3 como un pionero en el estudio de los textos autorreferenciales. Lejeune, a la vez, ha sido muy sensible a las teor\u00edas de uno de los grandes hermeneutas del siglo pasado: Paul Ricoeur.<br>\nEste tipo de textos pueden clasificarse en tres categor\u00edas principales: la memoria, el diario y la autobiograf\u00eda per se. Algunos podr\u00edan argumentar que el g\u00e9nero epistolar tambi\u00e9n es autorreferencial. Hay buenas razones para hacerlo. Pero las cartas son m\u00e1s vulnerables que el resto de los textos de este g\u00e9nero a la distorsi\u00f3n que podemos hacer de nosotros mismos. Siempre que escribimos una carta, lo hacemos con la intenci\u00f3n de moldearnos a la imagen que ya tiene nuestro destinatario sobre nosotros.<br>\nLa clasificaci\u00f3n de Lejeune distingue a la memoria del diario y de la autobiograf\u00eda bajo dos criterios: a) el punto de vista que adopta el narrador y b) la unidad del relato. As\u00ed, la memoria es tan \u00abat\u00f3mica\u00bb como el diario, pues registra sucesos aparentemente dispares, pero es distinta del segundo en el sentido de que ve \u00abde arriba hacia abajo\u00bb clasificando lo evocado de acuerdo a su importancia, mientras que quien escribe un diario lo hace \u00abde abajo hacia arriba\u00bb, evocando sin jerarquizar, incluso cosas sin trascendencia, cotidianas. As\u00ed, en una memoria se puede hablar de sucesos hist\u00f3ricos e incluso del papel que jug\u00f3 en ellos quien la escribe. En un diario posiblemente encontraremos sucesos hist\u00f3ricos, pero tambi\u00e9n inventarios de lo que se comi\u00f3 tal o cual d\u00eda, la funci\u00f3n en el cine a la que se asisti\u00f3, en fin, impresiones del d\u00eda a d\u00eda (es famosa la anotaci\u00f3n que realiz\u00f3 Kafka en su diario, el 12 de agosto de 1914: \u00abAlemania ha declarado la guerra a Rusia. Por la tarde, fui a nadar\u00bb).<br>\nLa autobiograf\u00eda per se, por otro lado, procura brindar unidad a su relato y para ello adopta un punto de vista que va \u00abde dentro hacia fuera\u00bb, as\u00ed como herramientas narrativas que podr\u00edan ser propias de la ficci\u00f3n -aunque se distingue de esta porque est\u00e1 motivado por la misma idea que impulsa al historiador. Incluso, en algunos casos, la autobiograf\u00eda se apoya en documentaci\u00f3n, como los diarios del autor (un caso paradigm\u00e1tico de este tipo ser\u00eda Las reglas del juego, del escritor franc\u00e9s Michel Leiris, quien tambi\u00e9n llevaba un diario y quien tambi\u00e9n escribi\u00f3 una memoria, Edad de hombre).<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>VICIOS Y VIRTUDES DEL CONOCIMIENTO PROPIO<\/strong><\/p>\n<p>Al parecer existen dos extremos en la interpretaci\u00f3n de textos autobiogr\u00e1ficos o autorreferenciales. Ambos, de alguna manera, se tocan.<br>\nPara referirnos al primer extremo, pensemos en la opini\u00f3n del cr\u00edtico literario Charles-Augustin Sainte-Beuve (1804-1869), quien argumentaba que el autor podr\u00eda identificarse de manera absoluta con su obra, ya fuera de ficci\u00f3n o definitivamente autobiogr\u00e1fica. Este extremo se ha mantenido, si bien de manera matizada, desde hace tiempo.<br>\nEl deconstruccionismo franc\u00e9s parece encontrarse a s\u00ed mismo en el extremo opuesto. En las versiones m\u00e1s extremas de esta doctrina, pensemos en Derrida, el autor no posee relaci\u00f3n alguna con su texto y resulta, por tanto, irrelevante. Fuera del texto no hay nada. No existen autores ni, consecuentemente, autoridad. Los cl\u00e1sicos o la posibilidad de canon alguno desaparecen por completo: todas las interpretaciones son posibles. La l\u00f3gica del deconstruccionismo ha llevado a afirmar que en este extremo no es ni siquiera el texto lo relevante, sino los \u00absilencios\u00bb del texto, lo \u00abno dicho\u00bb o los \u00abvac\u00edos\u00bb, la lectura entre l\u00edneas o la oscuridad (es memorable el estudio que le dedica Derrida, en su Espolones, a una simple anotaci\u00f3n de Nietzsche que el fil\u00f3sofo franc\u00e9s cre\u00eda daba luces sobre su filosof\u00eda; la frase era: \u00abOlvid\u00e9 mi paraguas\u00bb). De este modo, ni siquiera un texto autobiogr\u00e1fico ayudar\u00eda al conocimiento de uno mismo.<br>\nAhora, \u00bfc\u00f3mo es que se tocan estos extremos? Lo explico: Para poder afirmar que un autor se identifica de manera absoluta con su texto, como suger\u00eda Sainte-Beuve, tendr\u00edamos que superar al mismo texto publicado y buscar la \u00abhistoria detr\u00e1s de la historia\u00bb, los espacios en blanco, la biograf\u00eda bajo la cual una obra adquiere sentido. Tendr\u00edamos que realizar una ardua investigaci\u00f3n para superar el orden otorgado a la narraci\u00f3n en particular, que ha sido construida, y recuperar aquella \u00abnarraci\u00f3n primordial\u00bb, la verdadera Historia. Este ejercicio le otorga una importancia desmedida a lo no dicho, sino supuesto, a los vac\u00edos, a lo oculto. As\u00ed, en un texto de Poe, por ejemplo, no importar\u00eda tanto que escribiera una f\u00e1bula acerca de un hombre al que entierran vivo, sino que el texto ser\u00eda signo de su horror a que lo entierren vivo. Al respecto, en su autobiograf\u00eda Una historia de amor y oscuridad, en el cap\u00edtulo quinto, Amos Oz escribi\u00f3 sabiamente:<br>\n\u00ab\u00bfQu\u00e9 es autobiogr\u00e1fico y qu\u00e9 es ficticio en mis relatos? Todo es autobiogr\u00e1fico: si alguna vez escribiera una historia de amor entre la Madre Teresa y Aba Eban, por supuesto ser\u00eda autobiogr\u00e1fica, aunque no una confesi\u00f3n. Todas las historias que he escrito son autobiogr\u00e1ficas, ninguna es una confesi\u00f3n. El mal lector siempre quiere saber, saber al instante \u2013qu\u00e9 pas\u00f3 realmente\u2013. Cu\u00e1l es la historia que est\u00e1 detr\u00e1s del relato, qu\u00e9 pasa, qui\u00e9n est\u00e1 en contra de qui\u00e9n (\u2026).<br>\n\u00bbTambi\u00e9n yo consigo a veces que los \u00e1vidos entrevistadores me pregunten, aludiendo al \u201cderecho p\u00fablico a saber\u201d, si mi mujer fue el modelo para el personaje de Jana en Mi querido Mijael, o si la cocina de mi casa est\u00e1 tan sucia como la de Fima en la La tercera condici\u00f3n. Y a veces me dicen: \u00bfPodr\u00eda decirnos qui\u00e9n es realmente la joven de El mismo mar? \u00bfNo tendr\u00eda tambi\u00e9n usted por casualidad alg\u00fan hijo que haya desaparecido durante un tiempo en Extremo Oriente? (\u2026). En el fondo, \u00bfqu\u00e9 quieren esos imp\u00fadicos entrevistadores? \u00bfQu\u00e9 quiere el mal lector, el lector perezoso, sociol\u00f3gico, cotilla y mir\u00f3n?\u00bb<br>\nS\u00ed, todo texto es autobiogr\u00e1fico. Pero tambi\u00e9n hay textos que lo son decididamente, que poseen la intenci\u00f3n de crear un mayor conocimiento de nosotros mismos. Sin embargo, as\u00ed como existe el mal lector, existen malos autobi\u00f3grafos: tendemos a poner atenci\u00f3n en ciertas cualidades que no nos caracterizan del todo. O que lo hacen pero consiguen opacar otras. \u00bfC\u00f3mo saber si estamos haciendo un buen trabajo? \u00bfO si el texto que estamos leyendo da una representaci\u00f3n digna de quien la escribi\u00f3? En suma: \u00bfqui\u00e9n es el valiente capaz de afirmar que se conoce bien? Y al reconocer que nadie puede, \u00bfestamos justificados para claudicar, para no intentarlo? \u00bfSe est\u00e1 escribiendo este texto exclusivamente por una pasi\u00f3n permanente por permanecer o bajo la intenci\u00f3n del autoconocimiento?<br>\nUn buen texto autobiogr\u00e1fico es el que mira hacia dentro, hacia atr\u00e1s, con un prop\u00f3sito. De otra forma, el ejercicio no ser\u00e1 m\u00e1s beneficioso que la contemplaci\u00f3n de nuestro ombligo. Todos nos hemos encontrado con nuestro yo pasado. Incluso a trav\u00e9s de un vistazo pasajero a una de nuestras antiguas agendas, que nos dan pistas sobre las citas que hemos tenido. La manera en las que nos hemos relacionado con los dem\u00e1s, a qui\u00e9n busc\u00e1bamos o qui\u00e9n nos buscaba en cierta \u00e9poca. Esos vestigios, los diarios, las anotaciones en los cuadernos, pero tambi\u00e9n las obras literarias autobiogr\u00e1ficas, son prueba fidedigna de que existe un pasado al que quiz\u00e1 ya no podamos acceder. Un pasado que no nos determina y con el cual no podemos identificarnos absolutamente (como pretend\u00eda, quiz\u00e1, Sainte-Beuve) pero con el que, irremediablemente, estamos en deuda.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"29120\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Existen en la literatura diferentes tipos de textos autorreferenciales, pero todos tienen la constante de querer dejar en la humanidad una huella de nuestro paso por la Tierra para dar sentido a nuestra existencia.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"om_disable_all_campaigns":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[1218],"tags":[114,109,110,111],"class_list":["post-29120","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-coloquio","tag-ejemplar_291","tag-empresa","tag-istmo","tag-valores"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO Premium plugin v27.6.1 (Yoast SEO v27.7) - 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