{"id":29023,"date":"2007-05-01T00:00:00","date_gmt":"2007-05-01T05:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=29023"},"modified":"2007-05-01T00:00:00","modified_gmt":"2007-05-01T05:00:00","slug":"amor_actual_que_tan_medievales_somos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2007\/05\/01\/amor_actual_que_tan_medievales_somos\/","title":{"rendered":"Amor actual, \u00bfqu\u00e9 tan medievales somos?"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"29023\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p><span style=\"color: #800080;\"><em>\u00ab\u00bfCu\u00e1ntas veces no hemos escuchado hablar del amor cort\u00e9s, caballeros que ganan justas en nombre de su dama o doncellas que enloquecen al saber que su caballero ha muerto en una Cruzada?\u00bb<\/em><\/span><br>\nDe no ser porque algunos tr\u00e1mites resultan en verdad problem\u00e1ticos, habr\u00eda solicitado ya mi cambio de \u00e9poca. Despu\u00e9s de todo, en mil a\u00f1os no hemos cambiado tanto.<br>\nNuestra visi\u00f3n contempor\u00e1nea de la Edad Media parece representarse desde dos \u00e1ngulos opuestos. El primero evoca una era oscura y estancada intelectualmente, marcada por el sufrimiento generalizado y la opresi\u00f3n. La segunda perspectiva, m\u00e1s favorecedora, es la que hemos heredado del siglo XIX: hadas, magos, elfos, gigantes, unicornios, dragones y todo tipo de seres maravillosos; castillos, justas, doncellas y caballeros errantes se han convertido en referentes absolutos del mundo medieval.<br>\nPor mi parte, prefiero pensar en la Edad Media como un escenario donde se gestaron muchas condiciones que hoy recrean nuestra realidad. Por nombrar algunos ejemplos, la lengua en la que escribo es un producto medieval; situaciones que presumen de actualidad como la globalizaci\u00f3n o los conflictos entre Occidente y el mundo musulm\u00e1n formaban ya parte de la cotidianeidad de la \u00e9poca; basta leer El cantar de Rold\u00e1n o un buen estudio sobre Las Cruzadas para dar fe.<br>\nA partir del siglo XII, el horizonte cultural europeo experiment\u00f3 notables transformaciones: el surgimiento de una literatura novedosa que atend\u00eda ya no los intereses de los grandes se\u00f1ores feudales, sino de las peque\u00f1as elites nobiliarias que con el tiempo se convirtieron en poderosas dinast\u00edas pol\u00edticas.<br>\nEn este contexto aristocr\u00e1tico naci\u00f3 en Francia un g\u00e9nero que llegar\u00eda a dominar el quehacer literario de la Edad Media: el romance. Su originalidad descansa, ante todo, en la compleja dimensi\u00f3n psicol\u00f3gica de sus personajes. As\u00ed, el romance resulta un terreno propicio para expresar emociones personales, que en su mayor\u00eda apuntan hacia una sola direcci\u00f3n: el amor.<br>\n\u00bfCu\u00e1ntas veces no hemos escuchado hablar del amor cort\u00e9s, caballeros que ganan justas en nombre de su dama o doncellas que enloquecen al saber que su caballero ha muerto en una Cruzada? No pretendo afirmar que el amor, en tanto sentimiento, sea creaci\u00f3n del romance, ni mucho menos fen\u00f3meno exclusivo de la Edad Media. Lo que s\u00ed creo es que a\u00fan en pleno siglo XXI nuestra relaci\u00f3n con el tema parece gobernada por una visi\u00f3n medieval en muchos aspectos.<br>\nTodav\u00eda hoy creemos en el amor a primera vista, aspiramos al amor verdadero, emprendemos relaciones pasionales, protagonizamos escenas de celos, sufrimos traiciones o las cometemos, nos entregamos al otro; participamos de su dolor y su alegr\u00eda, y cuando todo termina llegamos a concebir el amor m\u00e1s como pena que como un aliciente. Ese mismo ideal amoroso molde\u00f3 la imaginaci\u00f3n literaria de toda una \u00e9poca e inmortaliz\u00f3 c\u00e9lebres amantes como Trist\u00e1n e Isolda, Lancelot y Ginebra, o Abelardo y Elo\u00edsa.<br>\nHace no mucho, le\u00ed de nuevo un c\u00e9lebre tratado medieval sobre el amor, compuesto por Andr\u00e9s el Capell\u00e1n, un cl\u00e9rigo residente en la corte de Mar\u00eda de Champa\u00f1a. Aunque escrito en el siglo XII, sorprende por lo pr\u00f3ximo que resulta a cualquier lector actual. Incluso he pensado sugerirlo a alg\u00fan productor que ande en busca de dramas pasionales o historias de amor.<br>\nReproduzco algunos puntos de inter\u00e9s para nuestra \u00e9poca a partir de una traducci\u00f3n propia del texto de Andrea Capellanus (s. XVII):<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>LAS REGLAS DEL AMOR CORT\u00c9S<\/strong><\/p>\n<ul>\n<li>El amor es un sufrimiento interno que nace de la contemplaci\u00f3n excesiva de la belleza del sexo opuesto, lo cual provoca el deseo eterno de permanecer en los brazos del ser amado, con el fin \u00fanico de llevar a cabo los preceptos que ahora se dictan:<\/li>\n<li>El matrimonio no impide amar a una persona.<\/li>\n<li>Quien no es celoso, no puede amar.<\/li>\n<li>El amor nunca es constante: siempre mengua o aumenta.<\/li>\n<li>Nadie est\u00e1 exento de amar, sea cual fuere el motivo.<\/li>\n<li>El amor se comporta como extra\u00f1o en el hogar de la avaricia.<\/li>\n<li>Un verdadero amante nunca ha de abrazar m\u00e1s que a su ser amado.<\/li>\n<li>Cuando se hace p\u00fablico, el amor nunca perdura.<\/li>\n<li>El amor que se alcanza por una v\u00eda f\u00e1cil vale poco, pero si se consigue tras muchas dificultades entonces es digno de admiraci\u00f3n.<\/li>\n<li>Todo amante palidece ante la presencia de su ser amado.<\/li>\n<li>Al mirar repentinamente al ser amado, el coraz\u00f3n siempre palpita.<\/li>\n<li>Un nuevo amor desplaza al viejo.<\/li>\n<li>Al hombre se le puede amar tan s\u00f3lo por su buen humor.<\/li>\n<li>Un hombre enamorado siempre es aprehensivo.<\/li>\n<li>Los celos genuinos incrementan el amor.<\/li>\n<li>Los celos, y por lo tanto, el amor, aumentan cuando alguien sospecha de su ser amado.<\/li>\n<li>Cuando se ama verdaderamente, se come y se duerme muy poco.<\/li>\n<li>Toda acci\u00f3n de un amante culmina en la idea del ser amado.<\/li>\n<li>Nada resulta bueno a ojos del amante sino aquello que pueda satisfacer los deseos del ser amado.<\/li>\n<li>El hombre que no muestra ni celos ni pasi\u00f3n rara vez ama.<\/li>\n<li>Un verdadero amante vive constantemente obsesionado ante el pensamiento o la idea del ser amado.<\/li>\n<li>Nada impide que dos mujeres amen a un solo hombre, al igual que nada impide que dos hombres amen a una sola mujer.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Por primera vez el amor apareci\u00f3 en la historia de las ideas como una instancia para el perfeccionamiento del alma y la legitimaci\u00f3n moral del ser humano, perspectiva que ha perdurado casi intacta hasta nuestros d\u00edas.<br>\nSi la Edad Media fue tan sombr\u00eda como dicen \u00bfpor qu\u00e9 un cl\u00e9rigo en el siglo XII se dio a la tarea de emprender un tratado para saber amar? M\u00e1s a\u00fan, \u00bfpor qu\u00e9 algunos puntos se antojan tan cercanos? \u00bfSer\u00e1 que amamos de la misma manera? \u00bfcu\u00e1ntas veces hemos cumplido los preceptos del listado anterior casi al pie de la letra?<br>\nA 800 a\u00f1os de distancia, a\u00fan vemos el amor como un absoluto, rey entre los sentimientos y observo perplejo cu\u00e1n medievales podemos ser.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"29023\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Leer despu\u00e9s 0\u00ab\u00bfCu\u00e1ntas veces no hemos escuchado hablar del amor cort\u00e9s, caballeros que ganan justas en nombre de su dama o doncellas que enloquecen al saber que su caballero ha muerto en una Cruzada?\u00bb De no ser porque algunos tr\u00e1mites resultan en verdad problem\u00e1ticos, habr\u00eda solicitado ya mi cambio de \u00e9poca. Despu\u00e9s de todo, en mil a\u00f1os no hemos cambiado tanto. Nuestra visi\u00f3n contempor\u00e1nea de la Edad Media parece representarse desde dos \u00e1ngulos opuestos. El primero evoca una era oscura y estancada intelectualmente, marcada por el sufrimiento generalizado y la opresi\u00f3n. La segunda perspectiva, m\u00e1s favorecedora, es la que hemos heredado del siglo XIX: hadas, magos, elfos, gigantes, unicornios, dragones y todo tipo de seres maravillosos; castillos, justas, doncellas y caballeros errantes se han convertido en referentes absolutos del mundo medieval. Por mi parte, prefiero pensar en la Edad Media como un escenario donde se gestaron muchas condiciones que hoy recrean nuestra realidad. Por nombrar algunos ejemplos, la lengua en la que escribo es un producto medieval; situaciones que presumen de actualidad como la globalizaci\u00f3n o los conflictos entre Occidente y el mundo musulm\u00e1n formaban ya parte de la cotidianeidad de la \u00e9poca; basta leer El cantar de Rold\u00e1n o un buen estudio sobre Las Cruzadas para dar fe. A partir del siglo XII, el horizonte cultural europeo experiment\u00f3 notables transformaciones: el surgimiento de una literatura novedosa que atend\u00eda ya no los intereses de los grandes se\u00f1ores feudales, sino de las peque\u00f1as elites nobiliarias que con el tiempo se convirtieron en poderosas dinast\u00edas pol\u00edticas. En este contexto aristocr\u00e1tico naci\u00f3 en Francia un g\u00e9nero que llegar\u00eda a dominar el quehacer literario de la Edad Media: el romance. Su originalidad descansa, ante todo, en la compleja dimensi\u00f3n psicol\u00f3gica de sus personajes. As\u00ed, el romance resulta un terreno propicio para expresar emociones personales, que en su mayor\u00eda apuntan hacia una sola direcci\u00f3n: el amor. \u00bfCu\u00e1ntas veces no hemos escuchado hablar del amor cort\u00e9s, caballeros que ganan justas en nombre de su dama o doncellas que enloquecen al saber que su caballero ha muerto en una Cruzada? No pretendo afirmar que el amor, en tanto sentimiento, sea creaci\u00f3n del romance, ni mucho menos fen\u00f3meno exclusivo de la Edad Media. Lo que s\u00ed creo es que a\u00fan en pleno siglo XXI nuestra relaci\u00f3n con el tema parece gobernada por una visi\u00f3n medieval en muchos aspectos. Todav\u00eda hoy creemos en el amor a primera vista, aspiramos al amor verdadero, emprendemos relaciones pasionales, protagonizamos escenas de celos, sufrimos traiciones o las cometemos, nos entregamos al otro; participamos de su dolor y su alegr\u00eda, y cuando todo termina llegamos a concebir el amor m\u00e1s como pena que como un aliciente. Ese mismo ideal amoroso molde\u00f3 la imaginaci\u00f3n literaria de toda una \u00e9poca e inmortaliz\u00f3 c\u00e9lebres amantes como Trist\u00e1n e Isolda, Lancelot y Ginebra, o Abelardo y Elo\u00edsa. Hace no mucho, le\u00ed de nuevo un c\u00e9lebre tratado medieval sobre el amor, compuesto por Andr\u00e9s el Capell\u00e1n, un cl\u00e9rigo residente en la corte de Mar\u00eda de Champa\u00f1a. Aunque escrito en el siglo XII, sorprende por lo pr\u00f3ximo que resulta a cualquier lector actual. Incluso he pensado sugerirlo a alg\u00fan productor que ande en busca de dramas pasionales o historias de amor. Reproduzco algunos puntos de inter\u00e9s para nuestra \u00e9poca a partir de una traducci\u00f3n propia del texto de Andrea Capellanus (s. XVII): LAS REGLAS DEL AMOR CORT\u00c9S El amor es un sufrimiento interno que nace de la contemplaci\u00f3n excesiva de la belleza del sexo opuesto, lo cual provoca el deseo eterno de permanecer en los brazos del ser amado, con el fin \u00fanico de llevar a cabo los preceptos que ahora se dictan: El matrimonio no impide amar a una persona. Quien no es celoso, no puede amar. El amor nunca es constante: siempre mengua o aumenta. Nadie est\u00e1 exento de amar, sea cual fuere el motivo. El amor se comporta como extra\u00f1o en el hogar de la avaricia. Un verdadero amante nunca ha de abrazar m\u00e1s que a su ser amado. Cuando se hace p\u00fablico, el amor nunca perdura. El amor que se alcanza por una v\u00eda f\u00e1cil vale poco, pero si se consigue tras muchas dificultades entonces es digno de admiraci\u00f3n. Todo amante palidece ante la presencia de su ser amado. Al mirar repentinamente al ser amado, el coraz\u00f3n siempre palpita. Un nuevo amor desplaza al viejo. Al hombre se le puede amar tan s\u00f3lo por su buen humor. Un hombre enamorado siempre es aprehensivo. Los celos genuinos incrementan el amor. Los celos, y por lo tanto, el amor, aumentan cuando alguien sospecha de su ser amado. Cuando se ama verdaderamente, se come y se duerme muy poco. Toda acci\u00f3n de un amante culmina en la idea del ser amado. Nada resulta bueno a ojos del amante sino aquello que pueda satisfacer los deseos del ser amado. El hombre que no muestra ni celos ni pasi\u00f3n rara vez ama. Un verdadero amante vive constantemente obsesionado ante el pensamiento o la idea del ser amado. Nada impide que dos mujeres amen a un solo hombre, al igual que nada impide que dos hombres amen a una sola mujer. Por primera vez el amor apareci\u00f3 en la historia de las ideas como una instancia para el perfeccionamiento del alma y la legitimaci\u00f3n moral del ser humano, perspectiva que ha perdurado casi intacta hasta nuestros d\u00edas. Si la Edad Media fue tan sombr\u00eda como dicen \u00bfpor qu\u00e9 un cl\u00e9rigo en el siglo XII se dio a la tarea de emprender un tratado para saber amar? M\u00e1s a\u00fan, \u00bfpor qu\u00e9 algunos puntos se antojan tan cercanos? \u00bfSer\u00e1 que amamos de la misma manera? \u00bfcu\u00e1ntas veces hemos cumplido los preceptos del listado anterior casi al pie de la letra? A 800 a\u00f1os de distancia, a\u00fan vemos el amor como un absoluto, rey entre los sentimientos y observo perplejo cu\u00e1n medievales podemos ser. 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Por nombrar algunos ejemplos, la lengua en la que escribo es un producto medieval; situaciones que presumen de actualidad como la globalizaci\u00f3n o los conflictos entre Occidente y el mundo musulm\u00e1n formaban ya parte de la cotidianeidad de la \u00e9poca; basta leer El cantar de Rold\u00e1n o un buen estudio sobre Las Cruzadas para dar fe. A partir del siglo XII, el horizonte cultural europeo experiment\u00f3 notables transformaciones: el surgimiento de una literatura novedosa que atend\u00eda ya no los intereses de los grandes se\u00f1ores feudales, sino de las peque\u00f1as elites nobiliarias que con el tiempo se convirtieron en poderosas dinast\u00edas pol\u00edticas. En este contexto aristocr\u00e1tico naci\u00f3 en Francia un g\u00e9nero que llegar\u00eda a dominar el quehacer literario de la Edad Media: el romance. Su originalidad descansa, ante todo, en la compleja dimensi\u00f3n psicol\u00f3gica de sus personajes. As\u00ed, el romance resulta un terreno propicio para expresar emociones personales, que en su mayor\u00eda apuntan hacia una sola direcci\u00f3n: el amor. \u00bfCu\u00e1ntas veces no hemos escuchado hablar del amor cort\u00e9s, caballeros que ganan justas en nombre de su dama o doncellas que enloquecen al saber que su caballero ha muerto en una Cruzada? No pretendo afirmar que el amor, en tanto sentimiento, sea creaci\u00f3n del romance, ni mucho menos fen\u00f3meno exclusivo de la Edad Media. Lo que s\u00ed creo es que a\u00fan en pleno siglo XXI nuestra relaci\u00f3n con el tema parece gobernada por una visi\u00f3n medieval en muchos aspectos. Todav\u00eda hoy creemos en el amor a primera vista, aspiramos al amor verdadero, emprendemos relaciones pasionales, protagonizamos escenas de celos, sufrimos traiciones o las cometemos, nos entregamos al otro; participamos de su dolor y su alegr\u00eda, y cuando todo termina llegamos a concebir el amor m\u00e1s como pena que como un aliciente. Ese mismo ideal amoroso molde\u00f3 la imaginaci\u00f3n literaria de toda una \u00e9poca e inmortaliz\u00f3 c\u00e9lebres amantes como Trist\u00e1n e Isolda, Lancelot y Ginebra, o Abelardo y Elo\u00edsa. Hace no mucho, le\u00ed de nuevo un c\u00e9lebre tratado medieval sobre el amor, compuesto por Andr\u00e9s el Capell\u00e1n, un cl\u00e9rigo residente en la corte de Mar\u00eda de Champa\u00f1a. Aunque escrito en el siglo XII, sorprende por lo pr\u00f3ximo que resulta a cualquier lector actual. Incluso he pensado sugerirlo a alg\u00fan productor que ande en busca de dramas pasionales o historias de amor. Reproduzco algunos puntos de inter\u00e9s para nuestra \u00e9poca a partir de una traducci\u00f3n propia del texto de Andrea Capellanus (s. XVII): LAS REGLAS DEL AMOR CORT\u00c9S El amor es un sufrimiento interno que nace de la contemplaci\u00f3n excesiva de la belleza del sexo opuesto, lo cual provoca el deseo eterno de permanecer en los brazos del ser amado, con el fin \u00fanico de llevar a cabo los preceptos que ahora se dictan: El matrimonio no impide amar a una persona. Quien no es celoso, no puede amar. El amor nunca es constante: siempre mengua o aumenta. Nadie est\u00e1 exento de amar, sea cual fuere el motivo. El amor se comporta como extra\u00f1o en el hogar de la avaricia. Un verdadero amante nunca ha de abrazar m\u00e1s que a su ser amado. Cuando se hace p\u00fablico, el amor nunca perdura. El amor que se alcanza por una v\u00eda f\u00e1cil vale poco, pero si se consigue tras muchas dificultades entonces es digno de admiraci\u00f3n. Todo amante palidece ante la presencia de su ser amado. Al mirar repentinamente al ser amado, el coraz\u00f3n siempre palpita. Un nuevo amor desplaza al viejo. Al hombre se le puede amar tan s\u00f3lo por su buen humor. Un hombre enamorado siempre es aprehensivo. Los celos genuinos incrementan el amor. Los celos, y por lo tanto, el amor, aumentan cuando alguien sospecha de su ser amado. Cuando se ama verdaderamente, se come y se duerme muy poco. Toda acci\u00f3n de un amante culmina en la idea del ser amado. Nada resulta bueno a ojos del amante sino aquello que pueda satisfacer los deseos del ser amado. El hombre que no muestra ni celos ni pasi\u00f3n rara vez ama. Un verdadero amante vive constantemente obsesionado ante el pensamiento o la idea del ser amado. Nada impide que dos mujeres amen a un solo hombre, al igual que nada impide que dos hombres amen a una sola mujer. Por primera vez el amor apareci\u00f3 en la historia de las ideas como una instancia para el perfeccionamiento del alma y la legitimaci\u00f3n moral del ser humano, perspectiva que ha perdurado casi intacta hasta nuestros d\u00edas. Si la Edad Media fue tan sombr\u00eda como dicen \u00bfpor qu\u00e9 un cl\u00e9rigo en el siglo XII se dio a la tarea de emprender un tratado para saber amar? M\u00e1s a\u00fan, \u00bfpor qu\u00e9 algunos puntos se antojan tan cercanos? \u00bfSer\u00e1 que amamos de la misma manera? \u00bfcu\u00e1ntas veces hemos cumplido los preceptos del listado anterior casi al pie de la letra? A 800 a\u00f1os de distancia, a\u00fan vemos el amor como un absoluto, rey entre los sentimientos y observo perplejo cu\u00e1n medievales podemos ser. 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Despu\u00e9s de todo, en mil a\u00f1os no hemos cambiado tanto. Nuestra visi\u00f3n contempor\u00e1nea de la Edad Media parece representarse desde dos \u00e1ngulos opuestos. El primero evoca una era oscura y estancada intelectualmente, marcada por el sufrimiento generalizado y la opresi\u00f3n. La segunda perspectiva, m\u00e1s favorecedora, es la que hemos heredado del siglo XIX: hadas, magos, elfos, gigantes, unicornios, dragones y todo tipo de seres maravillosos; castillos, justas, doncellas y caballeros errantes se han convertido en referentes absolutos del mundo medieval. Por mi parte, prefiero pensar en la Edad Media como un escenario donde se gestaron muchas condiciones que hoy recrean nuestra realidad. Por nombrar algunos ejemplos, la lengua en la que escribo es un producto medieval; situaciones que presumen de actualidad como la globalizaci\u00f3n o los conflictos entre Occidente y el mundo musulm\u00e1n formaban ya parte de la cotidianeidad de la \u00e9poca; basta leer El cantar de Rold\u00e1n o un buen estudio sobre Las Cruzadas para dar fe. A partir del siglo XII, el horizonte cultural europeo experiment\u00f3 notables transformaciones: el surgimiento de una literatura novedosa que atend\u00eda ya no los intereses de los grandes se\u00f1ores feudales, sino de las peque\u00f1as elites nobiliarias que con el tiempo se convirtieron en poderosas dinast\u00edas pol\u00edticas. En este contexto aristocr\u00e1tico naci\u00f3 en Francia un g\u00e9nero que llegar\u00eda a dominar el quehacer literario de la Edad Media: el romance. Su originalidad descansa, ante todo, en la compleja dimensi\u00f3n psicol\u00f3gica de sus personajes. As\u00ed, el romance resulta un terreno propicio para expresar emociones personales, que en su mayor\u00eda apuntan hacia una sola direcci\u00f3n: el amor. \u00bfCu\u00e1ntas veces no hemos escuchado hablar del amor cort\u00e9s, caballeros que ganan justas en nombre de su dama o doncellas que enloquecen al saber que su caballero ha muerto en una Cruzada? No pretendo afirmar que el amor, en tanto sentimiento, sea creaci\u00f3n del romance, ni mucho menos fen\u00f3meno exclusivo de la Edad Media. Lo que s\u00ed creo es que a\u00fan en pleno siglo XXI nuestra relaci\u00f3n con el tema parece gobernada por una visi\u00f3n medieval en muchos aspectos. Todav\u00eda hoy creemos en el amor a primera vista, aspiramos al amor verdadero, emprendemos relaciones pasionales, protagonizamos escenas de celos, sufrimos traiciones o las cometemos, nos entregamos al otro; participamos de su dolor y su alegr\u00eda, y cuando todo termina llegamos a concebir el amor m\u00e1s como pena que como un aliciente. Ese mismo ideal amoroso molde\u00f3 la imaginaci\u00f3n literaria de toda una \u00e9poca e inmortaliz\u00f3 c\u00e9lebres amantes como Trist\u00e1n e Isolda, Lancelot y Ginebra, o Abelardo y Elo\u00edsa. Hace no mucho, le\u00ed de nuevo un c\u00e9lebre tratado medieval sobre el amor, compuesto por Andr\u00e9s el Capell\u00e1n, un cl\u00e9rigo residente en la corte de Mar\u00eda de Champa\u00f1a. Aunque escrito en el siglo XII, sorprende por lo pr\u00f3ximo que resulta a cualquier lector actual. Incluso he pensado sugerirlo a alg\u00fan productor que ande en busca de dramas pasionales o historias de amor. Reproduzco algunos puntos de inter\u00e9s para nuestra \u00e9poca a partir de una traducci\u00f3n propia del texto de Andrea Capellanus (s. XVII): LAS REGLAS DEL AMOR CORT\u00c9S El amor es un sufrimiento interno que nace de la contemplaci\u00f3n excesiva de la belleza del sexo opuesto, lo cual provoca el deseo eterno de permanecer en los brazos del ser amado, con el fin \u00fanico de llevar a cabo los preceptos que ahora se dictan: El matrimonio no impide amar a una persona. Quien no es celoso, no puede amar. El amor nunca es constante: siempre mengua o aumenta. Nadie est\u00e1 exento de amar, sea cual fuere el motivo. El amor se comporta como extra\u00f1o en el hogar de la avaricia. Un verdadero amante nunca ha de abrazar m\u00e1s que a su ser amado. Cuando se hace p\u00fablico, el amor nunca perdura. El amor que se alcanza por una v\u00eda f\u00e1cil vale poco, pero si se consigue tras muchas dificultades entonces es digno de admiraci\u00f3n. Todo amante palidece ante la presencia de su ser amado. Al mirar repentinamente al ser amado, el coraz\u00f3n siempre palpita. Un nuevo amor desplaza al viejo. Al hombre se le puede amar tan s\u00f3lo por su buen humor. Un hombre enamorado siempre es aprehensivo. Los celos genuinos incrementan el amor. Los celos, y por lo tanto, el amor, aumentan cuando alguien sospecha de su ser amado. Cuando se ama verdaderamente, se come y se duerme muy poco. Toda acci\u00f3n de un amante culmina en la idea del ser amado. Nada resulta bueno a ojos del amante sino aquello que pueda satisfacer los deseos del ser amado. El hombre que no muestra ni celos ni pasi\u00f3n rara vez ama. Un verdadero amante vive constantemente obsesionado ante el pensamiento o la idea del ser amado. Nada impide que dos mujeres amen a un solo hombre, al igual que nada impide que dos hombres amen a una sola mujer. Por primera vez el amor apareci\u00f3 en la historia de las ideas como una instancia para el perfeccionamiento del alma y la legitimaci\u00f3n moral del ser humano, perspectiva que ha perdurado casi intacta hasta nuestros d\u00edas. Si la Edad Media fue tan sombr\u00eda como dicen \u00bfpor qu\u00e9 un cl\u00e9rigo en el siglo XII se dio a la tarea de emprender un tratado para saber amar? M\u00e1s a\u00fan, \u00bfpor qu\u00e9 algunos puntos se antojan tan cercanos? \u00bfSer\u00e1 que amamos de la misma manera? \u00bfcu\u00e1ntas veces hemos cumplido los preceptos del listado anterior casi al pie de la letra? A 800 a\u00f1os de distancia, a\u00fan vemos el amor como un absoluto, rey entre los sentimientos y observo perplejo cu\u00e1n medievales podemos ser. 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