{"id":29020,"date":"2007-05-01T00:00:00","date_gmt":"2007-05-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=29020"},"modified":"2007-05-01T00:00:00","modified_gmt":"2007-05-01T00:00:00","slug":"en_defensa_de_la_correccion_politica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2007\/05\/01\/en_defensa_de_la_correccion_politica\/","title":{"rendered":"En defensa de la correcci\u00f3n pol\u00edtica"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"29020\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p>Uno de los t\u00f3picos m\u00e1s perseverantes en la cultura occidental es el de la doble naturaleza de las palabras, esa pronunciada inclinaci\u00f3n a significar exactamente lo opuesto a lo que enuncian. En los \u00faltimos 150 a\u00f1os, m\u00e1s o menos, se ha vuelto un lugar com\u00fan hablar de la \u00abtiran\u00eda de las palabras\u00bb. Todav\u00eda falta una historia sobre c\u00f3mo pol\u00edticos, fil\u00f3sofos y poetas propiciaron el desprestigio del discurso cuando fueron ellos los mayores beneficiarios de una civilizaci\u00f3n centrada en la palabra.<br>\nAhora bien, el caso que nos ocupa es el de la \u00abtiran\u00eda de las palabras\u00bb y, en particular, la extendida postura que considera a la correcci\u00f3n pol\u00edtica (CP) como su m\u00e1s acabada expresi\u00f3n.<br>\nMuchos de nosotros hemos sentido en alg\u00fan momento que las expresiones de Fulano sobre Sutano (o el grupo social al que pertenece) violan algo m\u00e1s profundo que las reglas de urbanidad y buen gusto. La CP delinea el campo de la producci\u00f3n ling\u00fc\u00edstica que como sociedad no estamos dispuestos a tolerar, pues el discurso no concierne a la etiqueta sino a la \u00e9tica. Lo que sigue es entonces una defensa de la humanidad del lenguaje, endeble tal vez aunque apasionada.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>LOS ENEMIGOS DE LA CORRECCI\u00d3N<\/strong><\/p>\n<p>Hay tres principales cr\u00edticas a la CP que provienen de tres tradiciones pol\u00edticas: la liberal, la realista y la democr\u00e1tica. Los que pertenecen a la primera recurren invariablemente a 1984 de George Orwell para ejemplificar lo que sucede cuando se colocan amarras al lenguaje. En la novela, el gobierno implementa pol\u00edticas para instaurar el uso del New Speak, un ingl\u00e9s purgado de palabras heterodoxas o con significados indeseables. Podemos cuestionar los supuestos seg\u00fan los cuales la lengua configura al pensamiento, pero este no es momento para tal debate.<br>\nSin embargo, no podemos negar que ciertas ideas de la filosof\u00eda y la antropolog\u00eda en su versi\u00f3n vulgarizada han contribuido a la difusi\u00f3n de una creencia, a saber, que la realidad est\u00e1 determinada por el lenguaje con que la nombramos. Por ahora basta con aclarar un punto: hablar New Speak era un mandato y el mayor organismo del aparato gubernamental, la Polic\u00eda del Pensamiento, ten\u00eda la obligaci\u00f3n de asegurar su observancia. La CP, en cambio, carece de car\u00e1cter legal jur\u00eddico, es una norma social, una serie de l\u00edmites al discurso que no son ni obligatorios ni generales. En todas las sociedades democr\u00e1ticas y liberales la libertad de expresi\u00f3n se encuentra reglamentada, \u00bfpor qu\u00e9 preocuparnos por unas restricciones que ninguna autoridad posee atribuciones para implementar?<br>\nLa segunda cr\u00edtica \u2013realista\u2013 es m\u00e1s perspicaz. Robert Hughes en La cultura de la queja la expone con elocuencia y se puede resumir as\u00ed: \u00bfde qu\u00e9 sirve cambiar el lenguaje si con ello no transformamos la realidad? O en palabras llanas: \u00bfde qu\u00e9 sirve que un blanco llame afroamericano a alguien si lo trata como un maldito negro? Que lo dicho contradiga a lo hecho no es raz\u00f3n suficiente para menospreciar el discurso. No es digno de encomio, acepto, aquel marido que llena de piropos a su esposa pero la golpea durante sus accesos de rabia. Sin embargo, tampoco quien nunca recurre a los pu\u00f1os pero abusa emocionalmente de ella mediante injurias, insultos y amenazas. Las palabras no son suficientes, s\u00ed, pero, nos dice el sentido com\u00fan, tampoco nimiedades.<br>\nLa ling\u00fc\u00edstica ofrece elementos para justificar esa intuici\u00f3n. As\u00ed como podemos realizar ciertos actos al hablar (i.e. \u00abPrometo pagarte mi deuda\u00bb) tambi\u00e9n realizamos otros mediante las palabras. El discurso, como forma de acci\u00f3n, se relaciona en doble sentido con la sociedad; por un lado, existen ciertas situaciones sociales que restringen el discurso (el registro que utilizamos con nuestros amigos no es igual al que empleamos en el trabajo) y, por otro, el discurso influye a su vez al contexto social: a nivel micro, estableciendo la jerarqu\u00eda de quienes participan, por ejemplo, en una conversaci\u00f3n; a nivel macro, instituyendo los marcos de representaci\u00f3n social.<br>\nLa cr\u00edtica realista pone en evidencia no tanto la inutilidad como la superficialidad de nuestras actitudes hacia el discurso. Sus mecanismos son mucho m\u00e1s complejos como para que sea suficiente el cambio de unas palabras por otras, a fin de producir un cambio social. Para lavarnos las manos acerca de nuestro compromiso social con las mujeres, podemos adoptar a pie juntillas el discurso de g\u00e9nero: \u00abNosotros y nosotras\u00bb, \u00abLos ni\u00f1os y las ni\u00f1as\u00bb, etc\u00e9tera. El problema es que la representaci\u00f3n de las mujeres como si fuesen menos que humanos (objetos o aut\u00f3matas) se reproduce a otros niveles.<br>\nUn estudio de caso muy interesante muestra c\u00f3mo los peri\u00f3dicos de Miami representan a las mujeres a partir del seguimiento de la nota roja. La cobertura de un evento en particular result\u00f3 reveladora. Una banda de ladrones, informaron los rotativos, irrumpi\u00f3 en un domicilio particular, los maleantes amarraron a su propietario, vaciaron su casa y lo forzaron a ver c\u00f3mo violaban a su esposa. Lo interesante es que resaltaran que el hombre fue obligado a presenciar la violaci\u00f3n de su esposa y no el hecho mismo de la violaci\u00f3n, como si fuera \u00e9l y no ella la principal v\u00edctima. Y ni qu\u00e9 decir del orden de presentaci\u00f3n de la noticia. \u00bfPor qu\u00e9 dar mayor relevancia al robo que a los abusos cometidos contra esa mujer?<br>\nLa tercera cr\u00edtica \u2013democr\u00e1tica\u2013 es m\u00e1s seductora pues toca cuerdas claves de la sensibilidad posmoderna. Me explico. Los modernos no cre\u00edan en un orden natural que delimitaba y determinaba la finalidad del hombre. La virtud descansaba en el m\u00e9rito, la capacidad para resistir nuestras inclinaciones ego\u00edstas, obrar bien y desinteresadamente mediante el libre ejercicio de la voluntad. La \u00e9tica del m\u00e9rito es la moralidad del deber, de trascender nuestros deseos particulares para tomar en cuenta al otro y sus necesidades. Ahora bien, durante el siglo pasado la b\u00fasqueda del placer inmediato desvaloriz\u00f3 el ideal de renuncia. Nada justificar\u00eda ya la postergaci\u00f3n del placer, aplazar el ejercicio de nuestra voluntad en aras de normas abstractas. Lo valioso no ser\u00eda m\u00e1s seguir normas imperativas externas sino expresar nuestro verdadero ser, desdoblar nuestra personalidad ante los dem\u00e1s. Es as\u00ed como la \u00e9tica de la autenticidad disuelve la idea de la obligaci\u00f3n. Por tanto, para los posmodernos trazar fronteras es coartar nuestra individualidad, actuar con restricciones es fingir y el fingimiento, el colmo de la inmoralidad.<br>\nLa tradici\u00f3n democr\u00e1tica embona con la sensibilidad posmoderna en su compartida desconfianza hacia la sociedad y la urticaria que les ocasiona cualquier clase de l\u00edmites por considerarlos una velada forma de discriminaci\u00f3n. Seg\u00fan su postura, la CP es nociva pues premia la hipocres\u00eda. Cualquiera puede desenvolverse adecuadamente en la vida p\u00fablica mientras siga de cerca esas reglas de urbanidad.<br>\nUn razonamiento parecido siguen cuando critican a la tolerancia. A los ojos dem\u00f3cratas no es suficiente que aceptemos la diferencia como un precio que merece la pena pagarse para vivir en paz. Para ellos, ese respeto maquilla nuestra despectiva indiferencia cuando hace falta que abracemos la diversidad, que reconozcamos el valor de los grupos con formas de vida antag\u00f3nicas a la nuestra. Esta demanda resulta a todas luces exagerada. Me parece que est\u00e1 ocasionada por la difundida confusi\u00f3n entre lo p\u00fablico y lo privado (o el retroceso de ambos \u00e1mbitos ante la hinchaz\u00f3n de la intimidad).<br>\nHace unos a\u00f1os, Federico Reyes Heroles se escandalizaba ante las pruebas de la \u00abintolerancia\u00bb mexicana. La encuesta nacional de cultura democr\u00e1tica revelaba que a un alto porcentaje de la ciudadan\u00eda no le gustar\u00eda vivir en la misma casa que un homosexual o un practicante de otra religi\u00f3n. Conste que no les negaban ninguna clase de derechos sino que se negaban a vivir con ellos. \u00bfQu\u00e9 tiene esto de intolerante? La tolerancia ata\u00f1e al dominio de lo p\u00fablico, marca l\u00edmites al Estado puesto que nadie puede ser discriminado o perseguido por sus creencias religiosas, ideas pol\u00edticas u orientaci\u00f3n sexual. No me parece razonable exigir a las personas que procuren las relaciones con sus (extra\u00f1os) conciudadanos en los mismos t\u00e9rminos que con sus familiares y amigos. A unas les concierne el respeto y la simpat\u00eda; a las otras, la lealtad y la solicitud.1<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>PALABRAS QUE HUMILLAN<\/strong><\/p>\n<p>Para esta secci\u00f3n recupero las ideas adelantadas por Avishai Margalit en su excelente La sociedad decente.2 \u00bfPor qu\u00e9 habr\u00edamos de defender la CP? Porque las palabras mal empleadas ocasionan da\u00f1o a nuestros semejantes y no encuentro raz\u00f3n por la cual la clase de comportamiento que, mediante el discurso, denigra a lo otros deba permanecer impune. Podemos ser una sociedad justa o una sociedad democr\u00e1tica pero eso no implica que seamos una sociedad decente, aquella cuyas instituciones no humillan a las personas. No queda claro si Margalit, como los socioling\u00fcistas, considera al discurso una instituci\u00f3n social. Si no es el caso, a\u00fan creo que su marco nos sirve pues los esc\u00e1ndalos relacionados con la incorrecci\u00f3n pol\u00edtica cuentan entre sus protagonistas a quienes juegan un papel en alguna instituci\u00f3n y hablan en virtud de su rol.<br>\nSi aceptamos que evitar causar da\u00f1o a los dem\u00e1s es algo deseable estaremos de acuerdo en justificar el respeto a los seres humanos reivindicando la necesidad de no humillar. La humillaci\u00f3n es un tipo de crueldad inaceptable que ocurre cuando tratamos a otro como si fuera no humano o realizamos acciones que conduzcan a su p\u00e9rdida de autocontrol o su exclusi\u00f3n de un grupo social al que tiene leg\u00edtimo derecho de pertenecer.<br>\nEn las sociedades normales el rechazo de los humanos como no humanos ocurre mediante el rechazo de grupos a los que las personas pertenecen y que determinan la forma en que modelan sus vidas, como pueden ser una nacionalidad, religi\u00f3n, clase social, etc\u00e9tera. Cuando una sociedad rechaza determinadas caracter\u00edsticas de pertenencia descalifica a toda persona que se identifique con ellas. Tal sociedad es humillante porque compromete la integridad de las personas, los principios, ideales y valores con que modelan su existencia pero sobre todo el ser fiel a su autodefinici\u00f3n, eso que proporciona coherencia a nuestro relato de vida.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>LOS L\u00cdMITES DE LA CORRECCI\u00d3N<\/strong><\/p>\n<p>La CP descansa sobre la intersecci\u00f3n entre lo que es prudente decir y lo que es preferible callar. Es natural que ante el consenso acerca de su pertinencia existan quienes alcen la voz preocupados por una libertad fundamental: la de expresi\u00f3n. La libertad como derecho implica un l\u00edmite y ese l\u00edmite est\u00e1 en el derecho de los dem\u00e1s. Pasemos por alto el debate sobre la posibilidad o conveniencia de formalizar la no humillaci\u00f3n como un derecho. \u00bfQu\u00e9 podemos hacer mientras?<br>\nDe inicio, trazar la distinci\u00f3n entre lo p\u00fablico y lo privado. Definir algo como privado significa decir que es ajeno a toda forma de control p\u00fablico salvo que vulnere los derechos de otros. En los espacios privados, alrededor de sus \u00edntimos, cada quien puede opinar (incluso hasta llegar a la maledicencia) contra cualquiera por los motivos m\u00e1s retr\u00f3gradas imaginables. Los problemas comienzan en aquellos \u00e1mbitos donde la separaci\u00f3n no es tan clara. \u00bfQu\u00e9 ocurre con el arte y la academia? A mi parecer uno y otro \u00e1mbito son aut\u00f3nomos, pertenecen a la esfera extendida de la privacidad, y no requieren regirse seg\u00fan las normas de la convivencia p\u00fablica. La no humillaci\u00f3n ha de ser un criterio externo para la valoraci\u00f3n de las obras art\u00edsticas y la investigaci\u00f3n cient\u00edfica.<br>\nSin embargo, con esto dejamos al lado los sentimientos de numerosas personas que consideran ofensivo c\u00f3mo son representados en tales \u00e1mbitos. Adem\u00e1s, pasamos por otro hecho: desde los \u00faltimos 50 a\u00f1os tanto el arte como la academia se han considerado una extensi\u00f3n de la pol\u00edtica y por tanto se ven sometidos a una serie de nuevas exigencias. Aqu\u00ed conviene delinear entonces otra distinci\u00f3n: entre el contenido cultural y las instituciones culturales de una sociedad decente 3. Cualquiera podr\u00eda alegar que no debe restringirse la creaci\u00f3n de contenidos humillantes pues son producidos por individuos en pleno goce de su libertad, pero s\u00ed suprimirse las ayudas a aquellas instituciones donde se muestran o personas que producen esas obras. Disiento en absoluto, pero perm\u00edtanme poner pausa a esta pol\u00e9mica para abordarla desde otra perspectiva.<br>\nUn reciente esc\u00e1ndalo (t\u00edpico) de incorrecci\u00f3n pol\u00edtica: Don Imus, comentarista de radio, realiza al aire un comentario humillante sobre el equipo de basquetbol femenil de la Universidad de Rutgers. Les llama \u00abnappy-headed 4\u00a0 \u2018hos5\u00bb. Las jovencitas afectadas, los l\u00edderes de la comunidad afroamericana y la opini\u00f3n p\u00fablica protestan. Imus ofrece disculpas y se excusa calificando su comentario como una broma, aunque a todas luces la \u00abbroma\u00bb fracas\u00f3 en lograr su cometido: hacer re\u00edr. En el caso de los comentarios m\u00e1s o menos desatinados se podr\u00e1 apelar a la malinterpretaci\u00f3n: el ofendido, dir\u00e1 el interpelado, al pertenecer a un grupo minoritario tiene la sensibilidad a flor de piel y considera insulto lo que no es. \u00bfC\u00f3mo establecer qu\u00e9 es humillante? Margalit propone dos principios:<\/p>\n<ol>\n<li>una sociedad decente debe ser receptiva a la interpretaci\u00f3n de las minor\u00edas vulneradas mientras no se demuestre que en un contexto general dicha interpretaci\u00f3n no es plausible; y, para compensar lo anterior,<\/li>\n<li>todo comentario o ep\u00edteto que dentro de un grupo no se considere humillante no podr\u00e1 ser considerado como tal si proviene de fuera.<\/li>\n<\/ol>\n<p>Imus, m\u00e1s adelante, en su defensa arguy\u00f3 que s\u00f3lo parodiaba a los raperos y su m\u00fasica, que se distingue por utilizar esa clase de palabras altisonantes. Para algunas personas como el periodista de color Jason Whitlock las acusaciones contra Imus son una manera en que algunos l\u00edderes afroamericanos (Al Sharpton y Jesee Jackson, \u00bfsuena familiar?) llevan agua a su molino mientras se niegan a iniciar una campa\u00f1a contra la cultura \u00abautodestructiva y degradante\u00bb del hip-hop.6 Para otros como Jabari Asim, autor de un libro acerca del uso de \u00abnigger\u00bb en la cultura estadounidense, es ingenuo acusar al hip-hop de confundir a los blancos sobre la pertinencia de emplear tales t\u00e9rminos.<br>\nEn la entrevista que ofreci\u00f3 hay, empero, algo que llama m\u00e1s mi atenci\u00f3n: \u00abMi vara para medir el uso de n\u2026. es que pienso que el arte es sagrado\u2026 En segundo lugar, si el uso de n\u2026. aumenta en alguna manera nuestra comprensi\u00f3n de la cultura en alguna manera, entonces para m\u00ed es v\u00e1lido. Las letras de N.W.A. (Niggaz With Attitude, grupo que populariz\u00f3 el gangsta-rap), f\u00e1cilmente cumplen esos criterios\u00bb.7 Uno de los riesgos de avanzar la causa del respeto es que los miembros dominantes de un grupo se escuden tras su exigencia para acallar cuestionamientos v\u00e1lidos hechos desde el exterior. Para conjurar ese peligro debemos introducir una salvedad a los principios ya expuestos: ninguna cr\u00edtica ha de ser considerada una ofensa siempre y cuando quienes la suscriban acepten que sus propios principios, ideales, valores o conductas sean puestos en tela de juicio por otros. La cr\u00edtica en el ejercicio profesional de la s\u00e1tira (no los chascarrillos a la ligera), el arte y la academia ampl\u00eda el horizonte de nuestra co<br>\nmprensi\u00f3n. Por ello, a largo plazo, el trabajo de humoristas, artistas y acad\u00e9micos redunda en nuestro beneficio.<br>\nLa CP no es una nueva especie de puritanismo. Sus defensores reconocemos que no se puede obligar a nadie a cambiar sus creencias \u2013sean estas racistas, xen\u00f3fobas o sexistas\u2013 pero s\u00ed dejarle en claro que su institucionalizaci\u00f3n mediante el discurso acarrea costos sociales. Que las palabras sean signos no quiere decir que su efecto sea meramente simb\u00f3lico. No hagamos de un don, el de la palabra, el m\u00e1s infame de los vicios.<\/p>\n<p class=\"textogris\">1 Avishai Margalit. The Ethics of Memory. Harvard University Press. Cambridge, 2002. p. 8.<\/p>\n<p>2 Paid\u00f3s. Barcelona, 1997. Ver sobre todo el cap\u00edtulo 10, \u00abCultura\u00bb.<br>\n3 Margalit s\u00f3lo suscribe al arte cuando habla de cultura. Sumo la academia para dar cuenta del fen\u00f3meno conocido como \u00abguerras culturales\u00bb en Estados Unidos, que incluye disputas en ambos dominios.<br>\n4 F\u00f3rmula despectiva con que los blancos se refer\u00edan al cabello rizado de los negros.<br>\n5 Contracci\u00f3n de hores con que se llamaba originalmente a las prostitutas en el cal\u00f3 de los barrios populares negros, pero cuyo uso se extendi\u00f3 a las mujeres en general. Algo parecido ocurre en M\u00e9xico con la acepci\u00f3n vulgar de \u00abperra\u00bb, utilizada entre amigas para llamarse unas a otras.<br>\n6 Jason Whitlock. \u00abImus isn?t the real bad guy\u00bb. The Kansas City Star, 11 de abril de 2007.<br>\n7 Mark Anthony Neal. \u00abWho gets to use the N-word?\u00bb. Salon.com, 25 de abril de 2007.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"29020\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El discurso posmoderno de tolerancia debe aceptar la correcci&oacute;n pol&iacute;tica como un bien necesario para la convivencia social. 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