{"id":28120,"date":"2005-11-01T00:00:00","date_gmt":"2005-11-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=28120"},"modified":"2023-11-08T06:05:49","modified_gmt":"2023-11-08T11:05:49","slug":"me_voy_a_morir_como_responder_a_un_nino","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2005\/11\/01\/me_voy_a_morir_como_responder_a_un_nino\/","title":{"rendered":"\u00bfMe voy a morir? C\u00f3mo responder a un ni\u00f1o"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"28120\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p>Un hecho innegable es que, lamentablemente, hay ni\u00f1os que mueren. Por el momento, no disponemos de un conocimiento riguroso acerca de qu\u00e9 significa para ellos la muerte, ni de c\u00f3mo ayudarles y ayudar a sus padres a afrontarla. Esta cuesti\u00f3n lacerante interpela a los padres y profesionales de la salud.<br>\nAunque el problema de afrontar la muerte en la edad adulta se ha investigado m\u00e1s que en la infancia y la bibliograf\u00eda disponible es m\u00e1s abundante, tampoco est\u00e1 resuelto del todo. En cualquier caso, tanto la familia como los profesionales de la salud, se encuentran indefensos y desasistidos cuando han de tomar decisiones para informar de la muerte al propio enfermo.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>ENSE\u00d1AR A MORIR, UNA EXIGENCIA HUMANA<\/strong><\/p>\n<p>Por lo general las personas no disponen de un conocimiento aceptable acerca de la muerte y la mayor\u00eda no est\u00e1 preparada. Tal vez porque las contadas experiencias que han vivido sobre la muerte, se refer\u00edan siempre a otros, a la muerte del otro y, muy excepcionalmente, a la propia.<br>\nSer\u00eda conveniente que tambi\u00e9n desde el \u00e1mbito de la educaci\u00f3n se abordara la tarea de ense\u00f1ar a morir, que se educara a los j\u00f3venes en lo relativo a la muerte de otros y la propia. Es un conocimiento que hoy se plantea como exigencia antropol\u00f3gica, porque forma parte de la misma condici\u00f3n humana y es m\u00e1s relevante que cualquier otro.<br>\nSe puede educar para el ocio, para el ejercicio de determinadas profesiones, para miles de especialidades; pero si la persona no sabe qu\u00e9 significa morir ni c\u00f3mo hacerlo, apenas sabe nada. Muchos autores cl\u00e1sicos sostienen que si no se educa para la muerte no se educa del todo.<br>\nA lo que parece, desde Ad\u00e1n y Eva hay un hecho demasiado tozudo que se repite en cada vida personal: la muerte. Sin duda alguna, es el hecho emp\u00edrico m\u00e1s rigurosamente comprobado de todos cuantos hechos se ha tratado de verificar.<br>\nSiendo as\u00ed de tozudo y verdadero con independencia de que fuere importante o no para la persona; \u00a1que lo es!, \u00bfc\u00f3mo es que no se ha incluido en los programas de educaci\u00f3n? \u00bfAcaso no importa? \u00bfO es tal vez porque las personas saben morir y no necesitan ser educadas en esto? \u00bfEst\u00e1n todas ellas suficientemente preparadas? Entonces, \u00bfpor qu\u00e9 experimentan esa enorme inseguridad y desaz\u00f3n cuando han de decirlo a la persona interesada? \u00bfAcaso toda persona que se muere sabe que se muere? \u00bfPuede hurtarse el derecho sobre la verdad esencial que pertenece a cada persona? \u00bfEn virtud de qu\u00e9 fundamento y de qu\u00e9 autoridad?<br>\nDe acuerdo con mi experiencia, puedo afirmar que hoy son muchas las personas que no saben morir y m\u00e1s numerosas todav\u00eda las que ignoran c\u00f3mo abordar esta cuesti\u00f3n fundamental. La muerte, qu\u00e9 duda cabe, es un misterio. Pues, aunque disponemos de ciertos conocimientos sobre la muerte en general, sobre la personal lo que aqu\u00ed nos compete, hay demasiado silencio.<br>\nDurante un breve periodo de mi vida profesional, tuve el honor de compartir la muerte de algunos ni\u00f1os afectados por el c\u00e1ncer cerebral. Fue una experiencia fascinante y poderosamente lacerante que dej\u00f3 en mi alma una huella imborrable. Ante la muerte de un ni\u00f1o nos sentimos inermes, desvalidos y desconsolados. No sabemos a qu\u00e9 atenernos, c\u00f3mo ayudarle a afrontarla, ni en qu\u00e9 medida podemos servirle de compa\u00f1\u00eda y contestar a sus inquietantes preguntas, de manera que alivie el peso de las angustias, preocupaciones y temores vinculados al morir humano. No disponemos ni siquiera de una m\u00ednima gu\u00eda que nos ayude a informarle sobre lo que le sucede.<br>\n<strong>\u00bfEL NI\u00d1O ENTIENDE SU MUERTE?<\/strong><br>\nAntes de seguir adelante, es preciso conocer el concepto de la muerte del que parte el ni\u00f1o, cuesti\u00f3n que var\u00eda mucho con la edad y se modifica en funci\u00f3n del desarrollo cognitivo y las experiencias vividas.<br>\nLas propiedades que definen este concepto, de acuerdo con un criterio atenido a la realidad, est\u00e1n bien definidas. Si un ni\u00f1o por la etapa evolutiva en que se encuentra, no est\u00e1 capacitado para la aprehensi\u00f3n de esas caracter\u00edsticas, es inevitable que no pueda entender qu\u00e9 es la muerte.<br>\nEl concepto de muerte supone la previa comprensi\u00f3n de cuatro conceptos fundamentales que la singularizan:universalidad, irrevocabilidad, cesaci\u00f3n inevitable de las funciones f\u00edsicas y ps\u00edquicas e irreversibilidad.<br>\nDe acuerdo con las investigaciones de Piaget (1948), la comprensi\u00f3n de esas caracter\u00edsticas suele acontecer en la etapa evolutiva del desarrollo cognitivo en la que el ni\u00f1o ya es capaz de realizar juicios morales. Algunos conceptos pueden alcanzarse de forma espont\u00e1nea y otros mediante el aprendizaje. A esa misma conclusi\u00f3n han llegado diversos autores (Vigotsky, 1962; Kohlberg, 1968; Melear, 1973).<br>\nLos datos que aporta la psicolog\u00eda evolutiva son relativamente coincidentes. Piaget (1923) reconoci\u00f3 que hasta la edad de 6 o 7 a\u00f1os, los ni\u00f1os suelen atribuir vida a cualquier cosa que sea activa; entre los 7 y 11 a\u00f1os van formulando paulatinamente el concepto de muerte, aunque hasta la adolescencia no disponen realmente de la suficiente madurez cognitiva y afectiva como para conocer con exactitud qu\u00e9 es.<br>\nNagy (1959) estudi\u00f3 este problema entre 378 ni\u00f1os de 3 a 9 a\u00f1os. De acuerdo con los resultados que obtuvo, los ni\u00f1os hasta los 5 a\u00f1os, consideran la muerte como algo transitorio; entre los 5 y los 9 a\u00f1os personifican la muerte y comienzan a tomar conciencia de que es irreversible; s\u00f3lo a partir de los 9 a\u00f1os la reconocen como un proceso interno e irreversible que acontece a cada persona y que es inevitable.<br>\nMcIntyre y colaboradores (1972) estudiaron a 598 ni\u00f1os y adolescentes procedentes de colegios religiosos cat\u00f3licos, jud\u00edos y protestantes. Entre los 13 y 16 a\u00f1os, el 50% de los adolescentes cre\u00eda en la continuidad espiritual de la vida despu\u00e9s de la muerte; el 20 % ten\u00eda dudas acerca de lo que suceder\u00eda despu\u00e9s de la muerte; y otro 20 % cre\u00eda en el completo cese de la vida.<br>\nEn estos resultados probablemente influy\u00f3 la educaci\u00f3n religiosa que hab\u00edan recibido. No obstante, como otros autores han probado (Pfeffer y colaboradores, 1979; Orbach y colaboradores, 1979), muchos j\u00f3venes, incluso en la adolescencia, consideran que la muerte es reversible y que a trav\u00e9s de ella se llega a un estado placentero en el que cesa todo dolor. Estas err\u00f3neas opiniones han de ser consideradas antes de que se informe al ni\u00f1o o adolescente acerca de la muerte.<br>\nLa mayor\u00eda de los autores est\u00e1 de acuerdo en que hasta los 9 a\u00f1os las funciones cognitivas del ni\u00f1o no est\u00e1n suficientemente desarrolladas para que comprenda el concepto de muerte. De hecho, muchos ni\u00f1os de esa edad para referirse a la muerte de otra persona hablan de que se ha dormido o que est\u00e1 en un lugar paradis\u00edaco. Por eso algunos, cuando pierden un familiar cercano al que estaban muy unidos (los abuelos o un hermano peque\u00f1o, por ejemplo), manifiestan su deseo de irse con \u00e9l.<br>\nSi no disponen de un claro concepto de la muerte o no alcanzan su verdadero significado, es muy dif\u00edcil que acierten a entender las explicaciones que se les ofrecen. Algunos expertos opinan que a los menores de 10 a\u00f1os no se les debe explicar el tema de la muerte, a no ser que se explore y compruebe que se han imaginado ciertas cosas acerca de ello, que experimentan numerosos temores y fantas\u00edas que les hacen sufrir o que hayan manifestado una importante curiosidad por saber lo que sucede a uno de sus amigos, ya fallecido, o acerca de la muerte en general.<br>\nLos anteriores indicios, sin embargo, suelen estar presentes en la mayor\u00eda de los ni\u00f1os. En estas circunstancias, m\u00e1s que los familiares o expertos el ni\u00f1o es quien debe decidir si se le explica o no. Si el peque\u00f1o se muestra inquieto, se plantea el tema o hace ciertas inferencias acerca de su estado de gravedad, es preciso informarle y ayudarlo a comprender. Si pregunta hay que responderle siempre; de lo contrario, se le puede hacer mucho da\u00f1o. Los ni\u00f1os tambi\u00e9n piensan, imaginan, sienten y sufren, aunque no de la misma forma que los adultos y tampoco lo manifiestan de igual manera. No importa su edad, tambi\u00e9n son personas y hay que tratarlos como tales, teniendo en cuenta sus peculiaridades y singularidades.<br>\n<strong>DIVERSAS CARAS DEL MIEDO<\/strong><br>\nEl ni\u00f1o, obviamente, experimenta miedo ante la muerte. Pero, muy probablemente, no coincide con el del adulto. Hoy se sostiene que en la infancia el miedo a la muerte es un concepto muy complejo en el que se dan cita dimensiones muy diversas.<br>\nDisponemos de algunos procedimientos para evaluar los temores infantiles sobre la muerte como, por ejemplo, la escala de Hoelter (1979; Multidimensional Fear of Death Scale), instrumento que distingue las siguientes dimensiones:<br>\n. Miedo al proceso ag\u00f3nico (al espec\u00edfico acto de morir),<br>\n. a la muerte (a las personas o animales que han muerto),<br>\n. a ser destrozado (a la destrucci\u00f3n del propio cuerpo, inmediatamente despu\u00e9s de estar muerto),<br>\n. a lo que significa para otros (efecto que la propia muerte puede tener en otros),<br>\n. a lo desconocido (a la ambig\u00fcedad de la muerte y a la \u00faltima cuesti\u00f3n existencial),<br>\n. a la conciencia de muerte (a los procesos inmediatos y subsiguientes a la muerte, que no son aceptados como el final de la conciencia),<br>\n. al cuerpo despu\u00e9s de muerto (a las cualidades corporales como efecto de la descomposici\u00f3n),<br>\n. a la muerte prematura (a lo imprevisible del morir del hombre).<br>\nLa cesaci\u00f3n de esas funciones, indica que quien muere es la persona. El cuerpo muere pero deja residuos, una cierta presencia de la persona ya ida, en la que no obstante puede ser reconocida. Un cad\u00e1ver, sin embargo, no es una persona. Aunque por tratarse del cuerpo que vivi\u00f3 y contribuy\u00f3 a esa vida personal, es algo digno y sagrado que debe ser respetado.<br>\nVemos que varias de estas dimensiones son relativamente redundantes, un tanto superponibles por lo que es dif\u00edcil distinguirlas entre s\u00ed. No obstante, pueden darnos una idea aproximada de lo que el ni\u00f1o experimenta cuando su vida se encuentra en la etapa final y de las disposiciones cognitivas que en \u00e9l se concitan sobre el concepto de muerte. Informaci\u00f3n muy valiosa para la toma de decisiones acerca de c\u00f3mo ayudarle a afrontar su propia muerte.<br>\nLos ni\u00f1os disponen de ciertos mecanismos de defensa para adaptarse al medio y a sus circunstancias. Pueden negar su propia muerte, proyectarla en la de un animal o interiorizar la muerte de otra persona a la que quieren. A veces, incluso, se comportan de forma muy agresiva. Aunque de modo excepcional, en los ni\u00f1os tambi\u00e9n se da el suicidio, incluso en edades muy tempranas (Polaino-Lorente, 1988).<br>\nComo cualquier persona, el ni\u00f1o se defiende contra la propia ansiedad. En ocasiones, mostrando desacuerdo por todo y, por eso grita, hace la guerra a sus familiares, protesta, lleva la contraria, manifiesta su insatisfacci\u00f3n y se rebela contra los dem\u00e1s, a pesar de que traten de ayudarle. Otras veces, manifiesta su ansiedad repleg\u00e1ndose en s\u00ed mismo y deja de hablar hasta que se encierra en un completo mutismo. Cualquiera de estas u otras manifestaciones pone de manifiesto que tiene un problema que no sabe, no puede o no quiere resolver.<br>\nHoy, el suicidio es la primera causa de muerte en el mundo entre los j\u00f3venes de 18 a 24 a\u00f1os de edad. Esto deber\u00eda hacernos reflexionar. Sin embargo, la mayor\u00eda no ha o\u00eddo ni hablado con nadie acerca de la muerte. Si no se les educa en este \u00e1mbito, es imposible que, en la pr\u00e1ctica, ni\u00f1os y j\u00f3venes cambien sus actitudes ante la muerte.<br>\nLa secuencia a seguir en un programa educativo y preventivo para este fin es: informaci\u00f3n, valores, actitudes y comportamientos. Entre cada etapa suele darse un relevante y poderoso encadenamiento. De aqu\u00ed la importancia a pesar de ser uno de los t\u00f3picos puestos en circulaci\u00f3n en la actual sociedad que no est\u00e1n suficientemente refrendados en la pr\u00e1ctica de la educaci\u00f3n en valores.<br>\nEs preciso referirse a ellos para modificar los comportamientos. De introducirse la educaci\u00f3n en valores, con los apropiados argumentos, es probable que el ni\u00f1o comprenda el problema de la muerte. Lo que, sin duda alguna, contribuir\u00e1 a modificar las actitudes de las que dependen esos comportamientos.<br>\nLas actitudes est\u00e1n en el origen de los cambios de comportamiento. Cambios que no se dan sin raz\u00f3n, porque las personas no son robots, sino seres que piensan, imaginan, recuerdan, aman, sienten y est\u00e1n abiertos a valores, muchos de los cuales les trascienden.<br>\n<strong>\u00bfLUCHAR CONTRA LA MUERTE O ACABAR CON EL SUFRIR?<\/strong><br>\nEl comportamiento de cada ni\u00f1o respecto a la propia muerte var\u00eda mucho y depende, en cierto modo, de la lucha competitiva que en \u00e9l se establece entre la ansiedad que produce la muerte y la que acompa\u00f1a a la enfermedad y a la continuidad de los tratamientos. En el ni\u00f1o con c\u00e1ncer esta lucha se plantea como un conflicto de aproximaci\u00f3n\/evitaci\u00f3n. El ni\u00f1o se debate entre acabar con la enfermedad y su tratamiento (aproximaci\u00f3n) y luchar contra la muerte (evitaci\u00f3n).<br>\nSi el ni\u00f1o percibe la muerte como una experiencia placentera, a causa de su ignorancia y de sus distorsiones cognitivas o por lo insoportable del sufrimiento y el cansancio de la enfermedad, es preciso adaptarse a su situaci\u00f3n, respecto del modo en que ha de afrontarla.<br>\nEn este caso convendr\u00e1 explorar cu\u00e1les son esas distorsiones cognitivas, de manera que una vez identificadas por el experto puedan luego ser reestructuradas, de acuerdo con el mapa cognitivo del ni\u00f1o y de sus padres. Aqu\u00ed importa mucho saber cu\u00e1l ha sido la experiencia del ni\u00f1o ante la muerte real de otras personas a lo largo de su vida.<br>\nSin el conocimiento de las fantas\u00edas infantiles respecto a la muerte y de los miedos o sugestiones que aquellas condicionan, dif\u00edcilmente podr\u00e1 dise\u00f1arse un programa de reestructuraci\u00f3n cognitiva que sea \u00fatil para ayudar al ni\u00f1o.<br>\nPor otra parte, el modo de afrontarla ha de cambiar y transformarse en aquellos ni\u00f1os cuyas actitudes predominantes sean las del desgarramiento no tolerado, la desesperaci\u00f3n, el absurdo, la rebeld\u00eda, la hostilidad, la terquedad y\/o las ideas suicidas.<br>\nEs muy diferente cuando las actitudes del ni\u00f1o ante la muerte son de aceptaci\u00f3n o est\u00e1n impregnadas de un doloroso pero trascendente sentido religioso. En estas concretas circunstancias el modo de afrontar la situaci\u00f3n suele ser mucho m\u00e1s f\u00e1cil.<br>\nLa extensa experiencia generalizada sobre estas circunstancias pone de manifiesto que las creencias y convicciones religiosas del ni\u00f1o y sus padres constituyen una de las variables m\u00e1s relevantes a la que siempre hay que atenerse.<br>\nEs l\u00f3gico, pues la muerte, muy especialmente la personal, es un misterio y para quien la padece se erige como el misterio de los misterios. Tambi\u00e9n el ni\u00f1o encuentra en el \u00e1mbito religioso la luz que necesita para salir de miedos y temores, de la confusi\u00f3n enajenante y de la natural incomprensi\u00f3n de este misterio.<br>\nLas convicciones religiosas resultan determinantes en el programa o ayuda por la que se opte, habiendo de someterse cualquiera de ellas a la fe del ni\u00f1o y de sus padres. El sacerdote o pastor de acuerdo con los padres y en colaboraci\u00f3n con el m\u00e9dico y los profesionales de la salud, puede y debe ayudar en este proceso de afrontamiento, pues constituye casi siempre un poderoso recurso que alivia el sufrimiento infantil y, en no pocas ocasiones, eleva de forma significativa la calidad de esa vida que se apaga.<br>\n<strong>ANTE EL SILENCIO, EL NI\u00d1O INTUYE<\/strong><br>\nEl ni\u00f1o que est\u00e1 muy grave generalmente se percata de que algo muy grave le est\u00e1 afectando y ello aumenta sus sufrimientos. Familiares y profesionales est\u00e1n obligados a ayudarle a fin de que sufra menos. En mi opini\u00f3n, ocultarle la verdad no le ayuda, porque la verdad ocultada, simulada o adulterada choca frontalmente con lo que el peque\u00f1o percibe, intuye y\/o se imagina.<br>\nPor lo general el ni\u00f1o no sabe qu\u00e9 es la muerte, pero eso no impide que suponga, imagine o intuya que se va a morir o que ya se est\u00e1 muriendo. En esta suposici\u00f3n juega un importante papel la imaginaci\u00f3n. Percibe numerosos signos de que se encuentra peor, de que cada vez le cuestan m\u00e1s las cosas que hace, lo que unido a la experiencia de su propia vida y de lo que observa a su alrededor, lo llevan a concluir que su vida se acaba.<br>\nPara un peque\u00f1o es m\u00e1s veros\u00edmil lo que le est\u00e1 aportando esa experiencia vivida que el discurso acomodaticio y edulcorante, tantas veces de quienes le rodean. Para trasmitirle esta verdad radical no parece que dispongamos de ninguna v\u00eda diplom\u00e1tica, de ninguna v\u00eda intermedia, de ninguna \u00abtercera v\u00eda\u00bb desde la que se puedan salvar las naturales dificultades. A pesar de ello, es conveniente abordar el problema en el momento oportuno y con la mayor delicadeza posible.<br>\nEs cuesti\u00f3n de ponerse en su lugar y tratar de comprenderlo y quererlo como el ni\u00f1o quiere ser entendido y querido. Esta reflexi\u00f3n suele ser muy perspicaz, aunque no f\u00e1cil de llevar a cabo. Cuando se intenta, de seguro que han de fluir a los labios de quien le ayuda, desde su cabeza y coraz\u00f3n, las palabras acertadas que el ni\u00f1o precisa. El lenguaje metaf\u00f3rico y simb\u00f3lico dispone de muchos recursos que, bien empleados, pueden ser muy \u00fatiles a la hora de trasmitirles la m\u00e1s fuerte y personal de todas las posibles informaciones.<br>\nEl problema es todav\u00eda m\u00e1s alarmante porque en la actual cultura occidental el hecho de la muerte ha sido secuestrado y exiliado de la vida social. Adem\u00e1s, si no disponemos, en general, de justificaci\u00f3n alguna para la muerte que adem\u00e1s de un misterio es un problema metaf\u00edsico, de menos recursos disponemos todav\u00eda en el caso de la muerte de un ni\u00f1o.<br>\nLa muerte de los ancianos suele aceptarse mejor. Probablemente, porque se ha ido comprobando el progresivo deterioro f\u00edsico y ps\u00edquico, el ocaso y oscurecimiento de su personalidad algo as\u00ed como la cr\u00f3nica de una muerte anunciada, aunque para la persona que muere ese hecho constituya una experiencia vital insondable, \u00fanica e irrepetible.<br>\nLa muerte de los ni\u00f1os, en cambio, es casi siempre s\u00fabita e inesperada; demasiado s\u00fabita como para que los adultos est\u00e9n preparados para hacerle frente y demasiado inesperada para no angustiarse cuando se presenta. El ni\u00f1o suscita la ternura de quien es percibido como un ser inocente y desvalido, que si algo tiene es s\u00f3lo futuro. Su vida est\u00e1 todav\u00eda por hacer, su tiempo a\u00fan no se ha cumplido. Todo en \u00e9l es mera potencialidad balbuciente que se agita por actualizarse, desarrollarse y hacerse presente.<br>\nAcaso por eso, la experiencia de su muerte se viva casi siempre por los adultos como algo absurdo y que escandaliza. La muerte de un ni\u00f1o duele hasta la desesperaci\u00f3n y puede llegar a enloquecer y hacer desvariar a sus padres, hasta el punto de que algunos no se recuperen jam\u00e1s de este tr\u00e1gico trance.<br>\nEste es un t\u00f3pico muy com\u00fan que, no obstante, suscita una crisis vital a cualquier persona que se plantee la cuesti\u00f3n acerca de la justicia y la muerte de los inocentes. Pensamos que un ni\u00f1o es un ser inocente, por lo que no podemos comprender su muerte, y s\u00f3lo a duras penas la aceptamos.<br>\nEl ni\u00f1o que est\u00e1 enfermo y de forma intuitiva percibe que se muere, de alguna manera alcanza a \u00abentender\u00bb lo que le est\u00e1 ocurriendo realmente, aunque no de la mejor manera sino, con mucha frecuencia, de la peor. Toda muerte humana es muy grave; la suya tambi\u00e9n.<br>\nLa persona tiene historia, tiene biograf\u00eda, tiene redes sociales, por muy corta que haya sido su trayectoria vital. La vida de un ni\u00f1o siempre nos importa, porque nos ata\u00f1e y nos implica. Su presencia o ausencia genera un mont\u00f3n de afectos en quienes le rodean; porque sus afectos nos afectan.<br>\n<strong>LA ANSIEDAD DEL NI\u00d1O ES MAYOR<\/strong><br>\nEl conocimiento que tiene el ni\u00f1o de su propia muerte es apenas una torpe aproximaci\u00f3n a ese hecho, un burdo conocimiento, es m\u00e1s una mera adivinaci\u00f3n, casi una hip\u00f3tesis conjetural. El ni\u00f1o se siente mal y, entonces, imagina lo peor. Lo primero que suele plantearse es por qu\u00e9 la gente que le quiere tanto no le dice nada; y duda que le quieran. No entiende que sus padres o el m\u00e9dico y las enfermeras que tanto le aprecian, tengan miedo a la muerte, en general, y a la del ni\u00f1o en particular. Y que esa sea la raz\u00f3n de su negligente silencio.<br>\nComo nadie se sincera con \u00e9l ni le dan una explicaci\u00f3n satisfactoria sobre lo que le sucede, es muy probable que el ni\u00f1o imagine que en la muerte se sufre m\u00e1s de lo que se sufre y que despu\u00e9s de la muerte hay lugares truculentos y espantosos, en que estar\u00e1 solo, sin nadie a quien poder recurrir para que le acoja y le libere de sus angustias y temores.<br>\nNo deja de ser curioso el argumento al que frecuentemente recurren quienes niegan la posibilidad de informar al ni\u00f1o sobre lo que le ocurre. La mayor\u00eda suele sostener su comportamiento en la opini\u00f3n de que es mejor no decirle al ni\u00f1o que se va a morir porque sufrir\u00e1 much\u00edsimo otro t\u00f3pico social, sin verificaci\u00f3n alguna. Esta opini\u00f3n jam\u00e1s ha sido comprobada, aunque s\u00ed trasmitida de una a otra generaci\u00f3n. De hecho, nadie ha comprobado tampoco cu\u00e1l es el sufrimiento impl\u00edcito que experimenta el ni\u00f1o cuando supone que va a morir y nadie le dice nada.<br>\nPero si nadie lo ha comprobado, \u00bfpor qu\u00e9 raz\u00f3n se sigue procediendo as\u00ed? Cuando se afirma que el ni\u00f1o sufrir\u00e1 mucho si se le dice que va a morir, lo que se est\u00e1 haciendo es encubrir y evitar los propios sufrimientos. Los adultos sufrimos m\u00e1s y es natural, aunque puede y debe aceptarse si informamos al ni\u00f1o que va a morir, que si guardamos un respetuoso y distante silencio, acompa\u00f1ado de gestos y expresiones que reh\u00fasan la verdad y evitan afrontarla como es debido.<br>\nEn el fondo, la raz\u00f3n m\u00e1s poderosa para falsear la verdad no es el supuesto sufrimiento que pueda suscitarse en el ni\u00f1o, sino el miedo y sufrimiento que el adulto experimenta al informarle de verdad.<br>\nLa muerte, de ordinario, produce ansiedad; y en los ni\u00f1os una ansiedad a\u00fan mayor. \u00bfPor qu\u00e9? Porque son m\u00e1s inmaduros y les asusta terriblemente lo desconocido; porque apenas disponen de los necesarios recursos cognitivos para entender qu\u00e9 les pasa; porque son m\u00e1s vulnerables y sensibles; porque adolecen de la necesaria experiencia de la vida; porque imaginan y fantasean de forma m\u00e1s temeraria acerca de lo que desconocen; porque tienen menos recursos culturales disponibles a los que asirse para explicarse a s\u00ed mismos lo que les est\u00e1 sucediendo.<br>\nEsto no significa que el ni\u00f1o no sufra cuando se le explique que se va a morir. Sufrir\u00e1, pero mucho menos que si se encuentra solo y sin el acompa\u00f1amiento de nadie con el que dialogar y compartir sus propias fantas\u00edas y temores.<br>\nEl ni\u00f1o tiene derecho a la verdad, especialmente a la \u00faltima verdad acerca de su ser y de su vida. Nadie est\u00e1 autorizado ni siquiera apelando a supuestos recursos emotivistas a hurtarle su propia y m\u00e1s profunda verdad. Ocultarla o escamotearla es tanto como oscurecer su inteligencia hasta cegarla y aplastar su voluntad hasta extinguirla.<br>\nEl ni\u00f1o no es sustituible por el fortuito hecho de que sea un ni\u00f1o. Su voluntad no ha sido delegada a nadie, como su inteligencia tampoco dispone de alguien que le represente en aquello que m\u00e1s le importa: el fin de su propia vida, la meta de su trayectoria biogr\u00e1fica.<br>\nTambi\u00e9n en los ni\u00f1os emerge y eclosiona la sed del conocimiento del bien, el hambre de la voluntad de verdad y, a lo que parece, con una extremada sed y voracidad. Nadie est\u00e1 legitimado para reprimir esa voracidad y esa sed. Conviene recordar que el ni\u00f1o es tambi\u00e9n persona y aqu\u00ed el t\u00e9rmino \u00abtambi\u00e9n\u00bb est\u00e1 de sobra, por los enga\u00f1os y eufemismos que pueda sugerir acerca de su preciso significado.<br>\nEl ni\u00f1o es persona. La verdad y el bien que en \u00e9l habitan, con posibilidad de una mayor profundidad y expansi\u00f3n, no han de ser frustrados. Recu\u00e9rdese que el bien de la verdad y la verdad del bien que caracterizan a su persona y a la biograf\u00eda de un ser que tiene historia son precisamente los que sostienen su dignidad.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"28120\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Explicar a un ni&ntilde;o que se va a morir es brutalmente dif&iacute;cil, pero evitarlo seguramente le provocar&aacute; mayor dolor y ansiedad.<\/p>\n","protected":false},"author":32,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"om_disable_all_campaigns":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[1218],"tags":[102],"class_list":["post-28120","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-coloquio","tag-ejemplar_281"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO Premium plugin v21.2 (Yoast SEO v27.6) - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-premium-wordpress\/ -->\n<title>\u00bfMe voy a morir? 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