{"id":28025,"date":"2005-09-01T00:00:00","date_gmt":"2005-09-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=28025"},"modified":"2005-09-01T00:00:00","modified_gmt":"2005-09-01T00:00:00","slug":"culpable_o_inocente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2005\/09\/01\/culpable_o_inocente\/","title":{"rendered":"\u00bfCulpable o inocente?"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"28025\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p class=\"subtit\"><strong>EL DICCIONARIO DE LAS CULPAS<\/strong><\/p>\n<p>Hace algunas semanas fui invitado a un programa de radio. El tema era la gula y quer\u00edan, eso cre\u00eda yo,\u00a0 que hablara de ella desde el punto de vista literario. Cuando llegu\u00e9 al programa, descubr\u00ed que tambi\u00e9n hab\u00edan invitado a una psic\u00f3loga, especialista en trastornos de la alimentaci\u00f3n. Era una especie de mesa panel.<br>\nDurante una hora, ella insisti\u00f3 en abolir la palabra culpa y la palabra pecado del diccionario, al menos de su diccionario personal. Es verdad que el sentimiento de culpa y de auto desprecio deterioran la personalidad de quienes padecen enfermedades como la anorexia y la bulimia. Hay que recordar que la baja autoestima juega un papel perverso en varios tipos de enfermedades.<br>\nPero fue tal la insistencia de la psic\u00f3loga en que no exist\u00eda la culpa ni el pecado, que el conductor comenz\u00f3 a bromear a costa de ella y termin\u00f3 por dar a los radioescuchas el n\u00famero telef\u00f3nico de la interesada. \u00abAl fin y al cabo, ella es guapa y no siente culpa\u00bb, dijo maliciosamente al aire.<br>\nMe contuve, pero me hubiese gustado preguntarle a la psic\u00f3loga si un pederasta, un narcotraficante, un genocida o un pol\u00edtico corrupto deben sentir culpa y remordimiento. Ignoro c\u00f3mo me hubiese respondido. Yo, por lo pronto, pienso que los pederastas suelen ser enfermos peligrosos y los pol\u00edticos corruptos, delincuentes incurables. Estos tipos cometen acciones malas, aunque, dependiendo de su estado mental, puedan ser m\u00e1s o menos culpables de ellas.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>DISCULPE USTED<\/strong><\/p>\n<p>Desde principios de siglo XX, la humanidad huye del concepto de culpa. Aborrecemos reconocernos culpables. La responsabilidad personal amenaza con desvanecerse en un mar de dis-culpas psicol\u00f3gicas, fisiol\u00f3gicas, sociales y metaf\u00edsicas.<br>\nComprendo perfectamente esta reacci\u00f3n. Desde que me diagnosticaron el colesterol alto, los tacos de carnitas y el jam\u00f3n serrano se han sumado al largo cat\u00e1logo de mis pecados personales. Como todo mundo, la paso mal con mis deberes y obligaciones. El sentimiento de culpa puede ser, en efecto, destructivo.<br>\nHe visto c\u00f3mo este sentimiento carcome la personalidad de muchas personas, en especial entre cat\u00f3licos y adolescentes. En ocasiones, la educaci\u00f3n religiosa se centra en el cumplimiento de una larga lista de deberes y sus correspondientes castigos por incumplimiento, con particular atenci\u00f3n en materia sexual y lit\u00fargica. Lamentablemente, ciertas malas interpretaciones del cristianismo devinieron opresi\u00f3n de las conciencias. San Josemar\u00eda Escriv\u00e1 de Balaguer critic\u00f3 tal clase de educaci\u00f3n. No le faltaba raz\u00f3n.<br>\nNo s\u00e9 qu\u00e9 sea peor, si el \u00e9nfasis indebido en el sentimiento de culpa, o la pretensi\u00f3n de abolirlo. Me inclino a pensar que lo primero y, por eso, la humanidad recibi\u00f3 al doctor Freud como un liberador de la conciencia, una especie de h\u00e9roe cultural.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>LA MUERTE DEL ALMA<\/strong><\/p>\n<p>La culpa mal asumida destroza el alma. F\u00e1cilmente se pasa del reconocimiento de la culpa al desprecio de la propia persona. Las personas responsables y obsesivas deambulan en una peligrosa pendiente que va de la aceptaci\u00f3n de la culpa por una acci\u00f3n concreta, a la auto denigraci\u00f3n. Del \u00abromp\u00ed mi dieta y me com\u00ed un helado\u00bb al \u00absoy un irresponsable, una piltrafa inmunda, escoria de la humanidad\u00bb.<br>\nCada una de nuestras acciones inciden en nuestra personalidad. Cargamos con ellas a cuestas; se incrustan en nuestro car\u00e1cter. No podemos ser ingenuos y suponer que las acciones culpables no nos moldean. \u00a1Claro que s\u00ed! Pero de ah\u00ed al desprecio de la propia persona hay un gran paso. Nosotros somos algo m\u00e1s que esas acciones.<br>\nEl sujeto maduro reconoce sus errores y aciertos, sus debilidades y fortalezas, sus malas y buenas acciones. La culpa le lleva a asumir su responsabilidad, a reparar el da\u00f1o y a prevenir. Cerrar los ojos ante el da\u00f1o no remedia nada. La realidad se impone. Si beb\u00ed en exceso y ofend\u00ed a un amigo, de poco me servir\u00e1 negarme a evaluar mi borrachera diciendo \u00ab\u00a1Ay! Equis, una borrachera\u00bb.<br>\nArist\u00f3teles hizo una advertencia. El hombre prudente no delibera sobre el pasado, ni sobre lo imposible, ni sobre lo que no depende de \u00e9l. Carece de sentido que escarbemos en nuestras culpas pasadas. Como dice la canci\u00f3n, \u00abya lo pasado, pasado\u00bb. Compongamos lo que tenga arreglo, prevengamos lo que podamos remediar, no carguemos con responsabilidades ajenas y, en cualquier caso, conservemos todo en su justa medida (a veces la justa medida es alarmarnos, a veces, serenarnos).<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>CULPA Y TRISTEZA<\/strong><\/p>\n<p>La pasi\u00f3n m\u00e1s peligrosa, escribi\u00f3 Tom\u00e1s de Aquino, es la tristeza, pues ella impide las obras buenas. Una persona triste deja de emprender acciones en favor suyo y de los dem\u00e1s. El sentimiento de culpa -el enfermizo- lleva a la tristeza. La culpabilidad patol\u00f3gica, mucho m\u00e1s com\u00fan de lo que se piensa, arranca la esperanza y confina a la mente en un calabozo oscuro. Ah\u00ed, el reo se dedica una y otra vez a pensar en esas acciones desacertadas y miserables.<br>\nLos engranes interiores de ese tipo rechinan y, eventualmente, truenan. Escupirse a s\u00ed mismo, restregarse una y otra vez sus defectos -supuestos o reales- agota la psique. Atenta contra el instinto de conservaci\u00f3n. Tarde o temprano, la persona se rebela contra ese sentimiento de culpa: ya no quiere saber nada de la moral, ni de la religi\u00f3n, ni de la \u00e9tica. El mecanismo de defensa es pendular; de la culpabilidad obsesiva se pasa a la amoralidad. Ahora se niega a evaluar moralmente sus acciones y pretende que todas dan igual: \u00abAy, Equis\u00bb, se convierte en su cantaleta. \u00ab\u00bfC\u00f3mo te fue?: Equis\u00bb. \u00ab\u00bfQu\u00e9 hiciste?: Equis\u00bb. \u00ab\u00bfC\u00f3mo te portaste?: Equis\u00bb. El alma atribulada por la culpa busca refugio en la indiferencia, en una cierta apat\u00eda moral.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>UNA COSTOSA LIBERACI\u00d3N<\/strong><\/p>\n<p>Esta aparente liberaci\u00f3n trae aparejada una consecuencia nefasta. Si desaparece la culpa, desaparece tambi\u00e9n el perd\u00f3n. Cuando un individuo no reconoce la culpabilidad como un elemento m\u00e1s de la acci\u00f3n humana, ha perdido la capacidad de pedir perd\u00f3n y de perdonar.<br>\nEl perd\u00f3n s\u00f3lo tiene cabida cuando hay culpa. No perdonamos a nuestras mascotas cuando ensucian nuestra sala. Tampoco perdonamos a las fuerzas de la naturaleza cuando destruyen nuestros campos. La naturaleza puede da\u00f1arnos y jam\u00e1s nos pedir\u00e1 perd\u00f3n. Ella no es culpable de nada, es, sencillamente, algo natural.<br>\nSin culpa, el perd\u00f3n es superfluo. Entramos a un callej\u00f3n sin salida. Anulada la conciencia de culpa, s\u00f3lo nos queda la arrogancia y la indiferencia. Hemos perdido la capacidad del perd\u00f3n, y con ella la de cambiar el pasado. Cuando se otorga el perd\u00f3n, se anula el tiempo.<br>\nOlvidamos voluntariamente lo que sucedi\u00f3 y, aunque la memoria de la ofensa acecha, siempre la haremos a un lado, porque esa falta perdonada ya no es real, es una ilusi\u00f3n. Y lo mismo al recibir el perd\u00f3n.<br>\nImponer a otros el peso de falsas culpas es grav\u00edsimo, especialmente cuando se trata de ni\u00f1os y j\u00f3venes. Los verdugos de la conciencia propician una de las peores tragedias, pues encaminan a sus v\u00edctimas al olvido de que todos somos capaces de perdonar y de ser perdonados. Y el perd\u00f3n es, acaso, el consuelo m\u00e1s profundo del que podemos gozar los seres humanos.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"28025\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Leer despu\u00e9s 0EL DICCIONARIO DE LAS CULPAS Hace algunas semanas fui invitado a un programa de radio. El tema era la gula y quer\u00edan, eso cre\u00eda yo,\u00a0 que hablara de ella desde el punto de vista literario. Cuando llegu\u00e9 al programa, descubr\u00ed que tambi\u00e9n hab\u00edan invitado a una psic\u00f3loga, especialista en trastornos de la alimentaci\u00f3n. Era una especie de mesa panel. Durante una hora, ella insisti\u00f3 en abolir la palabra culpa y la palabra pecado del diccionario, al menos de su diccionario personal. Es verdad que el sentimiento de culpa y de auto desprecio deterioran la personalidad de quienes padecen enfermedades como la anorexia y la bulimia. Hay que recordar que la baja autoestima juega un papel perverso en varios tipos de enfermedades. Pero fue tal la insistencia de la psic\u00f3loga en que no exist\u00eda la culpa ni el pecado, que el conductor comenz\u00f3 a bromear a costa de ella y termin\u00f3 por dar a los radioescuchas el n\u00famero telef\u00f3nico de la interesada. \u00abAl fin y al cabo, ella es guapa y no siente culpa\u00bb, dijo maliciosamente al aire. Me contuve, pero me hubiese gustado preguntarle a la psic\u00f3loga si un pederasta, un narcotraficante, un genocida o un pol\u00edtico corrupto deben sentir culpa y remordimiento. Ignoro c\u00f3mo me hubiese respondido. Yo, por lo pronto, pienso que los pederastas suelen ser enfermos peligrosos y los pol\u00edticos corruptos, delincuentes incurables. Estos tipos cometen acciones malas, aunque, dependiendo de su estado mental, puedan ser m\u00e1s o menos culpables de ellas. DISCULPE USTED Desde principios de siglo XX, la humanidad huye del concepto de culpa. Aborrecemos reconocernos culpables. La responsabilidad personal amenaza con desvanecerse en un mar de dis-culpas psicol\u00f3gicas, fisiol\u00f3gicas, sociales y metaf\u00edsicas. Comprendo perfectamente esta reacci\u00f3n. Desde que me diagnosticaron el colesterol alto, los tacos de carnitas y el jam\u00f3n serrano se han sumado al largo cat\u00e1logo de mis pecados personales. Como todo mundo, la paso mal con mis deberes y obligaciones. El sentimiento de culpa puede ser, en efecto, destructivo. He visto c\u00f3mo este sentimiento carcome la personalidad de muchas personas, en especial entre cat\u00f3licos y adolescentes. En ocasiones, la educaci\u00f3n religiosa se centra en el cumplimiento de una larga lista de deberes y sus correspondientes castigos por incumplimiento, con particular atenci\u00f3n en materia sexual y lit\u00fargica. Lamentablemente, ciertas malas interpretaciones del cristianismo devinieron opresi\u00f3n de las conciencias. San Josemar\u00eda Escriv\u00e1 de Balaguer critic\u00f3 tal clase de educaci\u00f3n. No le faltaba raz\u00f3n. No s\u00e9 qu\u00e9 sea peor, si el \u00e9nfasis indebido en el sentimiento de culpa, o la pretensi\u00f3n de abolirlo. Me inclino a pensar que lo primero y, por eso, la humanidad recibi\u00f3 al doctor Freud como un liberador de la conciencia, una especie de h\u00e9roe cultural. LA MUERTE DEL ALMA La culpa mal asumida destroza el alma. F\u00e1cilmente se pasa del reconocimiento de la culpa al desprecio de la propia persona. Las personas responsables y obsesivas deambulan en una peligrosa pendiente que va de la aceptaci\u00f3n de la culpa por una acci\u00f3n concreta, a la auto denigraci\u00f3n. Del \u00abromp\u00ed mi dieta y me com\u00ed un helado\u00bb al \u00absoy un irresponsable, una piltrafa inmunda, escoria de la humanidad\u00bb. Cada una de nuestras acciones inciden en nuestra personalidad. Cargamos con ellas a cuestas; se incrustan en nuestro car\u00e1cter. No podemos ser ingenuos y suponer que las acciones culpables no nos moldean. \u00a1Claro que s\u00ed! Pero de ah\u00ed al desprecio de la propia persona hay un gran paso. Nosotros somos algo m\u00e1s que esas acciones. El sujeto maduro reconoce sus errores y aciertos, sus debilidades y fortalezas, sus malas y buenas acciones. La culpa le lleva a asumir su responsabilidad, a reparar el da\u00f1o y a prevenir. Cerrar los ojos ante el da\u00f1o no remedia nada. La realidad se impone. Si beb\u00ed en exceso y ofend\u00ed a un amigo, de poco me servir\u00e1 negarme a evaluar mi borrachera diciendo \u00ab\u00a1Ay! Equis, una borrachera\u00bb. Arist\u00f3teles hizo una advertencia. El hombre prudente no delibera sobre el pasado, ni sobre lo imposible, ni sobre lo que no depende de \u00e9l. Carece de sentido que escarbemos en nuestras culpas pasadas. Como dice la canci\u00f3n, \u00abya lo pasado, pasado\u00bb. Compongamos lo que tenga arreglo, prevengamos lo que podamos remediar, no carguemos con responsabilidades ajenas y, en cualquier caso, conservemos todo en su justa medida (a veces la justa medida es alarmarnos, a veces, serenarnos). CULPA Y TRISTEZA La pasi\u00f3n m\u00e1s peligrosa, escribi\u00f3 Tom\u00e1s de Aquino, es la tristeza, pues ella impide las obras buenas. Una persona triste deja de emprender acciones en favor suyo y de los dem\u00e1s. El sentimiento de culpa -el enfermizo- lleva a la tristeza. La culpabilidad patol\u00f3gica, mucho m\u00e1s com\u00fan de lo que se piensa, arranca la esperanza y confina a la mente en un calabozo oscuro. Ah\u00ed, el reo se dedica una y otra vez a pensar en esas acciones desacertadas y miserables. Los engranes interiores de ese tipo rechinan y, eventualmente, truenan. Escupirse a s\u00ed mismo, restregarse una y otra vez sus defectos -supuestos o reales- agota la psique. Atenta contra el instinto de conservaci\u00f3n. Tarde o temprano, la persona se rebela contra ese sentimiento de culpa: ya no quiere saber nada de la moral, ni de la religi\u00f3n, ni de la \u00e9tica. El mecanismo de defensa es pendular; de la culpabilidad obsesiva se pasa a la amoralidad. Ahora se niega a evaluar moralmente sus acciones y pretende que todas dan igual: \u00abAy, Equis\u00bb, se convierte en su cantaleta. \u00ab\u00bfC\u00f3mo te fue?: Equis\u00bb. \u00ab\u00bfQu\u00e9 hiciste?: Equis\u00bb. \u00ab\u00bfC\u00f3mo te portaste?: Equis\u00bb. El alma atribulada por la culpa busca refugio en la indiferencia, en una cierta apat\u00eda moral. UNA COSTOSA LIBERACI\u00d3N Esta aparente liberaci\u00f3n trae aparejada una consecuencia nefasta. Si desaparece la culpa, desaparece tambi\u00e9n el perd\u00f3n. Cuando un individuo no reconoce la culpabilidad como un elemento m\u00e1s de la acci\u00f3n humana, ha perdido la capacidad de pedir perd\u00f3n y de perdonar. El perd\u00f3n s\u00f3lo tiene cabida cuando hay culpa. No perdonamos a nuestras mascotas cuando ensucian nuestra sala. Tampoco perdonamos a las fuerzas de la naturaleza cuando destruyen nuestros campos. 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Pero fue tal la insistencia de la psic\u00f3loga en que no exist\u00eda la culpa ni el pecado, que el conductor comenz\u00f3 a bromear a costa de ella y termin\u00f3 por dar a los radioescuchas el n\u00famero telef\u00f3nico de la interesada. \u00abAl fin y al cabo, ella es guapa y no siente culpa\u00bb, dijo maliciosamente al aire. Me contuve, pero me hubiese gustado preguntarle a la psic\u00f3loga si un pederasta, un narcotraficante, un genocida o un pol\u00edtico corrupto deben sentir culpa y remordimiento. Ignoro c\u00f3mo me hubiese respondido. Yo, por lo pronto, pienso que los pederastas suelen ser enfermos peligrosos y los pol\u00edticos corruptos, delincuentes incurables. Estos tipos cometen acciones malas, aunque, dependiendo de su estado mental, puedan ser m\u00e1s o menos culpables de ellas. DISCULPE USTED Desde principios de siglo XX, la humanidad huye del concepto de culpa. Aborrecemos reconocernos culpables. La responsabilidad personal amenaza con desvanecerse en un mar de dis-culpas psicol\u00f3gicas, fisiol\u00f3gicas, sociales y metaf\u00edsicas. Comprendo perfectamente esta reacci\u00f3n. Desde que me diagnosticaron el colesterol alto, los tacos de carnitas y el jam\u00f3n serrano se han sumado al largo cat\u00e1logo de mis pecados personales. Como todo mundo, la paso mal con mis deberes y obligaciones. El sentimiento de culpa puede ser, en efecto, destructivo. He visto c\u00f3mo este sentimiento carcome la personalidad de muchas personas, en especial entre cat\u00f3licos y adolescentes. En ocasiones, la educaci\u00f3n religiosa se centra en el cumplimiento de una larga lista de deberes y sus correspondientes castigos por incumplimiento, con particular atenci\u00f3n en materia sexual y lit\u00fargica. Lamentablemente, ciertas malas interpretaciones del cristianismo devinieron opresi\u00f3n de las conciencias. San Josemar\u00eda Escriv\u00e1 de Balaguer critic\u00f3 tal clase de educaci\u00f3n. No le faltaba raz\u00f3n. No s\u00e9 qu\u00e9 sea peor, si el \u00e9nfasis indebido en el sentimiento de culpa, o la pretensi\u00f3n de abolirlo. Me inclino a pensar que lo primero y, por eso, la humanidad recibi\u00f3 al doctor Freud como un liberador de la conciencia, una especie de h\u00e9roe cultural. LA MUERTE DEL ALMA La culpa mal asumida destroza el alma. F\u00e1cilmente se pasa del reconocimiento de la culpa al desprecio de la propia persona. Las personas responsables y obsesivas deambulan en una peligrosa pendiente que va de la aceptaci\u00f3n de la culpa por una acci\u00f3n concreta, a la auto denigraci\u00f3n. Del \u00abromp\u00ed mi dieta y me com\u00ed un helado\u00bb al \u00absoy un irresponsable, una piltrafa inmunda, escoria de la humanidad\u00bb. Cada una de nuestras acciones inciden en nuestra personalidad. Cargamos con ellas a cuestas; se incrustan en nuestro car\u00e1cter. No podemos ser ingenuos y suponer que las acciones culpables no nos moldean. \u00a1Claro que s\u00ed! Pero de ah\u00ed al desprecio de la propia persona hay un gran paso. Nosotros somos algo m\u00e1s que esas acciones. El sujeto maduro reconoce sus errores y aciertos, sus debilidades y fortalezas, sus malas y buenas acciones. La culpa le lleva a asumir su responsabilidad, a reparar el da\u00f1o y a prevenir. Cerrar los ojos ante el da\u00f1o no remedia nada. La realidad se impone. Si beb\u00ed en exceso y ofend\u00ed a un amigo, de poco me servir\u00e1 negarme a evaluar mi borrachera diciendo \u00ab\u00a1Ay! Equis, una borrachera\u00bb. Arist\u00f3teles hizo una advertencia. El hombre prudente no delibera sobre el pasado, ni sobre lo imposible, ni sobre lo que no depende de \u00e9l. Carece de sentido que escarbemos en nuestras culpas pasadas. Como dice la canci\u00f3n, \u00abya lo pasado, pasado\u00bb. Compongamos lo que tenga arreglo, prevengamos lo que podamos remediar, no carguemos con responsabilidades ajenas y, en cualquier caso, conservemos todo en su justa medida (a veces la justa medida es alarmarnos, a veces, serenarnos). CULPA Y TRISTEZA La pasi\u00f3n m\u00e1s peligrosa, escribi\u00f3 Tom\u00e1s de Aquino, es la tristeza, pues ella impide las obras buenas. Una persona triste deja de emprender acciones en favor suyo y de los dem\u00e1s. El sentimiento de culpa -el enfermizo- lleva a la tristeza. La culpabilidad patol\u00f3gica, mucho m\u00e1s com\u00fan de lo que se piensa, arranca la esperanza y confina a la mente en un calabozo oscuro. Ah\u00ed, el reo se dedica una y otra vez a pensar en esas acciones desacertadas y miserables. Los engranes interiores de ese tipo rechinan y, eventualmente, truenan. Escupirse a s\u00ed mismo, restregarse una y otra vez sus defectos -supuestos o reales- agota la psique. Atenta contra el instinto de conservaci\u00f3n. Tarde o temprano, la persona se rebela contra ese sentimiento de culpa: ya no quiere saber nada de la moral, ni de la religi\u00f3n, ni de la \u00e9tica. El mecanismo de defensa es pendular; de la culpabilidad obsesiva se pasa a la amoralidad. Ahora se niega a evaluar moralmente sus acciones y pretende que todas dan igual: \u00abAy, Equis\u00bb, se convierte en su cantaleta. \u00ab\u00bfC\u00f3mo te fue?: Equis\u00bb. \u00ab\u00bfQu\u00e9 hiciste?: Equis\u00bb. \u00ab\u00bfC\u00f3mo te portaste?: Equis\u00bb. El alma atribulada por la culpa busca refugio en la indiferencia, en una cierta apat\u00eda moral. UNA COSTOSA LIBERACI\u00d3N Esta aparente liberaci\u00f3n trae aparejada una consecuencia nefasta. Si desaparece la culpa, desaparece tambi\u00e9n el perd\u00f3n. Cuando un individuo no reconoce la culpabilidad como un elemento m\u00e1s de la acci\u00f3n humana, ha perdido la capacidad de pedir perd\u00f3n y de perdonar. El perd\u00f3n s\u00f3lo tiene cabida cuando hay culpa. 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El tema era la gula y quer\u00edan, eso cre\u00eda yo,\u00a0 que hablara de ella desde el punto de vista literario. Cuando llegu\u00e9 al programa, descubr\u00ed que tambi\u00e9n hab\u00edan invitado a una psic\u00f3loga, especialista en trastornos de la alimentaci\u00f3n. Era una especie de mesa panel. Durante una hora, ella insisti\u00f3 en abolir la palabra culpa y la palabra pecado del diccionario, al menos de su diccionario personal. Es verdad que el sentimiento de culpa y de auto desprecio deterioran la personalidad de quienes padecen enfermedades como la anorexia y la bulimia. Hay que recordar que la baja autoestima juega un papel perverso en varios tipos de enfermedades. Pero fue tal la insistencia de la psic\u00f3loga en que no exist\u00eda la culpa ni el pecado, que el conductor comenz\u00f3 a bromear a costa de ella y termin\u00f3 por dar a los radioescuchas el n\u00famero telef\u00f3nico de la interesada. \u00abAl fin y al cabo, ella es guapa y no siente culpa\u00bb, dijo maliciosamente al aire. Me contuve, pero me hubiese gustado preguntarle a la psic\u00f3loga si un pederasta, un narcotraficante, un genocida o un pol\u00edtico corrupto deben sentir culpa y remordimiento. Ignoro c\u00f3mo me hubiese respondido. Yo, por lo pronto, pienso que los pederastas suelen ser enfermos peligrosos y los pol\u00edticos corruptos, delincuentes incurables. Estos tipos cometen acciones malas, aunque, dependiendo de su estado mental, puedan ser m\u00e1s o menos culpables de ellas. DISCULPE USTED Desde principios de siglo XX, la humanidad huye del concepto de culpa. Aborrecemos reconocernos culpables. La responsabilidad personal amenaza con desvanecerse en un mar de dis-culpas psicol\u00f3gicas, fisiol\u00f3gicas, sociales y metaf\u00edsicas. Comprendo perfectamente esta reacci\u00f3n. Desde que me diagnosticaron el colesterol alto, los tacos de carnitas y el jam\u00f3n serrano se han sumado al largo cat\u00e1logo de mis pecados personales. Como todo mundo, la paso mal con mis deberes y obligaciones. El sentimiento de culpa puede ser, en efecto, destructivo. He visto c\u00f3mo este sentimiento carcome la personalidad de muchas personas, en especial entre cat\u00f3licos y adolescentes. En ocasiones, la educaci\u00f3n religiosa se centra en el cumplimiento de una larga lista de deberes y sus correspondientes castigos por incumplimiento, con particular atenci\u00f3n en materia sexual y lit\u00fargica. Lamentablemente, ciertas malas interpretaciones del cristianismo devinieron opresi\u00f3n de las conciencias. San Josemar\u00eda Escriv\u00e1 de Balaguer critic\u00f3 tal clase de educaci\u00f3n. No le faltaba raz\u00f3n. No s\u00e9 qu\u00e9 sea peor, si el \u00e9nfasis indebido en el sentimiento de culpa, o la pretensi\u00f3n de abolirlo. Me inclino a pensar que lo primero y, por eso, la humanidad recibi\u00f3 al doctor Freud como un liberador de la conciencia, una especie de h\u00e9roe cultural. LA MUERTE DEL ALMA La culpa mal asumida destroza el alma. F\u00e1cilmente se pasa del reconocimiento de la culpa al desprecio de la propia persona. Las personas responsables y obsesivas deambulan en una peligrosa pendiente que va de la aceptaci\u00f3n de la culpa por una acci\u00f3n concreta, a la auto denigraci\u00f3n. Del \u00abromp\u00ed mi dieta y me com\u00ed un helado\u00bb al \u00absoy un irresponsable, una piltrafa inmunda, escoria de la humanidad\u00bb. Cada una de nuestras acciones inciden en nuestra personalidad. Cargamos con ellas a cuestas; se incrustan en nuestro car\u00e1cter. No podemos ser ingenuos y suponer que las acciones culpables no nos moldean. \u00a1Claro que s\u00ed! Pero de ah\u00ed al desprecio de la propia persona hay un gran paso. Nosotros somos algo m\u00e1s que esas acciones. El sujeto maduro reconoce sus errores y aciertos, sus debilidades y fortalezas, sus malas y buenas acciones. La culpa le lleva a asumir su responsabilidad, a reparar el da\u00f1o y a prevenir. Cerrar los ojos ante el da\u00f1o no remedia nada. La realidad se impone. Si beb\u00ed en exceso y ofend\u00ed a un amigo, de poco me servir\u00e1 negarme a evaluar mi borrachera diciendo \u00ab\u00a1Ay! Equis, una borrachera\u00bb. Arist\u00f3teles hizo una advertencia. El hombre prudente no delibera sobre el pasado, ni sobre lo imposible, ni sobre lo que no depende de \u00e9l. Carece de sentido que escarbemos en nuestras culpas pasadas. Como dice la canci\u00f3n, \u00abya lo pasado, pasado\u00bb. Compongamos lo que tenga arreglo, prevengamos lo que podamos remediar, no carguemos con responsabilidades ajenas y, en cualquier caso, conservemos todo en su justa medida (a veces la justa medida es alarmarnos, a veces, serenarnos). CULPA Y TRISTEZA La pasi\u00f3n m\u00e1s peligrosa, escribi\u00f3 Tom\u00e1s de Aquino, es la tristeza, pues ella impide las obras buenas. Una persona triste deja de emprender acciones en favor suyo y de los dem\u00e1s. El sentimiento de culpa -el enfermizo- lleva a la tristeza. La culpabilidad patol\u00f3gica, mucho m\u00e1s com\u00fan de lo que se piensa, arranca la esperanza y confina a la mente en un calabozo oscuro. Ah\u00ed, el reo se dedica una y otra vez a pensar en esas acciones desacertadas y miserables. Los engranes interiores de ese tipo rechinan y, eventualmente, truenan. Escupirse a s\u00ed mismo, restregarse una y otra vez sus defectos -supuestos o reales- agota la psique. Atenta contra el instinto de conservaci\u00f3n. Tarde o temprano, la persona se rebela contra ese sentimiento de culpa: ya no quiere saber nada de la moral, ni de la religi\u00f3n, ni de la \u00e9tica. El mecanismo de defensa es pendular; de la culpabilidad obsesiva se pasa a la amoralidad. Ahora se niega a evaluar moralmente sus acciones y pretende que todas dan igual: \u00abAy, Equis\u00bb, se convierte en su cantaleta. \u00ab\u00bfC\u00f3mo te fue?: Equis\u00bb. \u00ab\u00bfQu\u00e9 hiciste?: Equis\u00bb. \u00ab\u00bfC\u00f3mo te portaste?: Equis\u00bb. El alma atribulada por la culpa busca refugio en la indiferencia, en una cierta apat\u00eda moral. UNA COSTOSA LIBERACI\u00d3N Esta aparente liberaci\u00f3n trae aparejada una consecuencia nefasta. Si desaparece la culpa, desaparece tambi\u00e9n el perd\u00f3n. Cuando un individuo no reconoce la culpabilidad como un elemento m\u00e1s de la acci\u00f3n humana, ha perdido la capacidad de pedir perd\u00f3n y de perdonar. El perd\u00f3n s\u00f3lo tiene cabida cuando hay culpa. 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