{"id":27824,"date":"2005-05-01T00:00:00","date_gmt":"2005-05-01T06:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=27824"},"modified":"2005-05-01T00:00:00","modified_gmt":"2005-05-01T06:00:00","slug":"el_papa_de_cada_quien","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2005\/05\/01\/el_papa_de_cada_quien\/","title":{"rendered":"El Papa de cada quien"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"27824\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p>Cuando Juan Pablo II falleci\u00f3 todos sintieron la muerte de su Papa. Cada pa\u00eds, cada regi\u00f3n, cada ciudad aseguraba ser la predilecta del difunto pont\u00edfice. Las diversas comunidades, y a\u00fan las personas, consideraban que este Papa las amaba a ellas en especial. No, no era un amor abstracto a la humanidad o a la cristiandad; la gente hablaba de un amor particular y concreto. Fen\u00f3meno que sorprende a todos.<\/p>\n<p>Los fans de un cantante se resignan a mendigar una sonrisa fr\u00eda, un beso rutinario, un aut\u00f3grafo impersonal. Son capaces de esperar horas y horas para robar una mirada del artista en turno. Coleccionan art\u00edculos y colocan fotograf\u00edas en la cabecera de sus camas, pero los fans saben que no son Alguien para el famoso; son eso, un colectivo, una multitud, fans.<\/p>\n<p>El fen\u00f3meno Juan Pablo II sorprend\u00eda porque sus fieles se sent\u00edan confortados personalmente. Durante las celebraciones lit\u00fargicas con miles de personas, la sotana blanca era apenas un punto perdido en el horizonte. Pocos afortunados lo ve\u00edan de cerca, pocos, muy pocos, intercambiaban algunas palabras con \u00e9l. Y, sin embargo, las muchedumbres se sent\u00edan interpeladas personalmente. Abundan las historias de quienes, al veloz paso del papam\u00f3vil, aseguran que el Papa los mir\u00f3. La empat\u00eda era uno de los rasgos definitorios de la personalidad de Wojtyla. Toda una generaci\u00f3n no conoce sino a este Papa. Los mayores recordamos vagamente a Paulo VI, muy pocos, guardan alg\u00fan recuerdo de Juan XXIII. Para la inmensa mayor\u00eda, la palabra \u00abPapa\u00bb no evoca un t\u00edtulo o una funci\u00f3n, sino una persona de rostro expresivo: Juan Pablo II.<\/p>\n<p class=\"subtit\">La inevitable comparaci\u00f3n<\/p>\n<p><\/p>\n<p>Lo queramos o no, el nuevo Papa ser\u00e1 comparado durante su reinado con el anterior. El sucesor ser\u00e1 inseparable de su predecesor. No hay que asustarse. Acontece en cualquier instituci\u00f3n que ha sido gobernada por un individuo sobresaliente. Toda una generaci\u00f3n mirar\u00e1 hacia Roma con un deje de nostalgia, buscando en vano a Wojtyla.<\/p>\n<p>A pocos d\u00edas del deceso, Alberto amigo y colega me comentaba con preocupaci\u00f3n \u00abCon el sentimentalismo de los mexicanos, si los medios no hacen una campa\u00f1a para decirnos que debemos querer al nuevo Papa, la gente se la pasar\u00e1 comparando Capaz de que ni lo quieren. Ojal\u00e1 Juan Pablo II hubiera dejado una carta pidiendo que quisi\u00e9ramos a su sucesor, porque si no\u00bb.<\/p>\n<p>Aunque no comparto el pesimismo de Alberto, en parte tiene raz\u00f3n. Si no se orienta, la ola de sentimentalismo desatada por la muerte de Wojtyla puede ser contraproducente. Para los cat\u00f3licos, Juan Pablo II fue un papa entra\u00f1able, pero, no olvidemos, la vida de la Iglesia no se agota en una persona, ni siquiera en un individuo de tal talla.<\/p>\n<p>Las comparaciones ser\u00e1n inevitables. En eso tiene raz\u00f3n mi amigo. Cuando el predecesor tuvo una personalidad tan n\u00edtida, delineada y s\u00f3lida, al sucesor no le queda sino definirse como continuador o innovador. El nuevo papado delimitar\u00e1 paulatinamente su estilo. Las conjeturas resultan prematuras.<\/p>\n<p>Eso s\u00ed, inevitablemente muchos dir\u00e1n \u00abmira c\u00f3mo se le parece este nuevo papa \u00bb o un t\u00edmido comentario, \u00ab\u00bfVes?, tiene otro estilo\u00bb.<\/p>\n<p>Comparaciones sin importancia siempre y cuando no menosprecien ni afecten la relaci\u00f3n con el nuevo pont\u00edfice. El sentimentalismo puede ser peligroso en la medida que la admiraci\u00f3n por Juan Pablo II la perjudique.<\/p>\n<p><\/p>\n<p class=\"subtit\">El Papa y los medios<\/p>\n<p><\/p>\n<p>Se ha repetido hasta la saciedad que Wojtyla fue un Papa medi\u00e1tico, se sent\u00eda c\u00f3modo frente a las c\u00e1maras de TV y, lo que es m\u00e1s importante, hizo que San Pedro fuese noticia siempre. Con su estrategia, dot\u00f3 de un rostro visible a la Iglesia en esta civilizaci\u00f3n del homo videns. Sab\u00eda que una Iglesia sin presencia en los mass media equival\u00eda a una Iglesia ausente del mundo.<\/p>\n<p>Conocimos el carisma de Juan Pablo II a trav\u00e9s de la televisi\u00f3n. Sus enc\u00edclicas y diarios se discutieron en noticiarios con mayor o menor profundidad. Un cortejo de reporteros lo acompa\u00f1\u00f3 en sus viajes. Se manejaba con soltura frente a c\u00e1maras y reporteros, pero no era un papa histri\u00f3nico.<\/p>\n<p>Uno de los primeros retos del nuevo Papa es colocarse en los medios de comunicaci\u00f3n. Sony, Fox, CNN son los maestros del mundo contempor\u00e1neo. Desde Hollywood nos educan y deseducan. Ellos pontifican y declaran qu\u00e9 es lo bueno y lo malo.<\/p>\n<p>Visto s\u00f3lo con ojos esc\u00e9pticos y descre\u00eddos, la suerte del cristianismo depende del talante de los personajes en los programas de moda. No, los intelectuales no son los cr\u00edticos m\u00e1s duros de los valores cristianos. Son las series de televisi\u00f3n y las pel\u00edculas premiadas con \u00d3scares las que de verdad modelan las mentalidades postcristianas. Puede m\u00e1s Mar adentro en pro de la eutanasia que la disertaci\u00f3n de un fil\u00f3sofo liberal.<\/p>\n<p>Juan Pablo II detect\u00f3 el reto y se hizo presente en las pantallas. Cada minuto que \u00e9l ocupaba era, por as\u00ed decirlo, un minuto ganado a la desacralizaci\u00f3n del mundo. El nuevo Papa tiene frente a s\u00ed la tarea de mantener a la Iglesia como un asunto p\u00fablico, algo que concierne a cualquiera que enciende la televisi\u00f3n, un agente m\u00e1s en la formaci\u00f3n de mentalidades.<\/p>\n<p>Hace poco, la Uni\u00f3n Europea discut\u00eda si debe reconocer al cristianismo, junto con la cultura grecolatina y el esp\u00edritu ilustrado, como una de las ra\u00edces comunes. Cualquier historiador sabe que Europa lleva la marca cristiana. Que lospol\u00edticos se negaran a reconocerlo, revela cu\u00e1n avanzado est\u00e1 el neopaganismo del que habla el entonces cardenal Ratzinger. El nuevo papa no puede bajar la guardia. Debe intentar conservar el rating de Juan Pablo II.<\/p>\n<p>En el contexto de una Europa que cuestiona si le debe algo al cristianismo, la presencia en los medios de la cabeza de la Iglesia Cat\u00f3lica no es f\u00fatil ni banal, es cuesti\u00f3n de sobrevivencia (insisto, hablando s\u00f3lo de un modo \u00abhumano y descre\u00eddo\u00bb, sin la perspectiva de la fe).<\/p>\n<p><\/p>\n<p class=\"subtit\">El Papa conservador<\/p>\n<p><\/p>\n<p>A Juan Pablo II se le adjetiv\u00f3 como \u00abconservador\u00bb. De ordinario, el calificativo ven\u00eda de sus cr\u00edticos y cargaba un tinte peyorativo. Ten\u00edan raz\u00f3n: era un conservador. En realidad, lo es todo cristiano, pues su misi\u00f3n es conservar y transmitir un mensaje que no le pertenece. Repito: no-le-pertenece. El cristianismo no es la palabra de la humanidad sobre Dios; es la Palabra de Dios a la humanidad. Carecemos del derecho de manosear y manipular el mensaje. Hemos de mantenerlo y entregarlo a las generaciones venideras.<\/p>\n<p>Por eso, en la conciencia cristiana no s\u00f3lo en la cat\u00f3lica est\u00e1 muy arraigado un sentimiento de responsabilidad, el de quien sabe que ha de entregar a sus descendientes una mercanc\u00eda preciosa, que f\u00e1cilmente se va de las manos. La tradici\u00f3n es algo muy propio del talante cristiano. S\u00ed, Juan Pablo II era un conservador y por eso en algunos campos sus principios eran firmes, no negociables. No le pertenec\u00edan; no ten\u00eda derecho a cambiarl<\/p>\n<p>os.<\/p>\n<p>Esta firmeza, la de quien est\u00e1 convencido de estar en lo cierto, le fue muy criticada, y tambi\u00e9n muy admirada. Juan Pablo II fue un \u00abmal pol\u00edtico\u00bb. Cuando Clinton le dio la bienvenida, el Papa no dud\u00f3 en defender la cultura de la vida en contra de las pr\u00e1cticas abortistas. Cuando Castro se afan\u00f3 por dar su mejor cara, el Papa no dud\u00f3 en reprocharle la falta de libertad religiosa. Cuando Bush hijo invadi\u00f3 Irak, el Papa no dud\u00f3 en cargar la conciencia de quienes declaran la guerra. Sus enc\u00edclicas, particularmente las de \u00edndole social, fueron ol\u00edmpicamente ignoradas por los plut\u00f3cratas por una raz\u00f3n muy sencilla. Conden\u00f3 en\u00e9rgicamente las innumerables injusticias del sistema econ\u00f3mico y financiero mundial. Curioso que quien tanto contribuy\u00f3 a la ca\u00edda del muro de Berl\u00edn, haya sido tan contundente al condenar una econom\u00eda de mercado \u00absin rostro humano\u00bb.<\/p>\n<p>Juan Pablo II no estaba en terreno de nadie; carec\u00eda de esos compromisos ideol\u00f3gicos tan comunes entre los poderosos. Su independencia de pensamiento se basaba en principios no negociables.<\/p>\n<p>A partir de la concepci\u00f3n cristiana de la persona articul\u00f3 todo un discurso m\u00e1s all\u00e1 de las transacciones del mercado de ideas. Cuando las diferencias entre izquierdas y derechas se difuminan y las convicciones no pasan de ser un mero protocolo convencional y vulnerable, Juan Pablo II vino a recordar que no todo est\u00e1 sujeto a ese mercado del poder y de lo \u00abpol\u00edticamente correcto\u00bb. Era un conservador irredento, conservador del valor de la persona, por mucho que ahora est\u00e9 de moda decir que todos tienen precio.<\/p>\n<p>Sin embargo, en su estilo el Papa fue profundamente comprensivo. Otro amigo me cont\u00f3 una an\u00e9cdota. El pont\u00edfice saludaba a algunos estudiantes de Norteam\u00e9rica. Uno le mostr\u00f3 la foto de una mujer y un ni\u00f1o para que la bendijera. El papa pregunt\u00f3: Your wife? El muchacho respondi\u00f3, acaso un poco sonrojado: No, my fianc\u00e9. El Papa lo mir\u00f3 unos segundos y luego, con cari\u00f1o, bendijo la fotograf\u00eda<\/p>\n<p>El nuevo Papa habr\u00e1 de conservar esta firmeza y, al mismo tiempo, saber envolverla en ese empaque de cari\u00f1o y amabilidad.<\/p>\n<p><\/p>\n<p class=\"subtit\">Lo humano y lo divino<\/p>\n<p><\/p>\n<p>No todo lo que dice un Papa pertenece a Dios. Los cat\u00f3licos creemos que en la Iglesia convive lo humano y lo divino. Ha habido papas santos y \u00abmenos santos\u00bb (por as\u00ed decirlo). El t\u00edtulo no garantiza su perfecci\u00f3n, ni su inteligencia, ni su ingenio. La expresi\u00f3n Su Santidad no se refiere a la vida personal del papa, sino al car\u00e1cter sagrado del cargo.<\/p>\n<p>El t\u00edtulo \u00ablos papas ya no usan tiara\u00bb garantiza que Dios lo quiere como cabeza de la Iglesia, que Dios lo elige. Dios eligi\u00f3 a Alejandro VI, el papa Borgia. No me pregunten por qu\u00e9. Los designios de Dios son misteriosos. Quiz\u00e1 aqu\u00ed vienen a cuento las palabras de San Pablo: \u00abDios escoge a lo necio del mundo para confundir a los sabios\u00bb.<\/p>\n<p>Creemos en Dios, y por \u00c9l, tenemos fe en el papa, en cualquier papa. Simp\u00e1tico o no, sagaz o menos sagaz, culto o menos culto, la Iglesia est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de las cualidades personales de quien la gobierne. Su historia es la mejor muestra de estos vaivenes. Una fe madura est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de las figuras de la historia eclesi\u00e1stica, mejor dicho, se funda en una sola figura de la historia: Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Existe una generaci\u00f3n que ni siquiera recuerda la primera vez que el Papa estuvo en M\u00e9xico, que no conoci\u00f3 un Papa distinto a Juan Pablo II y para quien la Iglesia ten\u00eda esa cara. Esos j\u00f3venes tendr\u00e1n que aprender a distinguir un nuevo rostro. Aprender que la fe nunca se agota en los carismas personales de un ser humano. Eso no ser\u00eda una religi\u00f3n sobrenatural, una Iglesia, sino un club de admiradores.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"27824\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Leer despu\u00e9s 0Cuando Juan Pablo II falleci\u00f3 todos sintieron la muerte de su Papa. Cada pa\u00eds, cada regi\u00f3n, cada ciudad aseguraba ser la predilecta del difunto pont\u00edfice. Las diversas comunidades, y a\u00fan las personas, consideraban que este Papa las amaba a ellas en especial. No, no era un amor abstracto a la humanidad o a la cristiandad; la gente hablaba de un amor particular y concreto. Fen\u00f3meno que sorprende a todos. Los fans de un cantante se resignan a mendigar una sonrisa fr\u00eda, un beso rutinario, un aut\u00f3grafo impersonal. Son capaces de esperar horas y horas para robar una mirada del artista en turno. Coleccionan art\u00edculos y colocan fotograf\u00edas en la cabecera de sus camas, pero los fans saben que no son Alguien para el famoso; son eso, un colectivo, una multitud, fans. El fen\u00f3meno Juan Pablo II sorprend\u00eda porque sus fieles se sent\u00edan confortados personalmente. Durante las celebraciones lit\u00fargicas con miles de personas, la sotana blanca era apenas un punto perdido en el horizonte. Pocos afortunados lo ve\u00edan de cerca, pocos, muy pocos, intercambiaban algunas palabras con \u00e9l. Y, sin embargo, las muchedumbres se sent\u00edan interpeladas personalmente. Abundan las historias de quienes, al veloz paso del papam\u00f3vil, aseguran que el Papa los mir\u00f3. La empat\u00eda era uno de los rasgos definitorios de la personalidad de Wojtyla. Toda una generaci\u00f3n no conoce sino a este Papa. Los mayores recordamos vagamente a Paulo VI, muy pocos, guardan alg\u00fan recuerdo de Juan XXIII. Para la inmensa mayor\u00eda, la palabra \u00abPapa\u00bb no evoca un t\u00edtulo o una funci\u00f3n, sino una persona de rostro expresivo: Juan Pablo II. La inevitable comparaci\u00f3n Lo queramos o no, el nuevo Papa ser\u00e1 comparado durante su reinado con el anterior. El sucesor ser\u00e1 inseparable de su predecesor. No hay que asustarse. Acontece en cualquier instituci\u00f3n que ha sido gobernada por un individuo sobresaliente. Toda una generaci\u00f3n mirar\u00e1 hacia Roma con un deje de nostalgia, buscando en vano a Wojtyla. A pocos d\u00edas del deceso, Alberto amigo y colega me comentaba con preocupaci\u00f3n \u00abCon el sentimentalismo de los mexicanos, si los medios no hacen una campa\u00f1a para decirnos que debemos querer al nuevo Papa, la gente se la pasar\u00e1 comparando Capaz de que ni lo quieren. Ojal\u00e1 Juan Pablo II hubiera dejado una carta pidiendo que quisi\u00e9ramos a su sucesor, porque si no\u00bb. Aunque no comparto el pesimismo de Alberto, en parte tiene raz\u00f3n. Si no se orienta, la ola de sentimentalismo desatada por la muerte de Wojtyla puede ser contraproducente. Para los cat\u00f3licos, Juan Pablo II fue un papa entra\u00f1able, pero, no olvidemos, la vida de la Iglesia no se agota en una persona, ni siquiera en un individuo de tal talla. Las comparaciones ser\u00e1n inevitables. En eso tiene raz\u00f3n mi amigo. Cuando el predecesor tuvo una personalidad tan n\u00edtida, delineada y s\u00f3lida, al sucesor no le queda sino definirse como continuador o innovador. El nuevo papado delimitar\u00e1 paulatinamente su estilo. Las conjeturas resultan prematuras. Eso s\u00ed, inevitablemente muchos dir\u00e1n \u00abmira c\u00f3mo se le parece este nuevo papa \u00bb o un t\u00edmido comentario, \u00ab\u00bfVes?, tiene otro estilo\u00bb. Comparaciones sin importancia siempre y cuando no menosprecien ni afecten la relaci\u00f3n con el nuevo pont\u00edfice. El sentimentalismo puede ser peligroso en la medida que la admiraci\u00f3n por Juan Pablo II la perjudique. El Papa y los medios Se ha repetido hasta la saciedad que Wojtyla fue un Papa medi\u00e1tico, se sent\u00eda c\u00f3modo frente a las c\u00e1maras de TV y, lo que es m\u00e1s importante, hizo que San Pedro fuese noticia siempre. Con su estrategia, dot\u00f3 de un rostro visible a la Iglesia en esta civilizaci\u00f3n del homo videns. Sab\u00eda que una Iglesia sin presencia en los mass media equival\u00eda a una Iglesia ausente del mundo. Conocimos el carisma de Juan Pablo II a trav\u00e9s de la televisi\u00f3n. Sus enc\u00edclicas y diarios se discutieron en noticiarios con mayor o menor profundidad. Un cortejo de reporteros lo acompa\u00f1\u00f3 en sus viajes. Se manejaba con soltura frente a c\u00e1maras y reporteros, pero no era un papa histri\u00f3nico. Uno de los primeros retos del nuevo Papa es colocarse en los medios de comunicaci\u00f3n. Sony, Fox, CNN son los maestros del mundo contempor\u00e1neo. Desde Hollywood nos educan y deseducan. Ellos pontifican y declaran qu\u00e9 es lo bueno y lo malo. Visto s\u00f3lo con ojos esc\u00e9pticos y descre\u00eddos, la suerte del cristianismo depende del talante de los personajes en los programas de moda. No, los intelectuales no son los cr\u00edticos m\u00e1s duros de los valores cristianos. Son las series de televisi\u00f3n y las pel\u00edculas premiadas con \u00d3scares las que de verdad modelan las mentalidades postcristianas. Puede m\u00e1s Mar adentro en pro de la eutanasia que la disertaci\u00f3n de un fil\u00f3sofo liberal. Juan Pablo II detect\u00f3 el reto y se hizo presente en las pantallas. Cada minuto que \u00e9l ocupaba era, por as\u00ed decirlo, un minuto ganado a la desacralizaci\u00f3n del mundo. El nuevo Papa tiene frente a s\u00ed la tarea de mantener a la Iglesia como un asunto p\u00fablico, algo que concierne a cualquiera que enciende la televisi\u00f3n, un agente m\u00e1s en la formaci\u00f3n de mentalidades. Hace poco, la Uni\u00f3n Europea discut\u00eda si debe reconocer al cristianismo, junto con la cultura grecolatina y el esp\u00edritu ilustrado, como una de las ra\u00edces comunes. Cualquier historiador sabe que Europa lleva la marca cristiana. Que lospol\u00edticos se negaran a reconocerlo, revela cu\u00e1n avanzado est\u00e1 el neopaganismo del que habla el entonces cardenal Ratzinger. El nuevo papa no puede bajar la guardia. Debe intentar conservar el rating de Juan Pablo II. En el contexto de una Europa que cuestiona si le debe algo al cristianismo, la presencia en los medios de la cabeza de la Iglesia Cat\u00f3lica no es f\u00fatil ni banal, es cuesti\u00f3n de sobrevivencia (insisto, hablando s\u00f3lo de un modo \u00abhumano y descre\u00eddo\u00bb, sin la perspectiva de la fe). El Papa conservador A Juan Pablo II se le adjetiv\u00f3 como \u00abconservador\u00bb. De ordinario, el calificativo ven\u00eda de sus cr\u00edticos y cargaba un tinte peyorativo. Ten\u00edan raz\u00f3n: era un conservador. 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Pocos afortunados lo ve\u00edan de cerca, pocos, muy pocos, intercambiaban algunas palabras con \u00e9l. Y, sin embargo, las muchedumbres se sent\u00edan interpeladas personalmente. Abundan las historias de quienes, al veloz paso del papam\u00f3vil, aseguran que el Papa los mir\u00f3. La empat\u00eda era uno de los rasgos definitorios de la personalidad de Wojtyla. Toda una generaci\u00f3n no conoce sino a este Papa. Los mayores recordamos vagamente a Paulo VI, muy pocos, guardan alg\u00fan recuerdo de Juan XXIII. Para la inmensa mayor\u00eda, la palabra \u00abPapa\u00bb no evoca un t\u00edtulo o una funci\u00f3n, sino una persona de rostro expresivo: Juan Pablo II. La inevitable comparaci\u00f3n Lo queramos o no, el nuevo Papa ser\u00e1 comparado durante su reinado con el anterior. El sucesor ser\u00e1 inseparable de su predecesor. No hay que asustarse. Acontece en cualquier instituci\u00f3n que ha sido gobernada por un individuo sobresaliente. Toda una generaci\u00f3n mirar\u00e1 hacia Roma con un deje de nostalgia, buscando en vano a Wojtyla. A pocos d\u00edas del deceso, Alberto amigo y colega me comentaba con preocupaci\u00f3n \u00abCon el sentimentalismo de los mexicanos, si los medios no hacen una campa\u00f1a para decirnos que debemos querer al nuevo Papa, la gente se la pasar\u00e1 comparando Capaz de que ni lo quieren. Ojal\u00e1 Juan Pablo II hubiera dejado una carta pidiendo que quisi\u00e9ramos a su sucesor, porque si no\u00bb. Aunque no comparto el pesimismo de Alberto, en parte tiene raz\u00f3n. Si no se orienta, la ola de sentimentalismo desatada por la muerte de Wojtyla puede ser contraproducente. Para los cat\u00f3licos, Juan Pablo II fue un papa entra\u00f1able, pero, no olvidemos, la vida de la Iglesia no se agota en una persona, ni siquiera en un individuo de tal talla. Las comparaciones ser\u00e1n inevitables. En eso tiene raz\u00f3n mi amigo. Cuando el predecesor tuvo una personalidad tan n\u00edtida, delineada y s\u00f3lida, al sucesor no le queda sino definirse como continuador o innovador. El nuevo papado delimitar\u00e1 paulatinamente su estilo. Las conjeturas resultan prematuras. Eso s\u00ed, inevitablemente muchos dir\u00e1n \u00abmira c\u00f3mo se le parece este nuevo papa \u00bb o un t\u00edmido comentario, \u00ab\u00bfVes?, tiene otro estilo\u00bb. Comparaciones sin importancia siempre y cuando no menosprecien ni afecten la relaci\u00f3n con el nuevo pont\u00edfice. El sentimentalismo puede ser peligroso en la medida que la admiraci\u00f3n por Juan Pablo II la perjudique. El Papa y los medios Se ha repetido hasta la saciedad que Wojtyla fue un Papa medi\u00e1tico, se sent\u00eda c\u00f3modo frente a las c\u00e1maras de TV y, lo que es m\u00e1s importante, hizo que San Pedro fuese noticia siempre. Con su estrategia, dot\u00f3 de un rostro visible a la Iglesia en esta civilizaci\u00f3n del homo videns. Sab\u00eda que una Iglesia sin presencia en los mass media equival\u00eda a una Iglesia ausente del mundo. Conocimos el carisma de Juan Pablo II a trav\u00e9s de la televisi\u00f3n. Sus enc\u00edclicas y diarios se discutieron en noticiarios con mayor o menor profundidad. Un cortejo de reporteros lo acompa\u00f1\u00f3 en sus viajes. Se manejaba con soltura frente a c\u00e1maras y reporteros, pero no era un papa histri\u00f3nico. Uno de los primeros retos del nuevo Papa es colocarse en los medios de comunicaci\u00f3n. Sony, Fox, CNN son los maestros del mundo contempor\u00e1neo. Desde Hollywood nos educan y deseducan. Ellos pontifican y declaran qu\u00e9 es lo bueno y lo malo. Visto s\u00f3lo con ojos esc\u00e9pticos y descre\u00eddos, la suerte del cristianismo depende del talante de los personajes en los programas de moda. No, los intelectuales no son los cr\u00edticos m\u00e1s duros de los valores cristianos. Son las series de televisi\u00f3n y las pel\u00edculas premiadas con \u00d3scares las que de verdad modelan las mentalidades postcristianas. Puede m\u00e1s Mar adentro en pro de la eutanasia que la disertaci\u00f3n de un fil\u00f3sofo liberal. Juan Pablo II detect\u00f3 el reto y se hizo presente en las pantallas. Cada minuto que \u00e9l ocupaba era, por as\u00ed decirlo, un minuto ganado a la desacralizaci\u00f3n del mundo. El nuevo Papa tiene frente a s\u00ed la tarea de mantener a la Iglesia como un asunto p\u00fablico, algo que concierne a cualquiera que enciende la televisi\u00f3n, un agente m\u00e1s en la formaci\u00f3n de mentalidades. Hace poco, la Uni\u00f3n Europea discut\u00eda si debe reconocer al cristianismo, junto con la cultura grecolatina y el esp\u00edritu ilustrado, como una de las ra\u00edces comunes. Cualquier historiador sabe que Europa lleva la marca cristiana. Que lospol\u00edticos se negaran a reconocerlo, revela cu\u00e1n avanzado est\u00e1 el neopaganismo del que habla el entonces cardenal Ratzinger. El nuevo papa no puede bajar la guardia. Debe intentar conservar el rating de Juan Pablo II. En el contexto de una Europa que cuestiona si le debe algo al cristianismo, la presencia en los medios de la cabeza de la Iglesia Cat\u00f3lica no es f\u00fatil ni banal, es cuesti\u00f3n de sobrevivencia (insisto, hablando s\u00f3lo de un modo \u00abhumano y descre\u00eddo\u00bb, sin la perspectiva de la fe). El Papa conservador A Juan Pablo II se le adjetiv\u00f3 como \u00abconservador\u00bb. De ordinario, el calificativo ven\u00eda de sus cr\u00edticos y cargaba un tinte peyorativo. Ten\u00edan raz\u00f3n: era un conservador. 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Cada pa\u00eds, cada regi\u00f3n, cada ciudad aseguraba ser la predilecta del difunto pont\u00edfice. Las diversas comunidades, y a\u00fan las personas, consideraban que este Papa las amaba a ellas en especial. No, no era un amor abstracto a la humanidad o a la cristiandad; la gente hablaba de un amor particular y concreto. Fen\u00f3meno que sorprende a todos. Los fans de un cantante se resignan a mendigar una sonrisa fr\u00eda, un beso rutinario, un aut\u00f3grafo impersonal. Son capaces de esperar horas y horas para robar una mirada del artista en turno. Coleccionan art\u00edculos y colocan fotograf\u00edas en la cabecera de sus camas, pero los fans saben que no son Alguien para el famoso; son eso, un colectivo, una multitud, fans. El fen\u00f3meno Juan Pablo II sorprend\u00eda porque sus fieles se sent\u00edan confortados personalmente. Durante las celebraciones lit\u00fargicas con miles de personas, la sotana blanca era apenas un punto perdido en el horizonte. Pocos afortunados lo ve\u00edan de cerca, pocos, muy pocos, intercambiaban algunas palabras con \u00e9l. Y, sin embargo, las muchedumbres se sent\u00edan interpeladas personalmente. Abundan las historias de quienes, al veloz paso del papam\u00f3vil, aseguran que el Papa los mir\u00f3. La empat\u00eda era uno de los rasgos definitorios de la personalidad de Wojtyla. Toda una generaci\u00f3n no conoce sino a este Papa. Los mayores recordamos vagamente a Paulo VI, muy pocos, guardan alg\u00fan recuerdo de Juan XXIII. Para la inmensa mayor\u00eda, la palabra \u00abPapa\u00bb no evoca un t\u00edtulo o una funci\u00f3n, sino una persona de rostro expresivo: Juan Pablo II. La inevitable comparaci\u00f3n Lo queramos o no, el nuevo Papa ser\u00e1 comparado durante su reinado con el anterior. El sucesor ser\u00e1 inseparable de su predecesor. No hay que asustarse. Acontece en cualquier instituci\u00f3n que ha sido gobernada por un individuo sobresaliente. Toda una generaci\u00f3n mirar\u00e1 hacia Roma con un deje de nostalgia, buscando en vano a Wojtyla. A pocos d\u00edas del deceso, Alberto amigo y colega me comentaba con preocupaci\u00f3n \u00abCon el sentimentalismo de los mexicanos, si los medios no hacen una campa\u00f1a para decirnos que debemos querer al nuevo Papa, la gente se la pasar\u00e1 comparando Capaz de que ni lo quieren. Ojal\u00e1 Juan Pablo II hubiera dejado una carta pidiendo que quisi\u00e9ramos a su sucesor, porque si no\u00bb. Aunque no comparto el pesimismo de Alberto, en parte tiene raz\u00f3n. Si no se orienta, la ola de sentimentalismo desatada por la muerte de Wojtyla puede ser contraproducente. Para los cat\u00f3licos, Juan Pablo II fue un papa entra\u00f1able, pero, no olvidemos, la vida de la Iglesia no se agota en una persona, ni siquiera en un individuo de tal talla. Las comparaciones ser\u00e1n inevitables. En eso tiene raz\u00f3n mi amigo. Cuando el predecesor tuvo una personalidad tan n\u00edtida, delineada y s\u00f3lida, al sucesor no le queda sino definirse como continuador o innovador. El nuevo papado delimitar\u00e1 paulatinamente su estilo. Las conjeturas resultan prematuras. Eso s\u00ed, inevitablemente muchos dir\u00e1n \u00abmira c\u00f3mo se le parece este nuevo papa \u00bb o un t\u00edmido comentario, \u00ab\u00bfVes?, tiene otro estilo\u00bb. Comparaciones sin importancia siempre y cuando no menosprecien ni afecten la relaci\u00f3n con el nuevo pont\u00edfice. El sentimentalismo puede ser peligroso en la medida que la admiraci\u00f3n por Juan Pablo II la perjudique. El Papa y los medios Se ha repetido hasta la saciedad que Wojtyla fue un Papa medi\u00e1tico, se sent\u00eda c\u00f3modo frente a las c\u00e1maras de TV y, lo que es m\u00e1s importante, hizo que San Pedro fuese noticia siempre. Con su estrategia, dot\u00f3 de un rostro visible a la Iglesia en esta civilizaci\u00f3n del homo videns. Sab\u00eda que una Iglesia sin presencia en los mass media equival\u00eda a una Iglesia ausente del mundo. Conocimos el carisma de Juan Pablo II a trav\u00e9s de la televisi\u00f3n. Sus enc\u00edclicas y diarios se discutieron en noticiarios con mayor o menor profundidad. Un cortejo de reporteros lo acompa\u00f1\u00f3 en sus viajes. Se manejaba con soltura frente a c\u00e1maras y reporteros, pero no era un papa histri\u00f3nico. Uno de los primeros retos del nuevo Papa es colocarse en los medios de comunicaci\u00f3n. Sony, Fox, CNN son los maestros del mundo contempor\u00e1neo. Desde Hollywood nos educan y deseducan. Ellos pontifican y declaran qu\u00e9 es lo bueno y lo malo. Visto s\u00f3lo con ojos esc\u00e9pticos y descre\u00eddos, la suerte del cristianismo depende del talante de los personajes en los programas de moda. No, los intelectuales no son los cr\u00edticos m\u00e1s duros de los valores cristianos. Son las series de televisi\u00f3n y las pel\u00edculas premiadas con \u00d3scares las que de verdad modelan las mentalidades postcristianas. Puede m\u00e1s Mar adentro en pro de la eutanasia que la disertaci\u00f3n de un fil\u00f3sofo liberal. Juan Pablo II detect\u00f3 el reto y se hizo presente en las pantallas. Cada minuto que \u00e9l ocupaba era, por as\u00ed decirlo, un minuto ganado a la desacralizaci\u00f3n del mundo. El nuevo Papa tiene frente a s\u00ed la tarea de mantener a la Iglesia como un asunto p\u00fablico, algo que concierne a cualquiera que enciende la televisi\u00f3n, un agente m\u00e1s en la formaci\u00f3n de mentalidades. Hace poco, la Uni\u00f3n Europea discut\u00eda si debe reconocer al cristianismo, junto con la cultura grecolatina y el esp\u00edritu ilustrado, como una de las ra\u00edces comunes. Cualquier historiador sabe que Europa lleva la marca cristiana. Que lospol\u00edticos se negaran a reconocerlo, revela cu\u00e1n avanzado est\u00e1 el neopaganismo del que habla el entonces cardenal Ratzinger. El nuevo papa no puede bajar la guardia. Debe intentar conservar el rating de Juan Pablo II. En el contexto de una Europa que cuestiona si le debe algo al cristianismo, la presencia en los medios de la cabeza de la Iglesia Cat\u00f3lica no es f\u00fatil ni banal, es cuesti\u00f3n de sobrevivencia (insisto, hablando s\u00f3lo de un modo \u00abhumano y descre\u00eddo\u00bb, sin la perspectiva de la fe). El Papa conservador A Juan Pablo II se le adjetiv\u00f3 como \u00abconservador\u00bb. De ordinario, el calificativo ven\u00eda de sus cr\u00edticos y cargaba un tinte peyorativo. Ten\u00edan raz\u00f3n: era un conservador. 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