{"id":27620,"date":"2005-01-01T00:00:00","date_gmt":"2005-01-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=27620"},"modified":"2005-01-01T00:00:00","modified_gmt":"2005-01-01T00:00:00","slug":"donde_nace_el_error","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2005\/01\/01\/donde_nace_el_error\/","title":{"rendered":"\u00bfD\u00f3nde nace el error?"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"27620\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p>\u00abYo solamente veo bolas que chocan unas con otras, pero no veo, por ninguna parte, las causas\u00bb. Estas, o parecidas palabras, expres\u00f3 a sus disc\u00edpulos uno de los paladines del empirismo al tratar de demostrar la irrealidad de los abstractos y abstrusos conceptos de la Metaf\u00edsica. En concreto, del concepto etiolog\u00eda como el estudio de las causas de un fen\u00f3meno. Se vali\u00f3, para ello, de un sencillo experimento: golpear, con el taco correspondiente, una primera bola que, a su vez, hizo chocar entre s\u00ed las dem\u00e1s bolas dispuestas sobre el lienzo verde de una mesa de billar.<br>\nAs\u00ed crey\u00f3 demostrar la inconsistencia de la cl\u00e1sica teor\u00eda de la causalidad. Sin embargo, a decir de Leonardo Polo, lo \u00fanico que demostr\u00f3 fue que para entender la causalidad, hace falta una potencia distinta y superior a la sensible.<br>\nEsto recuerda la muy conocida reacci\u00f3n de Plat\u00f3n cuando uno de sus cr\u00edticos, renuente a la conceptualizaci\u00f3n filos\u00f3fica, le objet\u00f3: \u00abYo veo caballos concretos, pero no veo naturalezas de caballos\u00bb. A lo que Plat\u00f3n contest\u00f3: \u00abEso demuestra que tienes ojos, pero no inteligencia\u00bb.<br>\n<strong>\u00bfQU\u00c9 CAUSA EL ERROR?<\/strong><br>\nEl mismo t\u00edtulo del libro de Llano resulta sugestivo: etiolog\u00eda (del griego ait\u00eda, a\u00edtion: causa), que podemos entender como el estudio de las causas l\u00f3gicas o reales, \u00e9ticas o psicol\u00f3gicas que propician que cometamos errores; o el an\u00e1lisis de la relaci\u00f3n entre el error y sus causas.<br>\n\u00abConsideramos explica el autor que la problem\u00e1tica del error debe tratarse desde sus razones \u00faltimas, lo cual se consigue analizando el sujeto que se equivoca, ya que, como se ver\u00e1, el entendimiento de suyo no comete errores. El error es humano\u00bb.<br>\nEn dos asim\u00e9tricos apartados, construidos con estilo cr\u00edtico, filos\u00f3fico y pedag\u00f3gico, emprende el an\u00e1lisis de una realidad universal e intemporal: el error.<br>\n\u00abEl error se comete por los seres humanos tanto en la vida pr\u00e1ctica como en la especulativa. Por ello necesitamos conocer algunos de los errores m\u00e1s comunes que se dan en la raz\u00f3n pr\u00e1ctica que es el \u00e1mbito donde cotidianamente (Lebenswelt) nos manejamos como hombres comunes y corrientes, antes que los de la raz\u00f3n especulativa\u00bb.<br>\nEn efecto: el error tiene sus causas y, una vez causado, es causa de muchos otros efectos, no necesariamente err\u00f3neos. A esto se debe me atrevo a pensar que despu\u00e9s de la \u00e1gnoia ignorancia acicateada por la curiosidad, el error pseud\u00f3s empujado por el reto ha provocado muchas discusiones en la historia del pensamiento.<br>\nYa sea para estudiarlo, enmendarlo, corregirlo o prevenirlo, el error ha originado estudios, discusiones y penetrantes ejercicios especulativos, hasta convertirse en un asunto de vieja solera filos\u00f3fica.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>DUDOSA MODERNIDAD<\/strong><\/p>\n<p>Carlos Llano analiza el error desde su radical complejidad y lo trae a las dimensiones m\u00e1s pragm\u00e1ticas de la vida humana. Desde el an\u00e1lisis de \u00ablas trampas o falacias motivadoras de algunos de los errores de la raz\u00f3n pr\u00e1ctica\u00bb, extrae interesantes conclusiones antropol\u00f3gicas y \u00e9ticas. Junto al error, estudia el acierto; frente a lo hist\u00f3rico, revisa lo actual; al lado de las causas, apunta los remedios; a cada respuesta, acompa\u00f1a una propuesta.1<br>\nCon esta obra el autor presiona un timbre de alarma para quienes se inquietan excesivamente por la eficacia, mostrando que esta puede ser, al menos, de dos clases: la del dinamismo directo, de la fuerza que produce, dirige y organiza; y la del intelecto, de la verdad y el bien. Resulta as\u00ed una clara invitaci\u00f3n a dirigir nuestros esfuerzos hacia la eficacia del intelecto bien formado y la reflexi\u00f3n cr\u00edtica, atenta y reiterada.<br>\nEl trabajo puede interpretarse como una oportuna respuesta a la teor\u00eda del conocimiento de la modernidad, que permea la cultura del siglo XXI y que comenz\u00f3, seg\u00fan Hanna Arendt, con la duda cartesiana. Esta escuela de la sospecha, como la calific\u00f3 Nietzsche, se inaugura con una primera pesadilla: la duda sobre la efectiva realidad del mundo y la aptitud de la mente humana para conocer con certidumbre.<br>\nSi no se puede confiar en la verdad de la tradici\u00f3n, ni en la de los sentidos, la raz\u00f3n, el sentido com\u00fan o del testimonio ajeno, entonces todo lo que consideramos realidad o fantas\u00eda, verdad o falsedad, son modalidades de un mismo sue\u00f1o, ilusi\u00f3n o, peor a\u00fan, de una alucinaci\u00f3n.<br>\nLa modernidad surge por un intento de evitar toda posibilidad de errar al juzgar la realidad. De ah\u00ed que en esa \u00e9poca las preocupaciones fueran l\u00f3gicas y metodol\u00f3gicas. El ansia de autocercioramiento, una vez que se rompe con la objetividad, oblig\u00f3 a la filosof\u00eda a convertirse en mera reflexi\u00f3n sobre s\u00ed misma. Ello propici\u00f3, entre otros efectos, una larga cadena de roturas que se dispararon en direcciones a veces contradictorias.<br>\n<strong>YO PIENSO, YO OPINO, YO SIENTO QUE<\/strong><br>\nSin perder de vista la esencial unidad del sujeto que conoce, acierta o yerra Llano analiza con recursos cl\u00e1sicos y cr\u00edticos los elementos del error. Se refiere a un sujeto que no est\u00e1 s\u00f3lo ante una realidad que puede conocer y en la que puede actuar, sino que \u00e9l mismo es una realidad que forma parte de un todo real. Un todo que a su vez se ofrece al conocimiento humano como m\u00faltiple y diverso.<br>\n\u00abSi no fu\u00e9ramos capaces de juzgar sobre la realidad, no ser\u00edamos capaces de verdad ni de falsedad dice Llano. A diversidad de objetos corresponde diversidad de m\u00e9todos. Es el objeto quien lleva la iniciativa; quien indica la forma en que quiere, en que debe, en que permite ser estudiado. As\u00ed, la reflexi\u00f3n sobre el objeto se constituye en el pastor del m\u00e9todo; debido al cuidado que le corresponde poner, a fin de seleccionar el adecuado para cada objeto de pensamiento, y cuidar del riguroso seguimiento de sus exigencias\u00bb.<br>\nInsistir en la importancia y necesidad de reflexionar con fundamento en la cosa, se presenta como el mejor remedio natural contra el error. La reflexi\u00f3n cr\u00edtica quiere ser una invitaci\u00f3n a pensar, y a pensar bien; a conocer, y a conocer con verdad.<br>\nSe trata de una invitaci\u00f3n que se antoja llevar a nuestros escenarios cotidianos, por ejemplo: a la C\u00e1mara de Diputados el pasado primero de septiembre; al periodismo ficci\u00f3n denunciado por la revista Gallup, seg\u00fan la cual, \u00abel nivel de confiabilidad de los periodistas est\u00e1 al nivel de los polic\u00edas y de quienes venden autos usados\u00bb; a las explicaciones cient\u00edficas del antrop\u00f3logo Lapourgue que dicen: \u00abreservar la reproducci\u00f3n para una \u00e9lite de hombres y mujeres de superiores dotes, tendr\u00eda como efecto (dice \u00e9l textualmente): que al cabo de uno o dos siglos nos codear\u00edamos por la calle s\u00f3lo con gente talentosa\u00bb. (En mi caso, s\u00f3lo me queda considerar que a los 265 a\u00f1os de edad, poco podr\u00e9 percatarme de con qui\u00e9n me codeo).<br>\nY podemos hacer extensiva esta invitaci\u00f3n a escenarios m\u00e1s formales: acad\u00e9micos o laborales, pongamos por caso, donde jefes y empleados, profesores y alumnos, viejos y j\u00f3venes, hombres y mujeres, intercambian mon\u00f3logos colectivos del orden de \u00absiento que\u00bb, \u00abopino que\u00bb, \u00abestoy convencido de que\u00bb, \u00abtengo la impresi\u00f3n de que\u00bb, etc\u00e9tera. Son los llamados \u00abparadi\u00e1logos\u00bb di\u00e1logos de sordos o intercambios de mon\u00f3logos que construyen interminables cadenas de errores. Esta generalizaci\u00f3n del error, que alguien ha llamado irreflexi\u00f3n pat\u00f3gena o epidemia de inepcia, reclama su justificaci\u00f3n en lo que se entiende como \u00abrespeto a la opini\u00f3n\u00bb. Es la \u00abtolerancia\u00bb que algunos formulan as\u00ed: \u00abDame la raz\u00f3n y yo estar\u00e9 de acuerdo contigo; considera que mis opiniones son correctas y har\u00e9 lo mismo con las tuyas\u00bb.<br>\nTolerancia no siempre inofensiva, sobre todo cuando significa: \u00abYo estoy en la verdad y t\u00fa en el error. Cuando t\u00fa seas el m\u00e1s fuerte, tendr\u00e1s que tolerarme, pues tu deber es tolerar la verdad. Pero cuando yo sea el m\u00e1s fuerte, tendr\u00e9 que perseguirte, pues mi deber es perseguir el error\u00bb.<br>\nPor fortuna, Carlos Llano recuerda que en la reflexi\u00f3n tenemos el m\u00e1ximo remedio para no caer en el error o, en su caso, salir de \u00e9l: \u00abLa reflexi\u00f3n es el remedio natural con el que la inteligencia se autoprotege ante la incursi\u00f3n de factores no intelectuales\u00bb que desfiguran el ser verdadero de la realidad.<br>\n<strong>EL ERROR ES DIVERTIDO<\/strong><br>\nTambi\u00e9n podemos considerar si se me permite una breve digresi\u00f3n que el error, adem\u00e1s, de ser polimorfo y evasivo, resulta divertido. Porque los hay que se revelan de inmediato, como el que dice: \u00abEs muy dif\u00edcil profetizar, sobre todo trat\u00e1ndose del futuro\u00bb; o el poema que empieza: \u00abEra de noche, y sin embargo llov\u00eda\u00bb. Otros, en cambio, parecen errores, pero no lo son. Por ejemplo, cuando Chesterton se\u00f1ala: \u00abEra natural que, estando en la India, aprovecharan para conocer Toronto\u00bb2. O cuando Azor\u00edn considera: \u00abQuien es capaz de comerse un huevo frito, es capaz de comerse a su padre y a su madre\u00bb3.<br>\nPor desgracia, tambi\u00e9n se lanzan afirmaciones que pueden parecer acertadas, pero que en realidad son errores de graves repercusiones, como cuando Mil\u00e1n Kundera se atreve a sentenciar: \u00abEl que crea estar seguro de su verdad, es un imb\u00e9cil\u00bb. (Bastar\u00eda con preguntarle a este insigne literato: \u00bfest\u00e1 usted seguro?).<br>\nComo quiera que sea, la inevitabilidad de los errores humanos, indica que el error posee cierta necesidad y una determinada funci\u00f3n en la vida del hombre. (Apelo al principio de raz\u00f3n insuficiente apuntado por el doctor Llano: \u00abnada es a tal punto contingente que no tenga en s\u00ed nada de necesario\u00bb).<br>\nQuiz\u00e1 la primera funci\u00f3n del error, la fundamental, sea hacer sentir al hombre la tensi\u00f3n constante en la que se encuentra, entre su inexorable tendencia natural a conocer la verdad con certeza y la constataci\u00f3n vivencial de su no menos natural proclividad al error.<br>\nLa resoluci\u00f3n de tal tensi\u00f3n no se da de un modo necesario ni autom\u00e1tico. Por eso existen el error, la frustraci\u00f3n y el fracaso, que son como el eco de la pr\u00edstina tentaci\u00f3n que, seg\u00fan el relato b\u00edblico, confundi\u00f3 a nuestros protoparientes: eritis sicut dii (\u00abSer\u00e9is como dioses\u00bb). La tentaci\u00f3n de ser omnisapientes, de tener siempre la raz\u00f3n, de querer siempre quedar bien; tentaci\u00f3n que se opone al \u00aberrare humanum est\u00bb.<br>\nCon raz\u00f3n se ha dicho que la indagaci\u00f3n y posesi\u00f3n de la verdad en su sentido m\u00e1s pleno, no puede ser obra de una sola persona, por sabia que sea; ni siquiera de toda una generaci\u00f3n de individuos; sino que es labor de toda la humanidad a lo largo de los siglos. Consciente o inconscientemente, todos los humanos participamos en esa perentoria odisea a partir de lo que Dante llam\u00f3 la pregunta eterna, que no se atrevi\u00f3 a ubicar en el Para\u00edso, sino en el infierno.<br>\nEn esta nost\u00e1lgica indagatoria unos ayudan con sus aciertos, otros, parad\u00f3jicamente, ayudan con sus errores. Errores que propician nuevas investigaciones, redefinici\u00f3n de los problemas, nuevos descubrimientos, empleo de instrumentos de investigaci\u00f3n de mayor eficacia<br>\n<strong>UN MODO DE ENTENDER AL MUNDO<\/strong><br>\nQuien lea esta obra en clave pedag\u00f3gica encontrar\u00e1 interesantes consideraciones en cuanto a la teor\u00eda y la pr\u00e1ctica educativas. Porque la educaci\u00f3n intelectual de los j\u00f3venes es mucho m\u00e1s que transmitir conceptos e ideas. Consiste, sobre todo, en ense\u00f1arlos a \u00abjuzgar la realidad\u00bb, de tal modo que comprendan su complejidad y que el esp\u00edritu del hombre cuenta con fortalezas y debilidades. Ayudarlos a reconocer que el error es posible y que el misterio existe.<br>\nLa vida intelectual es algo muy distinto a un simple adiestramiento o aprendizaje; y distinta de una mera acumulaci\u00f3n de conocimientos. Llano muestra que es, ante todo, un enriquecimiento del esp\u00edritu por el ser y por todo lo que hace de la realidad un conjunto coherente, a fin de comprender la finalidad de la vida y descubrir los medios para alcanzarla. La reflexi\u00f3n, impelida y profundizada por el contacto y frecuentaci\u00f3n del ser, nos revela con m\u00e1s claridad nuestro ser, nuestro querer ser, nuestro poder ser y nuestro deber ser.<br>\nEl autor recuerda que las causas \u00e9ticas y psicol\u00f3gicas del error tienen remedio, y que la educaci\u00f3n es responsable de brindar tal terapeusis. De este modo, la formaci\u00f3n intelectual queda conectada debida e ineludiblemente con la formaci\u00f3n moral de la persona, ya que la conciencia moral se hace tanto m\u00e1s equilibrada y reflexiva cuanto mejor acierta a conocer y entender el mundo y el papel de cada uno en \u00e9l.<br>\nEn fin: la experiencia de leer Etiolog\u00eda del error, adem\u00e1s de aleccionadora, nos deja con \u00e1nimo optimista. Llano apunta que el error es una desgracia de la que podemos obtener m\u00faltiples provechos. Nos hace recordar las consoladoras palabras de S\u00e9neca cuando se\u00f1ala que: \u00abLa naturaleza nos ha hecho d\u00e9biles, falibles, y nos ha dado una raz\u00f3n imperfecta. Pero tambi\u00e9n nos dio la inteligencia, fuerza y docilidad sufi-cientes, para perfeccionarla\u00bb. O de Gandhi, cuando considera que: \u00abSi la suma total de los errores humanos fuera negativa, este mundo se habr\u00eda extinguido hace mucho tiempo\u00bb.<br>\nS\u00f3lo resta decir a quien tenga a bien adentrarse en este texto, el sabio consejo de Jean Guitton: \u00abCuando termines de leer un libro, que quede en ti no como en un ata\u00fad, sino como en una cuna\u00bb.<\/p>\n<p class=\"textogris\">Bibliograf\u00eda<\/p>\n<p>1 No menos interesante resulta el ap\u00e9ndice, conformado por una atinada selecci\u00f3n de textos de Santo Tom\u00e1s de Aquino sobre la falsedad y el error.<br>\n2 Los turistas, en su estancia en la India, aprovecharon para visitar la exposici\u00f3n que el gobierno de Canad\u00e1 hab\u00eda montado en Delhi.<br>\n3 Se refiere, naturalmente, a los padres del huevo: gallo y gallina.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"27620\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los errores humanos son enevitables, son una realidad que podemos aprovechar siempre y cuando sepamos c&oacute;mo superarlos. 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