{"id":27617,"date":"2005-01-01T00:00:00","date_gmt":"2005-01-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=27617"},"modified":"2005-01-01T00:00:00","modified_gmt":"2005-01-01T00:00:00","slug":"reclusos_en_su_cuarto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2005\/01\/01\/reclusos_en_su_cuarto\/","title":{"rendered":"Reclusos en su cuarto"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"27617\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p>Se les conoce con el apelativo de hikikomori, que en japon\u00e9s puede significar: inhibici\u00f3n, reclusi\u00f3n, aislamiento. La mayor\u00eda son (o han sido) estudiantes brillantes que no han podido sobrellevar el estr\u00e9s de las exigencias y requerimientos de una sociedad competitiva.<br>\nSu cuarto est\u00e1 abarrotado de aparatos de todas clases: televisor, PlayStation, DVD, ordenador, tel\u00e9fono celular (que ahora no usan). Se pasan la noche jugando con la computadora (videojuegos) o viendo televisi\u00f3n, y durante el d\u00eda duermen. La mayor\u00eda son pac\u00edficos, pero no todos.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>APARTARSE DEL MUNDO<\/strong><\/p>\n<p>El inesperado y con frecuencia repentino retiro silencioso de chicos y chicas normalmente alegres, inteligentes y sociables, es uno de los misterios m\u00e1s desconcertantes de la sociedad japonesa de hoy. Miles de adolescentes y j\u00f3venes se recluyen herm\u00e9ticamente en su cuarto, apart\u00e1ndose del mundo exterior.<br>\nComo ocurre con frecuencia en los trastornos ps\u00edquicos de conducta, su estado no se debate abiertamente. Pero el fen\u00f3meno es objeto de documentales televisivos, art\u00edculos de prensa y reportajes, as\u00ed como de m\u00e1s de treinta libros. Ellos tampoco quieren que se conozca y si los padres tratan de procurarles ayuda, se rebelan de forma violenta o amenazan con suicidarse.<br>\nLa mayor\u00eda permanecen literalmente encerrados, sin contacto con el exterior. Otros salen de vez en cuando de sus casas por breve tiempo, casi siempre de noche, rehusan trabajar y evitan todo tipo de trato social. Seg\u00fan datos estad\u00edsticos oficiales, 41% de ellos viven como reclusos entre uno y cinco a\u00f1os.<br>\nEn 2002 se registraron 6 mil 151 casos en 697 centros de salud. De todos modos, estas cifras no son en absoluto exhaustivas, porque la inmensa mayor\u00eda de los casos no se hacen p\u00fablicos. Bastantes sufren enfermedades mentales como depresi\u00f3n, agorafobia o esquizofrenia, pero los expertos dicen que la gran mayor\u00eda de estos \u00abreclusos\u00bb se encierran durante seis meses o m\u00e1s sin mostrar ninguna otra se\u00f1al de trastorno neurol\u00f3gico o psiqui\u00e1trico.<br>\nLos expertos estiman que el total de afectados supera el mill\u00f3n, lo que puede parecer exagerado. Pero mientras no se lleve a cabo un estudio m\u00e1s detallado de la cuesti\u00f3n, esas cifras son por el momento tan dif\u00edciles de probar como de refutar. Sin embargo, y aun teniendo en cuenta que este fen\u00f3meno no es exclusivo de la sociedad japonesa, bastantes psic\u00f3logos y otros expertos en trastornos mentales dicen que Jap\u00f3n tiene el mayor problema de este tipo en el mundo, y que sigue creciendo el n\u00famero de j\u00f3venes \u00abvoluntariamente\u00bb marginados de la sociedad.<br>\n<strong>LA CULTURA DE LA VERG\u00dcENZA<\/strong><br>\nLa severidad del problema se ha intensificado de forma dr\u00e1stica durante la recesi\u00f3n econ\u00f3mica que el pa\u00eds ha sufrido en la \u00faltima d\u00e9cada y que ha producido un r\u00e9cord de desempleo y falta de seguridad en el trabajo, a causa de la reestructuraci\u00f3n o quiebra de empresas.<br>\nEntre las diversas razones que dan para explicar este fen\u00f3meno, muchos expertos coinciden en que una de las principales es el descenso de la natalidad (el \u00edndice de fecundidad es de 1.3 hijos por mujer).<br>\nEl reducido n\u00famero de nacimientos significa que cada vez m\u00e1s familias tienen un solo hijo, en el que ponen todas sus esperanzas. Por otra parte, estos j\u00f3venes crecen sin un modelo de conducta masculino, porque sus padres est\u00e1n siempre fuera del hogar debido a las largas horas de permanencia en la empresa que les exige su trabajo, si quieren conservar su puesto.<br>\nAdem\u00e1s, la llamada \u00abcultura de la verg\u00fcenza\u00bb t\u00edpica de Jap\u00f3n hace que la gente est\u00e9 pendiente de c\u00f3mo son percibidos por otros, si tienen alg\u00fan problema de ajuste en su grupo social. \u00abUn blanco en el curr\u00edculum equivale a suicidio social. Una vez que te has separado del grupo en esta sociedad enfermiza dice una de las v\u00edctimas, que ha logrado recuperarse no hay forma humana de volver. Hikikomori no es una enfermedad propiamente dicha, sino una condici\u00f3n social. Mientras Jap\u00f3n no se convierta en un lugar m\u00e1s f\u00e1cil para vivir, el n\u00famero no disminuir\u00e1\u00bb.<br>\nSadatsugu Kudo, director de una ONG de ayuda a enfermos mentales, confirma esta opini\u00f3n al decir que \u00aben muchos pa\u00edses los j\u00f3venes experimentan angustia, depresi\u00f3n y retraimiento social, pero en ninguno esta situaci\u00f3n est\u00e1 tan extendida y es tan permanente como en Jap\u00f3n\u00bb.<br>\n<strong>COMUNICACI\u00d3N INTERRUMPIDA<\/strong><br>\nLa riqueza de Jap\u00f3n hace posible el fen\u00f3meno de aislamiento social. Tanto a los adolescentes como a los j\u00f3venes (conocidos con el apelativo de \u00absolterones par\u00e1sitos\u00bb) los mantienen sus padres. \u00abCuando yo era joven nadie se libraba de ir a trabajar. Ahora las familias tienen dinero suficiente y los hijos no necesitan encontrar trabajo enseguida\u00bb, dice Hiromi Ohno, cuyo hijo vive encerrado en su habitaci\u00f3n y a quien apenas ha visto en siete a\u00f1os. Ella y su marido han decidido no pasarle por debajo de la puerta de su cuarto un sobre con 50 mil yenes de asignaci\u00f3n mensual, como ven\u00edan haciendo desde hace a\u00f1os, para ver si as\u00ed sale de su \u00abnido\u00bb.<br>\nEn Jap\u00f3n es f\u00e1cil vivir entre cuatro paredes, dice Seiei Muto, de Tokyo Mental Health Academy, y con el descenso de la natalidad los ni\u00f1os juegan solos, comen solos, estudian solos.<br>\nMuto y otros dicen que en Jap\u00f3n hay un deterioro efectivo de la capacidad de comunicaci\u00f3n. El incremento del anonimato, sobre todo en las grandes ciudades, y el colapso de la mutua cooperaci\u00f3n entre vecinos son los factores principales.<br>\nTambi\u00e9n hay quienes piensan que el problema tiene profundas ra\u00edces hist\u00f3ricas y culturales. \u00abJap\u00f3n es un pa\u00eds rico, pero los japoneses carecemos de identidad y nos falta confianza y habilidad para comunicar con otros dice Tadashi Yamazoe, profesor de psicolog\u00eda cl\u00ednica en Kyoto Gakuen University, en una entrevista publicada en The Japan Times. Los japoneses tienen en general una personalidad pasiva\u00bb.<br>\nCon cierta exageraci\u00f3n, pero con un fondo de verdad, el novelista y director de cine Ryu Murakami dice que \u00abla falta de comunicaci\u00f3n prevalece en nuestra sociedad: en la familia, en la comunidad, entre empresarios y empleados, entre el mundo de las finanzas y el Ministerio de Hacienda, entre el gobierno y el pueblo\u2026\u00bb.<br>\nPero otros muchos dicen que hikikomori es un fen\u00f3meno moderno que evidencia la gran brecha generacional entre los que con su trabajo abnegado pusieron las bases y construyeron el \u00e9xito econ\u00f3mico de posguerra y sus hijos, que no quieren y ni siquiera pueden ya lograr el empleo vitalicio de sus padres, en la presente estructura econ\u00f3mica del pa\u00eds.<br>\n<strong>SE COMIENZA POR DEJAR DE IR A LA ESCUELA<\/strong><br>\n\u00abEn Jap\u00f3n, la educaci\u00f3n ha sido siempre, si no el \u00fanico, al menos el mejor camino para abrirse paso en la vida; pero en los \u00faltimos a\u00f1os un creciente n\u00famero de personas no lo sigue. Es f\u00e1cil decir que los resultados acad\u00e9micos no son todo, pero los padres no pueden sugerir otro camino, porque no lo conocen\u00bb, dice Naoki Futagami, fundador de New Start Foundation, una organizaci\u00f3n no lucrativa para ayudar a los hikikomori.<br>\nDesde este punto de vista, el gran n\u00famero de \u00abreclusos\u00bb compendia los problemas sociales del Jap\u00f3n moderno. Para muchos de los reclusos adultos todo empez\u00f3 con el abandono de sus estudios. Es sorprendente el elevado n\u00famero de los que dejan de estudiar o no asisten a clase durante largos per\u00edodos, sobre todo en un pa\u00eds hist\u00f3ricamente obsesionado por la educaci\u00f3n. Seg\u00fan estad\u00edsticas recientes, alrededor de 135 mil alumnos de primaria y de secundaria han faltado a clase durante m\u00e1s de 30 d\u00edas por curso, en los \u00faltimos a\u00f1os. M\u00e1s del doble del r\u00e9cord registrado en la d\u00e9cada anterior. En bastantes casos el problema de hikikomori comienza por dejar de ir a clase un d\u00eda. Pocas semanas despu\u00e9s dejan de ir a la escuela por completo y en otras pocas semanas se encierran en su cuarto para no salir ya en meses o incluso a\u00f1os.<br>\nPara otros, lo que provoca esta situaci\u00f3n es un fracaso acad\u00e9mico, como, por ejemplo, no superar los ex\u00e1menes de ingreso en la universidad al primer intento, cosa, por otra parte, bastante normal. Lo com\u00fan es que los que no pasan esos ex\u00e1menes estudien un a\u00f1o m\u00e1s en escuelas de repaso especializadas y vuelvan a probar suerte. El hijo de la se\u00f1ora Itoh dijo que estudiar\u00eda por su cuenta. Este repliegue fue lo que desencaden\u00f3 la crisis. La familia trat\u00f3 de esconder el problema no hablando de ello ni siquiera a los familiares m\u00e1s pr\u00f3ximos.<br>\nFutagami dice que esto significa que la familia entera se encierra en s\u00ed misma, haciendo el problema m\u00e1s dif\u00edcil de resolver. \u00abHay cosas que los padres pueden hacer y otras que no pueden hacer. Necesitan ser m\u00e1s abiertos y cultivar las relaciones sociales. Yo veo este fen\u00f3meno contin\u00faa como una enfermedad de la sociedad en s\u00ed. Nadie ayuda a esas personas, por lo que su n\u00famero aumenta\u00bb.<br>\n<strong>VISITARLOS PARA SACARLOS<\/strong><br>\nAunque son bastantes los padres afectados, la mayor\u00eda no quieren publicidad. Pero se quejan de que el problema de hikikomori est\u00e1 tan extendido, que el sistema de asistencia social no puede dar abasto y ellos est\u00e1n desesperados sin saber qu\u00e9 hacer. Ser padres de uno de estos casos, afirman algunos, es peor que padecer una enfermedad grave.<br>\nNo es f\u00e1cil ayudar a los que padecen de retraimiento social, ya que no quieren salir de su encierro ni quieren hablar con nadie. De acuerdo con varias organizaciones no lucrativas dedicadas a ayudar a los hikikomori, sacarlos de su encierro requiere un proceso largo y un esfuerzo minucioso, pero no es imposible.<br>\nA medida que el problema recibe mayor atenci\u00f3n por parte de la sociedad, van tambi\u00e9n en aumento los centros de orientaci\u00f3n, las cl\u00ednicas de salud mental y terapia ps\u00edquica y, en general, los grupos de ayuda a los padres.<br>\nConstantes visitas durante meses y a veces a\u00f1os consiguen sacar a los afectados de su encierro. Pero encontrar trabajo despu\u00e9s de haber estado aislados socialmente durante tanto tiempo, es extraordinariamente dif\u00edcil.<br>\nEn parte para resolver este problema, organizaciones no lucrativas, que funcionan en varias prefecturas, llevan centros de asistencia social para ancianos, restaurantes o cafeter\u00edas, etc\u00e9tera, donde los hikikomori pueden empezar a trabajar, al menos por un tiempo, hasta que consigan suficiente confianza para reincorporarse a sociedad.<br>\n\u00abPor supuesto, nosotros queremos que los hikikomori salgan de su encierro y se sientan a gusto hablando con la gente, pero este no es nuestro objetivo principal. A no ser que se les equipe para volver a ser miembros productivos de la sociedad, no podr\u00e1n recuperarse por completo\u00bb, dice la directora de Second Chance, Eiko Naruse. Actualmente su organizaci\u00f3n est\u00e1 ayudando a cerca de cincuenta hikikomori de edades comprendidas entre los 18 y 48 a\u00f1os.<br>\nLa mayor\u00eda de las organizaciones de ayuda tienen problemas econ\u00f3micos. Dice Masayuki Okuyama director de una de ellas, con m\u00e1s de seis mil socios: \u00abPuesto que el fen\u00f3meno de hikikomori es considerado como un estado de \u00e1nimo y no como una discapacidad, el gobierno s\u00f3lo nos da una fracci\u00f3n de la ayuda que reciben las familias de los discapacitados f\u00edsicos o mentales\u00bb. Y, en consecuencia, las familias no tienen derecho a recibir prestaciones sociales.<br>\nAlgunos, como Okuyama, piensan que el gobierno deber\u00eda poner al menos un millar de centros de ayuda, pero no todos los activistas comparten este punto de vista. La se\u00f1ora Atsuko Akita, que ofreci\u00f3 sus servicios en el comit\u00e9 de hikikomori del Ministerio de Salud P\u00fablica, antes de fundar, hace siete a\u00f1os, la organizaci\u00f3n \u00abWatage no Kai\u00bb, donde ha atendido m\u00e1s de 800 casos, dice a ese respecto: \u00abConstruyes unas instalaciones de primera, las llenas de personal especializado, pero \u00bfir\u00e1n all\u00ed los hikikomori? Es necesario que las familias lleven a cabo estos programas. Si aceptas dinero del gobierno, corres el riesgo de que te digan c\u00f3mo hay que hacerlo\u00bb.<br>\nLa conclusi\u00f3n seg\u00fan la opini\u00f3n tanto de los que trabajan en este campo, como de los afectados que se han recuperado es que este tipo de trastorno necesita ser tratado caso por caso, con mucha paciencia y constancia. Y el resultado no es predecible.<br>\n<strong>CASOS VIOLENTOS<\/strong><br>\nDesde hace unos a\u00f1os Jap\u00f3n ha experimentado un aluvi\u00f3n de cr\u00edmenes y casos de violencia juvenil. En 2000 hubo varios casos muy seguidos que acumularon la atenci\u00f3n de los medios y del p\u00fablico en general. Uno de los m\u00e1s llamativos fue as\u00ed:<br>\nUn buen d\u00eda de mayo un muchacho de 17 a\u00f1os, recluso en su casa desde hace meses, sale armado con un cuchillo de cocina, secuestra un autob\u00fas con 10 personas a bordo, durante cerca de 19 horas el autob\u00fas da vueltas por pueblos vecinos a Hiroshima. Antes de que la polic\u00eda pueda rescatar a los rehenes, mata a una se\u00f1ora con el cuchillo. El p\u00fablico sigue toda la secuencia de acontecimientos por televisi\u00f3n.<br>\nEn este y otros casos similares, se comprob\u00f3 que los causantes sufr\u00edan de retraimiento social. El estupor y el miedo hicieron mella en la sociedad y desde entonces, aunque ha habido algunos otros casos de violencia, los japoneses muestran mayor comprensi\u00f3n con los hikikomori.<br>\nLos expertos aseguran que la mayor\u00eda no son violentos, sino s\u00f3lo antisociales. Muchos desean comportarse como una persona normal, pero se sienten totalmente incapaces de hacerlo, por lo que con cierta frecuencia desahogan esa ansiedad recurriendo a la violencia y agrediendo a los que est\u00e1n m\u00e1s cerca.<br>\nHay quienes sienten fuertes deseos de atacar a alguien o incluso de experimentar la sensaci\u00f3n de matar a un ser humano, o bien de suicidarse.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"27617\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Han crecido en una de las sociedades m&aacute;s ricas del mundo. Sus padres les han proporcionado todo lo que han querido y m&aacute;s, pero no tienen amigos y muchos son hijos &uacute;nicos. No hablan con nadie y est&aacute;n encerrados en su cuarto. 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