{"id":27521,"date":"2004-11-01T00:00:00","date_gmt":"2004-11-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=27521"},"modified":"2004-11-01T00:00:00","modified_gmt":"2004-11-01T00:00:00","slug":"bergman_el_caballero_y_la_muerte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2004\/11\/01\/bergman_el_caballero_y_la_muerte\/","title":{"rendered":"Bergman, el Caballero y la Muerte"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"27521\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p class=\"subtit\"><strong>EL S\u00c9PTIMO SELLO<\/strong><\/p>\n<p>A pesar de los a\u00f1os transcurridos, conservo fresca en el recuerdo la expectaci\u00f3n un tanto morbosa que, all\u00e1 por los sesenta y sobre todo en los \u00e1mbitos intelectuales, despertaba en Espa\u00f1a cada estreno de Ingmar Bergman.<br>\nPor una de esas casualidades de la vida, hace pocas horas he tenido el privilegio de volver a disfrutar de una de sus cintas m\u00e1s logradas: El s\u00e9ptimo sello.<br>\nLa historia es conocida. En los atardeceres de la Edad Media, el noble Antonius Block regresa de una cruzada en Tierra Santa. Pero, al contrario de lo que hab\u00eda sucedido en otras ocasiones, esta vez su coraz\u00f3n se encuentra oprimido por la angustia. Ha perdido la fe, anta\u00f1o firme y tan consoladora.<br>\nDurante el camino, mientras se debate entre dudas cada vez m\u00e1s sombr\u00edas y atormentadas, la Muerte le sale al paso. Ha llegado su hora. Pero el gentilhombre todav\u00eda no se siente preparado y logra establecer un compromiso con ella. La desaf\u00eda a una partida de ajedrez, que se desplegar\u00e1 a lo largo del retorno: mientras Block resista en el juego, continuar\u00e1 viviendo, y si vence, la Muerte se alejar\u00e1 de \u00e9l.<br>\n<strong>LA MUERTE, GRAN OLVIDADA<\/strong><br>\nAunque el tono, el contexto y la textura cinematogr\u00e1fica resulten tan dispares, es f\u00e1cil descubrir un cierto parecido entre este planteamiento y el argumento central de uno de los filmes m\u00e1s taquilleros de hace algunos a\u00f1os, \u00bfConoces a Joe Black? En ella act\u00faa de forma briosa y casi insuperable Anthony Hopkins. Tambi\u00e9n particip\u00f3 Brad Pitt de modo brillante, pero menos maduro y un tanto fr\u00edo y envarado.<br>\nVolviendo a Bergman, quiero evocar el episodio quiz\u00e1s m\u00e1s significativo de la historia: la escena en que se explicita el sentido del duelo entre el Caballero y la Muerte. En una pausa del viaje, Antonius Block se detiene ante una peque\u00f1a iglesia en medio del campo y entra en ella. Se arrodilla frente al altar. Silencio, penumbras, aire fresco. Im\u00e1genes de santos, el rostro de Cristo que parece explotar en un grito de agon\u00eda, la figura de un demonio al acecho, all\u00e1 en lo alto<br>\nEl arist\u00f3crata oye ruido en el confesionario y se acerca a \u00e9l. En su interior, los espectadores pueden fugazmente contemplar el huidizo perfil de la Muerte, que Block, por el contrario, no reconoce. Di\u00e1logo dilatado entre uno y Otra. El Caballero se resiste a morir antes de saber con certeza: \u00abQuiero el conocimiento, no la fe. No suposiciones, sino el conocimiento. Quiero que Dios tienda su mano hacia m\u00ed, se revele y me hable. Lo llamo y no me contesta. Parece que no haya nadie\u00bb. La Muerte contesta lac\u00f3nica: \u00abQuiz\u00e1s es que no hay nadie\u00bb. \u00abPero entonces replica Block la vida es un error atroz. Nadie puede vivir con la mirada puesta en la muerte, sabiendo que todo es nada\u00bb. La Muerte: \u00abLa mayor parte de la gente nunca reflexiona sobre la muerte ni sobre la futilidad de la vida\u00bb. Y de nuevo nuestro noble, impulsado por su propia experiencia: \u00abPero un d\u00eda se encontrar\u00e1n ante el \u00faltimo momento de su vida y mirar\u00e1n hacia las tinieblas\u00bb.<br>\nDesde dentro del confesionario se le pregunta entonces si ese es el motivo de que juegue al ajedrez con la Muerte. Block lo confirma y a\u00f1ade, ante el simulado e inquisitivo asombro de su \u00abconfesor\u00bb, que todav\u00eda no ha perdido ni una sola pieza porque emplea una t\u00e1ctica combinada de caballo y alfil, que su oponente no ha descubierto. Sin embargo, en el pr\u00f3ximo movimiento pasar\u00e1 al ataque y producir\u00e1 aut\u00e9nticos estragos. La Muerte, ir\u00f3nica y punzante: \u00abLo tendr\u00e9 muy en cuenta\u00bb. Y tras mostrar un instante su cara por detr\u00e1s de la rejilla, desaparece.<br>\nGentilhombre: \u00ab\u00a1Me has enga\u00f1ado! Pero volveremos a vernos. Hallar\u00e9 otra estrategia\u00bb. La Muerte, ahora invisible: \u00abNos encontraremos en la posada y proseguiremos la partida\u00bb. Y Antonius, elevando la mano y mir\u00e1ndola fijamente a la luz que penetra por un ventanuco, grita: \u00abEsta es mi mano. Puedo moverla, sentir la sangre que bulle en ella. El Sol est\u00e1 todav\u00eda alto en el cielo y yo, Antonius Block, juego al ajedrez con la Muerte\u00bb.<br>\n<strong>LA EXISTENCIA INAUT\u00c9NTICA<\/strong><br>\nRecordemos a Kierkegaard y a Heidegger y a sus doctrinas de la existencia inaut\u00e9ntica: para quien vive en el anonimato, el pensamiento fugaz de la muerte, provocado acaso por el fallecimiento de un amigo o un familiar, es vivenciado bajo la forma perif\u00e9rica y tranquilizadora del se muere, la gente muere. Pocos tienen agallas para encarar, con la tremenda seriedad que la situaci\u00f3n reclama, lo que esos acontecimientos significan: que yo tambi\u00e9n voy a morir. Antonius Block, casi a la fuerza, debe hacerlo. Ya sabe que no s\u00f3lo los dem\u00e1s se disuelven en las penumbras.<br>\nPero nuestro caballero ha descubierto otra cosa: la muerte no es s\u00f3lo el fin de la existencia, situado en un futuro lo bastante lejano como para no inquietarnos. Sino que en cualquier momento de nuestra biograf\u00eda arroja su sombra sobre la vida, haciendo a la par que resalten, encantadoras, la belleza y la dulzura la delicada estructura de la mano, el borbollar de la sangre en las venas, el Sol resplandeciente en el cielo y la precariedad de todo ello.<br>\n<strong>LA MUERTE, CONTRAPUNTO PARA REALZAR LA VIDA<\/strong><br>\nClaridad y penumbras, por tanto. Una oportunidad para descubrir el verdadero y maravilloso sentido de nuestro paso por la tierra. Hace a\u00f1os, cuando le\u00ed La formaci\u00f3n de la inteligencia, la voluntad y el car\u00e1cter, de Carlos Llano, el libro me impresion\u00f3. Probablemente era lo mejor que conoc\u00eda sobre esos temas. Original y cl\u00e1sico a la vez y, sobre todo, audaz, resuelto, muy decidido. De ah\u00ed que tambi\u00e9n \u00e9l se atreviera a referirse a la muerte, afirmando nada menos que debemos pensar en ella a menudo. Todos los d\u00edas.<br>\nPero, Carlos, \u00bfte has vuelto loco?, pens\u00e9. \u00a1Est\u00e1s mentando \u00abla bicha\u00bb!, como decimos por Andaluc\u00eda. Porque Carlos, heideggeriano \u00e9l y muy rebelde en este extremo, no se refiere a una consideraci\u00f3n abstracta de la muerte como general condici\u00f3n humana. Habla de plantar cara al pensamiento de la muerte personal y de no eludir la neta vivencia, no de que alg\u00fan d\u00eda habr\u00e9 de morir, sino de que en este mismo momento me estoy muriendo ya.<br>\nY no s\u00f3lo eso. Lo admirable, lo revolucionario seg\u00fan suger\u00eda, es que plantea la cuesti\u00f3n como la \u00fanica manera posible de introducir un aut\u00e9ntico optimismo en nuestra vida. En el pensamiento de la muerte el autodominio del ser humano cobra su expresi\u00f3n m\u00e1s alta. Si logr\u00e1ramos instaurar un cabal se\u00f1or\u00edo frente al miedo a morir, nos ver\u00edamos revestidos de tal coraje que cualquier otro sentimiento desagradable o amenazador apenas lograr\u00eda conmovernos. \u00bfMacabrismo?, \u00bfencarnizamiento l\u00fagubre? No lo s\u00e9. Yo lo he probado desde hace a\u00f1os y funciona.<br>\nPocos d\u00edas antes de que el libro de Llano llegara a mi poder, fallec\u00eda Jean Guitton. Record\u00e9 entonces el ensayo que hab\u00eda escrito anticipando ese instante. Mi testamento filos\u00f3fico comenzaba as\u00ed: \u00abLa noche de mi muerte ocurrieron cosas extra\u00f1as en mi apartamento parisino. Todo empez\u00f3 cuando yo agonizaba tranquilamente. Era centenario o poco me faltaba. No sufr\u00eda ni me angustiaba nada y, mientras me apagaba, pensaba. Pero tambi\u00e9n esperaba\u00bb.<br>\nDe hecho, no pereci\u00f3 en su casa, sino en un hospital de Par\u00eds. Pero las dem\u00e1s circunstancias paz, ausencia de trepidaci\u00f3n, esperanza fueron tal como las hab\u00eda previsto. En cualquier caso, da que pensar esa capacidad para adelantar el propio tr\u00e1nsito y trabar con \u00e9l di\u00e1logo amigable.<br>\n<strong>UN VIAJE, PERO CON T\u00c9RMINO<\/strong><br>\nTal vez porque le ha faltado la meditaci\u00f3n asidua de que hablan Guitton y Llano, Block implora un suplemento de tiempo: no puede resignarse a aceptar que \u00abtodo es nada\u00bb. Necesita otra verdad. Y ese es el motivo de que su b\u00fasqueda del saber no se desenvuelva en la calma tranquilidad de una biblioteca, sino que tome la trabajosa forma del viaje, con sus peripecias e inimaginables vicisitudes, sus encuentros humanos de resultado siempre incierto, sus pausas relajantes y sus dram\u00e1ticas aceleraciones. Lo que est\u00e1 en juego no es una suerte de acertijo intelectual, resoluble a fuerza de poner en marcha los fr\u00edos engranajes mentales tan al uso en la actual civilizaci\u00f3n tecnol\u00f3gica, sino el sentido mismo del existir humano. El significado de la vida. Lo que a veces conocemos como salvaci\u00f3n. De ah\u00ed, repito, que se acuda a la figura, tremendamente vital, del viaje.<br>\nDesde \u00e9pocas inmemoriales, esta met\u00e1fora con espectaculares navegaciones en el paradigm\u00e1tico caso de Ulises resulta la m\u00e1s sencilla y com\u00fan para expresar el tr\u00e1nsito del hombre sobre la tierra. As\u00ed Bergman. Al final de todo el Caballero pierde la partida pues recibe el jaque mate antes de encontrar lo que anhelaba. Su apasionada y comprometida b\u00fasqueda se erguir\u00e1 como una invitaci\u00f3n para todos aquellos que, no queriendo resignarse a la futilidad de una existencia sin interrogantes, prefieran probar a jugar al ajedrez con la Muerte.<br>\n<strong>\u00bfSON MUCHOS LOS QUE ACEPTAN EL RETO?<\/strong><br>\nEn Filosofia e rivelazione, Vittorio Possenti recuerda que la meditaci\u00f3n sobre la muerte ha sido uno de los motores de la reflexi\u00f3n filos\u00f3fica en Occidente. Cita como bot\u00f3n de muestra el Fed\u00f3n, donde leemos: \u00abLos que filosofan directamente se ejercitan en el morir y la muerte les produce menos temor que a cualquier otro hombre\u00bb. Comenta entonces, de manera similar a Llano, que la filosof\u00eda es capaz de transformarse en medicina contra el horror de la falta de sentido y acaso de preparar una existencia m\u00e1s libre que la terrena.<br>\nPero a\u00f1ade, y pienso que con raz\u00f3n, que tras tantos siglos en que los fil\u00f3sofos han sabido pronunciarse sobre la muerte y la inmortalidad, incisivas transformaciones actuales han confiado a las ciencias la consideraci\u00f3n de la muerte, que, valorada con los esquemas de \u00e9stas, se entiende como un suceso meramente biol\u00f3gico y no da pie a ulteriores interrogantes. De suerte que resultar\u00eda vano buscar una diferencia sustancial entre el deshacerse del hombre y el de cualquier otro ser vivo.<br>\nBien sabemos que en la sociedad contempor\u00e1nea el de la muerte constituye un tema prohibido. Marx impuso a quienes le segu\u00edan que prescindieran por completo de Dios: molestarse en demostrar su no-existencia era dedicarle una atenci\u00f3n desorbitada. Pues lo mismo hoy con la muerte. Los estoicos maquinaron una suerte de triqui\u00f1uela te\u00f3rica para exorcizar su presencia: \u00abMientras yo est\u00e9, ella no habr\u00e1 llegado. Y en cuanto ella arribe, yo ya no estar\u00e9\u00bb. Pero a muchos incluso esto les resulta excesivo. De ah\u00ed que la arrojen, junto con el dolor, a espacios as\u00e9pticos donde permanece ignorada.<br>\nHay excepciones, sin embargo. Rememoro con cierta emoci\u00f3n las palabras de Marcel ni\u00f1o, que confirman de manera viv\u00edsima una tradici\u00f3n de siglos: \u00abNo dudar\u00e9 en decir que mi vocaci\u00f3n filos\u00f3fica naci\u00f3 el d\u00eda que, yendo por una alameda del parque Monceau, deb\u00eda tener ocho a\u00f1os entonces, y habiendo llegado a la conclusi\u00f3n de que no pod\u00eda saber con certeza si los seres humanos sobreviven a la muerte o si est\u00e1n destinados a la extinci\u00f3n absoluta, me dije: M\u00e1s adelante intentar\u00e9 ver esto con claridad\u00bb.<br>\n<strong>MORIR EN FAMILIA<\/strong><br>\nEn un libro traducido del italiano con el t\u00edtulo La persona y la familia, Rocco Buttiglione habla tambi\u00e9n de la muerte. Y mucho. Y sin truculencias. Agrega, adem\u00e1s, que el \u00e1mbito en que se debe morir es la familia. Si no siempre el lugar f\u00edsico, a veces superado por las posibilidades de cl\u00ednicas y hospitales, s\u00ed el psicol\u00f3gico: el cari\u00f1o y las atenciones de padres, hermanos, hijos, dem\u00e1s parientes y amigos Nadie puede sustituirlos en ese momento supremo.<br>\nY evoca representaciones iconogr\u00e1ficas del Renacimiento y de centurias posteriores. El justo muere en su lecho, rodeado por las personas queridas. Con una mano sujeta la de la mujer que llora y con la otra, elevada a lo alto, bendice y amonesta a los hijos. Cielo que se abre, sacerdote que conforta y notario que aprieta el testamento con el que el moribundo ha intentado remediar injusticias cometidas en vida<br>\n\u00bfSe mor\u00eda as\u00ed por aquellos tiempos? Probablemente no o no siempre. Pero la muerte era un acto social, en el que participaban los familiares y amigos. Y ten\u00eda, entonces, un efecto saludable para quienes asist\u00edan a ella y para quien la estaba \u00abviviendo\u00bb. Porque aqu\u00ed radica el malentendido de tantos: conciben la muerte como lo contrario de la vida. En realidad es parte integrante y principal de ella. Su culminaci\u00f3n, el punto donde alcanza su plenitud o se desmorona definitivamente.<br>\nMe centro en tres aspectos. 1) La muerte es el momento de la reconciliaci\u00f3n, de saldar cuentas, pidiendo perd\u00f3n y perdonando a fondo, una vez relativizados los bienes y las luchas de la tierra. 2) Es la hora del amor, despu\u00e9s de una existencia acaso no siempre ejemplar, ni por parte del moribundo ni por la de quienes lo rodean. Pero el afecto se purifica a trav\u00e9s de la participaci\u00f3n en el dolor y de los cuidados que preceden y acompa\u00f1an la agon\u00eda. 3) Es la ocasi\u00f3n del testimonio. Quien muere entrega a los que permanecen su propia memoria y, con ella, los valores por los que ha luchado y que componen el contenido m\u00e1s profundo de su coraz\u00f3n. Estos valores no lo son tanto por la fuerza de su evidencia inmediata, sino porque se han verificado en la biograf\u00eda de quien nos abandona y se queda.<br>\nDe suerte que entonces, y s\u00f3lo entonces, la existencia terrena acaba de alcanzar y transmitir un sentido. Esto pacifica el sufrimiento de quien agoniza y se convierte en ense\u00f1anza inolvidable para quienes siguen viviendo. Por eso, concluye Buttiglione, \u00abel lugar de la lecci\u00f3n y del testimonio el de la muerte es, de un modo absolutamente privilegiado, la familia\u00bb.<br>\nLas razones por las que, en una proporci\u00f3n directa al \u00abdesarrollo\u00bb de las naciones, hoy no sucede as\u00ed son abundantes y profundas. Una buena pista nos la ofrecen estas palabras de un documento magisterial espa\u00f1ol. Tras dejar constancia de que \u00absin el horizonte de una vida cumplida, sin la fe en un amor al que entregarse, la esperanza queda reducida a la previsi\u00f3n meramente material del porvenir\u00bb, a\u00f1ade que \u00abesta falta de esperanza se vive de modo dram\u00e1tico en el miedo al menor sufrimiento, pues \u00e9ste ha perdido todo su sentido\u00bb. Y concluye: \u00abEl \u00faltimo de los temores, la muerte, se oculta de la vida diaria y llega a ser un nuevo tema \u201ctab\u00fa\u201d. Es una forma de restringir la verdad del hombre a lo que \u00e9ste puede dominar y manipular\u00bb.<br>\nMuchas ense\u00f1anzas cabr\u00eda extraer de estos p\u00e1rrafos. Las reservo para otra ocasi\u00f3n. Por ahora, siguiendo un consejo de Kierkegaard curiosamente recogido por Wittgenstein en su famos\u00edsima conferencia sobre moral, me limito a hacer acto de presencia, que es la \u00faltima y m\u00e1s definitiva palabra del fil\u00f3sofo. Anticipo a la muerte la bienvenida Pero, eso s\u00ed, en familia.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"27521\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Muchos no piensan en la muerte. Alegan que se trata de algo lejano. Muy lejano. Y es que le tienen miedo o no quieren aguar la fiesta de la vida. Sin embargo, debemos tenerla presente todos los d&iacute;as. Pero no la muerte en abstracto, sino nuestra muerte. Porque a diario nos morimos un poco. 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