{"id":27421,"date":"2004-09-01T00:00:00","date_gmt":"2004-09-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=27421"},"modified":"2023-11-04T17:44:41","modified_gmt":"2023-11-04T22:44:41","slug":"pensar_la_ortografia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2004\/09\/01\/pensar_la_ortografia\/","title":{"rendered":"Pensar la ortograf\u00eda"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"27421\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p style=\"text-align: right\"><em>A mam\u00e1, reverente de la ortograf\u00eda<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right\"><em>\u00abSed realistas, pedid lo imposible\u00bb. <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right\"><strong>Graffito en Par\u00eds, mayo de 1968<\/strong><\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>LA ORTOGRAF\u00cdA DE LOS (IN)CULTOS<\/strong><\/p>\n<p>El a\u00f1o pasado impart\u00ed clases en una preparatoria y en una universidad privadas. En total, expon\u00eda a casi 200 alumnos. El primer d\u00eda de clases acordamos las reglas y una especie de apuesta: exentar\u00edan cuantos descubrieran en cualquier palabra escrita por el profesor un error de ortograf\u00eda. Como contraparte, les restar\u00eda puntos por cada error. Aceptaron entusiasmados. A la semana siguiente hubo protestas de todo tipo, y hacia el final del a\u00f1o varios me odiaban. Durante el a\u00f1o entero me lanzaron siempre la misma pregunta: \u00bfortograf\u00eda para qu\u00e9, si la idea se entiende?<br>\nNo pude responder juiciosamente, lo confieso. La ortograf\u00eda era necesaria, deseable, correcta. Lo sab\u00eda por una corazonada. Los errores ortogr\u00e1ficos despreciables, equivocaciones, defectos eso: errores. Pero no pod\u00eda explicarlo de una manera definitiva ni convincente. Tal vez no exista ning\u00fan argumento, pensaba. Mientras tanto, constataba c\u00f3mo mi exigencia se hab\u00eda convertido en una tortura insoportable para la inmensa generalidad.<br>\nCa\u00ed en la cuenta luego de que no s\u00f3lo los mexicanos, sino el mundo entero estaba afectado. Hoy por hoy, es otro de los rasgos globalizados, impensable hace unos a\u00f1os. En Alemania, por ejemplo, muchas personas mayores de 25 a\u00f1os se han devanado los sesos para entender qu\u00e9 puede significar el concepto \u00aberror ortogr\u00e1fico\u00bb. Simplemente no comprend\u00edan c\u00f3mo podr\u00eda escribirse mal una palabra: o se escrib\u00eda otro vocablo o se trataba de algo inexistente.<br>\nParece una perogrullada, pero el alem\u00e1n tradicional no se planteaba la posibilidad de escribir \u00abliebe\u00bb en lugar de \u00abLiebe\u00bb, o \u00abUniversitat\u00bb en vez de \u00abUniversit\u00e4t\u00bb. Era inadmisible. Pero los alemanes m\u00e1s j\u00f3venes, por la premura de los messengers y la caducidad del epistolario electr\u00f3nico, han sucumbido, y hoy escriben como los preparatorianos de M\u00e9xico, sin respeto por los signos de puntuaci\u00f3n, las versales o las dem\u00e1s pautas.<br>\nLa cuesti\u00f3n empez\u00f3, me parece, en Estados Unidos, donde era cool escribir abreviaturas o inventar nuevas palabras m\u00e1s c\u00f3modas que las existentes: \u00abhow R U?\u00bb. El sentido pr\u00e1ctico se impuso a lo correcto. A este fen\u00f3meno contribuy\u00f3, sin duda, el sistema escolar, deficitario para la mayor parte de la clase media estadounidense. Esa generaci\u00f3n, ya familiarizada con el error dactilogr\u00e1fico, lax\u00f3 su atenci\u00f3n mientras escrib\u00eda a mano.<br>\nGracias al auge econ\u00f3mico, pol\u00edtico, tur\u00edstico y tecnol\u00f3gico, el ingl\u00e9s se profesa como lingua franca, sobre todo en internet, y va permeando el resto de las lenguas. Incluidos sus desaciertos. Si se afloj\u00f3 en el ingl\u00e9s, era previsible la p\u00e9rdida del rigor en las dem\u00e1s lenguas.<br>\nLa prensa y los libros impresos eran el \u00faltimo basti\u00f3n, y sin embargo, en estos d\u00edas, ya no se puede fiar uno ni siquiera de ellos. Siempre se escapan errores y, a\u00fan m\u00e1s c\u00ednico, se pacta con ellos: la secci\u00f3n \u00abGente!\u00bb de un peri\u00f3dico de prestigio nacional reh\u00fasa el signo de exclamaci\u00f3n de apertura, uno de los privilegios del castellano sobre las dem\u00e1s lenguas. Si la prensa no respeta las normas de la Academia, \u00bfc\u00f3mo se le puede exigir a nadie revisar, corregir y releer? En M\u00e9xico, la prensa y los profesores son la carta de Ur\u00edas para la ortograf\u00eda.<br>\nLa ortograf\u00eda compromet\u00eda antes al redactor con la estructura fundamental de la palabra. En nuestros d\u00edas, por el contrario, es de facto artilugio de sabios y entendidos. Pareciera que s\u00f3lo un pu\u00f1ado de gente encuentra digno de inter\u00e9s escribir las palabras tal como son. Un fuero de iniciados, quienes suscriben la sentencia de Kierkegaard: \u00abser culto es saber distinguir la categor\u00eda de lo interesante\u00bb. Pero no deber\u00eda ser as\u00ed, es falaz.<br>\nA las palabras se las debe respetar ninguna dispensa aventaja a nadie porque refieren a muchos hombres amparados bajo una tradici\u00f3n literaria secular, desde el Mio C\u00edd hasta Borges, y porque lo protegen a uno mismo.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>RAZONES A DEBATE<\/strong><\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1l es el lugar de la ortograf\u00eda? Esa era la dif\u00edcil pregunta de mis alumnos, m\u00e1s esgrimida para salvar la calificaci\u00f3n y menos por sincera preocupaci\u00f3n. Puedo ofrecer tres respuestas, a un a\u00f1o de distancia. Primero, una de corte mi-nimalista, despu\u00e9s, la tradicional, y por \u00faltimo, otra m\u00e1s bien pr\u00e1ctica.<br>\nDesde una perspectiva minimalista, la ortograf\u00eda se manifiesta como pudor. Importa menos cu\u00e1les sean las partes pudendas o los actos disimulados que la invariable realidad de todas las tradiciones a favor del pudor. Parecen decir siempre lo mismo: \u00abun hasta aqu\u00ed a los ojos de los dem\u00e1s, una afirmaci\u00f3n de que el ser humano no puede ser visto como eso que despierta curiosidad o apetito, sino como t\u00fa\u00bb [1] .<br>\nEl pudor es ante todo personal, mucho antes de su connotaci\u00f3n sexual caracter\u00edstica. El hombre pudoroso y la mujer p\u00fadica rechazan la mirada de quien pretende esculcarlos, como se desordena un caj\u00f3n hasta encontrar lo escondido a los ojos. El \u00e1nimo se rebela ante esa intromisi\u00f3n inquisidora, tan curiosa como Pandora.<br>\nDe cierta manera, la ortograf\u00eda es una de las formas del pudor para la inteligencia. En efecto, as\u00ed como los vestidos ocultan en parte el cuerpo y la discreci\u00f3n las acciones, la ortograf\u00eda resguarda en buena parte la vastedad y la universalidad de la cultura personal. Escribir defectuosamente desenmascara de inmediato la mala calidad de nuestra formaci\u00f3n universal.<br>\nResulta muy dif\u00edcil, casi imposible, imaginar la convivencia entre una cultura generosa y una mala ortograf\u00eda. Para decirlo a la inversa: leer un texto plagado de errores desanima, invita a la deserci\u00f3n, pues se sospecha de las ideas. Como contraparte, la buena ortograf\u00eda de una persona la coloca en el terreno de los hombres educados, en el sentido m\u00e1s llano, pero no por eso menos importante. Escribir correctamente equivale a andar vestido y a ser discreto en la urbe de las letras y las ideas.<br>\nLa faz pudorosa de la ortograf\u00eda parece un argumento desconocido pero impl\u00edcito en otro; me limito tan solo a sugerir la idea para una reflexi\u00f3n ulterior. En cambio, son muchos quienes articulan el argumento habitual, seg\u00fan el cual la ortograf\u00eda se compara con la elegancia. Ambas reflejan buen gusto y la serenidad de un esp\u00edritu equilibrado.<br>\nRedactar bien tiene algo de arte, y los poetas nacen, no se hacen, dice el refr\u00e1n. Hemingway era a\u00fan m\u00e1s demoledor cuando respond\u00eda: \u00abEscribir bien es intolerablemente dif\u00edcil\u00bb. No se pide a todos un estilo literario, mucho menos po\u00e9tico.<br>\nSi la redacci\u00f3n literaria les est\u00e1 vedada a muchos, estos aseguran o pueden asegurar su pertenencia a la lengua mediante el dominio de las palabras: la ortograf\u00eda es una t\u00e9cnica m\u00e1s sencilla que el dif\u00edcil arte de la buena redacci\u00f3n. Est\u00e1 al alcance de cualquiera. Por eso compete a todos la exigencia de mantener la elegancia en la representaci\u00f3n gr\u00e1fica de las palabras.<br>\nLos padres se preocupan por corregir el ceceo de sus ni\u00f1os, por ser un defecto, pero no parece importarles si escriben \u00abzaztre\u00bb. El desacierto es el mismo. Curiosamente, se pone m\u00e1s atenci\u00f3n al lenguaje verbal que al escrito. S\u00f3lo la desgana y la falta de previsi\u00f3n pueden explicar este modo de conducirse. A lo largo de la vida escribiremos una caterva de palabras sin mucho concierto o importancia, donde los yerros podr\u00e1n ser, a fin de cuentas, banales. Pero hay otra multitud con la mayor dignidad, como las cartas a la amada.<br>\nTan poco rom\u00e1ntico ser\u00eda escuchar: \u00abAy, me dedvela el adul de tud ojod\u00bb, como leer: \u00abHay, me dezbela el hasul de tuz hojos\u00bb. Y, sin embargo, es pr\u00e1cticamente nulo el inter\u00e9s por corregir esta clase de imperfecciones. Quien lo intenta se topa con cr\u00edticas \u00abpor la ce-rraz\u00f3n de mente y por ser tan conservador\u00bb, tanto de alumnos, como de los padres de familia, e incluso de los mismos colegas.<br>\nLa elegancia, a fin de cuentas, no es un valor de moda. Ahora la gente se viste seg\u00fan el criterio de lo c\u00f3modo, lo caro o lo roto. La elegancia ha perdido terreno no s\u00f3lo en el vestido sino tambi\u00e9n en la literatura, la arquitectura, la urban\u00edstica, la publicidad, las maneras, la m\u00fasica, las expresiones y hasta en la caligraf\u00eda. El diario o el epistolario de la bisabuela pueden constatarlo. En nada se comparan esos preciosos garigoleos con la desbaratada letra script.<br>\nEs insuficientemente conocido el lema de la Real Academia Espa\u00f1ola de la Lengua: \u00abPule, fija y da esplendor\u00bb. Mientras el pulimento y la esplendidez se refieren al buen gusto, lo de fijar se refiere al orden. La tercera raz\u00f3n est\u00e1 pues, poco involucrada con la elegancia, tiene un cariz pragm\u00e1tico.<br>\nEs necesario cierto estado de reposo en las lenguas. Todo organismo vivo lo necesita. Desatender esta uniformidad m\u00ednima multiplica las discrepancias con la velocidad de las sectas. A estos les disgusta la hache y la apartan o la sustituyen por una gue, otros escriben indistintamente la be o la uve, aquellos declararon la guerra contra las tildes y los de m\u00e1s ac\u00e1 no han o\u00eddo hablar de la di\u00e9resis. Reina la perplejidad, una ignominia para las lenguas. Sale entonces al paso la Academia con la \u00fanica pretensi\u00f3n de orquestar, de ordenar, no de imponer. Si se impone es como \u00faltimo recurso.<br>\nEl efecto es siempre ben\u00e9fico. A saber, la unidad del idioma a lo largo y ancho de la geograf\u00eda y de los cuatrocientos millones de hispanohablantes. El famoso ling\u00fcista venezolano \u00c1ngel Rosenblat reconoci\u00f3 la unidad ortogr\u00e1fica como \u00abla mayor fuerza aglutinante, unificadora de una amplia comunidad cultural: por debajo de ella pueden convivir sin peligro todas las diferencias dialectales El triunfo de la ortograf\u00eda acad\u00e9mica es el triunfo del esp\u00edritu de unidad hisp\u00e1nica\u00bb. De esta manera, la propia Academia admite un nuevo entendimiento del antiguo lema: \u00abUnifica, pule y fija\u00bb [2] .<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>EL NOBEL Y LOS ESTUDIANTES<\/strong><\/p>\n<p>En abril de 1997, teniendo por marco el Primer Congreso Internacional de la Lengua Espa\u00f1ola, y como auditorio al presidente Ernesto Zedillo, a los reyes de Espa\u00f1a y a otros dos premios Nobel, Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez ley\u00f3 su famoso discurso Botella al mar para el dios de las palabras. Transcribo con parcialidad el egregio y pol\u00e9mico p\u00e1rrafo: \u00abJubilemos la ortograf\u00eda, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de l\u00edmites entre la ge y jota, y pongamos m\u00e1s uso de raz\u00f3n en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer \u201clagrima\u201d donde diga \u201cl\u00e1grima\u201d ni confundir\u00e1 \u201crevolver\u201d con \u201crev\u00f3lver\u201d\u00bb.<br>\nEl zacatecazo, lo llamaron algunos. Garc\u00eda M\u00e1rquez ten\u00eda el prestigio necesario para sacudir a la opini\u00f3n p\u00fablica. Y lo consigui\u00f3. No fue el primero ni ser\u00e1 el \u00faltimo en sugerir necedades.<br>\nEl nobel colombiano se limita a sugerir reformas sin justificarlas, con la frivolidad de la fama. Si de propuestas se trata, deber\u00eda cimentarlas en la raz\u00f3n, me parece, y no colgarlas de sus diplomas y reconocimientos. Es una propuesta grave disfrazada con la noble intenci\u00f3n de \u00absimplificar la gram\u00e1tica\u00bb.<br>\nSuscribo la opini\u00f3n de Mempo Giardinelli, quien reflexionaba esa misma semana: \u00abLas reglas siempre est\u00e1n para algo. Tienen un sentido y ese sentido suele ser hist\u00f3rico, filos\u00f3fico, cultural. La falta de reglas y el desconocimiento de ellas es el caos, la disgregaci\u00f3n cultural. Y eso puede ser grav\u00edsimo para nosotros, sobre todo en estos tiempos en que la sabidur\u00eda imperial se ha vuelto tan sutil y astuta. Las propuestas ligeras y efectistas de eliminaci\u00f3n de reglas son, por lo menos, peligrosas. Precisamente porque vivimos en sociedades donde las pocas reglas que hab\u00eda se dejaron de cumplir o se cumplen cada vez menos, y hoy se aplauden est\u00fapidamente las transgresiones. Es as\u00ed como se facilitan las impunidades\u00bb [3] .<br>\nIncluso es posible trazar un parang\u00f3n entre \u00e9tica y ortograf\u00eda: hay muchas maneras de escribir una palabra y de transmitir su contenido. Por encima de los defectos verbales o gr\u00e1ficos existe la capacidad de comunicar el mensaje, \u00abvdd q si?\u00bb. Sin embargo, s\u00f3lo de una manera se pronuncian y escriben correctamente las palabras. Es un civismo ling\u00fc\u00edstico elegido por convenci\u00f3n, aunque Garc\u00eda M\u00e1rquez pretenda obviarlo, como rehus\u00f3 tambi\u00e9n acatar las normas de etiqueta la noche que recibi\u00f3 el Nobel en Estocolmo. Pero en esta \u00e9poca de desbandada \u00e9tica, \u00bfc\u00f3mo se puede exigir a la gente atenci\u00f3n y cuidado a las normas ortogr\u00e1ficas?<br>\nEn general, la utilizaci\u00f3n combinada y jerarquizada de tres criterios universales han regulado la evoluci\u00f3n de la ortograf\u00eda acad\u00e9mica: la pronunciaci\u00f3n, la etimolog\u00eda y el uso (como dec\u00eda Horacio, es el \u00e1rbitro definitivo en cuestiones de lenguaje). En un idioma donde conviven tantas naciones y gentes, las modalidades de pronunciaci\u00f3n se atomizan como una di\u00e1spora. S\u00f3lo el lenguaje escrito tiene la posibilidad de mantenerlas a todas unidas. Podr\u00e1 haber confusi\u00f3n en ciertas regiones al escuchar casa o caza, nunca al leer.<br>\nValdr\u00eda la pena aprender a valorar la ortograf\u00eda de nuestro idioma. En alem\u00e1n, las vocales largas no se distinguen en lo gr\u00e1fico de las vocales breves. Por ejemplo, \u00abrot\u00bb se pronuncia \u00abroot\u00bb, pero la \u00abi\u00bb en \u00abich\u00bb es breve. El idioma ingl\u00e9s prefiere tambi\u00e9n los casos particulares a las normas generales. Es necesario ejercitarse en la duraci\u00f3n de cada vocal de cada palabra.<br>\nCuesta entender, por lo tanto, el dolor que la ortograf\u00eda castellana causa en muchos. En nada se compara la ardua tarea de aprender la casi infinita casu\u00edstica inglesa o alemana con aquella otra de entender y aplicar nuestras reglas m\u00ednimas de acentuaci\u00f3n.<br>\nUn d\u00eda, mientras expon\u00eda alguna de las tesis de la \u00e9tica helen\u00edstica en el sal\u00f3n de clases, escrib\u00ed aposta en el pizarr\u00f3n una palabra sin tilde. \u00abOrgia\u00bb, acordemos. Lamento reconocerlo: el a\u00f1o pasado ninguno de mis alumnos exent\u00f3, ni siquiera con esa ayudita.<\/p>\n<p class=\"textogris\">_________________________<\/p>\n<p class=\"textogris\">[1] Gabriel Zaid. \u00abPudor y curiosidad\u00bb en Letras Libres 62. M\u00e9xico, 2004. p. 58.<\/p>\n<p>[2] Resulta provechoso observar, al menos de modo tangencial, c\u00f3mo la Academia surge en un contexto cat\u00f3lico, donde se reconoce la necesidad de la autoridad jer\u00e1rquica. El cardenal Richelieu fund\u00f3 en 1635 la Academia Francesa. Hacia 1713, Juan Manuel Fern\u00e1ndez Pacheco, marqu\u00e9s de Villena, fund\u00f3 la Real Academia Espa\u00f1ola, aprobada al a\u00f1o siguiente por Felipe V. La aspiraci\u00f3n era conservar la lengua pura y comprensible para todos, dotarla de reglas y uno de sus principales instrumentos ha sido el diccionario. La Academia, pues, copia el modelo del Magisterio de la Iglesia: una autoridad no democr\u00e1tica, con rituales, un libro a guisa de hito, un recinto, protocolos, un cat\u00e1logo de hombres ilustres y muchos otros detalles m\u00e1s o menos significativos.<br>\nLos pa\u00edses de tradici\u00f3n protestante, en cambio, en donde las libertades individuales priman sobre las imposiciones colectivas, no hab\u00edan contado, hasta hace poco, con algo semejante. En los \u00faltimos a\u00f1os, la necesidad de reunir a los habitantes de esta babel les ha empujado a reformas y otros artificios. Tal es el caso, por ejemplo, de la reforma de 1996 en Alemania, y la reedici\u00f3n de los doce ma-nuales Duden.<br>\n[3] Mempo Giardinelli. \u00abJubilaci\u00f3n de la ortograf\u00eda\u00bb en P\u00e1gina\/12. Buenos Aires, viernes 11 de abril de 1997.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"27421\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un joven profesor enfrenta la dif&iacute;cil tarea de convencer a sus alumnos de que la ortograf&iacute;a sirve de algo y nos comparte sus razones. Algunas son conocidas; otras, peque&ntilde;osdescubrimientos personales que enriquecen el tema. 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