{"id":27022,"date":"2004-01-01T00:00:00","date_gmt":"2004-01-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=27022"},"modified":"2004-01-01T00:00:00","modified_gmt":"2004-01-01T00:00:00","slug":"aprender_a_perdonar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2004\/01\/01\/aprender_a_perdonar\/","title":{"rendered":"Aprender a perdonar"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"27022\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p>Cuando alguien en un autob\u00fas lleno nos da un pisot\u00f3n y con amabilidad pide perd\u00f3n, ordinariamente no tenemos grandes dificultades en asentir aunque nos duela el pie. Somos conscientes de que no fue con intenci\u00f3n, sino por descuido o movido por la fuerza de la gravedad. No es responsable de su acci\u00f3n. Falta una raz\u00f3n necesaria para que yo pueda ejercer el perd\u00f3n en sentido propio, que se refiere a un mal que alguien nos ha ocasionado voluntariamente [1] .<br>\nAl hablar de aut\u00e9ntico perd\u00f3n, el terreno es mucho m\u00e1s profundo que el de un pisot\u00f3n accidental, es una herida en el coraz\u00f3n humano causada por la libre actuaci\u00f3n de otro.<br>\nTodos sufrimos injusticias, humillaciones y rechazos; algunos deben soportar torturas, no s\u00f3lo en la c\u00e1rcel, sino en el trabajo o, incluso, en la propia familia; \u00abEl \u00fanico dolor que destruye m\u00e1s que el hierro dicen los \u00e1rabes es la injusticia que procede de nuestros familiares\u00bb.<br>\nFrente a esas heridas es posible reaccionar de formas diferentes golpear a quienes nos han golpeado, hablar mal de quienes lo han hecho con nosotros, pero es una pena gastar las energ\u00edas en enfados, recelos, rencores o desesperaci\u00f3n y, tal vez, es m\u00e1s triste a\u00fan cuando una persona se endurece para no sufrir m\u00e1s.<br>\nS\u00f3lo en el perd\u00f3n brota nueva vida porque es renunciar a la venganza y querer, a pesar de todo, lo mejor para el otro. La tradici\u00f3n cristiana ofrece varios testimonios de esta actitud, como el caso del monje trapense muerto en Argelia con otros religiosos que hab\u00edan permanecido en su monasterio, en 1994. En una carta que dej\u00f3 para su familia agradec\u00eda a todos los que hab\u00eda conocido e inclu\u00eda a sus asesinos: \u00abY tambi\u00e9n a ti, amigo de \u00faltima hora, que no habr\u00e1s sabido lo que hiciste. S\u00ed, tambi\u00e9n por ti digo ese gracias y ese adi\u00f3s cara a cara contigo\u00bb [2] .<br>\nQuiz\u00e1 pensemos que son situaciones l\u00edmite, reservadas para algunos h\u00e9roes; ideales bellos, m\u00e1s admirables que imitables. Pero, \u00bfpuede una madre perdonar al asesino de su hijo? \u00bfPerdonar\u00edamos, por lo menos, a quien nos ha dejado por completo en rid\u00edculo ante los dem\u00e1s, a quien nos ha enga\u00f1ado o difamado?<br>\n<strong>\u00bfQU\u00c9 SIGNIFICA PERDONAR?<\/strong><br>\nCuando digo a alguien \u00abte perdono\u00bb, no olvido simplemente la injusticia, sino que rechazo la venganza y los rencores, y me dispongo a ver al agresor como una persona digna de compasi\u00f3n. Consideremos estos elementos con detenimiento.<br>\n<strong>1. Reaccionar ante un mal real y objetivo<\/strong><br>\nSi me amputan un brazo infectado sentir\u00e9 dolor y tristeza, incluso furia contra el cirujano. Pero no habr\u00e1 nada que perdonar porque era necesario para salvarme. Es claro que el perd\u00f3n s\u00f3lo tiene sentido si alguien ha recibido un da\u00f1o objetivo de otro.<br>\nPor otro lado, perdonar no consiste en no querer ver el da\u00f1o, colorearlo o disimularlo. Algunos pasan de largo las injurias porque intentan eludir cualquier conflicto; buscan la paz a cualquier precio y pretenden vivir siempre en un ambiente armonioso.<br>\nParece que todo les da igual. \u00abNo importa\u00bb si no les dicen la verdad; \u00abno importa\u00bb si los utilizan como meros objetos para conseguir unos fines ego\u00edstas; \u00abno importan\u00bb tampoco el fraude ni el adulterio. Tal actitud es peligrosa porque puede llevar a una completa ceguera ante los valores. La indignaci\u00f3n e incluso la ira son reacciones normales y hasta necesarias en ciertos casos. Quien perdona, no cierra los ojos ante el mal; no niega que existe objetivamente una injusticia. Si lo negara, no tendr\u00eda nada que perdonar [3] .<br>\nSi uno acostumbra a callarlo todo, tal vez goce por un tiempo de una aparente paz; pero al final pagar\u00e1 un precio muy alto, pues renuncia a la libertad de ser \u00e9l mismo. Esconde y sepulta sus frustraciones en lo m\u00e1s profundo de su coraz\u00f3n, detr\u00e1s de una muralla gruesa, que levanta para protegerse. Y ni siquiera se da cuenta de su falta de autenticidad.<br>\nEs normal que una injusticia duela y hiera, pero para sanarla es necesario verla. Si no, huimos sin cesar de la propia intimidad (es decir, de nosotros mismos;y el dolor nos carcome lenta e irremediablemente.<br>\n\u00abAunque nos maten dicen, no pueden hacernos ning\u00fan da\u00f1o\u00bb [4] . Han logrado un f\u00e9rreo dominio de s\u00ed mismos, se sienten superiores a los dem\u00e1s y mantienen interiormente una distancia tan grande hacia ellos que nadie puede tocar su coraz\u00f3n. Como nada les afecta, no reprochan nada a sus opresores. \u00bfQu\u00e9 le importa a la luna que un perro le ladre?<br>\nEl problema es que no hay relaci\u00f3n interpersonal; para no sufrir se renuncia al amor. Quien ama, siempre se hace peque\u00f1o y vulnerable. Cuando a alguien nunca le duele la actuaci\u00f3n de otro, el perd\u00f3n es superfluo. Falta la ofensa y falta el ofendido.<br>\nEs imposible huir del sufrimiento. Todo dolor negado retorna por la puerta trasera, permanece largo tiempo como un trauma y puede causar heridas perdurables o, a veces, convertir a alguien normal en una persona agria, obsesiva, medrosa, nerviosa o insensible. Al final, muchos se dan cuenta de que tal vez habr\u00eda sido mejor enfrentar directa y conscientemente la experiencia del dolor: hacerlo es la clave para conseguir la paz interior.<br>\n<strong>2. Actuar con libertad y sensatez<\/strong><br>\nPerdonar es la \u00fanica reacci\u00f3n que no re-act\u00faa simplemente seg\u00fan el conocido principio \u00abojo por ojo, diente por diente\u00bb. El odio provoca la violencia y ella justifica el odio. Al perdonar, corto ese c\u00edrculo vicioso, libero al otro, que ya no est\u00e1 sujeto al proceso iniciado y, en primer lugar, me libero yo. Estoy dispuesto a desatarme de los enfados y rencores, no \u00abre-acciono\u00bb de inmediato, sino que pongo un nuevo comienzo, tambi\u00e9n en m\u00ed.<br>\nSuperar las ofensas es muy importante para la propia vida. Max Scheler afirma que una persona resentida se intoxica a s\u00ed misma; el otro le ha herido y ah\u00ed se recluye, se instala y encapsula. Queda atrapada en el pasado. Da p\u00e1bulo a su rencor con repeticiones del mismo acontecimiento.<br>\nEl resentimiento hace que las heridas se infecten en nuestro interior y ejerzan su influjo, creando una especie de malestar e insatisfacci\u00f3n generales. En consecuencia, uno no est\u00e1 a gusto, ni en su propia piel ni en ning\u00fan lugar. Los recuerdos amargos encienden de nuevo la c\u00f3lera y llevan a depresiones. Al respecto, es muy ilustrativo el refr\u00e1n chino que dice: \u00abEl que busca venganza debe cavar dos fosas\u00bb.<br>\nEn su libro Mi primera amiga blanca, una periodista negra describe c\u00f3mo la opresi\u00f3n que su pueblo hab\u00eda sufrido en Estados Unidos le llev\u00f3 en su juventud a odiar a los blancos, \u00abporque han linchado y mentido, nos han cogido prisioneros, envenenado y eliminado\u00bb [5] . Despu\u00e9s de alg\u00fan tiempo reconoci\u00f3 que su odio, por muy comprensible que fuera, estaba destruyendo su identidad y dignidad. Le cegaba, por ejemplo, ante los gestos de amistad que una chica blanca le mostraba en el colegio.<br>\nPoco a poco descubri\u00f3 que en vez de esperar el perd\u00f3n de los blancos deb\u00eda pedir perd\u00f3n por su propio odio y por su incapacidad de mirarlos como personas, no como opresores. Encontr\u00f3 al enemigo en su interior, formado de prejuicios y rencores que le imped\u00edan ser feliz.<br>\nLas heridas no curadas pueden reducir enormemente nuestra libertad y originar reacciones desproporcionadas y violentas que nos sorprenden a nosotros mismos. Una persona herida hiere a las dem\u00e1s. Y, muchas veces, oculta su coraz\u00f3n tras una coraza, en apariencia dura, inaccesible e intratable. En realidad, no es as\u00ed. S\u00f3lo necesita defenderse. Parece s\u00f3lida, pero es insegura; est\u00e1 atormentada por malas experiencias.<br>\nOrdenar el propio interior es un paso para hacer posible el perd\u00f3n, pero es muy dif\u00edcil y, en ocasiones, no conseguimos darlo. Quiz\u00e1 renunciemos a la venganza, no al dolor. As\u00ed, es claro c\u00f3mo el perd\u00f3n, aunque est\u00e1 estrechamente unido a vivencias afectivas, no es un sentimiento. Es un acto de la voluntad que no se reduce a nuestro estado ps\u00edquico. Se puede perdonar llorando.<br>\n<strong>3. Recordar el pasado para bien<\/strong><br>\nEs ley natural que el tiempo \u00abcura\u00bb algunas llagas. No las cierra de verdad, pero las hace olvidar. Algunos hablan de la \u00abcaducidad de nuestras emociones\u00bb [6] . Llegar\u00e1 un momento en que una persona no pueda llorar m\u00e1s ni sentirse ya herida. Pero esto no es se\u00f1al de que haya perdonado a su agresor, sino de que tiene ciertas \u00abganas de vivir\u00bb.<br>\nUn determinado estado ps\u00edquico por intenso que sea no suele volverse permanente. A este estado sigue un lento proceso de desprendimiento, pues la vida contin\u00faa. No podemos quedarnos siempre ah\u00ed, como pegados al pasado, perpetuando en nosotros el da\u00f1o sufrido. As\u00ed s\u00f3lo bloqueamos el ritmo de la naturaleza.<br>\nLa capacidad de desatarse y olvidar, por tanto, es importante para el ser humano, pero no tiene nada que ver con la actitud de perdonar, que no consiste s\u00f3lo en \u00abborr\u00f3n y cuenta nueva\u00bb. Exige recuperar la verdad de la ofensa y de la justicia, que muchas veces pretende camuflarse. El da\u00f1o debe reconocerse y, en lo posible, repararse. Hace falta \u00abpurificar la memoria\u00bb para que sea maestra de vida. Si vivo en paz con mi pasado aprender\u00e9 mucho de los acontecimientos que he vivido.<br>\n<strong>4. Renunciar a la venganza<\/strong><br>\nComo el perd\u00f3n expresa nuestra libertad, tambi\u00e9n es posible negarlo al otro. El jud\u00edo Simon Wiesenthal cuenta sus experiencias en los campos de concentraci\u00f3n. Un d\u00eda, una enfermera se acerc\u00f3 y le pidi\u00f3 seguirle. Le llev\u00f3 a una habitaci\u00f3n donde agonizaba un joven oficial de las SS, quien le cont\u00f3 su vida: habl\u00f3 de su familia y de c\u00f3mo lleg\u00f3 a colaborar con Hitler. Le pesaba sobre todo un crimen en el que hab\u00eda participado: los soldados a su mando hab\u00edan quemado a 300 jud\u00edos encerrados en una casa.<br>\n\u00abS\u00e9 que es horrible dijo el oficial, durante las largas noches, mientras espero mi muerte, siento la gran urgencia de hablar con un jud\u00edo sobre esto y pedirle perd\u00f3n de todo coraz\u00f3n\u00bb. Wiesenthal concluye: \u00abDe pronto comprend\u00ed y, sin decir una sola palabra, sal\u00ed de la habitaci\u00f3n\u00bb [7] . Perdonar significa renunciar a la venganza y al odio.<br>\n<strong>5. Mirar al agresor en su dignidad personal<\/strong><br>\nEl perd\u00f3n comienza cuando, gracias a una fuerza nueva, una persona rechaza todo tipo de venganza. No habla de los dem\u00e1s desde sus experiencias dolorosas, evita juzgarlos y desvalorizarlos, y est\u00e1 dispuesta a escucharles con el coraz\u00f3n abierto.<br>\nEl secreto consiste en no identificar al agresor con su obra. Todo ser humano es m\u00e1s grande que su culpa. Albert Camus da un ejemplo elocuente en una carta p\u00fablica a los nazis sobre los cr\u00edmenes cometidos en Francia: \u00abY a pesar de ustedes, les seguir\u00e9 llamando hombres Nos esforzamos en respetar en ustedes lo que ustedes no respetaban en los dem\u00e1s\u00bb [8] .<br>\nEl perd\u00f3n del que hablamos aqu\u00ed no consiste en saldar un castigo, sino que es, ante todo, una actitud interior. Significa vivir en paz con los recuerdos y no perder el aprecio a ninguna persona. Se puede considerar tambi\u00e9n a un difunto en su dignidad personal. Nadie est\u00e1 totalmente corrompido; en cada uno brilla una luz.<br>\nAl perdonar a alguien le decimos: \u00abNo, t\u00fa no eres as\u00ed. \u00a1S\u00e9 quien eres! En realidad eres mucho mejor\u00bb. Queremos todo el bien posible para el otro, su pleno desarrollo, su dicha profunda, y nos esforzamos por quererlo desde el fondo del coraz\u00f3n, con gran sinceridad.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>ALLANAR EL CAMINO PARA EL PERD\u00d3N<\/strong><\/p>\n<p>Ahora, analicemos algunas actitudes que nos disponen a realizar este acto liberador para nosotros y para los dem\u00e1s.<br>\n<strong>1. Amor: entregarse hasta el extremo<\/strong><br>\nPerdonar es amar intensamente. El verbo lat\u00edn per-donare lo expresa con claridad: el prefijo per intensifica al verbo donare. Es dar, entregarse, hasta el extremo. El poeta Werner Bergengruen ha dicho que el amor se prueba en la fidelidad y se completa en el perd\u00f3n.<br>\nSin embargo, cuando nos han ofendido gravemente el amor apenas es posible. Primero hay que separarnos de alg\u00fan modo del agresor, aunque sea s\u00f3lo en el interior. Mientras el cuchillo est\u00e1 ah\u00ed, la herida nunca cerrar\u00e1. Hace falta tomar distancia del otro; s\u00f3lo entonces veremos su rostro. Un cierto desprendimiento es condici\u00f3n previa para perdonar de todo coraz\u00f3n y amar al otro.<br>\nUna persona s\u00f3lo vive y se desarrolla sanamente cuando es aceptada tal como es, cuando alguien la quiere de verdad y le dice: \u00abEs bueno que existas\u00bb [9] . \u00abEstar vivo\u00bb no es suficiente, hace falta la confirmaci\u00f3n en el ser para sentirse a gusto, posibilitar cierta estimaci\u00f3n propia y relacionarse con otros en amistad. Por eso se ha dicho que el amor contin\u00faa y perfecciona la obra de la creaci\u00f3n [10] .<br>\nSi no perdono al otro, de alguna manera le quito el espacio para vivir y desarrollarse; le mato, en sentido espiritual: con palabras injustas y duras, con pensamientos malos o, incluso, negando el perd\u00f3n. Si, en cambio, concedemos el perd\u00f3n, ayudamos al otro a volver a la propia identidad, a vivir con una nueva libertad y con una felicidad m\u00e1s honda.<br>\n<strong>2. Comprensi\u00f3n: todos somos d\u00e9biles<\/strong><br>\nEs preciso entender que cada uno necesita m\u00e1s amor del que \u00abmerece\u00bb; que cada uno es m\u00e1s vulnerable de lo que aparenta; que todos somos d\u00e9biles y podemos cansarnos. Perdonar es estar convencido de que en cada uno, detr\u00e1s de todo el mal, hay un ser humano vulnerable y capaz de cambiar; creer en la transformaci\u00f3n y evoluci\u00f3n de los dem\u00e1s.<br>\nSi alguien no perdona, tal vez tome a los dem\u00e1s muy en serio, exige demasiado de ellos. Pero, \u00abtomar a un hombre perfectamente en serio significa destruirle\u00bb [11] advierte el fil\u00f3sofo Robert Spaemann. Todos somos d\u00e9biles y fallamos con frecuencia. Y, muchas veces, no somos conscientes de las consecuencias de nuestros actos: \u00abno sabemos lo que hacemos\u00bb.<br>\nTenemos que creer en las capacidades del otro y d\u00e1rselo a entender. A veces impresiona ver cu\u00e1nto puede transformarse una persona si se le da confianza; c\u00f3mo cambia si se le trata seg\u00fan la idea perfeccionada que se tiene de ella. Hay muchos que saben animar a los otros a ser mejores. Les comunican la seguridad de que hay mucho bueno y bello dentro de ellos, a pesar de todos sus errores y ca\u00eddas. Act\u00faan seg\u00fan lo que dice la sabidur\u00eda popular: \u00abSi quieres que el otro sea bueno, tr\u00e1tale como si ya lo fuese\u00bb.<br>\n<strong>3. Generosidad: justicia y misericordia<\/strong><br>\nPerdonar exige un coraz\u00f3n misericordioso y generoso. Hay situaciones muy complejas en las que la mera justicia es imposible. Si se ha robado, se devuelve; si se ha roto, se arregla o sustituye. Pero, \u00bfsi alguien pierde un \u00f3rgano, un familiar o un buen amigo? Es imposible restituirlo con la justicia. Precisamente ah\u00ed, donde el castigo nunca cubre la p\u00e9rdida, es donde tiene espacio el perd\u00f3n.<br>\nEl perd\u00f3n no anula el derecho, pero lo excede infinitamente. A veces, no hay soluciones en el mundo exterior. Pero, al menos, se puede mitigar el da\u00f1o interior, con cari\u00f1o, aliento y consuelo. \u00abConvenceos afirma san Josemar\u00eda Escriv\u00e1 que \u00fanicamente con la justicia no resolver\u00e9is nunca los grandes problemas de la humanidad () La caridad ha de ir dentro y al lado, porque lo dulcifica todo\u00bb [12] . Y santo Tom\u00e1s resume: \u00abLa justicia sin la misericordia es crueldad\u00bb [13] .<br>\nEl perd\u00f3n trata de vencer el mal por la abundancia del bien [14] . Es por naturaleza incondicional, ya que es un don gratuito del amor, un don siempre inmerecido. Esto significa que quien perdona no exige nada a su agresor, ni siquiera que le duela el da\u00f1o. Mucho antes que \u00e9l, busca la reconciliaci\u00f3n: quien ama ya ha perdonado.<br>\nEl arrepentimiento del otro no es una condici\u00f3n necesaria para perdonar, aunque s\u00ed es conveniente. En efecto, es mucho m\u00e1s f\u00e1cil perdonar cuando el otro lo pide, pero a veces hace falta comprender que en quienes obran mal hay bloqueos que les impiden admitir su culpa.<br>\nHay un modo \u00abimpuro\u00bb de perdonar, cuando se hace con c\u00e1lculos, especulaciones y metas: \u00abTe perdono para que te des cuenta de la barbaridad que has hecho; te perdono para que mejores\u00bb. Quiz\u00e1 sean fines educativos loables, pero en este caso no se trata del perd\u00f3n verdadero que se concede sin ninguna condici\u00f3n, al igual que el amor aut\u00e9ntico: \u00abTe perdono porque te quiero a pesar de todo\u00bb.<br>\n<strong>4. Humildad: \u00abcambiar la silla\u00bb<\/strong><br>\nHace falta prudencia y delicadeza para saber perdonar. En ocasiones, no conviene hacerlo enseguida, cuando el otro a\u00fan est\u00e1 agitado. Si fuera de inmediato, parecer\u00eda una venganza sublime para humillar. En efecto, la oferta de la reconciliaci\u00f3n tal vez tenga car\u00e1cter de una acusaci\u00f3n, ocultar una actitud farisaica: quiero demostrar que tengo raz\u00f3n y que soy generoso. Lo que impide entonces llegar a la paz no es la obstinaci\u00f3n del otro, sino mi propia arrogancia.<br>\nPor otro lado, perdonar siempre es un riesgo, pues no asegura su recepci\u00f3n y puede molestar al agresor en cualquier momento. \u00abCuando uno perdona, se abandona al otro, a su poder, se expone a lo que imprevisiblemente puede hacer y se le da libertad de ofender y herir (de nuevo)\u00bb [15] . Aqu\u00ed se ve que hace falta humildad para buscar la reconciliaci\u00f3n.<br>\nDespu\u00e9s de un tiempo es bueno conversar con el otro para explicarse, dar el propio punto de vista, y escuchar con atenci\u00f3n sus argumentos. Es importante escuchar hasta el final y esforzarse por captar tambi\u00e9n las palabras que no dice. De vez en vez es necesario \u00abcambiar la silla\u00bb, al menos mentalmente, y tratar de ver el mundo desde la perspectiva del otro.<br>\nEl perd\u00f3n es un acto de fuerza interior, pero no de voluntad de poder, no busca dominar ni humillar. Para que sea verdadero y \u00abpuro\u00bb, la v\u00edctima debe evitar hasta la menor se\u00f1al de una \u00absuperioridad moral\u00bb que, en principio, no existe; al menos no somos nosotros quienes debemos juzgar lo que se esconde en el coraz\u00f3n de los otros.<br>\nHay que evitar acusar al agresor; quien demuestra la propia irreprochabilidad, no perdona realmente. Enfurecerse por culpa de otro conduce con facilidad a la represi\u00f3n de la culpa de uno mismo.<br>\nTodos hacemos da\u00f1o a los dem\u00e1s, aunque no nos demos cuenta; por eso necesitamos perdonar, para deshacer los nudos del pasado y comenzar de nuevo. Reconocer las propias flaquezas y fallos que, a lo mejor, han llevado al otro a agraviarnos.<br>\n<strong>5. Abrirse a la gracia de Dios: se\u00f1as de identidad<\/strong><br>\nEs innegable que el perd\u00f3n llega a veces al l\u00edmite de nuestras fuerzas. \u00bfEs posible perdonar si el opresor no se arrepiente en absoluto e incluso insulta a su v\u00edctima y cree haber obrado correctamente? Quiz\u00e1 no, al menos si contamos s\u00f3lo con nuestra propia capacidad.<br>\nPero un cristiano nunca est\u00e1 solo. Siempre es Dios quien ama primero y es \u00c9l quien perdona primero, quien nos da fuerzas para cumplir con este mandamiento que es, probablemente, el m\u00e1s dif\u00edcil de todos: amar a los enemigos, perdonarlos. Pero, en el fondo, no se trata tanto de una exigencia moral como Dios te ha perdonado a ti, t\u00fa debes perdonar a los pr\u00f3jimos cuanto de un imperativo existencial: si comprendes realmente lo que te ha ocurrido a ti, no puedes por menos que perdonar al otro. Si no lo haces, no sabes lo que Dios te ha dado.<br>\nEl perd\u00f3n forma parte de la identidad de los cristianos que, por eso, han sabido transformar las tragedias en victorias. Debemos encontrar el sentido de las ofensas e injusticias en la propia vida. Ninguna experiencia que adquirimos es en vano; al contrario, siempre podemos aprender algo que nos ayude a comprender mejor el mundo, a los dem\u00e1s y a nosotros mismos.<br>\n<strong>UN BUEN BA\u00d1O, DORMIR Y HABLAR CON UN AMIGO<\/strong><br>\nAunque se ha dicho que perdonar es un acto liberador que exige cierta fuerza interior, no parece adecuado dictar comportamientos a las v\u00edctimas. Es comprensible que a una madre le cueste mucho perdonar al asesino de su hijo. Hay que dar todo el tiempo que sea necesario para llegar al perd\u00f3n. Si alguien le acusara de rencorosa o vengativa, engrandecer\u00eda su herida.<br>\nSanto Tom\u00e1s de Aquino aconseja a quienes sufren por un da\u00f1o que no se rompan la cabeza con argumentos, ni lean, ni escriban. Antes que nada, dice, deben tomar un ba\u00f1o, dormir y hablar con un amigo [16] .<br>\nGeneralmente, al principio nos cuesta aceptar un gran dolor. Necesitamos tranquilizarnos; seguir el ritmo de nuestra naturaleza suele ayudar mucho. S\u00f3lo una persona de alma muy peque\u00f1a se escandalizar\u00eda de ello.<br>\nPerdonar quiz\u00e1 sea una labor interior aut\u00e9ntica y dura, pero con la ayuda de buenos amigos y, sobre todo, con la ayuda de la gracia divina, es posible realizarla. \u00abCon mi Dios, salto los muros\u00bb, canta el salmista. Podemos referirlo tambi\u00e9n a los muros que est\u00e1n en nuestro coraz\u00f3n.<br>\nSi conseguimos crear una cultura del perd\u00f3n, construiremos juntos un mundo habitable, con m\u00e1s vitalidad y fecundidad; proyectaremos juntos un futuro realmente nuevo. Para terminar, vale recordar unas sabias palabras: \u00ab\u00bfQuieres ser feliz un momento? V\u00e9ngate. \u00bfQuieres ser feliz siempre? Perdona\u00bb.<\/p>\n<p class=\"textogris\">[1] Cfr. Santo Tom\u00e1s de Aquino, Summa theologiae II-II, q. 68, a. 4 ad 1.<\/p>\n<p>[2] Ch. de Cherg\u00e9. \u00abTestament spirituel\u00bb (1994), en B. Chenu. Linvincible esp\u00e9rance. Par\u00eds, 1997. p. 221.<br>\n[3] Se ha destacado que la justicia, junto con la verdad, son los presupuestos del perd\u00f3n. Cfr. Juan Pablo II, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz Ofrece el perd\u00f3n, recibe la paz, 1\u00b0 de enero de 1997.<br>\n[4] Se suele atribuir esta frase al fil\u00f3sofo estoico Epicteto, que era un esclavo. Cfr. Epicteto. Handb\u00fcchlein der Moral. Edici\u00f3n de H. Schmidt. Stuttgart, 1984. p. 31.<br>\n[5] P. Raybon. My First White Friend. New York, 1996. p.4s.<br>\n[6] A. Kolnai. \u00abForgiveness\u00bb en B. Williams; D. Wiggins (eds.). Ethics, Value and Reality. Selected Papers of Aurel Kolnai. Indianapolis, 1978. p.95.<br>\n[7] Cfr. S. Wiesenthal. The Sunflower. On the Possibilities and Limits of Forgiveness. New York, 1998. Sin embargo, la cuesti\u00f3n del perd\u00f3n se presenta abierta para este autor. Cfr. Los l\u00edmites del perd\u00f3n. Barcelona, 1998.<br>\n[8] Albert Camus. Carta a un amigo alem\u00e1n. Barcelona, 1995. p. 58.<br>\n[9] Joseph Pieper. \u00dcber die Liebe. M\u00fcnchen, 1972. p. 38s.<br>\n[10] Cfr. Ibid. p. 47.<br>\n[11] Robert Spaemann. Felicidad y benevolencia. Madrid, 1991. p. 273.<br>\n[12] Josemar\u00eda Escriv\u00e1 de Balaguer. Amigos de Dios, n. 172.<br>\n[13] Tom\u00e1s de Aquino. In Math. 5, 2.<br>\n[14] Cfr. Romanos. 12, 21.<br>\n[15] A. Cencini. Vivir en paz. Bilbao, 1997. p. 96.<br>\n[16] Cfr. Tom\u00e1s de Aquino. Summa theologiae. I-II, q. 22.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"27022\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&iquest;Perdonar&iacute;amos a quien nos ha dejado completamente en rid&iacute;culo ante los dem&aacute;s, nos ha enga&ntilde;ado o difamado? Perdonar es un reto importante del ser humano. No s&oacute;lo hay que olvidar una agresi&oacute;n, sino asumir una ofensa y liberar al otro de la culpa. 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