{"id":27020,"date":"2004-01-01T00:00:00","date_gmt":"2004-01-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=27020"},"modified":"2004-01-01T00:00:00","modified_gmt":"2004-01-01T00:00:00","slug":"ayer_y_hoy_de_la_literatura_juvenil","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2004\/01\/01\/ayer_y_hoy_de_la_literatura_juvenil\/","title":{"rendered":"Ayer y hoy de la literatura juvenil"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"27020\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p>Cuando recuerda el ambiente cultural de la Viena de principios del siglo XX, el historiador del arte Ernst Gombrich [1] cuenta c\u00f3mo una gran proporci\u00f3n de las clases medias de los pa\u00edses de lengua alemana del siglo XIX y comienzos del XX \u00abal menos ten\u00eda un mapa: el universo de la cultura se percib\u00eda no como un caos sino como un cosmos; no estaba formado por informaciones aleatorias, sino por una manifestaci\u00f3n coherente de la mente humana. La m\u00fasica, la literatura y el arte ten\u00edan cada uno su propio paisaje, con imponentes cumbres, encantadores valles y () \u00e1rboles umbrosos a la vera de un arroyo que invitan a descansar\u00bb.<br>\nCon estas evocaciones, Gombrich pretend\u00eda subrayar que, con el paso del tiempo, muchos no tienen m\u00e1s claro el mapa sino menos. Y, por mi parte, las traigo aqu\u00ed para se\u00f1alar c\u00f3mo, en lo que se refiere a las lecturas juveniles que conducir\u00edan a un buen \u00abequipamiento mental\u00bb, algunos educadores ven las l\u00edneas del mapa bastante borrosas, cuando las ven.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>LA LITERATURA JUVENIL NO EXISTE<\/strong><\/p>\n<p>Los libros que se editan en las colecciones para adolescentes y j\u00f3venes suelen tener protagonistas en esas edades, describen los ambientes que frecuentan y sus problemas, buscan la identificaci\u00f3n del lector usando con frecuencia un narrador en primera persona.<br>\nEn esas colecciones predominan los relatos sobre vida colegial, rivalidades acad\u00e9micas o deportivas, primeros amores, enfrentamientos familiares, proyectos de futuro, sentimientos de soledad, dudas interiores Cualquiera que lea unos cuantos puede apreciar su inter\u00e9s sociol\u00f3gico y ver que, con frecuencia, contienen penetrantes incursiones psicol\u00f3gicas. En lo negativo comprobar\u00e1 que bastantes se inclinan hacia el gui\u00f1o c\u00f3mplice a los adultos, cuya responsabilidad se diluye, y hacia el compadreo con los j\u00f3venes, a quienes se manipula con halagos o pulsando las teclas de algunos instintos b\u00e1sicos.<br>\nAl mismo tiempo, un lector joven busca lecturas diferentes a las que tratan sobre vidas semejantes a la suya, como demuestran los \u00e9xitos de la fantas\u00eda y de la ciencia-ficci\u00f3n. Hoy como ayer, los j\u00f3venes se ven atra\u00eddos por vidas en lugares y escenarios distintos, por el af\u00e1n de aventuras y el deseo de huida de lo cotidiano, por otros estilos de vida<br>\nParafraseando una famosa frase, tambi\u00e9n de Gombrich, se puede afirmar que no existe la literatura juvenil, existen j\u00f3venes que leen. Y es que lo m\u00e1s caracter\u00edstico de la juventud es el modo de leer: nunca se vuelve a leer con tanta pasi\u00f3n, con el ansia de quien est\u00e1 descubriendo la vida y busca en los libros claves para entenderla y manejarse mejor.<br>\n<strong>DIFERENCIA DE AMBICI\u00d3N<\/strong><br>\nLos comentarios iniciales remiten a la cuesti\u00f3n de qu\u00e9 diferencias significativas hay entre los lectores j\u00f3venes de antes y los de ahora. Si en el pasado los chicos tomaban los libros que conectaban m\u00e1s con su mentalidad y eleg\u00edan obras como Jane Eyre o Los tres mosqueteros, o autoras y autores como Jane Austen o Dickens, no lo hac\u00edan por su calidad: lo hac\u00edan porque no ten\u00edan otra cosa. O le\u00edan lo que ten\u00edan a mano, los que ten\u00edan algo, o no le\u00edan. Y unos pocos, muy pocos, le\u00edan.<br>\nPor el contrario, hoy sobran libros para elegir y, si atendemos a los grandes n\u00fameros, no hay discusi\u00f3n: hoy son muchos m\u00e1s los j\u00f3venes que leen. Eso s\u00ed, el educador tiene por delante un trabajo mayor: ha de realizar un esfuerzo serio para explicarles de modo convincente cu\u00e1les son las mejores entre las propuestas que les llegan desde la escuela, en casa, por medio de los amigos, a trav\u00e9s de la publicidad.<br>\nEsa explicaci\u00f3n puede comenzar por constatar que hoy, ciertamente, para los estudiantes nunca volver\u00e1n las tardes vac\u00edas de los domingos o los meses de verano con horas por delante sin nada que hacer mejor que leer. Que, a la hora de competir por el tiempo, la televisi\u00f3n y otros medios pasivos y de gratificaci\u00f3n inmediata parecen tener una clara ventaja sobre la lectura.<br>\nPero, al enumerar esas dificultades, deber\u00edamos ver si acaso, impl\u00edcitamente, no estamos subestimando la capacidad del chico pues damos por supuesto que no ser\u00e1 capaz de vencerlas y no estamos tambi\u00e9n desconfiando de que los grandes libros tengan verdadera fuerza. Y deber\u00edamos recordar, de paso, que las grandes historias pinchan esos globos: ah\u00ed est\u00e1n los \u00e9xitos, incre\u00edblemente sorprendentes para muchos adultos pero nunca para un buen lector, de la obra de Tolkien y de los libros de Harry Potter.<br>\nUn segundo punto de la explicaci\u00f3n debe hacer notar una diferencia en el origen de los libros. Un escritor antiguo preparaba sus novelas en funci\u00f3n de sus deseos e intereses, pero pensaba en ser le\u00eddo por todos, escribiera o no sobre j\u00f3venes.<br>\nPor el contrario, mucho escritor de ahora s\u00ed busca expresamente ser aceptado y le\u00eddo por un p\u00fablico joven. Tambi\u00e9n la mayor\u00eda de los editores apuestan por productos rebajados pues piensan que as\u00ed arriesgar\u00e1n menos y vender\u00e1n m\u00e1s. Y si en s\u00ed mismas ninguna de las dos cosas es condenable, el planteamiento da como resultado que autores actuales que podr\u00edan escribir excelentes novelas se conforman con obritas menores.<br>\nPodemos afirmar con certeza que hay una enorme diferencia de ambici\u00f3n, literaria y humana, entre las novelitas actuales al uso y las obras cl\u00e1sicas que abordan problemas juveniles. Y esto no se aplica s\u00f3lo a las obras cumbre, sino tambi\u00e9n a la literatura popular: cualquier lector espa\u00f1ol lo comprende bien si pone a Jules Verne al lado de Jordi Sierra i Fabra, por ejemplo.<br>\n<strong>VALOR Y EFICACIA PROBADOS<\/strong><br>\nLlegados aqu\u00ed se puede abordar el n\u00facleo de la cuesti\u00f3n:<br>\n\u00bfcu\u00e1les son las referencias m\u00e1s importantes del mapa, las mejores literariamente y de acuerdo con unos deseos y necesidades de los j\u00f3venes que podr\u00edamos llamar universales?<br>\nUna respuesta gen\u00e9rica ser\u00eda: las que, a la vez que les enganchan, les hacen conocerse mejor y apreciar mejor la complejidad de la realidad, las que les hacen salir de s\u00ed mismos y les abren a los problemas de los dem\u00e1s, las que les aportan la hondura y la visi\u00f3n de conjunto que sus a\u00f1os no les han podido dar todav\u00eda.<br>\nDoy a continuaci\u00f3n una selecci\u00f3n, en la que a prop\u00f3sito he buscado salirme de los libros habituales en la literatura juvenil, y con la que pretendo apuntar tambi\u00e9n unas posibles pautas para la selecci\u00f3n y para el consejo.<br>\nParece l\u00f3gico empezar por libros cuyo valor y eficacia est\u00e1n sobradamente probados por el tiempo. Sin ignorar las dificultades que su lectura puede presentar, a mi juicio es imprescindible hablar a los j\u00f3venes sobre las grandes novelas del pasado que tratan de cuestiones que les afectan.<br>\nSe puede mencionar, en primer lugar, la novela de un proceso formativo juvenil ideal seg\u00fan el modelo al que se refiere Gombrich: El veranillo de san Mart\u00edn (Nachsommer), del austr\u00edaco Adalbert Stifter, una \u00abBildungroman\u00bb en la que su joven protagonista aprende muchas ciencias y oficios seg\u00fan un programa cuidadosamente fijado. Aunque sea ciertamente ardua lenta, descriptiva, minuciosa para un lector joven de hoy, revela un talante con el que conviene medirse: Romano Guardini dec\u00eda que la obra de Stifter se caracteriza, en lo esencial, por una defensa de los valores del car\u00e1cter, de la fidelidad a uno mismo y a la propia obra, de la constancia en los trabajos que uno emprende.<br>\nLos mismos elogios e incluso m\u00e1s se pueden hacer de la obra que fija el list\u00f3n de las novelas de amores juveniles, Los novios, de Alessandro Manzoni: en este caso de modo divertido, movido, intenso y profundo, el escritor italiano narra el triunfo del amor de un tejedor y una campesina, despu\u00e9s de numerosos incidentes, en la convulsionada Lombard\u00eda del siglo XVII. Y por supuesto, los merece tambi\u00e9n Fi\u00f3dor Dostoievski, con numeros\u00edsimas p\u00e1ginas por las que desfilan multitud de problemas juveniles, como El adolescente o Los hermanos Karamazov, aunque quiz\u00e1 sea Crimen y castigo la mejor novela para empezar con \u00e9l.<br>\n<strong>GRANDES FOCOS, POTENTES FLASHES<\/strong><br>\nCualquier joven comprende bien la importancia de contemplar su propia juventud tal como es: una etapa de la vida que va enmarcada en contextos m\u00e1s amplios, personales y sociales. En ese sentido, dejando de lado ahora los libros de memorias, pues en principio la carga de nostalgia y evocaci\u00f3n que normalmente contienen dificultan la conexi\u00f3n mental con los j\u00f3venes, ayudan mucho los relatos que siguen la evoluci\u00f3n de sus personajes durante largos periodos.<br>\nEs interesante atender a c\u00f3mo estas novelas, al no estar centradas en los a\u00f1os j\u00f3venes, son como grandes focos que los iluminan, los redimensionan y muestran mejor a\u00fan la trascendencia que tienen.<br>\nPor citar ejemplos de procedencias y \u00e9pocas diversas, pocas novelas presentan tan bien el amor juvenil en medio de los convencionalismos sociales como lo hace Middlemarch de George Eliot. Las novelas de Charles Dickens, David Copperfield o Casa desolada, entre otras, son como un gran tapiz de variad\u00edsimos comportamientos humanos. Hablan muy bien de valor y tenacidad a lo largo de la vida las novelas de Willa Cather, Pioneros y Mi \u00c1ntonia.<br>\nEs dif\u00edcil encontrar m\u00e1s agudeza psicol\u00f3gica a la hora de dibujar c\u00f3mo evolucionan distintas personalidades que Los Buddenbrook de Thomas Mann. J\u00f3venes puestos en situaciones l\u00edmite durante la Segunda Guerra Mundial aparecen en El caballo rojo, de Eugenio Corti. Aunque tengan menos potencia literaria, son grandes narraciones y para los chicos del primer mundo son \u00fatiles las lecturas reveladoras de ambientes que ignoran, como El r\u00edo y la fuente, de la keniana Margaret Ogola o Cisnes salvajes, de la china Jung Chang.<br>\nNo deben faltar, en un plan juvenil de lecturas, una selecci\u00f3n de los mejores relatos cortos. Son muchos los que se pueden elegir y son a veces la mejor primera elecci\u00f3n para quienes sienten temor a las novelas kilom\u00e9tricas. Aunque su objetivo no sea dar una visi\u00f3n de conjunto, s\u00ed tienen la capacidad de actuar como flashes que iluminan poderosamente aspectos de la vida.<br>\nEnfocando s\u00f3lo hacia los relatos realistas, un buen comienzo es La muerte de Iv\u00e1n Ilich, de Leon Tolstoi, una inteligente reflexi\u00f3n sobre qu\u00e9 llena y qu\u00e9 hace est\u00e9ril una vida. Una comprensi\u00f3n m\u00e1s profunda de la condici\u00f3n humana nos la proporcionan tantos cuentos de Ant\u00f3n Ch\u00e9jov, por ejemplo El estudiante o La novia; o de Katherine Mansfield, como La fiesta en el jard\u00edn y La casa de mu\u00f1ecas.<br>\nEn tiempos de pusilanimidad intelectual es b\u00e1sico apostar por relatos que llevan hasta el final las consecuencias de algunos planteamientos vitales, como hacen Flannery OConnor en Los lisiados ser\u00e1n los primeros y en sus dem\u00e1s cuentos; o Vercors, en El silencio del mar.<br>\nEncontramos amistad y valent\u00eda en El amuleto, de Conrad F. Meyer; coraje y tenacidad en El viejo y el mar, de Ernest Hemingway; bondad y paciencia en El hombre que plantaba \u00e1rboles, de Jean Giono<br>\n<strong>VARIAS DIVISIONES POR DEBAJO<\/strong><br>\nSi pasamos al terreno de la literatura juvenil, obviamente hay diferentes niveles a la hora de plantear los problemas que se les presentan a los chicos. Y aqu\u00ed aparece una gran cuesti\u00f3n: cuando en las ficciones juveniles proliferan protagonistas centrados en sus problemitas presentes, preparan el camino para que sus lectores y espectadores renuncien a proyectos vitales ambiciosos y sean peque\u00f1itos de mente y coraz\u00f3n en el futuro, por m\u00e1s simp\u00e1ticos que sean cuando son j\u00f3venes.<br>\nEn un escal\u00f3n bajo hay novelitas sobre adolescentes que sufren como un drama el contraste de sus peque\u00f1as dificultades diarias con el mundo de fantas\u00eda que les ofrecen la televisi\u00f3n y el mundo del consumo. Son problemas reales para quienes los padecen pero magnificados en much\u00edsimos casos. Sobre tales relatos ironiza la norteamericana Beverly Cleary en Querido se\u00f1or Henshaw: a un chico de nombre Leigh que quiere ser escritor, le presentan a una escritora que, dice Leigh, \u00abescribe casi siempre sobre ni\u00f1as con problemas, como el de tener los pies muy grandes, o granos, o algo parecido\u00bb.<br>\nEn cuanto la edad sube, las ficciones suelen reunir los temas propios del costumbrismo juvenil en unas mezcolanzas m\u00e1s o menos afortunadas. En esa direcci\u00f3n, dos novelitas jugosas de aqu\u00ed y ahora que reflejan con gracia determinadas mentalidades y ambientes actuales son Y decirte alguna estupidez, por ejemplo, te quiero, de Mart\u00edn Casariego, y Vigo es Vivaldi, de Jos\u00e9 Ram\u00f3n Ayll\u00f3n.<br>\nDe las dos se puede decir que hablan con sentido sobre la efervescencia del primer amor, que no contienen los chorros de romanticismo rosa y verde de otras, que no recurren a las propiedades inflamables de algunos deseos para manipular al lector adolescente. Ahora bien, tambi\u00e9n debe decirse que son novelas que juegan varias divisiones por debajo de las obras citadas antes, o por ejemplo, de La vida nueva de Pedrito de And\u00eda, de Rafael S\u00e1nchez Mazas, para mi gusto la mejor novela de amores juveniles y mundo colegial que se ha escrito en castellano.<br>\n<strong>LA ESCALERA DEBE CONTINUAR<\/strong><br>\nPero si esas novelas est\u00e1n centradas en el descubrimiento del amor como conmoci\u00f3n interior, tambi\u00e9n las hay que usan como gancho el aspecto f\u00edsico de la cuesti\u00f3n. Por la misma fuerza de las cosas, esos relatos act\u00faan en los j\u00f3venes como acicates que les llevan a buscar experiencias semejantes, y como una especie de consejeros a distancia que, al desculpabilizar las actuaciones m\u00e1s o menos desafortunadas de los protagonistas, tranquilizan la conciencia del lector.<br>\nY en ellos no son frecuentes las advertencias como la que Dickens, en Oliver Twist, hace decir a la se\u00f1ora Maylie, cuando advierte a su hijo Harry sobre su amor por la hu\u00e9rfana Rose: \u00abLa juventud tiene muchos impulsos generosos poco duraderos y entre ellos hay algunos que cuanto m\u00e1s pronto se satisfacen m\u00e1s ef\u00edmeros son\u00bb.<br>\nEs responsabilidad de los educadores promover la literatura que nos deja ver debajo de la superficie y tiene profundidad, la que muestra los otros lados de las cosas y a\u00f1ade perspectiva, la que nunca tiende trampas para incautos y menos a los j\u00f3venes. Y, cuando deban proponer libros de menos alcance, han de procurar que sean pelda\u00f1os para subir a la mejor literatura y a un grado superior de madurez.<br>\nComo explica Gombrich, si el lenguaje del arte tiene una cohesi\u00f3n \u00abtenemos derecho a hablar de vocabularios y recursos pobres y ricos, posibilidades de diferenciaci\u00f3n y discriminaci\u00f3n\u00bb y, si \u00abpuede haber una transici\u00f3n natural desde el inter\u00e9s por las columnas de cotilleos hasta el disfrute de noveluchas\u00bb, es de suponer que la escalera debe continuar hacia una mayor \u00abriqueza en la articulaci\u00f3n de los problemas humanos\u00bb.<br>\nNo pretendo negar las dificultades, ni la real debilidad o falta de preparaci\u00f3n de muchos lectores, ni la desproporci\u00f3n entre sue\u00f1os y realidades, sino hacer notar una ley f\u00edsica inalterable: las leyes de la trayectoria exigen que para llegar lejos hay que apuntar alto.<br>\n<strong>ACEPRENSA<\/strong><br>\n[1] Las citas de Ernst Gombrich est\u00e1n tomadas de la parte autobiogr\u00e1fica de Gombrich esencial. Textos escogidos sobre arte y cultura (The Essential Gombrich, 1996;edici\u00f3n de Richard Woodfield. Debate. Madrid, 1997.<br>\n<strong>RECUADRO<\/strong><br>\n\u00bfUn flagrante atentado? El palad\u00edn actual de la \u00abliteratura juvenil\u00bb en M\u00e9xico es, hasta donde yo me qued\u00e9, Carlos Cuahut\u00e9moc S\u00e1nchez. Sus libros, por llamarlos de alguna manera, han eclipsado a miles de muchachos que se complacen volando sobre el pantano. El nicho de mercado juvenil ha sido copado por escandalosos y grandilocuentes escritores Carlos Fuentes (Instinto de Inez) o Mario Vargas Llosa (Pantale\u00f3n y las visitadoras), quienes ostentan el membrete de la mocedad gracias a que incluyen en sus relatos el aderezo t\u00edpicamente jovial: sexo. O los llamados light, como Isabel Allende y sus secuaces.<br>\nAnte ellos palidecen contempor\u00e1neos suyos, como Julio Cort\u00e1zar (Todos los fuegos, el fuego) o Alejo Carpentier (El siglo de las luces), en quienes los lectores m\u00e1s pueriles podr\u00edan hallar, si quisieran, la belleza y calidad literaria que les han arrebatado autores de menor val\u00eda.<br>\nAgotar la lista de los que el sector adolescente ha desterrado implicar\u00eda mucho tiempo y espacio, pero vale la pena recordar algunos hombres representativos como Alfonso Reyes (sus Cuentos son de verdad estupendos. S\u00ed, tambi\u00e9n escribi\u00f3 cuentos), Juan Rulfo (Pedro P\u00e1ramo) o Juan Jos\u00e9 Arreola (Bestiario), cuya obra ha sido coronada en el extranjero con el enorme agradecimiento de los menores de 30 a\u00f1os. En este sentido, la literatura que hered\u00f3 el Siglo de Oro espa\u00f1ol es para los j\u00f3venes una suerte de laberinto diab\u00f3lico. Para ellos, ese legado les aterra gracias a la complicidad de profesores aburridos y las atrofias propias de la edad.<br>\nLa poca atenci\u00f3n que los estudiantes ponen a La vida del Busc\u00f3n don Pablos, de Francisco de Quevedo; El esc\u00e1ndalo, de Pedro Antonio de Alarc\u00f3n, o el reglamentario Quijote prueba su renuente negativa a enterarse de las divertidas e ir\u00f3nicas burlas de Quevedo o de la inquietante pasi\u00f3n de los enamorados en El esc\u00e1ndalo. All\u00e1 ellos.<br>\nEl final del siglo XIX mexicano tambi\u00e9n vio nacer a novelistas brillantes, velados hoy, como Manuel Payno (El fistol del diablo), extraordinario retratista de las costumbres de aquella \u00e9poca y due\u00f1o de una literatura extraordinaria para lectores que se inician.<br>\nHabr\u00eda que mencionar, adem\u00e1s, el valor de los modernistas Ram\u00f3n L\u00f3pez Velarde o Manuel Jos\u00e9 Oth\u00f3n de quienes autores posteriores Xavier Villaurrutia o Jos\u00e9 Gorostiza heredaron su talento y calidad.<br>\nLa indiferencia de la juventud hacia estos escritores es pasmosa. Adem\u00e1s de los medios electr\u00f3nicos y el ocio mal encaminado, el marketing literario los opaca con desprecio. Los m\u00e1s j\u00f3venes parece piensan que leerlos es un flagrante atentado contra la rebeld\u00eda propia de su edad.<br>\n<strong>V\u00edctor Isolino<\/strong><\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"27020\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La literatura juvenil atraviesa hoy un gran auge editorial. &iquest;Augura esto un enriquecimiento futuro del p&uacute;blico lector? 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