{"id":27019,"date":"2004-01-01T00:00:00","date_gmt":"2004-01-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=27019"},"modified":"2023-11-04T14:20:44","modified_gmt":"2023-11-04T19:20:44","slug":"hospitalidad_un_mundo_al_que_se_puede_volver","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2004\/01\/01\/hospitalidad_un_mundo_al_que_se_puede_volver\/","title":{"rendered":"Hospitalidad, un mundo al que se puede volver"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"27019\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p>Ante su choza, el labriego descansa a la sombra, mientras humea su modesto fog\u00f3n.<br>\nY el ta\u00f1ido de la campana del anochecer acoge, hospitalario, al caminante.<br>\n<strong>H\u00f6lderlin. Fantas\u00eda de la tarde<\/strong><br>\nLos seres humanos estamos llamados a ser anfitriones de nuestro pr\u00f3jimo: de quienes habitan mi casa, mi trabajo, mis relaciones sociales. No podemos sustraernos a la mirada del otro ni escandalizarnos de su singularidad. Su condici\u00f3n de persona est\u00e1 por encima de estas particularidades, que s\u00f3lo confirman la riqueza de la condici\u00f3n humana.<br>\nSer diferentes no es sin\u00f3nimo de encono o enemistad. Las personas con las que convivimos o trabajamos no est\u00e1n hechas a nuestra medida, cada una manifiesta la riqueza insondable de lo humano, que no se agota en lo individual. La hospitalidad nos lleva a respetar y a celebrar esa particularidad personal, a no tratar al pr\u00f3jimo como a un extra\u00f1o, a comprender su singular estilo de vida, a mostrarnos sinceramente benevolentes aun con quienes no nos quieren.<br>\nPor eso, aunque al pensar en la hospitalidad siempre nos referimos a un hu\u00e9sped y a un anfitri\u00f3n que se exigen mutuamente, aqu\u00ed har\u00e9 especial \u00e9nfasis en la segunda figura, la del anfitri\u00f3n.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>CUANDO CADA CUAL VA A LO SUYO<\/strong><\/p>\n<p>En una de sus obras de teatro, El mundo quebrado, Gabriel Marcel ilustra la falta de autenticidad y extra\u00f1eza en las relaciones interpersonales. La protagonista, Christiane Chesnay, es una mujer de \u00e9xito, vive su matrimonio sin amor, rodeada de amigos que la halagan y pretenden. Su vida transcurre en quehaceres brillantes que ocupan las 24 horas de cada d\u00eda, pero no es feliz. En una conversaci\u00f3n con su amiga Denisse exclama dram\u00e1ticamente:<br>\n\u00bfNo tienes a veces la impresi\u00f3n de que vivimos, si a esto se puede llamar vivir, () en un mundo roto? S\u00ed, roto, estropeado, como se estropea un reloj, al que la cuerda ya no le funciona. En apariencia nada ha cambiado, todo est\u00e1 en su sitio. Pero si acercamos el reloj al o\u00eddo no se oye nada () Laurent pone en orden sus reglamentos, pap\u00e1 est\u00e1 abonado al Conservatorio (), Henri se dispone a dar la vuelta al mundo Cada uno tiene su peque\u00f1o rinc\u00f3n, su peque\u00f1o problema, sus peque\u00f1os intereses. La gente se encuentra, entrechoca, y esto produce un sonido de hierros viejos. Pero ya no hay coraz\u00f3n, ya no hay vida, en ninguna parte [1] .<br>\nEl diagn\u00f3stico que podemos hacer nuestro resalta la ausencia de encuentro personal en tantas relaciones puramente formales. Estamos llenos de roles y cada uno desempe\u00f1a una funci\u00f3n en el trabajo, en la vida social, en la familia. Muchas veces, resignados, admitimos que \u00abcumplimos con nuestro trabajo\u00bb, queriendo decir que la situaci\u00f3n es chocante, que las relaciones son \u00e1speras, que cada cual va a lo suyo, que no hay amistad con los colegas.<br>\nPero en el fondo queremos m\u00e1s, pues estamos pensados no s\u00f3lo para existir, sino para existir amando. Como san Agust\u00edn, nuestro coraz\u00f3n est\u00e1 inquieto hasta que no descanse y sea acogido por el coraz\u00f3n de otro, tambi\u00e9n por el coraz\u00f3n del Dios que se hizo hombre.<br>\nA \u00c9L NO HAY QUIEN LO RECIBA<br>\nCon un dramatismo que desemboca en tragedia, la situaci\u00f3n de extra\u00f1eza total es apreciable con toda su viveza en la Medea de Christa Wolf. La narraci\u00f3n es subyugadora. Medea, una mujer b\u00e1rbara pero fascinante, llega a Corintio con Jas\u00f3n, a quien, de inmediato y exclusivamente, el rey Creonte reconoce como uno de los suyos.<br>\nLa reflexi\u00f3n de Jas\u00f3n es interesante: \u00ablas gentes de la C\u00f3lquida [de donde proviene Medea] se concentran en su barrio de la ciudad, y se aferran a sus costumbres y s\u00f3lo se casan entre ellas, y por consiguiente ellas mismas se empe\u00f1an en ser distintas. Inferiores a ellos, piensa la mayor\u00eda de los corintios, incluido el rey Creonte. \u201cPor favor, Jas\u00f3n, al fin y al cabo son salvajes\u201d, me dijo \u00e9l recientemente, poni\u00e9ndome la mano en el brazo. \u201cSalvajes encantadores, lo reconozco, y es muy comprensible que no siempre sepamos resistir sus encantos\u201d\u00bb [2] .<br>\nSalvajes encantadores, personas para encuentros ocasionales, para pasar el rato regode\u00e1ndose en sus costumbres ex\u00f3ticas, para mirarlas aprehensivamente y a distancia, para murmurar y hablar de ellos en corrillos de amigos, para decirme a m\u00ed mismo no sin cierto aire farisaico que yo no soy uno de esos.<br>\nUna actitud as\u00ed, segrega y aparta, es caldo de cultivo de \u00e9ticas de tercera persona, de aquellas que miran con altivez a los dem\u00e1s desde el hombro. Por eso no le falta raz\u00f3n a Medea cuando se\u00f1ala el sentimiento de superioridad como causa de la decadencia de Corintio: \u00abos consider\u00e1is superiores a todos y a todo, y eso deforma vuestra visi\u00f3n de lo real y tambi\u00e9n de lo que sois realmente\u00bb [3] .<br>\nUna actitud as\u00ed incapacita para la hospitalidad, pues nunca me ver\u00e9 convocado a ser anfitri\u00f3n de quien no ha sido invitado o de quien irrumpe en mi vida modificando mis rutinas, apegos y preferencias.<br>\nSaberse segregado es duro, no porque me lo digan, sino porque veo que a los otros s\u00ed se les acoge mientras a m\u00ed se me ignora, cuando no se me desprecia. \u00bfA d\u00f3nde ir entonces? Es la extra\u00f1eza extrema del condenado al ostracismo que no escucha ning\u00fan ta\u00f1er de campana que lo acoja hospitalariamente. Es el viajero que llega y observa las m\u00faltiples manifestaciones de cari\u00f1o que familiares y amigos prodigan a los suyos y a \u00e9l no hay quien lo reciba.<br>\nM\u00e1s a\u00fan, dir\u00eda Medea, \u00ab\u00bfes imaginable un mundo, una \u00e9poca en que encuentre mi lugar? No hay nadie a quien poder pregunt\u00e1rselo. \u00c9sa es la respuesta\u00bb [4] . Un mundo, el de Corintio, que no es el suyo, que reconoce su diferencia, pero la mira con desprecio. Otro mundo, el de la C\u00f3lquida su tierra de origen, cuyo recuerdo est\u00e1 marcado por el calor familiar, pero tambi\u00e9n por la traici\u00f3n y la sangre derramada. Un mundo al que no puede volver.<br>\nAs\u00ed, Medea est\u00e1 sola, no hay lugar a d\u00f3nde pueda voltear la cabeza. Su desgarramiento y extra\u00f1eza se acrecientan a\u00fan m\u00e1s cuando descubre en carne propia que no hay ning\u00fan semejante otro ser humano a quien acudir para hallar sosiego, calor humano, comprensi\u00f3n y descanso.<br>\n<strong>AQUEL DE QUIEN YO SOY RESPONSABLE<\/strong><br>\nEl caso de Medea es extremo, pero no deja de ser real. Ilustra dolorosamente la situaci\u00f3n de desarraigo en que puede encontrarse mi vecino. S\u00ed, aquel que trabaja en la oficina de al lado o que incluso vive en mi casa como un extra\u00f1o.<br>\nEl fragor del d\u00eda a d\u00eda nos puede hacer perder de vista que somos anfitriones. Concentrados como a veces estamos en los propios intereses, podemos desembocar en un enclaustramiento que polariza la mirada a la sola tarea y nos hace olvidar que detr\u00e1s del alumno que plantea un reclamo, de la secretaria apurada, del empleado malgenioso, del colega que interrumpe, est\u00e1 la persona en toda su integridad y complejidad, cuyo d\u00eda puede cambiar con tan s\u00f3lo una sonrisa, una palabra amable o la paciencia de saber escuchar, acoger y comprender la preocupaci\u00f3n y el dolor ajenos.<br>\nLa hospitalidad empieza por el reconocimiento, por una disposici\u00f3n de apertura respetuosa a la realidad y de disponibilidad hacia el pr\u00f3jimo. Disponible, dice Marcel, es \u00abaquella persona con la que siempre se puede contar, la que ha superado el car\u00e1cter cerrado del tiempo y de la muerte. Al punto que el \u00fanico uso totalmente leg\u00edtimo que la persona puede hacer de su libertad consiste precisamente en reconocer que no se pertenece. El Yo no se pertenece a s\u00ed mismo porque al cerrarse a s\u00ed mismo se convierte en un ser indisponible y empobrecido, que ha perdido el verdadero sentido de su libertad y de su ser: la apertura o trascendencia. Por esto, las relaciones humanas no son relaciones de posesi\u00f3n, sino de donaci\u00f3n, de aceptaci\u00f3n y de creatividad\u00bb [5] .<br>\nSin disponibilidad no hay anfitri\u00f3n; para un ser indisponible el otro no cuenta, permanece cautivo en su propio yo y desconoce, precisamente, que el encuentro con los dem\u00e1s es un proceso de liberaci\u00f3n de esa tendencia desbocada a curvarse sobre s\u00ed mismo, en una autorreferencia asfixiante.<br>\nEs tan esencial esta dimensi\u00f3n humana que Marcel no duda en afirmar: \u00abel hombre es libre de elegir su plenitud o su perdici\u00f3n: el hombre que elige su perdici\u00f3n es el hombre indisponible, cerrado en s\u00ed mismo. En cambio, el que elige la plenitud es el hombre disponible, que ha encontrado el valor de su vida en su condici\u00f3n de anfitri\u00f3n\u00bb [6] .<br>\nEl anfitri\u00f3n es, por tanto, la persona disponible, capaz de reconocer en el otro a un hu\u00e9sped que debe ser acogido. Reconocerlo supone aceptarlo en su particularidad, en una disposici\u00f3n que va m\u00e1s all\u00e1 de las simpat\u00edas y antipat\u00edas naturales. Si te acojo, no es porque me seas simp\u00e1tico, sino porque reconozco en ti una dignidad que se sobrepone a mis apetencias naturales y acudo al llamado del rostro que se pone delante, en su esplendor y fragilidad.<br>\nL\u00e9vinas lo dice con mayor \u00e9nfasis: \u00ablo que se afirma en la relaci\u00f3n con el Rostro es la asimetr\u00eda: en el punto de partida me importa poco lo que el otro sea con respecto a m\u00ed, es asunto suyo; para m\u00ed, \u00e9l es ante todo aquel de quien yo soy responsable\u00bb [7] .<br>\n<strong>\u00bfQU\u00c9 PASA SI EL HU\u00c9SPED TARDA EN IRSE?<\/strong><br>\n\u00abLa hospitalidad recuerda Daniel Innerarity se revela principalmente como una categor\u00eda antropol\u00f3gica central cuando se comprende que las cosas que m\u00e1s nos incumben no las hemos elegido, que la pasividad antecede a la actividad\u00bb [8] . Es decir, se nos ha encomendado el cuidado de la Creaci\u00f3n, somos portadores de encargos, algunos de ellos de una importancia abrumadora. Qu\u00e9 f\u00e1cil es querer al que nos quiere o tratar bien al que nos cae bien.<br>\nDe aqu\u00ed a la acepci\u00f3n (discriminaci\u00f3n) de personas hay apenas un peque\u00f1o paso, que nos puede conducir incluso a cometer injusticias, negando al otro lo suyo, atribuy\u00e9ndole conductas e intenciones inexistentes, dej\u00e1ndonos llevar por la propia aprensi\u00f3n, haciendo de altavoces de comentarios mal\u00e9volos, quitando la fama y la buena honra de gente, cuya \u00fanica debilidad ha sido mantener su leg\u00edtimo derecho a ser diferentes.<br>\nEl anfitri\u00f3n, asimismo, atiende y cuida del otro. No s\u00f3lo lo acepta, sino que se vuelca en \u00e9l. Est\u00e1 atento a sus necesidades y procura adelantarse a sus deseos, facilit\u00e1ndole sus movimientos, dado que el anfitri\u00f3n conoce mejor el mundo y el tiempo al que ha llegado su hu\u00e9sped.<br>\nPero, \u00bfqu\u00e9 sucede cuando el hu\u00e9sped llega sin ser invitado o tarda en irse? Esta pregunta es sim\u00e9trica a otra: \u00bfqu\u00e9 hacer con lo que simplemente nos acontece?, es decir, \u00bfqu\u00e9 hacer cuando nos suceden cosas inesperadas y no buscadas? Es f\u00e1cil manejar lo que hemos previsto, pero es m\u00e1s dif\u00edcil hacernos cargo de lo no previsto. Y en la complejidad de nuestro mundo, el inoportuno y el suceso imprevisto son pan de cada d\u00eda.<br>\nInnerarity afirma que una vida cerrada a la irrupci\u00f3n de los imprevistos a la visita de hu\u00e9spedes que quiebran nuestra concordancia ser\u00eda una tautolog\u00eda autista. De ah\u00ed que recomiende lo siguiente: \u00aborganiza las cosas de tal manera que la realidad pueda decirte que no, desbaratar tus previsiones, corregir tus juicios, reorientar tus proyectos, incluso mejorar lo que eres\u00bb [9] .<br>\nUn consejo saludable, aunque a veces puede resultar costoso deshacer el estuche personal que confeccionamos para solaz y bienestar propio. El instalado, el autosuficiente, ver\u00e1 al otro que no es igual a \u00e9l como un invasor y le atribuir\u00e1 la culpa de todos sus males presentes. En lugar de acercarse y de buscar puntos de encuentro, agrandar\u00e1 las distancias, prolongar\u00e1 los silencios y rumiar\u00e1 interna y externamente sus prejuicios.<br>\nLa calidad de buen anfitri\u00f3n lleva consigo el esfuerzo por estar continuamente ensanchando el coraz\u00f3n y la cabeza para que todos y cada uno de los que me circundan encuentren en m\u00ed palabras de \u00e1nimo, miradas de aprecio y brazos que auxilien.<br>\nNo se trata, claro est\u00e1, de un \u00abtodo vale\u00bb, sino de entender que la persona es m\u00e1s grande que sus aciertos o errores y por eso hemos de estar dispuestos a desinstalarnos, a desprendernos de los particulares puntos de vista, de las derivas y apegos, de los rinconcitos ergon\u00f3micos que incrementan la comodidad material y an\u00edmica.<br>\nSer anfitri\u00f3n es ser pastor de nuestros semejantes, antes que jueces de sus debilidades; para lograrlo, nada mejor que practicar la decepcionabilidad, que Innerarity define \u00abcomo aquella virtud humana que templa nuestro deseo generalmente excesivo de que la realidad confirme lo que somos, hacemos y esperamos\u00bb [10] . El desprendimiento del propio yo es un buen camino que lleva al encuentro del otro.<br>\n<strong>SOY DE LOS TUYOS<\/strong><br>\nLa hospitalidad necesita un ethos para florecer. Una cultura de raigambre individualista [11] dif\u00edcilmente responde al llamado del otro, a quien no se ve como un semejante de cuyo presente y futuro soy responsable, sino como un l\u00edmite a la propia expansi\u00f3n.<br>\nAnota Karol Wojtyla que \u00abdesde el punto de vista del individualismo, actuar \u201cjunto con otros\u201d, lo mismo que existir \u201cjunto con otros\u201d, es una necesidad a la que el individuo tiene que someterse, una necesidad que no corresponde a ninguna de sus propiedades positivas () Para el individualismo, los \u201cotros\u201d son una fuente de limitaci\u00f3n; puede incluso dar la impresi\u00f3n de que representan el polo opuesto en una serie de intereses enfrentados. Si se forma una comunidad, su prop\u00f3sito es proteger el bien del individuo del peligro de los \u201cotros\u201d\u00bb [12] .<br>\nPara el individualismo conceptual o pr\u00e1ctico, el hu\u00e9sped es un obst\u00e1culo, un l\u00edmite, un estorbo, alguien que impide \u00abmi derecho a ser yo mismo\u00bb. El otro es un extra\u00f1o, una carga que lastra el propio proyecto personal e impide el goce pleno. El individualismo genera inflaci\u00f3n de derechos y acent\u00faa la posici\u00f3n de acreedor: los dem\u00e1s me deben bienes y honores y, cuando no los recibo, aparece el resentimiento, pues se entiende que no se nos da lo que merecemos.<br>\nEl resentimiento lleva a la envidia, ese movimiento \u00e1cido del alma de sentir pena por el bien ajeno. Por el contrario, el humus adecuado al descubrimiento del otro como persona puesta a mi cuidado pasa por una actitud de gratitud ante la vida: lo que tengo y soy me ha sido dado, es un puro regalo.<br>\nEl otro aparece as\u00ed en su pura singularidad, pero tambi\u00e9n como presencia que me convoca y dice: soy de los tuyos, no huyas de mi piel morena, no rechaces mi forma de ser, cuenta conmigo, no ignores mi presencia.<br>\n<strong>RECLAMOS DEL ALMA<\/strong><br>\nEn las relaciones con nuestros semejantes aspiramos a algo m\u00e1s que a encuentros que suenen a hierros viejos. As\u00ed lo ha visto Amitai Etzioni, uno de los principales impulsores del comunitarismo: \u00abAspiramos a una sociedad que no sea \u00fanicamente sociedad civil sino que llegue a ser una buena sociedad, en la que las personas se traten como fines en s\u00ed mismas y no como meros instrumentos; como miembros de una comunidad, unidos por lazos de afecto y compromiso mutuo, y no s\u00f3lo como empleados, comerciantes, consumidores o, incluso, conciudadanos\u00bb [13] .<br>\nEs interesante comprobar c\u00f3mo en el actual debate pol\u00edtico contempor\u00e1neo entre liberales y comunitaristas, la felicidad personal no es un asunto privado, ajeno al bien com\u00fan societario. Por el contrario, tras la idea de una buena sociedad est\u00e1 la convicci\u00f3n de que en la vida social familia, empresa, club, colegio, universidad no podemos manejarnos de espalda a nuestros semejantes.<br>\nEs cierto que hemos contratado a Juan para que haga unos reportes financieros muy especializados, pero tambi\u00e9n es verdad que, si en ocho horas de trabajo diario Juan no pone en juego otras fibras de su condici\u00f3n humana saberse escuchado y estimado, forjar relaciones profesionales que le hagan crecer, gozar de la confianza de los otros, el resultado es un empobrecimiento espiritual que descorazona. La maquinaria funciona, pero sin alma.<br>\nY es que esas relaciones de encuentro yo-t\u00fa, personal\u00edsimas, de las que hablaba Martin Buber [14] , no son un mero ideal rom\u00e1ntico, inalcanzable, sino una verdadera exigencia de la felicidad terrena hoy, ahora; no son s\u00f3lo aspiraciones id\u00edlicas para cuentos de hadas, son reclamos del alma humana cansada que no renuncia a su condici\u00f3n de persona.<br>\nTermino con unas palabras de Henri Nouwen, a prop\u00f3sito de una reflexi\u00f3n alrededor de la escena evang\u00e9lica del hijo pr\u00f3digo, aplicable a la condici\u00f3n de anfitri\u00f3n que lleva aparejada la hospitalidad: \u00abveo mi vocaci\u00f3n de anfitri\u00f3n con toda claridad al mismo tiempo que me parece imposible seguir esa vocaci\u00f3n. No quiero quedarme en casa mientras todos se marchan, llevados por sus deseos o por su ira. \u00a1Yo siento los mismos impulsos y quiero correr como los dem\u00e1s! \u00bfPero qui\u00e9n estar\u00e1 en casa cuando vuelvan, cansados, exhaustos, inquietos, desilusionados, culpables o avergonzados? \u00bfQui\u00e9n les convencer\u00e1 de que despu\u00e9s de todo lo dicho y hecho, hay un lugar seguro donde ir y donde ser abrazados? Si no soy yo, \u00bfqui\u00e9n ser\u00e1 el que permanezca en casa?\u00bb [15] .<\/p>\n<p class=\"textogris\">[1] Gabriel Marcel. El mundo quebrado. Ediciones Losange. Buenos Aires, 1956. p. 15.<\/p>\n<p>[2] Christa Wolf. Medea. Debate. Madrid, 1998. p.56.<br>\n[3] Ibid. p. 166.<br>\n[4] Ibid. p. 220.<br>\n[5] Cfr. Julia Urabayen. El pensamiento antropol\u00f3gico de Gabriel Marcel: un canto al ser humano. EUNSA. Pamplona. p. 73.<br>\n[6] Ibid. p. 236.<br>\n[7] Emmanuel L\u00e9vinas. Entre nosotros. Ensayos para pensar en otro. Pre-textos. Valencia, 1993. pp. 130-131.<br>\n[8] Daniel Innerarity. \u00c9tica de la hospitalidad. Pen\u00ednsula. Barcelona, 2001. p. 14.<br>\n[9] Ibid. p. 57.<br>\n[10] Ibid. p. 58.<br>\n[11] La sociolog\u00eda pol\u00edtica contempor\u00e1nea ha visto con preocupaci\u00f3n que la tendencia al individualismo de algunas sociedades altamente desarrolladas, corroe los cimientos de la convivencia. Alrededor del concepto de capital social, autores como Fukuyama y Putnam abogan por la recuperaci\u00f3n de las relaciones interpersonales de reciprocidad y ayuda mutua, como el camino para conseguir la consistencia social de nuestro tiempo. Cfr. Francis Fukuyama. La gran ruptura. La naturaleza humana y la reconstrucci\u00f3n del orden social. Atl\u00e1ntida. Buenos Aires, 1999. Robert D. Putnam. Bowling alone. The collapse and revival of american community. Simon &amp; Schuster. New York, 2000.<br>\n[12] Karol Wojtyla. Persona y acci\u00f3n. BAC. Madrid, 1982. pp. 320-321.<br>\n[13] Amitai Etzioni. La tercera v\u00eda hacia una buena sociedad. Propuestas desde el comunitarismo. Minima Trotta. Madrid. p. 15.<br>\n[14] Cfr. Martin Buber. Yo y t\u00fa. Caparr\u00f3s Editores. 3\u00aa ed. Madrid, 1998. p. 18.<br>\n[15] Henri Nouwen. El regreso del hijo pr\u00f3digo. PPC. Madrid, 1998. p. 153.<br>\n<strong>RECUADRO:<\/strong><br>\nHospitalidad: en contra del vac\u00edo social<br>\nEl profesor Rafael Alvira * advierte un matiz del aburrimiento que va m\u00e1s all\u00e1 del simple ocio y en el que vale poner atenci\u00f3n al hablar de hospitalidad: el aburrimiento como muerte social, fincado en la anulaci\u00f3n del dialogo y, por eso, del individuo.<br>\n\u00abAburrirse afirma significa no aceptar: abhorrere, aborrecer. Aburrirse es no interesarse, no practicar el inter-esse, no estar metido dentro. El problema est\u00e1 en que, tanto m\u00e1s rechazamos a los dem\u00e1s, tanto m\u00e1s nos quedamos solos, con nosotros mismos, solos con nuestra propia vida. Pero hay dos soledades: la activa y la pasiva. La primera es s\u00f3lo aparente: me separo moment\u00e1neamente para ponderar y calibrar aquello en lo que estoy interesado, aquello que me gusta. La segunda es la propia del aburrido y muestra un rasgo muy caracter\u00edstico aunque no aparente de \u00e9l: la debilidad\u00bb.<br>\nAlvira rescata la definici\u00f3n de S\u00f8ren Kierkegaard para mostrar el peligro del aburrimiento frente a la plenitud humana. \u00abLo aburrido es lo vac\u00edo y carente de contenido, \u201cuna continuidad en la nada\u201d, \u201cuna eternidad sin contenido, una felicidad sin gusto, una profundidad superficial, un hartazgo hambriento\u201d\u00bb.<br>\nEs importante recordar que, como explica Alvira, \u00absi al rechazar lo otro no me encuentro a m\u00ed mismo, sino que me encuentro con el vac\u00edo, eso quiere decir que para encontrarme a m\u00ed mismo tengo que hacer justamente lo contrario: aceptar lo otro, o al otro, interesarme, tomarme en serio lo otro\u00bb.<br>\nY como el eje de la hospitalidad es el di\u00e1logo aceptar al otro, el aburrimiento, al despreciar a los dem\u00e1s, supone la muerte de la sociedad. De ah\u00ed que Alvira pueda afirmar que \u00abel amor y la fuerza dan lugar a la palabra en el di\u00e1logo: tengo algo que decir, porque me he vencido a fuerza de negarme y me he llenado de lo otro o del otro, que me entusiasma. As\u00ed, puedo responder. Ese responder es un activo dar a luz en la verdad. Es una novedad, una ocurrencia, pero no caprichosa, sino originada por el encuentro con lo real, con el ser del otro\u00bb.<br>\n* Cfr. Rafael Alvira. \u00ab\u00bfQu\u00e9 es el aburrimiento\u00bb en Humanitas n. 5. Chile, enero-marzo de 1997.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"27019\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ser buen anfitri&oacute;n no es una actividad de la industria del turismo, sino una exigencia para todos. Con demasiada frecuencia olvidamos tratar con categor&iacute;a y afecto incluso a las personas m&aacute;s cercanas. 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