{"id":27016,"date":"2004-01-01T00:00:00","date_gmt":"2004-01-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=27016"},"modified":"2023-11-04T17:45:37","modified_gmt":"2023-11-04T22:45:37","slug":"univeridad_lenguaje_contradictorio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2004\/01\/01\/univeridad_lenguaje_contradictorio\/","title":{"rendered":"Universidad, lenguaje contradictorio"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"27016\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p>Resulta preocupante que en muchas universidades particularmente en las privadas se hable cada vez m\u00e1s el lenguaje del mercado y no el de la vida acad\u00e9mica. Se hace con ello un flaco servicio a la instituci\u00f3n, es m\u00e1s, se le desprestigia. Una universidad concebida como negocio no es tal.<br>\nLa amenaza para la instituci\u00f3n universitaria radica en que el uso del lenguaje del mercado atenta contra su naturaleza y vocaci\u00f3n. Adem\u00e1s, plantea una peligrosa opci\u00f3n entre universidades con o sin fines de lucro, entre universidades con vocaci\u00f3n de servicio, que cumplen con una funci\u00f3n y una responsabilidad social, y universidades m\u00e1s bien centros de capacitaci\u00f3n que prestan un servicio de adiestramiento.<br>\nLa finalidad de la universidad no es el lucro, sino la formaci\u00f3n de los estudiantes, ampliar el conocimiento humano, responder las preguntas m\u00e1s esenciales de la vida humana. Es una instituci\u00f3n benem\u00e9rita que despierta la buena voluntad de todas las personas, con la que se desea colaborar e, incluso, remediar los d\u00e9ficits en los que incurre por su labor eminentemente social.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>LA CULTURA COM\u00daN DE LOS NEGOCIOS<\/strong><\/p>\n<p>Sin embargo, es notorio y por ello preocupante, que en las universidades, como lo ha se\u00f1alado Derek Bok, ex presidente de la Universidad de Harvard, se hable cada vez m\u00e1s con un lenguaje propio de los negocios y no con el de la ciencia y el conocimiento. Las universidades, ante el prestigio y liderazgo del sector empresarial, est\u00e1n imitando sus formas de organizaci\u00f3n, su lenguaje y qui\u00e9n sabe si hasta sus objetivos y metas.<br>\nHoy es com\u00fan o\u00edr hablar a directivos y profesores universitarios de \u00abla penetraci\u00f3n en el mercado\u00bb, de \u00abla fuerza o el valor de la marca\u00bb, de \u00ablos productos con los que se puede competir\u00bb para referirse a los programas o curso que imparten, de \u00ablos clientes\u00bb los alumnos y estudiantes y del \u00abmargen o rentabilidad con la que operan\u00bb.<br>\nAnte el uso ret\u00f3rico del lenguaje del mercado en las universidades, cabe preguntarse si se trata s\u00f3lo de un modo de decir, que procede de la imitaci\u00f3n del lenguaje del mundo de los negocios, o si bien es algo que cala m\u00e1s profundamente y atenta contra su naturaleza.<br>\nTal vez una posible respuesta se encuentre en el hecho de que, con la globalizaci\u00f3n, hay una cierta tendencia a implantar una cultura com\u00fan: la de los negocios. No es un proceso de los \u00faltimos a\u00f1os, aunque sus manifestaciones m\u00e1s llamativas se hayan dado en ellos.<br>\n<strong>SOMOS LO QUE DECIMOS, SI DECIMOS LO QUE PENSAMOS<\/strong><br>\nEstoy convencido de que cuando muchos de mis colegas usan el lenguaje del mercado, lo hacen bajo la presi\u00f3n de una competencia intensamente percibida a escala global. Es m\u00e1s, estoy casi seguro de que lo utilizan creyendo que as\u00ed sirven mejor a los prop\u00f3sitos que animan la vida universitaria.<br>\nEn el origen hay una preocupaci\u00f3n sana: administrar mejor las instituciones universitarias, de tal manera que un buen manejo de los recursos y el acrecentamiento de los ingresos garanticen la permanencia de la instituci\u00f3n y el cumplimiento de sus fines sociales a largo plazo.<br>\nPero el uso de ese lenguaje puede oscurecer los fines de la vida acad\u00e9mica y, en el extremo, trastocarlos. Creo que se podr\u00eda afirmar que somos lo que decimos, si decimos lo que pensamos. Y viceversa: si lo que decimos no es lo que pensamos, a fuerza de decirlo podemos terminar pensando como hablamos. Si no se utilizan bien, las palabras pueden traicionar el pensamiento, salvada la buena la intenci\u00f3n.<br>\nLa cuesti\u00f3n no es banal. Dec\u00eda Heidegger que no es que nosotros tengamos una lengua, sino que ella nos tiene a nosotros. Y James Boyd White afirmaba que \u00abde maneras importantes nos convertimos en la lengua que utilizamos\u00bb, puesto que \u00ablas lenguas que hablamos y las pr\u00e1cticas culturales que a la vez reflejan y hacen posibles, marcan o configuran nuestras mentes habitu\u00e1ndolas a ciertas formas de atenci\u00f3n, ciertas formas de ver y concebirse a uno mismo y al mundo\u00bb.<br>\nEn cierta forma se puede decir que somos lo que pensamos y, anal\u00f3gicamente, que somos lo que decimos. Esto me recuerda un eslogan televisivo: \u00aben realidad, uno es lo que ve\u00bb, desde luego por la televisi\u00f3n. Y es que el ser humano genera, entre otras realidades, ideas y productos que son suyos, pero que en ocasiones logran impon\u00e9rsele. Es la dram\u00e1tica fantas\u00eda de la m\u00e1quina que termina por gobernar a los humanos. Aunque producimos y tenemos cosas, si renunciamos a ejercer el se\u00f1or\u00edo sobre ellas, las cosas por absurdo que parezca ser\u00e1n due\u00f1as de nosotros.<br>\nPor eso los nombres que damos a lo que nos rodea, a las instituciones y a las personas, determinan nuestra relaci\u00f3n con ellas. No es lo mismo la gimnasia que la magnesia; esposo que amante; cuartel que hogar; universidad que una empresa o un negocio. Un lenguaje poco cuidado, adem\u00e1s de vulgar, abre la puerta a ideas mal formuladas o conceptos imprecisos, susceptibles de originar grandes equ\u00edvocos en los medios y los fines. Por una peque\u00f1a desviaci\u00f3n al principio del camino se llega a donde no se quer\u00eda. Una, al parecer modesta, confusi\u00f3n en los fines, puede ser nefasta.<br>\nNo hay m\u00e1s remedio que escoger las palabras correctas. Es absurdo recurrir al expediente de que \u00abya me entiendes\u00bb, porque en el fondo, si no formulamos bien nuestros pensamientos, es que no nos estamos explicando. Y explicar lo que las cosas son es una de las grandes tareas con las que cumple la universidad.<br>\n<strong>LA SATISFACCI\u00d3N DEL CLIENTE O EL CONSUMISMO COMO DIVISA<\/strong><br>\nEl ambiente materialista y consumista permea toda la vida social. Llega a pobres y ricos, se introduce en las familias y las instituciones, y puede estar afectando la vida de las instituciones de educaci\u00f3n superior. Esta presi\u00f3n dice Terence Ball \u00abesta marcada por un intento de alterar radicalmente el vocabulario que utilizamos al describir y valorar el quehacer humano\u00bb. Por ello hay universidades, y no s\u00f3lo en Estados Unidos, que al vivir en un ambiente de competencia por alumnos y profesores de mayor calidad, han adoptado el lenguaje del mercado.<br>\nEl problema es que el lenguaje de los negocios puede afectar las pr\u00e1cticas de las instituciones de educaci\u00f3n superior y llegar, casi imperceptiblemente, a extremos inveros\u00edmiles, como recompensar a los acad\u00e9micos en funci\u00f3n de la rentabilidad de un departamento o facultad, cancelar los cursos de estudios cl\u00e1sicos porque tienen poca demanda o proceder a realizar entre los alumnos encuestas de \u00absatisfacci\u00f3n del cliente\u00bb, para obligar a los profesores a cambiar intelectualmente los contenidos de sus cursos a fin de acercarse a las expectativas del consumidor.<br>\nDe aqu\u00ed que Ball afirme: \u00abredescribir la educaci\u00f3n en el lenguaje del mercado no es hablar en un idioma sistem\u00e1ticamente neutral o inocente. Ha tenido implicaciones problem\u00e1ticas muy reales\u00bb.<br>\nY es que el leguaje de la econom\u00eda y el mercado tiene categor\u00edas propias para describir los fen\u00f3menos de su campo espec\u00edfico. El problema se presenta cuando con esas categor\u00edas se trata de explicar el fen\u00f3meno humano o, en nuestro caso, el educativo, en el que los planos se traslapan, y en el que realidades diversas y al mismo tiempo relacionadas crean una complejidad dif\u00edcil de reducir en una explicaci\u00f3n monocrom\u00e1tica.<br>\nLa influencia de la econom\u00eda y el mercado en la vida humana y social est\u00e1 impulsando una redefinici\u00f3n de todas las esferas del saber en t\u00e9rminos cremat\u00edsticos, y ello cercena las realidades no expresables en n\u00fameros, estad\u00edsticas o porcentajes.<br>\n<strong>EL MEDIO ES EL MENSAJE, OTRA VEZ<\/strong><br>\nCon el lenguaje estructuramos verbalmente la realidad conocida. Hay una clara relaci\u00f3n entre la racionalidad y la capacidad locuente del ser humano. Para los griegos, el logos designaba al mismo tiempo la palabra y la raz\u00f3n, haciendo de ambas t\u00e9rminos proyectivos complementarios, como lo son tambi\u00e9n, por ejemplo, la libertad y la responsabilidad.<br>\nLa palabra manifiesta la raz\u00f3n, y la raz\u00f3n est\u00e1 en la palabra. No es un asunto de menor importancia. O las palabras traducen los conceptos, y estos manifiestan la realidad, o no hay forma de entenderse y, lo peor, no se actuar\u00eda racionalmente.<br>\nLos cambios en el lenguaje se deben ver con alarma pues, si se me permite la expresi\u00f3n, en el principio siempre est\u00e1 el lenguaje. La celebre frase de McLuhan \u00abel medio es el mensaje\u00bb, tiene aqu\u00ed, como en ning\u00fan otro campo, una aplicaci\u00f3n directa. Palabra y raz\u00f3n se confunden, se funden: son la idea.<br>\nEl conocimiento necesita expresarse. La palabra es el medio por el cual la idea se comunica. La idea gobierna nuestros modos de actuar y de proceder. La idea da tambi\u00e9n respuesta al problema de nuestra identidad como personas, lo que equivale a tener una idea de s\u00ed mismo o de la naturaleza de nuestras instituciones.<br>\nPor tanto, la idea es condici\u00f3n necesaria de la fidelidad a la misi\u00f3n personal o colectiva. El problema, insisto, es de coherencia, pues las palabras pueden traicionar la idea. Y entonces lo \u00fanico que queda es el hacer pragm\u00e1tico, a la manera troqueladora de la producci\u00f3n masiva, que acaba por justificar la acci\u00f3n por la acci\u00f3n misma, para caer en un positivismo craso.<br>\nDe ah\u00ed la necesidad de ser muy estrictos en el uso del lenguaje. El lenguaje preciso eleva, ayuda a remontar, pone a los seres humanos, a sus relaciones o a las cosas, en el lugar que les corresponde. Es por ello condici\u00f3n para el entendimiento y la cohesi\u00f3n social. Su corrupci\u00f3n lleva en cambio a la perdida del prop\u00f3sito, a la hipocres\u00eda en las intenciones, a la manipulaci\u00f3n y a la imposici\u00f3n del inter\u00e9s por encima de los fines.<br>\nDel lenguaje, no cabe duda, se derivan m\u00e1s tarde las pol\u00edticas de gobierno, las leyes, los modelos de direcci\u00f3n, las propuestas educativas y tambi\u00e9n los enfrentamientos y las guerras. Basta recordar que los grandes holocaustos del siglo XX iniciaron con la utilizaci\u00f3n de un lenguaje racista y xenof\u00f3bico, difundido como moneda de uso de corriente y que fragu\u00f3 en acciones sistem\u00e1ticamente injustas y atroces.<br>\n<strong>EL HOLOCAUSTO MERCANTIL<\/strong><br>\nDebemos salvaguardar a las instituciones de educaci\u00f3n superior del holocausto que supone la mercantilizaci\u00f3n de la vida social, en aras de la utilidad y el beneficio material, como si la vida humana s\u00f3lo tuviera un horizonte intramundano. Y para ello hay que comenzar por recuperar el lenguaje propio de la vida acad\u00e9mica.<br>\nLa comunidad universitaria est\u00e1 compuesta por docentes y dicentes, por profesores y alumnos; no por clientes o compradores, y vendedores de productos o prestadores de servicios. Para comprar o vender no es necesario el clima de amistad, indispensable para que se d\u00e9 el proceso educativo. La relaci\u00f3n entre profesores y estudiantes es trascendente; la relaci\u00f3n de vendedor y cliente es transe\u00fante.<br>\nLas universidades son merecedoras de veneraci\u00f3n, al grado que se les considera alma mater. Porque nutren el esp\u00edritu humano, son como una madre buena para el alma. Acrecientan la capacidad de pensar y actuar, ayudan a forjan el car\u00e1cter y proporcionan medios para desarrollar la propia intimidad.<br>\nLas relaciones de compraventa, en cambio, tienen un puro valor instrumental; proporcionan medios, s\u00ed, pero se ordenan a facilitar lo que falta para organizar el espacio externo.<br>\nLa universidad se mueve en el \u00e1mbito de los fines y de la clarificaci\u00f3n de las vocaciones personales. Tiene que ver, insisto, con el valor intr\u00ednseco de la propia intimidad. Las relaciones mercantiles son epid\u00e9rmicas, superficiales, modales, impersonales.<br>\nLas relaciones entre educadores y educandos, en cambio, por ser personales, son profundas, imprimen car\u00e1cter, dejan huella, al tiempo que abren posibilidades de realizaci\u00f3n in\u00e9ditas y son interactivas. El educando se convierte en educador y viceversa, tanto o m\u00e1s aprende el que ense\u00f1a, como el ense\u00f1ado.<br>\nLa compraventa se agota en el intercambio material, puede ser reiterada, pero no se abre al futuro, pues realiza s\u00f3lo la oportunidad que se presenta en el momento. El intercambio de prestaciones que supone la relaci\u00f3n comercial no es criticable por s\u00ed mismo, lo que denuncio aqu\u00ed es su extrapolaci\u00f3n a las relaciones educativas.<br>\n<strong>AFIRMARLO SIN VERG\u00dcENZA<\/strong><br>\nHay muchas buenas razones para actuar, para reivindicar el \u00e1mbito acad\u00e9mico y universitario como independiente del mercado. Una manera de hacerlo es llamar a las cosas por su nombre. Como hemos dicho, la universidad no es una empresa comercial; los estudiantes no son clientes; los profesores no son animadores de un espect\u00e1culo de entretenimiento. La primera tarea es de los profesores, acad\u00e9micos y autoridades universitarias, que deber\u00edan estar orgullosos de su identidad y defenderla.<br>\nVivimos en una sociedad que ha hecho del consumo su motivaci\u00f3n suprema. El consumo es suscitado, promovido, excitado y hasta exigido. En el extremo se ha llegado a decir que el valor del ser humano radica en su capacidad para consumir: ah\u00ed estar\u00eda su relevancia personal y social.<br>\nEn la cultura del consumo masivo todo est\u00e1 a la venta. El discurso sobre la competencia y el mercado se ha vuelto tan natural, que utilizarlo en otros campos de la actividad humana aparece como irreprochable. Atraviesa todos los estratos sociales, todas las \u00e1reas del obrar humano e influye en nuestra comprensi\u00f3n de lo que somos y de lo que es la vida social.<br>\nDebemos ser conscientes de que el pensamiento mercantil es central en nuestra sociedad, y de que su aplicaci\u00f3n en la vida como explicaci\u00f3n \u00faltima supone un empeque\u00f1ecimiento de los afanes y motivos humanos.<br>\nEl pensamiento mercantil aplicado a las universidades margina, trivializa y vac\u00eda de contenido su misi\u00f3n. Deteriora y al final destruye. Adem\u00e1s de que la propia expresi\u00f3n \u00abpensamiento mercantil\u00bb remite, parafrase\u00e1ndola, a una vieja expresi\u00f3n de cierta popularidad en determinados ambientes: \u00ab\u00a1Pensamiento y mercantil, qu\u00e9 contradicci\u00f3n!\u00bb.<br>\nOtro asunto es el pensamiento empresarial o, para decirlo mejor, el pensamiento sobre las tareas de direcci\u00f3n o gobierno en las organizaciones. Este \u00faltimo no lo cuestiono, sino que afirmo su necesidad y car\u00e1cter universitario.<br>\nMi temor radica en que el lenguaje del mercado, de productos y consumidores, de oferta y demanda, pueda suplantar al de la ciencia y el conocimiento, de los valores y las virtudes, de los seres humanos y los ciudadanos, y termine por anular la capacidad de pensamiento cr\u00edtico que la universidad requiere y promueve como condici\u00f3n de su existencia.<br>\nTen\u00eda raz\u00f3n Adam Smith cuando dec\u00eda que el carnicero no piensa altruistamente al vender su producto al cliente: lo que busca es hacer dinero o, en t\u00e9rminos cl\u00e1sicos, su propio inter\u00e9s.<br>\nEn el proceso educativo, el profesor no busca su propio inter\u00e9s, sino el del otro. Por tanto, el profesor no puede ver en el estudiante un consumidor de servicios. La relaci\u00f3n es distinta y por ello no se le puede aplicar el lenguaje del mercado, a no ser que se est\u00e9 dispuesto a desnaturalizarla.<br>\nEs falsa la conciencia que niega la capacidad del ser humano para moverse por servir a los otros. La tarea educativa es, por esencia, de car\u00e1cter altruista y no hay que tener verg\u00fcenza para afirmarlo.<br>\n<strong>RECUADRO<\/strong><br>\n<strong>La ganancia m\u00e1s preciosa<\/strong><br>\nCuando se discuten nuevas leyes que han de regir los estudios superiores, a casi nadie se le ocurre hablar del saber y mucho menos indagar en qu\u00e9 consiste, lo cual no es asunto balad\u00ed cuando se est\u00e1 tratando de mejorar la calidad universitaria, es decir, mejorar la invenci\u00f3n del conocimiento y su transmisi\u00f3n.<br>\nDesde luego, yo no tengo noticia de ninguna alta asamblea de autoridades universitarias en la que se haya tratado tem\u00e1ticamente la ense\u00f1anza o la investigaci\u00f3n: s\u00f3lo de muchas en las que se ha hablado torrencialmente del dinero, los edificios, los procedimientos de gobierno, la selecci\u00f3n y retribuci\u00f3n del profesorado, las salidas profesionales todo ello, naturalmente, apoyado en cifras y gr\u00e1ficos, para no permitir que se infiltrara ninguna idea m\u00ednimamente abstracta.<br>\nEl saber representa junto con el amor la actividad m\u00e1s directamente dirigida a alcanzar una vida lograda. Por tanto, ser universitario profesor, gestor, alumno implica un modo de vida consistente en buscar la propia realidad, autorrealizarse, a trav\u00e9s del conocimiento.<br>\nNo hay ganancia m\u00e1s preciosa. Y es que, en rigor, cualquier otra cosa que yo posea resulta irremediablemente externa a m\u00ed mismo. Yo no mejoro por llegar a adquirir recordemos a Pedro Salinas \u00abislas, palacios, torres\u00bb. Son objetos que jam\u00e1s llegan a entra\u00f1arse en m\u00ed, que nunca alcanzo a hacer m\u00edos, adem\u00e1s de que puedo llegar a perderlos, lo cual provoca una inevitable inquietud que perturba el sosiego requerido para avanzar en el saber. Para m\u00ed mismo, tales objetos no representan novedad alguna.<br>\nEn cambio, yo llego a ser lo que conozco. Y la vida universitaria consagrada al saber ha de implicar una renovaci\u00f3n continua, una sorpresa permanente, un entusiasmo ininterrumpido. Todo lo cual es algo que no me pueden quitar desde fuera. Por eso, como universitario, no temo a nada ni a nadie. Puedo decir, acerc\u00e1ndome a su serenidad y modestia, lo mismo que uno de los primeros sabios de Grecia: \u00abtodo lo m\u00edo lo llevo conmigo\u00bb.<br>\nDe ah\u00ed el desasosiego que produce la declaraci\u00f3n de que el problema m\u00e1s grave de algunas universidades actuales sea precisamente el estacionamiento de coches. Alumnos, empleados y profesores por este orden compiten en exhibir cada curso modelos m\u00e1s caros que el anterior. Por no hablar de la proliferaci\u00f3n de tel\u00e9fonos m\u00f3viles, la calidad de los ordenadores, el precio de la ropa de marca, las excursiones a las estaciones de esqu\u00ed, los viajes de fin de semana y la exhibici\u00f3n de billetes de muchos euros en la cafeter\u00eda. Por m\u00ed parte, usuario de los transportes p\u00fablicos y moderado consumista de libros, ya no me atrevo a decir en las aulas como hac\u00eda a\u00f1os antes que una de las condiciones exigidas por los cl\u00e1sicos para alcanzar la sabidur\u00eda era la pobreza.<br>\n<strong>Alejandro Llano<\/strong><br>\nRepensar la universidad. La universidad ante lo nuevo.<br>\nEdiciones Internacionales Universitarias. Madrid, 2003. pp. 37-38.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"27016\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El ajetreo vital de Par&iacute;s, Cambridge o Salamanca inici&oacute; en el siglo XIII al amparo de la universidad. &Aacute;vidos j&oacute;venes llegaban ah&iacute; &quot;s&oacute;lo con su apetito de conocimiento&quot; para ponerse al amparo de profesores no menos hambrientos de ense&ntilde;ar. 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