{"id":27012,"date":"2004-01-01T00:00:00","date_gmt":"2004-01-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=27012"},"modified":"2004-01-01T00:00:00","modified_gmt":"2004-01-01T00:00:00","slug":"una_defensa_del_exceso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2004\/01\/01\/una_defensa_del_exceso\/","title":{"rendered":"Una defensa del exceso"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"27012\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p class=\"subtit\"><strong>UN ANIMAL DE DESEOS<\/strong><\/p>\n<p>El hombre es un ser de necesidades. En alguna ocasi\u00f3n se ha se\u00f1alado la necesidad de satisfacer deseos como lo definitorio del ser humano:<br>\nNietzsche llamaba al hombre animal de deseos. Como cualquier viviente, desea porque vive con un vac\u00edo (potencia) que le exige llegar a cumplimiento (acto, quietud). Los vivientes no est\u00e1n acabados como tales: necesitan tener m\u00e1s (comida, sue\u00f1o, reproducci\u00f3n) para mantenerse en el ser.<br>\nEstas apreciaciones aristot\u00e9licas se agudizan en el caso de los humanos. Evidentemente, animales y plantas no saben nada de administrar o producir bienes. Sobrevivir en su caso no es un arte (un h\u00e1bito adquirido, una destreza), sino un instinto prefijado.<br>\nEl le\u00f3n se conforma con tener gacelas, pero nunca ser\u00e1 capaz de plantearse la posibilidad de organizar una granja para criarlas. Para \u00e9l, tener es siempre cuesti\u00f3n de suerte: el h\u00e1bitat donde naturalmente se desenvuelve dar\u00e1 la respuesta a sus necesidades.<br>\nEn cambio, nosotros debemos inventar la respuesta: la suerte es esquiva porque no nos basta asistir al drama de nuestra existencia, hay que protagonizarla. El hombre est\u00e1 obligado a ponerse \u00abpor encima\u00bb de la suerte.<br>\nPor si fuera poco, somos el animal que necesita m\u00e1s cosas desde los niveles m\u00e1s b\u00e1sicos: en la alimentaci\u00f3n aparece el arte culinario, en el vestido se sigue la moda y saber qu\u00e9 usar en cada ocasi\u00f3n, en la vivienda es preciso elegir entre muchas opciones.<br>\nEstar sujetos a necesidades (comer, beber, dormir) implica inventar respuestas. No basta ser para ser humanos: hay que humanizarse. Labor que no queda recluida en el \u00e1mbito espiritual: la humanizaci\u00f3n influye tanto en la constituci\u00f3n del paisaje especulativo econ\u00f3mico e intelectual como en la del f\u00edsico calles, zonas industriales, ciudades. Inventor de realidades, organizador del mundo, creador de necesidades y problemas: eso es el hombre.<br>\nCon estos datos se podr\u00eda sostener que la actividad econ\u00f3mica es un arte de dos caras. Por una, est\u00e1 la capacidad de adscribir realidades a nuestro ser, de modo que las necesidades vengan satisfechas; por otro, se pone en juego el arte de humanizar al mundo y al hombre por medio de cierto excederse que evita que vivamos siempre agobiados por el d\u00eda a d\u00eda.<br>\n<strong>UN SER QUE TIENE NECESIDADES, COSAS Y TIEMPO<\/strong><br>\nTener es llevar las posibilidades de la realidad m\u00e1s all\u00e1 de lo que esta lograr\u00eda por s\u00ed misma, rompiendo con el trance natural para dotarlo de car\u00e1cter humano. Se tiene un campo que ha sido alisado, enriquecido con fertilizantes, rodeado por \u00e1rboles que corten el viento, dotado de riego se\u00f1ales de que el trabajo humano enriquece el cosmos con nuevas finalidades, marcadas por ese esp\u00edritu de libertad e iniciativa de la persona. La capacidad de tener (de adscribirse mundo a uno mismo, de trabajar) es el medio para llenar la realidad de esp\u00edritu.<br>\nVerdaderamente el trabajo genera libertad, pues convierte la tierra en mundo, el horizonte en paisaje, el caos en orden, la debilidad en producci\u00f3n, la naturaleza en oportunidad y cultura. Y, porque puede tener, el ser humano se adue\u00f1a de al menos tres campos de realidad:<br>\nDe sus necesidades propias, resolvi\u00e9ndolas o, al menos, poniendo los medios para su satisfacci\u00f3n. Llama la atenci\u00f3n que los fines obtenidos con el tener posean la virtualidad de abrir a m\u00e1s necesidades, creando un horizonte de posibilidades sin l\u00edmites.<br>\nEl hombre siempre es capaz de m\u00e1s. De esto surge la sociedad de consumo, donde lo necesario aparece de modo constante, repetitivo y en lugares inesperados. Nada de lo deseado satisface plenamente. Al conseguirlo se descubre el fraude que siempre anda aletargado en nuestro querer.<br>\nEso ayuda a desvelar una primera trampa antropol\u00f3gica: si se reduce el ser humano a su capacidad de tener, se le convierte en un insatisfecho cr\u00f3nico. \u00bfHay alg\u00fan tener que sacie?, \u00bfque no anhele la tenencia de nada m\u00e1s?, \u00bfexiste la posibilidad de un tener tenido como fin? Son preguntas de fil\u00f3sofo que quiz\u00e1s marcan el l\u00edmite de la actividad econ\u00f3mica. Pero son clave: si toda actividad va a ser por definici\u00f3n insatisfactoria, \u00bfpara qu\u00e9 esforzarse entonces en ninguna? Desde esa perspectiva, el esfuerzo s\u00f3lo ser\u00eda capaz de abrir la puerta al desencanto. A esas preguntas volveremos m\u00e1s adelante.<br>\nAl tener, el hombre se hace con la realidad material que le rodea, la transforma, la enriquece y reinventa. Basta ver la complejidad de la sociedad occidental, donde s\u00f3lo un n\u00famero reducido de trabajadores ejercita la relaci\u00f3n directa con la tierra. El resto vive en los mercados del dinero, en la compraventa de bienes biol\u00f3gicamente no necesarios (coches, ropa, libros, m\u00fasica), en el mundo inmaterial de la educaci\u00f3n, los testamentos o los contratos.<br>\nQuiz\u00e1s esto es lo que queremos decir con \u00abespeculaci\u00f3n\u00bb: el tener del hombre sube en complejidad (y eficacia) en la medida en que se aleja de la dependencia de la tierra. Y eso constituye una se\u00f1al m\u00e1s de la presencia del esp\u00edritu. De todos modos esa independencia no puede ser total: satisfacer las necesidades b\u00e1sicas es fundamental para que la econom\u00eda funcione. Puede ser conveniente que los hombres del mundo entero disfruten de internet, pero desde luego es necesario que puedan comer todos los d\u00edas. La necesidad de pan es una se\u00f1al de la presencia del cuerpo.<br>\nEs probable que la consecuencia m\u00e1s fascinante estribe en tener tambi\u00e9n la realidad del tiempo, pues desde su tener, el hombre ya no vive al d\u00eda, sino que atesora, se independiza de los ciclos biol\u00f3gicos.<br>\nUna sociedad es desarrollada s\u00f3lo si no se colapsa por una cat\u00e1strofe natural. Es decir, si es independiente de la naturaleza o la ha humanizado de modo que quienes habitan esa tierra sean ya se\u00f1ores de ella (colonos) y no vivan atados a la tiran\u00eda de sus ciclos.<br>\nEgipto fue primera potencia de su zona gracias a la creaci\u00f3n de graneros, lo que permiti\u00f3 vender trigo en a\u00f1os de sequ\u00eda y escasez. Vivir independiente del d\u00eda a d\u00eda es se\u00f1al de vivir en libertad.<br>\nSin el ocio sin la independencia respecto del tiempo y del espacio no es posible la libertad de pensamiento. Mantener un pa\u00eds en la pobreza es el mejor modo de controlarlo. Regalar alimentos sin gastar en formaci\u00f3n resulta otro modo m\u00e1s sutil, y tranquilizador, de conquista.<br>\n<strong>LA NECESIDAD DE LO NO NECESARIO<\/strong><br>\nLas necesidades humanas son realmente especiales. Se puede afirmar incluso que \u00abel hombre es un ser de necesidades no necesarias\u00bb. El hombre ha nacido para el lujo, para el exceso, en la misma medida en que sus actividades m\u00e1s propias pensar, querer, saber, amar est\u00e1n siempre en una instancia superior a la comida, el sue\u00f1o, el sexo o la muerte. Leer el peri\u00f3dico, llevar reloj y gafas, fumar y jugar al golf, pueden ser actividades necesarias de un modo cercano a como lo es el simple hecho de apagar la sed.<br>\nEs imprescindible cubrir lo b\u00e1sico, sin embargo, una vez lograda esta meta aparecen m\u00e1s huecos por llenar que, aunque en ellos no nos vaya la vida, s\u00ed que puede estar en juego la vida buena [1] .<br>\nPara el hombre, vivir no es durar, sino excederse en la supervivencia y dedicar la atenci\u00f3n a lo m\u00e1s alto. Lo humanamente necesario va m\u00e1s all\u00e1 de lo biol\u00f3gico. Somos algo m\u00e1s que un animal que ocupa un espacio del planeta.<br>\nEl adorno en lo cotidiano, lo c\u00f3modo, la educaci\u00f3n, la m\u00fasica o el arte, son se\u00f1ales de ese adem\u00e1s que es el hombre y permiten un espacio dedicado a la contemplaci\u00f3n. Hay que llevar a la gente a m\u00e1s que hacer cosas \u00fatiles: cuando la educaci\u00f3n, en cualquiera de sus niveles, se centra exclusivamente en las t\u00e9cnicas, la cota de libertad social baja porque se convierte al trabajador en un factor subordinado a la producci\u00f3n m\u00e1s que en el autor de novedades que le corresponde ser.<br>\nEl hombre precisa de lo \u00absuperfluo\u00bb, pues all\u00ed se dan sus actividades propiamente distintivas. El siguiente ejemplo puede ser escandaloso, pero ilustrativo. En Espa\u00f1a o Alemania hay escuelas de estudios especializados, personas dedicadas al dise\u00f1o o a la moda, fil\u00f3sofos, publicaciones semanales de car\u00e1cter fr\u00edvolo, creadores de modelos econ\u00f3micos, etc\u00e9tera. En Sud\u00e1n o en algunos n\u00facleos de Sudam\u00e9rica, no, ah\u00ed lo principal consiste en sobrevivir.<br>\nNo debe extra\u00f1arnos decir que la miseria es proporcional al ejercicio de la propia libertad. Si alguien dedica la totalidad de su tiempo al esfuerzo por salir adelante, queda infrautilizado: centrarse en un nivel de actividad tan f\u00edsico no facilita el cumplimiento de las personas como personas. As\u00ed, se entiende que la mayor forma de pobreza o, si se quiere, de neocolonialismo sea la incultura.<br>\n<strong>LA PARADOJA DE LA NECESIDAD<\/strong><br>\nEl bienestar es m\u00e1s que la simple plenitud gozosa de la vida biol\u00f3gica. Conceptualmente, tambi\u00e9n va m\u00e1s all\u00e1 de la caprichosa cualidad que ha hecho de Occidente el Ed\u00e9n de los desesperados de las pateras, marcado por multitud de contradicciones culturales.<br>\nEl bienestar, adem\u00e1s, implica disfrutar los medios que faciliten las actividades humanas propias de la vida buena. Es decir, es requisito de las tareas propiamente humanas. S\u00f3lo desde una disposici\u00f3n de bienestar (estar-bien) estoy en situaci\u00f3n de dedicarme a los bienes m\u00e1s propios (m\u00e1s dignos) de mi naturaleza (conocer, querer, hablar).<br>\nEs casi parad\u00f3jico que la afirmaci\u00f3n de la necesidad lleve a la libertad. Es una paradoja interna a la propia actividad econ\u00f3mica: porque necesitamos cosas, creamos riqueza; y el hecho de tener esas necesidades lleva a disponer de tiempo para dedicarnos a acciones no atadas por la necesidad.<br>\nPodr\u00edamos decir remedando el dicho medieval que \u00abla econom\u00eda es esclava de la libertad\u00bb, su servidora. Y es que el exceso permite la contemplaci\u00f3n y el ocio, es decir, trascender la centralidad instintiva por los espacios propios del arte, la verdad, el bien o la belleza.<br>\nPero tal afirmaci\u00f3n esconde una contradicci\u00f3n pr\u00e1ctica: a la vez que nos consigue tiempo, poder, riqueza, posibilidades la acci\u00f3n econ\u00f3mica o empresarial se presenta a menudo como tirana. Con frecuencia, el trabajo se torna carga, un principio de alienaci\u00f3n que demanda ser \u00abredimido\u00bb en cada fin de semana.<br>\nTampoco extra\u00f1a que en profesiones m\u00e1s liberales ejecutivos de alto nivel, por ejemplo haya personas con la conciencia de estar atadas a extenuantes agendas, a jornadas en las que no pueden darse el lujo de disminuir, si quieren mantener el nivel de vida por el cual esperaban conseguir esa libertad de acci\u00f3n que, en realidad, les ata a la sala de espera del aeropuerto o a la mesa del despacho, llev\u00e1ndoles a ser quiz\u00e1s extra\u00f1os a los ojos de quienes habitan en su propio hogar, ese mismo para el que pensaban que se encontraban trabajando.<br>\n<strong>TRABAJO Y CONTEMPLACI\u00d3N: MODOS DE EXCEDERSE<\/strong><br>\nEn la Grecia cl\u00e1sica la econom\u00eda trataba de la administraci\u00f3n de las cosas del hogar, una actividad de segunda clase, centrada en necesidades materiales repetitivas comida, arreglo, sue\u00f1o y propia de mujeres o esclavos. Los comerciantes no eran ciudadanos de la polis: atados por el perentorio af\u00e1n cremat\u00edstico, no pod\u00edan considerarse hombres libres ni estaban en condiciones de compartir la tarea de gobernar la ciudad.<br>\nLa situaci\u00f3n era similar a la de los paradigmas de la literatura del Siglo de Oro: el mercader es ruin; el hidalgo anda corto de oros, pero sobrado en nobleza. Quien comercia, aunque sea rico, es pobre de esp\u00edritu y servil. El hombre libre, en cambio, olvida el trabajo y se entrega a la contemplaci\u00f3n, al di\u00e1logo, a la acci\u00f3n pol\u00edtica.<br>\nEn el mundo cl\u00e1sico, la contraposici\u00f3n entre vida activa y contemplativa es excluyente. La vida activa muere en el transcurso del tiempo la patata se pierde cuando se come y, con ello, todo lo que figur\u00f3 en su generaci\u00f3n. La vida activa no traspasa el umbral del tiempo, de la historicidad, de lo cotidiano. Ma\u00f1ana habr\u00e1 que comer de nuevo, como si las comidas anteriores ya no sirvieran.<br>\nPero ese desprecio a lo que no sea contemplaci\u00f3n se fundamenta en un enga\u00f1o. El hombre est\u00e1 hecho para la contemplaci\u00f3n pero tambi\u00e9n para la acci\u00f3n. Si se anula la totalidad de la actividad pr\u00e1ctica, se hablar\u00eda de otro ser. Adem\u00e1s, esa anulaci\u00f3n har\u00eda imposible la misma teor\u00eda: la estructura de la polis es tal porque un buen porcentaje de sus habitantes no cuentan como ciudadanos sino como productores. Hist\u00f3ricamente la teor\u00eda se ha fundado en instituciones como la esclavitud, el feudalismo o la siempre pobre financiaci\u00f3n estatal.<br>\nQuiz\u00e1 la contemplaci\u00f3n corresponda a \u00ablo divino que hay en nosotros\u00bb, pero es patente que tambi\u00e9n convendr\u00eda hablar de lo que tenemos de humanos y, esa dimensi\u00f3n incluye la acci\u00f3n, la repetici\u00f3n, los ritmos biol\u00f3gicos y la rutina. La actividad econ\u00f3mica trata de buena parte de esa humanidad: como ya se ha dicho, sin ella la libertad real encarnada en la acci\u00f3n diaria no es posible.<br>\n<strong>VIDA CONCENTRADA<\/strong><br>\nLa econom\u00eda es servidora de la libertad, pero no debe reducirse a serlo \u00abde la econom\u00eda\u00bb. Juan Pablo II, tomando la frase de Gabriel Marcel, ha recordado en sus enc\u00edclicas sociales que \u00abno se puede reducir el ser al tener\u00bb. Esa reducci\u00f3n, de hecho, puede hacerse, pero sus consecuencias ser\u00e1n siempre negativas desde el inter\u00e9s de la persona.<br>\nSi la econom\u00eda es la \u00fanica realidad pr\u00e1ctica, si su funci\u00f3n se reduce a retroalimentarse y el mercado existe para el mercado, el hombre ser\u00e1 lo que tiene o produce. As\u00ed, la riqueza econ\u00f3mica y el poder se convierten en el factor objetivo de realidad. A tal grado, que los poderosos reclaman nuestra atenci\u00f3n, suscitan envidia, est\u00e1n por encima de los mortales, si bien el motivo puede ser s\u00f3lo una cuenta de resultados o haber recibido cuantiosa herencia. As\u00ed se reduce la realidad a dinero: time is money; y como la vida es en el tiempo, luego life is money y en la \u00abvida real\u00bb parece que es el oro el \u00faltimo reducto de la verdad y la confianza.<br>\n\u00bfDe d\u00f3nde le viene esa fuerza a la actividad econ\u00f3mica, que reduce los bienes de la patria, el hacer de un gobierno, y la felicidad de un pueblo a temas como la deuda, los impuestos o \u00edndices burs\u00e1tiles? La clave es evidente, y ya Arist\u00f3teles la advert\u00eda: el dinero es poder y lo es por ser \u00abvida concentrada\u00bb.<br>\nQuien posee dinero es due\u00f1o de la vida de otros. El coche que a uno le costar\u00eda dos a\u00f1os de hipoteca al otro le ocupa apenas unas horas de su tiempo. Poseer riqueza es vivir m\u00e1s, implica la posibilidad de llegar m\u00e1s lejos. Se insiste: en ese sentido la riqueza es positiva, y las reivindicaciones de los necesitados deber\u00edan conducir hacia una redistribuci\u00f3n de los bienes en la que nadie fuera expoliado, sino en la que todos alcancen un nivel que les permita dedicar tiempo a los asuntos humanos, a la vida del esp\u00edritu.<br>\n<strong>REDUCIR LA VIDA A SU C\u00c1SCARA<\/strong><br>\nY, por eso mismo, poseer dinero tampoco responde al fondo de los problemas humanos. El asunto se plantea con fuerza en la pregunta acerca del sentido. El dinero aunque se tenga mucho sigue siendo un medio.<br>\nCon \u00e9l poseo otras vidas, gano tiempo \u00bfpara qu\u00e9? \u00bfDe qu\u00e9 sirve hacerse con un tiempo extra si no existe una finalidad una meta que dote de sentido a esa posesi\u00f3n?<br>\nAs\u00ed, el rico se arriesga a convertirse en un extravagante (dedicado a deportes extremos, viajes absurdos, fiestas y faustos, banalidades), y devenir en fr\u00edvolo. La frivolidad es reducir la vida a su c\u00e1scara y, por lo tanto, condenarla a la condici\u00f3n de desperdicio. Y es que no es posible construir la existencia s\u00f3lo sobre actividades mediales. El sentido lo da el fin.<br>\nUna acci\u00f3n medial que no sabe de su fin carece de sentido y, si se convierte ella misma en fin, tambi\u00e9n carece de \u00e9l: hacer dinero para amasar fortuna es perder el tiempo porque lo que se tiene s\u00f3lo de modo material no mejora necesariamente el propio esp\u00edritu.<br>\nPor eso hay que darse cuenta de que un fin en s\u00ed mismo no puede ser medio. Y, si lo fuera, deber\u00eda ser para otro fin. Para que la acci\u00f3n tenga sentido es preciso un fin final, m\u00e1s all\u00e1 del cual no haga falta seguir yendo, un fin en el que instalarse y darse cuenta que ah\u00ed es donde se debe estar.<br>\nReducir al ser humano al rol de productor, despojarle de la posibilidad de descanso, atarlo a la rueda de la eficacia contabilizable, conlleva dejarle inerme ante el vac\u00edo. La vida humana excede a la econom\u00eda y el ser humano se sirve de ella para cumplir ese excederse. La contemplaci\u00f3n aparece de nuevo en el horizonte. Lo no productivo no pertenece propiamente a la actividad econ\u00f3mica o empresarial, pero es su fuente de sentido y en \u00faltimo extremo lo que las constituye como actividad.<br>\nUn comprador de tiempos que no tenga un para qu\u00e9, reduce su vida a esclavitud, pues no sabe a d\u00f3nde va: si tener un bien el tiempo no responde a raz\u00f3n alguna, en realidad esa tenencia ser\u00eda s\u00f3lo aparente, no significa ning\u00fan enriquecimiento interno para ese poseedor sin finalidad. Si la actividad econ\u00f3mica pasa a convertirse en el fin en vez de ser para el hombre, este se transforma en instrumento del engranaje econ\u00f3mico.<br>\nEse instrumentalismo conlleva la p\u00e9rdida del sentido natural de las cosas, porque deforma los medios de tal modo que se toman como fines, y esa exaltaci\u00f3n desordenada de lo que es medio acaba generando confusi\u00f3n: de la mentira dif\u00edcilmente surgen verdades, a lo m\u00e1s contradicciones.<br>\nComprar la libertad no sirve de nada si esa libertad no responde a una tarea. Pero la tarea no se compra, se decide desde la interioridad del sujeto y debe corresponderse con la riqueza irrestricta que acompa\u00f1a al anhelo natural de felicidad de la persona.<br>\nLa econom\u00eda no se justifica a s\u00ed misma. Llamarla esclava de la libertad, a fin de cuentas, es lo mismo que decir servidora de la persona. S\u00f3lo la persona tiene categor\u00eda de fin. Entregarse de lleno a la empresa es una actitud miope que desenga\u00f1a y, casi siempre, conduce al hast\u00edo.<br>\n<strong>NECESIDAD DE LA S\u00cdNTESIS<\/strong><br>\nEs preciso llegar a una s\u00edntesis entre el desprecio cl\u00e1sico hacia el trabajo y el febril activismo al que parece invitar la econom\u00eda contempor\u00e1nea cuando refiere el \u00e9xito de modo exclusivo en t\u00e9rminos de tener.<br>\nEl desarrollo econ\u00f3mico ayuda a frenar la injusticia. \u00bfPor qu\u00e9, si no, actividades como el turismo sexual o las f\u00e1bricas de algunas multinacionales de ropa y entretenimiento con mano de obra barata, infantil y analfabeta se desarrollan en pa\u00edses como Tailandia, Filipinas o Indonesia? A ra\u00edz de las inundaciones provocadas por el hurac\u00e1n Mitch en Centroam\u00e9rica, El Roto public\u00f3 en el diario El Pa\u00eds una vi\u00f1eta desoladora: una mujer, en un paisaje devastado, con un ni\u00f1o desnudo e inerme en sus brazos, dice con la serenidad del desconsuelo: \u00abEl hurac\u00e1n se llev\u00f3 las casas que no ten\u00edamos\u00bb. Si al menos se hubiera provocado un desarrollo que hiciera imposible que nadie repitiera con raz\u00f3n esta frase, habr\u00edamos logrado un mundo m\u00e1s justo.<br>\nRepito: el desarrollo econ\u00f3mico guarda todas las potencialidades para ser positivo porque permite hacer el bien, ya que el dinero es poder, tiempo vencido, y con poder el hombre humaniza el mundo.<br>\nPero a la vez, el saber econ\u00f3mico no se basta a s\u00ed mismo. La econom\u00eda es medial y no puede dar raz\u00f3n de su excelencia que es supra-econ\u00f3mica (la persona, la libertad). El sentido de la ciencia econ\u00f3mica est\u00e1 en funci\u00f3n de su car\u00e1cter de servidora de la libertad, de realidades irreductibles a econometr\u00eda.<br>\n<strong>MAXIMIZAR EL BENEFICIO<\/strong><br>\n\u00bfQu\u00e9 hay tras los modelos econ\u00f3micos o planes de expansi\u00f3n?<br>\n\u00bfPodemos desarrollar un saber econ\u00f3mico que no se cuestione el para qu\u00e9, que se encierre en el di\u00e1logo entre modelos sin volver los ojos a la realidad?<br>\nLas mismas preguntas deben plantearse al empresario. Como economista, \u00bfdebo fomentar ese recuerdo del ser y del sentido de las cosas o el buen hacer econ\u00f3mico se identifica con una actividad t\u00e9cnica neutral?<br>\nMas, \u00bfpuede de hecho darse esa pretendida neutralidad?, \u00bfpodemos actuar como si la actividad econ\u00f3mica no tuviera referencia a la persona o como si el hombre fuera s\u00f3lo un creador-consumidor de necesidades? \u00bfTienen consecuencias morales esas necesidades fomentadas desde la empresa? \u00bfLas tienen las decisiones macroecon\u00f3micas en materias como el armamento, la educaci\u00f3n o los gastos de sanidad? \u00bfBasta decir \u00abcumplo con mi trabajo\u00bb, \u00abconquisto mi mercado\u00bb y encogerse de hombros, o es necesario tener ante los ojos las consecuencias antropol\u00f3gicas, sociales, de esa tarea?<br>\nSon cuestiones que recuerdan ese excederse que marca la realidad del ser humano. El economista y el empresario tienen una responsabilidad meta-econ\u00f3mica. Lo mismo quienes preparan futuros licenciados: no podemos formar t\u00e9cnicos, expertos sin conocimiento, hombres que hayan perdido el sentido del ser de las cosas o que pongan entre par\u00e9ntesis su propia humanidad.<br>\nUna buena educaci\u00f3n econ\u00f3mica tiene una fuerte carga t\u00e9cnica.<br>\nPero si la econom\u00eda cierra los ojos y evita ir m\u00e1s all\u00e1 de ella misma es una mala econom\u00eda, pues pierde la posibilidad de responder a la pregunta por el sentido mismo de su actividad.<br>\nSi los frutos de una tarea de formaci\u00f3n o del trabajo en determinada entidad o empresa fueran unos individuos carentes de capacidad cr\u00edtica, o que no estuvieran preocupados por las realidades sociales y humanas de su entorno, es evidente que habr\u00eda que anunciar un gran fracaso.<br>\n\u00abFormar a expertos en humanidad\u00bb. As\u00ed defin\u00eda el fundador de la Universidad de Navarra el objetivo que desde ella se plantea. El fin es el principio de la actividad pr\u00e1ctica. Maximizar el beneficio, en nuestro caso, consiste en tener siempre presente el fin al ejecutar los medios y, quiz\u00e1s, sabernos co-part\u00edcipes en la b\u00fasqueda de una verdad que en el caso de economistas y empresarios necesariamente ha de fomentar la puesta en marcha de la justicia.<\/p>\n<p class=\"textogris\">Resumen del art\u00edculo \u00abUna defensa del exceso.<\/p>\n<p>Sobre el sentido antropol\u00f3gico de la actividad empresarial\u00bb publicado en Revista Empresa y Humanismo vol. VI n. 2\/03. Navarra, 2003. pp 269-282.<br>\n[1] Cfr. Ricardo Yepes y Javier Aranguren. Fundamentos de Filosof\u00eda. EUNSA, 5\u00aa ed. Pamplona, 2001. p. 260.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"27012\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La actividad productiva goza de mala fama: los ricos son muy malos y los pobres, muy buenos. 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