{"id":26817,"date":"2003-09-09T00:00:00","date_gmt":"2003-09-09T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=26817"},"modified":"2023-11-04T17:45:09","modified_gmt":"2023-11-04T22:45:09","slug":"los_vulgarianos_llegaron_ya","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2003\/09\/09\/los_vulgarianos_llegaron_ya\/","title":{"rendered":"\u00a1Los vulgarianos llegaron ya!"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"26817\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p>Una de las m\u00e1s dolorosas p\u00e9rdidas de nuestra generaci\u00f3n es la creciente ausencia del sentido de lo humano, con sus inevitables consecuencias: incapacidad de compasi\u00f3n, ego\u00edsmo individualista, desconfianza en los dem\u00e1s y tristeza generalizada. Se han abierto tantos cauces a la exposici\u00f3n masiva de la maldad, que las aguas han salido de cauce. Apostar por el mal, so pretexto de una expresi\u00f3n art\u00edstica o bajo el endeble argumento de \u00abretratar la realidad\u00bb, es apelar a los instintos b\u00e1sicos y estos no conducen a la vivencia plena de lo que hace hombre al hombre.<br>\nSi bien el panorama se presenta oscuro, Steve Allen se muestra optimista. El mal se ahoga con el bien en abundancia y los tiempos cr\u00edticos son tierra f\u00e9rtil para sembrar esperanza. Pero esta s\u00f3lo se cosecha con acciones que comprometan. Frente a la actitud de muchos art\u00edfices de la cultura popular que pugnan \u00abpor degradar a una sociedad de por s\u00ed perturbada\u00bb, Allen presenta el caso de much\u00edsimas personas e instituciones que no est\u00e1n dispuestas a seguir recibiendo tanta basura a trav\u00e9s de los medios.<br>\nSu misma vida ejemplifica este compromiso por el bien social. El libro es necesariamente autobiogr\u00e1fico y rese\u00f1a con fidelidad las acciones emprendidas por Allen para mejorar el nivel cultural de su pa\u00eds. Su llamado va a todos aquellos que creen en la necesidad de contar con m\u00e1s y mejores contenidos aptos para toda la familia y, una y otra vez, implora la reflexi\u00f3n de los due\u00f1os de los medios que han deificado el rating, convirti\u00e9ndolo en la \u00fanica medida del \u00e9xito o fracaso de un programa determinado. Al \u00abcerrar los ojos a lo que es nada menos que el colapso parcial de su propia sociedad\u00bb, los propietarios de los canales de radio y televisi\u00f3n han elegido el dinero y rehuido su responsabilidad cultural.<br>\nPero la mirada de Allen, que ha contemplado todo lo que hay que ver en la industria del entretenimiento, se posa directamente en quienes poseen el poder de lanzar al aire un programa. Lo que m\u00e1s le desconcierta es el cinismo de due\u00f1os, accionistas, ejecutivos y productores, que p\u00fablicamente profesan ciertos valores morales que \u00abdesaparecen\u00bb en cuanto se refieren a su compromiso como responsables dentro de la industria.<br>\nEsto, que en el \u00e1mbito m\u00e9dico podr\u00eda llamarse f\u00e1cilmente esquizofrenia o s\u00edndrome de personalidad m\u00faltiple, en realidad es el resultado de la tergiversaci\u00f3n de la escala de valores. Cuando el \u00fanico \u00e9xito de relevancia es el econ\u00f3mico, todo el entramado de las relaciones sociales comienza a desdibujarse.<br>\nAllen muestra su preocupaci\u00f3n por la respuesta casi generalizada de los \u00e1mbitos intelectuales a no llamar a las cosas por su nombre y la creciente aceptaci\u00f3n de una visi\u00f3n de un mundo malo la que trasmiten los medios, donde la libertad cede su espacio al libertinaje y el anhelo de un h\u00e1bitat verdaderamente humano se difumina ante la posibilidad, real y comprobada, de obtener grandes ingresos a costa de pervertir a la juventud.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>EN BUSCA DE RESPUESTAS<\/strong><\/p>\n<p>Allen no oculta su sorpresa ante el relativismo moral que ha conducido a la descomposici\u00f3n social de nuestro tiempo: la desaparici\u00f3n, paulatina pero comprobable, de \u00abla percepci\u00f3n general de una ley moral natural que empieza con la simple suposici\u00f3n de que algunas conductas est\u00e1n bien y otras mal\u00bb.<br>\nPor incre\u00edble que parezca, hay muchas personas empe\u00f1adas en negar lo innegable y, en concreto, la probada relaci\u00f3n entre la progresiva criminalidad y la desintegraci\u00f3n familiar debida a la constante exposici\u00f3n televisiva. El juicio de Allen es contundente cuando afirma que lo sucedido en a\u00f1os recientes es \u00abuna creciente, ciega y hasta est\u00fapida insensibilidad en la que muchos han perdido la conciencia del mal\u00bb al grado de ignorar o menospreciar cualquier planteamiento sobre lo que es correcto y lo que es incorrecto.<br>\nPero, adem\u00e1s de la necesidad de se\u00f1alar a los principales responsables del deterioro en los medios, Allen urge a todos sus lectores a actuar. \u00abSi somos personalmente tan virtuosos que no estamos realizando un mal espec\u00edfico, aun as\u00ed podemos estar contribuyendo a \u00e9l simplemente por echarnos para atr\u00e1s, haciendo poco o nada para oponernos\u00bb.<br>\nSin mengua de ese llamado, Allen enfoca su atenci\u00f3n en quienes, como los ejecutivos, controlan lo que los medios transmiten, y no duda en considerarlos faltos de buen juicio y gusto por su err\u00f3nea percepci\u00f3n del p\u00fablico y lo que este quiere escuchar y ver. Sin embargo, ejerciendo la virtud de ponerse en lugar del otro, tambi\u00e9n reconoce que la situaci\u00f3n de los ejecutivos es precaria pues \u00absu destino profesional depende de los ratings y las ganancias de los programas que autorizan\u00bb.<br>\nCon base en ejemplos reales la serie de dibujos animados de Charles Schultz (el creador de Snoopy y compa\u00f1\u00eda) y los documentales de National Geographic, dos programas reiteradamente rechazados por los ejecutivos, a pesar de que les fueron presentados incluso con patrocinadores, Allen realza que la audiencia, al convertirlos en un \u00e9xito, \u00abfue mucho m\u00e1s sabia que los autoproclamados expertos de las cadenas de televisi\u00f3n\u00bb.<br>\nLo que presenciamos, explica Allen, ya fue calificado por Adam Smith como el problema central del capitalismo basado en la libre empresa: la mentalidad de \u00abtodo con tal de ganar dinero\u00bb. Este modo de pensar ha probado sin duda su eficacia para producir dividendos y altos niveles de vida pero \u00abla pregunta es, \u00bfpuede alcanzar esos objetivos sin corromper a sus practicantes y a las sociedades en donde operan?\u00bb.<br>\nLa respuesta es obvia; pocos han sido capaces de resistir la fiebre del dinero y renunciar a sus privilegios con tal de defender sus principios morales que, por desgracia, tras un largo periodo en desuso suelen empezar a erosionarse y acaban por perderse. Allen apunta que quienes detentan el poder de definir la programaci\u00f3n \u00abparecen no tener literalmente ninguna orientaci\u00f3n moral interior\u00bb, pues \u00abla expl\u00edcita y deliberada vulgaridad ha rebasado, con mucho, hasta los m\u00e1s laxos l\u00edmites que hab\u00edan prevalecido durante los \u00faltimos a\u00f1os\u00bb.<br>\n<strong>\u00bfY LOS NI\u00d1OS?<\/strong><br>\nSteve Allen considera que hay un aspecto concreto al que no se le ha prestado la suficiente atenci\u00f3n: los ni\u00f1os como televidentes. Una sociedad donde a\u00fan la m\u00e1s grave afrenta es aquella contra un menor, permanece impasible ante lo que bien podr\u00eda llamarse un crimen moral contra la infancia.<br>\nEl arma empleada es la televisi\u00f3n y los autores intelectuales son Allen no lo duda las emisoras. El da\u00f1o puede variar seg\u00fan la dosis de televisi\u00f3n, pero queda claro que los ni\u00f1os son tiroteados con mensajes que niegan la autoridad, demeritan la instituci\u00f3n familiar, ridiculizan los valores y promueven la sexualidad sin compromiso y la violencia como conductas glamorosas. El autor lanza un desaf\u00edo: \u00bfquieres que estos ni\u00f1os sean los c\u00f3nyuges de tus hijos y los padres de tus nietos?<br>\nQuienes afirman, y en M\u00e9xico abundan, que la televisi\u00f3n es puro entretenimiento y que para educar est\u00e1n la escuela o la familia son, por decir lo menos, ignorantes. Nadie en uso de raz\u00f3n puede negarlo: la televisi\u00f3n incide en las conductas y actitudes de los ni\u00f1os. Adem\u00e1s, su omnipresencia e influjo rebasan con mucho a los de otros medios.<br>\nLa realidad es que nuestros hijos est\u00e1n expuestos a una copiosa basura medi\u00e1tica y el consumo de desperdicios siempre conduce a la enfermedad. Est\u00e1 ampliamente documentado que la televisi\u00f3n en casa puede ser un instrumento educativo y enriquecedor pero s\u00f3lo bajo la supervisi\u00f3n de alg\u00fan adulto con criterio. Lamentablemente, sabemos que esto no es tan f\u00e1cil.<br>\nHoy, Estados Unidos encabeza la lista en el n\u00famero de hogares destruidos y los nacimientos fuera del matrimonio; dos quintas partes de los ni\u00f1os no viven ya con sus dos progenitores, lo que representa el doble de casos en s\u00f3lo 25 a\u00f1os. Un dato de gran relevancia si se considera que los pap\u00e1s deber\u00edan ser quienes supervisaran lo que sus hijos ven y escuchan.<br>\nOtro ejemplo es el abuso de contenidos sexuales. Lejos de tratar la sexualidad como lo que es una realidad maravillosa que implica la donaci\u00f3n total entre dos personas, hombre y mujer, en el marco de una relaci\u00f3n marital estable los medios se han dedicado a minusvalorarla, convirti\u00e9ndola en mera genitalidad al servicio exclusivo del placer.<br>\nUn estudio reciente del USA Today analiz\u00f3 las escenas centradas en el ejercicio de la sexualidad humana; de las cuatro principales cadenas estadounidenses (ABC, CBS, NBC y FOX), s\u00f3lo 9% trataba relaciones sexuales dentro del matrimonio, el resto (91%) implicaba relaciones de adulterio, entre adolescentes no casados, homosexuales y otros tipos de sexualidad no matrimonial. Como se\u00f1ala Allen, si se toma en cuenta que el televidente promedio en Estados Unidos atestigua aproximadamente 14 mil referencias a lo sexual cada a\u00f1o, la idea de la sexualidad que transmiten los medios \u00abdebe ser causa de una aut\u00e9ntica preocupaci\u00f3n\u00bb.<br>\nAllen se\u00f1ala con claridad que son las cadenas de televisi\u00f3n las primeras responsables porque ellas determinan qu\u00e9 transmitir. \u00abCuando un programa est\u00e1 al aire, est\u00e1 siendo emitido con una clara intenci\u00f3n de la televisora: que sea contemplado en la mayor cantidad posible de hogares\u00bb. Y resulta que en esos hogares abundan los padres demasiado ocupados para supervisar lo que ven sus hijos o suficientemente aturdidos como para distinguir entre lo bueno y lo malo.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>DEJA QUE SE OIGA TU VOZ<\/strong><\/p>\n<p>Algunos padres pueden cerrar los ojos y financiar el entretenimiento de sus hijos, sin analizar en qu\u00e9 consiste y qu\u00e9 tipo de mensajes contiene. Pero como principales encargados de la educaci\u00f3n de sus hijos, la inmensa mayor\u00eda de ellos no est\u00e1 dispuesta a permitir que su esfuerzo de a\u00f1os se diluya en largas horas frente a la televisi\u00f3n. El reto es grande, pero lamentarse sin actuar es una actitud est\u00e9ril.<br>\nVulgarians at the Gate es una invitaci\u00f3n constante a tomar conciencia de nuestra dignidad y sus exigencias, a no dejarnos arrebatar la ilusi\u00f3n de vivir como personas, a echar a andar en pos de un mundo m\u00e1s humano. Nadie puede darse por vencido antes de iniciar la batalla.<br>\nAceptar que los medios inunden nuestras casas con basura, vulgaridad, obscenidad sin freno y mal gusto ilimitado, es conformarnos con la mediocridad y renunciar a nuestros derechos como televidentes. Allen lo enfatiza: los patrocinadores sostienen los programas pero el p\u00fablico consumidor sostiene a los anunciantes. Estos no son sordos al reclamo popular, sin embargo, es preciso que el mensaje sea suficientemente alto.<br>\nDesde luego, el esfuerzo es grande pero, \u00bfno es propio de los padres empe\u00f1arse al m\u00e1ximo, llegando incluso al sacrificio, por sus hijos? Si luchan por llevar a su hogar la mejor comida para garantizar la salud f\u00edsica de los suyos, \u00bfno deber\u00edan tambi\u00e9n evitar que la televisi\u00f3n sirva para contaminar la mente de sus ni\u00f1os?<br>\nAllen no se rindi\u00f3 porque le animaba una esperanza: \u00abCon un poco de sentido com\u00fan, decencia y autocontrol, los productores de entretenimiento podr\u00edan desarrollar un c\u00f3digo voluntario de conducta que eliminar\u00eda, en gran medida, los elementos antisociales de la programaci\u00f3n actual sin limitar su arte\u00bb.<br>\nDig\u00e1moslo, con Steve Allen, fuerte y claro: los contenidos de los medios de comunicaci\u00f3n que ensalzan la violencia endiosan el ejercicio desordenado de la sexualidad sin compromiso y menosprecian la educaci\u00f3n del p\u00fablico, pueden causar y causan graves da\u00f1os a la salud individual y social.<br>\nAllen cita a Peter Gibbon, prefecto de la Hackley School en Nueva York: \u00abEl cine, los medios y la industria de la m\u00fasica popular, ofrecen sus propios h\u00e9roes, la mayor\u00eda de los cuales desprecian la vida normal, el trabajo arduo y la fidelidad. En cambio, glorifican la violencia, la excitaci\u00f3n y la aberraci\u00f3n. El efecto de este adoctrinamiento es incalculable, pero temible\u00bb.<br>\nFrente a la irresponsabilidad de los medios y la aparente conformidad del resto de la sociedad, Allen avizora mejores caminos pues, por lo menos, ya son muchos m\u00e1s los que llaman a las cosas por su nombre. En contraparte, se\u00f1ala, ser\u00e1 muy dif\u00edcil avanzar si no logramos superar el lucro como valor supremo pues \u00abes m\u00e1s dif\u00edcil que nunca dejar de promover el mal y el crimen mientras sean percibidos como mercanc\u00eda que puede, y de hecho se convierte, en una ganancia masiva\u00bb.<br>\nEs tiempo de remar contra corriente y tratar de reordenar nuestra civilizaci\u00f3n, la que, por cierto, ha sido siempre fr\u00e1gil, como lo demuestra el triunfo de la violencia sobre la raz\u00f3n en muchos episodios hist\u00f3ricos. El problema no es de unos cuantos poderosos obsesionados por vulgarizar al mundo, es m\u00e1s bien la pasividad, el sopor del gran p\u00fablico que parece conformarse con lo grotesco como suced\u00e1neo del entretenimiento.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>UNA RENUNCIA ANUNCIADA<\/strong><\/p>\n<p>Los medios, por deducci\u00f3n l\u00f3gica, difunden valores o antivalores morales y lo hacen con plena conciencia. Sin embargo, Allen destaca que a \u00faltimas fechas han renunciado incluso a juzgar moralmente sus contenidos, supedit\u00e1ndolos a sus afanes mercantilistas. Si la sexualidad desordenada abunda en las pantallas y atiborra las o\u00adndas de radio es porque vende; \u00abla industria de la publicidad emplea material de \u00edndole sexual no tanto por la intenci\u00f3n consciente de debilitar la fibra moral de una naci\u00f3n, sino simplemente para vender\u00bb.<br>\nAtrapados por este criterio, muchos creativos del entretenimiento tejieron una telara\u00f1a que acab\u00f3 por atraparlos. En lugar de actuar con sinceridad \u00abes horrendo lo que hago, lo s\u00e9, pero gano dinero\u00bb, disfrazan su apuesta por lo vulgar con argumentos a favor de la libertad de expresi\u00f3n, el respeto a formas \u00abalternativas\u00bb de vida y la tolerancia que, al ser elevada a virtud cardinal, \u00abha creado un ambiente que impide a los hombres comunes la habilidad de reconocer el mal cuando lo ven\u00bb.<br>\nEl da\u00f1o que un malentendido as\u00ed produce en la sociedad es realmente preocupante. Una vez desdibujadas las fronteras entre lo bueno y lo malo, cuando todo est\u00e1 permitido en cuanto se considera \u00abnormal\u00bb una conducta aberrante simplemente porque es com\u00fan, la sociedad pierde la br\u00fajula y comienza a adentrarse en complejos laberintos.<br>\n\u00abDecir que algo es \u201cnormal\u201d de ninguna manera implica que sea socialmente aceptable o admirable\u00bb. El enredo, afirma Allen, es parte de la trastornada ideolog\u00eda contempor\u00e1nea, en la que se confunde respeto con aceptaci\u00f3n, tolerancia con complacencia y frecuencia con normalidad.<br>\nA pesar de las confusiones, Allen sostiene que a\u00fan existe la conciencia de que las referencias morales, es decir, las pautas de comportamiento acordes con la dignidad humana, son necesarias, pues \u00abcon su ausencia total, la vida en nuestro ya de por s\u00ed problem\u00e1tico mundo ser\u00eda literalmente intolerable\u00bb.<br>\nAgrega que lo m\u00e1s que han hecho las cadenas para proteger a la audiencia infantil y juvenil ha sido recurrir a los sistemas de clasificaci\u00f3n y, eventualmente, incluir algunos mensajes de tipo social en su programaci\u00f3n.<br>\nPero la clasificaci\u00f3n es insuficiente para prevenir el da\u00f1o por la sencilla raz\u00f3n de que los programas restringidos se emiten a todas horas y, ante la falta de adultos, son los menores quienes deciden qu\u00e9 ver. La clasificaci\u00f3n, a\u00f1ade, sirve muchas veces para atraer a\u00fan m\u00e1s a un p\u00fablico que busca, precisamente, los contenidos de menor calidad.<br>\nAllen cuestiona la sinceridad de quienes transmiten los mensajes de tipo social, como los que previenen del consumo de drogas. Es il\u00f3gico que un mensaje de 20 segundos compita en impacto con un programa de una hora que ensalza la violencia y el modo de vida de los drogadictos y narcotraficantes. Es querer tapar el sol con un dedo.<br>\nLos medios pueden y deben esforzarse por proteger a la sociedad a la que transmiten sus mensajes. Nadie desea el intervencionismo gubernamental pero tampoco debe soslayarse el deber del Estado de salvaguardar la salud f\u00edsica y mental de los ciudadanos. Allen abunda en los dilemas de la libre expresi\u00f3n con un cap\u00edtulo dedicado al estudio de la censura, diferenci\u00e1ndola claramente del necesario autocontrol de los medios.<br>\n<strong>\u00bfAPOLOG\u00cdA DE LA CENSURA?<\/strong><br>\nEl argumento preferido de los productores de contenidos infames en Estados Unidos es sencillo: \u00abPuedo hacer lo que me d\u00e9 la gana en cualquier medio de comunicaci\u00f3n, sin importar lo desagradable que sea, gracias a la Primera Enmienda, seg\u00fan la cual no puede coartarse mi libertad de expresi\u00f3n\u00bb.<br>\nEn nuestro pa\u00eds, la libre expresi\u00f3n encuentra su fundamento jur\u00eddico en los art\u00edculos 6\u00ba y 7\u00ba de la Constituci\u00f3n. Los l\u00edmites obedecen al sentido mismo de la convivencia social y el orden jur\u00eddico. Confundirlos con la censura tomada en su sentido amplio, seg\u00fan el cual el gobierno va m\u00e1s all\u00e1 de sus obligaciones para impedir la difusi\u00f3n de las ideas es una postura falaz y acomodaticia para justificar lo injustificable.<br>\nEl razonamiento de Allen conduce a demostrar que la televisi\u00f3n siempre ha ejercido un autocontrol que equilibre la libre expresi\u00f3n con las normas b\u00e1sicas de convivencia social. De ah\u00ed \u00abla suficientemente obvia distinci\u00f3n entre la libre expresi\u00f3n pol\u00edtica y filos\u00f3fica por una parte, y el intento de llevar al mercado la enfermiza mercanc\u00eda\u00bb que promueven los m\u00e1s prominentes amantes de la vulgaridad de la industria del entretenimiento.<br>\nSe trata, en s\u00edntesis, de atender a los l\u00edmites que el sentido com\u00fan y muchos ordenamientos legales imponen a la libre expresi\u00f3n, en aras de tutelar un bien jur\u00eddico de mayor peso, en este caso, el del orden y el bienestar de la sociedad.<br>\nAunque Allen no pretende agotar el tema, invita a abordarlo con inteligencia y sinceridad. La clave es distinguir entre libertad y libertinaje; la primera, ordenada con rectitud, lleva necesariamente a la b\u00fasqueda del bien. El segundo, sin duda, conduce a la anarqu\u00eda, el desorden y la descomposici\u00f3n social.<br>\nUn compositor es libre de crear su m\u00fasica pero, al convertirla en invitaci\u00f3n al asesinato de polic\u00edas, la violaci\u00f3n o el racismo, viola gravemente el orden establecido. Esto, que as\u00ed expresado parece tan sencillo, ha dado lugar a incontables debates. Es parad\u00f3jico que millones de personas reprueben la propaganda de Hitler para consolidar su totalitarismo y, al mismo tiempo, encubran la invitaci\u00f3n a la violencia a trav\u00e9s de los medios con sofisticadas elucubraciones sobre los derechos individuales.<br>\nComo afirma Allen, el debate puede durar muchos a\u00f1os, quiz\u00e1 la vida entera, pero enfrentarlo con argumentos es esencial para evitar que el bien de pocos, quienes se enriquecen a costa de la vulgaridad y la violencia, prevalezca sobre el bien de las mayor\u00edas, con derecho a vivir en un mundo pac\u00edfico y humano.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>NUESTRA RESPONSABILIDAD<\/strong><\/p>\n<p>Allen concluye con una pregunta: ante lo que est\u00e1 probado y documentado la creciente andanada de suciedad en los medios, \u00bfqu\u00e9 hacer? La respuesta es di\u00e1fana: mucho y urgente. La tarea de mejorar el nivel de la industria del entretenimiento compete \u00aba toda la sociedad\u00bb y debe empezar en la familia, pues \u00abla verdadera tarea educativa es algo que cada individuo debe conseguir por s\u00ed mismo y despu\u00e9s, por alg\u00fan medio, transmitirla a sus hijos\u00bb. La cultura popular ser\u00e1 mejor en la medida en que cada persona, desde su trinchera, se proponga mejorarla.<br>\nLa televisi\u00f3n y otros medios no cambiar\u00e1n por voluntad propia sencillamente porque no les interesa. Hay que ayudarlos, forzarlos si es preciso, a comprender la profunda dimensi\u00f3n social de un medio de comunicaci\u00f3n, sus enormes posibilidades de hacer el bien y su probada eficacia para corromper.<br>\nMientras el criterio sea s\u00f3lo econ\u00f3mico, medios y anunciantes seguir\u00e1n desliz\u00e1ndose por la oscura resbaladilla de la vulgaridad. El llamado es a todos los protagonistas de la industria de los medios, pero lo que est\u00e1 en juego \u00abes nuestra \u00e9tica y estructura nacional\u00bb.<br>\nY llegamos as\u00ed al meollo de Vulgarians at the Gate y de las convicciones de Steve Allen: los padres de familia son, por derecho y obligaci\u00f3n, quienes pueden cambiar a los medios. Si la \u00fanica ley que rige los contenidos es la de la oferta y la demanda, es preciso disminuir la demanda de vulgaridad, desorden sexual y violencia.<br>\nAllen propone algunas acciones de probada eficacia: cartas de protesta o felicitaci\u00f3n cuyo poder nunca debe ser subestimado, boicotear ciertos productos de patrocinadores de programas nocivos y, si es necesario, aunque s\u00f3lo se recomiende como \u00faltimo recurso, las manifestaciones p\u00fablicas de descontento. Otras medidas son difundir textos que sustenten los argumentos en pro de una mejor cultura popular y presionar a los organismos gubernamentales encargados de hacer cumplir la ley que regula a los medios.<br>\nLa degradaci\u00f3n, vulgaridad y violencia en los medios no terminar\u00e1, por el contrario, seguir\u00e1 creciendo, a menos que el p\u00fablico, cada uno de manera individual, se tome en serio el peligro que ese tipo de entretenimiento representa cuando invade las casas y la vida entera.<br>\nEs un reto colosal y no es exclusivo de Estados Unidos, aunque es importante se\u00f1alar que 90% de las pel\u00edculas y 75% de la programaci\u00f3n televisiva proceden de este pa\u00eds. Los vulgarianos ya est\u00e1n en la puerta del mundo e, imposible negarlo, hasta en la cocina de nuestro M\u00e9xico.<br>\nEn un d\u00eda cualquiera, las dos grandes cadenas de televisi\u00f3n abierta y las incontables estaciones de radio ofrecen crudas manifestaciones de dolorosa vulgaridad y desproporcionada violencia. Adem\u00e1s, los consorcios comerciales que patrocinan la programaci\u00f3n no dudan en apostar por las series estadounidenses y las burdas imitaciones mexicanas.<br>\nEl problema es global y muchas voces las m\u00e1s fiables del mundo por su rectitud moral tambi\u00e9n se han alzado para prevenir de la televisi\u00f3n mal utilizada y resaltar las infinitas bondades de la televisi\u00f3n empleada para hacer el bien.<br>\nAllen culmina con un llamado que es reto, una s\u00faplica que es desaf\u00edo: \u00abPor la seguridad de nuestros hijos y nietos, y de la sociedad que heredar\u00e1n y legar\u00e1n a la siguiente generaci\u00f3n, te ruego que tu propia voz sea escuchada\u00bb.<br>\nLa responsabilidad es nuestra. Lo que est\u00e1 en juego: el mundo que vivimos y el que heredaremos a nuestros hijos.<br>\n_____________<br>\n[1] Steve Allen. Vulgarians at the Gate. Trash TV and Raunch Radio: Raising the Standards of Popular Culture. Prometheus Books. New York, 2000. 419 p\u00e1gs.<\/p>\n<p class=\"subtit\">_____________<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>RECUADRO 1:<\/strong><\/p>\n<p><strong>Pilar de la TV norteamericana<\/strong><br>\nSteve Allen (Nueva York, 1921-2000) es uno de los pilares fundamentales de la televisi\u00f3n norteamericana y uno de sus m\u00e1s agudos observadores. Cre\u00f3 y fue el primer conductor del Tonight Show, programa estelar de la NBC, cuyo formato han seguido, con variantes, programas de este tipo en Estados Unidos y el mundo.<br>\nMerecedor de premios Peabody y Emmy por su serie Meeting of Minds (1977-1981), Allen rompi\u00f3 esquemas como comediante y sus rutinas son imitadas una y otra vez: actos peligrosos, entrevistas por las calles y con la audiencia presente en el estudio, una pasmosa capacidad de improvisaci\u00f3n y una brillante naturalidad como entrevistador.<br>\nEscribi\u00f3 54 libros que abarcan una enorme variedad de g\u00e9neros (poes\u00eda, relatos cortos, textos de humor, autobiogr\u00e1ficos y pol\u00edticos). De manera p\u00f3stuma se lanzaron al mercado Steve Allen\u2019s Private Joke File y Vulgarians at the Gate.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>RECUADRO 2:<\/strong><\/p>\n<p>La asociaci\u00f3n A Favor de lo Mejor ofrece un resumen y an\u00e1lisis del libro de Steve Allen a cargo de Ernesto Aguilar-\u00c1lvarez. Televisi\u00f3n y radio, \u00bfconstrucci\u00f3n o destrucci\u00f3n? M\u00e9xico, 2003. 71 p\u00e1gs.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"26817\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El libro del norteamericano Steve Allen, Vulgarians at the Gate<a title=\"\" name=\"_ednref1\" href=\"#_edn1\"><span> <span>[1]<\/span> <\/span><\/a>(Vulgarianos en la puerta) anuncia que los adalides de la vulgaridad parecen haber conquistado la radio y la televisi&oacute;n, los medios con mayor impacto. &iquest;Hay soluci&oacute;n? S&iacute;, revalorar la cultura popular y, con la participaci&oacute;n de toda la sociedad, mejorar la calidad de los contenidos que transmiten los medios masivos de comunicaci&oacute;n.<\/p>\n","protected":false},"author":45,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"om_disable_all_campaigns":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[1218],"tags":[90],"class_list":["post-26817","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-coloquio","tag-ejemplar_268"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO Premium plugin v21.2 (Yoast SEO v27.6) - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-premium-wordpress\/ -->\n<title>\u00a1Los vulgarianos llegaron ya! - Revista ISTMO<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2003\/09\/09\/los_vulgarianos_llegaron_ya\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_MX\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"\u00a1Los vulgarianos llegaron ya!\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"El libro del norteamericano Steve Allen, Vulgarians at the Gate [1] (Vulgarianos en la puerta) anuncia que los adalides de la vulgaridad parecen haber conquistado la radio y la televisi&oacute;n, los medios con mayor impacto. &iquest;Hay soluci&oacute;n? 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