{"id":26715,"date":"2003-07-29T00:00:00","date_gmt":"2003-07-29T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=26715"},"modified":"2023-11-04T14:20:48","modified_gmt":"2023-11-04T19:20:48","slug":"optimismo_eleccion_personal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2003\/07\/29\/optimismo_eleccion_personal\/","title":{"rendered":"Optimismo: Elecci\u00f3n Personal"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"26715\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p>Est\u00e1 comprobado que el optimismo influye en la salud f\u00edsica, seg\u00fan un estudio referido por Daniel Goleman: \u00ab122 hombres que tuvieron su primer ataque card\u00edaco fueron evaluados para determinar su grado de optimismo o pesimismo. Ocho a\u00f1os m\u00e1s tarde, de los 25 hombres m\u00e1s pesimistas, 21 hab\u00edan muerto; de los 25 m\u00e1s optimistas, s\u00f3lo 6 hab\u00edan muerto. Su visi\u00f3n mental demostr\u00f3 ser un mejor pronosticador de la supervivencia que cualquier otro factor de riesgo, incluido el grado de da\u00f1o sufrido por el coraz\u00f3n en el primer ataque, bloqueo de arterias, nivel de colesterol o presi\u00f3n sangu\u00ednea\u00bb. [1] Aunque estos hechos justifican por s\u00ed mismos un an\u00e1lisis del optimismo la salud es un valor importante en la vida humana, hay otra raz\u00f3n de mayor peso que invita a profundizar en la importancia de esta cualidad para resolver la propia existencia: su estrecha relaci\u00f3n con la felicidad.<br>\nDurante m\u00e1s de diez a\u00f1os, los psic\u00f3logos David G. Myers (Hope College de Michigan) y Ed Diener (Universidad de Illinois) estudiaron el tema de la felicidad. Entre los resultados que el estudio arroj\u00f3, destaca que uno de los cuatro rasgos caracter\u00edsticos de la persona feliz es el optimismo [2] .<br>\nNo concluyen si este es causa de la felicidad o viceversa, simplemente consignan el hecho: quien es feliz es optimista.<br>\nEsto es suficiente para intuir la \u00edntima relaci\u00f3n entre optimismo y felicidad. Y como todos queremos ser felices s\u00f3lo un loco desear\u00eda lo contrario, vale la pena estudiar esta caracter\u00edstica que tanto contribuye a la realizaci\u00f3n humana.<br>\nComo se ver\u00e1 en su momento, ser optimista o incrementar dicha cualidad est\u00e1 en nuestras manos, depende de la actitud que cada uno adopte ante la realidad; incluso la felicidad es, en buena medida, fruto de una elecci\u00f3n. Lo expresa bien el proverbio ingl\u00e9s: \u00abDos hombres miraban al exterior a trav\u00e9s de los barrotes de la prisi\u00f3n. Uno ve\u00eda el lodo, el otro las estrellas\u00bb. En igualdad de circunstancias, los resultados pueden ser diversos amargura o felicidad en funci\u00f3n de c\u00f3mo se enfoquen las cosas.<br>\nEl principal inter\u00e9s, por tanto, de analizar el optimismo radica en potenciar el camino que conduce a la felicidad personal, a ese estado de plenitud del coraz\u00f3n humano, consecuencia de m\u00faltiples factores, bastante lejano de la felicidad simplista y superficial que tantos persiguen. Tampoco deber\u00e1 olvidarse que una persona optimista es fuente de felicidad para los dem\u00e1s, especialmente para quienes le rodean; les proporciona un gran servicio al facilitarles el camino hacia el fin que todos buscan.<br>\n<strong>\u00bfUNA BURBUJA ROSA?<\/strong><br>\nEn el lenguaje coloquial, cuando se dice de alguien que es muy optimista a veces se piensa en una persona ilusa o incluso ingenua, que no percibe los problemas ni las dificultades objetivas de la realidad, sino que lo ve todo superficialmente y en su dimensi\u00f3n positiva.<br>\nTambi\u00e9n es frecuente imaginarla con un temperamento entusiasta y hasta propensa a la euforia, que reacciona con exageraci\u00f3n ante est\u00edmulos ordinarios, y da la impresi\u00f3n de estar poco conectada con el mundo real porque atribuye un valor desproporcionado a hechos que merecer\u00edan una valoraci\u00f3n m\u00e1s moderada. En ambos casos, el optimista parece haber renunciado a ver las cosas como son y a reflexionar sobre ellas con objetividad.<br>\nGustave Thibon comenta que \u00abhay un optimismo y un pesimismo tan vulgares e irreflexivos el uno como el otro, porque juzgan el mundo desde nuestra situaci\u00f3n personal del momento. Si uno est\u00e1 alegre, todo lo ve color de rosa; en cuanto surge la menor contrariedad, todo se vuelve negro. Bernanos dec\u00eda que el optimista es un imb\u00e9cil alegre y el pesimista un imb\u00e9cil triste\u00bb [3] .<br>\nDe hecho, no es dif\u00edcil encontrar personas que profesan ese optimismo ingenuo y que, cuando por alguna circunstancia especial abren los ojos a la realidad, padecen un profundo desconcierto. Algo similar ocurre con aquellos otros \u00abentusiastas\u00bb que, parad\u00f3jicamente, son temerosos al tomar decisiones, no est\u00e1n dispuestos a correr riesgos y se desaniman con facilidad ante las dificultades.<br>\nEs evidente que no interesa analizar el optimismo que implica una actitud superficial, desconectada de la realidad, ni un estado de \u00e1nimo sin mayor fundamento que el propio temperamento, sino aquel otro que est\u00e1 vinculado a la felicidad como estado interior permanente, con un contenido preciso.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>CON LOS PIES EN LA TIERRA<\/strong><\/p>\n<p>Los estudiosos de la felicidad suelen coincidir en que la persona feliz es realista es decir, tiene los pies en la tierra, se identifica consigo misma y con las propias circunstancias. De esta persona decimos que es coherente, porque encontramos armon\u00eda entre su pensamiento y su conducta.<br>\nRicardo Yepes, por ejemplo, sostiene: \u00abla felicidad nace de la conformidad \u00edntima entre lo que se quiere y lo que se vive\u00bb [4] ; en cambio, quien no logra vincular estos dos aspectos entra en conflicto y acaba siendo infeliz. Hay quienes viven deseando siempre algo distinto de lo que les corresponde, como el m\u00e9dico que quisiera ser arquitecto, el padre de familia que preferir\u00eda no ser responsable de sus hijos o el estudiante que a\u00f1ora ser un profesionista brillante pero no est\u00e1 dispuesto a estudiar con intensidad.<br>\nEl optimismo aut\u00e9ntico, como todas las disposiciones favorables, ha de estar fundado en la realidad es decir, en la verdad, para que sea consistente. No puede basarse en una visi\u00f3n falsa sobre uno mismo y sus posibilidades, pues tarde o temprano resultar\u00e1 contraproducente.<br>\nLa superficialidad, cerrar los ojos a la realidad, no enfrentar las propias limitaciones y problemas, rehuir el lado doloroso de la vida, origina una existencia falsa y evasiva que, en el mejor de los casos, dar\u00e1 origen a un optimismo ingenuo e inestable. Antes o despu\u00e9s se revertir\u00e1 negativamente.<br>\nPor ejemplo, quien participa en una competencia deportiva de alto rendimiento para la que no est\u00e1 capacitado y piensa, con ingenuidad y entusiasmo, que va a ganar, se frustrar\u00e1 al comprobar que ni siquiera pudo llegar a la meta. La verdad sobre las condiciones y posibilidades personales ha de ser el contrapunto necesario para las metas que nos proponemos.<br>\nPor otra parte, el optimismo ligado a la natural forma de ser de ciertas personas, que podr\u00eda llamarse \u00abespont\u00e1neo\u00bb, supone una ayuda indiscutible. Pero si esos individuos no establecen una relaci\u00f3n objetiva con la realidad y no la cultivan ni desarrollan en su vida personal, no podr\u00e1n ser realmente optimistas, en sentido profundo:<br>\n\u00abEl optimismo de temperamento es algo hermoso y \u00fatil ante la angustia de la vida: \u00bfqui\u00e9n no se regocija ante la alegr\u00eda y confianza que irradia una persona? \u00bfQui\u00e9n no lo desear\u00eda para s\u00ed mismo? Como todas las disposiciones naturales, un optimismo de este tipo es sobre todo una cualidad moralmente neutra; como todas las disposiciones debe ser desarrollado y cultivado para formar positivamente la fisonom\u00eda moral de una persona. Ahora bien, puede crecer mediante la esperanza cristiana y convertirse en algo m\u00e1s puro y profundo; al contrario, en una existencia vac\u00eda y falsa puede decaer y convertirse en pura fachada\u00bb [5] .<br>\nLa conexi\u00f3n e identificaci\u00f3n con la realidad es, pues, condici\u00f3n para ser feliz y para que la felicidad permanezca, porque se apoya en un contenido objetivo y estable.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>LA OTRA CARA DE LA MONEDA<\/strong><\/p>\n<p>En el otro extremo del optimismo ingenuo est\u00e1 la polarizaci\u00f3n de los aspectos negativos de la realidad que conduce al pesimismo: la disposici\u00f3n de ver el vaso \u00abmedio vac\u00edo\u00bb en vez de \u00abmedio lleno\u00bb, de captar la oscuridad en vez de la luz, los problemas en vez de las soluciones, y los defectos sin apreciar las cualidades. El pesimista se nutre de elementos negativos, tanto reales como imaginarios, y al olvidarse de lo positivo pierde la objetividad.<br>\nCiertamente hay situaciones adversas que no se deben pasar por alto, al contrario, exigen ser afrontadas incluso con crudeza, ya que de lo contrario provocar\u00edan efectos desastrosos.<br>\nUn m\u00e9dico mexicano comentaba la fuerte impresi\u00f3n que le produjo ver c\u00f3mo en los hospitales de Estados Unidos se enfrenta a los cancerosos, no s\u00f3lo dici\u00e9ndoles la verdad completa de lo que les pasa, sino mostr\u00e1ndoles la imagen de sus tumoraciones. Y, seg\u00fan relataba, se ha comprobado que este modo de proceder disminuye en gran medida el porcentaje de depresiones en enfermos terminales.<br>\nTambi\u00e9n las circunstancias externas en que nos encontramos pueden resultar objetivamente negativas e inclinar al pesimismo. Sin embargo, casi siempre en esas mismas circunstancias suelen existir aspectos positivos que, si se descubren, mitigan el efecto pesimista en el \u00e1nimo y favorecen una actitud optimista en medio de la adversidad. M\u00e1s a\u00fan, en los mismos hechos negativos es posible descubrir matices o enfoques que proporcionen un efecto favorable. Por tanto, aunque las circunstancias influyan, la posibilidad de ser optimista o pesimista depende mucho m\u00e1s del sujeto.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>DECISI\u00d3N VITAL<\/strong><\/p>\n<p>Es frecuente encontrar personas inclinadas al pesimismo. Algunas simplemente por temperamento por ejemplo, quien es pasivo tiene mayores dificultades para acometer situaciones que suponen esfuerzo y tiende a renunciar a ellas; otras, por la influencia familiar los hijos de padres pesimistas tambi\u00e9n suelen serlo, porque desde peque\u00f1os han aprendido los enfoques y las actitudes negativas; otras m\u00e1s porque sus defectos les pesan m\u00e1s que sus cualidades y, en consecuencia, tienen una baja autoestima [6] ; otras, por las experiencias negativas de su propia vida, por no haber sabido superar los efectos de sus errores o fracasos, ni verlos como oportunidades de las que podr\u00edan haber obtenido una experiencia valiosa.<br>\nEn todos estos casos, \u00bfser\u00e1 posible reducir o incluso superar el pesimismo? Si bien el temperamento puede inclinar a ver la vida de determinada manera, ser optimista o pesimista depende, sobre todo, de una opci\u00f3n personal, que determina el modo de percibir e interpretar la realidad:<br>\n\u00abObservemos que con la misma uva se obtiene el vino y el vinagre. Debemos tomar una decisi\u00f3n. En nuestro coraz\u00f3n no caben dos lagares, dos tipos de fermentaci\u00f3n: o escogemos el vinagre de la amargura, o preferimos el vino de la alegr\u00eda. A cada uno de nosotros corresponde hacer su propia y personal\u00edsima opci\u00f3n\u00bb [7] .<br>\nDicho con otras palabras, lo determinante no est\u00e1 en los hechos la uva es la misma, sino en el modo de percibirlos y en las actitudes con que los afrontamos.<br>\nOrdinariamente no podemos cambiar los hechos, pero s\u00ed dirigir nuestras percepciones y actitudes. Podemos ver la uva en funci\u00f3n del vino que surgir\u00e1 de ella y alegrarnos ante esa posibilidad, o percibirla exclusivamente como la materia prima para el vinagre. La decisi\u00f3n est\u00e1 en nuestras manos. Y estas actitudes permiten, adem\u00e1s, predecir en buena medida la felicidad de las personas.<br>\nDefinitivamente, ser optimista o pesimista depende de una opci\u00f3n personal, cuya concreci\u00f3n deber\u00e1 recaer sobre las actitudes que cada uno adopte al enfrentarse con la realidad.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>REMEDIOS CONTRA EL PESIMISMO<\/strong><\/p>\n<p>Lo primero que el pesimista debe proponerse es no fijar su atenci\u00f3n en lo negativo, a lo que se siente habitualmente inclinado, tanto en el presente como en el futuro, en lo real y en lo imaginario. Era lo que don Quijote aconsejaba al paje: \u00abY esto que ahora le quiero decir ll\u00e9velo en la memoria; que le ser\u00e1 de mucho provecho y alivio en sus trabajos: y es que aparte la imaginaci\u00f3n de los sucesos adversos que le podr\u00e1n venir\u00bb. [8]<br>\nQuien posee o adquiere la habilidad de no pensar negativamente en medio de sucesos adversos, cuenta con un recurso muy eficaz para evitar que su felicidad se afecte. Dicho en t\u00e9rminos afirmativos: deber\u00e1 descubrir y concentrar su atenci\u00f3n en lo positivo.<br>\nComo ejercicio pr\u00e1ctico podr\u00eda escribir un elenco de cosas favorables en su vida personal y en su entorno, as\u00ed como una relaci\u00f3n de las posibilidades que el futuro le ofrece.<br>\nEn segundo lugar, tendr\u00e1 que aprender a puntualizar y relativizar los errores, quit\u00e1ndoles el car\u00e1cter de absoluto que el pesimista les suele atribuir de forma subjetiva: \u00absi fall\u00e9 en esto, no sirvo para nada; como me equivoqu\u00e9 en lo otro, quedo definitivamente descalificado\u00bb. Se trata, en suma, de valorar con objetividad los sucesos negativos, rest\u00e1ndoles importancia cuando no la tienen, reduciendo su impacto emocional para que no invadan un campo mayor del que les corresponda. Esto se ilustra en el siguiente ejemplo:<br>\nEn una ocasi\u00f3n, un hombre que hab\u00eda perdido todo su dinero llam\u00f3 por tel\u00e9fono a un amigo:<br>\n-Estoy acabado, lo he perdido todo, me he quedado sin nada.<br>\n-\u00bfA\u00fan puedes ver? \u2013 pregunt\u00f3 el amigo.<br>\n-S\u00ed, todav\u00eda puedo ver \u2013 respondi\u00f3 el hombre.<br>\n-\u00bfA\u00fan puedes caminar? \u2013 inquiri\u00f3 nuevamente el amigo.<br>\n-S\u00ed, todav\u00eda puedo caminar.<br>\n-Evidentemente a\u00fan puedes hablar y o\u00edr, pues de otro modo no estar\u00edamos hablando por tel\u00e9fono.<br>\n-S\u00ed, efectivamente todav\u00eda puedo hablar y o\u00edr.<br>\n-Est\u00e1 claro que a\u00fan conservas todo -concluy\u00f3 el amigo- . \u00a1Lo \u00fanico que perdiste fue el dinero!<br>\nEn tercer lugar, al pesimista le conviene evitar las quejas y lamentaciones, tanto externas como internas, que suelen ser est\u00e9riles porque s\u00f3lo consiguen generar una mentalidad de v\u00edctima, con una fuerte carga egoc\u00e9ntrica, que invita a la pasividad y, en el mejor de los casos, a la resignaci\u00f3n.<br>\nEvitar las quejas puede significar un gran esfuerzo en ciertas circunstancias o para determinadas personalidades, porque implica sobreponerse a una realidad negativa o que se juzga as\u00ed para darle salida.<br>\nLa persona que tiene fe en Dios cuenta con una perspectiva que le permite encontrar con m\u00e1s facilidad y profundidad el sentido de las situaciones adversas, en especial de aquellas que humanamente resultan inexplicables, como una enfermedad incurable o la muerte de un ser querido en plena juventud. Y esa fe tiene, adem\u00e1s, el poder de cambiar a la persona misma. Advierte san Josemar\u00eda Escriv\u00e1: \u00abS\u00e9 atrevido en tu oraci\u00f3n, y el Se\u00f1or te transformar\u00e1 de pesimista en optimista\u00bb. [9]<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>TONO VITAL FAVORABLE<\/strong><\/p>\n<p>Queda a\u00fan por determinar qu\u00e9 es y d\u00f3nde radica el optimismo, si en la inteligencia, en la voluntad o en el \u00e1mbito afectivo o emocional.<br>\nYa se ha se\u00f1alado que hay personas espont\u00e1neamente optimistas, lo cual significa que lo son por temperamento. En estos casos, el factor emocional juega un papel destacado, en tanto que supone un impulso para percibir de modo positivo la realidad, sin intervenci\u00f3n expresa de la voluntad. La inteligencia s\u00f3lo se descubre inclinada en esa direcci\u00f3n, mientras la emoci\u00f3n o el entusiasmo permanecen.<br>\nEn este nivel se puede hablar de un optimismo temperamental o emocional un sentimiento, muy valioso mientras se da pero, por lo mismo, limitado a causa de su eventual inestabilidad. Es bien sabido que los sentimientos, si no tienen soporte en la voluntad, carecen de estabilidad y pueden cambiar de signo en cualquier momento.<br>\nSe ha dicho tambi\u00e9n que ser optimista depende de una elecci\u00f3n personal, es decir, de una decisi\u00f3n que radica en la voluntad, porque la voluntad puede influir sobre la inteligencia, orden\u00e1ndole que perciba positivamente la realidad, que busque y descubra la bondad constitutiva de las cosas.<br>\nEn este sentido cabe afirmar que el optimismo es una actitud, una disposici\u00f3n voluntaria de la inteligencia que determina el modo de orientar las propias operaciones, tanto racionales como emocionales, al enfrentarse con la realidad [10] .<br>\nLa actitud optimista consiste, entonces, en que la voluntad disponga a la inteligencia para que perciba el bien y lo valore, de manera que esas percepciones influyan en la persona completa tambi\u00e9n y con especial importancia en los sentimientos, dando como resultado un tono vital emocionalmente favorable que, a su vez, influir\u00e1 en la voluntad y en la inteligencia para reforzar la disposici\u00f3n de percibir lo bueno.<br>\nEste c\u00edrculo virtuoso nos hace pensar que el optimismo aut\u00e9ntico incluye todo nuestro ser, esto es, tanto la inteligencia, como la voluntad y la afectividad.<br>\nTambi\u00e9n cabe se\u00f1alar que, si la actitud optimista se mantiene una y otra vez en situaciones variadas, acabar\u00e1 convirti\u00e9ndose en un h\u00e1bito bueno: la disposici\u00f3n permanente de percibir y valorar el bien actual y potencial en todo aquello con lo que nos relacionamos. Por ello se puede decir, con todo rigor, que el optimismo es una virtud.<br>\nEn s\u00edntesis, vale la pena ser optimista. Son muchos los beneficios que resultan del optimismo. Su influencia en la felicidad personal es determinante, favorece a los dem\u00e1s y facilita la relaci\u00f3n con Dios. Adem\u00e1s, resulta alentador que esta cualidad dependa de una opci\u00f3n personal que cualquiera puede proponerse.<br>\nAunque sea un sentimiento que espont\u00e1neamente se da en algunas personas, es tambi\u00e9n una actitud que deriva de la inteligencia y la voluntad por eso es posible la opci\u00f3n, y puede convertirse en una virtud, es decir, en una disposici\u00f3n permanente que forme parte de la personalidad. Si adem\u00e1s del esfuerzo humano se cuenta con la ayuda de Dios, el optimismo adquirir\u00e1 una solidez a\u00fan m\u00e1s estable y profunda. [11]<\/p>\n<p class=\"textogris\">_________________<\/p>\n<p class=\"textogris\">[1] Daniel Goleman. La inteligencia emocional. Vergara. M\u00e9xico, 1995. p. 212.<\/p>\n<p>[2] Los otros tres rasgos que descubrieron fueron: una elevada autoestima, control sobre la propia vida y, en la mayor\u00eda de los casos, ser extrovertido. Cfr. D.G. Myers y E. Diener. \u00abThe pursuit of happiness\u00bb en Scientific American. V-1996.<br>\n[3] Gustave Thibon. \u00abPara que todo vaya mejor\u00bb en ISTMO n. 225. Julio-agosto, 1996. p. 28.<br>\n[4] Ricardo Yepes. Fundamentos de Antropolog\u00eda. Eunsa. Pamplona, 1996. p. 217.<br>\n[5] Joseph Ratzinger. Mirar a Cristo. EDICEP. Valencia, 1990. p. 51.<br>\n[6] \u00abLos sentimientos hacia nosotros mismos, el modo como evaluamos nuestra eficacia, o nuestra capacidad para realizar tareas o enfrentarnos con problemas, no es un sentimiento m\u00e1s, sino que va a intervenir como ingrediente en m\u00faltiples sentimientos\u00bb. Jos\u00e9 Antonio Marina. El laberinto sentimental. Anagrama. Barcelona, 1997. p. 157.<br>\n[7] Rafael Llano. Optimismo. MiNos. M\u00e9xico, 1994. p. 23.<br>\n[8] Miguel de Cervantes. Don Quijote de la Mancha. Oveja Negra. Bogot\u00e1, 1993. 2\u00aa parte. Cap. 24. p. 603.<br>\n[9] Josemar\u00eda Escriv\u00e1. Surco. MiNos. M\u00e9xico, 1999. n. 118.<br>\n[10] La actitud es \u00abuna disposici\u00f3n voluntaria de la inteligencia que suscita, controla y dirige las operaciones mentales para conseguir un estilo determinado de ocurrencias. Se diferencia del car\u00e1cter, que tambi\u00e9n es un estilo fijo de ocurrencias, porque es voluntaria. Se diferencia de los h\u00e1bitos porque no est\u00e1 automatizada, aunque puede acabar est\u00e1ndolo y convertirse en un h\u00e1bito del coraz\u00f3n o de la cabeza. Su importancia dentro de la econom\u00eda vital deriva de que es el punto donde la inteligencia negocia con los sentimientos. Por ejemplo, adoptar una actitud c\u00ednica supone convertir los sentimientos de escepticismo, desprecio y af\u00e1n de escandalizar en sistemas de producci\u00f3n de significados. Es posible que en su inicio el sujeto no sienta esos sentimientos, pero tenemos una gran habilidad para simular voces\u00bb. Jos\u00e9 Antonio Marina.Op cit. p. 201.<br>\n[11]\u00abHemos de ser optimistas, pero con un optimismo que nace de la fe en el poder de Dios\u00bb. Josemar\u00eda Escriv\u00e1. Es Cristo que pasa. MiNos. M\u00e9xico, 1999. n. 123.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>RECUADRO DIEZ CLAVES DEL OPTIMISMO<\/strong><\/p>\n<p><strong>1. Descubrir y valorar lo positivo<\/strong><br>\nLa mayor\u00eda de las personas necesitan hacer cierto esfuerzo para detectar la bondad que hay en la realidad de sus vidas y su entorno. No s\u00f3lo por la presencia del mal, que suele aparecer de una u otra forma, sino por la facilidad con que se acostumbran incluso a las mejores cosas y acaban pas\u00e1ndolas por alto, sin valorarlas.<br>\nSeg\u00fan Chesterton, la mediocridad es estar ante lo maravilloso y no enterarse. Para ser optimista es preciso escapar a esa mediocridad, \u00abdescubrir y disfrutar de todo lo bueno que tenemos. No esperar a encontrarnos con un ciego para enterarnos de lo hermosos e importantes que son nuestros ojos\u00bb. [1]<br>\nDescubrir lo positivo alimenta nuestro esp\u00edritu de cosas buenas y estas, a su vez, generan sentimientos favorables que conducen al optimismo y a la felicidad. El optimista suele detectar los aspectos positivos en la misma proporci\u00f3n en que el pesimista descubre los negativos y antes que lo negativo, lo cual favorece la actitud con que enfrentar\u00e1 los aspectos negativos que no dejar\u00e1n de aparecer. Si lo primero que habitualmente se captara fuera lo negativo, la capacidad para valorar las cosas buenas quedar\u00eda menguada, con el consiguiente efecto de pesimismo.<br>\nPero no basta detectar la bondad de las cosas. Valorar el bien que se descubre implica reconocer y apreciar con profundidad aquello que se ha encontrado, de manera que influya en la voluntad y el \u00e1nimo, y refuerce la actitud positiva.<br>\nHay quienes no valoran lo propio porque viven compar\u00e1ndose con los dem\u00e1s o dan mayor importancia a sus carencias que a lo que poseen. En cambio, quien s\u00ed valora lo que tiene o es, en s\u00ed mismo, adopta una disposici\u00f3n optimista que incrementa su felicidad.<br>\n<strong>2. Observar modelos valiosos<\/strong><br>\nLos medios de comunicaci\u00f3n suelen centrarse en sucesos que invitan al pesimismo: tragedias, muertes, guerras, conflictos y problemas en general. Basta abrir un peri\u00f3dico o escuchar las noticias en la radio o la televisi\u00f3n para comprobarlo. Igual pasa en la literatura actual, donde los personajes con frecuencia carecen de valores y no son puntos de referencia que orienten la propia vida en sentido positivo.<br>\nPara contrarrestar estas influencias y crecer en optimismo, hay que hacer un esfuerzo en sentido contrario y descubrir modelos humanos valiosos, como propone Olaizola: \u00abEn mi vida, como en la suya, querido lector, ha habido gente de todas clases, pero a m\u00ed s\u00f3lo me apetece destacar los que me han hecho comprender que la vida vale la pena de ser vivida. As\u00ed pretendo contrarrestar la ingente cantidad de literatura que prolifera hoy en d\u00eda, empe\u00f1ada en demostrar que el hombre es un ser abominable, una especie de fracaso de Dios\u00bb. [2]<br>\n<strong>3. Emitir opiniones constructivas<\/strong><br>\nOrdinariamente el modo de hablar sigue al modo de pensar. Pero el modo de expresarse tambi\u00e9n influye en el modo de pensar. Si alguien se propone hablar s\u00f3lo de cosas positivas \u00be callando las negativas, que tal vez pasan por su mente con mayor frecuencia\u00be , con el tiempo sus pensamientos y juicios se inclinar\u00e1n m\u00e1s hacia esa parte de la realidad y sus expresiones ser\u00e1n constructivas sin necesidad de propon\u00e9rselo, porque ser\u00e1n la manifestaci\u00f3n del nuevo modo de pensar optimista.<br>\n<strong>4. Tener autoestima<\/strong><br>\nLa autoestima correctamente entendida consiste en valorarse a s\u00ed mismo con objetividad: reconocer y aceptar tanto las cualidades y potencialidades, como los defectos y limitaciones, pero siempre con la confianza en que esas posibilidades, si se desarrollan y ponen en juego, acaban por pesar m\u00e1s que los defectos en nuestra conducta. Este enfoque es compatible con la virtud de la humildad, si se considera que \u00abla humildad es la verdad\u00bb.<br>\nLa visi\u00f3n objetiva y positiva sobre uno mismo forma parte esencial del optimismo y contribuye en gran medida a la felicidad. Por el contrario, \u00abel que continuamente es criticado f\u00e1cilmente desarrolla un escaso nivel de autoestima y tiene necesidad de experimentar su propio valor para reconocer su verdadero potencial y su bondad real\u00bb. [3]<br>\nEn el amor propio radica el fundamento de la autoestima [4] .<br>\nPor eso, quien tienda a minusvalorarse deber\u00e1 esforzarse por pensar positivamente de s\u00ed mismo, hablar bien de s\u00ed \u00be sin caer en la presunci\u00f3n\u00be e imaginarse que su vida funcionar\u00e1 adecuadamente. La soluci\u00f3n de fondo para que este planteamiento sea humilde, verdadero, es atribuir a Dios \u00be que nos ha creado y nos mantiene en la existencia\u00be todo lo bueno de nuestra vida.<br>\n<strong>5. Fomentar la esperanza<\/strong><br>\nEl optimismo est\u00e1 \u00edntimamente vinculado a la esperanza, en su doble acepci\u00f3n: virtud humana y sobrenatural. Su influencia en el logro de objetivos es notable.<br>\nLa esperanza, seg\u00fan los modernos investigadores, hace algo m\u00e1s que ofrecer un poco de solaz en medio de la aflicci\u00f3n. \u00abEs algo m\u00e1s que el punto de vista alegre de que todo saldr\u00e1 bien. Snyder la define de una manera m\u00e1s espec\u00edfica como \u201ccreer que uno tiene la voluntad y tambi\u00e9n los medios para alcanzar sus objetivos, sean \u00e9stos cuales fueran\u201d\u00bb [5] .<br>\nAl adquirir o perfeccionar cualquier habilidad, una persona se hace m\u00e1s competente y aumenta la confianza en su propia capacidad para afrontar retos en otros campos de la vida. Si supera esos nuevos retos, su esperanza crecer\u00e1 y, consecuentemente, se har\u00e1 m\u00e1s optimista.<br>\nQuienes muestran niveles elevados de esperanza, descubri\u00f3 Snyder, comparten ciertas caracter\u00edsticas, como la de poder motivarse ellos mismos, asegurarse cuando se encuentran en un aprieto que las cosas van a mejorar, sentirse lo suficientemente h\u00e1biles para encontrar diversas maneras de alcanzar sus metas o modificarlas si se vuelven imposibles, y tener la sensaci\u00f3n de reducir una tarea monumental en fragmentos m\u00e1s peque\u00f1os y manejables [6] .<br>\nPero tambi\u00e9n estamos llamados a metas sobrenaturales, como la santidad, que rebasan las capacidades puramente humanas. Por eso necesitamos recurrir a la ayuda de Dios. Aqu\u00ed interviene la esperanza como virtud sobrenatural: \u00abaguardar confiadamente la bendici\u00f3n divina\u00bb [7] .<br>\nRatzinger advierte:<br>\n\u00abun hombre desesperado no reza, porque no espera; un hombre seguro de su poder y de s\u00ed mismo no reza, porque conf\u00eda \u00fanicamente en s\u00ed mismo. Quien reza espera en una bondad y en un poder que van m\u00e1s all\u00e1 de sus propias posibilidades\u00bb [8] .<br>\nLa esperanza sobrenatural presupone la fe, que tambi\u00e9n es un don de Dios, quien no s\u00f3lo nos permite creer en \u00c9l, sino descubrir su mano en nuestra vida. Para una persona de fe y vida recta, todo cuanto le ocurre tiene una explicaci\u00f3n positiva Dios lo quiere o, al menos, lo permite y acaba siendo motivo de optimismo. Si, adem\u00e1s, es consciente de que Dios es un Padre infinitamente bueno y poderoso, experimentar\u00e1 una confianza filial que aumentar\u00e1 su optimismo.<br>\nQuien tiene esperanza cuenta con un fundamento profundo para ser optimista, porque tiene la seguridad, humana y sobrenatural, de alcanzar lo que se propone.<br>\n<strong>6. Aprovechar los resultados<\/strong><br>\nCuando alguien se propone metas altas que requerir\u00e1n tiempo y esfuerzo, es importante que a lo largo del camino no pierda de vista el objetivo final, para unificar todas sus acciones hacia \u00e9l sin desviarse. Pero si s\u00f3lo mide el avance en funci\u00f3n de lo que falta conseguir, es probable que su \u00e1nimo decaiga. En cambio, si compara el punto de inicio y el punto donde ahora se encuentra, sopesar\u00e1 lo que ya ha conseguido y se llenar\u00e1 de optimismo. Eso le dar\u00e1 un nuevo impulso para recorrer el resto del camino.<br>\nEl optimista aprovecha los resultados: los valora, disfruta y agradece, alimentando su interioridad con la bondad de esos logros y, como recompensa, refuerza su autoestima e incrementa su esperanza. As\u00ed, el optimismo crece progresivamente.<br>\n<strong>7. Adoptar mentalidad de victoria<\/strong><br>\nHay quienes suelen quedarse cortos en el logro de sus metas, a pesar de que en el arranque parec\u00edan muy decididos a conseguirlas y tienen todos los medios para alcanzarlos. Sus derrotas pueden deberse a su actitud mental de inseguridad y pesimismo: no saben ganar.<br>\nLa actitud positiva consiste en afrontar los retos con la confianza de que se conseguir\u00e1n, lo que aumenta la probabilidad de lograrlos. \u00abLa expectativa de la victoria es ya la mitad de la victoria, porque esa disposici\u00f3n optimista estimula, abre campos de visi\u00f3n m\u00e1s amplios, aptos para captar todos los recursos que propician el \u00e9xito. Adem\u00e1s, incita nuestra energ\u00eda, cataliza la capacidad para que nos empe\u00f1emos a fondo, otorga resistencia y vitalidad a nuestro esp\u00edritu de lucha, y termina as\u00ed creando condiciones favorables al buen resultado del proyecto\u00bb [9] .<br>\nFruto de confiar en la victoria es la consistencia. El optimismo no es un entusiasmo moment\u00e1neo, intenso al inicio pero insuficiente en cuanto aparecen los primeros obst\u00e1culos.<br>\nAlgunas actividades profesionales, como la del vendedor de seguros, definen muy pronto si los candidatos son optimistas o pesimistas, por el modo como reaccionan ante las numerosas respuestas negativas que suelen recibir de los clientes potenciales. Alrededor de 75% abandona la actividad en los tres primeros a\u00f1os. Un estudio de la aseguradora MetLife revel\u00f3 que los optimistas vend\u00edan 37% m\u00e1s en los primeros 24 meses de trabajo que los pesimistas, quienes desertaban en doble proporci\u00f3n durante el primer a\u00f1o. [10]<br>\n<strong>8. Saber perder<\/strong><br>\nNo siempre se ganan las batallas, a pesar de la actitud mental adecuada y de poner todos los medios. Pero tambi\u00e9n aqu\u00ed es preciso adoptar una actitud optimista, saber perder, que abarca varios aspectos:<br>\na) las derrotas ayudan a conocerse mejor, a reconocer y aceptar las propias limitaciones,<br>\nb) se pueden aprovechar para caer en la cuenta de su car\u00e1cter relativo, la vida est\u00e1 constituida por m\u00faltiples batallas y no todo se acaba por perder una en particular,<br>\nc) sirven para aprender a levantarse despu\u00e9s de haber ca\u00eddo, en lugar de hundirse y desanimarse,<br>\nd) permiten sacar experiencia, ense\u00f1an lo que se ha de corregir y evitar para obtener mejores resultados en ocasiones sucesivas.<br>\nAl preguntarle a Edison qu\u00e9 hab\u00eda sentido al fracasar tantas veces en sus intentos por fabricar una bombilla el\u00e9ctrica, respondi\u00f3 que nunca hab\u00eda fracasado, m\u00e1s bien hab\u00eda descubierto exitosamente miles de maneras en c\u00f3mo no fabricar una bombilla.<br>\nQuien sabe perder convierte las derrotas o aparentes fracasos en factores positivos de su vida. Churchill dec\u00eda que \u00abun optimista ve una oportunidad en toda calamidad; un pesimista ve una calamidad en toda oportunidad\u00bb.<br>\n<strong>9. Explicar satisfactoriamente los fracasos<\/strong><br>\n\u00abLas personas optimistas dice Goleman consideran que el fracaso se debe a algo que puede ser modificado de manera tal que logren el \u00e9xito en la siguiente oportunidad, mientras que los pesimistas asumen la culpa del fracaso, adjudic\u00e1ndolo a alguna caracter\u00edstica perdurable que son incapaces de cambiar\u00bb [11] .<br>\nPara desarrollar el optimismo se requiere una actitud intelectual que descubra el car\u00e1cter transitorio de los motivos que intervienen en los fracasos y que relativice el fracaso mismo.<br>\nEl complemento de una explicaci\u00f3n adecuada del fracaso ser\u00e1 que la persona crezca, en vez de resignarse ante \u00e9l, y vuelva a intentar su objetivo con un \u00e1nimo renovado para llegar m\u00e1s lejos de lo que pretend\u00eda al principio.<br>\nEl ejemplo de Biondi, quien fuera campe\u00f3n de nataci\u00f3n de los Estados Unidos, es ilustrativo. En una ocasi\u00f3n, su entrenador le dijo que hab\u00eda conseguido una marca m\u00e1s baja a la real. Le pidi\u00f3 que descansara y volviera a intentarlo. Su rendimiento, que ya hab\u00eda sido muy bueno, fue a\u00fan mejor en el nuevo intento. En el mismo caso, otros miembros del equipo, cuyas puntuaciones en un test demostraban que eran pesimistas, lo intentaron otra vez y su rendimiento fue peor.<br>\n<strong>10. Tomar el esfuerzo como un juego<\/strong><br>\nLos tres aspectos anteriores forman parte de la virtud de la deportividad, que entre sus beneficios permite ver el esfuerzo como un juego, un reto gozoso, no como un mal, algo tormentoso, un precio que no hay m\u00e1s remedio que pagar para obtener resultados [12] .<br>\nCuando deportistas y artistas dominan su especialidad, se desenvuelven con tal naturalidad y facilidad que dan la impresi\u00f3n de que aquello no les supone un esfuerzo especial y disfrutan realizarlo. En cambio, quien carece de ese dominio realiza un esfuerzo muchas veces agotador para llevar a cabo una tarea de poca relevancia.<br>\nExisten, entonces, dos tipos de esfuerzo: el que se toma como un juego, se disfruta, produce distensi\u00f3n y en el que se aplica s\u00f3lo la energ\u00eda necesaria y de manera arm\u00f3nica, y otro que constri\u00f1e y agota, no tanto por la magnitud del reto, sino por la forma de afrontarlo. Este segundo tipo de esfuerzo \u00abes una especie de veneno engendrado por el acto voluntario. Este acto, cuando excede sus l\u00edmites, segrega, si no estamos atentos, una crispaci\u00f3n. Encoge el campo de atenci\u00f3n y le arrebata una parte de su eficacia. () Al lado del esfuerzo, que es una crispaci\u00f3n del querer, existe un esfuerzo favorable, bello y bueno, que es la distensi\u00f3n del querer (y que, en cierto sentido, es un esfuerzo sin esfuerzo)\u00bb [13] .<br>\nQuien afronta su vida con un querer distensionado y una lucha relajada, es optimista ante los retos. Aunque hay personas cuyas dotes naturales les facilitan algunas o muchas de las actividades que han de realizar, la deportividad conduce a adquirir y desarrollar aquellas capacidades que permiten, en la pr\u00e1ctica, tomar el esfuerzo como un reto gozoso, es decir, con una disposici\u00f3n optimista.<\/p>\n<p style=\"text-align: right\">Francisco Ugarte Corcuera<\/p>\n<p class=\"textogris\">________________<\/p>\n<p class=\"textogris\">[1] J.L. Mart\u00edn Descalzo. Razones para la alegr\u00eda. Sociedad de Educaci\u00f3n Atenas. Madrid, 1998. pp. 14-15.<\/p>\n<p>[2] Jos\u00e9 Luis Olaizola. Un escritor en busca de Dios. Planeta. M\u00e9xico, 1994. p.73.<br>\n[3] P. Poupard. Felicidad y fe cristiana.. Herder. Barcelona, 1992. p. 25.<br>\n[4] Cfr. M. A. Mart\u00ed. La afectividad. EUNSA. Madrid, 2000. pp. 19-20.<br>\n[5] Daniel Goleman. La inteligencia emocional. Vergara. M\u00e9xico, 1995. p. 113.<br>\n[6] Cfr. Idem.<br>\n[7] Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, n. 2090.<br>\n[8] Joseph Ratzinger. Mirar a Cristo. EDICEP. Valencia (Espa\u00f1a), 1990. p. 71.<br>\n[9] Rafael Llano. Optimismo. Minos. M\u00e9xico, 1994. pp. 18-19.<br>\n[10] Cfr. Daniel Goleman. Op. cit. p. 115.<br>\n[11] Ibid. pp. 114-115.<br>\n[12] Cfr. Rafael Alvira. Filosof\u00eda de la vida cotidiana. Rialp. Madrid, 1999. pp. 54-55.<br>\n[13] J. Guitton. El genio de Teresa de Lisieux. EDICEP. Valencia (Espa\u00f1a), 1996. pp. 50-51.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"26715\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&iquest;Es siempre el optimismo un ingenuo querer ver las cosas mejor de lo que realmente son? 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