{"id":26623,"date":"2003-05-21T00:00:00","date_gmt":"2003-05-21T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=26623"},"modified":"2003-05-21T00:00:00","modified_gmt":"2003-05-21T00:00:00","slug":"familia_se_lo_que_eres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2003\/05\/21\/familia_se_lo_que_eres\/","title":{"rendered":"Familia, s\u00e9 lo que eres"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"26623\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p>Jugando un poco con las palabras y los conceptos, dir\u00eda que el objetivo de estas l\u00edneas es orientar a los orientadores sean profesionales o simples ejecutores de este papel en la familia, para que ellos, a su vez, orienten a quienes les piden ayuda o, simplemente, para mejorar el tono y la calidad de la vida en su hogar.<br>\nEs preciso definir el n\u00facleo de la existencia familiar, pues es el punto en el que habremos de incidir para elevar el nivel y la eficacia de las actividades de cualquier familia que aspire a ser lo que por esencia le corresponde.<br>\nEn principio, determinar la sustancia y el objetivo de la instituci\u00f3n familiar no parece complejo. Juan Pablo II los ha se\u00f1alado con insistencia y claridad: \u00abEn una perspectiva que adem\u00e1s llega a las ra\u00edces mismas de la realidad, hay que decir que la esencia y el cometido de la familia son definidos en \u00faltima instancia por el amor. Por esto la familia recibe la misi\u00f3n de custodiar, revelar y comunicar el amor\u00bb. [1]<br>\nEl amor, por tanto, define y fundamenta la instituci\u00f3n familiar; y el amor en su acepci\u00f3n m\u00e1s noble: de amistad o benevolencia. Pero, \u00bfentre qui\u00e9nes?<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>EL N\u00daCLEO PRIMORDIAL<\/strong><\/p>\n<p><strong>Primero los padres<\/strong><br>\nEs frecuente que los padres no sientan la necesidad de formarse mejor hasta que alguno de los hijos plantea dificultades que los superan. Acuden entonces al centro educativo para hablar con el preceptor o se inscriben en un curso de orientaci\u00f3n familiar. El \u00abproblema\u00bb, por decirlo con dramatismo, es el hijo.<br>\nAqu\u00ed, los c\u00f3nyuges deben comprender que toda su actividad paterna resultar\u00e1 in\u00fatil hasta que, en el seno de la familia, no dirijan su mirada e influjo renovador hacia ellos mismos: son los padres quienes deben cambiar en primer t\u00e9rmino para provocar un perfeccionamiento en sus hijos.<br>\nCualquier progreso en la vida familiar es fruto de una modificaci\u00f3n en la vida de los c\u00f3nyuges, que se implican m\u00e1s, y m\u00e1s decididamente, en el seno del propio hogar. Sin ese radical compromiso, todo resulta in\u00fatil.<br>\nLa familia es insustituible para la maduraci\u00f3n y existencia de la persona en cada uno de sus niveles de desarrollo: desde la indigencia absoluta del reci\u00e9n concebido, pasando por la inseguridad y las dudas del ni\u00f1o o el adolescente, hasta la aparente firmeza aut\u00f3noma del adulto, la plenitud del hombre y la mujer, y la fecunda pero fr\u00e1gil riqueza del anciano. [2]<br>\nDesde este punto de vista, es imprescindible indicar a los padres que la familia es necesaria, no s\u00f3lo para que sus hijos se perfeccionen; sino tambi\u00e9n, \u00a1y antes!, para que ellos el padre y la madre \u00abse realicen\u00bb como personas (que es el objetivo terminal de cualquier existencia humana, sin cuyo logro no alcanza sentido).<br>\nLa idea de la familia-refugio ha ocupado un papel preeminente en la sociedad occidental desarrollada: el \u00e1mbito familiar resultar\u00eda indispensable como remedio para la debilidad del ser humano y justo en la proporci\u00f3n en que sus miembros se encuentran necesitados de protecci\u00f3n y apoyo.<br>\nPero esto, que no carece de verdad, no es lo m\u00e1s serio que puede afirmarse de la familia. El hecho de que el Dios creador del Universo se nos haya revelado como familia, da una certera pista a la hora de ponderar las relaciones entre familia y persona. [3]<br>\nSi la Trinidad personal de Dios, en quien no falta ninguna perfecci\u00f3n, \u00abtiene que\u00bb constituirse como familia, queda claro que \u00e9sta no deriva de indigencia alguna, sino, al contrario, de la plenitud del ser personal que, por naturaleza, est\u00e1 llamado al don, a la entrega, y requiere un h\u00e1bitat adecuado para poder ofrendarse.<br>\nAn\u00e1logamente, la persona humana est\u00e1 m\u00e1s llamada a entregarse conforme m\u00e1s se plenifica. Por eso, cuanto m\u00e1s perfecta es una persona, tanto m\u00e1s necesita de la familia como el \u00e1mbito en el que, sin reservas ni trabas, puede dar y darse.<br>\n<strong>Por encima de todo, la familia<\/strong><br>\nRespecto a semejantes verdades, la orientaci\u00f3n de Juan Pablo II no puede ser m\u00e1s di\u00e1fana: \u00abEl hombre, por encima de toda actividad intelectual o social por alta que sea, encuentra su desarrollo pleno, su realizaci\u00f3n integral, su riqueza insustituible en la familia. Aqu\u00ed, realmente, m\u00e1s que en cualquier otro campo de su vida, se juega el destino del hombre\u00bb. [4]<br>\nLos padres pueden f\u00e1cilmente caer en la cuenta de que equivocan el rumbo cuando aun con la mejor de las voluntades descuidan la atenci\u00f3n directa e inmediata a los dem\u00e1s miembros de su familia, para dedicarse a otros menesteres, profesionales o sociales, en los que incluso alcanzan \u00e9xito absoluto.<br>\nPorque ese triunfo no es capaz de ahogar la desaz\u00f3n \u00edntima que les asalta siempre, en los momentos m\u00e1s humanos, por desatender el c\u00edrculo familiar, en el que habr\u00edan de encontrar \u00absu realizaci\u00f3n integral, su riqueza insustituible\u00bb.<br>\nAdem\u00e1s de desatender al c\u00f3nyuge, delegar\u00e1 en \u00e9l la educaci\u00f3n de los hijos o, cuando el otro consorte busque su propia realizaci\u00f3n fuera de casa, los encomendar\u00e1 a otras instituciones colegio, club juvenil, cuya misi\u00f3n es subsidiaria respecto a la de los padres y cuyo influjo eficaz en los chicos se torna limitado y epid\u00e9rmico.<br>\nLos padres deben ver con claridad que la familia resulta imprescindible para el \u00edntegro desarrollo de sus hijos, porque en primer t\u00e9rmino lo es tambi\u00e9n para \u00e9l o ella como c\u00f3nyuge y como padre o madre.<br>\nUn padre insatisfecho por no desarrollarse en plenitud dentro de su propio hogar, no puede aportar aut\u00e9ntica vida ni apoyo s\u00f3lido a sus hijos, que en ese hogar encuentran tambi\u00e9n la principal palestra para su robustecimiento personal y la base ineludible para el despliegue enriquecedor en cualquier otra esfera de su vivir.<br>\n<strong>AMOR QUE SE DESBORDA<\/strong><br>\nCentremos ahora nuestra atenci\u00f3n en la necesidad que el padre y la madre tienen de la familia en funci\u00f3n del crecimiento y la mejora de sus hijos. Con otras palabras: para cumplir sus deberes paternos, los componentes de un matrimonio no han de dirigir en primer lugar su atenci\u00f3n hacia los hijos, sino hacia el otro c\u00f3nyuge.<br>\nY la raz\u00f3n es muy simple: la primera y casi \u00fanica cosa que un hijo necesita para ser educado es que sus padres se quieran entre s\u00ed.<br>\nSe trata de una idea desarrollada con brillante sencillez por Carlos Llano: como la educaci\u00f3n de los hijos no es sino la m\u00e1s genuina expresi\u00f3n del amor paterno, y como este amor no puede ser, a su vez, sino el despliegue del cari\u00f1o entre los esposos, el que los c\u00f3nyuges se amen de veras constituye la clave esencial, y casi el todo, de su misi\u00f3n dentro de la familia. [5]<br>\nLa marcha de la familia, en cada uno de sus componentes, est\u00e1 definida, casi completamente, por el amor que se ofrenden los padres. La calidad del amor familiar del paterno-filial y del fraterno est\u00e1 determinada por las caracter\u00edsticas y la categor\u00eda del h\u00e1bitat que origina el cari\u00f1o de los c\u00f3nyuges.<br>\nFuera de ese ambiente es muy dif\u00edcil, si no imposible, que un muchacho se desarrolle pertinentemente. Y el centro escolar o el club juvenil, a duras penas colmar\u00e1n el d\u00e9ficit causado por el vac\u00edo de amor de los padres.<br>\nDentro de este contexto, me parecen concluyentes y luminosas las convicciones expresadas por Ugo Borghello: \u00abCuando se trae a un hijo al mundo, se contrae la obligaci\u00f3n de hacerlo feliz. Para lograrlo [] existe sobre todo el deber de hacer feliz al c\u00f3nyuge, incluso con todos sus defectos. Para ser felices, los hijos necesitan ver felices a sus padres. El hijo no es feliz cuando se lo inunda de caricias o de regalos, sino s\u00f3lo cuando puede participar en el amor dichoso de los padres. Si la madre est\u00e1 peleada con el padre, aun cuando luego cubra de arrumacos a su hijo, \u00e9ste experimentar\u00e1 una herida profunda: lo que quiere es participar en la familia, en el amor de los padres entre s\u00ed. En consecuencia, engendrar un hijo equivale a comprometerse a hacer feliz al c\u00f3nyuge\u00bb. [6]<br>\n<strong>El derecho esencial de los hijos<\/strong><br>\nComo consecuencia de ese querer rec\u00edproco, y apoyados en \u00e9l, los padres podr\u00e1n enderezar un afecto profundo y vigoroso hacia cada uno de los hijos. \u00bfCu\u00e1les han de ser las caracter\u00edsticas de tal amor?<br>\nDe acuerdo con la ya cl\u00e1sica descripci\u00f3n aristot\u00e9lica, se ama a una persona cuando se procura y se le ofrenda lo que es realmente bueno para ella. No lo que viene a suplir la falta de aut\u00e9ntica dedicaci\u00f3n al ser querido, sino lo que efectivamente lo hace crecer, lo mejora, lo perfecciona. A este amor nuestros hijos tienen un derecho absoluto.<br>\nPero no tienen derecho, porque implicar\u00eda una falsificaci\u00f3n del genuino cari\u00f1o, ni al premio desmesurado por las buenas calificaciones, ni a la paga desmedida, ni a la moto o al coche cuando todav\u00eda no son responsables en otros \u00e1mbitos de su existencia, etc\u00e9tera.<br>\nPorque a lo \u00fanico que \u00e9stos tienen derecho es \u00a1a nuestra propia persona! O, si se prefiere, a lo m\u00e1s personal de nosotros: a nuestro tiempo, dedicaci\u00f3n, inter\u00e9s, a nuestro consejo, a nuestro di\u00e1logo, al ejercicio razonado de nuestra autoridad, a la fortaleza para no flaquear cuando por obligaci\u00f3n inderogable hemos de hacerles sufrir para provocar su maduraci\u00f3n, a nuestra intimidad personal, a introducirse efectivamente en nuestras vidas\u2026<br>\nUna hija que va creciendo por ejemplo, tiene derecho a que su padre le d\u00e9 a conocer a su madre como mujer, a trav\u00e9s de sus ojos de marido enamorado. Lo cual alimentar\u00e1 el cari\u00f1o y la admiraci\u00f3n de la joven por la madre, la confianza entre padre e hija; y tambi\u00e9n la preparar\u00e1 para su vida de relaci\u00f3n con los chicos y su posible futuro como esposa y madre.<br>\nDe igual forma, desde muy pronto y m\u00e1s conforme pasan los a\u00f1os, los hijos se ver\u00e1n enriquecidos cuando los hagamos part\u00edcipes de nuestros problemas personales no s\u00f3lo en la medida en que est\u00e9n capacitados para conocerlos, sino cuando sinceramente les pidamos su opini\u00f3n y consejo.<br>\nEsta rigurosa relaci\u00f3n interpersonal, en la que, por expresarlo de alg\u00fan modo, \u00abbajamos la guardia\u00bb, les es asimismo debida en justicia, por cuanto resulta imprescindible para su crecimiento eficaz.<br>\nTodo lo que sea \u00abintercambiar\u00bb esa entrega comprometida por regalos o concesiones irresponsables, equivale, en el sentido m\u00e1s fuerte y literal de la expresi\u00f3n, a comprar a nuestros hijos y, como consecuencia, a prostituirlos, trat\u00e1ndolos como cosas y no como personas.<br>\nEsto, dicho sea de paso, destruye cualquier ambiente familiar, porque la l\u00f3gica del \u00abintercambio\u00bb, del do ut des mercantilista e interesado, es lo m\u00e1s opuesto a la gratuidad del amor que debe imperar en el hogar.<br>\nConfiar sin fingimientos[7]<br>\nLo que el cari\u00f1o hacia los hijos exige es que nos pongamos personalmente en juego, que estemos dispuestos a sufrir para poder amar y cumplir el cometido esencial que por naturaleza nos corresponde.<br>\nSon much\u00edsimas las personas que aseguran en la teor\u00eda y en la pr\u00e1ctica esta ley fundamental: en la actual condici\u00f3n del ser humano, el sufrimiento, el dolor, es un medio imprescindible para purificar nuestro amor.<br>\nTenemos un ejemplo paradigm\u00e1tico en Jesucristo. Baste con a\u00f1adir estas palabras de Juan Pablo II: \u00abEn la intenci\u00f3n divina los sufrimientos est\u00e1n destinados a favorecer el crecimiento del amor y, por esto, a ennoblecer y enriquecer la existencia humana. El sufrimiento nunca es enviado por Dios con la finalidad de aplastar, ni disminuir a la persona humana o impedir su desarrollo. Tiene siempre la finalidad de elevar la calidad de su vida, estimul\u00e1ndola a una generosidad mayor\u00bb. [8]<br>\nEl proceso educativo, que es siempre fruto del amor, no puede concretarse sin una dosis de sufrimiento propio y ajeno. Ya que el amor es una de las pocas verdades que entrevi\u00f3 claramente Freud torna vulnerables a quienes aman.<br>\nTodos los que nos movemos en estas lides sabemos bien que sin confianza rec\u00edproca, cualquier intento de formaci\u00f3n es vano. Pero se nos escapa a veces que semejante cr\u00e9dito debe ser real, sin fisuras, y justamente con ese hijo que nos plantea m\u00e1s problemas y en los aspectos en que m\u00e1s deja qu\u00e9 desear.<br>\nAh\u00ed, precisamente, es donde hemos de depositar nuestra esperanza, sin fingimientos, confiando con toda el alma en que el chico o la chica, dispuesto a luchar con todas sus fuerzas, podr\u00e1 vencer, con la ayuda de Dios y con nuestro pobre auxilio.<br>\nY si fracasa, nosotros fracasamos tambi\u00e9n con \u00e9l; y, echando mano de nuestros mayores recursos, nos rehacemos del fracaso y del dolor, rehacemos al muchacho, y volvemos a depositar en \u00e9l toda nuestra confianza, sincera y eficaz.<br>\nS\u00f3lo en semejante clima, incompatible con la despreocupaci\u00f3n \u00abocupad\u00edsima\u00bb de quien no encuentra tiempo m\u00e1s que para sus actividades personales, es posible el crecimiento de nuestra familia. Tanto en el interior del matrimonio como en las relaciones paterno-filiales, lo decisivo es \u00absoportar\u00bb, en el sentido vigorosamente solidario de servir de apoyo por amor.<br>\nEs lo que, elevando con fuerza el punto de mira, expone san Josemar\u00eda Escriv\u00e1: \u00abSi tuviera que dar un consejo a los padres escribe, les dar\u00eda sobre todo \u00e9ste: que vuestros hijos vean [] que procur\u00e1is vivir de acuerdo con vuestra fe, que Dios no est\u00e1 s\u00f3lo en vuestros labios, que est\u00e1 en vuestras obras, que os esforz\u00e1is por ser sinceros y leales, que os quer\u00e9is y que los quer\u00e9is de veras.<br>\n\u00bbEs as\u00ed como mejor contribuir\u00e9is a hacer de ellos cristianos verdaderos, hombres y mujeres \u00edntegros, capaces de afrontar con esp\u00edritu abierto las situaciones que la vida les depare, de servir a sus conciudadanos y de contribuir a la soluci\u00f3n de los grandes problemas de la humanidad, de llevar el testimonio de Cristo donde se encuentren m\u00e1s tarde, en la sociedad\u00bb. [9]<br>\n<strong>EN EL N\u00daCLEO DEL N\u00daCLEO<\/strong><br>\n<strong>Un cambio de actitud personal\u2026<\/strong><br>\nInsistamos, todos los problemas educativos son, en \u00faltima instancia, cuesti\u00f3n de (falta de) buen amor. As\u00ed, resulta relativamente claro c\u00f3mo debemos comportarnos ante las situaciones menos favorables que pudieran darse en el hogar: hemos de mirar, antes que nada, hacia nosotros mismos, hacia cada uno, para mejorar nuestra actitud, nuestras disposiciones y el calibre de nuestro querer.<br>\nLa resoluci\u00f3n de cualquier dificultad familiar encuentra por lo regular su punto de partida y su motor insustituible en un cambio estrictamente personal, que trae como consecuencia una elevaci\u00f3n en la categor\u00eda y enjundia del amor rec\u00edproco.<br>\nPor razones de espacio, examinar\u00e9 el asunto s\u00f3lo en lo relativo a la vida conyugal. Y, con el fin de arribar a un resultado satisfactorio, recordar\u00e9: a) que la esencia del matrimonio es el amor; b) que el momento resolutivo de todo amor es la entrega; y c) que esta se configura peculiar e intensamente entre los esposos, pues cada uno se ofrenda sin condiciones al otro, al tiempo que lo acoge sin reservas.<br>\nPor tanto, la clave del \u00e9xito matrimonial consiste en liberarnos de las ligaduras que nos atan al propio yo, posibilitando una d\u00e1diva cabal y cada vez m\u00e1s intensa a nuestro c\u00f3nyuge; y, a la par, en desprenderse y vaciarse de uno mismo para dar cabida en nuestro interior al ser querido.<br>\nLo sugiere con agudeza Jos\u00e9 Pedro Manglano: \u00abLos encendidos sentimientos del amor-enamorado van remitiendo en la medida en que el antiguo \u201cYo\u201d vuelve a manifestarse vivo y a reclamar sus \u201cderechos\u201d y preferencias, su ego\u00edsmo. En los primeros momentos, el yo se postraba y somet\u00eda voluntaria y alegremente ante el amado, pero pronto vuelve a levantarse. Parec\u00eda vencido y muerto por el arponazo del amor, pero resulta no estarlo tanto\u00bb. [10]<br>\nEsa es la aut\u00e9ntica traba para el despliegue perfectivo y la felicidad del matrimonio y de la vida familiar: los presuntos \u00abderechos del yo\u00bb; o, con expresi\u00f3n de san Josemar\u00eda Escriv\u00e1: \u00abla soberbia\u00bb, a la que califica como \u00abel mayor enemigo de vuestro trato conyugal\u00bb. [11] Ah\u00ed, por tanto, debemos incidir cuando intentemos reformar el hogar.<br>\nSe trata de un punto poco considerado, porque en las situaciones de crisis, y en los momentos menos dram\u00e1ticos de roces o peque\u00f1as incomprensiones cotidianas, lo instintivo es advertir los d\u00e9ficits de los dem\u00e1s, ignorando o poniendo entre par\u00e9ntesis los propios.<br>\nPor eso, conviene prestar atenci\u00f3n a estas tres sensatas advertencias de Borghello:<br>\n\u00abAnte cualquier dificultad en la vida de relaci\u00f3n todos deber\u00edan saber que existe una \u00fanica persona sobre la que cabe actuar para hacer que la situaci\u00f3n mejore: ellos mismos. Y esto es siempre posible. De ordinario, sin embargo, se pretende que sea el otro c\u00f3nyuge el que cambie y casi nunca se logra\u00bb. [12] 2.<br>\n\u00abResulta decisivo tener una voluntad radical de don de s\u00ed al otro. A menudo los c\u00f3nyuges juzgan y \u201cmiden\u201d el amor del otro, el don del otro, perdiendo de esta manera el don de s\u00ed incondicionado. El don de s\u00ed s\u00f3lo puede exigirse a uno mismo. El del c\u00f3nyuge es un problema suyo, de saber amar. Pero no se lograr\u00e1 exigi\u00e9ndoselo, sino creando un clima de donaci\u00f3n\u00bb. [13]<br>\n\u00abEs in\u00fatil y contraproducente pretender en nuestro interior que el otro o la otra cambien del modo en que yo lo digo y porque yo se lo digo. Cabe favorecer y ayudar la mejora, pero no \u201cpretenderla\u201d. Lo que tenga que ocurrir ha de valorarlo el otro o la otra\u00bb. [14]<br>\nEl principio, por tanto, no puede presentarse m\u00e1s neto, y es el propio Borghello quien lo enuncia: \u00absi quieres cambiar a tu c\u00f3nyuge cambia t\u00fa primero en algo\u00bb. Y explica: \u00abSiempre existe algo [\u2026] en que yo puedo mejorar. Por lo com\u00fan basta que yo lo haga para que la otra persona tambi\u00e9n cambie. Si no sucediera as\u00ed, despu\u00e9s de algunos d\u00edas de mudanza real por mi parte, es conveniente hablar [\u2026] Lo importante, con el arte del di\u00e1logo, es que cada uno reconozca las propias deficiencias sin necesidad de encarnizarse en las de la pareja. Quien no haya jam\u00e1s probado a modificar el propio modo de obrar para ayudar a los dem\u00e1s a hacerlo, basta que lo intente y advertir\u00e1 de inmediato una mejor\u00eda perceptible\u00bb y en ocasiones asombrosa.<br>\nSe trata de un extremo aplicable no s\u00f3lo a las situaciones m\u00e1s o menos complicadas, sino a todas aquellas que convierten nuestras casas con expresi\u00f3n de san Josemar\u00eda en aut\u00e9nticos \u00abhogares luminosos y alegres\u00bb.<br>\nLa m\u00e9dula de una vida familiar lograda est\u00e1 entretejida por multitud de costumbres gozosas, que sofocan los momentos de tirantez y los peque\u00f1os rifirrafes que nunca est\u00e1n del todo ausentes. Por ejemplo: los detalles, tambi\u00e9n materiales, que dan intimidad y relieve a los d\u00edas de fiesta; los regalos de los m\u00e1s peque\u00f1os a los familiares cuando celebran sus santos o cumplea\u00f1os; etc\u00e9tera.<br>\nEsas y otras muchas tradiciones deben mantenerse para elevar progresivamente el tono de nuestros hogares. Y, cuando alguna de ellas parezca languidecer, es la propia reacci\u00f3n personal, con un compromiso \u00be \u00a1m\u00edo!\u00be m\u00e1s alegre y rejuvenecido, la que debe sacarla a flote.<br>\nY con esta \u00faltima advertencia nos situamos de nuevo en lo que considero el n\u00facleo de los n\u00facleos de toda labor orientadora: comprender que la clave para superar 99% de los problemas del hogar consiste en empe\u00f1arse personalmente \u00a1cada uno! por aquilatar la categor\u00eda de su amor; olvid\u00e1ndose de s\u00ed y poniendo en sordina los propios \u00abderechos\u00bb.<br>\nLuchando por modificar nuestra conducta, haciendo m\u00e1s tersa y eficaz nuestra entrega, se enriquecer\u00e1 antes que nada la vida conyugal y, potenciada por ella, la del conjunto de la familia; y, a la larga, la de la entera Humanidad.<br>\n\u2026para transformar el mundo<br>\nCasi en los inicios de su pontificado, en 1979, Juan Pablo II asent\u00f3 este principio esclarecedor e incuestionable: \u00abCual es la familia, tal es la naci\u00f3n, porque tal es el hombre\u00bb. Y hace tambi\u00e9n m\u00e1s de un lustro que me esfuerzo en mostrar que, en efecto, de lo que hagamos en el seno del hogar depende no ya la buena salud de nuestros respectivos pa\u00edses, sino la de la Humanidad en su conjunto.<br>\nLos acontecimientos del 11 de septiembre de 2001, m\u00e1s all\u00e1 de los horrores que todos lamentamos, conllevan por fuerza algunas consecuencias positivas. Por una parte, much\u00edsima gente de buena voluntad se ha sentido interpelada y se pregunta qu\u00e9 puede hacer, cada uno, para poner fin a una situaci\u00f3n que ha mostrado su rostro m\u00e1s sombr\u00edo.<br>\nPor otro lado, resulta cada vez m\u00e1s patente que los \u00abrecursos institucionales\u00bb pol\u00edtica, organismos p\u00fablicos nacionales o internacionales, violencia m\u00e1s o menos controlada son insuficientes para remediar una debacle que exige, por el contrario y urgentemente, una aut\u00e9ntica conversi\u00f3n de los corazones: de cada uno, de todos.<br>\nEstimo, por eso, que el momento es muy oportuno para poner en primer plano lo que aqu\u00ed he denominado el \u00abn\u00facleo\u00bb de la orientaci\u00f3n familiar: que ennoblecer la calidad del propio amor, antes que nada en el interior del matrimonio, es important\u00edsimo y goza de una eficacia insospechada para el perfeccionamiento de las relaciones entre todos los hombres.<br>\nEn tal sentido, resultan casi prof\u00e9ticas, y tremendamente operativas, las afirmaciones que Juan Pablo II hizo en uno de los jubileos de las familias: \u00abAl ser humano no le bastan relaciones simplemente funcionales. Necesita relaciones interpersonales, llenas de interioridad, gratuidad y esp\u00edritu de oblaci\u00f3n. Entre estas, es fundamental la que se realiza en la familia: no s\u00f3lo en las relaciones entre los esposos, sino tambi\u00e9n entre ellos y sus hijos\u00bb.<br>\nY a\u00f1adi\u00f3 con el vigor y la penetraci\u00f3n acostumbrados: \u00abToda la gran red de las relaciones humanas nace y se regenera continuamente a partir de la relaci\u00f3n con la cual un hombre y una mujer se reconocen hechos el uno para el otro, y deciden unir sus existencias en un \u00fanico proyecto de vida\u00bb. Todas las relaciones. No s\u00f3lo las del propio hogar, sino tambi\u00e9n aunque no alcancemos a advertirlo, y aunque el proceso que lleve a ello sea largo y nunca definitivo las que componen esa prolongaci\u00f3n de la familia: el propio pa\u00eds y la entera Humanidad.<br>\nTodo ello depende del acrisolamiento del amor conyugal; de lo que hagan con su cari\u00f1o los esposos. Pero, por desgracia, el matrimonio no goza en nuestro tiempo de la buena salud que ser\u00eda de desear.<br>\nConsidero, por tanto, que la principal misi\u00f3n de los orientadores consiste en hacer eco a la exhortaci\u00f3n de la Familiaris consortio: \u00abFamilia, \u00a1s\u00e9 lo que eres!\u00bb; y en traducirla en esta otra m\u00e1s concreta y exigente, dirigida a cada c\u00f3nyuge: \u00ab\u00a1s\u00e9 t\u00fa el que eres!, y consigue, mediante una purificaci\u00f3n de tu amor, hacer de tu matrimonio lo que por naturaleza est\u00e1 llamado a ser\u00bb.<br>\nEs la forma m\u00e1s r\u00e1pida, eficaz y asequible, de contribuir a la felicidad de todos los hombres.<\/p>\n<p class=\"textogris\">[1] Juan Pablo II. Familiaris consortio n. 17.<\/p>\n<p>[2] Cfr. en particular Tom\u00e1s Melendo. La hora de la familia. EUNSA. 3\u00aa ed. Pamplona, 1996, y Soluci\u00f3n: la familia. Palabra. 2\u00aa ed. Madrid, 2001.<br>\n[3] El sentido en que Dios se constituye \u00aba la fuerza\u00bb como Familia, y los motivos de semejante realidad, han sido levemente esbozados, en la medida en que esto es accesible a la raz\u00f3n iluminada por la fe, en las dos obras recogidas en la cita precedente: La hora de la familia. pp. 21 ss. y Soluci\u00f3n: la familia. pp. 15 ss.<br>\n[4] Juan Pablo II. \u00abAl Sacro Colegio Cardenalicio y a la Prelatura Romana\u00bb, 22 de diciembre de 1980, en Juan Pablo II a las familias. EUNSA. 5\u00aa ed. Pamplona, 1982. n. 295.<br>\n[5] Cfr. Carlos Llano. Formaci\u00f3n de la inteligencia, la voluntad y el car\u00e1cter. Trillas. M\u00e9xico, 1999. p. 127.<br>\n[6] Ugo Borghello. Le crisi dell\u2019amore. Ed. Ares. Milano, 2000. pp. 83-84. Las cursivas son del autor.<br>\n[7] Para un ulterior desarrollo de este extremo, me permito remitir de nuevo a Tom\u00e1s Melendo, Soluci\u00f3n: la familia.<br>\n[8] Juan Pablo II. Audiencia general, 27-IV-1983.<br>\n[9] Josemar\u00eda Escriv\u00e1 de Balaguer. Es Cristo que pasa. Rialp. Madrid. n. 28. La cursiva es m\u00eda.<br>\n[10] Jos\u00e9 Pedro Manglano. Construir el amor. Ed. Mart\u00ednez Roca. Barcelona, 2001. pp. 35 y 39.<br>\n[11] Josemar\u00eda Escriv\u00e1 de Balaguer. Op cit. n. 26.<br>\n[12] Ugo Borghello. Op cit. pp. 20-21.<br>\n[13] Ibid. p. 64.<br>\n[14] Ibid. pp. 96-97.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"26623\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tom&aacute;s Melendo bucea en la esencia humana y nos sumerge en las profundidades de la vida familiar para mirar, con ojos nuevos, una verdad por desgracia manoseada y desvalorada: el amor es el n&uacute;cleo de donde emana el tejido familiar y social. 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