{"id":26418,"date":"2003-01-08T00:00:00","date_gmt":"2003-01-08T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=26418"},"modified":"2003-01-08T00:00:00","modified_gmt":"2003-01-08T00:00:00","slug":"y_por_que_no_hablar_asi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2003\/01\/08\/y_por_que_no_hablar_asi\/","title":{"rendered":"\u00bfY por qu\u00e9 no hablar as\u00ed?"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"26418\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p>Es sorprendente la cantidad de groser\u00edas que el h\u00e9roe \u00be o antih\u00e9roe\u00be de la \u00faltima pel\u00edcula de acci\u00f3n dijo durante los 90 minutos que lo tuvimos enfrente. Las series televisivas de moda, en su mayor\u00eda, no se quedan atr\u00e1s; no digamos los programas c\u00f3micos o de \u00abesparcimiento\u00bb que con alegre ligereza abusan del lenguaje soez, de donde se filtra con facilidad a otros sectores, a grupos juveniles y a los que no son tanto.<br>\nHasta hace pocos a\u00f1os las palabras altisonantes o que hicieran referencia a conductas \u00edntimas de la persona eran mal vistas en p\u00fablico. Los medios de comunicaci\u00f3n empezaron por desmitificar muchas realidades que antes no pod\u00edan tratarse abiertamente y luego contribuyeron a popularizar palabras y frases vulgares, argumentando un \u00abrealismo\u00bb, reflejo del lenguaje cotidiano. Como es usual, cabe preguntarse si efectivamente la conducta del hombre com\u00fan determina lo que presentan los medios o si ocurre m\u00e1s bien lo contrario.<br>\nSeg\u00fan algunos soci\u00f3logos y antrop\u00f3logos, el uso cada vez m\u00e1s frecuente de malas palabras puede considerarse parte de la evoluci\u00f3n natural del lenguaje. Sin embargo, otras voces opinan distinto. Prueba de ello es que decir groser\u00edas y vulgaridades a\u00fan se toma como indebido en muchos lugares p\u00fablicos, en peri\u00f3dicos, en programas deportivos o de noticias y frente a los ni\u00f1os. Las pol\u00edticas de la mayor\u00eda de las escuelas y muchas empresas lo proh\u00edben Si se considera impropio, quiere decir que todav\u00eda queda un sentido de propiedad.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>MI LENGUAJE PROVOCA RELAX Y BUEN HUMOR<\/strong><\/p>\n<p>En t\u00e9rminos generales, OConnor presenta dos razones por las que usamos lenguaje soez:<\/p>\n<ol>\n<li>causal (incidental), cuando una emoci\u00f3n \u00be enojo, frustraci\u00f3n, sorpresa\u00be provoca que se \u00abescape\u00bb una palabrota.<\/li>\n<li>casual, con el significado de informal, negligente o hasta deportivo que corresponde al vocablo en ingl\u00e9s. As\u00ed como al vestirse de jeans o de pants est\u00e1 primero la comodidad que la propiedad o la elegancia y se habla de ropa \u00abcasual\u00bb, de igual manera en el lenguaje se adopta esa forma de expresi\u00f3n para el uso diario y continuo, al grado de que muchas vulgaridades se convierten en muletillas.<\/li>\n<\/ol>\n<p>La pr\u00e1ctica del psicoan\u00e1lisis cree que el primer paso para controlar nuestros h\u00e1bitos es entender por qu\u00e9 los tenemos. Lo mismo aplica para la costumbre de un lenguaje burdo; si analizamos las razones por las que hablamos as\u00ed, podremos decidir si est\u00e1n justificadas. La mayor\u00eda de las veces no, quiz\u00e1 en alguna ocasi\u00f3n, pero seguramente no todas las personas que nos hayan escuchado estar\u00e1n de acuerdo.<br>\nNeurol\u00f3gicamente existe un desorden muy severo tipificado como s\u00edndrome de Tourette y se caracteriza por una compulsi\u00f3n continua a decir obscenidades. Al escuchar el modo de hablar de muchos sectores de la poblaci\u00f3n, podr\u00edamos sospechar que el s\u00edndrome se volvi\u00f3 epidemia.<br>\n\u00bfDe d\u00f3nde surgi\u00f3 la moda de expresarse as\u00ed? OConnor menciona algunas razones:<\/p>\n<ol>\n<li><strong>Para muchos, este lenguaje resulta divertido.<\/strong> Cu\u00e1ntas veces una palabrota oportuna, inesperada y lo suficientemente sonora, arranca carcajadas, alivia la tensi\u00f3n de un momento o mejora el humor. Es cierto, pero hay que subrayar que se requieren todas esas condiciones, de modo que no es un recurso que se puede repetir, porque es muy dif\u00edcil que se vuelvan a presentar esas circunstancias. Adem\u00e1s, el humor es algo subjetivo, lo m\u00e1s probable es que no haga re\u00edr a todos.\u00a0Si clasific\u00e1ramos las razones por las que la gente dice palabrotas poniendo al inicio la intenci\u00f3n de ofender, sin duda, la intenci\u00f3n humor\u00edstica ocupar\u00eda el \u00faltimo lugar.<\/li>\n<li><strong>Por inmadurez e infantilismo.<\/strong> Los ni\u00f1os peque\u00f1os se divierten mucho con los chistes y expresiones sucias, y los adolescentes se sienten importantes cuando, desafiando las reglas, hablan de sexo y temas tab\u00faes, en principio reservados para gente mayor Sin embargo, cu\u00e1ntos adultos no superamos esta etapa y seguimos buscando el morbo que implica ese lenguaje.<\/li>\n<li><strong>El lenguaje libera. <\/strong>Muchos j\u00f3venes o adultos quiz\u00e1 experimentamos cierta liberaci\u00f3n emocional cuando pronunciamos en p\u00fablico aquella palabra prohibida. A partir de que nos sentimos \u00ablibres\u00bb para usarla, empieza a sonarnos bien para ciertas ocasiones, despu\u00e9s la aplicamos m\u00e1s seguido dejando a un lado otros vocablos que usar\u00edamos en su lugar; recurrimos a ella cada vez con m\u00e1s frecuencia, hasta que se convierte en h\u00e1bito.\u00a0Quiz\u00e1 estas palabras nos hagan sentir bien de vez en vez, pero tambi\u00e9n habr\u00eda que considerar lo que no hacen: no nos allegan el respeto o admiraci\u00f3n de nadie, no incrementan nuestra reputaci\u00f3n ni dan muestra de nuestra inteligencia o madurez, no reflejan dominio de car\u00e1cter, no nos conectan rom\u00e1nticamente con nadie, no nos ayudan a solucionar desacuerdos, no sientan un buen ejemplo, ni ayudan a que nos contraten o nos promuevan.<\/li>\n<li><strong>La pereza.<\/strong> Casi todas las groser\u00edas y obscenidades tienen innumerables aplicaciones, la pereza mental y verbal nos incita a recurrir a ellas, siempre tan a la mano. As\u00ed nos ahorramos buscar en la mente la palabra adecuada \u00be muchas veces un sustantivo o adjetivo de lo m\u00e1s com\u00fan\u00be , pero parece que no se justifica el esfuerzo si la sociedad no pide un modo de hablar inteligente.<\/li>\n<li><strong>Los hombres hablan con mayor crudeza que las mujeres porque son \u00abmuy hombres\u00bb.<\/strong> A lo largo de la historia, ellos han desempe\u00f1ado los trabajos rudos y arriesgados: cazar, construir refugios, explorar nuevos sitios que requieren palabras fuertes. Se dice, incluso, que para que los ni\u00f1os se hagan \u00abhombrecitos\u00bb conviene que las aprendan. Actualmente la ocupaci\u00f3n de los varones en muchos casos ya no implica rudeza, sin embargo, siguen necesitando esas frases para dar salida a algunas frustraciones. Cuando se cansan del trabajo y las cosas serias, les parece que salpicar sus conversaciones con algunas vulgaridades los relaja, les permite hacer a un lado la formalidad por un rato y sentirse \u00abtipos normales\u00bb. Y cuando est\u00e1n con sus amigos viendo un partido o platicando, el lenguaje deber\u00e1 ser fogoso, animado.<\/li>\n<li><strong>Las mujeres usan el lenguaje burdo como ecualizador.<\/strong> En la lucha por la igualdad de sexos, desde hace unas d\u00e9cadas decidieron demostrar no s\u00f3lo que son capaces de hacer todo lo que hacen los hombres, sino su derecho a ello, incluyendo la forma de expresarse. \u00bfPor qu\u00e9 el lenguaje vulgar ha de ser un privilegio s\u00f3lo de hombres? Tambi\u00e9n hay quienes lo consideran un elemento sexy. Hablar con ciertas palabras y de ciertos temas puede ser una forma de flirtear o m\u00e1s a\u00fan, de excitar a los oyentes.<\/li>\n<\/ol>\n<p class=\"subtit\"><strong>\u00abYO, A PESAR DE LA GENTE\u00bb<\/strong><\/p>\n<p>El principal argumento para defender la proliferaci\u00f3n del vocabulario soez en los medios es la libertad de expresi\u00f3n, de la que muchos intentan hacer un principio absoluto. No est\u00e1 de m\u00e1s analizarlo para dar a esta libertad fundamental su justo lugar.<br>\nLa libertad de expresi\u00f3n \u00be tal como fue formulada en la declaraci\u00f3n de los derechos del hombre y del ciudadano\u00be surgi\u00f3 como una necesidad pol\u00edtica. Originalmente signific\u00f3, que los ciudadanos ten\u00edan derecho a oponerse a las pol\u00edticas del gobierno, a expresar sus denuncias y a ser escuchados, con el objeto de asegurar un gobierno justo, responsable y democr\u00e1tico. Desafortunadamente hoy, en vez de entenderse este derecho como de \u00abnosotros la gente\u00bb, se ha transformado en \u00abyo, a pesar de la gente\u00bb.<br>\nQuienes justifican as\u00ed su pobre vocabulario piensan que est\u00e1n en su derecho de usar malas palabras, aunque ofendan a quienes los rodean. Ciertamente todos somos libres para elegir nuestro lenguaje, pero los dem\u00e1s tienen derecho a no verse obligados a o\u00edrlo. Con frecuencia, arg\u00fcir libertad de expresi\u00f3n no es m\u00e1s que un pretexto para ser laxos en el modo de hablar; podr\u00edamos pensar en un contrapeso de esa libertad de expresi\u00f3n, por ejemplo, el derecho a permanecer en silencio.<br>\nOtro pretexto com\u00fan a favor de las palabras altisonantes en los medios de comunicaci\u00f3n es afirmar que pierden su carga ofensiva en la comedia. Indudablemente hay algo de verdad en esto, pero esa carga negativa no se pierde por completo, s\u00f3lo disminuye; por otro lado, el lenguaje procaz genera una laxitud social que se filtra a otras \u00e1reas del comportamiento. Adem\u00e1s, una palabrota puede resultar graciosa siempre y cuando sea espor\u00e1dica, expresiva, dicha en un contexto y tono adecuados \u00be sin duda, el tono en que se dice algo tiene mayor impacto que las palabras mismas.<br>\nEn muchos programas c\u00f3micos de hoy, la saturaci\u00f3n de malas palabras ha causado un efecto contrario, han perdido gracia y no pocas veces resultan inc\u00f3modas. Es f\u00e1cil constatar que los comediantes genuinamente talentosos no requieren de groser\u00edas o vulgaridades para provocar la risa; su prestigio y \u00e9xito se miden por su aceptaci\u00f3n en amplios segmentos de audiencia sin que ninguno salga ofendido.<br>\nFinalmente, quienes intercalan dos o tres groser\u00edas en cada frase que sale de su boca, dicen, cuando alguien se lo hace notar, que s\u00f3lo usan esas palabras cuando \u00absaben\u00bb que est\u00e1 bien. Seg\u00fan ellos, conocen ante qui\u00e9n y en qu\u00e9 situaciones pueden tomarse esas libertades expresivas. Esto no deja de ser dudoso si reconocemos que, en la sociedad actual, una de las peores faltas \u00be si no es que la peor\u00be es parecer \u00abintolerante\u00bb. Casi nadie se atreve a decirle a otra persona cuando su lenguaje o actitudes lo incomodan u ofenden, no ser\u00eda \u00abpol\u00edticamente correcto\u00bb.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>DIME C\u00d3MO HABLAS<\/strong><\/p>\n<p>Todos hacemos juicios, m\u00e1s o menos conscientes, sobre quienes nos rodean; expresamos opiniones basadas en lo que vemos o suponemos. En el primer encuentro con alguien nos fijamos inevitablemente en su apariencia f\u00edsica, su lenguaje corporal, incluso en c\u00f3mo viste; basados en esto aventuramos una caracterizaci\u00f3n del otro. Nuestra hip\u00f3tesis se confirma o derrumba cuando escuchamos hablar a esa persona, el lenguaje expresa no s\u00f3lo nuestras ideas, sino nuestra completa personalidad, nuestra educaci\u00f3n, nuestra actitud.<br>\nA pesar de las modas, el lenguaje es todav\u00eda un medio de distinci\u00f3n y un puente entre diversos grupos y posiciones sociales. Hablar inteligentemente puede ser el medio por el que una persona de bajo nivel socioecon\u00f3mico acceda a esferas sociales m\u00e1s altas.<br>\nEl lenguaje sigue siendo un ecualizador social, pero sucede que los m\u00e1s acomodados hablan el lenguaje de los menos educados y no al contrario. Las expresiones se van simplificando y vulgarizando, al mismo tiempo que las palabras fuertes pierden, por el uso indiscriminado, su carga emocional y su expresividad \u00be en ocasiones necesaria.<br>\nEn un mundo que tiende al aislamiento del individuo, sonar como cualquier otro es lo que muchos j\u00f3venes \u00be y no pocos adultos\u00be quieren hacer. Sin duda hay cierta satisfacci\u00f3n en sentirse aceptado y quiz\u00e1 se logre \u00e9xito en un cuestionable intento por hacerse entender; pero eso no favorece que seamos percibidos como personas inteligentes, y retener un poco de individualidad tiene su propia recompensa. \u00bfPor qu\u00e9 no sonar un poco m\u00e1s educado que los dem\u00e1s?, \u00bfte odiar\u00edan por eso?, \u00bfse dar\u00edan cuenta? Sin lugar a dudas te considerar\u00edan, simplemente, una persona prudente y bien educada.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>ES CUESTI\u00d3N DE ACTITUD<\/strong><\/p>\n<p>Las situaciones inc\u00f3modas e imprevistas, con frecuencia nos hacen perder el control y soltar alguna palabrota. Pero tambi\u00e9n insultamos a la gente, a los objetos y a nosotros mismos. Insultar a otra persona no es s\u00f3lo la forma m\u00e1s directa de asalto verbal, tambi\u00e9n implica un riesgo, no sabemos c\u00f3mo vaya a reaccionar.<br>\nDespotricar contra alg\u00fan objeto parece menos condenable, pero ello no enciende ni activa m\u00e1quinas, ni facilita que fluya el tr\u00e1fico de una avenida, y, en muchas ocasiones, exponemos nuestro car\u00e1cter iracundo ante personas que no tienen por qu\u00e9 vivir con \u00e9l.<br>\nPor otra parte, quiz\u00e1 lo m\u00e1s com\u00fan sea insultarnos a nosotros mismos, pero es una conducta superable si nos preocupamos por ser un poco m\u00e1s organizados, responsables y previsores.<br>\nEstas tres situaciones comunes en las que pretendemos desahogarnos con palabras sonoras denotan, antes que otra cosa, un problema de actitud. Ampliar el vocabulario que manejamos y buscar otras maneras de desahogo son buenas medidas para insultar menos, pero la verdadera soluci\u00f3n empieza cuando decidimos pulir nuestra conducta, aprender a controlar nuestras emociones y manejar situaciones inc\u00f3modas.<br>\nDecir groser\u00edas no es lo peor que podemos hacer; incluso, dichas en el momento y situaci\u00f3n adecuadas pueden funcionar como v\u00e1lvula de despresurizaci\u00f3n emocional, pero el uso recurrente e indiscriminado ya las convirti\u00f3 en palabras poco significativas, hasta suaves, pero no menos inc\u00f3modas que antes.<br>\nSi decir groser\u00edas frente a los ni\u00f1os sigue consider\u00e1ndose impropio dentro de la sociedad, no es precisamente porque los expongamos a las malas palabras \u00be las escuchan en todos lados: en la m\u00fasica, en las caricaturas, en el cine\u00be , sino a nuestra carencia de control emocional, a nuestra inhabilidad para lidiar tranquilamente con los contratiempos diarios. Ellos imitar\u00e1n nuestras palabras pero, lo que es peor, imitar\u00e1n tambi\u00e9n nuestra actitud.<\/p>\n<p class=\"textogris\">[1] James V. O\u2019CONNOR. Cuss Control. The Complete Book on How to Curb Your Cursing. Three Rivers Press. New York, 2000. 235 p\u00e1gs.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"26418\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La salida al aire del programa Big Brother en M&eacute;xico revel&oacute; una realidad en constante crecimiento: el florido lenguaje de buena parte de la juventud. Unos a&ntilde;os antes, John O&iacute;Connor, publirrelacionista y escritor estadounidense, al percatarse del exceso de palabras altisonantes en &aacute;mbitos cada vez m&aacute;s amplios, decidi&oacute; que al menos &eacute;l dejar&iacute;a de pronunciarlas, para no cooperar con esa costumbre que se impon&iacute;a. Pero entonces vi&oacute; qu&eacute; dif&iacute;cil resulta arrancar un h&aacute;bito de toda la vida. No basta una decisi&oacute;n razonada. Esa dificultad lo llev&oacute; a analizar los porqu&eacute;s del fen&oacute;meno en su pa&iacute;s y a escribir un libro sobre el tema: Cuss Control, The Complete Book on How to Curb Your Cursing<a title=\"\" name=\"_ednref1\" href=\"#_edn1\"><span> <span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: 'Times New Roman'\">*<\/span> <\/span><\/a>. 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