{"id":26321,"date":"2002-11-11T00:00:00","date_gmt":"2002-11-11T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=26321"},"modified":"2002-11-11T00:00:00","modified_gmt":"2002-11-11T00:00:00","slug":"la_santidad_en_medio_del_mundo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2002\/11\/11\/la_santidad_en_medio_del_mundo\/","title":{"rendered":"La santidad en medio del mundo"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"26321\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p><strong>DEJAR OBRAR A DIOS<\/strong><br>\nJoseph Ratzinger. Preecto de la Congregaci\u00f3n para la Doctrina de la Fe<br>\nSiempre me ha llamado la atenci\u00f3n el sentido que Josemar\u00eda Escriv\u00e1 daba al nombre Opus Dei; una interpretaci\u00f3n que podr\u00edamos llamar biogr\u00e1fica y que permite entender al fundador en su fisonom\u00eda espiritual. Escriv\u00e1 sab\u00eda que deb\u00eda fundar algo, y a la vez estaba convencido de que ese algo no era obra suya: \u00e9l no hab\u00eda inventado nada: sencillamente el Se\u00f1or se hab\u00eda servido de \u00e9l y, en consecuencia, aquello no era su obra, sino la Obra de Dios. \u00c9l era solamente un instrumento a trav\u00e9s del cual Dios hab\u00eda actuado.<br>\nAl considerar esta actitud me vienen a la mente las palabras del Se\u00f1or recogidas en el evangelio de san Juan: \u00abMi Padre obra siempre\u00bb (5,17). Son palabras pronunciadas por Jes\u00fas en el curso de una discusi\u00f3n con algunos especialistas de la religi\u00f3n que no quer\u00edan reconocer que Dios puede trabajar en el d\u00eda del s\u00e1bado. Un debate todav\u00eda abierto y actual, en cierto modo, entre los hombres -tambi\u00e9n cristianos- de nuestro tiempo.<br>\nAlgunos piensan que Dios, despu\u00e9s de la creaci\u00f3n, se ha \u00abretirado\u00bb y ya no muestra inter\u00e9s alguno por nuestros asuntos de cada d\u00eda. Seg\u00fan este modo de pensar, Dios no podr\u00eda intervenir en el tejido de nuestra vida cotidiana; sin embargo, las palabras de Jesucristo nos indican m\u00e1s bien lo contrario. Un hombre abierto a la presencia de Dios se da cuenta de que Dios obra siempre y de que tambi\u00e9n act\u00faa hoy; por eso debemos dejarle entrar y facilitarle que obre en nosotros. Es as\u00ed como nacen las cosas que abren el futuro y renuevan la humanidad.<br>\nTodo esto nos ayuda a comprender por qu\u00e9 Josemar\u00eda Escriv\u00e1 no se consideraba \u00abfundador\u00bb de nada, y por qu\u00e9 se ve\u00eda solamente como un hombre que quiere cumplir una\u00a0 voluntad de Dios, secundar esa acci\u00f3n, la obra -en efecto- de Dios. En este sentido, constituye para m\u00ed un mensaje de gran importancia el teocentrismo de Escriv\u00e1 de Balaguer: est\u00e1 en coherencia con las palabras de Jes\u00fas esa confianza en que Dios no se ha retirado del mundo, porque est\u00e1 actuando constantemente; y en que a nosotros nos corresponde solamente ponernos a su disposici\u00f3n, estar disponibles, siendo capaces de responder a su llamada.<br>\nEs un mensaje que ayuda tambi\u00e9n a superar lo que puede considerarse como la gran tentaci\u00f3n de nuestro tiempo la pretensi\u00f3n de pensar que despu\u00e9s del big bang, Dios se ha retirado de la historia. La acci\u00f3n de Dios no \u00abse ha paradon en el momento del big bang, sino que contin\u00faa en el curso del tiempo, tanto en el mundo de la naturaleza como en el de los hombres.<br>\nEl fundador de la Obra dec\u00eda yo no he inventado nada, es Otro quien lo ha hecho todo, yo he procurado estar disponible y servirle como instrumento. La palabra y toda la realidad que llamamos Opus Dei est\u00e1 profundamente ensamblada con la vida interior del Fundador, que aun procurando ser muy discreto en este punto, da a entender que permanec\u00eda en di\u00e1logo constante, en contacto real con Aquel que nos ha creado y obra por nosotros y con nosotros.<br>\nDe Mois\u00e9s se dice en el libro del \u00c9xodo (33,ll) que Dios hablaba con \u00e9l \u00abcara a cara, como un amigo habla con un amigo\u00bb Me parece que, si bien el velo de la discreci\u00f3n esconde algunas peque\u00f1as setiales,hay fundamento suficiente para poder aplicar muy bien a Josemaria Escriv\u00e1 eso de \u00abhablar como un amigo habla con un amigo\u00bb, que abre las puertas del mundo para que Dios pueda hacerse presente, obrar y transformar todo.<br>\nEn esta perspectiva se comprende mejor qu\u00e9 significa santidad y vocaci\u00f3n universal a la santidad Conociendo un poco la historia de los santos, sabiendo que en los procesos de canonizaci\u00f3n se busca la virtud \u00abheroica\u00bb podemos tener, casi inevitablemente, un concepto equivocado de la santidad porque tendemos a pensar \u00abesto no es para m\u00ed\u00bb; \u00abyo no me siento capaz de practicar virtudes heroicas\u00bb, \u00abes un ideal demasiado alto para m\u00ed\u00bb.<br>\nEn ese caso la santidad estar\u00eda reservada para algunos \u00abgrandes\u00bb de quienes vemos sus im\u00e1genes en los altares y que son muy diferentes a nosotros, normales pecadores. Esa seria una idea totalmente equivocada de la santidad, una concepci\u00f3n err\u00f3nea que ha sido corregida -y esto me parece un punto central- precisamente por Josemar\u00eda Escriv\u00e1.<br>\nVirtud heroica no quiere decir que el santo sea una especie de \u00abgimnasta\u00bb de la santidad, que realiza unos ejercicios inasequibles para las personas normales. Quiere decir, por el contrario, que en la vida de un hombre se revela la presencia de Dios, y queda m\u00e1s patente todo lo que el hombre no es capaz de hacer por s\u00ed mismo.<br>\nQuiz\u00e1, en el fondo, se trate de una cuesti\u00f3n terminol\u00f3gica, porque el adjetivo \u00abheroico\u00bb ha sido con frecuencia mal interpretado Virtud heroica no significa exactamente que uno hace cosas grandes por s\u00ed mismo, sino que en su vida aparecen realidades que no ha hecho \u00e9l, porque \u00e9l s\u00f3lo ha estado disponible para dejar que Dios actuara. Con otras palabras, ser santo no es otra cosa que hablar con Dios como un amigo habla con el amigo. Esto es la santidad.<br>\nSer santo no comporta ser superior a los dem\u00e1s, por el contrario, el santo puede ser muy d\u00e9bil, y contar con numerosos errores en su vida. La santidad es el contacto profundo con Dios es hacerse amigo de Dios, dejar obrar al Otro, el \u00danico que puede hacer realmente que este mundo sea bueno y feliz.<br>\nCuando Josemar\u00eda Escriv\u00e1 habla de que todos los hombres estamos llamados a ser santos, me parece que en el fondo est\u00e1 refiri\u00e9ndose a su personal experiencia, porque nunca hizo por s\u00ed mismo cosas incre\u00edbles, sino que se limit\u00f3 a delar obrar a Dios. Y por eso ha nacido una gran renovaci\u00f3n, una fuerza de bien en el mundo, aunque permanezcan presentes todas las debilidades humanas.<br>\nVerdaderamente todos somos capaces, todos estamos llamados a abrirnos a esa amistad con Dios, a no soltarnos de sus manos, a no cansarnos de volver y retornar al Se\u00f1or hablando con \u00c9l como se habla con un amigo sabiendo, con certeza, que el Se\u00f1or es el verdadero amigo de todos, tambi\u00e9n de todos los que no son capaces de hacer por s\u00ed\u00a0 mismos cosas grandes.<br>\nPor todo esto he comprendido mejor la fisonomia del Opus Dei: la fuerte trabaz\u00f3n que existe entre una absoluta fidelidad a la gran tradici\u00f3n de la Iglesia, a su fe, con desarmante simplicidad, y la apertura incondicionada a todos los desaf\u00edos de este mundo, sea en el \u00e1mbito acad\u00e9mico, en el del trabajo ordinario, en la econom\u00eda, etc\u00e9tera<br>\nQuien tiene esta vinculaci\u00f3n con Dios, quien mantiene un coloquio ininterrumpido con \u00c9l, puede atreverse a responder a nuevos desaf\u00edos, y no tiene miedo, porque quien est\u00e1 en las manos de Dios, cae siempre en las manos de Dios. Es as\u00ed como desaparece el miedo y nace la valent\u00eda de responder a los retos del mundo de hoy.<br>\n<strong><br>\n<\/strong><br>\n<strong>EL REALISMO DE LA SANTIDAD<\/strong><br>\nJoaqu\u00edn Navarrol-Vals. Director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede<br>\nLa palabra santidad es hoy una palabra enigm\u00e1tica. Esto es en parte consecuencia de la crisis de modelos que caracteriza nuestra cultura. Al h\u00e9roe se le reconoce vigencia s\u00f3lo en la Iiteratura, y al santo s\u00f3lo en la penumbra inofensiva de los templos. En la vida, es decir, en nuestra realidad inmediata, ambos viven s\u00f3lo como sombras irreales, como arquetipos m\u00e1s cercanos al mito que a un modelo del que se puede aprender o al que se debe imitar.<br>\nProbablemente la noci\u00f3n de santidad, tal como la solemos entender, nos ha llegado primeramente a trav\u00e9s de las artes pl\u00e1sticas la iconograf\u00eda y la imaginer\u00eda religiosa; y en segundo lugar, a trav\u00e9s de la Iiteratura en su g\u00e9nero hagiogr\u00e1fico y apolog\u00e9tico. En realidad,ninguna de estas artes, me parece, hace honor a lo que fueron las vidas de los santos.<br>\nEl santo -la santa- que aparece en la mayor parte de la iconograf\u00eda y de la imaginer\u00eda cat\u00f3lica responde sobre todo -y esto parece l\u00f3gico- a los criterios del simbolismo pl\u00e1stico, que trata de representar al personaje en un momento paradigm\u00e1tico de su existencia.<br>\nEl arte -sobre todo el barroco- hace abstracci\u00f3n de lo habitual, de lo cotidiano, que es precisamente lo que ocupa la mayor parte del tiempo y de las energ\u00edas espirituales de una persona, y se concentra en lo epis\u00f3dico y grandioso, quiz\u00e1 tambi\u00e9n porque en el arte lo excepcional parece ofrecer m\u00e1s posibilidades expresivas que lo cotidiano.<br>\nAsimismo, que ser santo sea una meta para todos los cristianos no ha sido un pensamiento com\u00fan en los escritos de los autores espirituales, al menos en los \u00faltimos diez o doce siglos. Y menos com\u00fan todav\u00eda es en esos autores la idea de que las realidades que hoy llamamos \u00abciviles\u00bb y que en los escritos espirituales quedan catalogadas como \u00abmundo\u00bb -es decir, todo lo que constituye la profesi\u00f3n, la familia, las relaciones sociales, etc\u00e9tera- no s\u00f3lo pueden ser escenario de la santidad, sino que son de hecho el medio,<br>\nel instrumento y la materia de la santidad.<br>\nSe sol\u00eda afirmar que, a pesar de esas circunstancias humanas, el ideal cristiano era posible; pero que esas mismas circunstancias fueran precisamente el lugar y la ocasi\u00f3n del encuentro con Dios no era, ni de lejos, tenido en seria consideraci\u00f3n.<br>\nEn el siglo XX hemos asistido a la clarificaci\u00f3n del papel del cristiano com\u00fan en la Iglesia. Un elemento fundamental de esa obra de clarificaci\u00f3n es la conciencia de su llamada a la plenitud de la vida cristiana en y desde las circunstancias de su vida, en el contexto de sus actividades corrientes. Documentos decisivos del Concilio Vaticano II, que se clausur\u00f3 en 1965, recogen ya esa ampliaci\u00f3n de la teolog\u00eda del laicado. La aportaci\u00f3n de Josemar\u00eda Escriv\u00e1 a esa nueva conciencia, desde que en 1928 fundara el Opus Dei, ha sido inmensa.<br>\nLa imagen pl\u00e1stica de la santidad, tal como ha sido presentada con frecuencia desde hace muchos siglos, nos puede hacer pensar que s\u00f3lo unas circunstancias excepcionales son adecuadas para encuadrar la vida del santo. Sin embargo, cuando de verdad hemos conocido a un santo, cuando nuestra propia vida se ha cruzado con la suya, tenemos que modificar esa idea de la santidad.<br>\nLa tenemos que cambiar porque, posiblemente, a aquella idea de la santidad le faltaba realismo, consistencia, proporci\u00f3n. En la contemplaci\u00f3n de aquellas im\u00e1genes quiz\u00e1 hab\u00edamos buscado se\u00f1ales de lo extraordinario, y al encontrarlas nos pudo parecer que la santidad radicaba fundamentalmente en aquello que era completamente distinto del orden de lo natural. Del hecho de que la santidad tiene que ver con Dios infer\u00edamos, en definitiva, que no tiene nada que ver con la realidad material y con lo humano.<br>\nJosemar\u00eda Escriv\u00e1, por el contrario, nos hace ver que el santo no se mueve en un mundo de sombras y de apariencias, sino en este mundo nuestro de realidades humanas y concretas, en el que hay un \u00abalgo divino\u00bb que est\u00e1 ya ah\u00edesperando que el hombre sepa encontrarlo.<br>\nEse mundo real es precisamente la materia que se ofrece al cristiano para ser santo. La misma materia con la que cada uno de nosotros ha de enfrentarse a diario en su propia existencia, que por tanto puede estar llena, en todos sus momentos, de trascendencia divina.<br>\n<strong>CONTEMPLACI\u00d3N EN EL MUNDO<\/strong><br>\nJavier Echevarr\u00eda. Obispo Prelado del Opus Dei<br>\nEntre las caracter\u00edsticas que me parecen m\u00e1s adecuadas para describir la figura del beato Josemar\u00eda Escriv\u00e1 s\u00f3lo considerar\u00e9 una: la unidad de vida. En el lenguaje de la teolog\u00eda espiritual, con esta expresi\u00f3n se suele designar el ideal, ya presente en muchos Santos Padres, de la armon\u00eda entre Marta y Mar\u00eda, la fusi\u00f3n de acci\u00f3n y\u00a0 contemplaci\u00f3n, de oraci\u00f3n y trabajo (t\u00e9rmino que uso aqu\u00ed en sentido amplio, y que comprende los deberes profesionales, familiares, las relaciones sociales, las tareas civiles en general).<br>\n(\u2026)<br>\nLa exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica Christifideles laici subraya la importancia de la unidad de vida en el contexto de la santificaci\u00f3n de la vida ordinaria (cfr. n. 17): s\u00f3lo cuando se consideran a la luz de esa unidad, las tareas cotidianas se revelan como otras tantas ocasiones de uni\u00f3n con Dios; m\u00e1s a\u00fan. Esas tareas se revelan como transfiguradas por la gracia.<br>\nCuando nos dejamos absorber por la dimensi\u00f3n horizontal de la existencia, la cotidianidad -si no por otro motivo, por los ritmos impuestos por las exigencias que la fragmentan- genera dispersi\u00f3n: prisa, distracci\u00f3n, urgencia de encontrar soluciones a problemas tan urgentes que no dejan espacio para otros pensamientos\u2026<br>\nLas obligaciones del trabajo tienden a quitar tiempo a la vida familiar; los modelos de la sociedad consumista querr\u00edan apagar la fuerza de un ideal que comporta austeridad y sacrificio; las necesidades econ\u00f3micas absorber\u00edan por s\u00ed solas toda la energia, a costa de otros deberes m\u00e1s altos. Y as\u00ed, el coraz\u00f3n del hombre, expuesto a estas enormes presiones, corre el riesgo de disgregarse. En cambio, cuando hay unidad de vida, las tensiones a las que estamos cotidianamente sometidos se combinan en armon\u00eda.<br>\nVivir junto a Josemar\u00eda Escriv\u00e1 ha sido para m\u00ed una constante lecci\u00f3n de unidad de vida: cada uno de sus gestos, cada una de sus palabras, todos los proyectos que emprend\u00eda, estaban expl\u00edcitamente orientados hacia el Se\u00f1or. Nac\u00edan de la fe, tomaban forma con la esperanza de su ayuda, manifestaban el deseo de servirle. En \u00e9l se ve\u00eda encarnado el programa expresado por estas palabras de Camino \u00abDec\u00eda un alma de oraci\u00f3n en las intenciones, sea Jes\u00fas nuestro fin, en los afectos, nuestro Amor, en la palabra, nuestro asunto, en las acciones, nuestro modelo\u00bb (n. 271)<br>\nJosemar\u00eda Escriv\u00e1 ense\u00f1aba que del mismo modo que en la persona de Jesucristo se un\u00edan lo humano y lo divino, as\u00ed deb\u00edan unificarse existencialmente en el cristiano -llamado a convertirse en otro Cristo: m\u00e1s a\u00fan, el mismo Cristo (alter Christus, ipse Christus)- los aspectos humanos y sobrenaturales de su propia vida.<br>\n<strong>La coherencia entre la fe y las obras<\/strong><br>\nAdem\u00e1s de la pr\u00e1ctica personal, una asidua reflexi\u00f3n le llev\u00f3 a individuar con gran lucidez las implicaciones de la unidad de vida. Antes que nada, comporta la coherencia entre la fe y las obras, el pleno respeto de la ley moral, sin restricciones ni componendas, en todas las situaciones (familiares, profesionales, etc\u00e9tera) que el cristiano est\u00e1 llamado a vivir. Como conoc\u00eda hondamente el valor ejemplar de esa coherencia de fe, el fundador del Opus Dei nos hac\u00eda observar c\u00f3mo de ella depend\u00eda, en gran parte, la contribuci\u00f3n de los fieles cristianos a la edificaci\u00f3n del Reino de Dios sobre la tierra.<br>\nPrecisamente en este contexto, la Christifideles laici (n. 59) recuerda la claridad con que el Concilio llama a los laicos a superar cualquier fractura entre fe y conducta, \u00abguiados siempre por el esp\u00edritu evang\u00e9lico\u00bb en el cumplimiento de las obligaciones terrenas (Gaudium et spes, n 43).<br>\nEn relaci\u00f3n con esa caracter\u00edstica de la unidad de vida se comprende mejor la insistencia con que el Fundador del Opus Dei explicaba que la primera condici\u00f3n para\u00a0 santificar el trabajo es trabajar bien, es decir, no s\u00f3lo con diligencia, sino sobre todo con sentido de justicia y de caridad con el pr\u00f3jimo -colegas o clientes, colaboradores, subordinados o superiores-: \u00abHemos de trabajar mucho en la tierra, y hemos de trabajar bien, porque esa tarea ordinaria es lo que debemos santificar\u00bb (Amigos de<br>\nDios, n. 202)<br>\nUna actividad desarrollada con el sello de la improvisaci\u00f3n, de la superficialidad, de la desgana, no aporta ning\u00fan beneficio al bien com\u00fan, no s\u00f3lo por su vaciedad sustancial, sino, en primer lugar, porque no puede ofrecerse al Se\u00f1or.<br>\n<strong>Fusi\u00f3n de trabajo, apostolado y oraci\u00f3n<\/strong><br>\n\u00abUnir el trabajo profesional con la lucha asc\u00e9tica y con la contemplaci\u00f3n -cosa que puede parecer imposible, pero que es necesaria, para contribuir a reconciliar el mundo con Dios-, y convertir ese trabajo ordinario en instrumento de santificaci\u00f3n personal y de apostolado. \u00bfNo es \u00e9ste un ideal noble y grande, por el que vale la pena dar la vida?\u00bb\u00a0 (Instrucci\u00f3n, 19-III-1934, n. 33)<br>\nEste p\u00e1rrafo, procedente de uno de los primeros escritos del fundador del Opus Dei, refleja la enorme distancia que separa su visi\u00f3n de la existencia cristiana de concepciones de sabor intimista.<br>\nEsa distancia me aparece evidente, en particular, por el acento en el apostolado (\u00abreconciliar el mundo con Dios \u00bb), como uno de los elementos que deben concurrir en la articulaci\u00f3n constitutiva de la vida cristiana. El ejercicio de la participaci\u00f3n activa en la misi\u00f3n redentora de Cristo, propia de cualquier bautizado y por tanto intr\u00ednseca a cada uno de sus actos, no s\u00f3lo debe coexistir con la oraci\u00f3n y con las normales ocupaciones cotidianas, sino que tiende a unificarse con ellas.<br>\n(\u2026)<br>\nEn el mensaje de Josemar\u00eda Escriv\u00e1, el trabajo -entendido, vuelvo a repetir, en sentido amplio- se hace una sola cosa con el apostolado (ofrece constantes ocasiones de apostolado personal) y esta simbiosis viene consolidada por la exigencia de combinar ambas realidades -en cada una de sus expresiones- con la lucha asc\u00e9tica y la oraci\u00f3n.<br>\nLa fusi\u00f3n de estos elementos viene requerida precisamente por el empefio de la b\u00fasqueda de la santidad en lo ordinario. En definitiva, viene requerida tanto por el fin (la santidad, a la que nada puede permanecer extra\u00f1o) como por las circunstancias (la vida ordinaria) en las que el fiel com\u00fan consuma su propia existencia.<br>\n<strong>Transformar todo en oraci\u00f3n<\/strong><br>\nQuerr\u00eda detenerme en este aspecto, porque aqu\u00ed est\u00e1 el fundamento de todo. el deseo operativo de transformar toda actividad -as\u00ed como el vast\u00edsirno mundo de los afectos, de los proyectos vitales, de los intereses que nos llevan m\u00e1s all\u00e1 de nosotros mismos- en encuentro con Dios, en oraci\u00f3n.<br>\nSi esta intenci\u00f3n, este esfuerzo, viene a menos, entonces el trabajo del cristiano n presenta ninguna cualidad que lo pueda distinguir del de quien busca s\u00f3lo la eficiencia de los resultados o el fr\u00edo cumplimiento del deber. No trae frutos apost\u00f3licos \u00abEs in\u00fatil que te afanes en tantas obras exteriores si te falta Amor. -Es como coser con una aguja sin hilo\u00bb (Camino n. 967). Jos\u00e9 Mar\u00eda Escriv\u00e1 nos hac\u00eda observar que es necesario trabajar siempre con los pies bien plantados en la tierra, pero con la mirada bien puesra en el cielo (cfr. Amigos de Dios, n. 75).<br>\n(\u2026)<br>\nTodo esto es la unidad de vida. Pero el cuadro no estar\u00eda completo si no di\u00e9ramos la vuelta a cuanto acabamos de ver y no afirm\u00e1semos que la oraci\u00f3n, a su vez, es apostolado y es trabajo.<br>\n<strong>El apostolado<\/strong><br>\n\u00abEl arma del Opus Dei -repet\u00eda Josemar\u00eda Escriv\u00e1 de Balaguer- no es el trabajo, es la oraci\u00f3n\u00bb (Alvaro del Portillo. Entrevista sobre el Fundador del Opus Dei. Rialp. Madrid, 1993. p. 51).<br>\n(\u2026)<br>\nEn una de sus homil\u00edas leemos: \u00abEl apostolado es amor de Dios, que se desborda, d\u00e1ndose a los dem\u00e1s. (\u2026) Y el af\u00e1n de apostolado es la manifestaci\u00f3n exacta, adecuada, necesaria, de la vida interior. Cuando se paladea el amor de Dios se siente el peso de las almas\u00bb (Es Cristo que pasa, n. 122).<br>\nEn su oraci\u00f3n, la adoraci\u00f3n se entrelazaba ininterrumpidamente con la invocaci\u00f3n de ayuda por la salvaci\u00f3n de las almas, el agradecimiento por tantas intervenciones divinas en los acontecimientos humanos, y la contrici\u00f3n por lo que pensaba que era su propia ineptitud.<br>\nLa oraci\u00f3n, por fin es trabajo<br>\nYa he precisado lo lejano que estaba del intimismo o del sentimentalismo. Esto se nota especialmente en la oraci\u00f3n, que nada tiene que ver con un \u00e9xtasis moment\u00e1neo, con un fugaz sentimiento de dulzura o con un movimiento interior de emoci\u00f3n\u2026 La fatiga y un cierto esfuerzo son inseparables de la vida de oraci\u00f3n.<br>\nJosemar\u00eda Escriv\u00e1 era bien consciente de que dentro llevaba, como todos nosotros, el \u00abhombre viejo\u00bb, y se afanaba por hacer frente a sus sugestiones. Alguna vez pensaba que su respuesta no hab\u00eda sido plenamente generosa, y para recomenzar se refugiaba en la contrici\u00f3n, que es lo m\u00e1s conveniente a la condici\u00f3n de criatura, de quien sabe qu epuede y debe amar cada vez m\u00e1s. Por esto no ca\u00eda nunca en des\u00e1nimo cuando tocaba la mano -as\u00ed dec\u00eda- su propia nada. Y por esto en sus escritos est\u00e1 siempre presente, como lo estuvo en su vida, la llamada a la necesidad de buscar a Cristo.<br>\nAlgunos recordar\u00e1n aquel punto de Camino que reza: \u00abAl regalarte aquella historia de Jes\u00fas, puse como dedicatoria: \u201cQue busques a Cristo: Que encuentres a Cristo: Que ames a Cristo\u201d. \u2013 Son tres etapas clar\u00edsimas. \u00bfHas intentado, por lo menos, vivir la primera?\u00bb (n.382)<br>\n(\u2026)<br>\nLos textos podr\u00edan multiplicarse hasta el infinito, pero me parece que lo dicho basta para fundamentar la idea de que la unidad de vida -como todo lo que refleja simplicidad, armon\u00eda, ausencia de disgregaci\u00f3n- lleva en s\u00ed un destello de lo divino, porque Dios es unidad.<br>\nPor esto, con todo derecho, puede considerarse un v\u00e9rtice de la vida espiritual. Me refiero a la contemplaci\u00f3n en medio del mundo, que en definitiva representa el punto de convergencia de todo el mensaje espiritual de Josemar\u00eda Escriv\u00e1. A \u00e9l le pido que nos ayude a todos nosotros, en estos d\u00edas de gracia, a dar un decisivo paso adelante hacia esa meta de vida interior.<br>\n___________<br>\n* Los textos fueron publicados el 5 de octubre de 2002 en L\u00b4Osservatore Romano.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"26321\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El pasado 6 de octubre, Josemar&iacute;a Escriv&aacute; fue elevado a los altares. 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