{"id":25823,"date":"2002-01-01T00:00:00","date_gmt":"2002-01-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=25823"},"modified":"2002-01-01T00:00:00","modified_gmt":"2002-01-01T00:00:00","slug":"escriva_de_balaguer_trazos_para_una_pedagogia_de_la_alegria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2002\/01\/01\/escriva_de_balaguer_trazos_para_una_pedagogia_de_la_alegria\/","title":{"rendered":"Escriv\u00e1 de Balaguer: trazos para una pedagog\u00eda de la alegr\u00eda"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"25823\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p class=\"subtit\"><strong>RECIEDUMBRE Y ALEGR\u00cdA<\/strong><\/p>\n<p>Entresacar del mensaje de Josemar\u00eda Escriv\u00e1 de Balaguer algunos trazos que pudieran servir para bosquejar una pedagog\u00eda de la alegr\u00eda no es sencillo. Mucho menos en nuestros d\u00edas, cuando la alegr\u00eda no resulta novedosa ni se presta para adornarse con la parafernalia t\u00e9cnica de la psicopedagog\u00eda. (En los \u00edndices tem\u00e1ticos y vocales de muchas obras recientes sobre educaci\u00f3n ni se menciona).<br>\nToda educaci\u00f3n, por serlo, tiende de alg\u00fan modo a la alegr\u00eda. Est\u00e1 impl\u00edcita en los objetivos, medios y circunstancias de la educaci\u00f3n. Al hablar de una pedagog\u00eda de la alegr\u00eda proponemos que esa situaci\u00f3n de hecho se haga m\u00e1s pr\u00e1ctica: m\u00e1s intencional.<br>\nLa alegr\u00eda debe ser la nota esencial de la acci\u00f3n pedag\u00f3gica, entendido que \u00abno es alborozo de cascabeles o de baile popular. La verdadera alegr\u00eda es algo m\u00e1s \u00edntimo: algo que nos hace estar serenos, rebosantes de gozo, aunque a veces el rostro permanezca severo\u00bb (Forja, 520) [1] .<br>\nPero sin la vehemencia del placer, el estr\u00e9pito de la carcajada o la gran talla de la felicidad, la alegr\u00eda no pasa de ser considerada un sentimiento elemental, discreto, \u00edntimo. Cuando no se niega su posibilidad, se la ve como algo trivial, mera perturbaci\u00f3n hormonal.<br>\nDif\u00edcil de definir, ignorada como concepto cient\u00edfico, confundida con bienestar, consumismo o delirium tremens, la alegr\u00eda -al menos conceptualmente- no siempre es bien entendida porque, seg\u00fan Karl Jaspers, el vocabulario psicol\u00f3gico acerca de la vida afectiva dista mucho de poseer la claridad, precisi\u00f3n y fijeza deseables.<br>\nPor fortuna, el mensaje del beato Josemar\u00eda muestra que la alegr\u00eda a\u00fan es posible, facilita la comprensi\u00f3n entre los hombres y ayuda a la construcci\u00f3n de una sociedad mejor.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>FUNDAMENTO HUMANO DE LA ALEGR\u00cdA<\/strong><\/p>\n<p>Debemos partir de dos hechos contundentes: primero, el ser humano est\u00e1 hecho para el amor -cuyos efectos son la alegr\u00eda y la felicidad-. Segundo, el amor humano es un acto de libertad, una elecci\u00f3n generosa por la que se procura el bien del otro. As\u00ed, educar en la alegr\u00eda es educar para el amor y la libertad.<br>\nTambi\u00e9n es evidente que tendemos por naturaleza a la felicidad, de ah\u00ed que la vida humana sea, en cierto sentido, una cadena de necesidades que buscan ser satisfechas del modo m\u00e1s completo posible. A la satisfacci\u00f3n en lo org\u00e1nico le llamamos placer, y en lo espiritual alegr\u00eda o gozo. Esa tendencia es ilimitada, siempre vamos a querer ser m\u00e1s felices que antes.<br>\nSin embargo, parece que actualmente quisi\u00e9ramos agotar la necesidad de felicidad s\u00f3lo con placer. El nuestro es un mundo triste que busca diversi\u00f3n, pero se aburre, que incluso trata de convertir en espect\u00e1culo las grandes tragedias, naturales o provocadas por el hombre, pero se deprime.<br>\nDe ah\u00ed que, con gran fe operativa en la gracia divina, y confianza comprensiva y exigente en la educabilidad -raz\u00f3n y conciencia- del hombre, el beato Josemar\u00eda insista en amar alegre y apasionadamente este mundo, con sus miserias y tragedias, para mejorarlo.<br>\n\u00abEn esta \u00e9poca de desmoronamiento general, de cesiones y des\u00e1nimos, o de libertinaje y anarqu\u00eda, me parece todav\u00eda m\u00e1s actual aquella sencilla y profunda convicci\u00f3n que, en los comienzos de mi labor sacerdotal, y siempre, me ha consumido en deseos de comunicar a la humanidad entera: \u201cestas crisis mundiales son crisis de santos\u201d\u00bb [2] .<br>\nDebe quedar claro que la felicidad y alegr\u00eda no son el fin de la educaci\u00f3n, sino su resultado arm\u00f3nico y consecuencia natural: preparar al educando para que consiga la mayor alegr\u00eda posible. Quien trate de conseguir una felicidad absoluta en una situaci\u00f3n relativa -la vida humana- terminar\u00e1 desesperado como fruto de la frustraci\u00f3n.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>\u00abNO MA\u00d1ANA, \u00a1AHORA!\u00bb<\/strong><\/p>\n<p>Tensi\u00f3n, fatiga, hast\u00edo, incluso tristeza, parecen ser las notas que definen el modus vivendi de amplios sectores de la humanidad. Porque ese nudo vital formado por el trabajo, esfuerzo, deber, convivencia y fe est\u00e1 perdiendo su valor; no pasa de ser, en el mejor de los casos, un anest\u00e9sico moment\u00e1neo del coraz\u00f3n que abstrae el esp\u00edritu del vac\u00edo en el que parece hallarse.<br>\nLa educaci\u00f3n debe llenar ese vac\u00edo en el hombre, estimular su vida interior, colmarlo a plenitud. \u00abLa alegr\u00eda es consecuencia inmediata de cierta plenitud de vida. Y para la persona, esta plenitud consiste ante todo en la solidaridad y en el amor\u00bb [3] .<br>\nPero para lograr que la alegr\u00eda se arraigue en el alma, antes es preciso que d\u00e9 forma al ambiente educativo. En este sentido es el mejor medio para educar, un modo de viajar -per aspera ad astra- paso a paso, con esfuerzo.<br>\nEl itinerario que deber\u00e1 recorrer arranca de un estar lleno de vac\u00edo hacia un estar lleno de contenido, o dicho en voz pasiva: estar contento, hasta alcanzar la plenitud dentro de las posibilidades de ese ideal humano, entendido como homo gaudens, \u00abhombre contento\u00bb.<br>\nEn esa l\u00ednea podemos interpretar la amable \u00abllamada de atenci\u00f3n\u00bb que se nos hace en Camino: \u00abNo caigas en esa enfermedad del car\u00e1cter que tiene por s\u00edntomas la falta de fijeza para todo, la ligereza en el obrar y en el decir, el atolondramiento\u2026: la frivolidad, en una palabra. Y la frivolidad no lo olvides- que te hace tener esos planes de cada d\u00eda tan vac\u00edos (\u201ctan llenos de vac\u00edo\u201d), si no reaccionas a tiempo -no ma\u00f1ana: \u00a1ahora!-, har\u00e1 de tu vida un pelele muerto e in\u00fatil\u00bb (17).<br>\nAl singularizar una pedagog\u00eda de la alegr\u00eda, el mensaje del beato Josemar\u00eda alumbra la esperanza de descubrir, por medio de una adecuada formaci\u00f3n, la alegr\u00eda de la vida ordinaria, construida a base de cosas peque\u00f1as, dando a la propia existencia elementos de estabilidad, ilusi\u00f3n, expectativa y, por tanto, la fuerza necesaria para vivir cada d\u00eda.La alegr\u00eda no es algo abstracto o puramente conceptual. Exhiben una alegr\u00eda \u00edntima y viva, peque\u00f1a pero que continuamente est\u00e1 a nuestro alcance como vivencia, recuerdo o esperanza.<br>\nPeque\u00f1as alegr\u00edas que justifican la insistencia de Escriv\u00e1 de Balaguer en aprender -y ense\u00f1ar- a apreciar el valor de toda realidad humana, por peque\u00f1a que parezca: \u00abHacedlo todo por Amor. As\u00ed no hay cosas peque\u00f1as: todo es grande. La perseverancia en las cosas peque\u00f1as, por Amor, es hero\u00edsmo\u00bb (Camino, 813).<br>\n\u00bfY no es intenci\u00f3n de los educadores cultivar la capacidad de realizar cualquier trabajo con madurez y perfecci\u00f3n; f\u00e1cil, pronta y deleitablemente? (Muy enfermo tendr\u00eda que estar el educador -padre o maestro- si buscara hacer infelices a sus educandos -hijos o alumnos).<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>\u00ab\u00bfVISTE C\u00d3MO ALZARON AQUEL EDIFICIO\u2026?\u00bb<\/strong><\/p>\n<p>Es necesario distinguir entre los modos en que se presenta la alegr\u00eda. Ordinariamente, invade el alma de modo inesperado y espont\u00e1neo. La Biblia la compara con una brisa o un torrente. Irrumpe, dice el poeta, \u00abde prisa. Atropellada, loca. Bacante disparada del arco m\u00e1s casual\u2026 Riente, todo lo ba\u00f1a de luz, todo lo inunda de m\u00fasica\u00bb [4] .<br>\nSobre ella no tenemos control y su existencia poco o nada tiene que ver, al menos directamente, con la educaci\u00f3n. Debemos recibirla cuando viene y resignarnos cuando se va. Es fruto del temperamento, clima, car\u00e1cter, la situaci\u00f3n del momento o una noticia.<br>\nPuede surgir tambi\u00e9n de la seguridad en una vida joven y sana, presente venturoso y futuro promisorio, independientemente de nuestros m\u00e9ritos o circunstancias. Pero no est\u00e1 en nuestras manos retenerla: la fortuna y el vigor se acaban. Sin una formaci\u00f3n seria y profunda -no s\u00f3lo instrucci\u00f3n o capacitaci\u00f3n- se vuelve vulnerable, desaparece antes de lo que es posible prever.<br>\nAzar, circunstancias, educaci\u00f3n \u00bfson esas las fuentes \u00fanicas de la alegr\u00eda? La ense\u00f1anza del beato Josemar\u00eda, a partir de la realidad existencial, nos confirman que no. La aut\u00e9ntica fuente de la alegr\u00eda se halla m\u00e1s honda a\u00fan, ah\u00ed donde el hombre conoce, decide, ama.<br>\nDe tal modo que la alegr\u00eda puede adquirirse mediante una adecuada formaci\u00f3n personal y poseerse como h\u00e1bito, adquirido a trav\u00e9s de un aprendizaje superior al instinto, e incluso, controlarse.<br>\nDe acuerdo: la educaci\u00f3n no da la alegr\u00eda, pero s\u00ed ofrece recursos para acercarse a ella. Este acercamiento se convierte en reto, gimnasia espiritual \u00abseria\u00bb y entusiasmante: \u00abDa muy buenos resultados emprender las cosas serias con esp\u00edritu deportivo\u2026 \u00bfHe perdido varias jugadas? Bien, pero -si persevero- al fin ganar\u00e9\u00bb (Surco, 169).\u00bfC\u00f3mo adquirir ese h\u00e1bito? Con la pr\u00e1ctica, haciendo una y otra vez actos positivos de alegr\u00eda, actuando \u00abcomo si\u00bb se estuviera alegre, hallando recursos para no sucumbir a la tristeza, descubriendo el lado optimista de las cosas\u2026; comenzando y recomenzando, con humildad y optimismo. No hay otro modo. Requiere esfuerzo, pero s\u00f3lo donde hay esfuerzo bien orientado y sostenido, hay dignidad, libertad y paz.<br>\n\u00ab\u00bfHas visto c\u00f3mo levantaron aquel edificio de grandeza imponente? Un ladrillo, y otro. Miles. Pero, uno a uno. Y sacos de cemento, uno a uno. Y sillares, que suponen poco, ante la mole del conjunto. Y trozos de hierro. Y obreros que trabajan, d\u00eda a d\u00eda, las mismas horas\u2026 \u00bfViste c\u00f3mo alzaron aquel edificio de grandeza imponente?\u2026 \u00a1A fuerza de cosas peque\u00f1as!\u00bb (Camino, 823).<br>\n\u00bfQue as\u00ed pierde espontaneidad? Si el actuar espont\u00e1neo no sirve para accionar el obrar inteligente y libre, entonces sirve para poco: \u00abAl reanudar tu tarea ordinaria, se te escap\u00f3 como un grito de protesta: \u00a1siempre la misma cosa! Y yo te dije: s\u00ed, siempre la misma cosa. Pero esa tarea vulgar -igual que la que realizan tus compa\u00f1eros de oficio- ha de ser para ti una continua oraci\u00f3n, con las mismas palabras entra\u00f1ables, pero cada d\u00eda con m\u00fasica distinta. Es misi\u00f3n muy nuestra transformar la prosa de esta vida en endecas\u00edlabos, en poes\u00eda heroica\u00bb (Surco, 500).<br>\nCon esto, el tacto pedag\u00f3gico del beato nos conduce a descubrir las alegr\u00edas que manan de toda ocupaci\u00f3n profesional realizada con seriedad, competencia y esp\u00edritu de servicio: dedicaci\u00f3n atingente a la propia formaci\u00f3n, esfuerzo generoso en la educaci\u00f3n de los hijos, esmero en que el hogar sea luminoso y alegre, participaci\u00f3n responsable en la promoci\u00f3n del bien com\u00fan e inter\u00e9s pr\u00e1ctico en los problemas pol\u00edtico-culturales.<br>\nLa alegr\u00eda es decisiva en la creaci\u00f3n de un ambiente de libertad, respeto y trabajo participativo. Para el cultivo de la amistad sincera y desinteresada. Para dar cabal sentido a la caridad fraterna, que ayuda al crecimiento mutuo y hace m\u00e1s llevaderas las naturales dificultades de la convivencia humana. Para la construcci\u00f3n de una sociedad justa en la que la dignidad de la persona sea plenamente reconocida y respetada.<br>\n\u00abNo se ama la justicia, si no se ama verla cumplida con relaci\u00f3n a los dem\u00e1s. Tampoco es l\u00edcito encerrarse en una religiosidad c\u00f3moda, olvidando las necesidades de los otros\u2026 Debemos vivir, con todas sus consecuencias y en los campos m\u00e1s variados, el respeto a toda persona: sobre todo defendiendo la vida ya concebida, a los ancianos y m\u00e1s d\u00e9biles\u2026\u00bb [5] .<br>\n<strong>\u00ab\u00a1QU\u00c9 BIEN SE LE LEE!\u00bb<\/strong><br>\nDesde el punto de vista pedag\u00f3gico el mensaje del beato Josemar\u00eda posee cualidades de alto valor did\u00e1ctico: no es alegre porque hable mucho de alegr\u00eda, sino porque es una experiencia vivida y expresada alegremente: estimula la reflexi\u00f3n y la pr\u00e1ctica de los temas expuestos, invita a tomar posici\u00f3n responsable ante la existencia personal y la realidad; ense\u00f1a a distinguir entre fines y medios, a adquirir juicio, gusto y criterio personales; a afrontar la vida con valent\u00eda y optimismo; a no conformarse s\u00f3lo con lo que se halla sin esfuerzo.<br>\nCon raz\u00f3n escribi\u00f3 san Agust\u00edn que \u00abla alegr\u00eda es la nota esencial de la comunicaci\u00f3n educativa; el gozo y la juventud del educador, se renueva por la novedad del gozo y la juventud del educando\u00bb [6] .<br>\nEs un mensaje amable, ambicioso, exigente y, al mismo tiempo, sencillo y asequible a todos, cuya meta es una cari\u00f1osa y en\u00e9rgica invitaci\u00f3n a ver con los propios ojos, pensar por cuenta propia; reflexionar con amplitud, profundidad y responsabilidad fraterna: \u00abFe, alegr\u00eda, optimismo. Pero no la sandez de cerrar los ojos a la realidad\u00bb (Camino, 40). De estas peque\u00f1as alegr\u00edas depende \u00abser buen hijo, buen hermano, buen compa\u00f1ero, buen amigo, buen colega\u00bb. (Surco, 739).<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>\u00abESTAD ALEGRES, SIEMPRE ALEGRES\u00bb<\/strong><\/p>\n<p>No hablamos, por supuesto, de una alegr\u00eda arrutinada. La rutina es la degeneraci\u00f3n del h\u00e1bito, \u00abel regreso dice Janet del ser vivo a la quietud de la materia inerte\u00bb. Tampoco se trata de la risa mec\u00e1nica, congelada, sin alegr\u00eda. Ni aludimos a lo que se llama \u00abingenio\u00bb, a veces forzado, \u00abde esencia tan sutil que se desvanece a la luz del sol; que termina cuando apenas comenzamos a percibirlo\u00bb [7] .<br>\n\u00c9sta, es una alegr\u00eda inteligente y voluntariamente cultivada \u00aba golpe de libertad\u00bb [8] , con un valor educativo real. La repetici\u00f3n consciente de actos cuyo efecto sea alegre se puede convertir en h\u00e1bito positivo, pues cada uno de ellos deja una disposici\u00f3n en el alma que facilita actos subsecuentes. As\u00ed crece el h\u00e1bito.<br>\nEse crecimiento, no exento de dificultades y que en ocasiones puede parecer lento, es el desarrollo de las virtudes. La forma de contemplar afirmativamente la vida puede convertirse en una verdadera y alegre aventura espiritual.<br>\nNos referimos, entonces, a la virtud humana de la alegr\u00eda, que penetra toda la existencia y proporciona un punto de apoyo m\u00e1s firme y eficaz en la vida. Al ser un h\u00e1bito, tiene la ventaja de poseerse con independencia de los acontecimientos externos, de los momentos venturosos o aciagos, si se est\u00e1 lleno de vigor o abrumado por la fatiga.La alegr\u00eda se adquiere, conserva, acrecienta, por la educaci\u00f3n, por el cultivo terco de uno mismo. Pero, por falta de cultivo, puede debilitarse e incluso desaparecer.<br>\nAl sentido profundo de este cultivo se refiere el beato Josemar\u00eda: \u00abInsisto: en la sencillez de tu labor ordinaria, en los detalles mon\u00f3tonos de cada d\u00eda, has de descubrir el secreto -para tantos escondido- de la grandeza y de la novedad: el Amor\u00bb (Surco, 489).<br>\nLa educaci\u00f3n debe presentar motivos altos y generosos para esta formaci\u00f3n. De otro modo el h\u00e1bito puede degenerar en voluntarismo soberbio (complacencia desmedida en la propia virtud), af\u00e1n de sobresalir, o en un empleo sagaz e hip\u00f3crita de la \u00abvirtud\u00bb para alcanzar fines ego\u00edstas.<br>\nSi la alegr\u00eda es verdadera facilitar\u00e1 el desarrollo de otras virtudes -orden, laboriosidad, estudio, generosidad, servicio, sinceridad-. La experiencia escolar y laboral confirma que la persona alegre es m\u00e1s r\u00e1pida y precisa en sus planteamientos, est\u00e1 mejor dispuesta para el trabajo, posee mayor iniciativa, es m\u00e1s sociable y colaboradora, eleva el tono moral de un grupo\u2026<br>\n\u00ab\u00a1Qu\u00e9 distinta es esta alegr\u00eda de aquella que depende del bienestar material, de la salud \u00a1tan fr\u00e1gil!, de los estados de \u00e1nimo \u00a1tan cambiantes!, de la ausencia de dificultades, del no padecer necesidades\u2026\u00bb [9] .<br>\nAdem\u00e1s, siempre ser\u00e1 difusiva: tender\u00e1 a comunicarse, a ser compartida y eficazmente solidaria en la superaci\u00f3n de dificultades comunes. \u00abEl que tiene la felicidad, el bien, procura darlo a los dem\u00e1s\u00bb (Forja, 914). Como la felicidad, seg\u00fan Kierkegaard, la alegr\u00eda es una puerta que s\u00f3lo se abre hacia fuera.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>HACER AMABLE Y F\u00c1CIL EL CAMINO\u2026<\/strong><\/p>\n<p>Esta forma de estimar el valor educativo de la alegr\u00eda no es novedad. Al ser inherente a la naturaleza humana ha estado presente en todas las culturas. Por lo tanto, es l\u00f3gico que esa tradici\u00f3n sea tan profunda como la pr\u00e1ctica educativa y la reflexi\u00f3n pedag\u00f3gica [10] .<br>\nEl beato Josemar\u00eda, con su ampl\u00edsima labor formativa en la que se destaca el aspecto laical y sobrenatural de la alegr\u00eda, merece ser citado como testigo privilegiado de esa tradici\u00f3n, m\u00e1s directa, pr\u00e1ctica y perentoria en su mensaje:\u00abNo eres feliz, porque le das vueltas a todo como si t\u00fa fueras siempre el centro: si te duele el est\u00f3mago, si te cansas, si te ha dicho esto o aquello\u2026 \u00bfHas probado a pensar en \u00c9l y, por \u00c9l, en los dem\u00e1s?\u00bb (Surco, 74). \u00abProp\u00f3sito sincero: hacer amable y f\u00e1cil el camino a los dem\u00e1s, que bastantes amarguras trae consigo la vida\u00bb (Surco, 63).<br>\nDesde la perspectiva psicol\u00f3gica, Lersch confirma que el n\u00facleo m\u00e1s profundo de la alegr\u00eda radica en la fuerza de la vivencia religiosa, como un sentimiento de gratitud hacia Dios, por todos sus dones. As\u00ed se explica en Camino: \u00abLa alegr\u00eda que debes tener no es \u00e9sa que podr\u00edamos llamar fisiol\u00f3gica, de animal sano, sino otra sobrenatural, que procede de abandonar todo y abandonarte en los brazos amorosos de nuestro Padre-Dios\u00bb (659).<br>\n\u00ab\u00c9sta es, sobre todo, la alegr\u00eda que interiormente nos ensancha y torna resplandecientes; que nos hace ricos y fuertes, independientes de todos los acontecimientos de fuera\u00bb [11] . Por eso, la persona alegre guarda la relaci\u00f3n debida respecto a todas las cosas, percibe lo bello en su verdadero resplandor, recibe lo duro y dif\u00edcil como prueba de su fortaleza; se enfrenta a ello con valent\u00eda y lo supera. Puede dar pr\u00f3digamente a los dem\u00e1s sin empobrecerse nunca.<br>\n\u00abEl que tiene la felicidad, el bien, procura darlo a los dem\u00e1s\u00bb (Forja, 914), \u00abEl hermano ayudado por su hermano es tan fuerte como una ciudad amurallada. Piensa un rato y dec\u00eddete a vivir la fraternidad que siempre te recomiendo\u00bb (Camino, 460), \u00abProcuro dejarme la piel, para que mis hermanos peque\u00f1os \u201cpisen blando\u201d, como usted nos dice. \u00a1Hay tantas alegr\u00edas en este \u201cpasarlas negras\u201d!\u00bb (Surco, 55).<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>LA ALEGR\u00cdA HACE AMABLE LA VIRTUD<\/strong><\/p>\n<p>Esta alegr\u00eda -parte integrante del caminar y norma de siempre- supone luchar deportivamente por alcanzar lo que est\u00e1 por encima de nuestra situaci\u00f3n actual, mediante un esfuerzo personal serio, sonriente, con orden y perseverancia.<br>\n\u00abTrabajar con alegr\u00eda no equivale a trabajar \u201calegremente\u201d, sin profundidad, como quit\u00e1ndose de encima un peso molesto\u2026 Procura que, por aturdimiento o por ligereza, no pierdan valor tus esfuerzos y, a fin de cuentas, te expongas a presentarte ante Dios con las manos vac\u00edas\u00bb (Surco, 519).<br>\nEn suma, las consideraciones entresacadas del mensaje del beato Josemar\u00eda ense\u00f1an a ejercitar todas las virtudes -en el trabajo profesional, en el cumplimiento de los propios deberes- y por convertir todos los momentos y circunstancias de la vida en ocasi\u00f3n de amar y servir, con sentido social y sobrenatural.<br>\nVirtudes que, para serlo, han de estar arm\u00f3nicamente ordenadas al fin del hombre, integradas entre s\u00ed y dirigidas al bien [12] . Toda virtud es afirmaci\u00f3n gozosa: que si niega, no lo hace por la negaci\u00f3n misma, sino para hacer una afirmaci\u00f3n mayor; que si exige renuncia, otorga mayor recompensa.<br>\nAs\u00ed es la doctrina evang\u00e9lica: \u00abEl reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en el campo; un hombre, habi\u00e9ndolo descubierto, lo volvi\u00f3 a esconder, y en su gozo, fue y vendi\u00f3 todo lo que ten\u00eda y compr\u00f3 aquel campo\u00bb [13] . Por eso: \u00abLa verdadera virtud no es triste ni antip\u00e1tica, sino amablemente alegre\u00bb (Camino, 657). Y, de preferencia, debe ser una alegr\u00eda que discretamente se note: \u00abNo me olvides que a veces hace falta tener al lado caras sonrientes\u00bb (Surco, 57).<br>\n_____________________<\/p>\n<p class=\"textogris\">[1] Las referencias a Camino, Surco y Forja se har\u00e1n junto a la cita con el n\u00famero del \u00abpunto\u00bb en cuesti\u00f3n.<\/p>\n<p>[2] Josemar\u00eda Escriv\u00e1 DE BALAGUER. Amigos de Dios. pp. 32 y ss.<br>\n[3] Francisco FERN\u00c1NDEZ CARVAJAL. Hablar con Dios. III. Ediciones Palabra. Madrid, 1998. p. 15.<br>\n[4] Pedro SALINAS. La voz a ti debida. Losada. Buenos Aires, 1998.<br>\n[5] Francisco FERN\u00c1NDEZ CARVAJAL. Op. cit. p. 95.<br>\n[6] Cfr. San Agust\u00edn. De cathequisandis rudibus. De modo hilaritatis comparandae.<br>\n[7] Henri Bergson. La risa. Espasa-Calpe. Madrid, 1973. p. 90s.<br>\n[8] Jos\u00e9 Luis GONZ\u00c1LEZ SIMANCAS. Principios de la acci\u00f3n educativa. Apud: Lo permanente y lo cambiante en la educaci\u00f3n. EUNSA, Pamplona, 1991. p. 51.<br>\n[9] Francisco FERN\u00c1NDEZ CARVAJAL. Op. cit. p. 15.<br>\n[10] Confucio, los pensadores griegos, la escuela del ludi mag\u00edster son ejemplo fehaciente. En la educaci\u00f3n cristiana la alegr\u00eda es pieza clave, en especial en la obra de san Agust\u00edn. Da Feltre, Pestalozzi, Montessori, Don Bosco, F\u00f6ster, Manj\u00f3n, Poveda, B. Powell, B. Rusell, A.S. Neil, etc., ser\u00edan s\u00f3lo algunos ejemplos de cultivadores de la pedagog\u00eda que han considerado el puesto que a la alegr\u00eda se le puede asignar como factor nodal en la problem\u00e1tica educativa.<br>\n[11] Romano GUARDINI. Cartas sobre autoformaci\u00f3n. Dinor. San Sebasti\u00e1n, 1966. p. 10.<br>\n[12] Cfr. Carlos CARDONA. La \u00e9tica del quehacer educativo. Rialp. Madrid, 1999. p. 16.<br>\n[13] Mateo. XIII, 44.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"25823\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La vida de Josemar&iacute;a Escriv&aacute; (1902-1975) no se concibe sin la alegr&iacute;a. 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