{"id":25820,"date":"2002-01-01T00:00:00","date_gmt":"2002-01-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=25820"},"modified":"2002-01-01T00:00:00","modified_gmt":"2002-01-01T00:00:00","slug":"reviviendo_a_arreola_dos_anecdotas_sobre_el_ultimo_juglar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2002\/01\/01\/reviviendo_a_arreola_dos_anecdotas_sobre_el_ultimo_juglar\/","title":{"rendered":"Reviviendo a Arreola. Dos an\u00e9cdotas sobre el \u00faltimo juglar"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"25820\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p>\u00abNac\u00ed el a\u00f1o de 1918 escribe Juan Jos\u00e9 Arreola, en el estrago de la gripa espa\u00f1ola, d\u00eda de san Mateo Evangelista y santa Ifigenia Virgen, entre pollos, puercos, chivos, guajolotes, vacas, burros y caballos. (\u2026) Soy autodidacto, es cierto. Pero a los 12 a\u00f1os y en Zapotl\u00e1n el Grande le\u00ed a Baudelaire, a Walt Whitman y a los principales fundadores de mi estilo: Papini y Marcel Schwob, junto con medio centenar de otros nombres m\u00e1s y menos ilustres Y o\u00eda las canciones y los dichos populares y me gustaba mucho la conversaci\u00f3n de la gente de campo\u00bb.<br>\nEn un texto irreal y de lo m\u00e1s improbable, Arreola pudo escribir: \u00abmor\u00ed el 3 de diciembre de 2001, d\u00eda de san Francisco Javier, en la ciudad de Guadalajara, rodeado de mi familia, y dejo a la literatura unos tres centenares de apretadas p\u00e1ginas de varia invenci\u00f3n\u00bb.<br>\nEn los d\u00edas posteriores a su muerte, los peri\u00f3dicos publicaron muchos testimonios de sus admiradores y alumnos. Hab\u00eda fallecido no s\u00f3lo el \u00faltimo de los grandes de la literatura mexicana del siglo XX, sino una personalidad art\u00edstica como pocas, de las m\u00e1s animadas y animadoras. \u00abEn vivo, como por escrito dice Felipe Garrido en el pr\u00f3logo a su narrativa completa Arreola es el triunfo del verbo, de lo preciso sobre lo confuso, de la forma sobre la materia\u00bb.<br>\nYo hubiera querido contar, entre las carretadas de historias sobre Arreola, una tan sabrosa como balad\u00ed, original\u00edsima, jam\u00e1s publicada anteriormente, pero cuando muri\u00f3 mi abuelo paisano de Arreola y de alguna manera su benefactor cuando, a fines de los a\u00f1os treinta, el incipiente escritor lleg\u00f3 a la ciudad de M\u00e9xico mi curiosidad literaria no exist\u00eda a\u00fan.<br>\nVoy a tener que hurtar dos jugosas an\u00e9cdotas. Lamento pensar que entre ellas pudo estar la m\u00eda. Tendr\u00e1 que conformarse el lector con las ajenas, que extraigo de aqu\u00ed y all\u00e1 por el puro gusto de repetirlas. Afortunadamente hay muchos testimonios, pues Arreola, personaje \u00fanico de nuestras letras por su temperamento histri\u00f3nico, su paladar exquisito, su singular ingenio, supo contagiar entusiasmo y pastorear vocaciones: fue escritor y maestro de escritores.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>ORIGEN DEL BESTIARIO<\/strong><\/p>\n<p>Cuenta Jos\u00e9 Emilio Pacheco que en 1958, habiendo publicado ya Varia invenci\u00f3n (1949) y Confabulario (1952), Arreola viv\u00eda de escasos 500 pesos que Alfonso Reyes consegu\u00eda, a trav\u00e9s de El Colegio de M\u00e9xico, como beca para unos cuantos escritores. Con dificultades se las arreglaba para mantener a su esposa, sus tres hijos y pagar su departamento en R\u00edo Elba 32.<br>\nEn agosto de ese a\u00f1o, Daniel Cos\u00edo Villegas sustituy\u00f3 a Reyes en la direcci\u00f3n del Colegio y, para sanear las finanzas, suspendi\u00f3 las becas. La familia Arreola se qued\u00f3 sin dinero. Pero Henrique Gonz\u00e1lez Casanova, director de publicaciones de la UNAM, le ech\u00f3 la mano con un pago por adelantado, a cuenta de un libro a\u00fan por escribirse.<br>\nPor aquel entonces, la despensa de los Arreola surt\u00eda tambi\u00e9n a los j\u00f3venes escritores que acud\u00edan a un taller informal en casa del maestro. Eran los comienzos de gente como Pacheco, Del Paso y Pitol, cuyos textos editaba Arreola en sus \u00abCuadernos del Unicornio\u00bb. Para colmo, el maestro no escatimaba en vinos y quesos franceses, ni en elegantes ediciones que luego se empe\u00f1aba en obsequiar. El dinero del adelanto se agot\u00f3 en poco tiempo, lo mismo que el plazo para entregar el libro. Arreola estaba bloqueado. A pesar de los buenos oficios de Gonz\u00e1lez Casanova, se acercaba el momento en que la administraci\u00f3n de la universidad exigir\u00eda la devoluci\u00f3n del dinero.<br>\n\u00abLa tienda de ultramarinos no fi\u00f3 m\u00e1s\u00bb, recuerda Pacheco. \u00abSe acabaron el Beaujolais y el camambert y hasta la mantequilla, los bolillos y las teleras. La alimentaci\u00f3n se ci\u00f1\u00f3 a tostadas de camar\u00f3n seco. Eso s\u00ed: las mejores tostadas de camar\u00f3n que se han hecho en el mundo, obras maestras de Sara, la esposa de Arreola. Con los elementos m\u00e1s sencillos, y entonces m\u00e1s baratos, Sara lograba prodigios estil\u00edsticos que encantaban tambi\u00e9n a Juan Rulfo\u00bb.<br>\nPacheco enumera algunas de las causas que se han propuesto como hip\u00f3tesis del bloqueo del escritor (no de Arreola en particular, sino de los escritores en general, que muchos llegan a padecer tarde o temprano): temor al rechazo, deseo de perfecci\u00f3n, ansiedad de no estar a la altura de lo que se hizo antes El caso es que Arreola era incapaz de sentarse a escribir en aquel momento.<br>\nHasta que un d\u00eda de diciembre, el joven aprendiz Jos\u00e9 Emilio Pacheco lleg\u00f3 hasta el departamento de R\u00edo Elba, hizo que Arreola se tumbara en un catre y le dijo: \u00abNo hay m\u00e1s remedio: me dicta o me dicta\u00bb. As\u00ed fue como Arreola dict\u00f3 en una semana, \u00abcomo si estuviera leyendo un texto invisible\u00bb, esta joya de nuestra literatura.<br>\nEl Bestiario de Arreola no es un cat\u00e1logo de animales fant\u00e1sticos, como los que gustaban a Borges, ni una obra de taxonom\u00eda mitol\u00f3gica, sino una colecci\u00f3n de objetos literarios de lujo. Es un derroche calculado, construido a partir de afinidades entre el reino animal y el mundo ps\u00edquico, cient\u00edfico, mec\u00e1nico, militar, moral Dice por ejemplo del avestruz:<br>\nA grito pelado, como un tubo de \u00f3rgano profano, el cuello del avestruz proclama a los cuatro vientos la desnudez radical de la carne ataviada. (Carente de esp\u00edritu a m\u00e1s no poder, emprende luego con todo su cuerpo una serie de variaciones procaces sobre el tema del pudor y la desverg\u00fcenza.)[\u2026]Destartalado, sensual y arrogante, el avestruz representa el mejor fracaso del garbo, movi\u00e9ndose siempre con descaro, en una apetitosa danza macabra. No puede extra\u00f1arnos entonces que los expertos jueces del Santo Oficio idearan el pasatiempo o vejamen de emplumar mujeres indecentes para sacarlas desnudas a la plaza.<br>\nA este tipo de miniaturas se refiere el cr\u00edtico argentino Sa\u00fal Yurki\u00e9vich cuando dice que \u00abla prosa breve de Arreola est\u00e1 troquelada hasta resultar definitiva\u00bb. Fue un artesano de la palabra, oral y escrita. \u00a1Y es que hay que imaginarse a este individuo de 40 a\u00f1os, menudo, el cabello o\u00adndulado y crespo, los ojos chispeantes, el rostro hendido por elocuentes arrugas, fruto de la abundante gesticulaci\u00f3n, que se dispone a darle forma verbal a un hipop\u00f3tamo, as\u00ed como as\u00ed, improvisando!<br>\n\u201cJubilado por la naturaleza y a falta de pantano a su medida, el hipop\u00f3tamo se sumerge en el hast\u00edo. Potentado biol\u00f3gico, ya no tiene qu\u00e9 hacer junto al p\u00e1jaro, la flor y la gacela. Se aburre enormemente y se queda dormido a la orilla de su charco, como un borracho junto a la copa vac\u00eda, envuelto en su capote colosal. Buey neum\u00e1tico, sue\u00f1a que pace otra vez las praderas sumergidas en el remanso, o que sus toneladas flotan pl\u00e1cidas entre nen\u00fafares. De vez en cuando se remueve y resopla, pero vuelve a caer en la catatonia de su estupor. Y si bosteza, las mand\u00edbulas disformes a\u00f1oran y devoran largas etapas de tiempo abolido\u201d.<br>\nLamentaba Borges que la palabra poeta haya venido a reducirse hasta designar s\u00f3lo al que compone versos, cuando en su origen comprend\u00eda al \u00abhacedor\u00bb en su totalidad. Sin estar en verso, el equilibrio con que Arreola compone el p\u00e1rrafo es admirablemente musical: la extensi\u00f3n de las frases, la pulcritud de la sintaxis, la elecci\u00f3n del vocabulario, el genio de unir la opulencia pros\u00f3dica con la metaf\u00f3rica (\u00abpotentado biol\u00f3gico\u00bb, \u00abbuey neum\u00e1tico\u00bb) y el fino sentido de la desmesura (\u00absus toneladas flotan pl\u00e1cidas entre nen\u00fafares\u00bb).<br>\nImaginemos ahora el prolongado bostezo de un hipop\u00f3tamo, sus labios descomunales, la oscura cavidad de su boca, y admiremos el hallazgo combinaci\u00f3n asombrosa de lo material y lo conceptual de una oquedad viviente que devora \u00ablargas etapas de tiempo abolido\u00bb. Est\u00e1 bastante m\u00e1s all\u00e1 de mi comprensi\u00f3n, pero es aplastante.<br>\nEn cuanto a lo material, es una frase voluptuosamente moldeada y sorprendentemente adecuada a su objeto: es notable la densidad y duraci\u00f3n de aes y de oes, combinada con las consonantes labiales p y b (\u00aba\u00f1ora y devora largas etapas de tiempo abolido\u00bb), y todo ello \u00a1dentro de la boca de un hipop\u00f3tamo! \u00bfQu\u00e9 otra cosa podr\u00eda ocurrir, pros\u00f3dicamente, g\u00e1stricamente, en el bostezo de un hipop\u00f3tamo, que no fuera la precipitaci\u00f3n de \u00e9stas, precisamente estas letras y sonidos?<br>\nEn cuanto al concepto, esta manera de devorar tiempo abolido \u00bfno suena a los agujeros negros de los astr\u00f3nomos? \u00bfY no absorbemos todos, seg\u00fan la capacidad bucal de cada uno, un trozo de tiempo abolido en cada bostezo? El tiempo abolido \u00bfes la negaci\u00f3n de la vida condensada en el acto de bostezar? \u00bfO es la eternidad y por eso se a\u00f1ora?Pacheco remata su an\u00e9cdota diciendo que esos d\u00edas finales de 1958 bastar\u00edan para justificar su paso por el mundo.\u00a0 \u00abCuando entre en el infierno y los demonios me pregunten:\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Y usted, \u00bfqu\u00e9 fue en la vida?,podr\u00e9 responderles con orgullo:\u00a0 Amanuense de Arreola\u00bb [1] .<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>RECITANDO EN ZAPOTL\u00c1N<\/strong><\/p>\n<p>Una de las devociones literarias que Arreola cultiv\u00f3 durante toda su vida fue la poes\u00eda de L\u00f3pez Velarde. De ello dej\u00f3 constancia en el libro Ram\u00f3n L\u00f3pez Velarde: el poeta, el revolucionario, en cuya parte final nos conduce de la mano por el fabuloso poema \u00abSuave Patria\u00bb. Glosando estrofas, comentando met\u00e1foras, explicando circunstancias, el escritor jalisciense regala al lector las herramientas que permiten disfrutar a fondo una pieza literaria notabil\u00edsima.<br>\nBuena parte del encanto de este medio centenar de p\u00e1ginas dedicado al poema consiste en la narraci\u00f3n de una ma\u00f1ana de 1930 en Zapotl\u00e1n, cuando Arreola, antes de cumplir 12 a\u00f1os, lo recit\u00f3 en la inauguraci\u00f3n del monumento a don Gordiano Guzm\u00e1n.<br>\nArreola comienza contando en qu\u00e9 ambiente memoriz\u00f3 el poema, como queriendo primero desentumir los sentidos del olfato y el gusto para alertar nuestra sensibilidad. Y no hace falta ser un H\u00e9ctor Zagal para afirmar, a la luz de esta descripci\u00f3n, que hay veces que la gastronom\u00eda precede y se confunde con la est\u00e9tica:<br>\n\u201cMientras en la cocina ard\u00edan hornillas y fogones dispuestos alrededor de un gran brasero central, y mientras se torteaban las tortillas en ese aplauso de manos enjuagadas en machihuis de barro colorido, y mientras palpitaban todos los hervores de los caldos y las sopas, y mientras chirriaban las carnes asadas y fritas, y en los cazos de cobre, lenta y acompasadamente meneados, se iba solidificando la leche de los jamoncillos y chiclosos, y se espesaba la pasta de duraznos y membrillos y guayabas, y se redondeaban en miel los tejocotes, y se ovalaban los higos y las peras, y rezumaban sus aromas y sabores distintos los membrillos, las manzanas y los camotes y las calabazas, yo repasaba las estrofas de la Suave Patria en compa\u00f1\u00eda de mi hermana mayor, Elena, la que me ense\u00f1\u00f3 a saborear cada palabra de Ram\u00f3n como si fuera la cada vez mejor de todas las golosinas de este mundo\u201d.<br>\nEsta fascinaci\u00f3n por los elementos terrestres es caracter\u00edstica de Arreola, porque tambi\u00e9n son terrestres y palpables y apetecibles, si bien obra de art\u00edfice, las telas y las modas, el papel y las tintas y la tipograf\u00eda, el ajedrez y el ping pong, el vino y la poes\u00eda francesa, que tanto gustaron a este enamorado del mundo. La suntuosidad de su lenguaje es el correlato de una percepci\u00f3n privilegiada y un af\u00e1n reordenador, mezcla de armon\u00eda y jolgorio.<br>\nEl artista como Arreola a\u00f1ade comprensi\u00f3n a la realidad porque sabe expresar diferencias y correspondencias, tanto del mundo como del alma humana, que de otro modo habr\u00edan permanecido ocultas.<br>\nPara poner un ejemplo volvamos a la an\u00e9cdota que nos ocupa. Traten de recordar, los que la hayan tenido, la experiencia de una recitaci\u00f3n. Hacer memoria es revivir un presente que ya no est\u00e1, y la excelencia de la memoria radica (junto con la capacidad de olvido) en la riqueza de matiz y emoci\u00f3n. Arreola hace memoria y dice:<br>\n\u201cLo cierto es que recit\u00e9 la Suave Patria a voz en cuello a la mitad de una plaza pueblerina. Pero es m\u00e1s cierto todav\u00eda que mi hermana Elena estaba escondida detr\u00e1s del monumento, no mayor que su estatura, pero invisible entre guirnaldas de papel de china, ramos de laureles silvestres y palapas tropicales en lugar de palmas de victoria. Con el texto en la mano, mi hermana me sigui\u00f3 palabra por palabra a lo largo del poema, como la red que protege en el circo la ca\u00edda del alambrista. Pero no me ca\u00ed. Elena me iba diciendo, como se lo dice a la orquesta un gran director, lo que verdaderamente hac\u00eda falta decir: \u00abHaz una pausa, despacio, m\u00e1s aprisa, m\u00e1s alto, no grites, dilo como si estuvieras diciendo lo que m\u00e1s te gustar\u00eda decir. Ahora viene lo de Cuauht\u00e9moc. Qu\u00e9date callado, como si se te olvidara lo que sigue. O m\u00e1s bien, porque no tienes fuerzas para decirlo. Pero ahora dilo, no te queda m\u00e1s remedio, pero muy lento, muy despacio, muy profundamente, como si estuvieras hablando desde el fondo de un pozo, esto es, m\u00e1s all\u00e1 de ti mismo\u00bb. Yo me qued\u00e9 callado, oyendo a mi hermana, pero de pronto comenc\u00e9 a decir con una voz que ahora me parece sobrenatural porque la estaban oyendo, en esa ma\u00f1ana \u00fanica en mi vida, las se\u00f1oras y los se\u00f1ores de mi pueblo, las autoridades civiles y militares, y todos mis compa\u00f1eros de escuela, y todas, toditas las ni\u00f1as y las muchachas y las se\u00f1oritas del Zapotl\u00e1n de nuestro entonces [2]\u201d.<br>\nCon esa intensidad de recuerdo vivi\u00f3 Arreola, el oral y el escrito, el actor y el literato. Lo mismo en textos que son amalgama de cuento, ensayo y poema en prosa, que en su obra propiamente narrativa, Arreola tuvo la sutileza y la energ\u00eda creadora para dar forma, tanto a paradojas intelectuales y morales (tal en Prosodia y Palindroma), como a los reinos de la pol\u00edtica, las costumbres y la fantas\u00eda (tal en Varia invenci\u00f3n, Confabulario y La feria). Y lo intent\u00f3 todo a veces con mayor, a veces con menor fortuna con miras a la misteriosa perfecci\u00f3n del arte.<br>\n_____________________<\/p>\n<p class=\"textogris\">[1] Jos\u00e9 Emilio PACHECO \u00abAmanuense de Arreola\u00bb en Tierra Adentro. M\u00e9xico, agosto-septiembre,1998.<\/p>\n<p>[2] Juan Jos\u00e9 ARREOLA. Ram\u00f3n L\u00f3pez Velarde: el poeta, el revolucionario. Alfaguara. M\u00e9xico, 1997.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"25820\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Juan Jos&eacute; Arreola ha cruzado la frontera del tiempo y de la historia. Su legado, herencia para este andar siempre pr&oacute;ximo a terminar, queda inscrito en la memoria de sus familiares y amigos, resguardado en papel. 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