{"id":25317,"date":"2001-03-01T00:00:00","date_gmt":"2001-03-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=25317"},"modified":"2001-03-01T00:00:00","modified_gmt":"2001-03-01T00:00:00","slug":"la_hora_de_la_reflexion_soledad_y_serenidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2001\/03\/01\/la_hora_de_la_reflexion_soledad_y_serenidad\/","title":{"rendered":"La hora de la reflexi\u00f3n: soledad y serenidad"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"25317\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p class=\"subtit\"><strong>LA VIRTUOSA TORTUGA<\/strong><\/p>\n<p>Pierre Sansot public\u00f3 hace poco una peque\u00f1a y bella obra, Del buen uso de la lentitud. El ensayo, pol\u00edticamente incorrecto en la sociedad de la prisa y la eficacia, ha sido un parad\u00f3jico \u00e9xito mundial con innumerables reimpresiones en Francia y traducciones a m\u00faltiples lenguas. En cuanto tuve noticia del t\u00edtulo, me precipit\u00e9 a la librer\u00eda en su b\u00fasqueda.<br>\nFiel a su esp\u00edritu, lo le\u00ed sin prisa y lo tengo por relectura frecuente, manantial a cuyas aguas vuelvo para serenarme o retomar el \u00e1nimo de contemplaci\u00f3n: \u00abA mis ojos, la lentitud era sin\u00f3nimo de ternura, de respeto, de la gracia de la que los hombres y los elementos son capaces\u00bb.<br>\nLa propuesta de Sansot no justifica una actitud o un car\u00e1cter pasivo, adormilado, holgaz\u00e1n. Para \u00e9l, la lentitud \u00abno es un rasgo de car\u00e1cter, sino una elecci\u00f3n vital: convendr\u00eda no precipitar el tiempo ni dejarse atropellar por \u00e9l, una tarea saludable, urgente, en una sociedad que nos acucia, a menudo con nuestro consentimiento\u00bb.<br>\nVienen a mi memoria ese animal emblem\u00e1tico y un cuento breve: la tortuga siempre ha caracterizado la lentitud. Quiz\u00e1 sea \u00e9sta la raz\u00f3n por la que me atrae y me despierta una especial debilidad; desde hace no pocos a\u00f1os procuro tener una figurita de ella en alguno de mis lugares de trabajo.<br>\nEn este mismo orden se sit\u00faa el cuento \u00abLa Tortuga y Aquiles\u00bb, de Tito Monterroso, que por ser breve (como todo en \u00e9l, seg\u00fan sus propias palabras) lo transcribo:<br>\nPor fin, seg\u00fan un cable, la semana pasada la Tortuga lleg\u00f3 a la meta.<br>\nEn rueda de prensa declar\u00f3 modestamente que siempre temi\u00f3 perder, pues su contrincante le pis\u00f3 todo el tiempo los talones.<br>\nEn efecto, una diezmiltrillon\u00e9sima de segundo despu\u00e9s, como una flecha y maldiciendo a Zen\u00f3n de Elea, lleg\u00f3 Aquiles.<br>\nEl cuento, adem\u00e1s del triunfo de la tortuga frente al veloz Aquiles y su delicioso sentido del humor, encierra una iron\u00eda filos\u00f3fica, otro motivo por el que me deleita. De nuevo, parad\u00f3jicamente, la filosof\u00eda silenciosa y reflexiva por excelencia me trajo a un mundo de velocidad, prisas, ruido y escasez de tiempo: la Ciudad de M\u00e9xico. Sin ser campirano de nacimiento, la naturaleza y el campo siempre me han atra\u00eddo; en t\u00e9rminos generales, implican soledad, silencio, lentitud, contemplaci\u00f3n y admiraci\u00f3n.<br>\n<strong>EL SILENCIO A LA BAJA<\/strong><br>\nEn esos a\u00f1os universitarios se escuchaba una de las llamadas canciones de protesta, de Atahualpa Yupanki, aquel burgu\u00e9s radicado en Par\u00eds desde donde compon\u00eda cantos revolucionarios. \u00abLos ejes de mi carreta\u00bb, uno de esos cantos, dec\u00eda m\u00e1s o menos as\u00ed: \u00abNo necesito silencio\/ yo no tengo en qui\u00e9n pensar\/ ten\u00eda pero hace tiempo\/ ahora ya no tengo na\u2026 \/los ejes de mi carreta\/ no los voy a engrasar\u2026\u00bb.<br>\nPor desgracia, me temo que no son las razones de Atahualpa las que han acabado con el hoy m\u00edtico silencio y paz de los pueblos y rancher\u00edas de nuestro campo. M\u00e1s bien, el culpable ha sido un af\u00e1n de imitar los patrones de conducta transmitidos por los medios de comunicaci\u00f3n. A trav\u00e9s de ellos se nos impele a no estar en silencio ni en soledad.<br>\nParece ser el triunfo de la sociedad pragm\u00e1tica, por definici\u00f3n opuesta a la actitud contemplativa y al mundo interior. Todo en ella ha de ser actividad y resultados. Es el reino de la eficacia, de lo material, de lo sensible e inmediato. Es el reino del consumismo. Los reclamos al tener se elevan a niveles ensordecedores a trav\u00e9s de la prensa, el radio, la televisi\u00f3n y la publicidad callejera\u2026<br>\nEsto me recuerda una de las reglas fundamentales que daban consistencia al mundo feliz de Aldous Huxley: \u00abLa inducimos [a la gente] a odiar la soledad; disponemos sus vidas de modo que resulte imposible estar solos alguna vez\u00bb. Son palabras de Mustaf\u00e1 Mond uno de los cuatro interventores que gobiernan el mundo feliz en su discusi\u00f3n con John, \u00abel salvaje\u00bb.<br>\nSu discurso es elocuente, por lo que recojo varias frases entresacadas de distintos momentos de esa discusi\u00f3n: \u00ab\u00bfDegradarle de qu\u00e9 posici\u00f3n? En su calidad de ciudadano feliz, trabajador y consumidor de bienes, es perfecto\u2026 En todo caso, animales inofensivos\u00bb.<br>\nLa regla es muy clara: embotamiento de los sentidos para alejar la mente de la reflexi\u00f3n propia, imposibilitar la contemplaci\u00f3n de la naturaleza mediante la saturaci\u00f3n de lo artificial, incrementar los est\u00edmulos externos para olvidar la posibilidad de la riqueza interior. Sensaciones t\u00e1ctiles, gustativas, visivas, auditivas y olfativas, cada una con el fin de manipular a las personas para transformarlas en individuos, la base de una sociedad masificada, f\u00e1cil de conducir.<br>\nBastante de ello nos proporciona y exige el mundo de hoy con su ruido y sus im\u00e1genes por doquier. Incluso, nosotros mismos seguimos esas exigencias de la manera m\u00e1s torpe, al introducir ese ambiente en nuestro propio hogar con un uso excesivo e indiscriminado que no selecciona momentos ni contenidos del radio y la televisi\u00f3n. El contagio es paulatino pero eficaz.<br>\nNos vamos transformando en seres que se identifican con su exterioridad: se desnuda el cuerpo a trav\u00e9s de las im\u00e1genes de la televisi\u00f3n, el cine y la publicidad, tanto como las modas que exigen cubrirlo lo menos posible.<br>\n<strong>EL \u00abESPECT\u00c1CULO\u00bb DE LA INTIMIDAD<\/strong><br>\nDe manera semejante se desnuda el alma al convertir en espect\u00e1culo aquello que antes era \u00edntimo: el dolor de quienes pierden un ser querido o sufren un accidente aparece sin pudor sin intimidad en las pantallas. Y el amor, valor personal\u00edsimo, ahora parecer\u00eda no ser lo que es si no se muestra como espect\u00e1culo callejero, ante los amigos, en una parada de autob\u00fas y, en definitiva, en la plaza p\u00fablica.<br>\nAntes denomin\u00e1bamos \u00edntima la ropa m\u00e1s pr\u00f3xima a nuestro cuerpo, que hoy se luce por las calles como en un desfile de modas (si el tiempo no lo impide). Con ello se pretende centrar la felicidad en los est\u00edmulos sensibles y sensuales. Pero la felicidad no se obtiene por el n\u00famero de sensaciones agradables y placenteras que se es capaz de acumular, tal como indica la Ley de Weber-Fechner, seg\u00fan la cual los incrementos de placer decrecen conforme aumentan los incrementos del est\u00edmulo: D Respuesta = k D log Est\u00edmulo<br>\n<strong>EL LUGAR DE LA REFLEXI\u00d3N<\/strong><br>\nEn definitiva, el placer sensible no se identifica con la felicidad, que es la premisa sobre la cual se sustenta el orden ciudadano de Un mundo feliz. Y es esta premisa la que hoy se quiere elevar como m\u00e1xima de la conducta de los hombres. Es tanto como situar la esencia humana en la periferia: vivir en la exterioridad, carecer de lo \u00edntimo al igual que de la riqueza interior que nos permite ser nosotros mismos, distintos de los dem\u00e1s.<br>\nLos est\u00edmulos externos distraen de la b\u00fasqueda de ese algo propio que se encuentra dentro de nosotros. Se despiertan los sentidos y se anestesia la inteligencia. Sin encauzar y educar la propia sensibilidad es imposible captar el mundo invisible de la intimidad, de esa zona interior donde se puede llegar a coincidir con uno mismo, ser uno mismo.<br>\nPara alcanzar ese lugar se necesita recoger los sentidos, colocarnos en la soledad y el silencio. \u00abHablar de intimidad supone hablar de espacios interiores, de lugares rec\u00f3nditos, de cosas queridas, de vivencias personales: es decir, de toda una anal\u00edtica existencial cuyo per\u00edmetro gira en torno al \u00e1mbito m\u00e1s nuclear del yo personal\u00bb, es decir, \u00abde la zona espiritual reservada de una persona\u00bb.<br>\nSilencio, soledad, zona espiritual y reservada, son palabras y realidades incompatibles con muchedumbre, ajetreo, ruido, im\u00e1genes y, en general, est\u00edmulos sensibles y sensuales de car\u00e1cter p\u00fablico.<br>\nLa soledad y el silencio son necesarios para la reflexi\u00f3n y, sobre todo, la auto-reflexi\u00f3n que posibilita el autoconocimiento, ese sumergirse en el propio \u00abdentro\u00bb, en la interioridad, para saber qui\u00e9nes somos.<br>\nEl campo y, en especial, la monta\u00f1a suelen ofrecer estos dos elementos. Una ascensi\u00f3n no necesariamente en solitario permite pensar en uno mismo mientras se camina (si no aturdimos nuestros o\u00eddos con un walkman), ya que los sonidos que o\u00edmos de la naturaleza (p\u00e1jaros, otros animales y viento) no son ruido, sino armon\u00eda del mundo.<br>\nDel mismo modo, la contemplaci\u00f3n de los paisajes suele ofrecer motivos para la reflexi\u00f3n: la belleza natural, la inmensidad de la tierra y, por la noches, la infinitud del universo, nos hacen ver el valor de nuestro ser \u00fanico. El Creador no s\u00f3lo dio origen a lo que admiramos a nuestro alrededor, sino tambi\u00e9n a nosotros mismos con car\u00e1cter exclusivo e irrepetible, y esto logramos captarlo con la ayuda de la naturaleza.<br>\nEscuchemos de nuevo a Sansot: el campo \u00abme inclina m\u00e1s bien a la enso\u00f1aci\u00f3n, la cual no tiene nada que ver con los argumentos, con las objeciones, con los razonamientos. En \u00e9l he podido conversar conmigo mismo. En efecto, el soliloquio se sit\u00faa entre el di\u00e1logo filos\u00f3fico y la enso\u00f1aci\u00f3n. M\u00e1s que articular nuestros pensamientos, los mascullamos. Me he entregado a tales mon\u00f3logos caminando por el campo, pareci\u00e9ndome que una tercera persona era in\u00fatil para reflexionar. Habr\u00eda retrasado con sus palabras el proceso de mi pensamiento y, por querer triunfar sobre mi amigo, habr\u00eda perdido de vista la b\u00fasqueda de la verdad. []<br>\n\u00bbConfieso que, de vuelta a la soledad, a veces he cedido al \u00e9nfasis. Cuando es sublime, el espect\u00e1culo de la naturaleza imprime a mis pensamientos una tonalidad religiosa. Medito sobre la fragilidad humana, sobre la gloria ef\u00edmera de los imperios, sobre la inminencia de la muerte\u00bb.<br>\n<strong>LA NATURALEZA SILENCIOSA<\/strong><br>\nEn ocasiones, la sublime monta\u00f1a no nos pide permiso para ense\u00f1arnos acerca de nuestra fragilidad, la vida y la muerte. Nos puede sorprender una tormenta o una ventisca, hacernos sentir el fr\u00edo y los elementos naturales como la lluvia y el rayo, la nieve y la oscuridad. Sin embargo, lo normal ser\u00e1 que nos permita la introspecci\u00f3n y el autoconocimiento sin sobresaltos.<br>\nLa paz del campo y, de nuevo, especialmente de la monta\u00f1a nos conduce al encuentro con el Creador y con nosotros mismos. Escuchar a la naturaleza, por otro lado, exige vigilancia, rechazar la pasividad y asumir una actitud educada en la cual nuestra atenci\u00f3n le dice: \u00abme importa mucho lo que tengas que comunicarme\u00bb.<br>\nNo s\u00f3lo o\u00edmos al bosque y sus habitantes, tambi\u00e9n a la playa aparentemente sola y silenciosa con un mar embravecido o sereno, o al desierto, a un cactus muerto pero todav\u00eda de pie. Y para escucharlos necesitamos una \u00abinterioridad creadora para suscitar este espacio de acogida\u00bb.<br>\nDe esta forma establecemos un verdadero di\u00e1logo donde cada una de las partes la naturaleza y yo toma parte activa tanto al hablar como al escuchar. Le podemos plantear a la naturaleza mejor si es al Creador nuestros problemas e inquietudes, y ella nos orientar\u00e1 o nos proporcionar\u00e1 soluciones\u2026 si sabemos escuchar.<br>\nPor eso la naturaleza da serenidad, porque nos ense\u00f1a a encontrarnos a nosotros mismos. Nos ayuda a meditar \u00absobre la fragilidad humana, sobre la gloria ef\u00edmera de los imperios, sobre la inminencia de la muerte\u00bb.<br>\n<strong>RECUADRO:<\/strong><br>\nBuscar el silencio<br>\nPasar unos d\u00edas en silencio, lejos del ajetreo cotidiano, con tiempos de oraci\u00f3n y en un clima que permite replantearse el horizonte vital. Esto es lo que ofrecen cada vez m\u00e1s monasterios y centros de espiritualidad en Estados Unidos, seg\u00fan cuenta The Economist (19-VIII-00).<br>\nEscribiendo en un buscador de Internet \u00abretiro espiritual\u00bb se encuentran docenas de p\u00e1ginas donde se describen centros cristianos, jud\u00edos, budistas, hind\u00faes y de new age.<br>\nEl monasterio de Nuestra Se\u00f1ora de Mepkin, a 50 kil\u00f3metros de Charleston, tiene su propia p\u00e1gina web donde se explica su historia, sentido religioso y servicios que ofrece. Viven all\u00ed 38 monjes trapenses bajo la regla de oraci\u00f3n, estudio y trabajo.<br>\nA esta serena abad\u00eda llegan hombres y mujeres, de distintos credos y desbordados por una vida febril, en busca de paz. Pasan como media entre uno y seis d\u00edas. Rezan con la comunidad, viven el absoluto silencio de los monjes y comen su comida vegetariana. Acogen tanto a personas solas como a matrimonios, y tienen reservaciones para los pr\u00f3ximos seis meses. Seg\u00fan explica uno de los monjes, \u00abmuchos vienen por el silencio\u00bb.<br>\nAceprensa 144\/00<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"25317\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>M&aacute;s que en otras &eacute;pocas, nuestra sociedad vive hoy con &laquo;mucho ruido y pocas nueces&raquo;. El engranaje social se mueve a velocidades jam&aacute;s imaginadas, a cada segundo caducan ideolog&iacute;as, modas y costumbres. 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