{"id":25316,"date":"2001-03-01T00:00:00","date_gmt":"2001-03-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=25316"},"modified":"2023-11-08T06:08:16","modified_gmt":"2023-11-08T11:08:16","slug":"descubrir_la_lentitud","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2001\/03\/01\/descubrir_la_lentitud\/","title":{"rendered":"Descubrir la lentitud"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"25316\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p>En el mundo moderno la existencia parece no conocer ning\u00fan presente, sino s\u00f3lo el devenir sin fin que disuelve en la fugacidad los tramos singulares del camino y su percepci\u00f3n subjetiva, desplaz\u00e1ndolos hacia el futuro. El individuo agota todas sus fuerzas en perseguir un fin que est\u00e1 siempre un poco m\u00e1s adelante.<br>\nEl tiempo gramatical de una vida as\u00ed vivida y destruida es una suerte de futuro anticipado, con cuya ayuda el hombre se sit\u00faa en un nivel temporal en el que las cosas \u00abya habr\u00e1n sido\u00bb. La movilidad de bienes, hombres, energ\u00eda, informaci\u00f3n es el valor fundamental.<br>\nLa Ilustraci\u00f3n introdujo una apremiante solicitud de tiempo, pues hab\u00eda que recuperar el retraso de la raz\u00f3n. Para ello, el \u00fanico procedimiento era acelerar los procesos. El tiempo, que hasta entonces no era m\u00e1s que un medio en el que hac\u00edan su aparici\u00f3n acciones y actores, se convierte en un poder al que todo se conf\u00eda en virtud de su mera cantidad. Este cambio de escala trajo como consecuencia que el individuo se viera zarandeado entre el entusiasmo por la nuevas dimensiones de los proyectos hist\u00f3ricos y el desconsuelo ante su insignificancia personal.<br>\nLa modernidad hace de la vida un proceso en devenir, el viaje se convierte en su s\u00edmbolo preferido. En un mundo en el que todas las cosas son medio para alcanzar un objetivo, el viaje era la figura emblem\u00e1tica de una libertad triunfante y el esp\u00edritu del viajero era el portador de esa mentalidad, que hab\u00eda hecho de la historia una epopeya que part\u00eda de la necesidad para llegar a la libertad.<br>\nPero el romanticismo registra la conversi\u00f3n del movimiento en condena, de la velocidad en v\u00e9rtigo. El viaje tiene dentro de s\u00ed mismo el terrible l\u00e1tigo de la inquietud, la intranquilidad perpetua, la tr\u00e1gica inestabilidad espiritual. Es el momento en el que reaparece el tema del \u00abjud\u00edo errante\u00bb en escritores como Quinet, Lenau, Wagner, Baudelaire, Rimbaud\u2026<br>\nResulta un tanto parad\u00f3jico, o quiz\u00e1 sea el destino de todo deseo que deviene realidad, que la movilidad deje de ser promesa de felicidad en la \u00e9poca de su realizaci\u00f3n t\u00e9cnica.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>LEJAN\u00cdA Y FELICIDAD<\/strong><\/p>\n<p>La conciencia rom\u00e1ntica surge de la experiencia del cierre del horizonte, a la vez que la interioridad pierde su precaria consonancia con el sentido del mundo exterior. Esta experiencia hace po\u00e9ticamente inv\u00e1lidos todos los tipos de movilidad en el espacio, cualquier g\u00e9nero de movimiento hacia un lugar de plenitud. Del movimiento resulta, pues, un doble malestar: el que procede de la condena al tiempo desmesurado y el de la condena a la fugacidad, el terror de lo inacabable y el de la extra\u00f1eza creciente del mundo.<br>\nEl impulso categ\u00f3rico de la modernidad dice: para demostrar que somos agentes de progreso debemos superar todas las circunstancias en las cuales el hombre aparece como un ser impedido en su movimiento, estancado.<br>\nLo que caracterizaba al progreso era que la movilidad superaba viejos l\u00edmites, ampliaba el \u00e1mbito de su acci\u00f3n y se hac\u00eda valer con buena conciencia frente a los obst\u00e1culos interiores y las resistencias externas. As\u00ed se explican las conquistas de movilidad que han tenido lugar en estos doscientos a\u00f1os en el \u00e1mbito de la pol\u00edtica, la econom\u00eda, el lenguaje, la informaci\u00f3n, el tr\u00e1fico, el sexo.<br>\nEs caracter\u00edstico que los procesos progresivos comiencen con una iniciativa \u00e9tica y contin\u00faen con una inercia cin\u00e9tica. Es el exceso cin\u00e9tico, que sobrepasa los l\u00edmites hasta arribar a lo no pretendido, la din\u00e1mica de las masas muertas que, una vez puestas en movimiento, ya no quieren saber nada de finalidades morales. El fatalismo es la otra cara del activismo irreflexivo.<br>\n<strong>SERENIDAD SUBVERSIVA<\/strong><br>\nLo que el siglo XIX celebr\u00f3 con euforia se ha convertido hoy en una realidad prosaica, con consecuencias que no son triviales. Por eso me parece que la cr\u00edtica social no puede ser hoy otra cosa que cr\u00edtica de la falsa movilidad. La serenidad es ahora m\u00e1s subversiva que la prisa, la reflexi\u00f3n m\u00e1s oportuna que la acci\u00f3n.<br>\nUna escuela de desmovilizaci\u00f3n deber\u00eda ense\u00f1ar la resistencia contra aquella constricci\u00f3n impersonal ejercida a trav\u00e9s del tiempo, que se esconde en diversas formas de organizaci\u00f3n t\u00e9cnica y econ\u00f3mica.<br>\nEn la novela del alem\u00e1n Sten Nadonly (Die Entdeckung der Langsamkeit. Piper. M\u00fcnchen, 1990; El descubrimiento de la lentitud. Debate. Madrid, 1993), tambi\u00e9n los personajes son devorados por la prisa.<br>\nEs la historia de un hombre fundamentalmente lento, John Franklin, investigador y navegante que existi\u00f3 de hecho (1786-1847). Su expedici\u00f3n aparece bajo una luz nueva, abierta a una \u00e9pica que ya no tiene que ver con la velocidad sino con la lentitud.<br>\nNada mejor que la narraci\u00f3n de un viaje para describir el encuentro del hombre con el mundo desconocido, pues todo viaje igual el que atraviesa el oc\u00e9ano que el que discurre entre las paredes de una habitaci\u00f3n es una odisea, una b\u00fasqueda aventurera de la respuesta a la pregunta de si el sujeto se encuentra o se pierde en el contacto con el mundo y con los otros, si se forma o se destroza, si se confirma o resulta ser un nadie.<br>\nTras su regreso del \u00c1rtico a Londres, Franklin ha comprobado que \u00abpor todas partes no hay m\u00e1s que tiempo escaso y prisa\u2026 Echar mano de la cadena del reloj era m\u00e1s frecuente que de la del perro. Apenas se o\u00edan blasfemias, pues el grito no hay tiempo hab\u00eda ocupado su lugar\u00bb.<br>\nLa novela es una magnifica invitaci\u00f3n a resistir la destrucci\u00f3n del tiempo, contra la rapidez, contra la aniquilaci\u00f3n del presente ante la violencia abrumadora que por todas partes amenaza. John Franklin es un marino, un viajero, uno de los grandes exploradores del \u00c1rtico, a quien se le hab\u00eda metido en la cabeza la obsesi\u00f3n de descubrir el Pasaje del Noroeste a trav\u00e9s del Polo. Su verdadera gesta consiste en haber descubierto el presente y aquella lentitud que hace posible este hallazgo.<br>\n\u00c9ste era, desde el principio, el objetivo que le hab\u00eda movido a hacerse marino y descubridor, a buscar el paisaje de su alma sobre el mar y en el continente helado. Ambos se le presentaban como escenarios del ser, que es presente y no desaparece hacia delante, que se basa en la duraci\u00f3n y en la constancia sin prisa.<br>\nCuando era joven so\u00f1aba con su t\u00edo, que \u00abhab\u00eda sido navegante y encontrado el polo norte, tan lejos que el sol no se pon\u00eda y el tiempo no corr\u00eda\u00bb. M\u00e1s tarde, contemplando el mar, le pareci\u00f3 que era indestructible. Miles de flotas no hab\u00edan dejado huella alguna sobre \u00e9l.<br>\nEl mar ten\u00eda un aspecto diferente de un d\u00eda para otro y duraba as\u00ed hasta la eternidad. Y al escuchar la Sonata Opus 111 de Beethoven, descubre tambi\u00e9n en ella la absoluta carencia de tiempo, la suspensi\u00f3n del continuo, y vuelve a su familiar met\u00e1fora: \u00abel movimiento lento es como el mar\u00bb.<br>\n<strong>LENTITUD COMO RESISTENCIA<\/strong><br>\nEl descubrimiento de la lentitud significa para el audaz marino, a diferencia del errante condenado, desarrollar una estrategia de resistencia contra la implacable corrosi\u00f3n de la vida, que se realiza mediante la velocidad y la premura angustiosa del mundo. La sociedad se funda en el imperativo y la necesidad de ser r\u00e1pido, y de este modo ejerce un poder aniquilador. Todo v\u00ednculo social, desde el m\u00e1s simple hasta la estructura m\u00e1s compleja, es veloz y destructor.<br>\nLos barcos de guerra y ca\u00f1ones traen muerte y destrucci\u00f3n gracias a su agilidad en los asaltos. Las calles de Londres se transforman en desfiladeros infernales, por los que circula permanentemente un flujo salvaje de hombres y carros. El poder pol\u00edtico en este caso la Inglaterra victoriana invade el mundo con su insaciable impulso de conquistar, ocupar y poseer.<br>\nCuando era peque\u00f1o, los compa\u00f1eros de John le recriminan su ineficaz lentitud en el juego. \u00c9l es un estratega que organiza la resistencia contra la velocidad y contra la sociedad que en ella se basa. Transforma su lentitud perceptiva en un filtro de reflexi\u00f3n, de tal modo que realmente se hace a fondo con las cosas que entran en su campo de atenci\u00f3n. Consigue hacer de su torpeza un instrumento que le permite penetrar en lo esencial de la realidad.<br>\nEn medio del curso violento de acontecimientos vertiginosos, ca\u00f3ticos e incomprensibles, los contempla con una especie de lupa temporal. Su premiosidad, en la medida en que le impide una r\u00e1pida visi\u00f3n de conjunto, le protege igualmente de las acciones precipitadas y de los errores que se siguen de conclusiones superficiales y atropelladas, a la vez que proporciona a su pensamiento una extraordinaria capacidad de sondear el detalle con minuciosa exactitud. Del mismo modo, percibe aquellos movimientos que a causa de su lentitud los dem\u00e1s apenas advierten.<br>\nGracias a esta capacidad, sabe aprovechar los caminos de huida decisivos, tambi\u00e9n los m\u00e1s angostos, que le salvan junto con sus compa\u00f1eros ante la cat\u00e1strofe de los combates, del naufragio, de perderse en el hielo. \u00abComo Franklin era tan lento, nunca perd\u00eda el tiempo\u00bb. Hab\u00eda aprendido a vivir con su aparente torpeza, hasta resultar menos est\u00fapido que los otros. Ni siquiera la muerte al acecho, inminente, le hac\u00eda interrumpir o acelerar una meditaci\u00f3n. Con frecuencia escapaba a la muerte, pues \u00abera m\u00e1s lento que ella\u00bb.<br>\nLa transformaci\u00f3n de un impedimento o infortunio en un don, de una carencia en una ventaja que hace posible la supervivencia, convierte a John Franklin en un \u00abh\u00e9roe\u00bb de la \u00abliteratura de la ausencia\u00bb, de la \u00abest\u00e9tica del fracaso\u00bb y de lo negativo, un hermano peque\u00f1o de aquellos anti-h\u00e9roes de Kafka, Walser o Canetti, que cargan con la negatividad de la vida y de su \u00e9poca, indentific\u00e1ndose con la debilidad, la pereza y la derrota.<br>\nEstos personajes son testimonio de la inautenticidad de la mediatez y de la distancia entre la vida y su significado. Como agrimensor de su propia lentitud, John es capaz de transplantar la realidad, pieza por pieza, en un preciso sistema de coordenadas, de poner en orden el caos de las cosas, los pensamientos, los deseos.<br>\nAjeno a cualquier forma de culto hacia la ciencia, calcula con minucia la realidad para comprobar los l\u00edmites de lo medible y remitir el resto a lo inefable, lo que se mueve m\u00e1s all\u00e1 del c\u00e1lculo. Unas veces es el mar, otras los hielos desmesurados, el inencontrable y sin beneficio econ\u00f3mico Pasaje del Noroeste o las voces confusas que surgen del oleaje. Siempre es posible dirigir la mirada fugitiva hacia lo innombrable, dirigirse al punto accesible, cuidadosamente calculado, desde el que se desvela el misterio al observador.<br>\n<strong>LA VELOCIDAD DESIGUAL<\/strong><br>\nUna de las cosas que descubre la visi\u00f3n atenta de la realidad es que lo simult\u00e1neo es una ilusi\u00f3n, que no es verdad que todos tengamos el mismo tiempo: hombre y mujer, ciencias y letras, pobres y ricos, optimistas y melanc\u00f3licos.<br>\nQue los mercados financieros de Nueva York y de Tokio est\u00e9n sincronizados tiene una significaci\u00f3n muy escasa en nuestro mundo vital, la instauraci\u00f3n de una misma medida para todos no supone necesariamente m\u00e1s igualdad. Quien controla esta simultaneidad aparente controla todos los tiempos particulares que de ella dependan.<br>\nLa novela muestra que lentitud y velocidad se complementan. El protagonista recuerda la proposici\u00f3n que un d\u00eda le hizo un m\u00e9dico amigo, a la vista de \u00abla fatal aceleraci\u00f3n de nuestra \u00e9poca\u00bb: medir con unos aparatos especiales la velocidad de cada individuo y entonces decidir para qu\u00e9 estaba especialmente dotado cada uno. Porque hay \u00abprofesiones de la panor\u00e1mica\u00bb (las del cochero o el parlamentario) y \u00abprofesiones del detalle\u00bb (las del artesano, el m\u00e9dico o el pintor). Los primeros pueden arregl\u00e1rselas bien con la aceleraci\u00f3n, pero los segundos han de hacerse un hueco con cierta dificultad. \u00bfQu\u00e9 es lo que \u00e9stos pueden ofrecer en una cultura de la prisa? Fundamentalmente todo aquello para lo que se requiere un cultivo de la atenci\u00f3n.<br>\nEs cierto, vivimos en un mundo vertiginoso, pero tambi\u00e9n tenemos al alcance medios para compensarlo. La velocidad no vence por completo a la lentitud; m\u00e1s bien la necesita para reparar sus propias disfunciones y con frecuencia acude a ella en secreto.<br>\nSi, por ejemplo, nuestro tiempo est\u00e1 caracterizado por una creciente aceleraci\u00f3n, esto significa que nuestras experiencias envejecen cada vez m\u00e1s r\u00e1pido. \u00c9ste es el problema de la obsolescencia que acompa\u00f1a a toda aceleraci\u00f3n; la creaci\u00f3n de novedades incrementa lo que ha de desecharse.<br>\nA la innovaci\u00f3n le sigue el cementerio. A una cultura de la basura le acompa\u00f1a siempre otra del reciclaje. Si en el \u00e1mbito de la ciencia y la t\u00e9cnica aumenta el envejecimiento, en el de las letras recae la tarea de rescatar, de las particularidades agonizantes, las significaciones que no merecen perecer. Tras la revoluci\u00f3n viene el museo, es decir: el sentido est\u00e9tico y el hist\u00f3rico. Donde crece la extra\u00f1eza crece tambi\u00e9n la necesidad de interpretar lo pasado.La era del desecho es tambi\u00e9n la era del museo y el monumento, de los parques naturales, de la protecci\u00f3n del sentido de continuidad hist\u00f3rica, de la ecolog\u00eda f\u00edsica y la del esp\u00edritu precisamente las humanidades, los saberes de la interpretaci\u00f3n y del recuerdo, de la lentitud.<br>\nLa lentitud es necesaria para sobrevivir en ese cambio. Ayuda a superar la insatisfacci\u00f3n con el mundo que bajo la forma de desorientaci\u00f3n o perplejidad surgir\u00eda ante la impresi\u00f3n de caducidad generalizada.<br>\n<strong>EXPERIENCIA E ILUSI\u00d3N: LA SALVACI\u00d3N HUMANISTA<\/strong><br>\nLa extra\u00f1eza crece en una sociedad acelerada, nuestras experiencias envejecen con creciente rapidez. El mundo se ampl\u00eda enormemente, pero los experimentos t\u00e9cnico-cient\u00edficos que lo sustentan no est\u00e1n a nuestro alcance. A los cient\u00edficos se les cree. De ello resulta la sustituci\u00f3n de experiencias por expectativas ilusorias, hasta que por fin dejamos de percibir la realidad y adquiere el estatuto de ilusi\u00f3n (la confianza en el cient\u00edfico, el video juego, la realidad virtual, el p\u00e1nico en las bolsas, el rumor, la simulaci\u00f3n pol\u00edtica\u2026).<br>\nSi las ciencias f\u00edsico-matem\u00e1ticas tuvieran el monopolio de la experiencia, los no versados vivir\u00edamos en un mundo irreal, de pura creencia, sustentado en experimentaciones sofisticadas cuya validez no podr\u00edamos comprobar.<br>\nAfortunadamente, existen las letras \u201eoque todo el mundo entiende m\u00e1s o menos\u201eo para las que no hay una frontera exacta entre profesionales y aficionados, ni acreditaciones de competencia exclusiva. En esta situaci\u00f3n, los saberes human\u00edsticos son un camino de retorno desde lo ficticio a la realidad, aunque en apariencia tienen que ver con todo lo contrario: mundos irreales, mitos superados, libros envejecidos, teor\u00edas et\u00e9reas, sentidos indemostrables, horrores y bellezas en estado puro, gestas y tragedias\u2026<br>\nFue Odo Marquard quien recogi\u00f3 lo mejor de la concepci\u00f3n rom\u00e1ntica del arte como \u00abanti-ficci\u00f3n\u00bb, cuya tarea no tiene lugar en el \u00e1mbito de lo ficticio, sino que es instrumento para obtener experiencias de reflexi\u00f3n y atenci\u00f3n por algo Schelling llamaba al arte el \u00f3rgano de la filosof\u00eda.<br>\nEl mundo del arte, al presentarnos la condici\u00f3n humana de una forma que nos es in\u00e9dita y familiar a la vez \u201eopues todo el mundo entiende el dolor y el llanto, cualquiera sabe de amores y traiciones puede ser de gran relevancia en una sociedad precipitadamente dividida entre legos y competentes. Permite enriquecer las experiencias sin que dejen de ser nuestras. Por eso puede contribuir a que deje de ser necesario adquirir competencia t\u00e9cnica a cambio de rudimentalismo cultural o pagar con un analfabetismo tecnol\u00f3gico la privacidad llena de sentido; en otros t\u00e9rminos, contribuye a que no haya que optar entre la lentitud y la prisa.<br>\nHay un fen\u00f3meno curioso sobre todo en el campo de la moda y la pol\u00edtica que los lentos, los pol\u00edticos de trayectoria larga y las madres de familia en apuros conocen muy bien. Se trata de una especie de astucia de la pereza que ha aprendido a esperar la reactualizaci\u00f3n de lo viejo.<br>\nEn ocasiones, la velocidad del progreso puede ponerse en servicio de la lentitud. Entre m\u00e1s r\u00e1pido envejece lo nuevo, m\u00e1s r\u00e1pido lo viejo puede convertirse en nuevo. Uno puede dejarse adelantar sin preocuparse y esperar a que el curso del mundo le vuelva a alcanzar. No s\u00f3lo a los que est\u00e1n a la caza de la \u00faltima vanguardia, sino tambi\u00e9n a los cultivadores de la lentitud, les suceder\u00e1 que ocasionalmente y cada vez con mayor frecuencia se encuentren en la cresta de la ola, a la altura de los tiempos.<br>\nLa historia es el eterno retorno de lo distinto. Por eso no conviene desprenderse de las ideas, los gustos y las corbatas, ahora menos que nunca. Y a veces es un signo de cordura elegir lo que ya es viejo para ahorrarse la desagradable experiencia de verlo envejecer.<br>\n<strong>C\u00d3MO AHORRAR TIEMPO<\/strong><br>\nLa cultura de la lentitud es el mejor soporte para que la velocidad no estalle tras haberse hecho insoportable. Una de las cosas que ense\u00f1a es que hay otras maneras de ahorrar tiempo distintas de la aceleraci\u00f3n, por ejemplo, la rutina o el h\u00e1bito que nos libera de la penosa obligaci\u00f3n de tomar a cada momento decisiones de principio. Otra es la confianza, que se establece sobre el supuesto de una relaci\u00f3n duradera.<br>\nLas interacciones de corto plazo niegan el tiempo y all\u00ed donde el tiempo es desatendido desaparece tambi\u00e9n la responsabilidad. Un trato m\u00e1s estable con los hombres y con las cosas disminuye esa velocidad vertiginosa que tan equ\u00edvocas consecuencias tiene sobre el equilibrio personal.<br>\nLa experiencia de la novedad, en un sentido psicol\u00f3gico o hist\u00f3rico, s\u00f3lo es posible sobre el trasfondo de una duraci\u00f3n; cuando \u00e9sta se fragmenta resultan indiscernibles el movimiento espasm\u00f3dico y el tedio. Por eso apremiaba el historiador Reinhart Koselleck a \u00abencontrar cambios de largo plazo o presupuestos duraderos, con el fin de poder entender la irrepetibilidad de la propia sorpresa\u00bb. La duraci\u00f3n al servicio de la novedad, esperar para poder descubrir, paciencia a cambio de sorpresa. Es una l\u00facida invitaci\u00f3n hacia un modelo narrativo basado en la longue dure\u00e9: acentuar las vivencias subjetivas frente a las estructuras y procesos objetivos, los ritmos largos frente a las grandes acciones individuales o colectivas y los acontecimientos que hacen \u00e9poca.<br>\nNo hay cultura sin reflexividad. Otra forma de ahorrar tiempo sin tener que renunciar a la meditaci\u00f3n consiste en cultivar razonablemente las expectativas. Niklas Luhmann ha observado c\u00f3mo \u00abla impresi\u00f3n de escasez de tiempo s\u00f3lo surge por unas expectativas exageradas. Las vivencias y las acciones requieren su tiempo y no se pueden depositar en un espacio de tiempo limitado. El horizonte del tiempo y la estructura de las expectativas deben estar acompasados\u00bb.<br>\nEl activismo es por lo general la otra cara de una angustia producida por la propia impotencia. Cuando la totalidad es el resultado de una construcci\u00f3n, el impaciente sujeto se descubre como el creador arbitrario de toda la significaci\u00f3n de las cosas, pero tal hallazgo le agota y desespera. No es necesario buscar en causas et\u00e9reas el origen de ese cansancio que tanta atenci\u00f3n ha merecido recientemente.<br>\nQuiz\u00e1s lo m\u00e1s valioso de la posmodernidad sea haber transformado las orgullosas frases activas de la modernidad en enunciados pasivos o en giros impersonales, m\u00e1s all\u00e1 de lo gramatical. Es la posibilidad, nada menos, de que la concepci\u00f3n contempor\u00e1nea del sentido del ser recoja adem\u00e1s de hechos, productos y acuerdos sufrimientos, acontecimientos y procesos.<br>\nLa modernidad nos ha inundado de teor\u00edas de la acci\u00f3n, del padecer \u00fanicamente sab\u00eda que era posible \u00abaprovecharlo\u00bb como motor para las acciones. Lo que parece estar anunci\u00e1ndose es la conveniencia de desarrollar una conciencia pasiva de nuestra finitud, c\u00f3mplice leal de la verdadera movilidad humana.<br>\nUna poes\u00eda de las cosas atraviesa la novela de Nadonly, una poes\u00eda de los objetos y de su percepci\u00f3n, del respeto que se expresa en la comprobaci\u00f3n exacta de sus medidas, en el amor a la ciencia y al experimento ingenuo, no al que tiene los resultados furtivamente preparados de antemano.<br>\nLa pregunta central planteada en todos los \u00e1mbitos es \u00absi hay que crear primero lo bello y lo bueno o si ya lo hay en el mundo. Como descubridor, John cre\u00eda lo segundo\u00bb. A los descubrimientos que hacen posible la lentitud no se llega esforzadamente, no es el resultado de un triunfo sobre algo o sobre alguien.<br>\nEl paisaje de la lentitud est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de todo combate y de la inquieta ambici\u00f3n de resultar vencedor, pues precisamente esa inquietud es la que destruye el presente. John Franklin lo encuentra por fin cuando, al escuchar la sonata de Beethoven, se da cuenta de que en realidad \u00abno hay ni victorias ni derrotas\u00bb.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"25316\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&iquest;Puede un hombre transformar un impedimento en un don? &iquest;Es siempre la lentitud una desventaja? 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