{"id":25222,"date":"2001-01-01T00:00:00","date_gmt":"2001-01-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=25222"},"modified":"2023-11-04T14:20:49","modified_gmt":"2023-11-04T19:20:49","slug":"perdonar__y","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2001\/01\/01\/perdonar__y\/","title":{"rendered":"Perdonar  \u00bfy?"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"25222\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p class=\"subtit\"><strong>DIS-CULPAR O PERDONAR<\/strong><\/p>\n<p>Si camino por la calle y de pronto tropiezo, pierdo el equilibrio e involuntariamente arrojo al suelo a un transe\u00fante, lo que procede es pedirle una disculpa. Si la v\u00edctima del accidente se da cuenta de que mi acci\u00f3n ha sido, en efecto, involuntaria, me dis-culpar\u00e1, es decir, reconocer\u00e1 que no fui culpable. En cambio, si ese mismo transe\u00fante, al llegar a su casa, insulta a su esposa, no bastar\u00e1 con que posteriormente solicite ser dis-culpado: deber\u00e1 pedir perd\u00f3n porque ha sido culpable de la ofensa cometida. Por tanto, se disculpa al inocente y se perdona al culpable. Disculpar es un acto de justicia porque el agresor merece que se le reconozca que no es culpable, tiene derecho a la disculpa, mientras que el perd\u00f3n trasciende la estricta justicia porque el culpable no merece el perd\u00f3n; si se le perdona es por un acto de amor, de misericordia.<br>\nNo cabe duda que resulta m\u00e1s f\u00e1cil disculpar que perdonar. Cuando me doy cuenta de que alguien no tiene la culpa, no encuentro en m\u00ed ninguna resistencia para disculparlo porque lo natural es precisamente reconocer su inculpabilidad. En cambio, cuando descubro que el ofensor es culpable de su acci\u00f3n, de ordinario surge una reacci\u00f3n natural, inspirada en el sentido de justicia, que inclina a exigir que el agresor cargue con las consecuencias de su actuar, que pague por los da\u00f1os cometidos. El perd\u00f3n, entonces, implica ir en contra de esa primera reacci\u00f3n espont\u00e1nea, sobreponerse a la inclinaci\u00f3n de exigir lo que parece dictar la justicia, pero que es superado por la misericordia. Lo que no tiene sentido, porque se tratar\u00eda de un esfuerzo est\u00e9ril, es perdonar lo excusable, lo que merece una simple disculpa. Y esto puede ocurrir si no se distingue, en la pr\u00e1ctica, lo disculpable de lo perdonable.<br>\nEn la vida ordinaria es frecuente que muchas acciones en apariencia ofensivas se interpreten como agresiones culpables, cuando en realidad no lo son porque carecen de intencionalidad. Tal ocurre con las omisiones involuntarias. Una buena dosis de reflexi\u00f3n, unida a la actitud de ponerse en el lugar del otro, permite comprender con objetividad tales acciones u omisiones y descubrir que en m\u00faltiples casos no es necesario perdonar; basta con disculpar, porque el supuesto agresor actu\u00f3 por error, ignorancia o simple distracci\u00f3n. As\u00ed, adem\u00e1s, quien sufri\u00f3 el agravio se ahorra del peso extra que supone tener que perdonar.<br>\nOtras veces ocurrir\u00e1 que descubriremos circunstancias atenuantes que reducen el grado de culpabilidad, como el padre de familia que llega a casa cansado, despu\u00e9s de un d\u00eda problem\u00e1tico en su trabajo, y reacciona con mal humor ante la m\u00fasica estruendosa que est\u00e1n oyendo sus hijos; o la esposa que no recibe al marido con todo el afecto que \u00e9l esperar\u00eda, porque est\u00e1 con los nervios de punta despu\u00e9s de una jornada en la que ha tenido que atender m\u00faltiples asuntos dom\u00e9sticos. Tambi\u00e9n podr\u00e1 suceder que existan circunstancias m\u00e1s permanentes que, si se comprenden, simplifican mucho el problema del perd\u00f3n, traslad\u00e1ndolo al terreno de lo excusable; los padres que captan con profundidad el temperamento de sus hijos o la etapa de la vida por la que est\u00e1n pasando no se sorprenden por las reacciones correspondientes a esas circunstancias y, cuando son ofensivas, muchas veces las disculpan sin necesidad de perdonarlas, por los atenuantes que descubren.<br>\nCiertamente, no se trata de cerrar los ojos a la realidad, sino de distinguir con la mayor precisi\u00f3n posible lo culpable de lo excusable, porque \u00abcon una excusa perfecta, no necesitamos perd\u00f3n; pero si una acci\u00f3n requiere ser perdonada, es imposible una excusa\u00bb. El verdadero realismo conduce a la comprensi\u00f3n objetiva de los dem\u00e1s, que no consiste en juzgarlos como si fueran objetos lejanos o enemigos potenciales, sino en mirarlos con amor para descubrir todos los atenuantes que han de incluirse en el juicio y as\u00ed reducir el perd\u00f3n a lo estrictamente culpable.<br>\n<strong>EN EL EXTREMO DE LA JUSTICIA<\/strong><br>\nEn el Antiguo Testamento prevalec\u00eda la ley del Tali\u00f3n, inspirada en la estricta justicia: \u00abojo por ojo, diente por diente\u00bb. Jesucristo viene a perfeccionar la Antigua Ley e introduce una modificaci\u00f3n fundamental que consiste en vincular la justicia a la misericordia, m\u00e1s a\u00fan, en subordinar la justicia al amor, lo cual resulta tremendamente revolucionario. A partir de \u00c9l, las ofensas recibidas deber\u00e1n perdonarse, porque el perd\u00f3n formar\u00e1 parte esencial del amor. \u00abQuiere, desde el primer momento, que quede claro que \u00e9l no pide \u201cun poco m\u00e1s de amor\u201d, que \u201csu\u201d amor no es \u201cir un poquito m\u00e1s all\u00e1 de lo que se\u00f1alar\u00eda la justicia\u201d, sino hacer, por amor, lo contrario de lo que exigir\u00eda la justicia, y\u00e9ndose al otro extremo por el camino del perd\u00f3n y del amor\u00bb.<br>\nLa misericordia que Jes\u00fas practica y exige a los suyos choca, no s\u00f3lo con el sentir de su \u00e9poca, sino con el de todos los tiempos: \u00abHan o\u00eddo ustedes que se dijo: Ama a tu pr\u00f3jimo y odia a tu enemigo. Yo, en cambio, les digo: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian y rueguen por los que los persiguen y calumnian\u00bb. \u00abAl que te golpee en una mejilla, pres\u00e9ntale la otra; al que te quite el manto, d\u00e9jalo llevarse tambi\u00e9n la t\u00fanica\u00bb. Estas exigencias del amor superan la natural capacidad humana, por eso Jes\u00fas invita a los suyos a una meta que no tiene l\u00edmites, porque s\u00f3lo desde ah\u00ed podr\u00e1n intentar lo que les est\u00e1 pidiendo: \u00abSean misericordiosos, como su Padre es misericordioso\u00bb. Para este ideal podr\u00e1n contar con la ayuda de Dios.<br>\n<strong>\u00bfQU\u00c9 ES PERDONAR?<\/strong><br>\nA diferencia del resentimiento producido por ciertas ofensas, el perd\u00f3n no es un sentimiento. Perdonar no equivale a dejar de sentir. Hay quienes consideran que est\u00e1n incapacitados para perdonar ciertos agravios porque no pueden eliminar sus efectos: no pueden dejar de experimentar la herida, el odio ni el af\u00e1n de venganza. De aqu\u00ed pueden derivarse complicaciones en el \u00e1mbito de la conciencia moral, especialmente si se tiene en cuenta que Dios espera que perdonemos para perdonarnos \u00c9l. La incapacidad para dejar de sentir el resentimiento, en el nivel emocional, puede ser, en efecto, insuperable, al menos en el corto plazo. Sin embargo, si se comprende que el perd\u00f3n se sit\u00faa en un nivel distinto al del resentimiento, esto es, en el nivel de la voluntad, se descubrir\u00e1 el camino que apunta a la soluci\u00f3n.<br>\nEl empleado que ha sido despedido injustamente de la empresa, el c\u00f3nyuge que ha sufrido la infidelidad de su pareja, los padres que han padecido el secuestro de un hijo, pueden decidir perdonar, a pesar del sentimiento adverso que necesariamente est\u00e1n experimentando, porque el perd\u00f3n es un acto volitivo y no un acto emocional. Entender esta diferencia, entre sentir una emoci\u00f3n y tomar una decisi\u00f3n, es ya un paso importante para clarificar el problema. Muchas veces en la vida debemos actuar en sentido inverso a la direcci\u00f3n que marcan nuestros sentimientos, y de hecho lo hacemos porque nuestra voluntad se sobrepone a nuestras emociones. Por ejemplo, cuando sentimos des\u00e1nimo por alg\u00fan fracaso que hemos tenido en la realizaci\u00f3n de una tarea y, en lugar de abandonarla, nos sobreponemos y seguimos adelante hasta concluirla; cuando alguien nos ha molestado y sentimos el impulso de agredirlo, pero decidimos controlarnos y ser pacientes; cuando experimentamos inclinaci\u00f3n hacia la pereza y sin embargo optamos por trabajar. En todos estos casos se manifiesta la capacidad de la voluntad para dominar los sentimientos. Lo mismo ocurre cuando perdonamos, a pesar de que emocionalmente nos encontremos inclinados a no hacerlo.<br>\nEl perd\u00f3n es un acto de la voluntad porque consiste en una decisi\u00f3n. \u00bfCu\u00e1l es el contenido de esta decisi\u00f3n? \u00bfQu\u00e9 es lo que decido cuando perdono? Al perdonar opto por cancelar la deuda moral que el otro ha contra\u00eddo conmigo al ofenderme y, por tanto, lo libero en cuanto deudor. No se trata, evidentemente, de suprimir la ofensa cometida, de eliminarla y hacer que nunca haya existido, porque carecemos de ese poder. S\u00f3lo Dios puede borrar la ofensa y conseguir que el ofensor regrese a la situaci\u00f3n en que se encontraba antes de cometerla. Pero nosotros, cuando perdonamos de verdad, desear\u00edamos que el otro quedara completamente eximido de la mala acci\u00f3n que cometi\u00f3. Por eso, \u00abperdonar implica pedir a Dios que perdone, pues s\u00f3lo as\u00ed la ofensa es aniquilada\u00bb. Este modo de proceder es radical e incluye diversas consecuencias para quien perdona. Ve\u00e1moslas.<br>\n<strong>MODIFICAR LOS SENTIMIENTOS NEGATIVOS<\/strong><br>\nLa decisi\u00f3n de cancelar la deuda al ofensor es un acto de amor y exige tambi\u00e9n el deseo de eliminar los efectos subjetivos que la ofensa produjo en m\u00ed, como son el odio, el resentimiento, el af\u00e1n de venganza. Perdonar \u00abes dejar de odiar, y \u00e9sa es, precisamente, la definici\u00f3n de la misericordia: es la virtud que triunfa sobre el rencor, sobre el odio justificado (por lo que trasciende la justicia), sobre el resentimiento, el deseo de venganza o de castigo. Es entonces la virtud que perdona, no por la supresi\u00f3n de la infracci\u00f3n o de la ofensa \u00be lo que no podemos hacer\u00be sino por la interrupci\u00f3n del resentimiento hacia quien nos ofendi\u00f3 o perjudic\u00f3\u00bb. Es cierto que, como hemos dicho, esta decisi\u00f3n no elimina de imediato las tendencias emocionales, los sentimientos generados por la agresi\u00f3n, pero lleva a no consentirlos y a poner los medios para tratar de modificarlos progresivamente.<br>\nLa eliminaci\u00f3n de esos sentimientos negativos, provocados por la ofensa, puede resolverse por una v\u00eda indirecta. En lugar de reprimirlos sin m\u00e1s \u00be con lo que no conseguir\u00edamos eliminarlos\u00be es m\u00e1s efectivo tratar de darles un giro que los haga cambiar de signo. Al sentir la herida, podemos pensar en el da\u00f1o que el otro se ha hecho a s\u00ed mismo al ofendernos, y dolernos por \u00e9l; podemos tambi\u00e9n pedir a Dios que lo ayude a enmendar su acci\u00f3n err\u00f3nea, a pesar de que estemos a\u00fan experimentando sus efectos. Dicho con mayor propiedad, \u00abno est\u00e1 en nuestra mano no sentir ya la ofensa y olvidarla; pero el coraz\u00f3n que se ofrece al Esp\u00edritu Santo cambia la herida en compasi\u00f3n y purifica la memoria transformando la ofensa en intercesi\u00f3n\u00bb.<br>\nLa cancelaci\u00f3n de la deuda que se produce al perdonar implica a la persona que perdona. No es un acto en el que la propia subjetividad quede al margen, como si se tratara de un negocio que se resolviera fr\u00edamente. Perdonar exige restablecer la relaci\u00f3n que se ten\u00eda con el otro, antes de que cometiera la ofensa. Si la relaci\u00f3n era estrecha, exigir\u00e1 el restablecimiento del amor anterior. No basta con cancelar la deuda pero mantenerse al margen. Es preciso que ning\u00fan sentimiento despertado por la ofensa ensombrezca la relaci\u00f3n amorosa que exist\u00eda. Cuando alguien ha sido ofendido por un amigo, no podr\u00e1 decirle: te perdono, pero de ahora en adelante guardaremos nuestras distancias. Si realmente lo ha perdonado, las distancias han de desaparecer. Deber\u00e1 tratarlo como si nada hubiera ocurrido, aceptarlo a pesar del da\u00f1o ocasionado, aun cuando la herida no haya desaparecido todav\u00eda. Claro que, en este caso en el que la amistad exige reciprocidad, se requerir\u00e1 que el otro rectifique, porque si mantiene su disposici\u00f3n ofensiva, la relaci\u00f3n no se podr\u00e1 reconstruir, por m\u00e1s que el ofendido perdone.<br>\n<strong>PERD\u00d3N Y PRUDENCIA<\/strong><br>\nCuando alguien ha producido un da\u00f1o y mantiene su intenci\u00f3n de seguirlo cometiendo, es perfectamente v\u00e1lido que el afectado acompa\u00f1e su perd\u00f3n de las medidas de prudencia necesarias para evitar que el otro siga realizando su prop\u00f3sito. Si alguien viene a mi casa y roba o intenta agredir a una persona de la familia, lo puedo perdonar, pero evitar\u00e9 que vuelva a entrar a la casa, al menos mientras no me conste que sus intenciones han cambiado. Este modo de proceder no responde s\u00f3lo al derecho que tengo de proteger lo personal, sino tambi\u00e9n al af\u00e1n por ayudar al ofensor. Si perdonar es un acto de amor y el amor consiste en buscar el bien del otro, en la medida en que ayude al enemigo a evitar acciones que lo da\u00f1an, le estar\u00e9 haciendo el bien. Si adem\u00e1s de cerrarle las puertas de mi casa para que no concrete sus malos prop\u00f3sitos, puedo influir de alguna forma en su conducta, deber\u00e9 hacerlo si quiero llevar el perd\u00f3n hasta sus \u00faltimas consecuencias.<br>\nDel mismo modo, en algunas ocasiones el bien del agresor puede requerir de una acci\u00f3n punitiva por parte del que ha de perdonar. Una reprensi\u00f3n o incluso un castigo pueden ser compatibles con el perd\u00f3n, si lo que se busca es el bien del otro. Una madre puede llamar en\u00e9rgicamente la atenci\u00f3n a su hija que la ha desobedecido, y al mismo tiempo perdonarla; incluso imponerle alg\u00fan castigo, si ese recurso fuese lo m\u00e1s acertado para que se corrigiera. Tambi\u00e9n aqu\u00ed es necesario, en muchos casos, sobreponerse a los propios sentimientos si en verdad se busca el bien de los dem\u00e1s. Es m\u00e1s c\u00f3modo perdonar y quedarse pasivo ante el error del otro, que perdonarlo y tomar las medidas correctivas que lo mejoren. Perdonar no significa necesariamente cancelar el castigo o las deudas materiales \u00be que si se hiciera en algunos casos no favorecer\u00eda el bien del ofensor\u00be , sino eliminar la deuda moral que el otro contrajo conmigo al ofenderme.<br>\nPuede suceder que, despu\u00e9s de perdonar y renunciar a toda venganza personal, permanezca, amparado en el sentido de justicia, un sentimiento sutil: el deseo de que un tercero \u00be el destino o Dios mismo\u00be ejecute la venganza. Ser\u00eda como decir al ofensor: \u00abyo te perdono, pero ya te las ver\u00e1s con Dios\u00bb. Quien procediera de este modo en realidad no estar\u00eda perdonando. \u00abEl perd\u00f3n humano no equivale a vehicular la venganza humana a trav\u00e9s de la divina: decidir no vengarse porque Dios lo har\u00e1 por m\u00ed es una coartada que atenta directamente contra la piedad y contra el honor. Por tanto, quien sepa que m\u00e1s all\u00e1 del tiempo Dios decide el castigo, ha de pedir: \u201cperd\u00f3nanos a todos\u201d\u00bb.<br>\nEn resumen, perdonar es un acto radical de la voluntad, que incluye un aspecto objetivo y otro subjetivo. Por una parte, la decisi\u00f3n de cancelar la deuda moral derivada de la ofensa, restablecer la relaci\u00f3n con el ofensor y buscar su bien, seg\u00fan convenga en cada caso; por la otra, tratar de eliminar los sentimientos adversos provocados por la ofensa, sustituy\u00e9ndolos o cambi\u00e1ndolos por otros de signo positivo.<br>\n<strong>\u00abPERDONO PERO NO OLVIDO\u00bb<\/strong><br>\n\u00bfQu\u00e9 relaci\u00f3n existe entre perdonar y olvidar? \u00bfPerdonar es olvidar? \u00bfOlvidar es perdonar? \u00bfQu\u00e9 significa la expresi\u00f3n \u00abperdono pero no olvido\u00bb?<br>\nHemos visto que el acto de perdonar consiste en una decisi\u00f3n de la voluntad. La acci\u00f3n de olvidar, en cambio, tiene lugar en el \u00e1mbito de la memoria, que no responde inmediatamente a los mandatos de la voluntad. Yo puedo decidir olvidar una ofensa y que se borre aquel recuerdo, pero no lo consigo. La ofensa sigue ah\u00ed, en el archivo de la memoria, a pesar del mandato voluntario. Lo primero que esto me dice es que olvidar no es lo mismo que perdonar, porque yo puedo decidir perdonar y perdono, mientras que mi decisi\u00f3n de olvidar no tiene el mismo resultado. El perd\u00f3n, entonces, puede ser compatible con el recuerdo de la ofensa.<br>\nEn cambio, la expresi\u00f3n \u00abperdono pero no olvido\u00bb significa que, en el fondo, no quiero olvidar, y ese no querer olvidar equivale a no querer perdonar. \u00bfPor qu\u00e9? Cuando se perdona, se cancela la deuda del ofensor, lo cual es incompatible con la intenci\u00f3n de retenerla, de no querer olvidarla. En consecuencia, si bien no podemos identificar el perd\u00f3n con el hecho de olvidar el agravio, s\u00ed podemos decir que perdonar es querer olvidar. Se lee en la prensa la siguiente noticia que expresa, con otras palabras, esta idea: \u00abUnas 24 horas despu\u00e9s de que Cuauht\u00e9moc C\u00e1rdenas se reuni\u00f3 con el pr\u00f3ximo Presidente de la Rep\u00fablica, Vicente Fox, se le pregunt\u00f3: \u00be \u00bfAcepta la disculpa de Fox? \u00be \u00c9l la present\u00f3. \u00be \u00bfLa acepta? \u00be Yo s\u00f3lo me reun\u00ed con \u00e9l. \u00be \u00bfLo perdona o no? \u00be Seguiremos platicando. Ya por la ma\u00f1ana de ayer el ex candidato presidencial hab\u00eda afirmado: \u201cNo soy un hombre de rencores, pero los insultos se registran, todos lo hacemos \u00bfno?\u201d\u00bb.<br>\nOrdinariamente, si la decisi\u00f3n de perdonar \u00be que incluye el deseo de olvidar, de no registrar los insultos\u00be ha sido firme y se mantiene, el recuerdo de la ofensa ir\u00e1 perdiendo intensidad y, en muchos casos, acabar\u00e1 extingui\u00e9ndose con el paso del tiempo. Pero aun si esto \u00faltimo no ocurriera, el perd\u00f3n se habr\u00eda otorgado, porque su esencia no est\u00e1 en el hecho de olvidar, sino en la decisi\u00f3n de liberar al ofensor de la deuda contra\u00edda. Una se\u00f1al elocuente de que se ha perdonado, aunque no se haya podido olvidar, es que el recuerdo involuntario de la ofensa no cuenta en el modo de conducirse con el perdonado. \u00abTal vez no sea posible olvidar, pero hay que proceder como si hubi\u00e9ramos olvidado. El verdadero perd\u00f3n exige obrar de este modo. Porque el verdadero amor \u201cno lleva cuentas del mal\u201d (1 Cor 13, 5)\u00bb.<br>\nPor otra parte, \u00bfpodemos decir que olvidar es perdonar? Ya hemos visto que se trata de dos acciones distintas. Una ofensa se puede olvidar sin haber sido perdonada, aunque si el agravio ha sido intenso, dif\u00edcilmente se olvidar\u00e1 si no se perdona. Por eso, cuando la ofensa ha sido grande y se ha decidido perdonarla, el olvido puede ser una clara confirmaci\u00f3n de que realmente se ha perdonado. Borges narra, con brillante imaginaci\u00f3n, un supuesto encuentro de Ca\u00edn y Abel, tiempo despu\u00e9s del asesinato, que ilustra lo que acabo de decir: \u00abCaminaban por el desierto y se reconocieron desde lejos, porque los dos eran muy altos. Los hermanos se sentaron en la tierra, hicieron un fuego y comieron. Guardaban silencio, a la manera de la gente cansada cuando declina el d\u00eda. En el cielo asomaba alguna estrella, que a\u00fan no hab\u00eda recibido su nombre. A la luz de las llamas, Ca\u00edn advirti\u00f3 en la frente de Abel la marca de la piedra y dej\u00f3 caer el pan que estaba por llevarse a la boca y pidi\u00f3 que le fuera perdonado su crimen. Abel contest\u00f3: \u201c\u00bfT\u00fa me has matado o yo te he matado? Ya no recuerdo; aqu\u00ed estamos juntos otra vez como antes\u201d. \u201cAhora s\u00e9 que en verdad me has perdonado \u00be dijo Ca\u00edn\u00be . Porque olvidar es perdonar. Yo tratar\u00e9 tambi\u00e9n de olvidar\u201d\u00bb.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"25222\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Perdonar no es un tr&aacute;mite burocr&aacute;tico que tarda meses y meses para concluir &laquo;lo siento, no se pudo&raquo;, tampoco implica pactos ni firma de tratados condicionados. 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