{"id":25218,"date":"2001-01-01T00:00:00","date_gmt":"2001-01-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=25218"},"modified":"2023-11-08T06:06:20","modified_gmt":"2023-11-08T11:06:20","slug":"belleza_personal_profesion_obligada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2001\/01\/01\/belleza_personal_profesion_obligada\/","title":{"rendered":"Belleza personal: profesi\u00f3n obligada"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"25218\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p>Que la belleza no tiene el mismo valor en la mujer que en el hombre parece evidente. La identificaci\u00f3n del sexo femenino como el \u00abbello sexo\u00bb atraviesa diversas etapas, tanto por lo que respecta al cambiante estereotipo como a su significado y valor social.<br>\n<strong>UN ESTEREOTIPO MUTANTE<\/strong><br>\nArtes pl\u00e1sticas y literatura, as\u00ed como la trama visual de este siglo (cine, televisi\u00f3n, publicidad, etc\u00e9tera), muestran un ideal variable, elaborado sobre dos pilares: la adjudicaci\u00f3n de sentido est\u00e9tico a determinados elementos f\u00edsicos y el resultado final de proporciones y apariencia de una mujer. Si la piel marfile\u00f1a fue una vez sin\u00f3nimo de belleza, hoy lo es el tono dorado. Las mujeres de las tablas flamencas ser\u00edan consideradas ahora como insignificantes; las gracias de Rubens, tachadas de gordas. Los pies de las chinas fueron vendados para mantener un tama\u00f1o peque\u00f1o. Criaturas et\u00e9reas frente a mujeres rotundas, morenas que triunfan en los pa\u00edses n\u00f3rdicos mientras en otros las rubias van a la baja. As\u00ed un largo etc\u00e9tera.<br>\n\u00bfQueda hueco para un modelo universal? A duras penas estar\u00eda limitado a la inexistencia de deformidades, taras f\u00edsicas e imperfecciones cut\u00e1neas y, por supuesto, a la presencia de juventud. A lo largo de la historia, la consideraci\u00f3n de la belleza de una mujer ha implicado la ausencia de esos trazos que delatan la edad: arrugas, manchas, flacidez de tejidos\u2026 Y aunque ser joven no significa siempre ser guapa, parece admitido que no se puede ser bella si no se es joven. A la inicial y desigual valoraci\u00f3n que el factor est\u00e9tico tiene entre los dos sexos, se suma el diferente juicio sobre los efectos del paso del tiempo en uno y otro.<br>\nSi el concepto de belleza femenina es cultural \u2014est\u00e1 en el ojo de quien mira, individuo y colectividad\u2014, cabe indagar qu\u00e9 est\u00e1 detr\u00e1s y por qu\u00e9. Una primera aproximaci\u00f3n nos remite a los estudios de g\u00e9nero que consideran que el ideal de belleza y su sentido est\u00e1n unidos al papel asignado a la mujer.<br>\n<strong>\u00bfEN MANOS DE QUI\u00c9N EST\u00c1 LA BELLEZA?<\/strong><br>\nAs\u00ed, la belleza ha estado ligada a la tradicional atribuci\u00f3n al \u00absegundo sexo\u00bb de debilidad (f\u00edsica o mental) y pasividad. Hay un amplio imaginario que se nutre de mujeres s\u00edlfides, ang\u00e9licas, enfermas o hasta muertas. Es evidente la preferencia por representarlas est\u00e1ticas e incluso hier\u00e1ticas, simples objetos de la mirada ajena. A veces, incluso, absorbidas en su propia contemplaci\u00f3n.<br>\nPerdura hasta hoy la arcaica suposici\u00f3n de que la belleza no casa con la inteligencia, de acuerdo a la cual algunas guapas son tenidas por tontas. La pervivencia de este t\u00f3pico tiene tambi\u00e9n su explicaci\u00f3n en la implacable l\u00f3gica de la igualdad contempor\u00e1nea reacia a admitir que Dios o la naturaleza repartan sus dones de forma gratuita y arbitraria, sin el esp\u00edritu de racionalidad y compensaci\u00f3n que inspira al moderno Ministerio de Hacienda.<br>\nLa belleza femenina lo es tambi\u00e9n en funci\u00f3n de otro factor: el atractivo que tiene para los varones. Ciertos c\u00e1nones inciden en los rasgos diferenciales: donde en \u00e9l hay recta, en ella debe haber curva; lo que en \u00e9l es fuerza, en ella debe ser fragilidad. Otros \u2014algunos muy actuales\u2014 los desdibujan. En muchas culturas la belleza implica atenci\u00f3n preferente sobre aquellos elementos f\u00edsicos o sus caracter\u00edsticas que se asocian (con raz\u00f3n o sin ella, conscientemente o no) a la fertilidad: caderas anchas, existencia de grasas y, por supuesto, juventud. Quiz\u00e1s la pervivencia de la identificaci\u00f3n de belleza femenina y juventud resida ah\u00ed. A pesar de que hayamos desligado sexualidad y procreaci\u00f3n, la potencial fertilidad de una joven funciona todav\u00eda como un residuo, un atractivo para el var\u00f3n con el consiguiente valor est\u00e9tico.<br>\nEl atractivo sexual convierte a veces la apreciaci\u00f3n de la belleza en instinto, en meros atributos f\u00edsicos, como sucede en las Venus paleol\u00edticas (desnudas, acentuados sus \u00f3rganos sexuales, minimizados los rasgos faciales) o en las chicas de la revista <em>Playboy<\/em>. En otros casos es m\u00e1s elaborado e incorpora elementos que hablan de mujeres, incluso de una sola mujer, no de hembras. Y a veces se estiliza tanto que desaparece como un factor perturbador.<br>\n<strong>DE LA APRECIACI\u00d3N A LA OBSESI\u00d3N<\/strong><br>\nLa apreciaci\u00f3n de la belleza femenina puede considerarse como un logro humano en tanto sea eso: apreciaci\u00f3n de personas. Pero la indagaci\u00f3n de su significado no se agota en los estudios de g\u00e9nero. La belleza puede contemplarse como un don (se tiene o no) o algo por elaborar.<br>\nEn estos momentos la belleza femenina es algo que cada una <em>debe <\/em>construir, no un don. \u00abNo hay mujeres feas, s\u00f3lo perezosas\u00bb, dijo Helena Rubinstein. A la actual resistencia a la gratuidad y arbitrariedad de dones, se a\u00f1ade la l\u00f3gica individualista que dota al esfuerzo personal de un protagonismo in\u00e9dito, <em>merecedor <\/em>de un resultado. La naturaleza es proscrita y mujeres latinas aspiran a convertirse en walkirias, se\u00f1oras de cuarenta a\u00f1os en j\u00f3venes de veinte.<br>\nHoy la belleza es, sobre todo, atractivo sexual en su m\u00e1s reducido sentido. La un\u00edvoca palabra <em>sexy <\/em>sustituye a las muchas que calificaban (s\u00f3lo est\u00e9ticamente) a una mujer: a las tradicionales (bonita, guapa, bella, hermosa, graciosa, preciosa, linda, perfecta, agraciada); a las exageradas (divina, sublime); sin olvidar los castizos ep\u00edtetos o las comparaciones po\u00e9ticas.<br>\nAl filo del siglo XXI asistimos a un desorientado fervor est\u00e9tico. La belleza es un deber. Es atractivo sexual que no ve personas, s\u00f3lo hembras. Es tambi\u00e9n un exigente canon en el sentido de ideal y, tambi\u00e9n, de tasa. Cerca de 700 mil mujeres estadounidenses (15 mil adolescentes entre ellas), 65 mil brit\u00e1nicas, 100 mil francesas y 20 mil italianas \u00beestas \u00faltimas s\u00f3lo de 15 a 20 a\u00f1os\u00be se sometieron a una operaci\u00f3n de cirug\u00eda est\u00e9tica en 1997. La facturaci\u00f3n de productos de belleza en Gran Breta\u00f1a alcanza los 8,900 millones de libras. El consumo medio anual por habitante en Francia ronda los 900 francos.<br>\n<strong>\u00abSOY TOTALMENTE\u2026 \u00bfMI CUERPO?\u00bb<\/strong><br>\nLo m\u00e1s preocupante de este fen\u00f3meno es la filosof\u00eda que subyace. \u00abMu\u00e9strame una mujer que ame su cuerpo\u00bb, nos desaf\u00eda la feminista Germaine Greer en su \u00faltimo libro, <em>The Whole Woman<\/em><a href=\"\/Archivo%20hist%C3%B3rico\/istmo%20252\/Pimentel.doc#_edn1\">[1]<\/a>. Esa insatisfacci\u00f3n permanente termina a veces en conocidas enfermedades ps\u00edquicas. Y, en general, en la ins\u00f3lita falta de autoestima de tantas mujeres occidentales en pleno siglo XX. El cuerpo se convierte en un proyecto prioritario e inacabado, el \u00fanico o el m\u00e1s importante.<br>\nJoan Jacobs Brumberg ha escrito un incisivo ensayo, <em>The Body Project<\/em><a href=\"\/Archivo%20hist%C3%B3rico\/istmo%20252\/Pimentel.doc#_edn2\">[2]<\/a>, sobre la evoluci\u00f3n de la percepci\u00f3n del cuerpo en las adolescentes estadounidenses. Para su estudio utiliza un amplio n\u00famero de materiales, entre los que destacan los diarios de las j\u00f3venes desde finales del siglo pasado hasta hoy. El paso de la infancia a la adolescencia viene acompa\u00f1ado de una nueva consciencia del propio cuerpo al comp\u00e1s de los cambios biol\u00f3gicos y ps\u00edquicos. Y aunque cierta preocupaci\u00f3n por el f\u00edsico sea una constante en esta edad, no lo es el \u00e9nfasis personal y el soporte social que recibe.<br>\nCita el diario de una joven americana de 1892: \u00abHe decidido no hablar sobre m\u00ed y mis sentimientos. No estar tan centrada en m\u00ed misma (\u2026). No dejar vagar mi imaginaci\u00f3n. Interesarme m\u00e1s por los dem\u00e1s\u00bb. Lo confronta con otro de una adolescente de 1982: \u00abIntentar\u00e9 mejorar mi apariencia tanto como me lo permita el dinero que gano cuidando ni\u00f1os. Perder\u00e9 peso. Comprar\u00e9 lentillas, maquillaje, ropa y accesorios. Me cortar\u00e9 el pelo\u00bb.<br>\nPero es que, adem\u00e1s, esta mentalidad parece empapar a mujeres maduras. Quien tenga la paciencia de leer <em>El diario de Bridget Jones <\/em>concluir\u00e1 que la protagonista, en su caricatura, es reflejo de cierto tipo de mujer muy contempor\u00e1nea.<br>\n<strong>\u00bfLA TERCERA MUJER?<\/strong><br>\nPor todo esto, sorprende el an\u00e1lisis y el balance actual que respecto a la belleza femenina realiza Gilles Lipovetsky en su \u00faltimo libro, <em>La tercera mujer<\/em><a href=\"\/Archivo%20hist%C3%B3rico\/istmo%20252\/Pimentel.doc#_edn3\">[3]<\/a>. Una cosa es constatar que a los hombres lo primero que les <em>seduce <\/em>es el aspecto f\u00edsico de las mujeres. Otra, atribuir un\u00edvocamente a este hecho la raz\u00f3n de la atenci\u00f3n femenina a la belleza. El autor ignora que un sano af\u00e1n est\u00e9tico es perceptible en abuelitas, solteras felices de serlo y muchas otras que s\u00f3lo desean estar agradables para ellas mismas y para los y <em>las <\/em>dem\u00e1s. No contento con esto atribuye a este factor (belleza = seducci\u00f3n) la esencia de la feminidad (\u00a1!). Y concluye satisfecho ante el fervor est\u00e9tico actual, sin cr\u00edtica alguna.<br>\nComo se\u00f1ala el fil\u00f3sofo Jos\u00e9 Antonio Marina con desolaci\u00f3n<a href=\"\/Archivo%20hist%C3%B3rico\/istmo%20252\/Pimentel.doc#_edn4\">[4]<\/a>, \u00absi el autor tiene raz\u00f3n, los evidentes cambios sociales no han ido acompa\u00f1ados por los correspondientes cambios sentimentales\u00bb. Pero, en mi opini\u00f3n, lo que m\u00e1s choca, trat\u00e1ndose de un franc\u00e9s, es que no se percate de que la seducci\u00f3n tal y como hoy se practica (y \u00e9l celebra) tiene poco que ver con la belleza: es una cuesti\u00f3n de exposici\u00f3n c\u00e1rnica con menos pl\u00e1stica que el cortejo de las aves.<br>\n<strong>BELLA A COSTA DE TODO<\/strong><br>\nOtro de los aspectos m\u00e1s significativos de la fiebre est\u00e9tica contempor\u00e1nea es la p\u00e9rdida del sentido de juego que rodeaba anta\u00f1o a la belleza. M\u00e1s que una sana frivolidad, planea a menudo una sombr\u00eda gravedad, un esp\u00edritu asc\u00e9tico impropio, incluso un tono profil\u00e1ctico y supuestamente cient\u00edfico que arrebatan a los procesos de embellecimiento y adorno su car\u00e1cter original de <em>amabilidad <\/em>y diversi\u00f3n.<br>\nHay algo de Frankenstein en el af\u00e1n de reconstrucci\u00f3n del cuerpo a trav\u00e9s de la cirug\u00eda, de vampiro en la resistencia a envejecer. No hay vida en esas mujeres escu\u00e1lidas, <em>zombies, <\/em>en las que tantas adolescentes se miran; tampoco en las momias, resultado del implante y el estiramiento.<br>\nIr de compras se ha convertido a veces en una tortura. No es s\u00f3lo una cuesti\u00f3n de inexistencia de tallas, especialmente para las j\u00f3venes. Es tambi\u00e9n el aliento que rodea el proceso. No basta con estar favorecida, es necesario arrasar: vestirse para \u00abmatar\u00bb. Se pretende ser otra, se acaba siendo cualquiera.<br>\nEl c\u00f3digo de belleza actual y sus reglamentos cubren exhaustivamente todos los rincones del cuerpo femenino como si fueran la ley mosaica. Eso s\u00ed, con ayuda de los \u00faltimos avances \u00abcient\u00edficos\u00bb, pues para mantener un cutis perfecto no te puedes conformar con menos que un <em>peeling <\/em>al \u00e1cido glic\u00f3lico, completado con una sesi\u00f3n de <em>Iontomaster<\/em>, \u00abque estimula la funci\u00f3n celular mediante microcorrientes\u00bb. Indicaciones y prohibiciones sobre productos, procedimientos, alimentos y ejercicios f\u00edsicos conforman as\u00ed una exigente disciplina que absorbe tiempo, dinero y, sobre todo, mente.<br>\nEn algunos espacios dedicados aparentemente a la belleza (gimnasios, cl\u00ednicas de adelgazamiento, centros de est\u00e9tica) se respira un aire de campo de concentraci\u00f3n, de laboratorio de experimentaci\u00f3n humana, de ese \u00abmundo feliz\u00bb y siniestro descrito por Huxley.<br>\n<strong>\u00bfDE QUI\u00c9N ES LA CULPA?<\/strong><br>\nA veces se se\u00f1ala como culpables de esta situaci\u00f3n a quienes pueden ser s\u00f3lo c\u00f3mplices: hombres, medios de comunicaci\u00f3n e industrias que trabajan en el campo de la est\u00e9tica.<br>\nEs cierto que a los hombres les gustan las guapas. Pero una cosa es ir al cine a ver a Michelle Pfeiffer y otra, muy distinta, que un hombre pretenda que su mujer o su novia sean Michelle Pfeiffer. En la actual exigencia est\u00e9tica hay algo que no responde a la valoraci\u00f3n masculina, volcada m\u00e1s en el resultado global que en tanto detalle. Quiz\u00e1s haya algo de narcisismo femenino, de simple estupidez. Quiz\u00e1s ese estereotipo hipersexualizado, inalcanzable o estilizado al m\u00e1ximo, responde a quienes no les gustan las mujeres: a quienes s\u00f3lo ven Venus paleol\u00edticas o no ven nada porque no pueden.<br>\nRespecto a los medios de comunicaci\u00f3n y, en concreto, a los femeninos, sorprende su incoherencia: hablan de \u00abliberaci\u00f3n\u00bb, pero predican que la apariencia es lo que importa con la profusi\u00f3n de p\u00e1ginas de moda y belleza. M\u00e1s a\u00fan, las modelos pasan de su lugar original (una chica an\u00f3nima en una foto) a ser protagonistas, interesantes por lo que dicen, donde viven, sus tiendas favoritas, etc\u00e9tera. Interesantes, no para los hombres (que miran pero no leen), sino para las propias mujeres. Tambi\u00e9n prolifera la tendencia a incorporar mujeres ricas, famosas o guapas al oficio ocasional de modelo.<br>\nSer modelo es hoy una profesi\u00f3n atrayente para muchas j\u00f3venes. Pero esta aspiraci\u00f3n puede explicarse en otras claves que no son las del prestigio o dinero que reporta dicho oficio. Una pasarela se parece mucho a ese momento crucial de la boda, antes \u00fanico en la vida de una mujer, en el que pod\u00eda desfilar siendo objeto de la admiraci\u00f3n general sin despertar sospechas de vanidad. Es posible que la pasarela sustituya al paseo nupcial con notables ventajas: te pagan, no te casas y repites la operaci\u00f3n una y otra vez.<br>\nLa variada industria que alimenta el fervor est\u00e9tico responde a la contempor\u00e1nea sociedad de consumo en general y a la fascinante credulidad femenina en particular. Se consumen productos de belleza y moda porque hoy <em>somos <\/em>en la medida en que <em>compramos <\/em>materiales y porque se cree en los efectos casi milagrosos que causar\u00e1n en la apariencia. El c\u00edrculo se completa al cifrar en \u00e9sta \u2014en concreto, en el atractivo sexual\u2014 el \u00e9xito de las relaciones afectivas que resultan ser, l\u00f3gicamente, muy vol\u00e1tiles. Es una carrera perdida de antemano: siempre habr\u00e1 m\u00e1s bellas y, desde luego, m\u00e1s j\u00f3venes. Invertir s\u00f3lo en capital corporal es una trampa que acaban pagando las propias mujeres. Y de una forma menos evidente, pero real, tambi\u00e9n los hombres: no s\u00f3lo en dinero.<br>\n<strong>\u00abLA BELLEZA NO ES COMO LA PINTAN\u00bb<\/strong><br>\nSer guapa o parecerlo provoca en los dem\u00e1s, quiz\u00e1s en una misma, un goce que no hay por qu\u00e9 obviar o estigmatizar. Gracias a Dios y a los genes, hay mujeres bell\u00edsimas de por s\u00ed. Gracias a la alimentaci\u00f3n, el progreso m\u00e9dico, la calidad de vida y, por supuesto, las industrias est\u00e9ticas, la belleza \u00abnatural\u00bb puede ser acentuada y prolongada <em>algo <\/em>en el tiempo. Y, lo que es m\u00e1s importante, muchas mujeres pueden acceder a <em>cierta <\/em>belleza. Lo cual hace la existencia (de todos) un poco m\u00e1s agradable, nunca un cuento de hadas.<br>\nSin embargo, una mujer no puede ser <em>s\u00f3lo <\/em>bella, siempre es algo m\u00e1s: incluso cuando su hermosura es de parar la circulaci\u00f3n. En la prolongaci\u00f3n de la vida humana, y en concreto de la femenina, hay un dato revelador que podr\u00eda orientarnos sobre el valor que belleza y juventud tienen. Si vivimos en promedio 78 a\u00f1os, vamos a pasar unos 30 por encima de los 50; casi el 40% de nuestra biograf\u00eda. Y conviene hacerse a la idea.<br>\nTodo esto lleva precisamente a reivindicar la belleza con toda la alegr\u00eda y seriedad que merece. La fugacidad de la hermosura, la perspectiva de la vejez o el destino de la muerte no pueden desembocar en pesadumbre o en un <em>carpe diem <\/em>inconsciente. La desorientaci\u00f3n actual respecto a la belleza, al cuerpo y sus patolog\u00edas actuales (con nombre \u2014anorexia, bulimia\u2014 o sin catalogar) no necesitan m\u00e1s inquisidores, sino poetas, verdaderos <em>bon-vivants<\/em>, magnanimidad y mucho sentido del humor.<br>\n<strong>RE\u00cdRSE DE LOS C\u00d3DIGOS IMPUESTOS<\/strong><br>\nLo primero es reconocer la belleza como un don que han recibido Norma Gonz\u00e1lez, Ofelia L\u00f3pez y multitud de mujeres an\u00f3nimas. Alegrarse de que el esp\u00edritu, tambi\u00e9n aqu\u00ed, sopla por donde quiere. Superar en algunos casos la envidia, la mirada en busca de alg\u00fan defecto (f\u00edsico o moral) o rastro de infelicidad que hagan a las bellas un poco des-<em>graciadas. <\/em>El atractivo que ejerce en los hombres deber\u00eda interpretarse con m\u00e1s humor. No es un insulto que perciban la belleza de otras. Lo que es un insulto es que perciban \u2014en una misma o en las dem\u00e1s\u2014 <em>s\u00f3lo <\/em>eso. O peor: que lo que perciban tenga poco que ver con la belleza.<br>\nLo segundo es alimentar el aire festivo que debe rodear a la belleza, a su b\u00fasqueda. En este, como en otros \u00e1mbitos, es m\u00e1s f\u00e1cil ser alegre que estar contenta. Un cuerpo, una cara, no es un campo de batalla contra una misma o contra las dem\u00e1s. Es algo personal, \u00fanico. Para lucir hay que sufrir lo menos posible, preferiblemente nada. Sustituyamos la asc\u00e9tica por el placer. Ri\u00e1monos de la raz\u00f3n pseudocient\u00edfica, de c\u00f3digos impuestos, ejercicios flagelantes, reg\u00edmenes draconianos y cuchillos de cirujano.<br>\nHace falta mucho derroche, todo el que se pueda en torno a la belleza: arreglarse porque s\u00ed, porque nadie me va a ver o porque s\u00ed lo har\u00e1n, porque tengo 15 a\u00f1os y porque tengo 80, porque soy guapa y porque no lo soy. Recuperar en todo este entorno el juego, la amabilidad y, si fuera posible, ese perdido misterio que hace la vida m\u00e1s interesante y divertida. Quiz\u00e1s entonces la preocupaci\u00f3n est\u00e9tica, la belleza, tendr\u00e1n algo que ver con ser mujer: algo, no todo. ACEPRENSA.<\/p>\n<hr size=\"1\">\n<a href=\"\/Archivo%20hist%C3%B3rico\/istmo%20252\/Pimentel.doc#_ednref1\">[1]<\/a> Germaine Greer. <em>The Whole Woman<\/em>. Doubleday. Londres (1999). Anteriormente, entre otras muchas: Naomi Wolf. <em>The Beauty Myth<\/em>. Vintage. Londres (1990).<br>\n<a href=\"\/Archivo%20hist%C3%B3rico\/istmo%20252\/Pimentel.doc#_ednref2\">[2]<\/a> Joan Jacobs Brumberg. <em>The Body Project<\/em>. Random House. Nueva York (1997). Sobre la dif\u00edcil transici\u00f3n de las adolescentes actuales, ver tambi\u00e9n: Mary Pipher. <em>Reviving Ophelia<\/em>. Nueva York (1994).<br>\n<a href=\"\/Archivo%20hist%C3%B3rico\/istmo%20252\/Pimentel.doc#_ednref3\">[3]<\/a> Gilles Lipovetsky. <em>La tercera mujer<\/em>. Anagrama. Madrid (1999).<br>\n<a href=\"\/Archivo%20hist%C3%B3rico\/istmo%20252\/Pimentel.doc#_ednref4\">[4]<\/a> Jos\u00e9 Antonio Marina. \u00abLa prisi\u00f3n est\u00e9tica\u00bb, en <em>El Cultural de La Raz\u00f3n <\/em>(Madrid, 17-I-99).\n<div><\/div>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"25218\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ser guapa, parecer joven y estar delgada forman parte de las aspiraciones de muchas mujeres. La apreciaci&oacute;n est&eacute;tica de la mujer no es in&eacute;dita, pero el fervor y la obsesi&oacute;n actuales transmiten un mensaje incoherente con los logros femeninos de este siglo: la desaparici&oacute;n de la mujer-objeto. 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