{"id":25122,"date":"2000-11-01T00:00:00","date_gmt":"2000-11-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=25122"},"modified":"2023-11-08T06:07:27","modified_gmt":"2023-11-08T11:07:27","slug":"la_etica_tan_polemica_como_necesaria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2000\/11\/01\/la_etica_tan_polemica_como_necesaria\/","title":{"rendered":"La \u00e9tica, tan pol\u00e9mica como necesaria"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"25122\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p>La tarea actual de la \u00e9tica es una labor tan atrevida como necesaria. En efecto, la \u00e9tica se considera hoy como algo en donde ha de prevalecer la ambivalencia, si no es que la confusi\u00f3n, y esta manera de pensar se aviene mal con lo que podr\u00eda parecer r\u00edgido: un camino se\u00f1alado que se debe recorrer, como quien sigue el trazo de una regla. Pese a esa mentalidad, el conocimiento y la vigencia de las reglas \u00e9ticas constituyen al mismo tiempo la mayor necesidad de la que adolece nuestra cultura.<br>\nEs llamativo que, donde las novedades de productos y servicios nos obligan al continuo uso de manuales e instructivos, carezcamos de un \u00abmanual\u00bb para nuestra propia conducta \u00e9tica, cuando cada uno de nosotros, a fuer de hombres dotados de esp\u00edritu, somos el organismo m\u00e1s nuevo y complicado que hallamos en el universo. Algo semejante acontece cuando nos percatamos de la proliferaci\u00f3n de consultores para cualquier oficio, profesi\u00f3n o cargo, p\u00fablico o privado. Aquello, en cambio, en que nos va la vida lo manejamos con el irreflexivo impulso de intuiciones espont\u00e1neas no pocas veces equivocadas.<br>\nLa \u00e9tica no deber\u00eda considerarse como elemento constrictor de nuestra vida, ni siquiera como herramienta para hacerla m\u00e1s f\u00e1cil, sino como un consejero al que se acude en las decisiones personales. Estas decisiones \u00e9ticas no se refieren a leyes cient\u00edficas, sino a actos que emanan de la prudencia (decidir qu\u00e9 es lo bueno aqu\u00ed y ahora): se trata de un equilibrio tenso entre las circunstancias personales irrepetibles y las normas universales inamovibles. La \u00e9tica concebida como regla nos deber\u00eda mostrar con claridad los grandes principios orientadores del comportamiento humano, al tiempo que apunta hacia sus aplicaciones en diversos campos del obrar del hombre, como antecedente de esas decisiones que s\u00f3lo el protagonista tiene capacidad de tomar. Una aproximaci\u00f3n acertada a la \u00e9tica en nuestro tiempo no debe endosar recetas sino formar criterios; es lo que hace confiable a un consejero: nos ayuda a decidir, sin que imponga c\u00f3mo hacerlo.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>MORAL VS. T\u00c9CNICA<\/strong><\/p>\n<p>La falta de consejo encierra al hombre en un vivero de puras apariencias. Si hay algo que requiere instrucci\u00f3n, que necesita un manual o, mejor, un consejero es el comportamiento \u00e9tico del hombre de hoy. Estamos en la encrucijada de una cultura del todo peculiar: la depresi\u00f3n de la moral bajo el imperialismo de la t\u00e9cnica. Los problemas del hombre se agigantar\u00e1n y tornar\u00e1n irresolubles en la medida en que nuestra t\u00e9cnica progrese mientras nuestra \u00e9tica se atrofie; as\u00ed, el desarrollo de la \u00e9tica comparado con el de la t\u00e9cnica es inversamente proporcional.<br>\nLa t\u00e9cnica propicia la colectivizaci\u00f3n y el anonimato. La invasi\u00f3n del tecnicismo nos convierte a todos, de una manera u otra, en piezas de una m\u00e1quina. La \u00e9tica, en cambio, nos desarrolla como personas: cada decisi\u00f3n tomada bajo una \u00f3ptica moral revive la conciencia de la responsabilidad, tenemos en las manos nuestra propia y \u00fanica vida.<br>\nEl fundamento de la \u00e9tica se encuentra, a mi modo de ver, n\u00edtidamente reflejado en un concepto cristiano del hombre, tomado de manera integral, sin reducciones. La trama hist\u00f3rica en la cual nos movemos es la civilizaci\u00f3n occidental, esa urdimbre de factores judeo-greco-cristianos en la que los trazos generales de nuestra naturaleza humana se hacen m\u00e1s claros e inequ\u00edvocos que en ninguna otra cultura. Todo an\u00e1lisis de la \u00e9tica debe tener en cuenta esta perspectiva cultural, inmersa en el coraz\u00f3n del hombre.<br>\nAl respecto, mostraremos algunas visiones de la moral supuestamente basadas en el ser humano. Freud imagin\u00f3 una moral que eliminar\u00eda las enfermedades mentales en la medida en que se derrumbaran los tab\u00faes del sexo. Sin embargo, nunca ha habido m\u00e1s libertad sexual, ni m\u00e1s enfermedades neur\u00f3ticas. Marx fabric\u00f3 ex novo una teor\u00eda \u00e9tica seg\u00fan la cual los conflictos morales quedar\u00edan resueltos cuando el hombre depositara en la sociedad la propiedad de sus bienes: despu\u00e9s de setenta y cinco a\u00f1os de vivir bajo esta hip\u00f3tesis de trabajo, podemos comprobar que se han reducido hasta la penuria los bienes materiales, y los conflictos \u00e9ticos se han incrementado (no hay conflicto \u00e9tico m\u00e1s dram\u00e1tico que la falta de responsabilidad personal de millones de seres que no han sido educados en ella). Skinner imagin\u00f3 un feliz y d\u00f3cil comportamiento del hombre en cuanto \u00e9ste asumiese la conciencia de ser s\u00f3lo un animal de instintos: y nunca ha habido m\u00e1s rebeld\u00eda que ahora a los condicionamientos sociales ni m\u00e1s animales que sigan sus caprichos antes que sus instintos.<br>\nLa moral, seg\u00fan aseveramos, est\u00e1 enraizada en su mayor fundamentaci\u00f3n: la religi\u00f3n cristiana. Una \u00e9tica sin religi\u00f3n ya lo intu\u00eda Karamazov de Dostoievski es un cuadrado redondo. Pero la religi\u00f3n se constituye en fundamento de la moral el \u00fanico fundamento a condici\u00f3n de que se crea en ella. Hay que tener fe en la fe, y hay que tener m\u00e1s fe en la moral y la \u00e9tica que en la impersonal t\u00e9cnica. Cuando resulta innegable el derrumbe de sistemas \u00e9ticos substitutos o suced\u00e1neos, no hay otro camino que regresar a los or\u00edgenes de nuestra cultura. Los esquejes culturales de la actualidad propugnan lo ef\u00edmeramente nuevo, cuando, como hemos dicho, no hay cosa m\u00e1s nueva en el mundo que el hombre. Pero en vez de proponer una vuelta del hombre sobre s\u00ed mismo, sobre su origen, la cultura ha deca\u00eddo a la superficialidad de lo nuevo, como lo advert\u00eda Heidegger. Una tradici\u00f3n sin historia, sin distensi\u00f3n temporal, es una contradictio in terminis, y justo as\u00ed, una cultura de lo nuevo por lo nuevo es auto-referente. La t\u00e9cnica que avanza implacablemente sin moral alguna es ciega, impersonal, e incluso pierde sentido.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>LOS FINES DE LA MORAL<\/strong><\/p>\n<p>La \u00e9tica es una de las ciencias del hombre. En cuanto ciencia, tiene una dimensi\u00f3n y rigor objetivos, dado que el hombre es una realidad natural de conformaciones reales a la que debemos atenernos, como cualquier cient\u00edfico ha de doblegarse a las leyes de su campo de estudio. Es por ello m\u00e1s dif\u00edcil abordar esta ciencia, ya que si hay algo verdaderamente arduo de conocer, no es una ley f\u00edsica o biol\u00f3gica de la naturaleza, sino nuestro mismo ser.<br>\nSe considera a la \u00e9tica un conjunto de normas a las que he de atenerme para que me vaya bien en la vida. Y no dudamos de que la \u00e9tica es eso; aunque no s\u00f3lo eso. Tambi\u00e9n tiene como meta la felicidad del hombre, pero no la m\u00eda exclusivamente. La dimensi\u00f3n objetiva de la \u00e9tica que hoy debe ganarse implica que mi felicidad personal es imposible si no incluyo en ella la de los dem\u00e1s. La persona humana es relacional, esto es, se define en relaci\u00f3n con los otros. Por esta raz\u00f3n, la dimensi\u00f3n subjetivista de la \u00e9tica parece derrumbarse por su propio peso.<br>\nTodos podemos coincidir en que hay al menos seis problemas verdaderamente internacionales: tr\u00e1fico de drogas, tr\u00e1fico de armas, inmigraciones an\u00e1rquicas, propagaci\u00f3n del SIDA, profundos desniveles econ\u00f3micos y culturales entre ambos hemisferios, y contaminaci\u00f3n del ambiente. Ninguno tiene soluci\u00f3n v\u00e1lida al margen de una \u00e9tica suscrita planetariamente. La \u00e9tica, pues, no s\u00f3lo requiere dejar de ser subjetiva y objetivarse, m\u00e1s a\u00fan, ha de internacionalizarse literalmente.<br>\nEl yo de la \u00e9tica cristiana es un yo que se abre activamente a los dem\u00e1s, es un yo din\u00e1mico, pendiente de los otros, relacional. S\u00f3lo en las antropolog\u00edas modernas, tal vez a partir de Kant, el Yo se ha escrito con may\u00fascula y adquirido una configuraci\u00f3n reflexiva, como cuando hablamos y a veces no dejamos de hablar de mi yo, en cuanto objeto \u00faltimo de mi amor. Esta reflexividad exagerada me aparta de los dem\u00e1s, al punto de que los tengo en cuenta s\u00f3lo como tel\u00f3n de fondo para la afirmaci\u00f3n de m\u00ed mismo. Con tal concepci\u00f3n del yo, Sartre dice que \u00abel infierno son los otros\u00bb, ignorando que un catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica defin\u00eda al infierno como la \u00absoledad extrema\u00bb.<br>\nEsta supuesta \u00e9tica egoc\u00e9ntrica pone de cabeza nuestras relaciones sociales. La justicia no ser\u00eda lo que yo debo a los otros, sino aquello a lo que yo tengo derecho y los dem\u00e1s me deben. No ser\u00eda, como era cl\u00e1sicamente, la perpetua voluntad de dar a los dem\u00e1s lo que les es propio, sino, al rev\u00e9s, la tendencia a reivindicar lo que me corresponde, al grado de resultar verdadera la afirmaci\u00f3n de Pinkaers: \u00abel amor propio es el m\u00e1s natural de los par\u00e1sitos\u00bb. La \u00e9tica ha dejado de ser un camino a fin de dar desahogo al deseo que todos tenemos de la felicidad, para transformarse en el estrecho sendero en el que yo deseo mi felicidad sendero por el que no la encontrar\u00e9 nunca. La \u00e9tica debe revalorar el car\u00e1cter objetivo de nuestro itinerario hacia la felicidad, porque el camino subjetivo de la \u00e9tica no nos conducir\u00e1, en el mejor caso, m\u00e1s que a la neurastenia.<br>\nEsta concepci\u00f3n egoc\u00e9ntrica de la felicidad es uno de los males m\u00e1s acusados de la \u00e9poca. Se nos ha hecho creer que el ego\u00edsmo es natural. Hemos de adoptar (no ya para acertar en nuestras teor\u00edas sino para ser felices) una antropolog\u00eda menos estrecha. Tom\u00e1s de Aquino posee un concepto m\u00e1s realista (aunque no tan estad\u00edstico) de la felicidad: \u00abLas cosas no s\u00f3lo tienen una inclinaci\u00f3n natural al propio bien, para adquirir aquello que no poseen, y gozarse de ello cuando lo alcanzan, sino tambi\u00e9n para difundirlo\u2026 Por eso pertenece al n\u00facleo del querer del hombre transmitir a los dem\u00e1s el bien que poseen\u00bb. Dice Arist\u00f3teles en su \u00c9tica Nicomaquea que lo que es por naturaleza no lo cambia el h\u00e1bito. De modo an\u00e1logo, si el hombre fuese ego\u00edsta por naturaleza, las verdaderas relaciones sociales de hecho existentes ser\u00edan imposibles, o bien se dar\u00edan por mero convenio utilitario.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>LIBERTAD EN REPLIEGUE Y EN EXPANSION<\/strong><\/p>\n<p>No obstante, y relacionado con los polos objetivo y subjetivo de la \u00e9tica, hallamos otro de los conceptos escondidos, dig\u00e1moslo as\u00ed, en la edad actual: el de la libertad. El plexo entre las normas \u00e9ticas y la libertad es una articulaci\u00f3n que se ha vuelto tambi\u00e9n confusa. En el mejor de los casos, se admiten las leyes morales y \u00e9ticas como un conjunto de disposiciones ante el que nuestra libertad se ve disminuida. \u00c9ste ser\u00eda el precio a pagar para obtener el buen comportamiento, como si el obrar libremente fuera de suyo malo. Tal era, o es, parad\u00f3jicamente la mentalidad liberal: la libertad propia deber\u00eda recortarse por respeto a la libertad al derecho, se dec\u00eda de los dem\u00e1s. Esto es antropol\u00f3gicamente verdadero, pero insuficiente. Ni la libertad m\u00eda debe limitar la de los dem\u00e1s ni la de los dem\u00e1s debe limit\u00e1rmela. Mal empieza la \u00e9tica cuando presenta la ley como constringente de las acciones libres, como contrapeso negativo de la libertad.<br>\nHay una libertad que se expande a s\u00ed misma y hay otra que a s\u00ed misma se restringe. La norma \u00e9tica nos permite discernir entre ellas. Nuestra conducta se equivoca precisamente cuando no advierte que determinadas decisiones aun siendo libres encogen el radio de mi libertad futura: es lo que podemos llamar \u00ablibertad en repliegue\u00bb. La esclavitud del pecado la sujeci\u00f3n al vicio, al capricho no es otra cosa que el repliegue, la retracci\u00f3n de la libertad. En cambio, otras decisiones libres expanden la libertad original, que llamamos \u00ablibertad en expansi\u00f3n\u00bb, porque potencian mis posibilidades, ensanchan el radio de mi ser. Denominamos \u00e9tica a esa codificaci\u00f3n de la conducta que nos hace m\u00e1s hombres, con su libertad aneja. Hablamos, en \u00faltimo t\u00e9rmino, de lo que hoy no se quiere hablar: hay una libertad abierta a los dem\u00e1s, hacia el olvido de s\u00ed, en donde los otros no son mi l\u00edmite sino mi destino, mi m\u00e1s grata y anhelada misi\u00f3n; y hay una libertad, llamada amor propio, que se concentra en s\u00ed misma, que se cierra y empeque\u00f1ece, y al hombre con ella. Hablamos de la elecci\u00f3n primitiva, que solemos dejar irresoluta: ser para el otro o ser para m\u00ed.<br>\nLa \u00e9tica pretende hacernos libres de nosotros, no de los dem\u00e1s. El hombre se libera a s\u00ed mismo no tanto porque mejore las condiciones sociales (que habr\u00e1 que mejorar) cuanto porque se mejore a s\u00ed mismo. Un hombre esclavo de su inteligencia y de su voluntad, mas no de sus pasiones, es libre.<br>\nNo hay que presentar las normas morales s\u00f3lo como un conjunto de obligaciones que han de cumplirse; se debe decir lo que la \u00e9tica es en verdad: un est\u00edmulo, aliento, indicativo para que el hombre alcance la felicidad en donde ella se encuentra. No hay dos morales \u00be de la obligaci\u00f3n y de la felicidad\u00be , sino dos maneras de verla y presentarla. En cualquier caso, la meta o el fin del hombre la felicidad ser\u00e1 siempre la columna vertebral de la ciencia \u00e9tica: si \u00e9sta no nos ayuda a lograr una vida plena, resultar\u00e1 in\u00fatil del todo. La \u00e9tica es la ciencia humana protot\u00edpica; la ciencia de la felicidad y de los caminos que conducen a ella. Lo \u00fanico que sucede es que no hay caminos y menos hoy d\u00eda sin se\u00f1alizaciones. Debemos cuidarnos de no confundir la se\u00f1alizaci\u00f3n con la meta, ni aspirar impulsivamente a la meta olvidando la se\u00f1alizaci\u00f3n. Un camino adecuado de la \u00e9tica debe contener ambas cosas.<br>\nHemos de preguntarnos si el sufrimiento y la renuncia son un paso necesario para acceder a los verdaderos valores en los que se encuentra el estado feliz del hombre. No olvidemos que la \u00e9tica cristiana est\u00e1 compuesta tanto de las bienaventuranzas, que prometen el estado feliz humano, como de los mandamientos, que prescriben lo que debe hacerse para ser feliz; y que las bienaventuranzas son mucho m\u00e1s exigentes que los mandamientos: por ejemplo, donde \u00e9stos nos piden no codiciar los bienes ajenos, aqu\u00e9llas nos impulsan a no apegarnos a los propios. Las bienaventuranzas evang\u00e9licas, como si conocieran bien los estudios modernos de motivaci\u00f3n, nos ponen a la vista el t\u00e9rmino del camino, pero sin ocultar el esfuerzo que hemos de aplicar para recorrerle.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>LIMITAR, \u00bfFINALIDAD DE LA NORMA \u00c9TICA?<\/strong><\/p>\n<p>Aunque la \u00e9tica no puede prescindir de preceptos y obligaciones, ha de considerar que son auxiliares de la virtud, entendida aristot\u00e9licamente como el desarrollo del esp\u00edritu. Las humanidades cl\u00e1sicas ten\u00edan bien resuelto este problema que modernamente es un pi\u00e9lago de confusiones. Para nosotros, el vocablo fin tiene tanto el sentido de t\u00e9rmino o l\u00edmite como el de plenitud o cumplimiento. Hay, s\u00ed, una moral del l\u00edmite (en el sentido que los griegos llamaban p\u00e9ras), que me se\u00f1ala hasta d\u00f3nde no debo llegar; pero hay sobre todo una moral del progreso, del avance, de la felicidad (que los griegos llamaban t\u00e9los), la cual me se\u00f1ala hasta d\u00f3nde debo llegar. El horizonte de nuestra vida puede verse siempre como p\u00e9ras no puedo ver m\u00e1s all\u00e1 o como t\u00e9los debo llegar all\u00e1 para seguir viendo. Por esta causa, todo hombre que se enfrenta con la \u00e9tica ha de vigilar el punto de vista en que se coloca, no sea que llegue a establecer equivocadamente un divorcio entre el cumplimiento del deber y el deseo leg\u00edtimo de felicidad.<br>\nLa moral, en efecto, no es la guardiana timorata de la ley, pues persigue la germinaci\u00f3n de los valores humanos, y nada hay m\u00e1s atractivo para el hombre que poseerlos. Podemos enfatizar, sin temor, que en la \u00e9tica cristiana prevalece el atractivo del bien, no la fuerza de la obligaci\u00f3n.<br>\nLa felicidad da origen a una moral de la atracci\u00f3n, en tanto que el deber, monocoloramente visto, dar\u00eda espacio a una \u00e9tica refractaria, en donde lo que importa no es lo que ha de alcanzarse (t\u00e9los) sino lo que ha de ser evitado (p\u00e9ras). Ha de verse la \u00e9tica, insistimos, no como aquello que debo cumplir sino como aquello que corresponde a las aspiraciones m\u00e1s apremiantes y profundas del alma. Aqu\u00ed nuevamente nos encontramos con la ambivalencia de los t\u00e9rminos, paralela a la anterior. Cumplir tiene dos significados: uno, de apegamiento a las instrucciones; as\u00ed se habla de quien ha cumplido lo indicado, o de una persona cumplida. Pero cumplir es, simult\u00e1neamente, lo mismo que llenarse: he cumplido una labor cuando la he llevado a su plenitud m\u00e1s cabal; una misi\u00f3n cumplida es una misi\u00f3n lograda.<br>\nLa vida lograda, conseguida, cumplida, ejerce tal atractivo para s\u00ed y para los dem\u00e1s que las exigencias a fin de alcanzarla se antojan blandas y sencillas. Cuanto m\u00e1s grande es el bien, m\u00e1s poderoso el atractivo, m\u00e1s fuerte la exigencia y el empe\u00f1o consiguiente (\u00a1pero menos dif\u00edcil la renuncia a todo aquello que resulta incompatible!). Debemos, por tanto, aseguramos de que tendemos al bien perfecto, y no a nuestras ideas imperfectas sobre \u00e9l.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>ENTRE LA OBLIGACI\u00d3N Y EL AMOR<\/strong><\/p>\n<p>En \u00faltimo t\u00e9rmino, la cuesti\u00f3n fundamental de la \u00e9tica no es la de la obligaci\u00f3n sino la del amor. Pero ello se nos complica cuando consideramos que amar a Dios es el cumplimiento de una obligaci\u00f3n. Dios me manda amarle porque amarle es bueno (m\u00e1s a\u00fan: es lo mejor). Las antropolog\u00edas tanto cl\u00e1sica como medieval, sufren un quiebre cuando, quiz\u00e1 por primera vez en labios de Guillermo de Ockham, se dice que debo amar a Dios porque me lo ha mandado, olvidando que no es bueno porque me lo mande, sino que me lo manda porque es bueno.<br>\nEl quiebre parece sutil, pero \u00be a juicio de Pinkaers resulta fundamental: se ha sustituido la bondad de Dios (que me atrae como objeto de mi felicidad) por su mandato (que se me impone como una obligaci\u00f3n). Equivocadamente, la obligaci\u00f3n de hacer el bien se nos coloca por encima del atractivo que hacerlo suscita en nosotros. Cuando el deber se posiciona por encima del amor, como ha ocurrido definitivamente a partir de Kant, nuestra \u00e9tica da un vuelco de ciento ochenta grados.<br>\nCabe entonces preguntarse si lo propio de la \u00e9tica cristiana es el amor por obediencia, o el obedecer por amor. No debe dejarse a un lado que el Dios de los cristianos es, ante todo, Padre. \u00bfSe encuentra la madre obligada a amar a su hijo? \u00bfHablamos de la misma obligaci\u00f3n que cuando decimos que no debemos codiciar los bienes ajenos? \u00bfNo dir\u00edamos mejor que, en caso de amar a nuestro pr\u00f3jimo como la madre ama a su hijo, no desear\u00edamos los bienes que son suyos? \u00bfNo tendr\u00edamos, m\u00e1s bien, la inclinaci\u00f3n a entregarle los nuestros como lo hace inadvertidamente esa madre? Estas preguntas son inesquivables para todo aquel que quiere introducirse con seriedad en los problemas morales de hoy, bajo los que subyacen, sin que necesariamente aparezcan siempre, conceptos fundamentales como el que acabamos de explorar.<br>\nPara muchos, una \u00e9tica enfocada a la luz de la felicidad antes que a la luz del deber resultar\u00eda ego\u00edsta. Aunque ya lo advertimos arriba, es el deseo de felicidad, en el \u00fanico sentido de plenitud de vida en que el ser feliz puede entenderse, lo que precisamente hace a los hombres solidarios entre s\u00ed, ya que se trata de una meta en que cada uno de nosotros necesita de los dem\u00e1s. Como dec\u00eda el jefe de una tribu africana: para educar a un solo ni\u00f1o se necesita todo un pueblo. Por esto era el hombre de Arist\u00f3teles un zo\u00f4n politik\u00f4n, un hombre citadino; no para llevar una vida c\u00f3moda sino para llevar una vida bienaventurada.<br>\nLa \u00e9tica que busca la felicidad del hombre es, pues, una \u00e9tica de la amistad. La amistad era para Arist\u00f3teles el fin de las leyes morales; porque cabr\u00eda ser feliz sin poder ni dinero, pero no sin amigos. La finalidad no es s\u00f3lo que los amigos se respeten: la verdadera paz no reside en el respeto ajeno, sino en esa relaci\u00f3n que se da entre los amigos, que termina en la intimidad. La amistad \u00edntima era para el liberalismo una virtud oculta, es decir, dom\u00e9stica, sin valor social particular. Por eso el liberalismo no es, de suyo y por s\u00ed, cristiano. De aqu\u00ed parte, a nuestro juicio, el m\u00e1s fuerte punto de uni\u00f3n entre la \u00e9tica jud\u00eda y la griega. En la Biblia, el primer mandato es el del amor a Dios, y a Dios no se le puede amar de un modo s\u00f3lo p\u00fablico: los escolastas dec\u00edan que el amor tiene en la intimidad una de sus m\u00e1s esenciales dimensiones.<br>\nEl amor no es pacato. La \u00e9tica tampoco lo es, por ende. Adentrarse en el camino de la virtud exige audacia y atrevimiento. Pues el lance de amor, como ya dijo el m\u00edstico castellano, implica un ciego y obscuro salto. Pero la audacia no comporta en s\u00ed ni inseguridad ni duda. De lo que no se duda es del amor, vale decir, del bien que amamos y por el que nos arriesgamos. La audacia, el salto, se requiere para pasar por encima de s\u00ed mismo y trascenderse. Por esto, la \u00e9tica se origina en un arranque personal\u00edsimo y es, sin embargo, objetiva, porque lo es el bien que busca. La \u00e9tica existe para dar certeza al hombre en su camino hacia los bienes verdaderamente valiosos; cuando genera dudas, no estamos ante una \u00e9tica con pretensi\u00f3n de ciencia; la duda es siempre un estado subjetivo de la persona, no un saber al que la persona puede acogerse. En un momento de dubitaciones universales, de un heraclitismo moral y cultural, debe apostarse por la seguridad y la firmeza.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>EL PROBLEMA MODERNO DE LA MORAL<\/strong><\/p>\n<p>La \u00e9tica moderna se debate, desde Kant, en la dualidad de la heteronom\u00eda y la autonom\u00eda. De acuerdo con las instancias de independencia, la persona deber\u00eda darse a s\u00ed (aut\u00f3s) la norma de su propia conducta (n\u00f3mos). El hombre ilustrado es el que sabe c\u00f3mo comportarse sin recurrir a nadie; o, para decirlo negativamente, ser\u00eda demeritorio de la dignidad humana, y de su mayor\u00eda de edad ilustrada, ajustarse a una norma ajena (heter\u00f3s) de comportamiento.<br>\nLos tratados de moral cristiana han solido presentarse al p\u00fablico con el complejo de heteronom\u00eda, con el temor de no ser aceptados por el hombre contempor\u00e1neo que ha cobrado un car\u00e1cter aut\u00f3nomo; o, al rev\u00e9s, han querido dar cabida a la autonom\u00eda y han ca\u00eddo en un relativismo subjetivo que deja de ser cristiano. La visi\u00f3n cristiana del hombre no es disolutoria sino resolutoria, pues logra romper la dial\u00e9ctica del aut\u00f3s y del heter\u00f3s, que es improcedente cuando se trata de una \u00e9tica bien fundamentada. La dial\u00e9ctica ilustrada \u00abaut\u00f3nomo-heter\u00f3nomo\u00bb disocia; la dial\u00e9ctica cristiana del \u00abyo-otros\u00bb, asocia.<br>\nLa conducta \u00e9tica del ser humano deriva de su naturaleza. Como \u00e9sta no se la ha dado el hombre a s\u00ed mismo, por ilustrado que sea, las reglas de su actuaci\u00f3n le son ajenas con una heteronom\u00eda derivada de su car\u00e1cter de ser creado y, sin embargo, totalmente compatible con su dignidad, ya que ha sido creado con el rango m\u00e1s alto que se halla en el universo; una heteronom\u00eda que en modo alguno ha de disimularse, sino que se debe acentuar, porque cada hombre, al recibir la naturaleza humana, es poseedor de un destino muy superior a s\u00ed mismo. El hombre, dotado de una inteligencia mayor que la de cualquier otro ser intramundano, no ha podido darse la inteligencia de que goza, y en la que hallamos el n\u00facleo de su naturaleza.<br>\nLa tarea \u00e9tica que se le pide no es la de considerarse engre\u00eddamente factor de algo que no ha podido darse a s\u00ed mismo, sino la de asimilar o asumir en propiedad aquello que ha recibido; estirar al m\u00e1ximo sus omn\u00edmodas posibilidades. Sabemos ya que las normas morales no son otra cosa que los indicativos que le se\u00f1alan al hombre las v\u00edas de su expansi\u00f3n y esponjamiento: la conducta \u00e9tica del hombre es lo que hace realmente fecunda a su ub\u00e9rrima naturaleza. \u00bfReglas heter\u00f3nomas? \u00bfC\u00f3mo van a serlo si se derivan de mi propia naturaleza, que es lo m\u00e1s personalmente m\u00edo que soy capaz de poseer? Pero \u00bfc\u00f3mo no van a serlo si se derivan de una naturaleza que yo no he sido capaz de darme a m\u00ed mismo? La norma \u00e9tica es, a la par, lo m\u00e1s heter\u00f3nomo y trascendente, y lo m\u00e1s aut\u00f3nomo y profundamente interior que se da en el hombre. Dios, creador del ser humano, no nos ha declarado antropol\u00f3gicamente c\u00f3mo somos; pero s\u00ed, \u00e9ticamente, c\u00f3mo debemos comportarnos si queremos ser de verdad lo que somos.<br>\nLa ley \u00e9tica es expresi\u00f3n de nuestras inclinaciones naturales, apetentes de felicidad y plenitud. Corresponde a, y encaja en, nuestra genuina manera de ser. Constituye nuestra personalidad m\u00e1s honda y noble. Al tener su fuente en nuestra naturaleza creada por Dios, la tiene en Dios mismo. La escisi\u00f3n entre ley aut\u00f3noma y ley heter\u00f3noma s\u00f3lo cabe en el concepto de un Dios lejano y extra\u00f1o, que manejar\u00eda al hombre a control remoto, como quien lo hace por instrumentos, o en el mejor caso con apend\u00edculos o pr\u00f3tesis sobrea\u00f1adidos, igual que las riendas y el freno se adosan a las bocas de los caballos. Hablando en buena metaf\u00edsica, aun teniendo la ley \u00e9tica su origen en Dios, no nos estar\u00eda permitido hablar propiamente de heteronom\u00eda, ya que Dios es m\u00e1s \u00edntimo a nosotros que nosotros mismos: interior intimo meo, seg\u00fan lo dijo San Agust\u00edn. Ya lo hab\u00edamos le\u00eddo as\u00ed en el m\u00e1s importante libro de \u00e9tica, sobre el que se ha estructurado nuestra civilizaci\u00f3n occidental: \u00abesta ley que hoy te impongo no es dif\u00edcil, no est\u00e1 en los cielos, no est\u00e1 al otro lado de los mares\u00bb. \u00abLa tienes enteramente cerca de ti\u00bb (cfr. Deuteronomio, XXX, 1, 1-14).<br>\nNo se crea que lo anterior s\u00f3lo es v\u00e1lido para una \u00e9tica judeo-cristiana. El hombre, si rechaza el concepto cristiano de la vida, sigue necesitando un cuadro de reglas para comportarse. Y es entonces cuando descubre, como lo afirm\u00f3 Juan Pablo II en su discurso a la UNESCO, una \u00e9tica coincidente con aquella que sostiene la religi\u00f3n cristiana. Es interesante notar que la Declaraci\u00f3n de los derechos del hombre y del ciudadano, de 1789, es v\u00e1lida no por recoger el acuerdo de una asamblea francesa, sino por tener una clar\u00edsima inspiraci\u00f3n cristiana, como ha podido demostrarse sin apasionamientos.<br>\nAbrigamos la confianza de que la \u00e9tica en el siglo XXI se convierta en una verdadera ruta a fin de llegar a esa plenificaci\u00f3n de s\u00ed mismo que llamamos virtud, y que la recorra con sus propios y personal\u00edsimos pasos, porque reconoce en cada avance lo m\u00e1s valioso de s\u00ed mismo.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"25122\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Decidir libremente no asegura que aquello que he decidido me haga mejor persona. 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