{"id":25013,"date":"2000-09-01T00:00:00","date_gmt":"2000-09-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=25013"},"modified":"2023-11-08T06:04:48","modified_gmt":"2023-11-08T11:04:48","slug":"humanismo_civico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2000\/09\/01\/humanismo_civico\/","title":{"rendered":"Humanismo c\u00edvico"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"25013\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p>La presente situaci\u00f3n cultural y pol\u00edtica viene marcada por el gran debate acerca del final de la modernidad que se inici\u00f3 hace unos quince a\u00f1os, aunque sus precedentes se remontan al per\u00edodo de entreguerras. La pol\u00e9mica ha perdido fuerza, pero no est\u00e1 agotada, todas las confrontaciones actuales son \u201eoen alg\u00fan sentido\u201eo como corolarios de la discusi\u00f3n b\u00e1sica.<br>\nLa llamada revoluci\u00f3n de 1989, cuyo acontecimiento simb\u00f3lico es la ca\u00edda del muro de Berl\u00edn, se conecta a este debate. El marxismo representaba, en cierto sentido, la culminaci\u00f3n de la modernidad ideol\u00f3gica y pol\u00edtica; su derrumbamiento hist\u00f3rico ha afectado a su supuesta contrapartida, es decir, al liberalismo (aunque \u00e9ste parezca gozar de mejor salud). El final de la guerra fr\u00eda ha conducido a una especie de pax americana, caracterizada por la desorientaci\u00f3n en las relaciones internacionales \u201eoorganizadas antes en torno al eje antit\u00e9tico Washington-Mosc\u00fa\u201eo y la proliferaci\u00f3n de conflictos marginales, situados la mayor\u00eda en pa\u00edses del \u00abtercer mundo\u00bb, a excepci\u00f3n de los Balcanes.<br>\nEl gran inter\u00e9s de la pol\u00e9mica sobre el final de la modernidad estriba en que, al hilo de ella, la situaci\u00f3n intelectual se desbloquea, y es posible cuestionar p\u00fablicamente las tesis dominantes durante dos siglos en Europa y Norteam\u00e9rica. Tales teoremas son, esencialmente, los de la Ilustraci\u00f3n o \u00abprimera modernidad\u00bb: implacable racionalizaci\u00f3n del mundo y la sociedad a trav\u00e9s de la ciencia y la tecnolog\u00eda; progreso hist\u00f3rico indefinido; democracia liberal como soluci\u00f3n de todo problema pol\u00edtico y social; revoluci\u00f3n como m\u00e9todo fundamental para liberar pueblos e individuos.<br>\nTomamos conciencia de la crisis de la modernidad por evidencia hist\u00f3rica: pr\u00e1cticamente ninguna de sus anticipaciones llega a cumplirse. Acontecen, sin duda, m\u00faltiples \u00abprogresos\u00bb pero la magnitud de los \u00abefectos perversos\u00bb es tal que, en el balance del siglo XX, dudamos en calificar su saldo como humanamente positivo.<br>\nLa amplitud y profundidad de esta decepci\u00f3n no es casual: apunta a las ra\u00edces filos\u00f3ficas de tan variadas frustraciones. El n\u00facleo mismo de la crisis ya hab\u00eda sido detectado por la fenomenolog\u00eda de Edmund Husserl, que es un antipositivismo radical y descalificaci\u00f3n dr\u00e1stica de las grandes ideolog\u00edas del siglo XIX. En realidad, la explicaci\u00f3n positivista del hombre est\u00e1 hoy te\u00f3ricamente abandonada, pero sus consecuencias culturales son a\u00fan muy fuertes.<br>\nEl abandono del positivismo y el avance hacia lo que Wittgenstein llam\u00f3 realismo sin empirismo (considerado por \u00e9l como \u00ablo m\u00e1s dif\u00edcil en filosof\u00eda\u00bb), constituye un signo claro de que estamos penetrando en esa terra incognita llamada \u00abpostmodernidad\u00bb.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>TARDOMODERNIDAD PROGRESISTA E IR\u00d3NICA<\/strong><\/p>\n<p>Es preciso distinguir entre la tardomodernidad y la aut\u00e9ntica postmodernidad. La segunda es la toma de conciencia de la crisis de la \u00abprimera modernidad\u00bb y propuesta de nuevos modelos intelectuales y pol\u00edticos; la tardomodernidad es el intento de retrasar el final de la Ilustraci\u00f3n \u201eoprolong\u00e1ndola inercialmente\u201eo o acogerse al relativismo \u00e9tico y cultural, a la fragmentaci\u00f3n y derrotismo del \u00abpensamiento d\u00e9bil\u00bb.<br>\nHay, por de pronto, una tardomodernidad progresista que contempla la modernidad como proyecto inacabado. Ser\u00eda la actitud de Habermas o Apel, para quienes el entreveramiento de residuos de tradici\u00f3n con planteamientos innovadores es lo que provoca situaciones confusas o inerciales. Se buscar\u00eda entonces una especie de \u00abmodernizaci\u00f3n salvaje\u00bb, t\u00edpica de movimientos postmarxistas y radicales representados por autores para quienes religi\u00f3n y \u00e9tica de la ley natural son la principal causa de sometimiento, violencia, fanatismo o fundamentalismo.<br>\nDespu\u00e9s est\u00e1 la tardomodernidad ir\u00f3nica y divertida. Sus resultados m\u00e1s caracter\u00edsticos e interesantes se encuentran en las artes pl\u00e1sticas y la narrativa. Leer un rato a Borges vale por toda una larga explicaci\u00f3n. Son relativismos caleidosc\u00f3picos y decadentes que no creen en los \u00abgrandes relatos\u00bb de la modernidad y meten toda la \u00abtradici\u00f3n occidental\u00bb en el saco de lo pasado sin remedio. \u00bfQu\u00e9 cabe entonces? Jugar: explorar las posibilidades menores de una racionalidad cansada y aburrida. Indagar matices y variaciones de las mentalidades actuales, para descubrir que son c\u00f3micamente dispares \u201eoo rid\u00edculamente semejantes, que es lo mismo\u201eo y a las cuales s\u00f3lo cabe impedir que pretendan hacerse con todo el campo de juego, porque \u201eocomo dice Francesco DAgostino\u201eo la prohibici\u00f3n de la intransigencia es uno de los pocos imperativos de formulaci\u00f3n negativa que se han salvado de las \u00abaventuras de la diferencia\u00bb.<br>\nAunque los tardomodernos aconsejen no tomar nada en serio \u201eoni siquiera lo que ellos dicen\u201eo hay que registrar que la nueva inocencia que propugnan es c\u00f3mplice de la marginaci\u00f3n, la diferencia entre ricos cada vez m\u00e1s ricos y pobres cada vez m\u00e1s pobres; la divisi\u00f3n del planeta en dos partes antit\u00e9ticas, entre las que se intenta levantar un nuevo muro para que los harapientos no participen del banquete de los satisfechos. Y esto es muy serio.<br>\n<strong>MULTICULTURALISMO GLOBALIZADO<\/strong><br>\nLa postmodernidad o \u00absegunda modernidad\u00bb, presenta un claro car\u00e1cter humanista, en el sentido de lo que llamo \u00abhumanismo c\u00edvico\u00bb . Rescata a la modernidad de su versi\u00f3n racionalista vinculada al paradigma de la certeza, para interpretarla en la versi\u00f3n realista del paradigma de la verdad. El proyecto moderno pierde as\u00ed su car\u00e1cter un\u00edvoco. Aparece un pluralismo anal\u00f3gico de inspiraciones culturales, tradiciones hist\u00f3ricas, actitudes sociales y posibilidades de orientaci\u00f3n. Con esta pluralidad, no necesariamente relativista o fragmentada, se relacionan dos fen\u00f3menos emergentes \u201eoglobalizaci\u00f3n y multiculturalismo\u201eo que constituyen los parad\u00f3jicos t\u00e9rminos clave del actual discurso p\u00fablico.<br>\nPor una parte, la galaxia Internet parece haber abolido espacio y tiempo. El mundo parece, por fin, una unidad cosmopolita. Por otro lado, la propia globalizaci\u00f3n comunicativa y econ\u00f3mica entrevera variedades culturales y estilos de vida. Las v\u00edas urbanas que \u201eoen todas latitudes\u201eo exhiben uniformes letreros luminosos, registran el paso de gente de m\u00faltiples razas y lenguas. Barrios enteros de metr\u00f3polis europeas hacen creer que uno se encuentra en alguna rep\u00fablica centroafricana. Y no es \u00abpol\u00edticamente correcto\u00bb \u201eoaunque lamentablemente suceda de continuo\u201eo minusvalorar ninguno de estos estilos de vida. Bien se cuidan de ello empresas publicitarias y productoras de cine, obligadas a diversificar protagonistas entre las diferentes coloraciones de piel, sexo, religi\u00f3n y edad.<br>\nLas demandas de porosidad social crecen, pero la resistencia al mestizaje es quiz\u00e1 m\u00e1s r\u00edgida que nunca. Ah\u00ed est\u00e1n, sin ir m\u00e1s lejos, los lamentables acontecimientos racistas hacia cientos de inmigrantes \u00abilegales\u00bb, cuando, desde siempre, el primero y m\u00e1s notorio de los derechos humanos es la libertad de emigraci\u00f3n: ninguna regi\u00f3n de la tierra es patrimonio exclusivo de nadie. Y es que la aplicaci\u00f3n de los derechos humanos a todos, realmente a todos, ser\u00eda de muy alto costo. En el discurso humanitario \u00abtodav\u00eda hay clases\u00bb. Crece el n\u00famero de hambrientos y se refuerza, a la vez, el \u00abpensamiento \u00fanico\u00bb, ultraconservador en econom\u00eda y radical hasta la disoluci\u00f3n en cuestiones \u00e9ticas y culturales.<br>\nEl \u00abmulticulturalismo globalizado\u00bb, lejos de conducir a la sociedad que so\u00f1aron los universalistas ilustrados, se ha convertido en una coartada del relativismo \u00e9tico. Ahora se puede hacer de todo, siempre que no se moleste demasiado a los dem\u00e1s, y sobre todo si \u00ablos dem\u00e1s\u00bb son, al fin y al cabo, de los nuestros. Algunos no acaban de saber c\u00f3mo compaginar esa dispersi\u00f3n, tan postmoderna, con las arengas universalistas de los derechos humanos. Y \u00e9sta s\u00ed que es una paradoja que roza la pura y simple contradicci\u00f3n.<br>\n<strong>POSTMODERNIDAD HUMANISTA<\/strong><br>\nPero no todos se acoplan d\u00f3cilmente a la \u00abcorriente principal\u00bb. En el \u00e1mbito del pensamiento riguroso, no ideologizado ni comercializado, predomina un nuevo modo de pensar que trata de comprender lo que nos est\u00e1 pasando y \u201eo\u00a1sorpresa!\u201eo est\u00e1 interesado en la verdad. Desde orillas ins\u00f3litas se lanzan propuestas que toman en serio la riqueza multicultural y la amplitud globalizadora, sin someterse a los t\u00f3picos dominantes ni asfixiarse en la a\u00f1oranza de tiempos presuntamente mejores. Si buscamos una r\u00fabrica que cubra tan abigarradas manifestaciones de este emergente pensamiento \u00e9tico y pol\u00edtico, pienso que la m\u00e1s comprensiva es justamente la de \u00abhumanismo c\u00edvico\u00bb.<br>\nEl humanismo c\u00edvico est\u00e1 estrechamente conectado con la rehabilitaci\u00f3n de la raz\u00f3n pr\u00e1ctica, tanto en el campo filos\u00f3fico como en las ciencias sociales. La raz\u00f3n pr\u00e1ctica rehabilitada es plural y flexible, pero no relativista. Est\u00e1 \u00e9ticamente radicada, mas no recae en el moralismo. Es un reflexionar meditativo y dial\u00f3gico, sin ser un \u00abpensamiento d\u00e9bil\u00bb. Considera que hasta la ciencia m\u00e1s abstracta y formalizada surge de un contexto cultural y un entorno social con implicaciones \u00e9ticas. Su valoraci\u00f3n de las tradiciones no se contrapone a la llamada universalista para buscar la verdad, m\u00e1s bien propugna una libre discusi\u00f3n acerca de cu\u00e1l de esas tradiciones \u201eoen el sentido de MacIntyre\u201eo es capaz de dar cuenta de s\u00ed misma y de tradiciones rivales. Reconoce que las diversas ambientaciones culturales no siempre son conmensurables, aunque cabe lograr una progresiva \u00abfusi\u00f3n de horizontes\u00bb. La idea b\u00e1sica del humanismo c\u00edvico es reconocer la dignidad de la persona humana, pensada de manera que se dificulte su manipulaci\u00f3n ideol\u00f3gica o utilizaci\u00f3n mercantil.<br>\n<strong>PRIMAC\u00cdA DEL RIGHT SOBRE EL GOOD<\/strong><br>\nEl humanismo c\u00edvico es un modo de pensar emergente de cu\u00f1o postmoderno. Pero el modo de pensar dominante, de matriz tardomoderna, sigue siendo la ideolog\u00eda del individualismo radical, que ya hace a\u00f1os Martin Kriele se\u00f1al\u00f3 como la construcci\u00f3n te\u00f3rico-pr\u00e1ctica dominante en los pa\u00edses del capitalismo avanzado. Su punto argumentativo fuerte es: parece que en una sociedad democr\u00e1tica como la nuestra \u201eopluralista y con opiniones configuradas en gran medida por los medios de comunicaci\u00f3n colectiva\u201eo no es posible promover la vigencia p\u00fablica de principios morales sustantivos y permanentes. Y ello, porque los ciudadanos no est\u00e1n de acuerdo en ning\u00fan ideal determinado de vida buena, de manera que imponerles uno ir\u00eda contra la libertad individual de pensamiento y expresi\u00f3n, quicio del sistema democr\u00e1tico.<br>\nLa versi\u00f3n m\u00e1s reciente de esta ideolog\u00eda est\u00e1 recogida en formulaciones neocontractualistas y neoutilitaristas, como las de Rawls, Dworkin o Kymlicka. Al resultado de lo que proponen, Michael Sandel le ha llamado \u00abrep\u00fablica procedimental\u00bb: esquema de filosof\u00eda pol\u00edtica que propugna la primac\u00eda del right sobre el good, de lo pol\u00edticamente correcto sobre lo moralmente bueno; o, como dice DAgostino, del derecho sobre la \u00e9tica, en una especie de parad\u00f3jica venganza contra el moralismo ilustrado y rom\u00e1ntico.<br>\nEste esquema produce una privatizaci\u00f3n del bien. Los ciudadanos pueden individualmente acoger y cultivar ideas acerca de lo bueno y lo mejor, pero no pretender que sus preferencias se reflejen en las leyes, porque ello conducir\u00eda a desacuerdos insalvables que pondr\u00edan en peligro la paz p\u00fablica. Las leyes han de ser neutrales respecto a los bienes privados y limitarse a establecer procedimientos para organizar la convivencia, promover el bienestar general y dirimir los conflictos \u201eotambi\u00e9n ideol\u00f3gicos\u201eo de los ciudadanos. El aparato jur\u00eddico y el Estado mismo han de ser \u00e9ticamente neutrales, con excepci\u00f3n de los imperativos morales que se refieren a las reglas de justicia que protegen la libertad individual y la igualdad entre personas.<br>\nEstamos, as\u00ed, ante una \u00e9tica de reglas, no de bienes ni virtudes. El problema que surge es c\u00f3mo aplicarlas, pues, seg\u00fan advierte Wittgenstein, su uso no puede estar, a su vez, sometido a reglas, ya que entonces ir\u00edamos hacia un proceso al infinito.<br>\nEl ideal de un mecanismo jur\u00eddico o metajur\u00eddico puramente formal, instrumentalmente neutralizado, es un constructo cuyo funcionamiento pol\u00edtico efectivo resulta ut\u00f3pico: siempre esas reglas han de ser confeccionadas, respetadas y aplicadas por personas humanas, cuya coherencia existencial depende intr\u00ednsecamente de los bienes que valoran y las virtudes que forjan. Si \u201eopor hip\u00f3tesis\u201eo se han marginado esos valores y virtudes de la conversaci\u00f3n p\u00fablica, no cabe recurrir a la rectitud vital de las personas para favorecer la rectitud pol\u00edtica de las leyes y su aplicaci\u00f3n. S\u00f3lo queda suponer que el trato asiduo con los postulados y mecanismos de un sistema constitucional acabar\u00e1 por sedimentar en las personas virtudes democr\u00e1ticas que les llevar\u00e1n a respetar el orden jur\u00eddico establecido por la mayor\u00eda.<br>\nLa pieza que falta en este constructo, que gen\u00e9ricamente podr\u00edamos llamar \u00abliberal\u00bb, es la educaci\u00f3n. Por reiterado que sea su uso, la raz\u00f3n p\u00fablica instrumentalmente interpretada no presenta virtualidades educativas o formativas. La educaci\u00f3n c\u00edvica requiere, al menos, cierta dosis de visibilidad institucional que no se compadece con la \u00edndole abstracta y presuntamente universalista del orden pol\u00edtico liberal. \u00c9ste es, por cierto, el punto fuerte de los comunitaristas en su pol\u00e9mica con los liberales. La educaci\u00f3n ciudadana s\u00f3lo es posible en el seno de comunidades humanas abarcables, comunidades de indagaci\u00f3n y ense\u00f1anza donde el aprendiz se adiestra en el oficio de la ciudadan\u00eda que \u0192{como todos los oficios\u0192{ tiene mucho m\u00e1s de craft, de artesan\u00eda, que lo que la raz\u00f3n ilustrada est\u00e1 dispuesta a reconocer. Otra cosa es c\u00f3mo esta concepci\u00f3n podr\u00eda adquirir operatividad pol\u00edtica en una sociedad tan compleja como la nuestra. Desde luego, tendr\u00e1 poca mientras la ortodoxia vigente sea marginar las comunidades interpersonales y separar \u00e9tica p\u00fablica y moral privada.<br>\n<strong>NEUTRALIDAD SELECTIVA Y SESGADA<\/strong><br>\nLa consecuencia pr\u00e1ctica m\u00e1s grave de esta quiebra entre moral pol\u00edtica y \u00e9tica personal, que se percibe en occidente es, a mi juicio, que se descarga al ciudadano de su responsabilidad \u00e9tica en cuestiones concernientes a la raz\u00f3n p\u00fablica, que tienen que ver con esos ideales de la vida buena cuya dilucidaci\u00f3n se relega al \u00e1mbito privado. Esas \u00abgrandes cuestiones\u00bb son gestionadas por los aparatos de los partidos pol\u00edticos, que no suelen tener a la vista la sustantividad de los problemas que dirimen, sino su repercusi\u00f3n en la opini\u00f3n p\u00fablica y la aritm\u00e9tica electoral. Los gestores son bur\u00f3cratas y tecn\u00f3cratas, presuntos expertos en asuntos colectivos, quienes l\u00f3gicamente tienen tambi\u00e9n sus propias convicciones morales que, con cierta frecuencia, tratan de imponer a la gente de la calle. As\u00ed, la supuesta neutralidad suele ser selectiva y, por lo tanto, sesgada. Lo procedimental se sustantiviza y se va empobreciendo el sentido \u00e9tico de muchos aspectos de la convivencia pol\u00edtica; como manifiesta la corrupci\u00f3n, que hoy llena de desasosiego y perplejidad a casi todos los pa\u00edses.<br>\nY es que la corrupci\u00f3n no es accidental cuando se separan \u00e9tica p\u00fablica y privada; cuando la b\u00fasqueda de la verdad queda ahogada por un pluralismo cultural m\u00e1s proclamado que efectivo; cuando la educaci\u00f3n se tecnifica y se desprecian las humanidades; cuando las mismas agencias estatales recaudan y gastan cantidades multimillonarias, privando al Parlamento de su autoridad para establecer cargas fiscales y de su responsabilidad en el control de su uso. Cuando unos pocos funcionarios p\u00fablicos o empresarios privados acumulan tal cantidad de poder no compensado, la malversaci\u00f3n y el cohecho no se combaten con la sola racionalidad democr\u00e1tica que \u201eopor lo dem\u00e1s\u201eo sigue constituyendo el mejor producto \u00e9tico y jur\u00eddico de nuestra cultura. El intercambio humano, sometido a dieta de toda verdad relevante, resulta seriamente da\u00f1ado. Los debates p\u00fablicos se manipulan o trivializan. La desconfianza \u201eomayor enemigo de la \u00e9tica, seg\u00fan Stuart Mill\u201eo se extiende por doquier.<br>\nSeg\u00fan indica Charles Taylor, si la democracia liberal no es capaz de acoger proyectos comunes acerca de la vida buena, desaparece la lealtad c\u00edvica y el patriotismo, \u00faltimos recursos a los que tiene que recurrir un Estado no desp\u00f3tico.<br>\nLa democracia liberal de ra\u00edz moderna puede y debe acoger proyectos solidarios que se refieran al logro de la vida buena. Lo contrario equivale a coartar la libertad social de los ciudadanos y privar a la democracia de sus fundamentos antropol\u00f3gicos. En definitiva, urge renovar la idea de bien com\u00fan, que en modo alguno ha perdido actualidad, ni puede ser sustituida por la idea de inter\u00e9s general, t\u00edpica del individualismo utilitarista que Amartya Sen llama welfarism.<br>\n<strong>HORIZONTES INDIVIDUALES Y SOCIALES<\/strong><br>\nLa mayor parte de las insuficiencias \u00e9ticas de posturas individualistas proceden del emotivismo moral, que parte del inmediatismo de la percepci\u00f3n moral: las actitudes \u00e9ticas son objeto de preferencias morales irreductibles a cualquier fundamentaci\u00f3n ontol\u00f3gica o antropol\u00f3gica y, por tanto, no universalizables. Pero, como se\u00f1ala Elizabeth Anscombe en su art\u00edculo Moral Modern Philosophy, en la vida moral no hay cualidades \u00e9ticas innatas o puramente ps\u00edquicas. Es preciso aprender a elegir de modo \u00e9ticamente correcto, y este aprendizaje s\u00f3lo se realiza en la pr\u00e1ctica. Tenemos que aprender, primeramente, a distinguir entre lo que me parece bueno y lo que realmente es bueno: entre lo que me gusta y lo que verdaderamente me perfecciona humanamente y faculta para alcanzar una mayor intensidad vital. Esto no lo podemos aprender por nuestra propia cuenta y riesgo. Siempre lo aprendemos en una comunidad, con independencia de lo que digan (o no) al respecto los comunitaristas.<br>\nDetr\u00e1s del error de la espontaneidad individualista, hay \u201eocomo suele pasar con los errores\u201eo algo positivo e interesante que no se est\u00e1 entendiendo bien: el ideal moderno de la autenticidad, vigente desde el simbolismo rom\u00e1ntico. A diferencia de las sociedades tradicionales, en las que el propio status y valor moral ven\u00eda dado por la inserci\u00f3n de la persona en una totalidad jer\u00e1rquica, las culturas modernas descubren que la posici\u00f3n en la vida y la categor\u00eda \u00e9tica de cada uno est\u00e1n \u00edntimamente vinculadas con su propia e irrepetible identidad. Existe algo as\u00ed como una \u00abvoz moral\u00bb dentro de cada uno que sugiere c\u00f3mo comportarnos y cu\u00e1l es nuestra misi\u00f3n en la sociedad. A esa voz, reveladora de nuestra identidad, hemos de ser fieles si no queremos malbaratar nuestra vida. Pero este moderno ideal de la autenticidad se trivializa y disuelve en sus versiones tardomodernas cuando no se advierte que la identidad personal s\u00f3lo se descubre a la luz de horizontes valorativos y sociales que van mucho m\u00e1s all\u00e1 de la propia individualidad.<br>\nS\u00f3lo me puedo realizar aut\u00e9nticamente en di\u00e1logo estable con aqu\u00e9llos a los que George Herbert Mead llam\u00f3 significant others \u201eointerlocutores relevantes\u201eo: miembros de mi familia, alumnos, maestros, compa\u00f1eros de trabajo, amigos. Sin compartir con ellos situaciones permanentes de di\u00e1logo, no alcanzar\u00e9 a desvelar esos bienes comunes \u201eocomo la propia amistad\u201eo imprescindibles para descubrirme a m\u00ed mismo y empezar a desplegar una vida moral, que \u201eoa su vez\u201eo quedar\u00eda truncada si no comparece de un modo u otro en lo que Hannah Arendt llamaba la esfera p\u00fablica.<br>\nPor eso son necesarias las comunidades abarcables, vividas, en las que comienzo a distinguir lo que parece bueno de lo que realmente es, y voy adquiriendo capacidades de discernimiento y elecci\u00f3n que incorporo como h\u00e1bitos operativos o virtudes. En tales comunidades han de tener vigencia una serie de normas que no admitan excepci\u00f3n, de lo contrario es imposible la lealtad que el aprendizaje \u00e9tico requiere. Por ejemplo, nunca se debe mentir, porque la mentira da\u00f1a en su mismo n\u00facleo la conversaci\u00f3n humana al hilo de la cual acontece todo crecimiento personal. En definitiva, las prescripciones \u00e9ticas fundamentales son condiciones imprescindibles para descubrir los bienes y cultivar las virtudes. Tenemos as\u00ed una moral de bienes, virtudes y normas, que es ontol\u00f3gicamente anterior al derecho positivo y puede florecer incluso en contextos pol\u00edticos propios de la \u00abrep\u00fablica procedimental\u00bb. No hay que esperar a que el Estado nos otorgue libertades y haga virtuosos, porque las leyes no hacen moralmente buenas a las personas. Al fin y al cabo, no hay m\u00e1s libertades que las que uno se toma ni m\u00e1s virtudes que las que uno vitalmente adquiere.<br>\nObviamente, ser\u00e1 en t\u00e9rminos de la propia cultura como cada ser humano formular\u00e1 inicialmente estas verdades elementales que ata\u00f1en a su propia naturaleza. Pero, si est\u00e1n certeramente orientadas, tales formulaciones trascender\u00e1n los par\u00e1metros de la cultura propia, de la cual no somos prisioneros, porque toda aut\u00e9ntica cultura nos hace trascenderla y entrar en di\u00e1logo con otras. Hoy m\u00e1s visible que nunca \u201eotambi\u00e9n m\u00e1s interesante y problem\u00e1tico\u201eo por las tendencias multiculturales y globalizantes. La propia manera de entender el mundo se perfila sobre otras maneras, en las cuales encontramos elementos complementarios de una identidad a la que no es necesario renunciar, pero que es posible enriquecer. Si no se entienden las cosas de manera abierta y flexible, reaparecen los espectros del nacionalismo totalitario y excluyente que cre\u00edamos hace tiempo enterrados; o, por lo menos, el enredo entre el reconocimiento de la igualdad y el reconocimiento de la diferencia se hace te\u00f3rica y pr\u00e1cticamente insuperable.<br>\n<strong>CONSENSO DEL BIEN COM\u00daN<\/strong><br>\nEl hecho de que no nos pongamos de acuerdo acerca de cu\u00e1l puede ser el fin unitario y complejo \u0192{el bien com\u00fan\u0192{, que da sentido humanista a las actuaciones c\u00edvicas, no significa que no lo haya. Al discutir sobre \u00e9l admitimos que lo hay; falta acordar en qu\u00e9 consiste. Sin verdad pr\u00e1ctica carecer\u00eda de sentido la conversaci\u00f3n social; si tiene sentido, es precisamente porque tal verdad no es f\u00e1cil de alcanzar, ya que \u201eocomo dir\u00eda Ortega\u201eo es hist\u00f3rica, situada en el espacio y el tiempo. De ah\u00ed que el pluralismo pol\u00edtico sea un valor claramente positivo y, utilizando una distinci\u00f3n de Spaemann, haya que aspirar a que el consenso f\u00e1ctico se acerque progresivamente al consenso racional.<br>\nTal consenso es m\u00e1s f\u00e1cil de lograr \u201eoporque de diversas maneras se presupone\u201eo en esas comunidades m\u00e1s o menos idiosincr\u00e1sicas a las que MacIntyre llama \u00abcomunidades locales\u00bb. Pero no puedo seguir a MacIntyre cuando se niega a admitir la posibilidad del consenso en configuraciones m\u00e1s amplias, como puede ser la del propio Estado. En lo que s\u00ed estoy de acuerdo es en destacar la dificultad de obtener un consenso te\u00f3rico con los recursos intelectuales del objetivismo moderno, tal como queda propuesto en la Ilustraci\u00f3n. De hecho, las diversas interpretaciones neoliberales aparecen como inconmensurables entre s\u00ed. Seg\u00fan MacIntyre, ni siquiera nos ponemos de acuerdo acerca de la naturaleza de nuestros desacuerdos. Y esta discrepancia epistemol\u00f3gica de fondo no debe ser minusvalorada.<br>\nRawls piensa, con todo, que cabe un overlapping consensus, especie de acuerdo por solapamiento o intersecci\u00f3n de las concepciones acerca del bien. Me parece una idea realista y sumamente fecunda. La concepci\u00f3n que de hecho fundamenta las actuales democracias pol\u00edticas es como una decantaci\u00f3n de las ideas \u00e9ticas del humanismo cl\u00e1sico, la religi\u00f3n cristiana, y la modernidad cient\u00edfica y t\u00e9cnica. Sin renunciar a nuestros desacuerdos, casi siempre encontramos m\u00e1rgenes de acuerdo suficientes para alcanzar un overlapping consensus. Lo cual, restablece la convicci\u00f3n de que los ciudadanos somos \u00e9ticamente competentes, ya que s\u00f3lo as\u00ed podemos considerarnos libres e iguales, conviviendo en una sociedad moderadamente justa y, hasta cierto punto, ordenada. Tal campo de coincidencia podr\u00eda interpretarse en los t\u00e9rminos cl\u00e1sicos de la ley natural, pero en ese mismo punto comenzar\u00edan de nuevo nuestras discrepancias.<br>\nEl ejercicio te\u00f3rico y pr\u00e1ctico de la dial\u00e9ctica entre comunitarismo y liberalismo, deber\u00eda acercarnos a una soluci\u00f3n de compromiso, a una especie de edici\u00f3n renovada del ideal cl\u00e1sico del regimen mixtum. Por una parte, es ut\u00f3pico y peligroso aspirar a una \u00abcomunitarizaci\u00f3n\u00bb del Estado. Ut\u00f3pico, porque la actual complejidad y globalizaci\u00f3n de los aparatos pol\u00edticos y econ\u00f3micos no permite troquelarlos en comunidades primarias. Peligroso, porque esa pretensi\u00f3n nos llevar\u00eda a f\u00f3rmulas de democracia org\u00e1nica, en el mejor de los casos; en el peor, al Estado \u00e9tico y corporativo de los fascismos.<br>\nLa era de las revoluciones est\u00e1 ya felizmente pasada; pero \u201eoesperemos\u201eo no la del humanismo c\u00edvico, de la presencia inspiradora de la \u00e9tica en la din\u00e1mica pol\u00edtica, hecha posible por el dinamismo de un mundo vital emergente, que el pensar postmoderno ha vuelto a poner en primer t\u00e9rmino. La primera y obvia receta para dar espacio al humanismo c\u00edvico es disminuir el tama\u00f1o del Estado. La raz\u00f3n: la burocratizaci\u00f3n de la sociedad. Pero tal receta precipita en un slogan superficial si se entiende en t\u00e9rminos del neocapitalismo conservador. No se trata de disminuir el tama\u00f1o del sector pol\u00edtico, aumentando la cuota de intervenci\u00f3n del sector econ\u00f3mico; ello podr\u00eda llevar, por ejemplo, a las \u00abprivatizaciones\u00bb como recurso para hacer m\u00e1s competitivas las actuales empresas p\u00fablicas: algo as\u00ed como entrar en la pugna mercantil disparando con p\u00f3lvora del rey.<br>\n<strong>LA VIDA INSTITUCIONAL<\/strong><br>\nLa resoluci\u00f3n de la dial\u00e9ctica p\u00fablico-privado a favor de lo privado, no agota la cuesti\u00f3n que la tensi\u00f3n entre modernidad y postmodernidad plantea en el terreno pol\u00edtico y econ\u00f3mico. La clave de la reconfiguraci\u00f3n postmoderna de la sociedad est\u00e1 precisamente en el nuevo descubrimiento de esa fuente de sentido, olvidada, que es la vida institucional de la familia, la f\u00e1brica, la escuela, la parroquia o la universidad. El mundo del ethos o cultura es fundamento y fuente energ\u00e9tica de todos los constructos econ\u00f3mico-pol\u00edticos. Postmodernidad sociol\u00f3gica significa, precisamente, el impulso para buscar soluci\u00f3n en los \u00e1mbitos pre-econ\u00f3micos y pre-pol\u00edticos.<br>\nPero \u00bfacaso los hay? \u00bfqueda algo que no est\u00e9 te\u00f1ido por el af\u00e1n de poder, el inter\u00e9s econ\u00f3mico, la manipulaci\u00f3n persuasiva de los medios de comunicaci\u00f3n? La respuesta, en esta nueva galaxia cultural es decididamente afirmativa. Ya Durkheim dec\u00eda que los presupuestos del pacto no pueden ser pactados. Por sofisticada y corrupta que se presente la densa capa tecnoestructural, siempre es necesario recurrir a las relaciones b\u00e1sicas de solidaridad, a las configuraciones informales, a las tendencias benevolentes, a la confianza mutua, a esos h\u00e1bitos del ser sin cuya presuposici\u00f3n la entera maquinaria macrosocial entrar\u00eda en colapso.<br>\nS\u00f3lo el buen sentido, la solidaridad y la virtud moral de la gente de la calle permite que ese gran mecanismo siga funcionando. Lo que est\u00e1 sucediendo es una especie de \u00abrebeli\u00f3n de los mundos vitales\u00bb. La gente com\u00fan y corriente empieza a darse cuenta que el propio sentido de la democracia pol\u00edtica y la econom\u00eda de mercado remite a un mayor protagonismo de reciprocidad civil, en la que surgen continuamente iniciativas sociales. Prueba de ello es la incesante ascensi\u00f3n del voluntariado, la demostrada eficacia de las ONG, la alta valoraci\u00f3n de la familia entre generaciones j\u00f3venes, el renacimiento de movimientos de espiritualidad religiosa, y la imprevista sensatez pol\u00edtica de los buenos vasallos frente al aparente delirio de algunos de sus se\u00f1ores.<br>\nLa manipulaci\u00f3n de los mass media encuentra un l\u00edmite y contraste en lo que oye y dice la gente que no tiene la fea costumbre de mentir. Contra la presi\u00f3n capilar de la colonizaci\u00f3n de los mundos vitales, emergen las subjetividades sociales. Por desfavorables que les sean las ordenaciones jur\u00eddicas, florecen las fundaciones y empresas sin \u00e1nimo de lucro. En algunos pa\u00edses avanzados, este tercer sector, ni pol\u00edtico ni econ\u00f3mico, presenta una fuerza notable que repercute en la configuraci\u00f3n de los propios sectores econ\u00f3micos y pol\u00edticos.<br>\nPosiblemente nadie est\u00e1 en condiciones de aquilatar la importancia o trascendencia de este paso de la \u00abprimera modernidad\u00bb a la \u00absegunda modernidad\u00bb, es decir, del tr\u00e1nsito hacia una nueva etapa hist\u00f3rica a la que llamamos de momento postmodernidad. Pero si alg\u00fan sentido tiene la consabida expresi\u00f3n \u00absociedad del conocimiento\u00bb, me parece que va en esta l\u00ednea. Volvemos a estar en condiciones de entender que las sociedades humanas tienen la verdad y el bien como telos [finalidad], porque en ellas se indaga cr\u00edticamente c\u00f3mo alcanzar una vida lograda. Se ha producido una mutaci\u00f3n cognoscitiva en virtud de la cual las comunidades vitales rompen las barreras espaciales y entran en una din\u00e1mica donde el tiempo es el par\u00e1metro decisivo.<br>\nYa no estamos en el territorio del kratos, de la fuerza econ\u00f3mica o poder pol\u00edtico vinculados al dominio del espacio. Emerge nuevamente en la esfera p\u00fablica el \u00e1mbito del ethos, de la sabia comprensi\u00f3n del tiempo vital. En la postmodernidad vuelve a ser imposible discutir de \u00e9tica y pol\u00edtica sin recurrir a algo as\u00ed como una verdad de la vida humana; lo que hemos empezado a llamar nuevamente humanismo.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"25013\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Vivimos un panorama social in&eacute;dito: millones de personas compartimos espacios colectivos llamados ciudades, en cuya configuraci&oacute;n cada d&iacute;a nos involucramos m&aacute;s. &iquest;Hay un camino adecuado para satisfacer las aut&eacute;nticas necesidades de la sociedad? En este texto, tema de su &uacute;ltimo libro (Ariel. 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