{"id":24917,"date":"2000-07-01T00:00:00","date_gmt":"2000-07-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=24917"},"modified":"2023-11-08T06:08:21","modified_gmt":"2023-11-08T11:08:21","slug":"humildad_y_grandeza_del_arrepentimiento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2000\/07\/01\/humildad_y_grandeza_del_arrepentimiento\/","title":{"rendered":"Humildad y grandeza del arrepentimiento"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"24917\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><h3>Juan Pablo II pidi\u00f3 perd\u00f3n por las culpas de los hijos de la Iglesia<\/h3>\n<p>A pesar de la falta de antecedentes hist\u00f3ricos y b\u00edblicos para un acto de ese tipo, el Papa ha pedido perd\u00f3n a Dios, delante de los hombres, por los pecados cometidos a lo largo de estos siglos por los hijos de la  Iglesia. Tambi\u00e9n por los del presente. Sin importarle el riesgo de manipulaci\u00f3n o simplificaci\u00f3n, y desoyendo, posiblemente, los consejos de algunos, Juan Pablo II ha cumplido as\u00ed su proyecto de \u00abpurificaci\u00f3n de la memoria\u00bb con motivo del Gran Jubileo.<br>\nLa Jornada del Perd\u00f3n, una de las m\u00e1s significativas del A\u00f1o Santo, tuvo lugar el 12 de marzo, primer domingo de cuaresma, en la bas\u00edlica de San Pedro. El Papa, acompa\u00f1ado por numerosos cardenales y obispos, ofici\u00f3 una misa solemne en la que los elementos penitenciales tuvieron un particular protagonismo.<br>\nCon un acto de primac\u00eda que solo \u00e9l pod\u00eda cumplir, present\u00f3 ante el crucifijo los pecados cometidos en la historia por los cristianos, especialmente durante el segundo milenio. Minutos antes, delante de la <em>Piet\u00e0<\/em>, el Papa hab\u00eda invocado la asistencia de Mar\u00eda, \u00abque se hace cargo de los pecados de sus hijos\u00bb.<br>\nAtr\u00e1s quedaban a\u00f1os de debates y, en algunos casos, pol\u00e9micas. Y es que era objetivamente dif\u00edcil hacer entender el significado de un gesto que carec\u00eda de puntos precedentes. Hab\u00eda que explicar la realidad de que la Iglesia es santa pero que camina con los pies de los hombres, de que no se trataba de juzgar las conductas del pasado, algo que s\u00f3lo compete a Dios, sino de fomentar la conversi\u00f3n personal y la reconciliaci\u00f3n.<br>\nTal vez viendo y escuchando al Papa en esta Jornada del Perd\u00f3n, inclinado ante el crucifijo colocado junto al altar de la Confesi\u00f3n, todo result\u00f3 m\u00e1s sencillo de comprender.<br>\n<strong>SIETE INVOCACIONES<\/strong><br>\nAlgunos elementos lit\u00fargicos contribuyeron a dar a la ceremonia un sentido particular. As\u00ed, la oraci\u00f3n de los fieles se transform\u00f3 en una \u00abConfesi\u00f3n de las culpas y petici\u00f3n de perd\u00f3n\u00bb: siete oraciones le\u00eddas por distintos cardenales y obispos, colaboradores del Santo Padre en la Curia Romana, y subrayadas cada una por otras tantas invocaciones del Papa. Al final de cada una de las plegarias, el concelebrante que las hab\u00eda le\u00eddo encend\u00eda una l\u00e1mpara ante el crucifijo del siglo XIV que tradicionalmente se venera en San Pedro durante los A\u00f1os Santos.<br>\nLas oraciones empezaban por el reconocimiento de los pecados en general y se refer\u00edan luego a grandes \u00e1reas en las que, a lo largo de la historia y hoy, los cristianos han fallado en la fidelidad al Evangelio, como: recurso a m\u00e9todos no evang\u00e9licos en el servicio a la verdad; pecados que han da\u00f1ado la unidad de los cristianos y las relaciones con los jud\u00edos; los cometidos contra el amor, la paz, los derechos de los pueblos, el respeto de las culturas y las religiones; los pecados que han herido la dignidad de la mujer y la unidad del g\u00e9nero humano; los pecados contra los derechos fundamentales de la persona.<br>\nLa ceremonia concluy\u00f3 con una bell\u00edsima oraci\u00f3n en la que el Papa invoc\u00f3 la misericordia de Dios para que \u00absuscite en toda la Iglesia y en cada uno de nosotros un empe\u00f1o de fidelidad al mensaje perenne del Evangelio\u00bb. Y proclam\u00f3 siete implorantes \u00abnunca m\u00e1s\u00bb en correspondencia con las faltas antes enumeradas: \u00abNunca m\u00e1s negaciones de la caridad al servicio de la verdad; nunca m\u00e1s gestos contra la comuni\u00f3n de la  Iglesia; nunca m\u00e1s ofensas hacia ning\u00fan pueblo; nunca m\u00e1s el recurso a la l\u00f3gica de la violencia; nunca m\u00e1s discriminaciones, exclusiones, opresiones, desprecio de los pobres y de los \u00faltimos\u00bb.<br>\n<strong>UN AMPLIO DEBATE<\/strong><br>\nEs muy probable que la idea de la \u00abpurificaci\u00f3n de la memoria\u00bb aleteara en la mente del Papa desde el comienzo de su pontificado. Un indicio es que en sus discursos y alocuciones llegan al centenar las referencias a la petici\u00f3n de perd\u00f3n hacia pueblos o confesiones religiosas. De todas formas, la propuesta de un acto espec\u00edfico no fue presentada p\u00fablicamente hasta el consistorio de cardenales de junio de 1994, dedicado a la preparaci\u00f3n del Gran Jubileo; a continuaci\u00f3n, fue recogida en la enc\u00edclica <em>Tertio millennium adveniente <\/em>y m\u00e1s adelante en la bula de convocaci\u00f3n del Gran Jubileo, <em>Incarnationis Mysterium<\/em>.<br>\nEl mensaje era claro: \u00abLa Iglesia no puede cruzar el umbral del nuevo milenio sin empujar a sus hijos a purificarse, con el arrepentimiento, de los errores, infidelidades, incoherencias y retardos\u00bb. \u00abLos cristianos, perdonados y dispuestos a perdonar, entran en el tercer milenio como testigos m\u00e1s cre\u00edbles de la esperanza\u00bb.<br>\nLo delicado era el modo de llevar a cabo esta iniciativa. No faltaron cardenales y obispos, te\u00f3logos e historiadores que se mostraron contrarios a un acto p\u00fablico de petici\u00f3n de perd\u00f3n por las culpas del pasado, advirtiendo la complejidad de la cuesti\u00f3n: riesgo de juzgar el pasado con ojos de presente, dar credibilidad a la propaganda anticat\u00f3lica, crear confusi\u00f3n entre los fieles, etc\u00e9tera.<br>\n<strong>EN UN NUEVO CLIMA CULTURAL<\/strong><br>\nEl mejor diagn\u00f3stico de la situaci\u00f3n de fondo quiz\u00e1s lo ofreci\u00f3 el cardenal Joseph Ratzinger durante la presentaci\u00f3n del documento de la Comisi\u00f3n Teol\u00f3gica Internacional. Desde la \u00e9poca de la  Reforma, dijo el cardenal, estamos acostumbrados a vivir en un clima que presenta a la  Iglesia como corrompida, como si fuera instrumento del Anticristo o el gran mal de la humanidad. Ese clima cultural negativo se acentu\u00f3 con la Ilustraci\u00f3n, que agigant\u00f3 los verdaderos pecados de la Iglesia y los convirti\u00f3 en mitolog\u00edas. Ante esos ataques, se desarroll\u00f3 una historiograf\u00eda cat\u00f3lica destinada a mostrar que, a pesar de los errores, la Iglesia cat\u00f3lica es la Iglesia de Cristo, la Iglesia de los santos.<br>\nGracias a Dios, a\u00f1adi\u00f3 Ratzinger, las circunstancias actuales han cambiado: \u00abHoy hemos visto las grandes destrucciones producidas por los ate\u00edsmos, que han creado una nueva situaci\u00f3n de aniquilaci\u00f3n de lo humano. En este momento en el que surge de nuevo la pregunta \u201c\u00bfd\u00f3nde estamos? \u00bfqu\u00e9 nos salva?\u201d pienso que podemos confesar los pecados con nueva humildad y franqueza, y al mismo tiempo reconocer los grandes dones del Se\u00f1or. Estamos en una situaci\u00f3n nueva en la que la Iglesia puede volver a la confesi\u00f3n de los pecados con mayor libertad e invitar a los dem\u00e1s a la propia confesi\u00f3n, y de este modo llegar a una profunda reconciliaci\u00f3n\u00bb.<br>\n<strong>LA  INTENCI\u00d3N DEL PAPA<\/strong><br>\nPrecisamente, ese documento de la  Comisi\u00f3n Teol\u00f3gica Internacional ha ayudado a esclarecer algunos puntos sobre qu\u00e9 se entiende por pedir perd\u00f3n por las culpas del pasado. En todo caso, se puede afirmar tambi\u00e9n que el animado debate que sigui\u00f3 a la propuesta del Papa de \u00abpurificaci\u00f3n de la memoria\u00bb ha sido una demostraci\u00f3n de que, dentro de la  Iglesia, los m\u00e1rgenes de di\u00e1logo sobre cuestiones no estrictamente de fe son muy amplios.<br>\nNaturalmente, junto a esas versiones m\u00e1s o menos autorizadas, la mejor interpretaci\u00f3n sobre cu\u00e1les han sido las intenciones del Papa la constituyen sus propias palabras. Adem\u00e1s de lo que explica en la enc\u00edclica y en la bula mencionadas anteriormente, la homil\u00eda de la misa de la Jornada del Perd\u00f3n ofrece una n\u00edtida clave de interpretaci\u00f3n. Se trata de pedir perd\u00f3n, de perdonar por el pasado, y tambi\u00e9n de examinar la propia conciencia para ver cu\u00e1l es la responsabilidad de cada uno en los males del presente.<br>\nEn general, este gesto <em>unilateral y gratuito <\/em>querido por el Papa ha sido acogido con respeto y admiraci\u00f3n. Desde luego, no han faltado los juicios contrarios de quienes hacen de la anti-romanidad una profesi\u00f3n. O de los que trivializan todo en su propia mediocridad. A este prop\u00f3sito, el cardenal Etchegaray cit\u00f3 unas palabras de San Agust\u00edn que, al parecer, mantienen plena actualidad: quienes prestan menos atenci\u00f3n a sus propios pecados son los que est\u00e1n m\u00e1s atentos luego a los pecados de los dem\u00e1s.<br>\n<strong>JUAN PABLO II: \u00ab\u00a1PERDONAMOS Y PEDIMOS PERD\u00d3N!\u00bb<\/strong><br>\nEn la homil\u00eda de la misa de la  Jornada del Perd\u00f3n, Juan Pablo II volvi\u00f3 a explicar el significado de la \u00abpurificaci\u00f3n de la memoria\u00bb. Ofrecemos algunos p\u00e1rrafos:<br>\n\u00abLos lazos del Cuerpo M\u00edstico nos unen a todos y, aun sin tener responsabilidad personal y sin sustituir al juicio de Dios, llevamos el peso de los errores y las culpas de quienes nos han precedido. Reconocer las desviaciones del pasado sirve para despertar nuestra conciencia ante los compromisos del presente, abriendo para todos el camino de la conversi\u00f3n (\u2026).<br>\n\u00bb\u00a1Perdonamos y pedimos perd\u00f3n! Mientras alabamos a Dios que, en su amor misericordioso, ha suscitado en la Iglesia una mies extraordinaria de santidad, de ardor misionero, de total entrega a Cristo y al pr\u00f3jimo, no podemos dejar de reconocer las infidelidades al Evangelio en las que han ca\u00eddo algunos de nuestros hermanos, especialmente durante el segundo milenio. Pedimos perd\u00f3n por las divisiones que se han producido entre los cristianos, por el uso de la violencia que algunos de ellos han hecho en servicio de la verdad y por las actitudes de desconfianza y de hostilidad adoptados a veces en relaci\u00f3n con los seguidores de otras religiones. (\u2026) Confesamos, con mayor raz\u00f3n, nuestras responsabilidades de cristianos por los males de hoy. Ante el ate\u00edsmo, la indiferencia religiosa, el secularismo, el relativismo \u00e9tico, las violaciones del derecho a la vida, el desinter\u00e9s hacia la pobreza de muchos pa\u00edses, tenemos que preguntarnos cu\u00e1les son nuestras responsabilidades.<br>\n\u00bbAl mismo tiempo, mientras confesamos nuestras culpas, perdonamos las culpas cometidas por los dem\u00e1s contra nosotros. A lo largo de la historia, en innumerables ocasiones los cristianos han sufrido abusos, prepotencias, persecuciones con motivo de su fe. Igual que perdonaron las v\u00edctimas de esos desmanes, perdonamos tambi\u00e9n nosotros. La Iglesia de hoy y de siempre se siente comprometida en purificar la memoria de aquellos tristes episodios de todo sentimiento de rencor o de revancha. El Jubileo se convierte as\u00ed para todos en ocasi\u00f3n propicia para una profunda conversi\u00f3n al Evangelio. De la acogida del perd\u00f3n divino brota el empe\u00f1o de perdonar a los hermanos y a la reconciliaci\u00f3n rec\u00edproca\u00bb.<br>\n<strong>LA  IGLESIA Y LAS CULPAS DEL PASADO<\/strong><br>\nEn dos mil a\u00f1os de historia, los cristianos estaban acostumbrados a pedir perd\u00f3n por los propios pecados, no por los de los dem\u00e1s. Menos a\u00fan por los de \u00e9pocas anteriores. \u00bfEs posible pedir perd\u00f3n por culpas del pasado cometidas por otras personas? El documento <em>Memoria y reconciliaci\u00f3n: la Iglesia y las culpas del pasado<\/em>, elaborado por la Comisi\u00f3n Teol\u00f3gica Internacional, pretende responder a esta cuesti\u00f3n.<br>\nEl documento, de setenta p\u00e1ginas en la versi\u00f3n oficial italiana, no toma en consideraci\u00f3n ning\u00fan caso hist\u00f3rico concreto, aunque s\u00ed se refiere a algunas grandes \u00e1reas: desuni\u00f3n entre los cristianos, relaciones con los jud\u00edos, Inquisici\u00f3n, uso de la violencia al servicio de la verdad, etc\u00e9tera. Menciona s\u00f3lo de refil\u00f3n esos episodios porque su objetivo es m\u00e1s general: \u00abClarificar los presupuestos en los que se funda el arrepentimiento de las culpas pasadas\u00bb. Por esta raz\u00f3n, se trata de un documento de cierto nivel teol\u00f3gico, no muy f\u00e1cil de resumir, como se ha visto en las informaciones period\u00edsticas que daban cuenta de la presentaci\u00f3n. Por lo que se refiere a su nivel doctrinal, el hecho de que haya sido elaborado por una instituci\u00f3n prestigiosa le otorga autoridad moral, aunque no forma parte del Magisterio de la Iglesia.<br>\n<strong>INICIATIVA SIN PRECEDENTES<\/strong><br>\nEn el cap\u00edtulo primero se constata que en ninguno de los jubileos precedentes, ni en la historia de la Iglesia, ha habido una toma de conciencia de la necesidad de pedir perd\u00f3n a Dios por comportamientos del pasado pr\u00f3ximo o remoto. Incluso cuando el Papa Adriano VI denuncia, en 1522, los abusos de la curia romana de su tiempo, ese reconocimiento no va unido a una petici\u00f3n de perd\u00f3n. Una novedad viene con Pablo VI, quien en la apertura de la segunda sesi\u00f3n del concilio Vaticano II dirigi\u00f3 una petici\u00f3n de perd\u00f3n a Dios y a \u00ablos hermanos separados\u00bb por el pecado de la divisi\u00f3n entre los cristianos (un perd\u00f3n que exig\u00eda reciprocidad).<br>\nEn las ense\u00f1anzas del propio concilio se incluyen algunos otros episodios negativos en los que los cristianos han tenido una responsabilidad, pero no se habla de petici\u00f3n de perd\u00f3n por esos hechos. Ha sido Juan Pablo II quien ha extendido la petici\u00f3n de perd\u00f3n a una serie de hechos hist\u00f3ricos que suponen un testimonio contrario al Evangelio. Con este fin, ha estimulado la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica para que se profundice en c\u00f3mo se podr\u00eda llevar a cabo ese \u00abhacerse cargo\u00bb de las culpas del pasado.<br>\nEsa iniciativa de Juan Pablo II ha sido vista en muchos ambientes como una manifestaci\u00f3n de vitalidad y de autenticidad de la Iglesia. Pero no han faltado personas que se han sentido desconcertadas. Y es que las dificultades que se presentan al proyecto del Papa son numerosas: por ejemplo, \u00bfc\u00f3mo distinguir las culpas atribuibles a los miembros de la Iglesia, en cuanto creyentes, de las que habr\u00eda que referir a las causadas por las estructuras de poder en las que lo temporal y lo espiritual estaban estrechamente entretejidos?<br>\nEn el segundo cap\u00edtulo se estudian las bases que la Sagrada Escritura ofrece para sostener esa invitaci\u00f3n del Papa. Del an\u00e1lisis resulta que ese llamamiento \u00abno encuentra un indicio un\u00edvoco en el testimonio b\u00edblico\u00bb, aunque se basa en algunos aspectos de la Sagrada Escritura. Por ejemplo, la \u00absolidaridad intergeneracional en el pecado\u00bb: en el Antiguo Testamento se mencionan los \u00abpecados de los padres\u00bb, aunque se trata de pecados cometidos directamente contra Dios, y no los cometidos tambi\u00e9n contra otros seres humanos.<br>\nEl cap\u00edtulo tercero aborda el aspecto teol\u00f3gico: c\u00f3mo se puede conjugar la afirmaci\u00f3n de fe en la santidad de la Iglesia y su necesidad de penitencia y purificaci\u00f3n. El documento dice que es menester distinguir entre \u00abla santidad <em>de la Iglesia y la santidad en la Iglesia\u00bb. Recuerda tambi\u00e9n que la Iglesia es un misterio: una realidad absolutamente \u00fanica que es capaz de hacerse cargo \u00abde los dones, de los m\u00e9ritos y de las culpas de sus hijos, tanto los de hoy como los de ayer\u00bb.<\/em><br>\nPara enmendar las culpas del pasado es preciso, ante todo, individuarlas. El cuarto cap\u00edtulo se refiere precisamente al juicio hist\u00f3rico que debe estar en la base del juicio teol\u00f3gico. Es necesario evitar tanto \u00abuna apolog\u00e9tica que lo quiera justificar todo, como una culpabilizaci\u00f3n indebida, fundada en la atribuci\u00f3n de responsabilidades insostenibles hist\u00f3ricamente\u00bb. Un acto de naturaleza \u00e9tica, como el de pedir perd\u00f3n, no puede apoyarse, en palabras de Juan Pablo II, en \u00ablas im\u00e1genes del pasado ofrecidas por la opini\u00f3n p\u00fablica, ya que est\u00e1n con frecuencia sobrecargadas por una emotividad pasional que impide un diagn\u00f3stico sereno y objetivo\u00bb.<br>\n<strong>DIFICULTADES DEL JUICIO HIST\u00d3RICO<\/strong><br>\nEl cap\u00edtulo quinto trata del discernimiento \u00e9tico necesario para identificar las formas de \u00abcontratestimonio y de esc\u00e1ndalo\u00bb que se han presentado en el milenio que termina. \u00abPurificar la memoria significa eliminar de la conciencia personal y colectiva todas las formas de resentimiento o de violencia que hubiera dejado la herencia del pasado, sobre la base de un nuevo y riguroso juicio hist\u00f3rico-teol\u00f3gico, que funda un consiguiente y renovado comportamiento moral\u00bb. Se enumeran algunos episodios hist\u00f3ricos, se a\u00f1ade tambi\u00e9n un punto sobre la responsabilidad de los cristianos en los males de hoy (ate\u00edsmo, relativismo \u00e9tico, defensa de la vida, etc\u00e9tera) y se subraya que los cristianos no creen solo en la existencia del pecado sino, sobre todo, en \u00abel perd\u00f3n de los pecados\u00bb.<br>\nEl cap\u00edtulo sexto presenta las perspectivas pastorales en vista de las cuales \u00abla Iglesia se hace cargo de las culpas cometidas en su nombre por sus hijos en el pasado y hace enmienda\u00bb. Algunas de las finalidades son: la purificaci\u00f3n de la memoria, la perenne reforma del pueblo de Dios, el testimonio que de este modo se rinde al Dios de la misericordia.<br>\nA lo largo del texto se subraya que la petici\u00f3n de perd\u00f3n va dirigida a Dios. Se afirma tambi\u00e9n el deseo de que estas reflexiones y este gesto ayuden a todos (religiones, pol\u00edticos, pueblos) a avanzar en un camino de verdad, de di\u00e1logo fraterno y de reconciliaci\u00f3n.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"24917\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A pesar de la falta de antecedentes hist&oacute;ricos y b&iacute;blicos para un acto de ese tipo, el Papa ha pedido perd&oacute;n a Dios, delante de los hombres, por los pecados cometidos a lo largo de estos siglos por los hijos de la Iglesia. Tambi&eacute;n por los del presente. 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Tambi&eacute;n por los del presente. 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