{"id":24819,"date":"2000-05-27T00:00:00","date_gmt":"2000-05-27T05:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=24819"},"modified":"2023-11-08T06:08:17","modified_gmt":"2023-11-08T11:08:17","slug":"balas_contra_el_arte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2000\/05\/27\/balas_contra_el_arte\/","title":{"rendered":"Balas contra el arte"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"24819\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p>Una cosa puede resultar insignificante por exceso o por defecto, porque significa demasiado o porque no significa casi nada. Todo lo que quiere tener alg\u00fan sentido est\u00e1 amenazado en sus extremos por el \u00e9nfasis y la trivialidad. El arte o ese peculiar concentrado de significaci\u00f3n no est\u00e1 a salvo de ambos excesos, que pueden traducirse en la alternativa entre una vida sin arte o un arte sin vida.<br>\nEl arte no es un sustituto de la vida, sino una estrategia de la vida para entenderse mejor, o sea, para vivir mejor. Sin esa reflexividad est\u00e9tica que nos libra de la inmediatez, la vida humana ser\u00eda una serie de instantes disparatados, carente de conexi\u00f3n y sentido reconocibles; cabe tambi\u00e9n preferir el arte a la vida y conducirse como si la creatividad est\u00e9tica nos eximiera de las obligaciones de la vida cotidiana.<br>\nCualquiera de las dos posibilidades supone una injusticia que se hace tanto al arte como a la vida. Si es verdad que la vida carece de significado cuando no es recogida en una interpretaci\u00f3n, tambi\u00e9n ocurre que el arte pierde su peculiaridad existencial si trata de remplazar a la vida. Vivir como si no pudi\u00e9ramos distanciarnos est\u00e9ticamente de nosotros mismos es amputar de la vida una reflexi\u00f3n necesaria; hacer arte en detrimento de la vida no solamente pone en peligro la vida, al olvidar incluso las exigencias m\u00ednimas de la supervivencia, sino que malogra la virtualidad espec\u00edfica del arte, a saber, aquella pr\u00f3tesis de la vida en que consiste la exploraci\u00f3n de posibilidades est\u00e9ticas.<br>\nLa vida sin arte es una amenaza de la misma magnitud que el arte sin vida, pero esta \u00faltima tiene adem\u00e1s la paradoja de que supone una muerte del arte a manos del artista, es decir, de quien cabr\u00eda suponer en principio un mayor inter\u00e9s por defender sus virtualidades. Quien sustituye la vida por el arte est\u00e1 privando al arte de aquel espacio en el cual hacer resonar su fuerza creativa. El esteticismo es la frustraci\u00f3n de los efectos ben\u00e9ficos del arte sobre la vida por carencia de destinatario. Por eso no tiene nada de extra\u00f1o que buena parte de la producci\u00f3n est\u00e9tica contempor\u00e1nea suponga una cr\u00edtica del absolutismo est\u00e9tico. Un buen n\u00famero de artistas se ha sentido obligado a tematizar los inconvenientes existenciales de su virtuosismo con el fin de salvar la peculiaridad est\u00e9tica de su brumosa generalizaci\u00f3n. El arte se salva de ser excesivo renunciando a la idea de una obra de arte total.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>CUATRO FALSOS SUSTITUTOS<\/strong><\/p>\n<p>Diversas creaciones art\u00edsticas han dejado ver el absurdo de una sustituci\u00f3n del arte por la vida. Podr\u00edan agruparse esos esteticismos en tr\u00e1gicos, c\u00ednicos, moralistas o c\u00f3micos, seg\u00fan el efecto que se sigue de su respectiva absolutizaci\u00f3n.<br>\na) La sustituci\u00f3n tr\u00e1gica de la vida por el arte se encuentra ejemplarmente representada por aquellos malditismos que presentan al artista como alguien que ha pagado su capacidad creativa con una renuncia a la vida, en su conjunto o en alguna de sus dimensiones, entre las que destaca la imposibilidad para el amor. De aqu\u00ed proviene el estereotipo del artista maldito, sexualmente extravagante, pobre y enfermizo, que tanto furor caus\u00f3 en el XIX y de cuyos restos se compone todav\u00eda hoy el prestigio de mucho imitador que, careciendo de talento, se reviste con algunos de los atributos penosos que tradicionalmente han adornado a la existencia de un genio. El Doktor Faustus de Thomas Mann recoge muy acertadamente esa tradici\u00f3n que ve\u00eda en el poder art\u00edstico una fuerza sobrenatural de cuya provisi\u00f3n se hac\u00eda cargo el demonio a cambio de una renuncia a vivir.<br>\nb) La versi\u00f3n c\u00ednica de esta sustituci\u00f3n de la vida por el arte consiste en ver desde la \u00f3ptica del artista cualquier acontecimiento de la vida, introducir una valoraci\u00f3n est\u00e9tica cuando lo m\u00e1s humano ser\u00eda hacer un juicio de otra naturaleza. Se cuenta, por ejemplo, de un historiador del arte, moribundo, al que le ofrecieron un crucifijo y, en vez de comportarse como era de esperar en alguien que se est\u00e1 despidiendo de esta vida, empez\u00f3 a describir las propiedades est\u00e9ticas de lo que se le ofrec\u00eda para besar. Incluso las urgencias de la salvaci\u00f3n pod\u00edan esperar ante la posibilidad de mostrar la propia erudici\u00f3n.<br>\nLa deslimitaci\u00f3n de lo est\u00e9tico adquiere un car\u00e1cter de vileza en la narraci\u00f3n que Ernst J\u00fcnger hace de un bombardeo en su diario parisino del 27 de mayo de 1944. \u00abAlarmas, aviones que sobrevuelan. Desde el tejado del \u201cRaphael\u201d observ\u00e9 dos veces en direcci\u00f3n a Saint-Germain, desde donde surg\u00edan imponentes nubes de las explosiones, mientras las escuadras se escapaban hacia la altura. Su objetivo de ataque eran los puentes del r\u00edo. El modo y la secuencia de los ataques dirigidos contra los avituallamientos indicaban que ah\u00ed hab\u00eda una buena cabeza. Por segunda vez, al ponerse el sol, sosten\u00eda en mi mano un borgo\u00f1a en el que o\u00adndeaba el temblor de la tierra. La ciudad, con sus torres y c\u00fapulas rojas yac\u00eda en una violenta belleza, como un c\u00e1liz que es entregado para la fecundaci\u00f3n mortal. Todo era espect\u00e1culo. Todo era puro poder, afirmado y elevado por el dolor\u00bb (S\u00e2mtliche Werke, 1\/III, Stuttgart 1979, 271).<br>\nAqu\u00ed el cinismo consiste en utilizar categor\u00edas est\u00e9ticas para una situaci\u00f3n que exige primeramente un sentimiento de horror y desolaci\u00f3n, convertir en un escenario \u00e9pico lo que constituye fundamentalmente un acontecimiento terrible. Por supuesto que el arte puede tematizar lo siniestro, pero su recreaci\u00f3n est\u00e9tica parece ileg\u00edtima si no ha estado precedida de ese sentimiento de rechazo que la vida pone espont\u00e1neamente en quien no ha atrofiado su sensibilidad moral por un esteticismo artificioso.<br>\nc) Una articulaci\u00f3n incorrecta de la vida y el arte adquiere un sentido moralizante o impertinentemente realista cuando no acierta a comprender su diferencia, ni tolera las licencias de la ficci\u00f3n. Se cuenta que al autor de La divina comedia sus contempor\u00e1neos le se\u00f1alaban con el dedo por la calle diciendo: \u00ab\u00a1\u00e9ste ha estado realmente en el infierno!\u00bb Resulta inconcebible que un ser vivo disponga de tales capacidades de creaci\u00f3n para describir aquello de lo que no tiene experiencia directa. Shakespeare fue bien consciente de que escrib\u00eda para un p\u00fablico inmaduro y por eso, en el pr\u00f3logo a Enrique V parece verse obligado a solicitar indulgencia haciendo decir al coro lo siguiente: \u00abPerdonad. Cuando hablemos de caballos, pensad que los veis, imprimiendo sus orgullosos cascos en la blanda tierra: pues vuestros pensamientos han de ser los que revistan a vuestros reyes, y los lleven de ac\u00e1 para all\u00e1, saltando sobre los tiempos, y convirtiendo en una hora de reloj lo realizado en muchos a\u00f1os: para cuyo oficio, admitidme en esta historia a m\u00ed, el Coro, que, a modo de pr\u00f3logo, solicito humildemente vuestra paciencia para que escuch\u00e9is con cortes\u00eda y juzgu\u00e9is con benevolencia nuestra funci\u00f3n\u00bb. Parece ser que la idea de poner mediante el citado pr\u00f3logo una figura que supliera los saltos en el tiempo y en el espacio obedece a las cr\u00edticas que se hab\u00edan dirigido a las obras shakespearianas de falta de verosimilitud.<br>\nPero esa ingenuidad o falta de madurez ante la ficci\u00f3n tiene su aspecto positivo: no s\u00f3lo da testimonio de la virtuosidad de la ilusi\u00f3n art\u00edstica, sino tambi\u00e9n de la permanencia de la promesa tan necesaria como incumplible de que el orden est\u00e9tico refleje una suprema verdad. Esta ingenuidad s\u00f3lo es lamentable cuando se presenta con seriedad did\u00e1ctica o cient\u00edfica, cuando se enfrenta al libre juego de la ficci\u00f3n. La censura en sus diversas formas vive de esta equ\u00edvoca inmadurez que toma la ficci\u00f3n por verdad. Es el reverso del esteticismo que pretende conducirse en la propia vida como los propios personajes. En este caso, el moralizador considera que no es posible vivir a distancia de las propias creaciones, que las categor\u00edas est\u00e9ticas son directamente aplicables a las situaciones vitales.<br>\nd) Por \u00faltimo sin que esta clasificaci\u00f3n signifique haber agotado las posibles versiones del esteticismo hay una sustituci\u00f3n de la vida por el arte que resulta fundamentalmente c\u00f3mica, ante la que el primer sentimiento que aflora es la risa que produce lo rid\u00edculo. Es la est\u00e9tica de la estupidez o la estupidez de la est\u00e9tica; mejor a\u00fan: la estupidez como est\u00e9tica, lo rid\u00edculo en tanto que obra de arte. Quien lleva una existencia puramente est\u00e9tica, lo que hace es el rid\u00edculo. Esta versi\u00f3n del esteticismo no tiene los aires pat\u00e9ticos del esteticismo tr\u00e1gico; quien hace como que vive est\u00e9ticamente no contrae en este caso un contrato diab\u00f3lico que paga con la muerte sino un contrato esc\u00e9nico que apenas le cuesta otra cosa que la risa del p\u00fablico. Formalmente ambos esteticismos coinciden en una existencia fallida, pero el primero resulta m\u00e1s heroico y el segundo m\u00e1s risible.<br>\nEste tipo de existencia virtual es el que Woody Allen tematiza en la pel\u00edcula Balas sobre Broadway y que, como dice Manuel Font\u00e1n, bien podr\u00eda haberse titulado \u00abBalas contra el arte\u00bb, pues el destinatario de la s\u00e1tira no es otro que ese arte enf\u00e1tico y afectado que trata in\u00fatilmente de ignorar las exigencias de la vida, entre las que se encuentra la conveniencia de protegerse frente al rid\u00edculo. La originalidad de su tratamiento reside en que, a la ya tradicional versi\u00f3n dram\u00e1tica de esta sustituci\u00f3n, Allen a\u00f1ade la clave del humor como una nueva perspectiva desde la que cabe tratar la p\u00e9rdida est\u00e9tica de la vida.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>FALSIFICACI\u00d3N EST\u00c9TICA DE LA VIDA<\/strong><\/p>\n<p>El arte es un \u00f3rgano de comprensi\u00f3n de la vida, hab\u00eda afirmado Dilthey. Podr\u00eda a\u00f1adirse que tambi\u00e9n es un procedimiento de falsificaci\u00f3n de la vida cuando pretende sustituirla. Pero tambi\u00e9n cuenta a su favor que gracias al arte podemos entender el absurdo de sustituir la vida por el arte. La representaci\u00f3n est\u00e9tica de este sinsentido es precisamente lo que anima esta pel\u00edcula de Woody Allen y le confiere ese especial inter\u00e9s que despiertan las paradojas, en este caso, la representaci\u00f3n art\u00edstica de los l\u00edmites existenciales de la representaci\u00f3n art\u00edstica.<br>\nAllen hab\u00eda examinado en otras ocasiones la tensi\u00f3n que existe entre el hombre y su tarea creativa, poni\u00e9ndose habitualmente en favor del creador incluso aunque su conducta fuera reprensible. Aqu\u00ed en cambio parece sugerir que el artista, como cualquiera, est\u00e1 sujeto a las limitaciones de la vida, entre las que se encuentran los deberes morales. Como en toda buena obra de arte, esta idea no es afirmada expl\u00edcitamente sino m\u00e1s bien mostrada en el absurdo existencial no te\u00f3rico en que incurre quien vive de otro modo. De hecho, una de las afirmaciones ridiculizadas en la pel\u00edcula es la de que \u00abcada artista crea su propio universo moral\u00bb. Allen no se detiene a criticar esta declaraci\u00f3n; le basta que el exceso enf\u00e1tico muestre su carencia de raz\u00f3n.<br>\nA medida que pasa el tiempo, la obra cinematogr\u00e1fica de Woody Allen se vuelve m\u00e1s reflexiva, m\u00e1s consciente de su car\u00e1cter de representaci\u00f3n. Un hito fue La rosa p\u00farpura del Cairo, en que la distancia que separa inexorablemente la realidad de la ficci\u00f3n el arte y la vida era ocasionalmente anulada cuando un personaje cinematogr\u00e1fico se sal\u00eda de la pantalla y hu\u00eda con una espectadora que acud\u00eda diariamente a la sesi\u00f3n para escapar de su vida infeliz. Esa pel\u00edcula, tras un juego de transgresi\u00f3n ilusoria de los l\u00edmites de la realidad, terminaba sentenciando melanc\u00f3licamente la insuperabilidad de la distancia entre el arte y la vida. El arte no puede aspirar a otra cosa que vaya m\u00e1s all\u00e1 de la evasi\u00f3n ocasional; las leyes de la vida no coinciden con las posibilidades evocadas por el arte.<br>\nEn la pel\u00edcula que comento, Balas sobre Broadway, el eje que separa el arte y la vida sigue estando en el mismo lugar e imponiendo severamente su divisi\u00f3n del territorio. Lo novedoso resulta ahora el tratamiento c\u00f3mico de una confusi\u00f3n que anteriormente hab\u00eda adoptado un tinte dram\u00e1tico. Vivir como si no se viviera, olvidar los imperativos de la existencia por las ambiciones de \u00e9xito teatral, es algo que ahora produce menos pena que hilaridad.<br>\nTomando como eje la vida del artista, Allen regresa al Broadway de los a\u00f1os veinte y sit\u00faa como protagonista a un joven escritor de teatro llamado David Shayne (John Cusak) con una obra brillante que quiere producir. Para financiar la representaci\u00f3n, David se ve obligado a recurrir a un g\u00e1ngster que le pone como condici\u00f3n que el papel principal sea para su querida, Olive (Jennifer Tilly), una bailarina con una voz horrible y un temperamento caprichoso, una verdadera cabeza hueca. El resto de los autores de que dispone su modesto presupuesto no resultan menos esperp\u00e9nticos, llenos de man\u00edas y aires de grandeza teatral, especialmente Helen Sinclair (Dianne Wiest), una actriz en el ocaso, que recita en vez de hablar y cuyo artificio representativo seduce hasta tal punto al director que est\u00e1 a punto de abandonar a su novia, una joven normal, cuya carencia de sensibilidad est\u00e9tica descubre por contraste con la teatralidad afectada de la vieja estrella de los escenarios.<br>\nEn este planteamiento inicial nos encontramos ya con uno de los motivos recurrentes a lo largo de la historia: la contraposici\u00f3n entre lo est\u00e9ticamente deseable y lo vitalmente posible. La vida plantea al arte dificultades y compromisos (como los que se ve obligado a aceptar el director teatral si quiere ver la obra puesta en escena), a los que se a\u00f1ade otra circunstancia que contradice la soberan\u00eda del artista, su pretendida originalidad. Y es que la supuesta obra maestra del autor novel no s\u00f3lo es el resultado de los compromisos adquiridos con el g\u00e1ngster, sino que su tarea espec\u00edfica tambi\u00e9n se ve constantemente enriquecida por las cu\u00f1as certeras que introduce, desde el patio de butacas, el guardaespaldas que el g\u00e1ngster ha asignado para la protecci\u00f3n de su amiga. Se trata de un personaje dotado de inesperadas habilidades teatrales, una curiosa mezcla de rudeza e inteligencia natural. Cheech (Chazz Palminteri) hace sugerencias argumentando que los di\u00e1logos propuestos por el director no tienen nada que ver con \u00abc\u00f3mo la gente habla realmente\u00bb. Lo peor es que estas sugerencias son demasiado buenas como para no ser tenidas en cuenta. De este modo parece darse a entender que el ingenio surge de la vida y no tanto del arte, que una inteligencia normal resulta m\u00e1s sagaz tambi\u00e9n para las cuestiones est\u00e9ticas que la biso\u00f1\u00e9s contaminada por un deseo de grandeza art\u00edstica.<br>\nPero como si existiera una ley que deforma inexorablemente la vida del artista, poco a poco el guardaespaldas va adoptando hacia la obra una responsabilidad que pondr\u00e1 en peligro su vida. Termina haciendo suya la obra hasta convertirse en el verdadero director y se decide a proteger la integridad de la obra, aun cuando para ello tenga que asesinar a su protegida, que es indudablemente el principal obst\u00e1culo para el \u00e9xito de la representaci\u00f3n. Tambi\u00e9n el guardaespaldas termina falsificando su vida y se convierte en un asesino; sus \u00faltimas palabras en plena agon\u00eda no son alguna consideraci\u00f3n trascendental sobre la tragedia de la vida sino unas peque\u00f1as indicaciones al director para mejorar el gui\u00f3n.<br>\nLa pel\u00edcula refleja en diversas situaciones una misma sustituci\u00f3n de la vida por el arte: el enamoramiento absurdo que resulta de una seducci\u00f3n mentirosa, la afectaci\u00f3n y teatralidad que gu\u00eda la conducta total de los actores, los mismos decorados parecen una mentira ornamental, la calificaci\u00f3n de una obra de teatro como buena ya que no hab\u00eda tenido ning\u00fan \u00e9xito, la idea de David de que una buena obra de arte est\u00e1 destinada a la oscuridad (\u00abSi la gente corriente no entiende tu obra de arte, entonces eres un genio\u00bb). Un arte cuya sublimidad est\u00e1 en funci\u00f3n inversamente proporcional a su comprensibilidad, viene a ser el reverso del desprecio hacia la vida que se paga con la insignificancia, el error existencial o la insensatez.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>EL ARTE ES S\u00d3LO UNA INTERRUPCI\u00d3N<\/strong><\/p>\n<p>La pel\u00edcula de Allen refleja un escepticismo hacia el arte como sin\u00f3nimo de humanidad. Supone una madurez desencantada hacia los efectos supuestamente ben\u00e9ficos del trato con las obras de arte. Hoy tenemos m\u00e1s motivos que en la \u00e9poca de un incuestionado lart por lart para comprender la compatibilidad entre la belleza y la barbarie. La obra del mejor escritor puede ser le\u00edda y conocida sin fruto, puede ser apreciada sin que se traduzca en la propia vida. El amor hacia la m\u00fasica, tan rica en humanidad, no ha impedido a algunos trabajar en campos de concentraci\u00f3n bajo sus compases. El arte sin m\u00e1s no sirve para mejorar el mundo, para hacer mejores a los hombres y combatir el mal. En su inmediatez, el arte los libros, los sonidos, los colores y los gestos no es nada; es algo que puede ser utilizado para bien o para mal. Es rid\u00edculo pensar que, como un fetiche m\u00e1gico, el arte resuelva los problemas dif\u00edciles, transforme el mundo y salve nuestras almas.<br>\nBalas sobre Broadway podr\u00eda muy bien estar dirigida contra ese culto ingenuo y esnob\u00edstico hacia la cultura, que imita el peor esteticismo de fin de siglo y la actitud de Ner\u00f3n ante el incendio de Roma. Cuando arde la ciudad y se abrasan los hombres, no sirve de nada entonar un canto sobre las llamas, sino que es preciso llamar a los bomberos para que salven a quienes luchan contra el fuego. El arte resulta una fuente de experiencia vital cuando no olvida que es, fundamentalmente, una interrupci\u00f3n. Pero la vida admite pocas demoras y no se puede habitar permanentemente en un devenir interrumpido. El arte puede habernos ense\u00f1ando, en una lenta e imperceptible formaci\u00f3n interior, a ayudar concretamente a quien est\u00e1 en peligro o sufre. En el momento del peligro y del dolor lo \u00fanico relevante es esa disponibilidad; la cultura como tal debe ser olvidada y transcendida. Si no cala en la realidad de la persona, el arte no sirve para nada, es un mero ornamento que, en el instante de la tragedia, se convierte en barbarie.<br>\nNing\u00fan respeto hacia la cultura puede hacernos olvidar que tambi\u00e9n ella est\u00e1 sacudida por estas contradicciones; de otro modo, se convertir\u00eda en juego pueril o en siniestra connivencia. Y sobre estas ambig\u00fcedades nos llama la atenci\u00f3n la pel\u00edcula de Allen. Su iron\u00eda c\u00f3mica contra el arte constituye un homenaje indirecto a la seriedad que el arte alcanza cuando es consciente de su subordinaci\u00f3n a la vida humana concreta, de su incapacidad para sustituirla y de los da\u00f1os que ocasiona la ignorancia de sus obligaciones vitales. La sacralidad de la vida, que el arte expresa tan intensamente, trasciende tambi\u00e9n al arte, y la verdadera cultura lo ha sabido siempre. A la p\u00eda e ingenua org\u00eda cultural Woody Allen plantea la necesidad de enfrentarse sin miedo a la diferencia entre el arte y la vida; lo que el arte pierda as\u00ed, de sublime seriedad, lo recuperar\u00e1 en t\u00e9rminos de ayuda para llevar una vida razonable.<br>\nNinguna palabra vale una vida ofendida y en el d\u00eda del juicio el mal hecho a los d\u00e9biles pesar\u00e1 m\u00e1s sobre el plato de la balanza que la perfecci\u00f3n del Parten\u00f3n o de las sinfon\u00edas de Beethoven. Esto parece saberlo muy bien quien, adem\u00e1s de director de cine, es autor de un libro cuyo t\u00edtulo promete C\u00f3mo acabar de una vez por todas con la cultura. El gran arte nos hace conocer la verdad de la existencia y tambi\u00e9n esta verdad del car\u00e1cter secundario del arte. No pocas veces es el mismo arte el que, en momentos de inmolaci\u00f3n generosa, nos advierte acerca de su relativa significaci\u00f3n. Esta pel\u00edcula es un ejemplo de que el arte tambi\u00e9n sirve para librarnos de \u00e9l, para ponernos a salvo de su tragic\u00f3mica absolutizaci\u00f3n.<br>\nEsquilo quer\u00eda sobre su tumba un epitafio que recordase \u00fanicamente su combate contra los persas y no su obra po\u00e9tica. La poes\u00eda le hab\u00eda ense\u00f1ado a luchar valientemente en aquellas filas, pero sab\u00eda que el arte hab\u00eda sido para \u00e9l un punto de partida y que lo decisivo era el punto de llegada, la vida buena.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"24819\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nada m&aacute;s fat&iacute;dico que ese culto ingenuo y esnobista hacia el arte que olvida su car&aacute;cter secundario y su subordinaci&oacute;n a la vida concreta. 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